CAPÍTULO XLVII.

De como tuvo el Almirante relacion de cierta tierra riquísima de

oro, hácia el Levante.--Por esto y por otras causas dió la vuelta

hácia el Levante.--Descubrió maravillosos rios y puertos con muchas

poblaciones.--Halló una mar de islas dignas de admiracion.--Vido

las sierras de la isla Española.--Halló almástiga y lignaloe.--Vido

cañas.--Vido pescados y animales diversos.--Halló piedras con

manchas doradas, otras que parecian de minas de plata, otras de

hierro.--Apartóse de su compañía y obediencia, con su carabela, Martin

Alonso Pinzon.

Estando en este rio de Mares, tuvo el Almirante relacion (segun al

ménos él creyó que entendia), que habia una isla ó tierra hácia la

parte de Levante, que llamaban Babeque, y otra que decian Bohío, y

ésta creyó que era esta isla Española, donde la gente della, diz que,

cogia el oro de noche con candelas en la playa, y despues con martillo

hacian vergas dello; y bien parece cuanta diligencia y afeccion ponian

en preguntar por el oro, pues los indios, sintiéndosela, ó les mentian

y querian alejarlos de su tierra, ó el Almirante no los entendia, así

que, por esta causa, y tambien porque hacia, diz que, algun frio,

por lo cual sentia no serle buen consejo en invierno navegar para

descubrir al Norte, acordó dar desde este rio y puerto de Mares la

vuelta con los navíos todos tres al leste ó Levante, donde los indios

le señalaban estar situada la tierra de Babeque; y esto es cierto,

que á dos dias que navegara por aquel rumbo del Norte, que rehuyó por

ser invierno, descubriera la tierra firme que agora llamamos Florida.

Y parece quitarle Dios aquel camino para que más presto hallase esta

isla Española, que creo es la princesa de las islas; con la cual le

apartó Dios harto mayores trabajos, y dilacion de tiempo, y que no

volviera con tan largas señales de oro á Castilla como volvió della.

Con el susodicho intento, lúnes, 12 dias de Noviembre, al rendir del

cuarto del alba, mandó alzar sus anclas á todos los navíos y tender

sus velas, poniendo las proas al leste, cuarta del Sueste. Despues de

haber andado 8 leguas por la costa adelante, halló un rio, y dende,

andadas otras 4 leguas, descubrió otro que parecia muy caudaloso y

mayor que ninguno de los que hasta entónces descubierto habia. No se

quiso detener ni entrar en alguno dellos, por dos respectos, segun

él mismo dice; el uno y principal, porque el tiempo y viento era

bueno para ir en demanda de la dicha tierra Babeque; lo otro, porque

si en él hobiera alguna populosa ó señalada ciudad cerca de la mar,

se pareciera, y lo tercero, porque, para ir por el rio arriba, eran

menester navíos pequeños, los que él no tenia, y así perdiera mucho

tiempo, porque descubrir los semejantes rios es negocio de por sí. Dice

que toda aquella costa vido que era poblada, mayormente cerca del rio,

al cual puso por nombre rio del Sol. Navegó este lúnes, hasta el sol

puesto, 18 leguas al leste, cuarta al Sueste, hasta un Cabo á quien

puso nombre el cabo de Cuba. Este cabo segun lo que he colegido de

toda esta su navegacion, cuanto anduvo abajo por la costa ó ribera de

Cuba, y lo que despues, cuando la vuelta hácia arriba dió, y por lo que

veo en el padron ó padrones que entónces pintaba el Almirante por sus

manos, que tengo en mi poder, es el Cabo que agora llamamos la punta

de Mayçí, el cual está de Barocoa, ó puerto al cual puso el Almirante

rio y puerto de Mares[31] leguas. Toda esta noche estuvo á la corda,

como dicen los marineros, que es no dejar hinchir las velas de viento

para no andar nada, que lo saben y pueden hacer aún teniendo las velas

en alto, y esto hacia por esperar el dia para ver un abra ó abertura

de sierras, como entre sierra y sierra, la cual comenzó á ver al poner

del sol, adonde se mostraban dos grandísimas montañas, y parecia que se

apartaba la tierra de Cuba de la del Bohío, segun le daban á entender

por señas los indios que llevaba, y por la estimacion del Almirante

debia ser esta isla Española, la cual debian de ver desde allí;

