Publicado en Lisboa que el Almirante habia descubierto y venia de las
Indias, vino tanta gente á verlos y á ver los indios, que fué cosa de
admiracion, y las maravillas que todos hacian, dando gracias á Nuestro
Señor, diciendo que, por la gran fe que los reyes de Castilla tenian
y deseo de servirle, la Divina Majestad les concedia tan señaladas
mercedes. Miércoles y jueves siguientes, creció más la gente que vino
de la ciudad, y, entre ella, muchos caballeros y los hacedores del Rey.
Todos se admiraban y no sabian con qué palabras engrandecer las obras
de Dios, porque cognoscian ser gran bien y honra, y acrecentamiento
de la cristiandad; los cuales, todos, atribuian tomar Dios por medio
destos bienes á los reyes de Castilla, porque Sus Altezas ocupaban y
ejercitaban sus personas con grandes trabajos para dilatar y sublimar
la cristiana religion. El viernes, recibió el Almirante una carta
del rey de Portugal, con un caballero que se llamaba D. Martin de
Noroña, por la cual le rogaba que se llegase á donde él estaba, pues
el tiempo no hacia para irse con la carabela; lo cual el Almirante no
quisiera hacer, pero, por mostrar confianza y evitar sospecha, hóbolo
de admitir. Aquella noche, fué á dormir á Sacamben, donde le hicieron
grande honra y acogimiento y le recrearon muy bien, por mandado del
Rey, que tenia proveido que á él y á su gente, y á la carabela,
proveyesen sus hacedores y oficiales de todo lo que hobiesen menester,
graciosamente, sin llevarles dineros algunos, y que se hiciese todo lo
que el Almirante quisiese, copiosamente. Partió el sábado de Sacamben,
y llegó, aunque con agua del cielo, ya de noche, á donde estaba el Rey.
Mandó el Rey salir á recibirle los principales caballeros de su casa,
y recibiéronlo y acompañáronlo, muy honradamente, hasta el Palacio
real; llegado al Rey, recibióle con señalado honor y favor, y mandóle
luego asentar, dándole grandes muestras de alegría y congratulacion,
para que sintiese que se gozaba mucho de le haber dado Dios tan buen
suceso y fin en su viaje, y ofreciéndole que mandaria que en su reino
se hiciese con él todo aquello que á él conviniese y al servicio de
los reyes de Castilla. Entre las ofertas que hacia el Rey y alegría
que mostraba por haber salido con tan buen fin el viaje, díjole que
le parecia, segun las capitulaciones que habia entre los reyes de
Castilla y él, que aquella conquista pertenecia ántes á Portugal,
que no á Castilla; respondió el Almirante, que no habia visto las
capitulaciones tratadas entre los Reyes, sus señores, y Su Alteza, ni
sabia otra cosa, sino que los Reyes le habian mandado que no fuese á
la Mina, ni en toda Guinea, y que así se habia mandado apregonar en
todos los puertos del Andalucía, ántes que para ir el viaje partiese.
El Rey graciosamente respondió, que tenia él por cierto que no habia en
esto menester terceros; pero, cierto, si fueran menester, como despues
parecerá, y el Rey hablaba con cautela y cumplimientos, y debíale estar
dentro el corazon rabiando por haber perdido tal empresa, como estuvo
en su mano, y entónces debia imaginar de estorbar cuanto pudiese, y que
se cegase el camino por el Almirante descubierto, para que Castilla no
quedase con las Indias: y no sé si le hobiera sido á Castilla mejor,
como por el discurso desta historia se verá. Dióle por huésped al Prior
de Crato, que era la principal persona que allí estaba, del cual el
Almirante recibió muy señalado tratamiento y muchas honras y favores.
Otro dia, domingo, despues de misa, tornóle á decir el Rey si habia
menester algo, que luego se cumpliria, y mandóle sentar, y habló mucho
con el Almirante, preguntándole y oyéndole muchas particularidades de
las tierras, de las gentes, del oro y de perlas, piedras y de otras
cosas preciosas, de los rumbos y caminos que habian llevado, y de los
que á la vuelta habia traido, y lo demas de su viaje; siempre con
rostro alegre, disimulando la pena que tenia en su corazon y dándole
en sus palabras mucho favor. No dice aquí el Almirante, en su libro
desta primera su navegacion, que llevase consigo algunos indios para
que los viese el Rey; lo cual cierto parece cosa semejante de verdad,
que consigo llevase algunos indios, pues el Rey estaba tan cerca y la
cosa era tan nueva y admirable y que á todo el mundo admiró, y venian
los de toda la comarca por ver los indios, gente desnuda, nunca otra
semejante imaginada poder ser en todo el orbe. Tampoco cuenta el
Almirante palabras que el Rey dijo, y cosa que hizo contra él harto
señalada, pero como, en el tiempo cuando era reciente aquesta historia
deste descubrimiento y vuelta por Portugal, y vista del Almirante con
el Rey de aquel reino, se platicaba, entre los que entónces vacábamos
en esta isla Española á curiosidad, haber acaecido, esto que agora
diré, teniamos por cierto, el rey de Portugal haber dicho y hecho:
Mandó, pues, el Rey, estando hablando con el Almirante, disimuladamente
traer una escudilla de habas y ponerla en una mesa que tenia cabe
sí, é por señas mandó á un indio de aquellos, que con aquellas habas
pintase ó señalase aquellas tantas islas de la mar de su tierra, quel
Almirante decia haber descubierto; el indio, muy desenvueltamente y
presto, señaló esta isla Española y la isla de Cuba, y las islas de
