Fué avisado Cristóbal Colon que andaban ciertos navíos del rey de
Portugal por prenderle.--Dióse priesa para salir del puerto de la
Gomera; salió jueves á seis dias de Setiembre del dicho año.--Va
contando las leguas que cada dia con su noche, conforme á las dos
cuentas dichas, andaba, etc.
En estos dias fué avisado Cristóbal Colon como andaban por aquellas
islas tres carabelas armadas del rey de Portugal para lo prender,
porque como supo el Rey que se habia concertado con los reyes de
Castilla, pesóle mucho en el ánima, y comenzó á ver y á temer la suerte
que le habia quitado Dios de las manos, por lo cual debió mandar
en la isla de la Madera, y de Puerto Sancto, y de los Azores, y en
las partes y puertos donde tenia gente portoguesa, que á la ida ó á
la venida lo prendiesen, segun despues pareció por la burla que le
hicieron á la vuelta en las islas de los Azores, pero desta vez no lo
toparon las dichas tres carabelas. Tomada pues agua y leña y carnaje,
y todo refresco y lo demas que vido serle para su viaje necesario,
en la Gomera, mandó dar las velas á sus tres navíos, jueves, á 6 de
Setiembre, y salió del puerto de la Gomera luego por la mañana. El
sábado, á tres horas de la noche, comenzó á ventar el viento Nordeste
manso, y tomó su camino hácia el gueste que es el Poniente derecho,
porque aquellos tres dias primeros tuvo calma y no pudo andar nada;
llevó siempre aquella vía del gueste ó Poniente derecho, hasta pocos
dias ántes que descubriese la tierra que tornó una cuarta de viento á
la mano izquierda del Austro, que se dice cuarta del Sudoeste, como
abajo parecerá; anduvo aquella noche, hasta domingo de mañana, 36
millas, que son 9 leguas, á 4 millas por cada legua contando. Domingo,
9 dias de Setiembre, navegó, hasta que se puso el sol, 60 millas, que
son 15 leguas, y en la noche, anduvo á 10 millas por hora y en doce
horas fueron 120 millas que montan 30 leguas; aquí gobernaban los
marineros mal porque iban una cuarta á la banda del Norueste, por lo
cual riñó mucho Cristóbal Colon con ellos. Lunes, 10 dias de Setiembre,
con su noche anduvo 60 leguas á 10 millas por hora, que son dos leguas
y media, pero no contó sino 48 leguas en la cuenta pública que habia
de mostrar á los marineros. Martes, 11 de Setiembre, navegó su vía del
gueste, y anduvo 20 leguas y más, pero no contó sino 16 por la causa
dicha; y éste dia víeron un gran trozo de mastel de nao de 120 toneles
y no lo pudieron tomar; y en la noche anduvo cerca de otras 20 leguas,
y contó para la cuenta pública 16. Miércoles, 12 de Setiembre, por su
mismo camino anduvo, entre dia y noche, 33 leguas, contando para la
cuenta pública algunas ménos. Jueves, 13 de Setiembre, anduvo, entre
dia y noche, otras 33 leguas; éranles las corrientes contrarias. En
este dia, al principio de la noche, las agujas noruesteaban, esto es
decir que no estaba la flor de lis que señala el Norte derecha hacia
él, sino que se acostaba á la mano izquierda del Norte, y á la mañana
nordesteaban, que es decir, que se acostaba la flor de lis á la mano
derecha del Norte, hácia donde sale el sol. Viernes, 14 de Setiembre,
navegó su camino siempre al gueste, anduvo entre dia y noche 20 leguas,
contó ménos algunas para la cuenta pública; hoy dijeron los marineros
de la carabela _Niña_, donde iba Vicente Yañez, que habian visto un
garpao y un rabo de junco, que son aves que no se apartan de tierra,
segun dicen, sino hasta 15 ó 20 leguas, pero creo que no se tenia
aun desto mucha experiencia. Sábado, 15 de Setiembre, anduvo entre
dia y noche 27 leguas y algo más; vieron esta noche caer del cielo
un maravilloso ramo de fuego 4 ó 5 leguas dellos y todas estas cosas
alborotaban y entristecian la gente, y comenzaban á estimar que eran
