CAPÍTULO LXXVI.

Para encarecer y declarar dos cosas, he deseado muchas veces,

meditando en esta materia, tener nueva gracia y ayuda de Dios, y

la pluma de Tulio Ciceron con su elocuencia; la una es el servicio

inefable que hizo á Dios y bienes tan universales á todo el mundo,

señaladamente á la cristiandad, y, entre todos, más singularmente

á los castellanos, si cognosciéramos los dones de Dios, con sus

peligros y trabajos, industria y pericia y animosidad de que abundó

en el descubrimiento de este orbe Cristóbal Colon. La otra, es la

estima y precio en que la serenísima reina Doña Isabel, digna de

inmortal memoria, tuvo este descubrimiento de tantas y tan simples,

pacíficas, humilimas y, dispuestas para todo bien, humanas naciones,

por los incomparables tesoros é incorruptibles espirituales riquezas,

para gloria del Todopoderoso Dios y encumbramiento de su sancta fe

cristiana, y dilatacion de su universal Iglesia, con tan copioso fruto

y aprovechamiento de las ánimas que en sus dias, si fueran largos, y

despues dellos creyó de cierto, y esperó, como cristianísima, habian de

suceder. Pluguiese á Dios que todos los católicos Reyes, sus sucesores,

tengan la mitad del celo santo y cuidado infatigable que destos divinos

y celestiales bienes Su Alteza, la católica Reina, tenia, y si más

que la mitad tuvieren, ó llegaren á igualar, ó pasaren en ello á Su

Alteza, suya de Sus Altezas y Majestades será la mejor parte, así en el

crecimiento de su real y poderoso Estado, como en la cuenta que darán

á Dios, y en los premios que en la vida bienaventurada recibirán de

la mano muy larga, divina, por el regimiento justo y disposicion que

pornán para la salvacion de tantos pueblos, que, so su amparo, cuidado,

industria, diligencia y solicitud, puso la Divina providencia. Deste

santo celo, deste intenso cuidado, deste contino sospiro, desta grande

y meritoria voluntad de la dicha señora muy alta reina Doña Isabel,

darán testimonio las provisiones reales que, en sus pocos de dias

que vivió, despues de descubiertas y sabidas estas Indias (porque no

fueron sí diez años, ó, por mejor decir, cuasi aún no, sino como por

figuras oidas, y adivinadas y no cognoscidas muchas cosas dellas),

para en favor destas gentes y para la conservacion y salvacion dellas,

mandó proveer, y algunas cosas que dijo y hizo como abajo se mostrará.

De la primera, que es los bienes y utilidades que, á todo el mundo,

desta industria y trabajos de Cristóbal Colon, sucedieron, aunque creo

que fuera más y mejor encarecerlos callando, al ménos, á lo que á mi

pobre juicio y faltosa elocuencia ocurre, quiero, aunque muy poco,

decir, de lo cual el prudente lector coligirá, con más claro juicio

y entendimiento, muchas más y más dignas conclusiones, en singular,

de las que aquí yo particularizo, puesto que las que son sobre todas

dignas y que todas las otras más de estimar, en universal, con pocas

palabras, en las que toco aquí, no dejo de representar. Lo primero, ¿á

qué se podrá comparar en las cosas humanas haber abierto las puertas

tan cerradas deste mar Océano, que ó nunca jamás por ellas ninguno á

entrar se atrevió, ó si en los siglos pasados alguno las vido y por

ellas entró, estaba ya este camino tan cerrado y tan puesto en olvido,

que no ménos dificultad hobo en tornarlo á proseguir, que hobiera si

nunca de alguna persona ántes hobiera sido visto?. Pero, pues parece

que Dios, ántes de los siglos, concedió á este hombre las llaves deste

espantosísimo mar, y no quiso que otro abriese sus cerraduras oscuras,

á este se le debe todo cuanto destas puertas adentro haya sucedido, y

cuanto sucediere en todo género de bondad, de aquí á quel mundo se haya

de acabar. Descubrir por su persona y abrir y enseñar el camino para

que se descubran tan largas é felices tierras, tan ínclitos y ricos

reinos, que hay hoy descubiertas de costa de mar, que mira á ambos

polos, sobre 12.000 leguas de tierras tan llenas de gente, tan diversas

é infinitas naciones, tan varias y distintas lenguas, las cuales

todas, aunque en algunas y muchas cosas, ritos y costumbres difieran,

al ménos en esto son todas ó cuasi todas conformes, conviene á saber,

en ser simplicísimas, pacíficas, domésticas, humildes, liberales,

y, sobre todas las que procedieron de Adan, sin alguna escepcion,

pacientísimas; dispuestas tambien incomparablemente, y sin algun

impedimento, para ser traidas al cognoscimiento y fe de su Criador.

