CAPÍTULO XLIV.

En el cual se tracta, como se llegó el Almirante á la tierra de

la isla de Cuba y le puso por nombre Juana.--De la órden que tuvo

hasta allí en poner los nombres á las tierras que descubria.--Como

entró en un rio y puerto muy hermoso.--Saltó en tierra.--Huyeron

los indios de dos casas que por allí hallaron.--Loa la hermosura de

aquella isla.--Decíanle los indios que llevaba consigo, que habia

minas de oro.--Juzgó que estaba de allí cerca tierra firme.--Llamó

aquel rio Sant Salvador.--Salió de allí é descubrió otro rio que

llamó de la Luna.--Despues otro que nombró de Mares; maravilloso

puerto.--Vido poblaciones y huyeron dellas todos los indios, vistos

los navios.--Saltó en tierra y de las cosas que vido en las casas, las

cuales casas eran muy más hermosas que las que habia visto.--De la

hermosura de los árboles y templanza de los aires y frescura.--Como

Martin Alonso entendia de los indios que llevaba, que estaban

en tierra del Gran Khan.--Como se engañaban en no entender los

indios.--De la provincia de Cubanacan que está en medio de la isla de

Cuba, donde habia minas de oro.--Como tuvo el Almirante á Cuba por

tierra firme y por tierra del Gran Khan.--Como salió del rio de Mares

en busca de otros rios y pueblos del Gran Khan.--Y al cabo, como se

tornó al rio y puerto de Mares.

Domingo, 28 de Octubre, acercóse á la isla de Cuba y tomó la tierra

más cercana; púsole por nombre Juana, porque tuvo esta órden y respeto

el Almirante en el poner de los nombres á las tierras ó islas que

descubria, que á la primera, considerando como cristiano, que las

primicias y principios se deben al fontal y primer principio, del cual

todas las cosas visibles é invisibles manaron, que es Dios, llamó Sant

Salvador que los indios llamaban Guanahaní, ofreciendo gracia de las

mercedes recibidas á quien tanto bien le habia concedido y librado de

tantos peligros hasta allí, y de quien más y mayores esperaba recibir;

á la segunda, porque despues de Dios á nadie se debe tanto como á la

madre de Dios, y él tenia devocion con su fiesta de la Concepcion,

nombróla Sancta María de la Concepcion, y porque despues de Dios y su

bendita madre, debia muchas mercedes y muy buena voluntad recibidas y

las que más entendia recibir á los católicos Reyes, puso nombre á la

tercera isla, la Fernandina, en memoria y honor del católico rey D.

Fernando; á la cuarta, intituló la Isabela por la serenísima reina Doña

Isabel, á quien potísimamente más que al Rey y á todos debia, por que

ella fué la que, contra opinion de toda la corte, lo quiso admitir y

favorecer, y siempre, hasta que murió, lo favoreció y defendió; y si la

Reina no muriera, sin duda, no le sucedieran despues tantos disfavores

y adversidad á él y á su casa, como le sucedió, y esto tenia muy bien

cognoscido el Almirante, por lo cual, era singularmente al servicio de

la Reina devotísimo, y no usaba de otro vocablo cuando de la Reina era

la plática, sino diciendo, la Reina, mi señora; ansí que, á la quinta,

que fué Cuba, puso por nombre la Juana, por el príncipe D. Juan, que

entónces vivia, Príncipe heredero de los reinos de Castilla. Ansí que,

llegado á la isla de Cuba, Juana, entró en un rio muy hermoso y muy sin

peligro de bajos ni otros inconvenientes, y, toda aquesta costa, era

muy hondo y limpio, hasta dar en la tierra, y en la boca del rio habia

doce brazas, y bien ancha para voltear; tenia dos montañas hermosas

y altas, y aseméjalas el Almirante á la peña de los Enamorados, que

está cerca de Granada, y una dellas tenia encima otro montecillo á

manera de una hermosa mezquita, donde, algo adentro, aunque á tiro de

lombarda, surgió. Cuando iba á entrar en el puerto, vido dos canoas,

y saltando los marineros en las barcas para ver qué fondo habia para

surgir, huyeron las canoas creyendo que los querian seguir. Aquí, dice

el Almirante, que nunca cosa tan hermosa vió; todo el rio cercado de

árboles verdes y graciosísimos, diversos de los nuestros, cubiertos

de flores y otros de frutos, aves muchas y pajaritos que cantaban con

gran dulzura, la hierba grande como en el Andalucía por Abril y Mayo;

