En el cual se tracta, como se llegó el Almirante á la tierra de
la isla de Cuba y le puso por nombre Juana.--De la órden que tuvo
hasta allí en poner los nombres á las tierras que descubria.--Como
entró en un rio y puerto muy hermoso.--Saltó en tierra.--Huyeron
los indios de dos casas que por allí hallaron.--Loa la hermosura de
aquella isla.--Decíanle los indios que llevaba consigo, que habia
minas de oro.--Juzgó que estaba de allí cerca tierra firme.--Llamó
aquel rio Sant Salvador.--Salió de allí é descubrió otro rio que
llamó de la Luna.--Despues otro que nombró de Mares; maravilloso
puerto.--Vido poblaciones y huyeron dellas todos los indios, vistos
los navios.--Saltó en tierra y de las cosas que vido en las casas, las
cuales casas eran muy más hermosas que las que habia visto.--De la
hermosura de los árboles y templanza de los aires y frescura.--Como
Martin Alonso entendia de los indios que llevaba, que estaban
en tierra del Gran Khan.--Como se engañaban en no entender los
indios.--De la provincia de Cubanacan que está en medio de la isla de
Cuba, donde habia minas de oro.--Como tuvo el Almirante á Cuba por
tierra firme y por tierra del Gran Khan.--Como salió del rio de Mares
en busca de otros rios y pueblos del Gran Khan.--Y al cabo, como se
tornó al rio y puerto de Mares.
Domingo, 28 de Octubre, acercóse á la isla de Cuba y tomó la tierra
más cercana; púsole por nombre Juana, porque tuvo esta órden y respeto
el Almirante en el poner de los nombres á las tierras ó islas que
descubria, que á la primera, considerando como cristiano, que las
primicias y principios se deben al fontal y primer principio, del cual
todas las cosas visibles é invisibles manaron, que es Dios, llamó Sant
Salvador que los indios llamaban Guanahaní, ofreciendo gracia de las
mercedes recibidas á quien tanto bien le habia concedido y librado de
tantos peligros hasta allí, y de quien más y mayores esperaba recibir;
á la segunda, porque despues de Dios á nadie se debe tanto como á la
madre de Dios, y él tenia devocion con su fiesta de la Concepcion,
nombróla Sancta María de la Concepcion, y porque despues de Dios y su
bendita madre, debia muchas mercedes y muy buena voluntad recibidas y
las que más entendia recibir á los católicos Reyes, puso nombre á la
tercera isla, la Fernandina, en memoria y honor del católico rey D.
Fernando; á la cuarta, intituló la Isabela por la serenísima reina Doña
Isabel, á quien potísimamente más que al Rey y á todos debia, por que
ella fué la que, contra opinion de toda la corte, lo quiso admitir y
favorecer, y siempre, hasta que murió, lo favoreció y defendió; y si la
Reina no muriera, sin duda, no le sucedieran despues tantos disfavores
y adversidad á él y á su casa, como le sucedió, y esto tenia muy bien
cognoscido el Almirante, por lo cual, era singularmente al servicio de
la Reina devotísimo, y no usaba de otro vocablo cuando de la Reina era
la plática, sino diciendo, la Reina, mi señora; ansí que, á la quinta,
que fué Cuba, puso por nombre la Juana, por el príncipe D. Juan, que
entónces vivia, Príncipe heredero de los reinos de Castilla. Ansí que,
llegado á la isla de Cuba, Juana, entró en un rio muy hermoso y muy sin
peligro de bajos ni otros inconvenientes, y, toda aquesta costa, era
