CAPÍTULO LXXXI.

Vino á buen tiempo la Bula y Letras apostólicas, de la donacion y

autoridad susodicha de Roma, cuando estaba despachado y proveido

de todo lo necesario que pedia para su viaje, por Sus Altezas, el

Almirante; y, pocos dias ántes que de Barcelona se partiese, los Reyes

mandaron que se baptizasen los indios que habia traido, que ya estaban

bien instructos en las cosas de la fe y cristiana doctrina, en la cual,

los Reyes mandaron, luego como llegaron, fuesen enseñados, y en ello

se pusiese mucha diligencia, los cuales de su propia voluntad pidieron

el baptismo. Quisieron los católicos Príncipes ofrecer á Nuestro Señor

las primicias de aquesta gentilidad, con mucha fiesta, solemnidad y

aparato, favoreciéndolas y honrándolas con su real presencia; para

efecto de lo cual, quisieron ser padrinos el Rey católico, y el

serenísimo príncipe D. Juan, hijo de Sus Altezas, legítimo heredero

de los reinos de Castilla. Uno de los cuales, quiso el Príncipe que

quedase en su casa en su servicio, el cual, desde á pocos dias, se

lo llevó Dios para sí, porque tomase posesion el primero, segun

piadosamente se debe creer, de la bienaventuranza que muchos destas

naciones habian despues, por la divina misericordia, de alcanzar y

para siempre poseer. Proveyeron los Reyes como las gentes destas

tierras fuesen instruidas en las cosas de nuestra sancta fe, para lo

cual enviaron con el Almirante un fraile de Sant Benito, que debia ser

notable persona, y, segun se dijo, llevó poder del Papa en las cosas

espirituales y eclesiásticas; y mandaron al Almirante que llevase

consigo religiosos. Mandaron tambien, estrechamente, que los indios

fuesen muy bien tratados, con dádivas y buenas obras á nuestra religion

cristiana provocados, y, que si los españoles los tratasen mal, fuesen

bien castigados; esto parece por la instruccion que le dieron, que fué

de cristianísimos Príncipes, principalmente ordenada al bien y utilidad

de los vecinos y moradores naturales de aquellas tierras, cuyo primer

capítulo es este que se sigue: «Primeramente, pues á Dios Nuestro

Señor plugo, por su sancta misericordia, descubrir las dichas islas é

tierra firme al Rey é á la Reina, nuestros señores, por industria del

dicho D. Cristóbal Colon, su Almirante, Visorey y Gobernador dellas,

el cual ha hecho relacion á Sus Altezas, que las gentes que en ellas

halló pobladas, cognosció dellas ser gentes muy aparejadas para se

convertir á nuestra sancta fe católica, porque no tienen ninguna ley

ni seta, de lo cual ha placido y place mucho á Sus Altezas, porque

en todo es razon que se tenga principalmente respecto al servicio de

Dios, Nuestro Señor, y ensalzamiento de nuestra sancta fe católica;

por ende Sus Altezas, deseando que nuestra sancta fe católica sea

aumentada é acrecentada, mandan y encargan al dicho Almirante, Visorey

é Gobernador, que, por todas las vías y maneras que pudiere, procure y

trabaje traer á los moradores de las dichas islas y tierra firme á que

se conviertan á nuestra sancta fe católica, y, para ayuda dello, Sus

Altezas invian allá al devoto padre fray Buil, juntamente con otros

religiosos que el dicho Almirante consigo ha de llevar; los cuales,

por mano é industria de los indios que acá vinieron, procuren que sean

bien informados de las cosas de nuestra sancta fe, pues ellos sabrán

y entenderán ya mucho de nuestra lengua, é procurando de los instruir

en ella lo mejor que ser pueda; y, porque esto mejor se pueda poner en

obra, despues que en buena hora sea llegada allá el armada, procure

y faga el dicho Almirante, que todos los que en ella van, y los que

más fueren de aquí adelante, traten muy bien y amorosamente á los

dichos indios, sin que les fagan enojo alguno, procurando que tengan

los unos con los otros mucha conversacion y familiaridad, haciéndoles

las mejores obras que ser puedan, y asimismo, el dicho Almirante les

dé algunas dádivas, graciosamente, de las cosas de mercaduría de Sus

Altezas, que lleva para el rescate, y los honre mucho, y, si caso

fuere que alguna ó algunas personas trataren mal á los dichos indios,

en cualesquier manera que sea, el dicho Almirante, como Visorey é

Gobernador de Sus Altezas, lo castigue mucho, por virtud de los poderes

de Sus Altezas, que para ello lleva.» Este fué, como digimos, de la

instruccion que los Reyes dieron al Almirante, el primer capítulo.

