Salió dos veces del puerto de la Concepcion, y tornóse á él por el
viento contrario.--Visto junto con él la isla de la Tortuga, fué con
las barcas á ver un rio y subió por él hácia las poblaciones.--Vido
el valle maravilloso, llamóle valle de Paraíso, y al rio,
Guadalquivir.--Vino mucha gente y un Rey á ver los cristianos.--Entró
en la mar el Rey.--Pasaron cosas.--Encarece el Almirante en gran
manera la bondad, mansedumbre y hermosura de los indios, hombres y
mujeres; la fertilidad y hermosura de las tierras.--No podian creer
que los cristianos fuesen terrestres, sino del cielo.--Dice el
Almirante cosas de notar.--Apunta el autor la causa de la destruicion
y perdicion destas gentes, conviene á saber, su mucha simplicidad,
humildad y buena naturaleza.
Viernes, 14 de Diciembre, salió de aquel puerto de la Concepcion
con viento terral, calmóle luego y vino viento Levante, que le era
contrario, pero navegó con él al Nornordeste y llegó con él á la isla
de la Tortuga, de la cual vido una punta, que estaria dél 12 millas, la
cual nombró la punta de la Pierna. De allí descubrió otra, que llamó la
punta Lanzada, en la misma derrota del Nornordeste, de la cual distaba
16 millas; la isla de la Tortuga vido que era tierra muy alta, pero no
montañosa, y es muy hermosa y muy poblada de gente, como la de la isla
Española, y la tierra así toda labrada, que le parecia ver la campiña
de Córdoba. Visto que le hacia el viento contrario y que no podia ir
á la isla Babeque, tornóse al puerto de la Concepcion, aquel viernes.
Sábado, 15 de Diciembre, tornó á dar la vela del dicho puerto, pero el
viento le hizo volver otra vez al puerto mismo de la Concepcion, aunque
no lo pudo tomar, pero surgió cerca dél en una playa, y, amarrados
sus navíos bien, fué con las barcas á ver otro rio que parecia, y
subió por él para ir á las poblaciones que los cristianos de antier
habian visto, y, por la corriente grande dél, subió poco; vido algunas
casas, y el valle grande donde estaban las poblaciones, de que quedó
admirado, diciendo que no habia visto en su vida cosa más hermosa,
por lo cual le puso al valle, del Paraíso, y al rio, Guadalquivir,
porque parecia al Guadalquivir cuando vá por Córdoba, y tenia á las
riberas muchas piedras muy hermosas. Vido alguna gente, y toda dió
á huir; y dice aquí el Almirante que debia de ser cazada esta gente
de la Española y de la Tortuga, que tanto miedo tienen. Domingo, 16
de Diciembre, á media noche, dió las velas, y, por aquel golfete y
entremedio, que se hace entre la isla Española y la Tortuga, y á medio
golfo, topó una canoa, con un indio sólo en ella, de que se maravilló
el Almirante cómo se podia tener sobre el agua siendo el viento grande;
hízolo meter con canoa y todo en la nao, y, alagándolo, dióle cuentas
de vidro, cascabeles y sortijas de laton y llevólo así hasta tierra,
donde estaba una poblacion, 16 millas de allí, que son 4 leguas, junto
á la mar, donde surgió el Almirante en la playa, junto á la poblacion,
que parecia ser de nuevo hecha porque todas las casas eran nuevas.
Fuése luego á tierra el indio, en su canoa, y dado nuevas del Almirante
y de los cristianos ser buena gente (puesto que ya las tenian de lo
pasado cuando fueron los seis cristianos), vinieron luego más de 500
hombres, y, desde á poco, vino el Rey dellos; todos en la playa juntos,
y, uno á uno, y, muchos á muchos, venian á los navíos porque estaban
junto con tierra, y no traian cosa alguna consigo, salvo que algunos
traian algunos granos de oro finísimo á las orejas y en las narices,
lo qual todo daban liberalmente. Mandó el Almirante hacer á todos
honra, porque, dice él, son la mejor gente del mundo y más mansa.
