Tracta como, surto en el puerto de Mares, envió las barcas en
tierra; no hallaron gente, que era huida.--Invió un indio de los que
traia.--Dió voces diciendo que la gente que venia era buena gente,
que no hacia mal á nadie.--Asegúranse todos.--Vienen seguramente
en los navios.--Nótase la mansedumbre de los indios, y como con
facilidad fueran traidos á la fe y á buenas costumbres, si por amor
y mansedumbre fueran tratados y traidos.--Vido el Almirante tener á
un indio un poco de plata.--Da testimonio el Almirante muchas veces
de la mansa condicion de los indios.--Tiene á Cuba por tierra firme y
por los reinos del Gran Khan.--Envió dos cristianos y dos indios la
tierra dentro, á saber nuevas.--Dijo hallarse 1.142 leguas de la isla
del Hierro.--Alaba mucho el puerto y la tierra.--Puso los navíos á
monte.--Entendió de algunos indios que el mucho oro estaba en la isla
Española.--Halló almástiga, algodon, ajes, batatas y frísoles, etc.
Vuelto al rio y puerto de Mares con los navíos el miércoles, 30 de
Octubre, luego, jueves siguiente, 1.º de Noviembre, salido el sol,
envió el Almirante las barcas en tierra á las casas que por allí
estaban, y hallaron que toda la gente habia huido, y desde á un buen
rato pareció un hombre; mandó el Almirante que lo dejasen asegurar
y que se volviesen las barcas. Despues de comer tornó á enviar las
barcas, y en ellas que fuese uno de los indios que traia consigo de
Guanahaní, el cual, desde léjos, dió voces á los que por allí habia
de Cuba, diciendo que no hobiesen miedo, porque aquella gente que
venia era buena y que no hacian mal á nadie, ántes daba de lo suyo
en muchas islas que habian estado, y que no eran del Gran Khan (aquí
parece tambien cuán poco y nada entendian de los indios, ni los indios
de los cristianos), y desde las barcas se echó á nadar el indio y fué
á tierra, prosiguiendo en sus voces; el cual, salido en tierra, dos
hombres que por allí parecieron lo tomaron de los brazos y llevaron á
una de las casas, y largamente se informaron dél, é como fueron ciertos
que no se les habia de hacer mal alguno, se aseguraron, y luego salió
infinita gente de los montes, y entraron á más andar en sus canoas,
que el Almirante llama almadías, y vinieron á los navíos quince ó
diez y seis, llenas de gente mansísima, con muchos ovillos de algodon
hilado y otras cosillas de las que tenian, de las cuales mandó el
Almirante que no se les recibiese ni tomase alguna, porque supiesen,
diz que, no buscar el Almirante sino oro, á quien ellos llaman nucay;
aunque yo creo que los cristianos no entendian, porque como todas
estas islas hablasen una lengua, la desta isla Española donde llaman
el oro caona, no debian decir los indios nucay. Ansí que, todo aquel
dia se gastó en venir muchos indios á los navíos, y de los navíos los
cristianos salir á tierra, como si muchos años hobieran conversado
los unos con los otros, muy seguramente. Aquí será mucha razon notar,
cómo estas gentes pudieran ser ganadas y traidas para Jesucristo, si
por amor y mansedumbre fueran en los principios tratadas é inducidas,
pues, por sola informacion cuasi súpita, de un otro indio y de otras
islas, que la gente que venia era pacífica y no dañosa ó nociva, con
tanta confianza y seguridad se pusieron en las manos de gente, al
parecer, feroz, y tan extraña y diferente, dellas nunca cognoscida ni
oida. Bien claro y manifiesto está el argumento, y evidente indicio es
de la mansedumbre, simplicidad, bondad y docibilidad natural destas
gentes, y cuán aparejadas estaban por Dios para poderse transplantar
y transformar, de ramos de acebuche silvestres y amargos de la silva
de su gentilidad, en olivas ó vides dulcísimas de su carísima y
preciosísima viña. Tornando á lo que referimos, estaba el Almirante
atentísimo si via en alguno de aquellos hombres algun oro, y no lo
vido; pero dice que vido traer á uno dellos un pedazo de plata labrada,
colgada de la nariz, de donde coligió haber plata en aquella tierra ó
isla. Esta, nunca jamás, en muchos años, allí la sentimos, y podria
