De como tuvo el Almirante relacion de cierta tierra riquísima de
oro, hácia el Levante.--Por esto y por otras causas dió la vuelta
hácia el Levante.--Descubrió maravillosos rios y puertos con muchas
poblaciones.--Halló una mar de islas dignas de admiracion.--Vido
las sierras de la isla Española.--Halló almástiga y lignaloe.--Vido
cañas.--Vido pescados y animales diversos.--Halló piedras con
manchas doradas, otras que parecian de minas de plata, otras de
hierro.--Apartóse de su compañía y obediencia, con su carabela, Martin
Alonso Pinzon.
Estando en este rio de Mares, tuvo el Almirante relacion (segun al
ménos él creyó que entendia), que habia una isla ó tierra hácia la
parte de Levante, que llamaban Babeque, y otra que decian Bohío, y
ésta creyó que era esta isla Española, donde la gente della, diz que,
cogia el oro de noche con candelas en la playa, y despues con martillo
hacian vergas dello; y bien parece cuanta diligencia y afeccion ponian
en preguntar por el oro, pues los indios, sintiéndosela, ó les mentian
y querian alejarlos de su tierra, ó el Almirante no los entendia, así
que, por esta causa, y tambien porque hacia, diz que, algun frio,
por lo cual sentia no serle buen consejo en invierno navegar para
descubrir al Norte, acordó dar desde este rio y puerto de Mares la
vuelta con los navíos todos tres al leste ó Levante, donde los indios
le señalaban estar situada la tierra de Babeque; y esto es cierto,
que á dos dias que navegara por aquel rumbo del Norte, que rehuyó por
ser invierno, descubriera la tierra firme que agora llamamos Florida.
Y parece quitarle Dios aquel camino para que más presto hallase esta
isla Española, que creo es la princesa de las islas; con la cual le
apartó Dios harto mayores trabajos, y dilacion de tiempo, y que no
volviera con tan largas señales de oro á Castilla como volvió della.
Con el susodicho intento, lúnes, 12 dias de Noviembre, al rendir del
cuarto del alba, mandó alzar sus anclas á todos los navíos y tender
sus velas, poniendo las proas al leste, cuarta del Sueste. Despues de
haber andado 8 leguas por la costa adelante, halló un rio, y dende,
andadas otras 4 leguas, descubrió otro que parecia muy caudaloso y
mayor que ninguno de los que hasta entónces descubierto habia. No se
quiso detener ni entrar en alguno dellos, por dos respectos, segun
él mismo dice; el uno y principal, porque el tiempo y viento era
bueno para ir en demanda de la dicha tierra Babeque; lo otro, porque
si en él hobiera alguna populosa ó señalada ciudad cerca de la mar,
se pareciera, y lo tercero, porque, para ir por el rio arriba, eran
menester navíos pequeños, los que él no tenia, y así perdiera mucho
tiempo, porque descubrir los semejantes rios es negocio de por sí. Dice
que toda aquella costa vido que era poblada, mayormente cerca del rio,
al cual puso por nombre rio del Sol. Navegó este lúnes, hasta el sol
puesto, 18 leguas al leste, cuarta al Sueste, hasta un Cabo á quien
puso nombre el cabo de Cuba. Este cabo segun lo que he colegido de
toda esta su navegacion, cuanto anduvo abajo por la costa ó ribera de
Cuba, y lo que despues, cuando la vuelta hácia arriba dió, y por lo que
veo en el padron ó padrones que entónces pintaba el Almirante por sus
manos, que tengo en mi poder, es el Cabo que agora llamamos la punta
de Mayçí, el cual está de Barocoa, ó puerto al cual puso el Almirante
rio y puerto de Mares[31] leguas. Toda esta noche estuvo á la corda,
como dicen los marineros, que es no dejar hinchir las velas de viento
para no andar nada, que lo saben y pueden hacer aún teniendo las velas
en alto, y esto hacia por esperar el dia para ver un abra ó abertura
de sierras, como entre sierra y sierra, la cual comenzó á ver al poner
del sol, adonde se mostraban dos grandísimas montañas, y parecia que se
apartaba la tierra de Cuba de la del Bohío, segun le daban á entender
por señas los indios que llevaba, y por la estimacion del Almirante
debia ser esta isla Española, la cual debian de ver desde allí;
pero yo creo, que no eran sino las sierras de Bayatiquiri, que es el
cabo postrero de toda Cuba, porque aún estaban muy léjos para ver la
sierra desta Española. Así que venido el dia, mártes, 13 de Noviembre,
de mañana, volvió las velas sobre la tierra y pasó una punta que le
