CAPÍTULO XLIII.

En el cual se trata como el Almirante dió vuelta al leste ó Levante,

porque le informaron los indios que la isla de Samoeto era más grande

que la Fernandina, y quedaba atras, y esto parece que Dios le tornaba

porque viese á Cuba y á la Española.--Llegados á Samoeto, sintieron

suavísimos olores, y vieron la isla ser graciosísima.--Mataron dos

sierpes, que son las iguanas, y qué cosa es.--Huyeron los indios

sentidos los cristianos.--Tornaron á venir sin miedo.--Estimaron que

habian descendido del cielo.--Tuvo relacion, segun él creia que lo

entendia, que habia allí minas de oro, y estuvo esperando que el Rey

de la isla viniese allí.--Halló ligualoe y mandó cortar dello.--Aquí

supo nuevas de la isla de Cuba y de la Española.--Creyó que era la

isla de Cipango, donde pensó que hallaria gran suma de oro, y perlas y

especeria.--Las razones por donde con razon se movió á lo creer y que

allí venian naos grandes del Gran Khan.--Puso por nombre á esta isla

la Isabela.--Fuese della en demanda de Cuba, etc.

Porque los indios que habia tomado en la primera isla de Guanahaní, ó

Sant Salvador, le decian y afirmaban por señas que la isla de Samoeto,

que atrás quedaba, era más grande que la Fernandina, y que debian de

volver á ella (y ellos debiánlo de hacer por acercarse más á su tierra,

de donde los habia sacado), acordó el Almirante dar la vuelta hácia

el leste; y ansí, alzó las velas, y vuelve al Levante, y parece que

Dios le guiaba porque topase con la isla de Cuba, y de allí viniese

á descubrir esta isla Española, que es la más felice, ó de las más

felices y grandes, graciosas, ricas, abundosas, deleitables del mundo.

Ansí, que el viernes, 19 de Octubre, vieron una isla á la parte del

leste, sobre la cual fueron, y pareció un cabo della redondo y hondo,

al cual puso el Almirante nombre cabo Hermoso, y allí surgió. Esta

isla llamaron Samoet, ó Samoeto, de la cual, dice el Almirante, que

era la más hermosa que nunca vió, y que si las otras de hasta allí

eran hermosas, esta más, y que no se le hartaban ni cansaban los

ojos de mirar tierras y florestas y verduras tan hermosas. Esta isla

era más alta de cerros y collados que las otras, y parecia de muchas

aguas; creia que habia en estas islas muchas hierbas y árboles para

tinturas, y para medicinas y especerías, que valdrian en España mucho,

porque llegando, que llegó, al dicho cabo Hermoso, dice el Almirante

que sintieron venir olor suavísimo de las flores y árboles de la

tierra, que era cosa suavísima y para motivo de dar muchas gracias á

Dios. Decian, diz que, aquellos hombres que tomó en Sant Salvador,

que la poblacion estaba dentro en la isla, donde residia el Rey

della, que andaba vestido de mucho oro. Bien parece que no entendian

el Almirante ni los demas á los indios, ó quizá ellos lo fingian por

agradarle, como vian que tanta diligencia ponia en preguntar por el

oro. Entendia tambien que aquel Rey señoreaba todas aquellas islas,

aunque todavía, decia el Almirante, que no daba mucho crédito á sus

decires, ansí, por no los entender bien, como por cognoscer que eran

tan pobres de oro, que poco les parecia mucho. Dice, que con ayuda de

Dios, entiende volver á España para Abril, y por eso no se detiene

á mirar en particular todas las islas, puesto que si hallaba oro ó

especería en cantidad, se deternia tanto cuanto bastase para llevar á

los Reyes todo lo que pudiese. De donde parece, cuán cuidadoso estaba

y andaba siempre de llevar ganancia y provecho á los Reyes, por la

causa principalmente, arriba en el capítulo 29, dicha. Puso á esta

isla de Samoeto, la Isabela, en la cual no pudo salir el sábado por

no hallar buen surgidero hasta el domingo, 21 de Octubre. Dice della

maravillas por su frescura, hermosura y fertilidad, diciendo que,

aunque las pasadas eran hermosas, esta mucho más. Vieron unas lagunas

de agua dulce, todas cercadas de arboledas graciosísimas, oian cantar

los pajaritos, de diversas especies de los de Castilla y aves muchas,

con gran dulzor, que parecia que hombre no se quisiera mudar de allí.