Y dice más: «Tengo mucha esperanza en nuestro Señor, que Vuestras
Altezas los harán todos cristianos, y serán todos suyos, que por suyos
los tengo.» Vido que estaba el dicho Rey en la playa, y que todos le
hacian reverencia y acatamiento. Envióle un presente el Almirante, el
qual, diz que, rescibió con mucha gravedad y estado, y que sería mozo
de hasta veintiun años, y que tenia un ayo viejo y otros consejeros
que le hablaban y respondian, y él hablaba muy pocas palabras. Uno
de los indios que traia el Almirante habló con él, diciéndole como
venian los cristianos del cielo, y que andaban en busca de oro (harto
improporcionable cosa es venir del cielo y andar en busca de oro),
y que querian ir á la isla de Babeque; y el Rey respondió que bien
era, y que en la dicha isla lo habia mucho. Mostró al alguacil del
Almirante el camino que habian de llevar, y que en dos dias llegaria
de allí á ella, y que si de su tierra habian menester algo lo daria de
muy buena voluntad. Este Rey é todos los otros andaban desnudos como
su madre los parió, y así las mujeres, sin algun empacho, y eran, diz
que, los más hermosos hombres y mujeres que hasta allí habian hallado,
harto blancos, que si vestidos anduviesen (dice el Almirante), y se
guardasen del sol y del aire, cuasi serian tan blancos como en España,
porque esta tierra, dice él, es harto fria, y la mejor que lengua pueda
decir; de ser felicísima, dice bien, pero la frialdad no la tiene,
sino frescor muy sin pena, puesto que porque le llovia por allí, y con
el viento, y en la mar, parecíale algo fria. Dice más, que la tierra
es muy alta, y que sobre el mayor monte podrian arar bueyes, y hecha
toda á campiñas y valles, y que en toda Castilla no hay tierra que se
pueda comparar á ella, en hermosura y bondad. Toda esta isla y la de la
Tortuga, son todas labradas como la campiña de Córdoba. Dice tambien
de las raíces de los ajes, que eran gordas como la pierna; de la gente
dice que eran gordos y valientes, y de muy dulce conversacion, sin
secta alguna. Dice que era cosa de maravilla ver aquellos valles, y
los rios y buenas aguas, y las tierras para pan, para ganados de toda
suerte (de que ellos no tienen alguno) para huertas, y para todas las
cosas del mundo que el hombre sepa pedir; todas estas son sus palabras,
y en todo dice gran verdad. Y puesto que por todas partes esta isla es
un Paraíso terrenal, pero, por esta de la Tortuga, es cosa no creible
la hermosura suya, junto á la cual yo viví algunos años. A la tarde
acordó el Rey venir á la nao, al cual recibió el Almirante con mucha
alegría, y le hizo toda la honra que pudo; hízole decir como era de los
reyes de Castilla, los cuales eran de los mayores Príncipes del mundo,
mas ni los indios que el Almirante traia, que eran los intérpretes,
ni el Rey tampoco, podian creer otra cosa sino que eran venidos del
cielo, y que los reyes de Castilla en el cielo habitaban, y no en este
mundo. Mandó ponerle de comer al Rey de las cosas de Castilla, y él
comia un bocado y luego dábalo todo á sus consejeros, y al ayo, y á
los demas que metió consigo. Dice aquí el Almirante: «Crean Vuestras
Altezas que estas tierras son en tanta cantidad buenas y fértiles, en
especial estas desta isla Española, que no hay persona que lo sepa
decir, y nadie lo puede creer sino lo viese. Y crean que esta isla y
todas las otras son así suyas como Castilla, que aquí no falta salvo
asiento y mandarles hacer lo que quisieren, porque yo con esta gente
que traigo, que no son muchos, correria todas estas islas sin afrenta,
porque ya he visto sólos tres destos marineros descender en tierra,
y haber multitud destos indios, y todos huir sin que los quisiesen
hacer mal. Ellos no tienen armas, y son todos desnudos y de ningun
ingenio en las armas, y muy cobardes, que mil no aguardarán á tres; y
así son buenos para les mandar, y les hacer trabajar, sembrar y hacer
todo lo otro que fuere menester, y que hagan villas, y se enseñen
á andar vestidos y á nuestras costumbres.» Estas son sus palabras
formales del Almirante. Es aquí de notar, que la mansedumbre natural,
simple, benigna y humilde condicion de los indios, y carecer de armas,
con andar desnudos, dió atrevimiento á los españoles á tenerlos en
poco, y ponerlos en tan acerbísimos trabajos en que los pusieron, y
encarnizarse para oprimirlos y consumirlos, como los consumieron. Y,
cierto, aquí el Almirante más se extendió á hablar de lo que debiera, y
desto que aquí concibió y produjo por su boca, debia de tomar orígen el
mal tratamiento que despues en ellos hizo.