vido verdolagas y muchos bledos de los mismos de Castilla, palmas de

otra especie que las nuestras, de cuyas hojas cubren en aquella isla

las casas. Saltó el Almirante en su barca y salió á tierra; hallaron

dos casas que creyó ser de pescadores, hallólas vacías de gente,

puesto que llenas de alhajas de los indios, redes y anzuelos de hueso,

y fisgas dello mismo y otros aparejos de pescar, y un perro que no

ladraba, y muchos fuegos dentro, y tanta capacidad en las casas, donde

podian caber muchas personas, las cuales parece que, como sintieron los

cristianos, de miedo se huyeron. Subió en la barca por el rio arriba,

decia que nunca ojos de hombre, tan deleitable ni tan hermosa cosa

vieron. Tierra llena de puertos maravillosos y grandes rios; la mar sin

algun temor de tormenta, la señal de lo cual es estar la hierba, hasta

el agua salada, crecida, la que no suele haber cuando la mar es braba,

y hasta entónces nunca ha habido señal, que en todas aquellas islas la

mar fuese alta ó impetuosa. Decia ser la isla llena de montañas muy

hermosas, aunque no muy altas, y toda la otra tierra le parecia como la

isla de Cecilia, alta; tierra de muchas aguas, y, segun los indios que

consigo llevaba le decian, habia en ella diez rios grandes. Dábanle á

entender que en ella tambien habia minas de oro y perlas, y parecíale

que habia disposicion para haber perlas, porque vido ciertas almejas,

puesto que en la verdad nunca en la isla de Cuba hobo perlas; entendió

eso mismo el Almirante que allí venian naos grandes del Gran Khan,

y que de allí á tierra firme habria navegacion de diez dias, por la

imaginacion que tenia concebida de la carta ó pintura quel florentin

le invió; para imaginar lo cual, tuvo, cierto, suficientes razones,

como en el precedente capítulo digimos; la tierra firme no estaba de

allí jornada de cinco dias, mas no la que él pensaba, sino la que hoy

llamamos la tierra Florida. Puso nombre á aquel rio, conviene á saber,

Sant Salvador, por tornar á dar á nuestro Señor, el recognoscimiento

de gracias por sus beneficios, en lo que primero via de aquella Isla;

y por ver mas la calidad della y tomar lengua de la gente que en ella

vivia; lúnes, 29 de Octubre, alzó las velas y navegó hácia el Poniente

para ir, diz que, á la ciudad donde le parecia que los indios que

consigo llevaba, que estuviese el Rey de aquella tierra, le señalaban.