Este fray Buil, era monje de Sant Benito, catalan de nacion, debia

ser Abad y persona religiosa y principal, de la cual, como entónces

los Reyes estaban en Barcelona, debian tener buena noticia; este no

le pude yo alcanzar, porque poco estuvo acá, como se verá abajo, pero

alcancé á cognoscer dos religiosos de la órden de Sant Francisco, que

fueron con él, frailes legos, pero personas notables, naturales de

Picardia ó borgoñones, é que se movieron á venir acá por sólo celo de

la conversion destas ánimas, y, aunque frailes legos, eran muy bien

sabidos y letrados, por lo cual se cognoscia, que por humildad no

quisieron ser sacerdotes; uno de los cuales se llamó fray Juan de la

Duela, ó fray Juan el Bermejo, porque lo era, y el otro fray Juan de

Tisin. Fueron bien cognoscidos mios, y en amistad y conversacion, al

ménos el uno, muy conjuntos. Este padre fray Buil llevó, segun dije,

poder del Papa muy cumplido en las cosas espirituales y eclesiásticas.

Pudo esto ser y parece verisímile, pero como estuvo tan poco en la

isla y se volvió luego, ni ejercitó su oficio, ni pareció si lo tenia.

Mandaron proveer de ornamentos para las iglesias, de carmesí, muy

ricos, mayormente la reina doña Isabel que dió uno de su capilla, el

cual yo ví, y duró muchos años, muy viejo, que no se mudaba ó renovaba,

por tenerlo casi por reliquias, por ser el primero y haberlo dado la

Reina, hasta que de viejo no se pudo más sostener; mandaron eso mismo,

y encargaron mucho al Almirante los Reyes, por escrito y por palabra

encarecidamente, que, lo más presto que pudiese, trabajase proseguir

el descubrimiento de Cuba, para ver si era isla ó tierra firme como él

creia y afirmaba, porque siempre los Reyes prudentemente sintieron,

y el Almirante lo decia, que la tierra firme debia contener mayores

bienes, riquezas, y mas secretos que ninguna de las islas. Cogidos,

pues, los despachos muy cumplidos, y besadas las manos á los Reyes y

al príncipe D. Juan, con muy grande alegría de Sus Altezas y favores

señalados, y muy acompañado hasta su posada de caballeros cortesanos,

finalmente se partió por el mes de Junio para la ciudad de Sevilla.

Fueron con él ciertos criados de la Casa real por oficiales en ciertos

oficios, y muchos quisieran ir, segun lo que cada uno esperaba de ver

y gozarse, con sola la vista, en tierras tan nuevas y tan loadas, y

tambien que no pensaban venir á ellas en valde, sino que su camino

y trabajos les habian bien de pagar, por la muestra del oro quel

Almirante habia llevado, creyendo que era mucho más; si, segun mi

estimacion, la cudicia de entónces en aquellos, no llegaba, segun la

que despues en los venideros sucedió, á muchos quilates. Sabido por

el Rey é la Reina que el rey de Portugal hacia armada para enviar á

estas Indias, y que estaba presta, dice la historia del rey Don Juan

de Portugal, que enviaron los Reyes un mensajero con sus cartas de

creencia, que le requiriesen de su parte que no la despachase, porque

ellos querian que se viese por derecho en cuyos mares y conquista

se habia hecho el dicho descubrimiento, para lo cual le rogaban que

enviase sus Embajadores y las razones y causas que hiciesen para su

título, y que ellos estaban aparejados para se justificar en todo lo

que fuese razon é justicia. Con este requirimiento y justificacion cesó

el rey de Portugal de enviar su armada, y, enviados sus Embajadores

á Barcelona, dice la dicha Historia portoguesa, que no tomaron

conclusion con ellos por haber, diz que, sucedido á los católicos

Reyes sus negocios con el rey Cárlos de Francia, en lo de Perpiñan,

prósperamente, los cuales llegaron á la corte salido el Almirante della

para Sevilla; los Reyes les daban su disculpa y razon como á Castilla y

nó á Portugal, el descubrimiento y cuidado de la conversion de aquestas

gentes, mayormente despues de la concesion apostólica, pertenecía.

Estuvieron muchos dias en la corte tratando sobre esta porfía; despues

se dirá lo que más sucedió cerca deste artículo.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 96 / 126 题