ser que la hobiese, porque como los naturales vecinos é indios della
no curasen de los metales generalmente, y si algun oro tenian era
poco, y el que acaso hallaban en los rios, por quel oro es más fácil
de hallar y sacar, por estar comunmente más somero y ménos hondas las
minas dél que las de la plata, por eso mucho ménos, aunque en todas
estas islas hobiese minas de plata, se halló alguna en poder de los
naturales dellas, y en muchos muchas señales de oro; y esta que dice
aquí el Almirante que vido traer á un hombre, podia ser haberla hallado
acaso. Entendieron, de las señas que aquellos indios daban, que ántes
de tres dias vernian muchos mercaderes de la tierra adentro á comprar
de las cosas que traian los cristianos, y que darian nuevas del Rey
de aquella tierra, el cual colegia de sus señas y meneos que estaria
de allí cuatro jornadas, y que ellos habian inviado mensajeros que le
hiciesen saber de la venida del Almirante y de los cristianos. Dice
aquí el Almirante así: «Esta gente es de la misma calidad y costumbres
de los otros hallados, sin ninguna secta que yo cognosca, que hasta
hoy á aquestos que traigo, no he visto hacer ninguna oracion, ántes
dicen la Salve y el Ave María con las manos al cielo como les muestran,
y hacen la señal de la cruz. Toda la lengua tambien es una, y todos
amigos, y creo que sean todas estas islas, y que tengan guerra con el
gran Khan, á quien ellos llaman Cabila, y á la provincia Bafan, y ansí
andan tambien como los otros desnudos.» Estas son sus palabras. Dice
tambien, que por cierto tiene ser aquella tierra firme, y que estaba
ante Zayton, y Quisay (ciertas ciudades ó provincias de la tierra
firme que tenia pintadas en la carta de Paulo, físico, que arriba
se dijo), 100 leguas poco más ó ménos léjos de lo uno y de lo otro;
y dice que bien se mostraba ser así, por la mar, que venia de otra
suerte que hasta entónces habia venido, y ayer que iba al Norueste,
halló que hacia, diz que, frio. Con esta opinion que tenia de que
aquella era tierra firme y reinos del Gran Khan ó confines dellos,
para tener alguna noticia y haber lengua dello, acordó inviar dos
hombres españoles, el uno se llamaba Rodrigo de Xeréz, que vivia en
Ayamonte, y el otro era un Luis de Torres, que habia vivido con el
Adelantado de Múrcia, y habia sido judío y sabia hebráico y caldeo, y
aún, diz que, arábigo. Con estos invió dos indios, uno de los que traia
consigo de Guanahaní, el otro de aquellas casas que estaban en aquel
rio pobladas. Dióles de los rescates, sartas de cuentas y otras cosas
para comprar de comer, si les faltase, y seis dias de término para que
volviesen. Dióles muestra de especería para cognoscerla, si alguna por
el camino topasen. Dióles instruccion cómo habian de preguntar por el
Rey de aquella tierra, y lo que le habian de hablar de parte de los
Reyes de Castilla, como inviaban al Almirante para presentarle sus
cartas y un presente que le inviaban, y para tener noticia de su Estado
y tener amistad con él, y ofrecerle su favor y buenas obras para cada
y cuando dellas se quisiese aprovechar, y para tener certidumbre de
ciertas provincias y puertos y rios de que el Almirante tenia noticia,
y cuanto distaban de allí. Aquí tomó el Almirante el altura con un
cuadrante, este viernes, en la noche, y halló que estaba de la línea
equinoccial 42°; pero esto, como arriba se dijo, es imposible, porque
no está Cuba sino[30] grados, y debia ser falso el cuadrante, ó está
errada la letra por vicio del escribano, como suele muchas veces,
en cosas de grande importancia, acaecer. Dijo tambien que, por su
cuenta, hallaba que habia navegado desde la isla del Hierro hasta allí,
1.142 leguas. Afirma todavía ser aquella isla de Cuba tierra firme,
consideradas las islas y tierra firme que traia pintadas en la carta
de Paulo, físico, de que muchas veces habemos hecho mencion. Sábado,
3 dias de Noviembre, por la mañana, entró el Almirante en la barca
por ver aquel rio, el cual hace á la boca un gran lago, y deste se