muy hondo y limpio, hasta dar en la tierra, y en la boca del rio habia
doce brazas, y bien ancha para voltear; tenia dos montañas hermosas
y altas, y aseméjalas el Almirante á la peña de los Enamorados, que
está cerca de Granada, y una dellas tenia encima otro montecillo á
manera de una hermosa mezquita, donde, algo adentro, aunque á tiro de
lombarda, surgió. Cuando iba á entrar en el puerto, vido dos canoas,
y saltando los marineros en las barcas para ver qué fondo habia para
surgir, huyeron las canoas creyendo que los querian seguir. Aquí, dice
el Almirante, que nunca cosa tan hermosa vió; todo el rio cercado de
árboles verdes y graciosísimos, diversos de los nuestros, cubiertos
de flores y otros de frutos, aves muchas y pajaritos que cantaban con
gran dulzura, la hierba grande como en el Andalucía por Abril y Mayo;
vido verdolagas y muchos bledos de los mismos de Castilla, palmas de
otra especie que las nuestras, de cuyas hojas cubren en aquella isla
las casas. Saltó el Almirante en su barca y salió á tierra; hallaron
dos casas que creyó ser de pescadores, hallólas vacías de gente,
puesto que llenas de alhajas de los indios, redes y anzuelos de hueso,
y fisgas dello mismo y otros aparejos de pescar, y un perro que no
ladraba, y muchos fuegos dentro, y tanta capacidad en las casas, donde
podian caber muchas personas, las cuales parece que, como sintieron los
cristianos, de miedo se huyeron. Subió en la barca por el rio arriba,
decia que nunca ojos de hombre, tan deleitable ni tan hermosa cosa
vieron. Tierra llena de puertos maravillosos y grandes rios; la mar sin
algun temor de tormenta, la señal de lo cual es estar la hierba, hasta
el agua salada, crecida, la que no suele haber cuando la mar es braba,
y hasta entónces nunca ha habido señal, que en todas aquellas islas la
mar fuese alta ó impetuosa. Decia ser la isla llena de montañas muy
hermosas, aunque no muy altas, y toda la otra tierra le parecia como la
isla de Cecilia, alta; tierra de muchas aguas, y, segun los indios que
consigo llevaba le decian, habia en ella diez rios grandes. Dábanle á
entender que en ella tambien habia minas de oro y perlas, y parecíale
que habia disposicion para haber perlas, porque vido ciertas almejas,
puesto que en la verdad nunca en la isla de Cuba hobo perlas; entendió
eso mismo el Almirante que allí venian naos grandes del Gran Khan,
y que de allí á tierra firme habria navegacion de diez dias, por la
imaginacion que tenia concebida de la carta ó pintura quel florentin
le invió; para imaginar lo cual, tuvo, cierto, suficientes razones,
como en el precedente capítulo digimos; la tierra firme no estaba de
allí jornada de cinco dias, mas no la que él pensaba, sino la que hoy
llamamos la tierra Florida. Puso nombre á aquel rio, conviene á saber,
Sant Salvador, por tornar á dar á nuestro Señor, el recognoscimiento
de gracias por sus beneficios, en lo que primero via de aquella Isla;
y por ver mas la calidad della y tomar lengua de la gente que en ella
vivia; lúnes, 29 de Octubre, alzó las velas y navegó hácia el Poniente
para ir, diz que, á la ciudad donde le parecia que los indios que
consigo llevaba, que estuviese el Rey de aquella tierra, le señalaban.
