Para encarecer y declarar dos cosas, he deseado muchas veces,
meditando en esta materia, tener nueva gracia y ayuda de Dios, y
la pluma de Tulio Ciceron con su elocuencia; la una es el servicio
inefable que hizo á Dios y bienes tan universales á todo el mundo,
señaladamente á la cristiandad, y, entre todos, más singularmente
á los castellanos, si cognosciéramos los dones de Dios, con sus
peligros y trabajos, industria y pericia y animosidad de que abundó
en el descubrimiento de este orbe Cristóbal Colon. La otra, es la
estima y precio en que la serenísima reina Doña Isabel, digna de
inmortal memoria, tuvo este descubrimiento de tantas y tan simples,
pacíficas, humilimas y, dispuestas para todo bien, humanas naciones,
por los incomparables tesoros é incorruptibles espirituales riquezas,
para gloria del Todopoderoso Dios y encumbramiento de su sancta fe
cristiana, y dilatacion de su universal Iglesia, con tan copioso fruto
y aprovechamiento de las ánimas que en sus dias, si fueran largos, y
despues dellos creyó de cierto, y esperó, como cristianísima, habian de
suceder. Pluguiese á Dios que todos los católicos Reyes, sus sucesores,
tengan la mitad del celo santo y cuidado infatigable que destos divinos
y celestiales bienes Su Alteza, la católica Reina, tenia, y si más
que la mitad tuvieren, ó llegaren á igualar, ó pasaren en ello á Su
Alteza, suya de Sus Altezas y Majestades será la mejor parte, así en el
crecimiento de su real y poderoso Estado, como en la cuenta que darán
á Dios, y en los premios que en la vida bienaventurada recibirán de
la mano muy larga, divina, por el regimiento justo y disposicion que
pornán para la salvacion de tantos pueblos, que, so su amparo, cuidado,
industria, diligencia y solicitud, puso la Divina providencia. Deste
santo celo, deste intenso cuidado, deste contino sospiro, desta grande
y meritoria voluntad de la dicha señora muy alta reina Doña Isabel,
darán testimonio las provisiones reales que, en sus pocos de dias
que vivió, despues de descubiertas y sabidas estas Indias (porque no
fueron sí diez años, ó, por mejor decir, cuasi aún no, sino como por
figuras oidas, y adivinadas y no cognoscidas muchas cosas dellas),
para en favor destas gentes y para la conservacion y salvacion dellas,
mandó proveer, y algunas cosas que dijo y hizo como abajo se mostrará.
De la primera, que es los bienes y utilidades que, á todo el mundo,
desta industria y trabajos de Cristóbal Colon, sucedieron, aunque creo
que fuera más y mejor encarecerlos callando, al ménos, á lo que á mi
pobre juicio y faltosa elocuencia ocurre, quiero, aunque muy poco,
decir, de lo cual el prudente lector coligirá, con más claro juicio
y entendimiento, muchas más y más dignas conclusiones, en singular,
de las que aquí yo particularizo, puesto que las que son sobre todas
dignas y que todas las otras más de estimar, en universal, con pocas
palabras, en las que toco aquí, no dejo de representar. Lo primero, ¿á
qué se podrá comparar en las cosas humanas haber abierto las puertas
tan cerradas deste mar Océano, que ó nunca jamás por ellas ninguno á
entrar se atrevió, ó si en los siglos pasados alguno las vido y por
ellas entró, estaba ya este camino tan cerrado y tan puesto en olvido,
que no ménos dificultad hobo en tornarlo á proseguir, que hobiera si
nunca de alguna persona ántes hobiera sido visto?. Pero, pues parece
que Dios, ántes de los siglos, concedió á este hombre las llaves deste
espantosísimo mar, y no quiso que otro abriese sus cerraduras oscuras,
á este se le debe todo cuanto destas puertas adentro haya sucedido, y
cuanto sucediere en todo género de bondad, de aquí á quel mundo se haya
de acabar. Descubrir por su persona y abrir y enseñar el camino para
que se descubran tan largas é felices tierras, tan ínclitos y ricos
reinos, que hay hoy descubiertas de costa de mar, que mira á ambos
polos, sobre 12.000 leguas de tierras tan llenas de gente, tan diversas
é infinitas naciones, tan varias y distintas lenguas, las cuales
todas, aunque en algunas y muchas cosas, ritos y costumbres difieran,
al ménos en esto son todas ó cuasi todas conformes, conviene á saber,
en ser simplicísimas, pacíficas, domésticas, humildes, liberales,
y, sobre todas las que procedieron de Adan, sin alguna escepcion,
pacientísimas; dispuestas tambien incomparablemente, y sin algun
impedimento, para ser traidas al cognoscimiento y fe de su Criador.
