En el cual se trata como el Almirante dió vuelta al leste ó Levante,
porque le informaron los indios que la isla de Samoeto era más grande
que la Fernandina, y quedaba atras, y esto parece que Dios le tornaba
porque viese á Cuba y á la Española.--Llegados á Samoeto, sintieron
suavísimos olores, y vieron la isla ser graciosísima.--Mataron dos
sierpes, que son las iguanas, y qué cosa es.--Huyeron los indios
sentidos los cristianos.--Tornaron á venir sin miedo.--Estimaron que
habian descendido del cielo.--Tuvo relacion, segun él creia que lo
entendia, que habia allí minas de oro, y estuvo esperando que el Rey
de la isla viniese allí.--Halló ligualoe y mandó cortar dello.--Aquí
supo nuevas de la isla de Cuba y de la Española.--Creyó que era la
isla de Cipango, donde pensó que hallaria gran suma de oro, y perlas y
especeria.--Las razones por donde con razon se movió á lo creer y que
allí venian naos grandes del Gran Khan.--Puso por nombre á esta isla
la Isabela.--Fuese della en demanda de Cuba, etc.
Porque los indios que habia tomado en la primera isla de Guanahaní, ó
Sant Salvador, le decian y afirmaban por señas que la isla de Samoeto,
que atrás quedaba, era más grande que la Fernandina, y que debian de
volver á ella (y ellos debiánlo de hacer por acercarse más á su tierra,
de donde los habia sacado), acordó el Almirante dar la vuelta hácia
el leste; y ansí, alzó las velas, y vuelve al Levante, y parece que
Dios le guiaba porque topase con la isla de Cuba, y de allí viniese
á descubrir esta isla Española, que es la más felice, ó de las más
felices y grandes, graciosas, ricas, abundosas, deleitables del mundo.
Ansí, que el viernes, 19 de Octubre, vieron una isla á la parte del
leste, sobre la cual fueron, y pareció un cabo della redondo y hondo,
al cual puso el Almirante nombre cabo Hermoso, y allí surgió. Esta
isla llamaron Samoet, ó Samoeto, de la cual, dice el Almirante, que
era la más hermosa que nunca vió, y que si las otras de hasta allí
eran hermosas, esta más, y que no se le hartaban ni cansaban los
ojos de mirar tierras y florestas y verduras tan hermosas. Esta isla
era más alta de cerros y collados que las otras, y parecia de muchas
aguas; creia que habia en estas islas muchas hierbas y árboles para
tinturas, y para medicinas y especerías, que valdrian en España mucho,
porque llegando, que llegó, al dicho cabo Hermoso, dice el Almirante
que sintieron venir olor suavísimo de las flores y árboles de la
tierra, que era cosa suavísima y para motivo de dar muchas gracias á
Dios. Decian, diz que, aquellos hombres que tomó en Sant Salvador,
que la poblacion estaba dentro en la isla, donde residia el Rey
della, que andaba vestido de mucho oro. Bien parece que no entendian
el Almirante ni los demas á los indios, ó quizá ellos lo fingian por
agradarle, como vian que tanta diligencia ponia en preguntar por el
oro. Entendia tambien que aquel Rey señoreaba todas aquellas islas,
aunque todavía, decia el Almirante, que no daba mucho crédito á sus
decires, ansí, por no los entender bien, como por cognoscer que eran
tan pobres de oro, que poco les parecia mucho. Dice, que con ayuda de
Dios, entiende volver á España para Abril, y por eso no se detiene
á mirar en particular todas las islas, puesto que si hallaba oro ó
especería en cantidad, se deternia tanto cuanto bastase para llevar á
los Reyes todo lo que pudiese. De donde parece, cuán cuidadoso estaba
y andaba siempre de llevar ganancia y provecho á los Reyes, por la
causa principalmente, arriba en el capítulo 29, dicha. Puso á esta
isla de Samoeto, la Isabela, en la cual no pudo salir el sábado por
no hallar buen surgidero hasta el domingo, 21 de Octubre. Dice della
maravillas por su frescura, hermosura y fertilidad, diciendo que,
aunque las pasadas eran hermosas, esta mucho más. Vieron unas lagunas
de agua dulce, todas cercadas de arboledas graciosísimas, oian cantar
los pajaritos, de diversas especies de los de Castilla y aves muchas,
con gran dulzor, que parecia que hombre no se quisiera mudar de allí.