Fué por la costa abajo, y vido una legua de allí un rio, no tan grande
la entrada como el de arriba, el cual llamó el rio de la Luna. Anduvo
hasta hora de vísperas, y vido otro rio muy más grande que los que
habia visto, segun que los indios por señas le dieron á entender, cerca
del cual vieron buenas poblaciones de casas, y á este puso nombre
rio de Mares; vistos los navíos asomar, dejan todas las gentes sus
casas y pueblo, con todo lo que tenian, y vánse á los montes. Mandó
ir dos barcas y gente con ellas, que llegasen á una poblacion dellas
para tomar lengua de la gente y de la tierra, y, en una dellas, un
indio de los que traia consigo de la isla de los lucayos, Guanahaní,
la primera que descubrió. Hallaron las casas muy más hermosas, de la
forma que se dijo de alfaneques muy grandes, que parecian tiendas en
Real ó ejército, sin concierto de calles, cubiertas de hojas grandes
de palmas muy hermosas, de la manera, salvo que son muy más anchas y
recias, que las que en España llevan palmitos, de dentro muy barridas y
limpias y sus aderezos muy compuestos, maravillosos aparejos de redes
y anzuelos, y para pescar muy aptos instrumentos; creia el Almirante
que aquella gente debia ser toda pescadores, que llevaban el pescado
la tierra adentro, y tambien decia que, por ser las casas mejores que
las que habia visto, que tenia pensamiento que cuanto se llegase más á
la tierra firme se habia de mejorar. Habia más, en las casas, muchas
avecitas silvestres amansadas, perros que nunca ladraban; hallaron,
diz que, muchas estátuas en figura de mujeres, y muchas cabezas muy
bien labradas de palo, no supo si lo tenian por arreo y hermosura de
casa, ó lo adoraban; de ninguna cosa de todas aquellas consintió que
nadie tomase, porque regla y mando general era suyo, que, en parte
que llegasen, ninguna tomasen ni rescatasen cosa, contra voluntad
ni con su voluntad de los indios, sino cuando daba él para rescatar
licencia expresa, porque á los indios algun escándalo ó desabrimiento
no se les causase. De la isla y tierra, dice el Almirante, que era
tan hermosa que no se hartaba de verla, y que halló allí árboles y
fruta de maravilloso sabor. Creia que debia de haber vacas y otros
ganados en ella, porque vido cabezas en hueso que parecian de vaca;
estas debieron de ser de manati, un pescado muy grande, como grandes
terneras, que tiene el cuero sin escama, como el de ballena, y la
cabeza cuasi como de vaca; este pescado es muy más sabroso que ternera,
mayormente cuando son pequeños como terneras pequeñas y en adobo, y
nadie, que no lo cognosca, lo juzgará por pescado sino por carne. Con
el cantar de los pajaritos y muchas aves de dia, y el de los grillos
de noche, diz que, todos los cristianos se alegraban y holgaban. Los
aires sabrosos y dulces, por toda la noche; frio ni calor ninguno,
como en Castilla por Mayo. Por las otras islas y por el camino de
entre ellas, sentian calor; atribuíalo el Almirante, á que eran llanas
todas, y al viento Levante que venteaba y traia. En este rio de Mares,
podian los navíos muy bien voltear para entrar á surgir, el cual tiene
buenas señas y marcas para que atinen los navíos; tiene siete y ocho
brazas de fondo á la boca y dentro cinco. Tenia este rio, de la parte
del Sueste, dos montañas redondas, y de la parte del guesnorueste un
muy hermoso Cabo llano que sale fuera. Este puerto, creo yo que fué
el de Baracoa que puso por nombre Diego Velazquez, el primero que fué
con gente española á poblar la dicha isla de Cuba al puerto de la
Asumpcion, como se dirá, placiendo á Dios, cuando della hablaremos. El
mártes, 30 de Octubre, salió deste puerto y rio de Mares, y, costeando
la costa de la mar abajo, despues de haber andado 15 leguas, vido un
cabo de tierra lleno de palmas, y púsole nombre cabo de Palmas; los
indios que iban en la carabela _Pinta_, que eran de los que tomó en
la primera isla que descubrió, Guanahaní, que nombró Sant Salvador,
dijeron que, detrás de aquel Cabo estaba un rio, y del rio á Cuba, diz
que, habia cuatro jornadas. Decia Martin Alonso, Capitan de la _Pinta_,
que creia que aquella Cuba debia ser ciudad, y que toda aquella tierra
era tierra firme, pues iba tanto al Norte y era tan grande, y que el
Rey de aquella tierra tenia guerra con el Gran Khan, el cual, ellos
llamaban Khamí, é á su tierra ó ciudad Faba, y otros nombres muchos;
todo esto concebia, Martin Alonso, de los dichos indios que llevaba
en su carabela, que no entendia; y es cosa maravillosa como lo que el
hombre mucho desea y asienta una vez con firmeza en su imaginacion
todo lo que oye y vé, ser en su favor á cada paso se le antoja; porque
este Martin Alonso habia visto la carta ó pintura que habia enviado
al Almirante aquel Paulo, físico, florentin, como se dijo arriba en
el capítulo 12, y vía el paraje donde hallaban estas islas, y otras
razones, que tambien habemos ya dicho haber movido razonablemente á que
lo creyese y esperase el Almirante, habíase ya persuadido á lo mismo,
y así, todo lo que por señas los indios le decian, siendo tan distante
como lo es el cielo de la tierra, lo enderezaba y atribuia á lo que
deseaba, que aquella tierra era, ó los reinos del Gran Khan, ó tierras
que confinaban con ellos, como lo entendia y deseaba el Almirante.