De donde parece, cuanto se podrá extender este imperio y principado
de Jesucristo, cuanto se dilatará su Santa Iglesia, cuán extendidos
serán los límites de la cristiana religion, en cuantas y cuán infinitas
partes, y de cuantas y cuán innumerables racionales creaturas será
adorada é reverenciada la bandera é instrumento principal con que
fuimos redimidos (digo la sancta vera cruz). Pues las ánimas de los
predestinados quel divino beneplácito, por estas tierras y entre estas
gentes, tenia y tiene hoy, desde ántes que el mundo criase, señaladas
y cognoscidas (de lo cual ningun católico osará dudar), que hasta
agora ha cogido, y siempre las coge y cogerá como granos de trigo
celestial para poner en sus trojes divinales, ó como piedras vivas
muy más que preciosas para el edificio de aquella su real y divinal
casa y ciudad, de las cuales no bastará todo el infernal ejército,
con los instrumentos que por acá ha desparecido, á sacarle de la mano
una ni ninguna, ¿á qué bienes ó á qué riquezas (porque ni al cielo ni
á toda la redondez de la tierra ni á cosa de las criadas), las podrá
hombre del mundo asemejar? De los temporales y corruptibles tesoros,
en oro y plata, y perlas, y piedras preciosas, ¿qué se podrá decir por
mucho que se diga de la abundancia que por todo aquel orbe hay? Esto
parece algo en que cuasi no parece ni se trata otro oro, ni más subido
en ley (aunque tambien se lleva oro de otras leyes), sino oro destas
nuestras Indias, por todas las partes del mundo (no tratando aquí de
como se ha habido, porque es de órden y abusion accidental), y, porque
de las otras partes calle, de la de toda la cristiandad es á todos
manifiesto, que cuasi todas abundan y están, ó al ménos estuvieran
riquísimas, de la moneda que les ha ido del oro, y plata, y perlas, de
nuestras Indias, sino fuera por las ocasiones que al divino juicio,
para castigar al mundo, ha placido tomar. Por estas riquezas y tesoros
temporales, se corroboraría y haria más fuerte toda la cristiandad,
estando los Reyes della en paz y conformidad, para que los enemigos
de nuestra sancta fe católica, no, como de ántes, se osasen atrever á
cada paso á la impugnar, sino que, aunque, para la acometer é invadir,
junten los más gruesos ejércitos que Xerjes nunca juntó, y otros
algunos de los antiguos que las historias refieren por grandes haber
juntado, sola España, la gracia de Dios mediante, con los niervos de
las guerras, que son los dineros que salieren de nuestras Indias, los
pueda vencer y prostrar. Aprovecha muy mucho, segun todos los que
escribieron de república, y de la compostura, órden, y conservacion
de los reinos, y de los Reyes, que el Rey sea rico, y tenga guardados
muchos tesoros, porque, con tener fama dello, los reinos enemigos no
osan atreverse contra el tal reino mover fácilmente bullicio de guerra,
ni en alguna manera inquietarlo, ántes procurar tener perpétuamente
su amistad. E no es razon dejar de hacer mencion del más sublimado
beneficio, con que Dios dotó y engrandeció, sobre los otros reinos
cristianos, á toda España, de que Cristóbal Colon fué segunda causa,
conviene á saber, que le eligió, entre todos los que confiesan su
nombre, para ofrecerle tan cierta y sancta ocasion, y tan copiosa
materia, en la cual no solamente letrados, ni grandes letrados en
teología, ni elocuentes y graciosos predicadores, y que tienen oficio y
estado de predicar, puedan ser medianeros y coadjutores de Jesucristo
en la conversion de tan numerosos cuentos de infieles, pero los idiotas
plebeyos y que poco saben, con que tengan firme fe y alguna noticia de
los artículos de la fe y diez mandamientos de la ley de Dios, con buen
ejemplo de vida cristiana, pueden alcanzar suerte y lugar de sanctos
Apóstoles, si mereciesen recibir del muy alto tan buena voluntad,
que de ayudar á coger estas espirituales riquezas, en estas tierras
principalmente, se contentasen, segun la simplicidad, mansedumbre y
libertad ó carencia de impedimentos que podian obviar al recibimiento
de la fe de todas estas universas naciones. Por esta manera debrian
de mirar y tomar profundamente todos los españoles, que este don tan
preclaro, negado á todas las otras cristianas gentes y concedido á
todos ellos, es muy poderoso talento, del cual, y de la usura que con
él eran obligados al dador dél retornar, el dia del juicio y aún de su
muerte se les pedirá estrecha y muy delgada cuenta; y cuán rigurosa
será, por lo que abajo se refiriere bien claro parecerá. De todos estos
tan egregios é incomparables bienes, y de otros innumerables que cada
dia se ven salir, é más adelante muchos más se cognoscerán, fué causa
segunda, despues de Dios, y primera por respecto de todos los hombres
del mundo, este dignísimo varon, primer descubridor deste tan dilatado,
ya nombrado Nuevo Mundo, del cual él sólo, ser primer Almirante,
dignamente mereció.