Pasaban tantas manadas de papagayos que cubrian el sol, y otras muchas

aves de diversas especies, que era cosa de maravilla. Andando en cerco

de una de las lagunas, vido el Almirante una sierpe de siete palmos

en largo, la cual, como vido la gente, huyó al agua, y, porque no era

honda, con las lanzas la mataron, hizo salar el cuero para traerlo á

los Reyes. Esta sierpe, verdaderamente es sierpe, y cosa espantable,

cuasi es de manera de cocodrilo ó como un lagarto, salvo que tiene,

hácia la boca y narices, más ahusada que lagarto. Tiene un cerro desde

las narices hasta lo último de la cola, de espinas grandes, que la

hace muy terrible; es toda pintada como lagarto, aunque más verdes

escuras las pinturas; no hace mal á nadie y es muy tímida y cobarde;

es tan excelente cosa de comer, segun todos los españoles dicen, y

tan estimada, mayormente toda la cola que es muy blanca cuando está

desollada, que la tienen por más preciosa que pechugas de gallina ni

otro manjar alguno; de los indios no hay duda, sino que la estiman

sobre todos los manjares. Con todas sus bondades, aunque soy de los

más viejos destas tierras y en los tiempos pasados me ví con otros

en grandes necesidades de hambre, pero nunca jamás pudieron conmigo

para que la gustase; llámanla los indios desta isla Española iguana.