Pasaban tantas manadas de papagayos que cubrian el sol, y otras muchas
aves de diversas especies, que era cosa de maravilla. Andando en cerco
de una de las lagunas, vido el Almirante una sierpe de siete palmos
en largo, la cual, como vido la gente, huyó al agua, y, porque no era
honda, con las lanzas la mataron, hizo salar el cuero para traerlo á
los Reyes. Esta sierpe, verdaderamente es sierpe, y cosa espantable,
cuasi es de manera de cocodrilo ó como un lagarto, salvo que tiene,
hácia la boca y narices, más ahusada que lagarto. Tiene un cerro desde
las narices hasta lo último de la cola, de espinas grandes, que la
hace muy terrible; es toda pintada como lagarto, aunque más verdes
escuras las pinturas; no hace mal á nadie y es muy tímida y cobarde;
es tan excelente cosa de comer, segun todos los españoles dicen, y
tan estimada, mayormente toda la cola que es muy blanca cuando está
desollada, que la tienen por más preciosa que pechugas de gallina ni
otro manjar alguno; de los indios no hay duda, sino que la estiman
sobre todos los manjares. Con todas sus bondades, aunque soy de los
más viejos destas tierras y en los tiempos pasados me ví con otros
en grandes necesidades de hambre, pero nunca jamás pudieron conmigo
para que la gustase; llámanla los indios desta isla Española iguana.
Fueron á una poblacion cerca de allí, é como la gente della sintiese
los cristianos, desmamparan sus casas, escondieron todo lo que pudieron
de sus alhajas en el monte, y huyeron todos de espanto. Despues,
tornaron algunos, viendo que no iban tras ellos, y uno se llegó mas
confiadamente á los cristianos, al cual hizo dar el Almirante unos
cascabeles y unas cuentecillas de vidro, de lo cual se contentó mucho,
y, por mostrarle mas amor, pidieron que trujese agua. Vinieron luego
á la nao con sus calabazas llenas de agua, y diéronla con alegría y
muy buena voluntad; mandóles dar el Almirante á cada uno su sarta
de cuentas, y dijeron que volverian en la mañana. Tenia voluntad el
Almirante de rodear esta isla de Samoeto, Isabela, para ver si podia
tener habla con el Rey que creia haber en ella, para probar si podia
dél haber el oro que traia ó tenia, y segun lo que habia entendido á
los indios que traia consigo de la isla de Sant Salvador, la primera
que descubrió. Estaba por allí otra isla muy grande que llamaban Cuba,
la cual creia que era Cipango, segun las señas que, diz que, le daban,
y segun tambien él entendia; diz que, habia naos grandes y mareantes
muchos: de otra tambien le decian que era grande, que nombraban
Bohío, á las cuales queria ir á ver, y segun hallase recaudo de oro y
especería, determinaria lo que habia de hacer, aunque, diz que, todavía
tenia determinado de ir á la tierra firme, y á la ciudad de Quisay,
y dar las cartas de Sus Altezas al Gran Khan, y pedir respuesta y
volver con ella. Por aquí parece que se le hizo el camino más cercano
de lo que él pensaba, y el mundo más largo, y no estar la tierra
del Gran Khan derechamente al gueste ó Poniente, como el florentino
le habia escrito, y, en la figura que le envió pintada, le habia
certificado, porque, aunque pasada toda esta nuestra tierra firme, se
pueda ó pudiera ir por tierra á los reinos del Gran Khan, cesando los
impedimentos que podrian ofrecerse por el camino, como son desiertos,
si los hobiese, ó grandes lagunas, ciénagas, montañas ó minerales, de
los que se dijeron en el cap. 6.º, ó muchos animales bravos, y cosas
semejantes; pero más parece que los reinos del Gran Khan están más
á la parte del Austro que del Poniente, por lo que ya sabemos de la
tierra que los portogueses y nosotros por el Poniente y Austro hemos
descubierto. La isla de Cuba, bien entendia ser grandísima, porque
tiene más de 300 leguas en luengo, y esta Española, que aquí llama
Bohío, tambien más grande y más felice, aunque no tan luenga, como
diremos, placiendo á Dios, cuando dellas en particular hablaremos. El
llamarla Bohío, no debia entender á los intérpretes, porque por todas
estas islas, como sea toda ó cuasi toda una lengua, llamaban bohío á
las casas en que moraban, y á esta gran isla Española, nombraban Hayti,
y debian ellos de decir que en Hayti, habia grandes bohíos, conviene
á saber, que en esta isla Española eran grandes las casas, como sin
duda las habia á maravilla. Estuvo esta noche, lúnes, 22 de Octubre,
aguardando si el Rey de aquella isla de Samoeto, ó otras personas, diz
que, traerian oro ó otra cosa de substancia, y vinieron muchos indios