Fué por la costa abajo, y vido una legua de allí un rio, no tan grande

la entrada como el de arriba, el cual llamó el rio de la Luna. Anduvo

hasta hora de vísperas, y vido otro rio muy más grande que los que

habia visto, segun que los indios por señas le dieron á entender, cerca

del cual vieron buenas poblaciones de casas, y á este puso nombre

rio de Mares; vistos los navíos asomar, dejan todas las gentes sus

casas y pueblo, con todo lo que tenian, y vánse á los montes. Mandó

ir dos barcas y gente con ellas, que llegasen á una poblacion dellas

para tomar lengua de la gente y de la tierra, y, en una dellas, un

indio de los que traia consigo de la isla de los lucayos, Guanahaní,

la primera que descubrió. Hallaron las casas muy más hermosas, de la

forma que se dijo de alfaneques muy grandes, que parecian tiendas en

Real ó ejército, sin concierto de calles, cubiertas de hojas grandes

de palmas muy hermosas, de la manera, salvo que son muy más anchas y

recias, que las que en España llevan palmitos, de dentro muy barridas y

limpias y sus aderezos muy compuestos, maravillosos aparejos de redes

y anzuelos, y para pescar muy aptos instrumentos; creia el Almirante

que aquella gente debia ser toda pescadores, que llevaban el pescado

la tierra adentro, y tambien decia que, por ser las casas mejores que

las que habia visto, que tenia pensamiento que cuanto se llegase más á

la tierra firme se habia de mejorar. Habia más, en las casas, muchas

avecitas silvestres amansadas, perros que nunca ladraban; hallaron,

diz que, muchas estátuas en figura de mujeres, y muchas cabezas muy

bien labradas de palo, no supo si lo tenian por arreo y hermosura de

casa, ó lo adoraban; de ninguna cosa de todas aquellas consintió que

nadie tomase, porque regla y mando general era suyo, que, en parte

que llegasen, ninguna tomasen ni rescatasen cosa, contra voluntad

ni con su voluntad de los indios, sino cuando daba él para rescatar

licencia expresa, porque á los indios algun escándalo ó desabrimiento

no se les causase. De la isla y tierra, dice el Almirante, que era

tan hermosa que no se hartaba de verla, y que halló allí árboles y

fruta de maravilloso sabor. Creia que debia de haber vacas y otros

ganados en ella, porque vido cabezas en hueso que parecian de vaca;

estas debieron de ser de manati, un pescado muy grande, como grandes

terneras, que tiene el cuero sin escama, como el de ballena, y la

cabeza cuasi como de vaca; este pescado es muy más sabroso que ternera,

mayormente cuando son pequeños como terneras pequeñas y en adobo, y

nadie, que no lo cognosca, lo juzgará por pescado sino por carne. Con

el cantar de los pajaritos y muchas aves de dia, y el de los grillos

de noche, diz que, todos los cristianos se alegraban y holgaban. Los

aires sabrosos y dulces, por toda la noche; frio ni calor ninguno,

como en Castilla por Mayo. Por las otras islas y por el camino de

entre ellas, sentian calor; atribuíalo el Almirante, á que eran llanas

todas, y al viento Levante que venteaba y traia. En este rio de Mares,

podian los navíos muy bien voltear para entrar á surgir, el cual tiene

buenas señas y marcas para que atinen los navíos; tiene siete y ocho

brazas de fondo á la boca y dentro cinco. Tenia este rio, de la parte

del Sueste, dos montañas redondas, y de la parte del guesnorueste un

muy hermoso Cabo llano que sale fuera. Este puerto, creo yo que fué

el de Baracoa que puso por nombre Diego Velazquez, el primero que fué

con gente española á poblar la dicha isla de Cuba al puerto de la

Asumpcion, como se dirá, placiendo á Dios, cuando della hablaremos. El

mártes, 30 de Octubre, salió deste puerto y rio de Mares, y, costeando

la costa de la mar abajo, despues de haber andado 15 leguas, vido un

cabo de tierra lleno de palmas, y púsole nombre cabo de Palmas; los

indios que iban en la carabela _Pinta_, que eran de los que tomó en

la primera isla que descubrió, Guanahaní, que nombró Sant Salvador,

dijeron que, detrás de aquel Cabo estaba un rio, y del rio á Cuba, diz

que, habia cuatro jornadas. Decia Martin Alonso, Capitan de la _Pinta_,

que creia que aquella Cuba debia ser ciudad, y que toda aquella tierra

era tierra firme, pues iba tanto al Norte y era tan grande, y que el

Rey de aquella tierra tenia guerra con el Gran Khan, el cual, ellos

llamaban Khamí, é á su tierra ó ciudad Faba, y otros nombres muchos;

todo esto concebia, Martin Alonso, de los dichos indios que llevaba

en su carabela, que no entendia; y es cosa maravillosa como lo que el

hombre mucho desea y asienta una vez con firmeza en su imaginacion

todo lo que oye y vé, ser en su favor á cada paso se le antoja; porque

este Martin Alonso habia visto la carta ó pintura que habia enviado

al Almirante aquel Paulo, físico, florentin, como se dijo arriba en

el capítulo 12, y vía el paraje donde hallaban estas islas, y otras

razones, que tambien habemos ya dicho haber movido razonablemente á que

lo creyese y esperase el Almirante, habíase ya persuadido á lo mismo,

y así, todo lo que por señas los indios le decian, siendo tan distante

como lo es el cielo de la tierra, lo enderezaba y atribuia á lo que

deseaba, que aquella tierra era, ó los reinos del Gran Khan, ó tierras

que confinaban con ellos, como lo entendia y deseaba el Almirante.