pero yo creo, que no eran sino las sierras de Bayatiquiri, que es el

cabo postrero de toda Cuba, porque aún estaban muy léjos para ver la

sierra desta Española. Así que venido el dia, mártes, 13 de Noviembre,

de mañana, volvió las velas sobre la tierra y pasó una punta que le

pareció anoche obra de 2 leguas, y entró en un grande golfo, 5 leguas

al Sursudueste, y le quedaban otras 5 para llegar al cabo, adonde, en

medio de dos grandes montes ó sierras, hacia un degollado, el cual no

pudo determinar si era entrada de mar; y por que su propósito era ir á

la isla de Babeque, donde los indios le decian que habia mucho oro, y

estaban della, hoy mártes, diz que, tres jornadas (débese de entender

jornadas de canoas que andaban 7 y 8 leguas cada dia), y porque no via

alguna grande poblacion, y el viento arreciaba mucho más que hasta

entónces habian visto, hízose á la mar, apartándose de la costa que

iba siempre cerca, mirando lo que habia, y navegó al leste con viento

Norte, andando 8 millas por hora, que son 2 leguas: y así anduvo, desde

las diez del dia que comenzó aquella derrota hasta el poner del sol,

56 millas, que son 14 leguas desde el cabo de Cuba, no el postrero de

la isla, sino al que puso el cabo de Cuba, que dije agora nombrarse la

punta de Mayçí. Parecióle que descubria con la vista las sierras de

Bohío, que le quedaban de sotaviento, y que habria del Cabo del dicho

golfo, 80 millas, que son 20 leguas; barloventeó esta noche, y por

inconvenientes que via, por no tornar atras, determinó de se llegar

á la tierra, y vido muchos rios y puertos, pero no con muy claras

entradas, y al cabo de haber andado así 64 millas, que son 16 leguas,

halló una entrada honda, y ancha un cuarto de milla, donde entró y

vido tantas islas, que no las pudo contar, todas de buena grandeza y

altísimas, llenas de diversidad de árboles de mil maneras, y de palmas

infinitas. Maravillóse sobre manera en ver tantas islas y tan altas,

y certifica á los Reyes, que las montañas que desde antier ha visto

por esta costa de Cuba, y las destas islas, le parece que no las hay

más altas en el mundo ni tan hermosas y claras, sin niebla ni nieve,

y al pié dellas grandísimo fondo, y dice, que cree que estas islas

son aquellas innumerables, que en los mapamundos en fin de Oriente se

ponen. Dice más, que creia que habia grandísimas riquezas, y piedras

preciosas, y especeria en ellas, y que duran muy mucho al Sur, y se

ensanchan á toda parte. Púsoles nombre, la Mar de Nuestra Señora, y al

puerto, que está cerca de la boca de la entrada dellas, puso nombre

Puerto del Príncipe; en el cual no entró, mas de verle desde fuera,

hasta otra vuelta que dió el sábado de la semana venidera, como allí

parecerá. Dice tantas y tales cosas de la hermosura, fertilidad y

altura destas islas, que halló en este puerto, que afirma á los Reyes,

que no se maravillen porque las encarezca tanto, porque les certifica,

que cree no encarecer la centésima parte. Algunas dellas, que parecia

llegar al cielo y hechas como puntas de diamantes; otras que, sobre su

gran altura, encima tienen como una mesa, y al pié dellas grandísimo

fondo, que podia llegar á ellas una muy grande carraca, llenas todas

de arboledas como unas graciosísimas florestas, y sin peñas. Acordó de

andarlas con las barcas de los navíos; dice maravillas dellas. Halló

almástiga é infinito lignaloe; algunas dellas estaban labradas y con

las heredades de las que los indios hacen su pan, y las otras raíces

que comen. Halló en algunas encendido fuego, y no gente, por lo cual,

parece que huyó la gente viendo los navíos, estimando, quizá, que eran

grandes animales que salian de la mar; en otras vieron gente, y como

se iban á esconder á los montes. El hondo que hallaba en todas las que

anduvo era 15 y 16 brazas, y todo bajo era basa, que quiere decir, que

el suelo es todo arena limpia de peñas, que es lo que mucho desean los

marineros, porque las peñas cortan los cables con que se amarran las

anclas. Y por que donde quiera que entraba de nuevo, como arriba se

dijo, ponia una cruz grande. Saliendo, viernes, 16 de Noviembre, con la

barca en tierra, fué á una boca de aquellos puertos, y en una punta de

la tierra halló dos maderos muy grandes, uno más largo que otro, y el

uno sobre el otro hechos cruz, los cuales, segun dice, no los pudiera

poner mejor proporcionados un carpintero; y, adorada aquella cruz,

mandó hacer de los mismos maderos una muy grande y alta cruz, la cual

hizo poner en un lugar muy eminente, no aquel dia, sino el domingo.