pareció anoche obra de 2 leguas, y entró en un grande golfo, 5 leguas
al Sursudueste, y le quedaban otras 5 para llegar al cabo, adonde, en
medio de dos grandes montes ó sierras, hacia un degollado, el cual no
pudo determinar si era entrada de mar; y por que su propósito era ir á
la isla de Babeque, donde los indios le decian que habia mucho oro, y
estaban della, hoy mártes, diz que, tres jornadas (débese de entender
jornadas de canoas que andaban 7 y 8 leguas cada dia), y porque no via
alguna grande poblacion, y el viento arreciaba mucho más que hasta
entónces habian visto, hízose á la mar, apartándose de la costa que
iba siempre cerca, mirando lo que habia, y navegó al leste con viento
Norte, andando 8 millas por hora, que son 2 leguas: y así anduvo, desde
las diez del dia que comenzó aquella derrota hasta el poner del sol,
56 millas, que son 14 leguas desde el cabo de Cuba, no el postrero de
la isla, sino al que puso el cabo de Cuba, que dije agora nombrarse la
punta de Mayçí. Parecióle que descubria con la vista las sierras de
Bohío, que le quedaban de sotaviento, y que habria del Cabo del dicho
golfo, 80 millas, que son 20 leguas; barloventeó esta noche, y por
inconvenientes que via, por no tornar atras, determinó de se llegar
á la tierra, y vido muchos rios y puertos, pero no con muy claras
entradas, y al cabo de haber andado así 64 millas, que son 16 leguas,
halló una entrada honda, y ancha un cuarto de milla, donde entró y
vido tantas islas, que no las pudo contar, todas de buena grandeza y
altísimas, llenas de diversidad de árboles de mil maneras, y de palmas
infinitas. Maravillóse sobre manera en ver tantas islas y tan altas,
y certifica á los Reyes, que las montañas que desde antier ha visto
por esta costa de Cuba, y las destas islas, le parece que no las hay
más altas en el mundo ni tan hermosas y claras, sin niebla ni nieve,
y al pié dellas grandísimo fondo, y dice, que cree que estas islas
son aquellas innumerables, que en los mapamundos en fin de Oriente se
ponen. Dice más, que creia que habia grandísimas riquezas, y piedras
preciosas, y especeria en ellas, y que duran muy mucho al Sur, y se
ensanchan á toda parte. Púsoles nombre, la Mar de Nuestra Señora, y al
puerto, que está cerca de la boca de la entrada dellas, puso nombre
Puerto del Príncipe; en el cual no entró, mas de verle desde fuera,
hasta otra vuelta que dió el sábado de la semana venidera, como allí
parecerá. Dice tantas y tales cosas de la hermosura, fertilidad y
altura destas islas, que halló en este puerto, que afirma á los Reyes,
que no se maravillen porque las encarezca tanto, porque les certifica,
que cree no encarecer la centésima parte. Algunas dellas, que parecia
llegar al cielo y hechas como puntas de diamantes; otras que, sobre su
gran altura, encima tienen como una mesa, y al pié dellas grandísimo
fondo, que podia llegar á ellas una muy grande carraca, llenas todas
de arboledas como unas graciosísimas florestas, y sin peñas. Acordó de
andarlas con las barcas de los navíos; dice maravillas dellas. Halló
almástiga é infinito lignaloe; algunas dellas estaban labradas y con
las heredades de las que los indios hacen su pan, y las otras raíces
que comen. Halló en algunas encendido fuego, y no gente, por lo cual,
parece que huyó la gente viendo los navíos, estimando, quizá, que eran
grandes animales que salian de la mar; en otras vieron gente, y como
se iban á esconder á los montes. El hondo que hallaba en todas las que
anduvo era 15 y 16 brazas, y todo bajo era basa, que quiere decir, que
el suelo es todo arena limpia de peñas, que es lo que mucho desean los
marineros, porque las peñas cortan los cables con que se amarran las
anclas. Y por que donde quiera que entraba de nuevo, como arriba se
dijo, ponia una cruz grande. Saliendo, viernes, 16 de Noviembre, con la
barca en tierra, fué á una boca de aquellos puertos, y en una punta de
la tierra halló dos maderos muy grandes, uno más largo que otro, y el
uno sobre el otro hechos cruz, los cuales, segun dice, no los pudiera
poner mejor proporcionados un carpintero; y, adorada aquella cruz,
mandó hacer de los mismos maderos una muy grande y alta cruz, la cual
hizo poner en un lugar muy eminente, no aquel dia, sino el domingo.