Fueron á una poblacion cerca de allí, é como la gente della sintiese

los cristianos, desmamparan sus casas, escondieron todo lo que pudieron

de sus alhajas en el monte, y huyeron todos de espanto. Despues,

tornaron algunos, viendo que no iban tras ellos, y uno se llegó mas

confiadamente á los cristianos, al cual hizo dar el Almirante unos

cascabeles y unas cuentecillas de vidro, de lo cual se contentó mucho,

y, por mostrarle mas amor, pidieron que trujese agua. Vinieron luego

á la nao con sus calabazas llenas de agua, y diéronla con alegría y

muy buena voluntad; mandóles dar el Almirante á cada uno su sarta

de cuentas, y dijeron que volverian en la mañana. Tenia voluntad el

Almirante de rodear esta isla de Samoeto, Isabela, para ver si podia

tener habla con el Rey que creia haber en ella, para probar si podia

dél haber el oro que traia ó tenia, y segun lo que habia entendido á

los indios que traia consigo de la isla de Sant Salvador, la primera

que descubrió. Estaba por allí otra isla muy grande que llamaban Cuba,

la cual creia que era Cipango, segun las señas que, diz que, le daban,

y segun tambien él entendia; diz que, habia naos grandes y mareantes

muchos: de otra tambien le decian que era grande, que nombraban

Bohío, á las cuales queria ir á ver, y segun hallase recaudo de oro y

especería, determinaria lo que habia de hacer, aunque, diz que, todavía

tenia determinado de ir á la tierra firme, y á la ciudad de Quisay,

y dar las cartas de Sus Altezas al Gran Khan, y pedir respuesta y

volver con ella. Por aquí parece que se le hizo el camino más cercano

de lo que él pensaba, y el mundo más largo, y no estar la tierra

del Gran Khan derechamente al gueste ó Poniente, como el florentino

le habia escrito, y, en la figura que le envió pintada, le habia

certificado, porque, aunque pasada toda esta nuestra tierra firme, se

pueda ó pudiera ir por tierra á los reinos del Gran Khan, cesando los

impedimentos que podrian ofrecerse por el camino, como son desiertos,

si los hobiese, ó grandes lagunas, ciénagas, montañas ó minerales, de

los que se dijeron en el cap. 6.º, ó muchos animales bravos, y cosas

semejantes; pero más parece que los reinos del Gran Khan están más

á la parte del Austro que del Poniente, por lo que ya sabemos de la

tierra que los portogueses y nosotros por el Poniente y Austro hemos

descubierto. La isla de Cuba, bien entendia ser grandísima, porque

tiene más de 300 leguas en luengo, y esta Española, que aquí llama

Bohío, tambien más grande y más felice, aunque no tan luenga, como

diremos, placiendo á Dios, cuando dellas en particular hablaremos. El

llamarla Bohío, no debia entender á los intérpretes, porque por todas

estas islas, como sea toda ó cuasi toda una lengua, llamaban bohío á

las casas en que moraban, y á esta gran isla Española, nombraban Hayti,

y debian ellos de decir que en Hayti, habia grandes bohíos, conviene

á saber, que en esta isla Española eran grandes las casas, como sin

duda las habia á maravilla. Estuvo esta noche, lúnes, 22 de Octubre,

aguardando si el Rey de aquella isla de Samoeto, ó otras personas, diz

que, traerian oro ó otra cosa de substancia, y vinieron muchos indios

semejantes á los pasados, desnudos y pintados de diversas colores como

los otros; traian ovillos de algodon, y trocábanlos con los cristianos

por pedazos de tazas de vidro, y de escudillas de barro, algunos dellos

tenian algunos pedazos de oro puestos en las narices, el cual daban

de buena voluntad por un cascabel de los de pié de gavilan; cualquiera

cosa que ellos podian haber de los cristianos tenian por preciosa, por

tener á gran maravilla su venida como los otros de las otras islas,

teniendo por cierto que habian descendido del cielo. Halló en esta isla

lignaloen, y mandó cortar dello cuanto se halló, y yendo á tomar agua

de una laguna que allí estaba cerca, Martin Alonso, mató una sierpe

de otros siete palmos como la otra, que segun digimos, es, segun la

estiman todos, manjar precioso y se llama iguana. Determinó, mártes, 23

de Octubre, de se partir de aquella isla que llamó la Isabela, porque

le pareció que allí no debia de haber mina de oro, puesto que creia que

debia de tener especería, por la multitud de los árboles tan hermosos

y llenos de fruta de diversas maneras, y por no los cognoscer llevaba

muy gran pena; sólo cognoscia el ligualoe, del cual mandó tambien

allí cortar lo que se pudo para llevar á los Reyes. Ansí que, por ir

á la isla de Cuba, de quien grandes cosas le parecia que le decian

los indios que llevaba, y por hallar tierra de grande trato y muy

provechosa, como la buscaba (y creia que Cuba era la isla de Cipango,

segun las señas que entendia darle los dichos indios de su grandeza

y riqueza, por la relacion y pintura, que digimos en el cap. 12, que

le invió Paulo, físico, florentin), quiso alzar las velas, sino que

no tuvo viento y llovió mucho aqueste dia, y dice que no hacia frio

de noche cuando llovia, ántes hacia calor de dia. Y es aquí de saber,

que, como arriba se dijo en el dicho cap. 12, el almirante D. Cristóbal

Colon, á la carta mensajera y á la figura ó carta de marear pintada,

que le invió el dicho Paulo, físico, dió tanto crédito, que no dudó de

hallar las tierras que enviaba pintadas, por las premisas y principios

tantos y tales, como arriba pareció, que él de ántes tenia, y segun la

distancia ó leguas que habia hasta aquí navegado, concordaba cuasi al

justo con el sitio y comarca en que el Paulo, físico, habia puesto y

asentado la riquísima y grande isla de Cipango, en el circuito de la

cual, tambien pintó y asentó innumerables islas, y despues la tierra

firme. Y como viese tales islas primero, y le dijesen y nombrasen

los indios otras más de ciento, ciertamente tuvo razon eficacísima

el Almirante de creer que aquella isla da Cuba, que tanto los indios

encarecian y señalaban por tan grande, y despues que topó con esta isla

Española, tuvo mayor y más urgente razon que fuese cualquiera destas la

de Cipango, y por consiguiente, creyó hallar en ella grandísima suma

de oro y plata, y perlas y especería, las cuales, en la dicha figura

tenia pintadas; y por tanto, muchas veces hace mencion en el libro de

su primera navegacion, el Almirante, del oro y de especerías que creia

hallar, y cuantos árboles via, todos ser de especería juzgaba, y por no

los cognoscer, dice, que iba muy penado. Esperaba tambien hallar, y,

de las palabras de los dichos indios que no entendia, se le figuraba

que decian haber allí naos grandes de mercaderes y de lugares de muchos

tractos. Con esta esperanza, mártes, á la media noche, alzó las velas y

comenzó á navegar al guessudoeste, y anduvo el miércoles poco, porque

llovió, y lo mismo el jueves, 25 de Octubre, y hasta las nueve del dia

navegaria 10 leguas poco más. Despues, de las nueve adelante, mudó el

camino al gueste, y andarian, hasta las tres deste dia, 11 leguas, y

entónces vieron tierra 5 leguas della, y eran siete ó ocho islas en

luengo, todas de Norte á Sur, á las cuales llamó, por el poco fondo

que tenian las islas de Arena; dijéronle los indios que habria de allí

á Cuba andadura de dia y medio de sus barquillos ó canoas: surgió en

ellas el viernes. Sábado, 27 de Octubre, salido el sol, mandó levantar

las velas para ir su camino de Cuba desde aquellas islas de Arena, y

hasta poner del sol anduvieron 17 leguas al Sursudueste, y, ántes de la

noche, vieron tierra de Cuba, pero no quiso el Almirante llegarse más

á tierra, por el peligro que hay siempre de tomar la tierra que no se

sabe, de noche, mayormente que llovia mucho y hacia grande escuridad ó

cerrazon, y por esto anduvieron toda la noche al reparo.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 58 / 126 题