CAPÍTULO LXXIV.

Publicado en Lisboa que el Almirante habia descubierto y venia de las

Indias, vino tanta gente á verlos y á ver los indios, que fué cosa de

admiracion, y las maravillas que todos hacian, dando gracias á Nuestro

Señor, diciendo que, por la gran fe que los reyes de Castilla tenian

y deseo de servirle, la Divina Majestad les concedia tan señaladas

mercedes. Miércoles y jueves siguientes, creció más la gente que vino

de la ciudad, y, entre ella, muchos caballeros y los hacedores del Rey.

Todos se admiraban y no sabian con qué palabras engrandecer las obras

de Dios, porque cognoscian ser gran bien y honra, y acrecentamiento

de la cristiandad; los cuales, todos, atribuian tomar Dios por medio

destos bienes á los reyes de Castilla, porque Sus Altezas ocupaban y

ejercitaban sus personas con grandes trabajos para dilatar y sublimar

la cristiana religion. El viernes, recibió el Almirante una carta

del rey de Portugal, con un caballero que se llamaba D. Martin de

Noroña, por la cual le rogaba que se llegase á donde él estaba, pues

el tiempo no hacia para irse con la carabela; lo cual el Almirante no

quisiera hacer, pero, por mostrar confianza y evitar sospecha, hóbolo

de admitir. Aquella noche, fué á dormir á Sacamben, donde le hicieron

grande honra y acogimiento y le recrearon muy bien, por mandado del

Rey, que tenia proveido que á él y á su gente, y á la carabela,

proveyesen sus hacedores y oficiales de todo lo que hobiesen menester,

graciosamente, sin llevarles dineros algunos, y que se hiciese todo lo

que el Almirante quisiese, copiosamente. Partió el sábado de Sacamben,

y llegó, aunque con agua del cielo, ya de noche, á donde estaba el Rey.

Mandó el Rey salir á recibirle los principales caballeros de su casa,

y recibiéronlo y acompañáronlo, muy honradamente, hasta el Palacio

real; llegado al Rey, recibióle con señalado honor y favor, y mandóle

luego asentar, dándole grandes muestras de alegría y congratulacion,

para que sintiese que se gozaba mucho de le haber dado Dios tan buen

suceso y fin en su viaje, y ofreciéndole que mandaria que en su reino

se hiciese con él todo aquello que á él conviniese y al servicio de

los reyes de Castilla. Entre las ofertas que hacia el Rey y alegría

que mostraba por haber salido con tan buen fin el viaje, díjole que

le parecia, segun las capitulaciones que habia entre los reyes de

Castilla y él, que aquella conquista pertenecia ántes á Portugal,

que no á Castilla; respondió el Almirante, que no habia visto las

capitulaciones tratadas entre los Reyes, sus señores, y Su Alteza, ni

sabia otra cosa, sino que los Reyes le habian mandado que no fuese á

la Mina, ni en toda Guinea, y que así se habia mandado apregonar en

todos los puertos del Andalucía, ántes que para ir el viaje partiese.

El Rey graciosamente respondió, que tenia él por cierto que no habia en

esto menester terceros; pero, cierto, si fueran menester, como despues

parecerá, y el Rey hablaba con cautela y cumplimientos, y debíale estar

dentro el corazon rabiando por haber perdido tal empresa, como estuvo

en su mano, y entónces debia imaginar de estorbar cuanto pudiese, y que

se cegase el camino por el Almirante descubierto, para que Castilla no

quedase con las Indias: y no sé si le hobiera sido á Castilla mejor,

como por el discurso desta historia se verá. Dióle por huésped al Prior

de Crato, que era la principal persona que allí estaba, del cual el

Almirante recibió muy señalado tratamiento y muchas honras y favores.

Otro dia, domingo, despues de misa, tornóle á decir el Rey si habia

menester algo, que luego se cumpliria, y mandóle sentar, y habló mucho

con el Almirante, preguntándole y oyéndole muchas particularidades de

las tierras, de las gentes, del oro y de perlas, piedras y de otras

cosas preciosas, de los rumbos y caminos que habian llevado, y de los

que á la vuelta habia traido, y lo demas de su viaje; siempre con

rostro alegre, disimulando la pena que tenia en su corazon y dándole

en sus palabras mucho favor. No dice aquí el Almirante, en su libro

desta primera su navegacion, que llevase consigo algunos indios para

que los viese el Rey; lo cual cierto parece cosa semejante de verdad,

que consigo llevase algunos indios, pues el Rey estaba tan cerca y la

cosa era tan nueva y admirable y que á todo el mundo admiró, y venian

los de toda la comarca por ver los indios, gente desnuda, nunca otra

semejante imaginada poder ser en todo el orbe. Tampoco cuenta el

Almirante palabras que el Rey dijo, y cosa que hizo contra él harto

señalada, pero como, en el tiempo cuando era reciente aquesta historia

deste descubrimiento y vuelta por Portugal, y vista del Almirante con

el Rey de aquel reino, se platicaba, entre los que entónces vacábamos

en esta isla Española á curiosidad, haber acaecido, esto que agora

diré, teniamos por cierto, el rey de Portugal haber dicho y hecho:

Mandó, pues, el Rey, estando hablando con el Almirante, disimuladamente

traer una escudilla de habas y ponerla en una mesa que tenia cabe

sí, é por señas mandó á un indio de aquellos, que con aquellas habas

pintase ó señalase aquellas tantas islas de la mar de su tierra, quel

Almirante decia haber descubierto; el indio, muy desenvueltamente y

presto, señaló esta isla Española y la isla de Cuba, y las islas de

los lucayos, y otras cuya noticia tenia. Notando el Rey con morosa

consideracion lo que el indio habia señalado, cuasi como con descuido

deshace con las manos lo que el indio habia significado. Desde á un

rato, mandó á otro indio que señalase y figurase con aquellas habas,

él, las tierras que sabia que habia por aquella mar, de donde Cristóbal

Colon los traia; el indio, con diligencia, y como quien en pronto lo

tenia, figuró con las habas lo que el otro habia figurado, y, por

ventura, añidió muchas más islas y tierras, dando como razon de todo

en su lengua (puesto que nadie lo entendia), lo que habia pintado y

significado. Entónces, el Rey, cognosciendo claramente la grandeza

de las tierras descubiertas, y las riquezas que en ellas haber ya

imaginaba, no pudiendo encubrir el dolor grande que dentro de sí tenia

y fuera disimulaba, por pérdida de cosas tan inestimables, que, por

su culpa, se le habian salido de las manos, con gran voz é ímpetu de

ira contra sí, dáse una puñada en los pechos diciendo: «¡Oh! hombre de

mal cognoscimiento, y ¿por qué dejaste de la mano empresa de tan grande

importancia?» estas ó otras semejantes palabras. Esto que digo así, lo

cogí en aquellos primeros ó segundos tiempos de lo que se platicaba; si

es verdad, de notar es qué fué la causa porque el Almirante lo calla,

pero podráse responder, que no lo puso en su itinerario ó primera

navegacion, porque era cosa notable más para referirla, á solas, á los

reyes de Castilla, por tocar al rey de Portugal, que publicarla sin

diferencia á todas personas particulares, y así parece harto claro que

Nuestro Señor quiso punir al rey de Portugal el desabrimiento y burla

que habia hecho al Almirante, que arriba en el cap. 27 fué contada,

llevándole á la cara el próspero suceso de lo que habia menospreciado,

y al dicho Almirante, quiso dar este favor y consuelo, entre otros,

en pago del afrenta y fatiga que del dicho señor Rey habia recibido,

volviéndole á sus mismos ojos, con testigos tan ciertos y patentes

de la grande prosperidad de su primer viaje, que el Rey habia, por

ventura, con menosprecio desechado.[34] Lo que la Historia portoguesa

que escribió García de Resende, de la vida y hechos deste rey, D.

Juan II de Portugal, el cual historiador estaba allí en aquel tiempo,

dice, quel Almirante llegó ó entró en el restello, que es junto, creo

que, á la ciudad, á 6 de Marzo, parece conformar, porque á 4 dice el

Almirante que llegó á la boca del rio, y que así como lo supo el Rey

que venia el Almirante de aqueste descubrimiento y las muestras de

las gentes, y oro, y otras cosas que de acá llevaba, hizo llamar al

Almirante, de lo cual mostró el Rey mucho enojo y sentimiento, por

creer que aquellas tierras eran dentro de los mares y términos de sus

señoríos de Guinea, y cuando el Almirante le contaba, engrandeciendo

su descubrimiento y riquezas de oro y plata, destas tierras, mucho

mayor de lo que era, lo que no creian los portogueses, y por que en la

relacion que hacia acusaba al rey de Portugal haber perdido tan grande

empresa por no le haber creido, por lo cual el Rey recibia mayor dolor

y pena, atribuyéndolo á atrevimiento y arrogancia los que estaban

presentes, dice el historiador que requirieron y pidieron licencia al

Rey para que, sin que nadie lo sintiese, se asirian con el Almirante en

palabras, y, segun era soberbio y atrevido, y, segun dice, descortés,

lo matarian, y así cesaria la noticia deste descubrimiento para

Castilla; pero que como el Rey era muy temeroso de Dios, no solamente

le defendió, más aún le hizo honra y mercedes, y con ellas le despidió.

Estas son palabras del historiador portogués susodicho, en la Historia

del rey D. Juan el II de Portugal, en el cap. 164, y harto mejor lo

miró el Rey que no los que le aconsejaban ó pedian licencia para matar

al.....[35], una armada grande para enviar á estas partes, de la cual,

abajo se dirá. El lúnes, finalmente, 11 de Marzo, se dispidió del Rey

é díjole ciertas cosas quel Almirante dijese á los Reyes, de su parte,

mostrándole siempre mucho amor, forzándose á disimular su trabajo;

partióse despues de comer, y envió con él el Rey al dicho D. Martin de

Noroña, y todos aquellos caballeros salieron con él de palacio y le

acompañaron un buen rato. El Rey le mandó dar una mula, y otra á su

piloto, que llevaba consigo, y más al piloto mandó hacer merced de 20

espadinos, que eran obra de 20 ducados; de allí vino á un monesterio

de Sant Antonio, que está sobre un lugar que se llama Villa-Franca

donde estaba la Reina, y fuéle á hacer reverencia y besarle las manos,

porque le habia enviado á decir que no se fuese hasta que la viese;

besóle la manos, y recibiólo con grande humanidad, haciéndolo mucha

honra y favor. Dada alguna relacion de su viaje y de las tierras y

gentes que dejaba descubiertas, se partió della de noche y fué á dormir

á Allandra. Estando para partir de Allandra para la carabela, mártes,

12 de Marzo, llegó un escudero, criado del Rey, que le ofreció, de su

parte, que si queria ir por tierra á Castilla, que aquel fuese con él

para lo aposentar y proveer de bestias y todo lo que hobiese menester.

Todos estos comedimientos, dice el Almirante, que se decia que lo hacia

el Rey porque los reyes de Castilla lo supiesen. Llegó á la carabela de

noche.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 89 / 126 题