constituye un singularísimo puerto muy hondo y limpio de piedras, con
la playa mucho buena y dispuesta para poner navíos á monte, cercado de
abundancia de leña; entró por el rio arriba hasta llegar al agua dulce,
que seria cerca de dos leguas, y subió en un montecillo para descubrir
algo de la tierra; no pudo ver cosa por la muchedumbre de las arboledas
que eran fresquísimas y odoríferas. Decia no tener duda que no hobiese
por allí muchas hierbas y árboles aromáticos; no se le cansaban los
ojos de ver tanta hermosura y lindeza, ni los oidos se le hartaban
de oir los cantos dulcísimos de las aves. Vinieron aquel dia muchas
canoas ó almadías á rescatar cosas de algodon hilado y hamacas (que son
las camas, que arriba en el cap. 42 digimos) á los navíos. Domingo,
de mañana, tornó á saltar en tierra el Almirante á cazar, y vino á
él Martin Alonso Pinzon con dos pedazos de canela, y, diz que, un
portogués que en su carabela traia, vido á un indio que traia manojos
della; mostró el Almirante á los indios de allí, canela y granos de
pimienta de Castilla, preguntándoles, por señas, si en aquella tierra
la habia, respondiéronle que sí, señalando hácia la parte del Sueste;
la pimienta, porque se parece á la pimienta montés de aquestas tierras,
que llaman axí, bien pudieron engañarse diciendo que la habia, pero
la canela, nunca se halló en todas estas islas; mostróles tambien oro
y perlas, y respondieron ciertos viejos, que en un lugar que llamaron
Bohío habia infinito, y que lo traian al cuello, y á las orejas, y en
los brazos y piernas, y tambien perlas. Este bohío quiere decir en su
lengua casa, y por eso es de creer que no entendian los indios decir
sino Hayti, que es esta isla Española donde ellos señalaban que habia
oro, y así no los entendian; como lo que creian entender que, diz que,
habia naos grandes y mercaderías, y que léjos de allí habia hombres de
un ojo, y otros con hocicos de perros que comian los hombres, y que en
tomando alguno, lo degollaban y cortábanle sus instrumentos viriles.
Nunca tales monstruos se vieron en estas tierras, y así parece que
no los entendian, puesto que podian querer significar los que comian
carne humana de algunas islas que llamaban caribes. Dice más aquí el
Almirante: «Esta gente es muy mansa y muy temerosa, desnuda, como
dicho tengo, sin armas y sin ley:» Estas son sus palabras. Dice, de
las labranzas de los indios, que tenian las tierras fértiles, llenas
de mames que son como zanahorias, que tienen sabor como de castañas;
estos son los que llaman ajes, y batatas que son muy sabrosas, de las
cuales se dirá; vido frísoles, que son como atramuces del Andalucía,
puesto que son prietos ó leonados, y aún algunos morados; vido árboles
de algodon que tenian el capullo abierto y el algodon de fuera, y otros
cerrados, y algunos en flor, todo en un árbol, y refiere haber visto
por allí tantas maneras de frutas, que le parecia imposible poderlas
decir, pero creia que debian ser muchas dellas provechosas. Lúnes, 5 de
Noviembre, por la mañana, mandó poner y sacar los navíos á monte, no
juntos, sino cada uno por sí, quedando siempre los dos en el agua por
la seguridad, puesto que dice, que todos se pudieran poner sin temor,
por ser aquella gente tan mansa, segura y pacífica. Viniéronle á pedir
albricias que habian hallado almástiga y prometiólas, y habia, diz que,
por aquella comarca para sacar mill quintales cada año; tomó della
para llevar la muestra á los Reyes. Dijo, diz que, un indio por señas,
que el almástiga era buena para cuando les dolia el estómago: dice de
aquel puerto de Mares, que es de los mejores del mundo, y mejores aires
y mas mansa gente, y que en el cabo de Peña alto, que arriba se dijo,
diz que, se puede hacer una fortaleza, para que si aquello saliese
rico y cosa de interese grande, estarian allí los mercaderes seguros
de cualesquiera otras naciones. Concluye aquí el Almirante diciendo:
«Nuestro Señor, en cuyas manos están todas las victorias, enderezará
todo lo que fuere su servicio.»