Vido cañas por aquella playa, creyó que salian de algun rio, y tenia
razon. Entró con la barca en una cala (que es un rincon angosto que
hace dentro de la tierra el agua de la mar), donde hacia un alto de
piedra y peña como Cabo, y al pié dél habia tanto fondo que la mayor
carraca del mundo, diz que, pudiera poner el bordo en tierra, y habia
un lugar donde podian estar seis navíos sin anclas como en una sala.
Parecióle que se podia hacer allí una fortaleza, á poca costa, si en
algun tiempo en aquella mar de islas resultase algun rescate famoso.
Hizo buscar por allí, si habia nácaras, que son las ostias en que nacen
las perlas, y hallaron, diz que, muchas, sin perlas, y echábalo á que
no debia ser tiempo dellas, el cual creia ser Mayo y Junio. Pescando
los marineros con redes, tomaron un pece, entre otros muchos, que
parecia propio puerco, no como tonina, y era todo concha muy tiesta y
que no tenia cosa blanda sino la cola y los ojos, y un agujero debajo
della para expeler sus superfluidades; mandólo salar para llevarlo á
los Reyes. Hallaron los marineros, diz que, un animal que parecia taso
ó taxo, no dice si en la mar ó en la tierra. Sábado, de mañana, 17 de
Noviembre, saltó en la barca y fué á ver las islas, que no habia visto,
de la banda ó parte del Sudueste, las cuales vido ser muy graciosas y
muy fértiles, y entremedio dellas halló gran fondo. Dividian algunas
dellas arroyos de agua dulce, y que creia que salian de algunas fuentes
que habia en las cumbres de las sierras. Pasando adelante halló una
ribera de agua muy dulce y muy fria, y por lo enjuto della, habia un
prado muy lindo y palmas altísimas. Vido nueces grandes, y ratones
grandes como de la India; estos eran los guaminiquinajes, que arriba en
el cap. 46 digimos, que eran unos animales como perrillos muy buenos
de comer, que habia muchos sólo en aquella isla de Cuba. Aves vido
muchas, y olor vehemente de almizque, y creo que lo debia de haber
allí. En este dia, de los seis mancebos que tomó en el rio de Mares,
y mandó que fuesen en la carabela _Niña_, se huyeron los dos mayores
de edad. Domingo, 18 de Noviembre, salió en tierra con las barcas y
mucha gente, y fué con gran alegría á poner la cruz, muy grande, que
mandó hacer de los dos grandes maderos, á la boca del dicho puerto del
Príncipe, en un lugar descubierto y vistoso, puesta muy alta y muy
hermosa vista. La mar, diz que, crece y descrece allí mucho más que en
otro puerto de los que por allí habia visto, achacábalo á las muchas
islas; y la marea era al revés de las de Castilla. Esto cognoscia,
porque allí era baja mar estando la luna al Sudueste, cuarta del Sur.
Partió de aquel puerto el lúnes, 19 de Noviembre, ántes del sol salido,
con calma, despues hízole viento contrario leste, porque al leste habia
él de ir, y fué al Nornordeste; apartóse del puerto del Príncipe donde
habia salido, 7 leguas; vido, diz que, de allí la isla de Babeque, y
estaria della 60 millas, que son 15 leguas. Yo creo que esta isla ó
tierra del Babeque debia ser, ó esta isla Española, ó alguna provincia
ó parte della, y que la debian nombrar los indios por aquel nombre,
porque nunca esta despues pareció, pues nunca hace más el Almirante
mencion della, hallada esta Española. Con vientos contrarios, no pudo
ir su camino, por lo cual determinó de se volver al dicho puerto del
Príncipe, de donde habia ya salido, que estaba ya dél 25 leguas, y
aúnque estaba de la isla Isabela 12 leguas, dijo, que no quiso ir allá,
porque no se le fuesen los indios que habia tomado en Sant Salvador,
que estaba della 8 leguas, los cuales, diz que, tenian entendido,
que en hallando oro el Almirante los habia de dejar ir á su tierra.