Como el Almirante oyó lo que decia Martin Alonso, que conformaba con
lo que él sentia ó entendia de los que llevaba tambien en su nao, de
la su dicha primera isla, confirmóse más su opinion y así determinó
de llegarse al rio que los indios decian estar de la otra parte del
cabo de Palmas, y de enviar, diz que, un presente al Rey de aquella
tierra, y con él la carta de recomendacion de los reyes de Castilla;
para lo cual tenian, diz que, un marinero que habia estado y andado por
Guinea en semejante mensajería, y ciertos de los de la dicha isla de
Guanahaní, que á ir con él y acompañarle se ofrecian, con que despues,
diz que, los tornasen á su isla; y dice aquí el Almirante, que tenia
determinacion de trabajar cuanto le fuese posible por ir á ver al Gran
Khan, el cual pensaba que residia por allí, ó á la ciudad de Cathay,
que es la principal de las suyas, que era grandísima y de grandes
riquezas, la cual traia pintada ó situada en la carta que le envió el
dicho florentin. De aquí estimó el Almirante que toda aquella tierra
no era isla, sino firme, y en la verdad fué la isla de Cuba, y lo que
dijo Martin Alonso que los indios decian, que del susodicho rio á
Cuba habia cuatro jornadas, y que debia ser alguna ciudad, manifiesto
parece cuanto al revés entendian de lo que los indios por señas les
hablaban, porque aquella Cuba no era la isla toda, que así se llama, ni
era ciudad, como Martin Alonso creia, sino una provincia que se llama
Cubanacan, cuasi en medio de Cuba, porque _nacan_ quiere decir, en
la lengua destas islas, medio ó en medio, y así componian este nombre
Cubanacan, de Cuba y nacan, tierra ó provincia que está en medio ó
cuasi en medio de toda la isla de Cuba. Esta provincia, Cubanacan, era
muy rica de minas de oro, como diremos (placiendo á Dios), y como vian
los indios que tanto y tantas veces los cristianos nombraban el oro, y
piaban por oro, señalábanles la provincia de Cubanacan, donde hallarian
las minas de oro que deseaban, ellos entendíanlo muy al revés, y
aplicaban lo que hablaban del Gran Khan, de quien harto perdido el
cuidado tenian; y que fuese aquella que señalaban la dicha provincia
de Cubanacan, parece por esto, conviene á saber, porque considerada la
comarca donde comenzaron á andar por la isla de Cuba, y lo que habian
andado por la costa della hácia abajo, sin duda habia dellos al paraje
de la dicha provincia 40 ó 50 leguas, que serian de las canoas de los
indios cuatro ó cinco jornadas. Hallábase, á su parecer, de la línea
equinoccial, el Almirante, 42°; pero creo que está falsa la letra,
porque no está la isla de Cuba sino[29] grados. Este mártes en toda la
noche, anduvo con los navíos barloventeando, y, siendo de dia, vido un
rio, y no pudieron entrar en él por ser baja la entrada, y, navegando
adelante, vieron un Cabo que salia muy fuera en la mar, cercado de
bajos, donde habia una bahía para estar navíos pequeños, y, no pudiendo
doblar ó encabalgar el dicho promontorio ó Cabo, por ser el viento
Norte y toda la costa se corria al Nornoroeste y Sudueste, y adelante
salíales otro Cabo mucho más, por esta dificultad, y porque el cielo
mostraba querer ventar recio, acordó de dar la vuelta y tornarse al
susodicho rio y puerto de Mares.