semejantes á los pasados, desnudos y pintados de diversas colores como
los otros; traian ovillos de algodon, y trocábanlos con los cristianos
por pedazos de tazas de vidro, y de escudillas de barro, algunos dellos
tenian algunos pedazos de oro puestos en las narices, el cual daban
de buena voluntad por un cascabel de los de pié de gavilan; cualquiera
cosa que ellos podian haber de los cristianos tenian por preciosa, por
tener á gran maravilla su venida como los otros de las otras islas,
teniendo por cierto que habian descendido del cielo. Halló en esta isla
lignaloen, y mandó cortar dello cuanto se halló, y yendo á tomar agua
de una laguna que allí estaba cerca, Martin Alonso, mató una sierpe
de otros siete palmos como la otra, que segun digimos, es, segun la
estiman todos, manjar precioso y se llama iguana. Determinó, mártes, 23
de Octubre, de se partir de aquella isla que llamó la Isabela, porque
le pareció que allí no debia de haber mina de oro, puesto que creia que
debia de tener especería, por la multitud de los árboles tan hermosos
y llenos de fruta de diversas maneras, y por no los cognoscer llevaba
muy gran pena; sólo cognoscia el ligualoe, del cual mandó tambien
allí cortar lo que se pudo para llevar á los Reyes. Ansí que, por ir
á la isla de Cuba, de quien grandes cosas le parecia que le decian
los indios que llevaba, y por hallar tierra de grande trato y muy
provechosa, como la buscaba (y creia que Cuba era la isla de Cipango,
segun las señas que entendia darle los dichos indios de su grandeza
y riqueza, por la relacion y pintura, que digimos en el cap. 12, que
le invió Paulo, físico, florentin), quiso alzar las velas, sino que
no tuvo viento y llovió mucho aqueste dia, y dice que no hacia frio
de noche cuando llovia, ántes hacia calor de dia. Y es aquí de saber,
que, como arriba se dijo en el dicho cap. 12, el almirante D. Cristóbal
Colon, á la carta mensajera y á la figura ó carta de marear pintada,
que le invió el dicho Paulo, físico, dió tanto crédito, que no dudó de
hallar las tierras que enviaba pintadas, por las premisas y principios
tantos y tales, como arriba pareció, que él de ántes tenia, y segun la
distancia ó leguas que habia hasta aquí navegado, concordaba cuasi al
justo con el sitio y comarca en que el Paulo, físico, habia puesto y
asentado la riquísima y grande isla de Cipango, en el circuito de la
cual, tambien pintó y asentó innumerables islas, y despues la tierra
firme. Y como viese tales islas primero, y le dijesen y nombrasen
los indios otras más de ciento, ciertamente tuvo razon eficacísima
el Almirante de creer que aquella isla da Cuba, que tanto los indios
encarecian y señalaban por tan grande, y despues que topó con esta isla
Española, tuvo mayor y más urgente razon que fuese cualquiera destas la
de Cipango, y por consiguiente, creyó hallar en ella grandísima suma
de oro y plata, y perlas y especería, las cuales, en la dicha figura
tenia pintadas; y por tanto, muchas veces hace mencion en el libro de
su primera navegacion, el Almirante, del oro y de especerías que creia
hallar, y cuantos árboles via, todos ser de especería juzgaba, y por no
los cognoscer, dice, que iba muy penado. Esperaba tambien hallar, y,
de las palabras de los dichos indios que no entendia, se le figuraba
que decian haber allí naos grandes de mercaderes y de lugares de muchos
tractos. Con esta esperanza, mártes, á la media noche, alzó las velas y
comenzó á navegar al guessudoeste, y anduvo el miércoles poco, porque
llovió, y lo mismo el jueves, 25 de Octubre, y hasta las nueve del dia
navegaria 10 leguas poco más. Despues, de las nueve adelante, mudó el
camino al gueste, y andarian, hasta las tres deste dia, 11 leguas, y
entónces vieron tierra 5 leguas della, y eran siete ó ocho islas en
luengo, todas de Norte á Sur, á las cuales llamó, por el poco fondo
que tenian las islas de Arena; dijéronle los indios que habria de allí
á Cuba andadura de dia y medio de sus barquillos ó canoas: surgió en
ellas el viernes. Sábado, 27 de Octubre, salido el sol, mandó levantar
las velas para ir su camino de Cuba desde aquellas islas de Arena, y
hasta poner del sol anduvieron 17 leguas al Sursudueste, y, ántes de la
noche, vieron tierra de Cuba, pero no quiso el Almirante llegarse más
á tierra, por el peligro que hay siempre de tomar la tierra que no se
sabe, de noche, mayormente que llovia mucho y hacia grande escuridad ó
cerrazon, y por esto anduvieron toda la noche al reparo.