Vido cañas por aquella playa, creyó que salian de algun rio, y tenia

razon. Entró con la barca en una cala (que es un rincon angosto que

hace dentro de la tierra el agua de la mar), donde hacia un alto de

piedra y peña como Cabo, y al pié dél habia tanto fondo que la mayor

carraca del mundo, diz que, pudiera poner el bordo en tierra, y habia

un lugar donde podian estar seis navíos sin anclas como en una sala.

Parecióle que se podia hacer allí una fortaleza, á poca costa, si en

algun tiempo en aquella mar de islas resultase algun rescate famoso.

Hizo buscar por allí, si habia nácaras, que son las ostias en que nacen

las perlas, y hallaron, diz que, muchas, sin perlas, y echábalo á que

no debia ser tiempo dellas, el cual creia ser Mayo y Junio. Pescando

los marineros con redes, tomaron un pece, entre otros muchos, que

parecia propio puerco, no como tonina, y era todo concha muy tiesta y

que no tenia cosa blanda sino la cola y los ojos, y un agujero debajo

della para expeler sus superfluidades; mandólo salar para llevarlo á

los Reyes. Hallaron los marineros, diz que, un animal que parecia taso

ó taxo, no dice si en la mar ó en la tierra. Sábado, de mañana, 17 de

Noviembre, saltó en la barca y fué á ver las islas, que no habia visto,

de la banda ó parte del Sudueste, las cuales vido ser muy graciosas y

muy fértiles, y entremedio dellas halló gran fondo. Dividian algunas

dellas arroyos de agua dulce, y que creia que salian de algunas fuentes

que habia en las cumbres de las sierras. Pasando adelante halló una

ribera de agua muy dulce y muy fria, y por lo enjuto della, habia un

prado muy lindo y palmas altísimas. Vido nueces grandes, y ratones

grandes como de la India; estos eran los guaminiquinajes, que arriba en

el cap. 46 digimos, que eran unos animales como perrillos muy buenos

de comer, que habia muchos sólo en aquella isla de Cuba. Aves vido

muchas, y olor vehemente de almizque, y creo que lo debia de haber

allí. En este dia, de los seis mancebos que tomó en el rio de Mares,

y mandó que fuesen en la carabela _Niña_, se huyeron los dos mayores

de edad. Domingo, 18 de Noviembre, salió en tierra con las barcas y

mucha gente, y fué con gran alegría á poner la cruz, muy grande, que

mandó hacer de los dos grandes maderos, á la boca del dicho puerto del

Príncipe, en un lugar descubierto y vistoso, puesta muy alta y muy

hermosa vista. La mar, diz que, crece y descrece allí mucho más que en

otro puerto de los que por allí habia visto, achacábalo á las muchas

islas; y la marea era al revés de las de Castilla. Esto cognoscia,

porque allí era baja mar estando la luna al Sudueste, cuarta del Sur.

Partió de aquel puerto el lúnes, 19 de Noviembre, ántes del sol salido,

con calma, despues hízole viento contrario leste, porque al leste habia

él de ir, y fué al Nornordeste; apartóse del puerto del Príncipe donde

habia salido, 7 leguas; vido, diz que, de allí la isla de Babeque, y

estaria della 60 millas, que son 15 leguas. Yo creo que esta isla ó

tierra del Babeque debia ser, ó esta isla Española, ó alguna provincia

ó parte della, y que la debian nombrar los indios por aquel nombre,

porque nunca esta despues pareció, pues nunca hace más el Almirante

mencion della, hallada esta Española. Con vientos contrarios, no pudo

ir su camino, por lo cual determinó de se volver al dicho puerto del

Príncipe, de donde habia ya salido, que estaba ya dél 25 leguas, y

aúnque estaba de la isla Isabela 12 leguas, dijo, que no quiso ir allá,

porque no se le fuesen los indios que habia tomado en Sant Salvador,

que estaba della 8 leguas, los cuales, diz que, tenian entendido,

que en hallando oro el Almirante los habia de dejar ir á su tierra.