los lucayos, y otras cuya noticia tenia. Notando el Rey con morosa
consideracion lo que el indio habia señalado, cuasi como con descuido
deshace con las manos lo que el indio habia significado. Desde á un
rato, mandó á otro indio que señalase y figurase con aquellas habas,
él, las tierras que sabia que habia por aquella mar, de donde Cristóbal
Colon los traia; el indio, con diligencia, y como quien en pronto lo
tenia, figuró con las habas lo que el otro habia figurado, y, por
ventura, añidió muchas más islas y tierras, dando como razon de todo
en su lengua (puesto que nadie lo entendia), lo que habia pintado y
significado. Entónces, el Rey, cognosciendo claramente la grandeza
de las tierras descubiertas, y las riquezas que en ellas haber ya
imaginaba, no pudiendo encubrir el dolor grande que dentro de sí tenia
y fuera disimulaba, por pérdida de cosas tan inestimables, que, por
su culpa, se le habian salido de las manos, con gran voz é ímpetu de
ira contra sí, dáse una puñada en los pechos diciendo: «¡Oh! hombre de
mal cognoscimiento, y ¿por qué dejaste de la mano empresa de tan grande
importancia?» estas ó otras semejantes palabras. Esto que digo así, lo
cogí en aquellos primeros ó segundos tiempos de lo que se platicaba; si
es verdad, de notar es qué fué la causa porque el Almirante lo calla,
pero podráse responder, que no lo puso en su itinerario ó primera
navegacion, porque era cosa notable más para referirla, á solas, á los
reyes de Castilla, por tocar al rey de Portugal, que publicarla sin
diferencia á todas personas particulares, y así parece harto claro que
Nuestro Señor quiso punir al rey de Portugal el desabrimiento y burla
que habia hecho al Almirante, que arriba en el cap. 27 fué contada,
llevándole á la cara el próspero suceso de lo que habia menospreciado,
y al dicho Almirante, quiso dar este favor y consuelo, entre otros,
en pago del afrenta y fatiga que del dicho señor Rey habia recibido,
volviéndole á sus mismos ojos, con testigos tan ciertos y patentes
de la grande prosperidad de su primer viaje, que el Rey habia, por
ventura, con menosprecio desechado.[34] Lo que la Historia portoguesa
que escribió García de Resende, de la vida y hechos deste rey, D.
Juan II de Portugal, el cual historiador estaba allí en aquel tiempo,
dice, quel Almirante llegó ó entró en el restello, que es junto, creo
que, á la ciudad, á 6 de Marzo, parece conformar, porque á 4 dice el
Almirante que llegó á la boca del rio, y que así como lo supo el Rey
que venia el Almirante de aqueste descubrimiento y las muestras de
las gentes, y oro, y otras cosas que de acá llevaba, hizo llamar al
Almirante, de lo cual mostró el Rey mucho enojo y sentimiento, por
creer que aquellas tierras eran dentro de los mares y términos de sus
señoríos de Guinea, y cuando el Almirante le contaba, engrandeciendo
su descubrimiento y riquezas de oro y plata, destas tierras, mucho
mayor de lo que era, lo que no creian los portogueses, y por que en la
relacion que hacia acusaba al rey de Portugal haber perdido tan grande
empresa por no le haber creido, por lo cual el Rey recibia mayor dolor
y pena, atribuyéndolo á atrevimiento y arrogancia los que estaban
presentes, dice el historiador que requirieron y pidieron licencia al
Rey para que, sin que nadie lo sintiese, se asirian con el Almirante en
palabras, y, segun era soberbio y atrevido, y, segun dice, descortés,
lo matarian, y así cesaria la noticia deste descubrimiento para
Castilla; pero que como el Rey era muy temeroso de Dios, no solamente
le defendió, más aún le hizo honra y mercedes, y con ellas le despidió.
Estas son palabras del historiador portogués susodicho, en la Historia
del rey D. Juan el II de Portugal, en el cap. 164, y harto mejor lo
miró el Rey que no los que le aconsejaban ó pedian licencia para matar
al.....[35], una armada grande para enviar á estas partes, de la cual,
abajo se dirá. El lúnes, finalmente, 11 de Marzo, se dispidió del Rey
é díjole ciertas cosas quel Almirante dijese á los Reyes, de su parte,
mostrándole siempre mucho amor, forzándose á disimular su trabajo;
partióse despues de comer, y envió con él el Rey al dicho D. Martin de
Noroña, y todos aquellos caballeros salieron con él de palacio y le
acompañaron un buen rato. El Rey le mandó dar una mula, y otra á su
piloto, que llevaba consigo, y más al piloto mandó hacer merced de 20
espadinos, que eran obra de 20 ducados; de allí vino á un monesterio
de Sant Antonio, que está sobre un lugar que se llama Villa-Franca
donde estaba la Reina, y fuéle á hacer reverencia y besarle las manos,
porque le habia enviado á decir que no se fuese hasta que la viese;
besóle la manos, y recibiólo con grande humanidad, haciéndolo mucha
honra y favor. Dada alguna relacion de su viaje y de las tierras y
gentes que dejaba descubiertas, se partió della de noche y fué á dormir
á Allandra. Estando para partir de Allandra para la carabela, mártes,
12 de Marzo, llegó un escudero, criado del Rey, que le ofreció, de su
parte, que si queria ir por tierra á Castilla, que aquel fuese con él
para lo aposentar y proveer de bestias y todo lo que hobiese menester.
Todos estos comedimientos, dice el Almirante, que se decia que lo hacia
el Rey porque los reyes de Castilla lo supiesen. Llegó á la carabela de
noche.