Finalmente, anduvo con mucho trabajo por la variedad de los vientos, y
no pudo tornar al dicho puerto del Príncipe hasta el sábado, despues
de hora de tercia. El miércoles se halló el Almirante 42° desviado de
la línea equinoccial como en el rio de Mares; pero esto es imposible,
como allí se dijo, y al mismo Almirante parecia que no debia de estar
tanto, porque, dice aquí, que tiene suspenso el cuadrante hasta llegar
á tierra que lo adobe. Dice que hacia calor por allí, del cual argüia
que debia de haber por aquellas tierras mucho oro. Miércoles, en la
noche, 21 de Noviembre, ántes que tomase la tierra y el puerto del
Príncipe otra vez, como pretendia, se le fué Martin Alonso Pinzon con
la carabela _Pinta_, de la que venia por Capitan, sin su licencia y
contra su obediencia, ciego de codicia, y, quizá, lleno primero de
soberbia, porque un indio de los que habia el Almirante mandado poner
en aquella carabela, diz que, le habia certificado ó prometido de
llevarle á cierta isla ó tierra donde hobiese mucho oro; y aquí dice
el Almirante: «Otras muchas me ha hecho y dicho.» Llevó el camino
del leste hácia donde creian estar la tierra de Babeque, el cual iba
á vista del Almirante, hasta que el jueves, en la noche, como fuese
en la carabela que era más velera que todas, del todo desapareció,
puesto que el Almirante hizo tomar algunas de sus velas y tener farol
ó lumbre toda la noche, y señales para que arribase sobre él; pero
él no curó sino irse. El viernes, ántes que tomase la tierra, vido
un Cabo de tierra hácia el leste ó Levante, á la cual señalaban los
indios llamarse Bohío, y creemos que era esta isla Española, y que
habia, diz que, en ella gente que tenia en la frente un ojo, y otros
que llamaban caníbales, á quien mostraban tener gran miedo, y desque
vieron que llevaba camino de acá, diz que, no podian hablar porque los
comian, y significaban que era gente muy armada. De donde parece, que
ninguna ó cuasi ninguna cosa les entendian, porque, en esta isla, ni
nunca hobo gente de un ojo, ni caníbales que comiesen los hombres, y
tampoco tuvieron más ni mejores armas que los que hasta entónces el
Almirante habia visto; y así, dice aquí él, que creia que habia algo
dello, pero no todo, y que si eran armados, serian gente de razon, y
que el temor que tenian debia ser porque habrian captivado algunos,
y, porque no volvian en sus tierras, estimaban que los habian comido,
y lo mismo creian (segun dice aquí el Almirante), de los cristianos y
dél, al principio que los vieron, que comian los hombres, hasta que
juzgaron, pues no los hacian mal, haber descendido de los cielos.
Así que, sábado, 24 de Noviembre, hobo de tomar tierra, y entró en
un puerto junto á par del Príncipe, en que cabrian todas las naos de
España, y podrian estar seguras de todos los vientos sin amarras ni
anclas. A este puerto puso de Sancta Catalina, por ser aquel sábado su
víspera. Este puerto, diz que, estaba junto á la boca de la entrada de
las muchas islas, que llamó Mar de Nuestra Señora, la barra ó entrada
dél tenia seis brazas y hasta veinte, y limpio; vieron en él un rio
podoroso y de más agua que hasta allí habian visto, el agua dulce dél
se bebia junto á la mar, á la entrada tenia un banco pero dentro era
muy hondo, de ocho y nueve brazas; estaba lleno de palmas y de grandes
arboledas. Domingo, ántes del sol salido, fué con la barca y anduvo por
cerca de un Cabo, que hacia la tierra; vido un rio y en él unas piedras
relucientes con unas manchas de color de oro, y mandó cojer dellas para
llevar á los Reyes. Estas debian ser piedras de margasita, que parecian
de oro dentro de los rios, y hay mucha por los rios destas islas.
De allí dieron voces los marineros, que vian pinos de maravillosa
grandeza, derechos como husos, donde cognosció poderse hacer navíos é
infinita tablazon, por los muchos robles que tambien habia, y donde
se pudiesen hacer sierras de agua. Entró en una cala ó rincon que
hacia la mar, y vido un puerto que cabrian cient naos sin amarras y
anclas, y dice que el puerto era tal, que los ojos parece que otro tal
nunca vieron; las sierras, altísimas, todas de pinales, de las cuales
descendian muchas aguas lindísimas, y florestas graciosas y muchos
árboles de madroños, la tierra y los aires, diz que, más templados que
hasta allí, por la altura y hermosura de las sierras. Hallaron por la
playa piedras que parecian de hierro, y otras que algunos juzgaban ser
de minas de plata. Encarece todo aquesto en grande manera, protestando
que no dice la centésima parte, y dando gracias á Dios porque le plugo
de le mostrar siempre una cosa mejor que otra en todo lo que descubria
cada dia, yendo de bien en mejor, así en las tierras y arboledas, y
hierbas y frutas, y flores, como en las gentes, puertos y aguas,
y finalmente, dice, que si á los que lo vian era causa de tan gran
admiracion, ¡qué podrá causar á los que estas maravillas oyeren! y
afirma, que nadie, si no lo ve, lo podrá creer.