Determinó dejar á la isla de Cuba y ir á la Española.--Puso nombres
á ciertos Cabos de la Española que le parecian léjos.--Vido la
isla de la Tortuga.--Descubrió ciertos Cabos de léjos á que puso
nombres.--Parecia la isla Española de altísimas sierras, de grandes
campiñas, y sembradas como de trigo en la campiña de Córdoba.--Vieron
muchos fuegos de noche, y de dia muchos humos.--Vido un puerto,
entró en él, Jueves, á 6 de Diciembre, púsole puerto de Sant Nicolás
por honra del Sancto que era aquel dia.--Dice dél maravillas, de su
bondad y de la tierra.--Vido grandes almadías ó canoas con mucha
gente.--Huian todos viendo los navíos.--Creia, por esto, haber por
allí grandes poblaciones.--Creia que las frutas de los árboles debian
ser especerías.
Determina despues de dejar del todo la isla de Cuba, por haber
descubierto la gran isla Española. Siguió el camino del Sueste, cuarta
del leste, para el cabo que della parecia, miércoles, á 5 de Diciembre,
puesto que le habia parecido estar al Sueste, pero dábale, segun él
dice, leste reguardo, porque siempre el viento rodea del Norte para el
Nordeste, y de allí al leste y Sueste. Cargó mucho el viento y llevaba
todas sus velas, la mar era llana y la corriente que le ayudaba, por
manera que hasta la una, despues de medio dia, desde la mañana, que
serian seis horas, hizo de camino á 8 millas por hora, 88 millas, que
fueron 22 leguas, todo al Sueste. Dice aquí, que la noche tenia cerca
de quince horas, y, porque se hacia de noche y su nao era grande, mandó
á la carabela _Niña_ que le habia quedado, porque era velera, que se
adelantase para que viese con dia el puerto, que les parecia por de
fuera bueno; la boca, diz que, era como la bahía de Cáliz: la carabela
se llegó al puerto, el Almirante anduvo toda la noche barloventeando,
y amaneció, jueves, 6 de Diciembre, cuatro leguas del puerto. Desde
allí vido de léjos muchos Cabos y muchas abras ó aberturas en la isla
Española, y las sierras altísimas della. A un cabo muy hermoso que se
le hacia por la parte del Sur, cuarta del Sudueste, puso nombre cabo
del Estrella, y parecíale ser la postrera tierra de aquella isla, y
estaria dél 28 millas. Parecíale otra tierra, como isla no grande, al
leste, y estaria della 40 millas; esta fué la isla que, despues que
llegó á ella, la llamó la Tortuga, y así hasta hoy se llama, que será
tan grande como la isla de Canaria. Esta era poblatísima, y habia un
gran señor en ella, como adelante parecerá, á Dios placiendo. A otro
Cabo tambien muy hermoso y bien hecho, que le quebaba al leste, cuarta
del Sueste, puso nombre cabo de Elefante, y distaria dél 55 millas.
Otro se le hacia al lesueste, al cual nombró cabo de Cinquin, estaria
dél 28 millas. La isla grande parecia altísima, no cerrada con montes,
sino rasa como hermosas campiñas, y parecíale toda labrada, ó grande
parte della, y las sementeras como trigo en la campiña de Córdoba por
el mes de Mayo. Viéronse muchos fuegos aquella noche, y de dia muchos
humos, como atalayas, que parecia estar sobre aviso de alguna gente con
quien tuviesen guerra; va toda la costa desta tierra derecha al leste.
Finalmente, jueves, 6 de Diciembre, á hora de vísperas, entró en el
puerto ya dicho, al cual llamó de Sant Nicolás por honra del felice
Sancto, por ser aquel dia que en él entró dia de Sant Nicolás. A la
entrada dél se maravilló de su hermosura y bondad, y aunque tiene muy
alabados los puertos de Cuba, pero sin duda (dice el Almirante), que no
es ménos digno éste, ántes los sobrepuja, y ninguno le es semejante.
En la boca y entrada tiene legua y media de ancho, y se pone la proa
al Sursueste, puesto que por su grande anchura se puede poner adonde
quisiéremos. Va desta manera hácia dentro, dos leguas, hasta llegar á
la playa muy hermosa, donde hay un campo de árboles de mil maneras y
todos cargados de frutas, que creia el Almirante fuesen de especerías,
sino que no se cognoscian como no estuviesen maduras. Entraba un rio
en la playa, hacia cierta vuelta ó ramo el puerto, que quedaba todo
cerrado, no pudiéndose ver la entrada. Es todo maravillosamente hondo,
de ocho y quince brazas, y, hasta llegar á las hierbas de la playa,
todo debajo muy limpio para los cables y anclas. Es todo este puerto
raso, desabahado, airoso y gracioso. Toda esta isla le pareció muy
alta, de árboles pequeños como los de Castilla, como carrascos y
madroños, y lo mismo de las hierbas grande campiña, y de muy buenos
aires; sintió más frio que en las tierras pasadas, puesto que dice
que no debe ser contado por frio. Frontero del puerto estaba una muy
hermosa vega, por donde venia el dicho rio. Creia que en aquella
comarca debia de haber grandes poblaciones, segun se vian las canoas ó
almadías, tantas y tan grandes, dellas como fustas de quince bancos.
Todos los indios dellas huyeron y huian desque vieron los navíos; los
que consigo traia de las islas de los lucayos, diz que, tenian mucha
gana de se volver á sus tierras, y creian que desque de allí partiese
los habia de volver á ellas, y, como vian que se dilataba, no creian ya
al Almirante, viendo que no llevaban el camino de sus casas, y así él
no les creia lo que le decian, mayormente no los entendiendo. Tenian,
diz que, gran miedo de la gente desta isla. Tenia pena él por no poder
haber lengua de los desta isla Española, y no quiso detenerse en este
puerto para ello, por ver mucha más tierra, y por no estar cierto si
el viento que llevaba le duraria. Confiaba en nuestro Señor, que los
indios que llevaba consigo sabrian nuestra lengua y él la dellos, y
despues tornaria y hablaria con aquella gente, y, placiendo á S. M.,
hallaria algun buen rescate de oro, ántes que volviese. Estas son
palabras del Almirante.