De donde parece, cuanto se podrá extender este imperio y principado

de Jesucristo, cuanto se dilatará su Santa Iglesia, cuán extendidos

serán los límites de la cristiana religion, en cuantas y cuán infinitas

partes, y de cuantas y cuán innumerables racionales creaturas será

adorada é reverenciada la bandera é instrumento principal con que

fuimos redimidos (digo la sancta vera cruz). Pues las ánimas de los

predestinados quel divino beneplácito, por estas tierras y entre estas

gentes, tenia y tiene hoy, desde ántes que el mundo criase, señaladas

y cognoscidas (de lo cual ningun católico osará dudar), que hasta

agora ha cogido, y siempre las coge y cogerá como granos de trigo

celestial para poner en sus trojes divinales, ó como piedras vivas

muy más que preciosas para el edificio de aquella su real y divinal

casa y ciudad, de las cuales no bastará todo el infernal ejército,

con los instrumentos que por acá ha desparecido, á sacarle de la mano

una ni ninguna, ¿á qué bienes ó á qué riquezas (porque ni al cielo ni

á toda la redondez de la tierra ni á cosa de las criadas), las podrá

hombre del mundo asemejar? De los temporales y corruptibles tesoros,

en oro y plata, y perlas, y piedras preciosas, ¿qué se podrá decir por

mucho que se diga de la abundancia que por todo aquel orbe hay? Esto

parece algo en que cuasi no parece ni se trata otro oro, ni más subido

en ley (aunque tambien se lleva oro de otras leyes), sino oro destas

nuestras Indias, por todas las partes del mundo (no tratando aquí de

como se ha habido, porque es de órden y abusion accidental), y, porque

de las otras partes calle, de la de toda la cristiandad es á todos

manifiesto, que cuasi todas abundan y están, ó al ménos estuvieran

riquísimas, de la moneda que les ha ido del oro, y plata, y perlas, de

nuestras Indias, sino fuera por las ocasiones que al divino juicio,

para castigar al mundo, ha placido tomar. Por estas riquezas y tesoros

temporales, se corroboraría y haria más fuerte toda la cristiandad,

estando los Reyes della en paz y conformidad, para que los enemigos

de nuestra sancta fe católica, no, como de ántes, se osasen atrever á

cada paso á la impugnar, sino que, aunque, para la acometer é invadir,

junten los más gruesos ejércitos que Xerjes nunca juntó, y otros

algunos de los antiguos que las historias refieren por grandes haber

juntado, sola España, la gracia de Dios mediante, con los niervos de

las guerras, que son los dineros que salieren de nuestras Indias, los

pueda vencer y prostrar. Aprovecha muy mucho, segun todos los que

escribieron de república, y de la compostura, órden, y conservacion

de los reinos, y de los Reyes, que el Rey sea rico, y tenga guardados

muchos tesoros, porque, con tener fama dello, los reinos enemigos no

osan atreverse contra el tal reino mover fácilmente bullicio de guerra,

ni en alguna manera inquietarlo, ántes procurar tener perpétuamente

su amistad. E no es razon dejar de hacer mencion del más sublimado

beneficio, con que Dios dotó y engrandeció, sobre los otros reinos

cristianos, á toda España, de que Cristóbal Colon fué segunda causa,

conviene á saber, que le eligió, entre todos los que confiesan su

nombre, para ofrecerle tan cierta y sancta ocasion, y tan copiosa

materia, en la cual no solamente letrados, ni grandes letrados en

teología, ni elocuentes y graciosos predicadores, y que tienen oficio y

estado de predicar, puedan ser medianeros y coadjutores de Jesucristo

en la conversion de tan numerosos cuentos de infieles, pero los idiotas

plebeyos y que poco saben, con que tengan firme fe y alguna noticia de

los artículos de la fe y diez mandamientos de la ley de Dios, con buen

ejemplo de vida cristiana, pueden alcanzar suerte y lugar de sanctos

Apóstoles, si mereciesen recibir del muy alto tan buena voluntad,

que de ayudar á coger estas espirituales riquezas, en estas tierras

principalmente, se contentasen, segun la simplicidad, mansedumbre y

libertad ó carencia de impedimentos que podian obviar al recibimiento

de la fe de todas estas universas naciones. Por esta manera debrian

de mirar y tomar profundamente todos los españoles, que este don tan

preclaro, negado á todas las otras cristianas gentes y concedido á

todos ellos, es muy poderoso talento, del cual, y de la usura que con

él eran obligados al dador dél retornar, el dia del juicio y aún de su

muerte se les pedirá estrecha y muy delgada cuenta; y cuán rigurosa

será, por lo que abajo se refiriere bien claro parecerá. De todos estos

tan egregios é incomparables bienes, y de otros innumerables que cada

dia se ven salir, é más adelante muchos más se cognoscerán, fué causa

segunda, despues de Dios, y primera por respecto de todos los hombres

del mundo, este dignísimo varon, primer descubridor deste tan dilatado,

ya nombrado Nuevo Mundo, del cual él sólo, ser primer Almirante,

dignamente mereció.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 91 / 126 题