Finalmente, anduvo con mucho trabajo por la variedad de los vientos, y

no pudo tornar al dicho puerto del Príncipe hasta el sábado, despues

de hora de tercia. El miércoles se halló el Almirante 42° desviado de

la línea equinoccial como en el rio de Mares; pero esto es imposible,

como allí se dijo, y al mismo Almirante parecia que no debia de estar

tanto, porque, dice aquí, que tiene suspenso el cuadrante hasta llegar

á tierra que lo adobe. Dice que hacia calor por allí, del cual argüia

que debia de haber por aquellas tierras mucho oro. Miércoles, en la

noche, 21 de Noviembre, ántes que tomase la tierra y el puerto del

Príncipe otra vez, como pretendia, se le fué Martin Alonso Pinzon con

la carabela _Pinta_, de la que venia por Capitan, sin su licencia y

contra su obediencia, ciego de codicia, y, quizá, lleno primero de

soberbia, porque un indio de los que habia el Almirante mandado poner

en aquella carabela, diz que, le habia certificado ó prometido de

llevarle á cierta isla ó tierra donde hobiese mucho oro; y aquí dice

el Almirante: «Otras muchas me ha hecho y dicho.» Llevó el camino

del leste hácia donde creian estar la tierra de Babeque, el cual iba

á vista del Almirante, hasta que el jueves, en la noche, como fuese

en la carabela que era más velera que todas, del todo desapareció,

puesto que el Almirante hizo tomar algunas de sus velas y tener farol

ó lumbre toda la noche, y señales para que arribase sobre él; pero

él no curó sino irse. El viernes, ántes que tomase la tierra, vido

un Cabo de tierra hácia el leste ó Levante, á la cual señalaban los

indios llamarse Bohío, y creemos que era esta isla Española, y que

habia, diz que, en ella gente que tenia en la frente un ojo, y otros

que llamaban caníbales, á quien mostraban tener gran miedo, y desque

vieron que llevaba camino de acá, diz que, no podian hablar porque los

comian, y significaban que era gente muy armada. De donde parece, que

ninguna ó cuasi ninguna cosa les entendian, porque, en esta isla, ni

nunca hobo gente de un ojo, ni caníbales que comiesen los hombres, y

tampoco tuvieron más ni mejores armas que los que hasta entónces el

Almirante habia visto; y así, dice aquí él, que creia que habia algo

dello, pero no todo, y que si eran armados, serian gente de razon, y

que el temor que tenian debia ser porque habrian captivado algunos,

y, porque no volvian en sus tierras, estimaban que los habian comido,

y lo mismo creian (segun dice aquí el Almirante), de los cristianos y

dél, al principio que los vieron, que comian los hombres, hasta que

juzgaron, pues no los hacian mal, haber descendido de los cielos.

Así que, sábado, 24 de Noviembre, hobo de tomar tierra, y entró en

un puerto junto á par del Príncipe, en que cabrian todas las naos de

España, y podrian estar seguras de todos los vientos sin amarras ni

anclas. A este puerto puso de Sancta Catalina, por ser aquel sábado su

víspera. Este puerto, diz que, estaba junto á la boca de la entrada de

las muchas islas, que llamó Mar de Nuestra Señora, la barra ó entrada

dél tenia seis brazas y hasta veinte, y limpio; vieron en él un rio

podoroso y de más agua que hasta allí habian visto, el agua dulce dél

se bebia junto á la mar, á la entrada tenia un banco pero dentro era

muy hondo, de ocho y nueve brazas; estaba lleno de palmas y de grandes

arboledas. Domingo, ántes del sol salido, fué con la barca y anduvo por

cerca de un Cabo, que hacia la tierra; vido un rio y en él unas piedras

relucientes con unas manchas de color de oro, y mandó cojer dellas para

llevar á los Reyes. Estas debian ser piedras de margasita, que parecian

de oro dentro de los rios, y hay mucha por los rios destas islas.

De allí dieron voces los marineros, que vian pinos de maravillosa

grandeza, derechos como husos, donde cognosció poderse hacer navíos é

infinita tablazon, por los muchos robles que tambien habia, y donde

se pudiesen hacer sierras de agua. Entró en una cala ó rincon que

hacia la mar, y vido un puerto que cabrian cient naos sin amarras y

anclas, y dice que el puerto era tal, que los ojos parece que otro tal

nunca vieron; las sierras, altísimas, todas de pinales, de las cuales

descendian muchas aguas lindísimas, y florestas graciosas y muchos

árboles de madroños, la tierra y los aires, diz que, más templados que

hasta allí, por la altura y hermosura de las sierras. Hallaron por la

playa piedras que parecian de hierro, y otras que algunos juzgaban ser

de minas de plata. Encarece todo aquesto en grande manera, protestando

que no dice la centésima parte, y dando gracias á Dios porque le plugo

de le mostrar siempre una cosa mejor que otra en todo lo que descubria

cada dia, yendo de bien en mejor, así en las tierras y arboledas, y

hierbas y frutas, y flores, como en las gentes, puertos y aguas,

y finalmente, dice, que si á los que lo vian era causa de tan gran

admiracion, ¡qué podrá causar á los que estas maravillas oyeren! y

afirma, que nadie, si no lo ve, lo podrá creer.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 62 / 126 题