Como el Almirante oyó lo que decia Martin Alonso, que conformaba con

lo que él sentia ó entendia de los que llevaba tambien en su nao, de

la su dicha primera isla, confirmóse más su opinion y así determinó

de llegarse al rio que los indios decian estar de la otra parte del

cabo de Palmas, y de enviar, diz que, un presente al Rey de aquella

tierra, y con él la carta de recomendacion de los reyes de Castilla;

para lo cual tenian, diz que, un marinero que habia estado y andado por

Guinea en semejante mensajería, y ciertos de los de la dicha isla de

Guanahaní, que á ir con él y acompañarle se ofrecian, con que despues,

diz que, los tornasen á su isla; y dice aquí el Almirante, que tenia

determinacion de trabajar cuanto le fuese posible por ir á ver al Gran

Khan, el cual pensaba que residia por allí, ó á la ciudad de Cathay,

que es la principal de las suyas, que era grandísima y de grandes

riquezas, la cual traia pintada ó situada en la carta que le envió el

dicho florentin. De aquí estimó el Almirante que toda aquella tierra

no era isla, sino firme, y en la verdad fué la isla de Cuba, y lo que

dijo Martin Alonso que los indios decian, que del susodicho rio á

Cuba habia cuatro jornadas, y que debia ser alguna ciudad, manifiesto

parece cuanto al revés entendian de lo que los indios por señas les

hablaban, porque aquella Cuba no era la isla toda, que así se llama, ni

era ciudad, como Martin Alonso creia, sino una provincia que se llama

Cubanacan, cuasi en medio de Cuba, porque _nacan_ quiere decir, en

la lengua destas islas, medio ó en medio, y así componian este nombre

Cubanacan, de Cuba y nacan, tierra ó provincia que está en medio ó

cuasi en medio de toda la isla de Cuba. Esta provincia, Cubanacan, era

muy rica de minas de oro, como diremos (placiendo á Dios), y como vian

los indios que tanto y tantas veces los cristianos nombraban el oro, y

piaban por oro, señalábanles la provincia de Cubanacan, donde hallarian

las minas de oro que deseaban, ellos entendíanlo muy al revés, y

aplicaban lo que hablaban del Gran Khan, de quien harto perdido el

cuidado tenian; y que fuese aquella que señalaban la dicha provincia

de Cubanacan, parece por esto, conviene á saber, porque considerada la

comarca donde comenzaron á andar por la isla de Cuba, y lo que habian

andado por la costa della hácia abajo, sin duda habia dellos al paraje

de la dicha provincia 40 ó 50 leguas, que serian de las canoas de los

indios cuatro ó cinco jornadas. Hallábase, á su parecer, de la línea

equinoccial, el Almirante, 42°; pero creo que está falsa la letra,

porque no está la isla de Cuba sino[29] grados. Este mártes en toda la

noche, anduvo con los navíos barloventeando, y, siendo de dia, vido un

rio, y no pudieron entrar en él por ser baja la entrada, y, navegando

adelante, vieron un Cabo que salia muy fuera en la mar, cercado de

bajos, donde habia una bahía para estar navíos pequeños, y, no pudiendo

doblar ó encabalgar el dicho promontorio ó Cabo, por ser el viento

Norte y toda la costa se corria al Nornoroeste y Sudueste, y adelante

salíales otro Cabo mucho más, por esta dificultad, y porque el cielo

mostraba querer ventar recio, acordó de dar la vuelta y tornarse al

susodicho rio y puerto de Mares.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 59 / 126 题