señales de no haber emprendido buen camino. Domingo, 16 de Setiembre,
anduvo 38 leguas, contó algunas ménos, tuvo aquel dia algunos nublados
y lloviznó. Dice aquí Cristóbal Colon, que hoy, y siempre de allí
adelante, hallaron aires temperatísimos, que era, segun dice, placer
grande el gusto y amenidad de las mañanas que no faltaba sino oir
ruiseñores, y era el tiempo como por Abril en el Andalucía; tenia,
cierto, razon, porque es cosa maravillosa la suavidad que sentimos
desde medio golfo para estas Indias, y cuanto más se acercan los navíos
á estas tierras, tanto mayor sienten la templanza y suavidad de los
aires y claridad de los cielos, y amenidad y olores que salen de las
arboledas y florestas dellas, mucho más, cierto, que por Abril en el
Andalucía. Aquí comenzaron á ver muchas manadas ó balsas estendidas de
hierba verde, aunque mas tiran á color amarilla, y, porque ya se les
iba haciendo el camino luengo y léjos la guarida, y habian comenzado
á murmurar del viaje y de quien en él los habia puesto, viendo estas
balsas de hierba muy léjos y que eran muy grandes, comenzaron á temer
no fuesen peñas ó tierras anegadas, por lo cual se movieron á mayor
impaciencia y á más recia murmuracion contra Cristóbal Colon, que los
guiaba; pero visto que pasaban los navíos por ellas, perdieron por
entónces, aunque no del todo, el temor. Juzgaron por esto todos que
debia estar cerca de allí alguna isla; Cristóbal Colon afirma que
isla podia ser, pero no tierra firme, porque la tierra firme hacia él
muy adelante, y no estaba engañado. Por aquí parece que los navíos
de Cáliz, que arriba en el cap. 9.º digimos, de que hace Aristóteles
mencion en el libro _De admirandis in natura auditis_, antiguamente
arrebatados con tormenta, haber llegado á ciertas regiones en la
mar, donde hallaron grandes balsas de ovas y hierbas, son estas y
que llegaron hasta aquí. Lúnes, 17 de Setiembre, navegó su camino al
gueste y andarian dia y noche 50 leguas y más, asentó ménos algunas
dellas; ayudábales la corriente, vieron mucha hierba y muy á menudo,
y era hierba que juzgaban ser de peñas, la cual venia de hácia el
Poniente; estimaban todos que debia estar cerca tierra, por lo cual
cobraban algun esfuerzo y aflojaban en el murmurar. Habian andado
hasta allí 370 leguas, las cuales estaban de la isla del Hierro, que
es la más occidental de las islas de Canaria. En este lúnes marearon
los pilotos el Norte, y hallaron que las agujas noruesteaban una gran
cuarta; temieron todos los marineros mucho, y paráronse todos muy
tristes, y tornaron á murmurar entre dientes sin declararlo del todo á
Cristóbal Colon, viendo cosa tan nueva y que nunca hobieran visto ni
jamás experimentado, y por ende temian si estaban en otro mundo; pero
cognosciéndolo Cristóbal Colon, mandó que tornasen á marear el Norte
en amaneciendo, y hallaron que estaban buenas las agujas. La causa
que Cristóbal Colon asignó desta diferencia, fué que la estrella que
acá nos parece que es el Norte, hace movimiento, pero no lo hacen las
agujas. En amaneciendo, aquel lúnes, vieron muchas hierbas de rios, en
las cuales hallaron un cangrejo vivo, el cual guardó Cristóbal Colon, y
dijo que aquellas eran ciertas señales de haber por allí tierra, porque
no se suelen hallar 80 leguas de tierra. El agua de la mar hallaban
ménos salada despues que dejaron atras las islas de Canaria, y, cada
dia, segun decian, más hermosa; decia que era esto gran señal de ser
los aires más puros y dulces. Vieron tambien muchas toninas, y estas
son las que vieron los navíos de Cáliz, de que habló Aristóteles, que
mataron muchos y llamólos atunes.
Iban toda la gente muy alegres, y los navíos el que más podia correr
más corria, por ver primero tierra. Lo uno, porque es natural los
hombres querer ser cada uno el primero y llevar al otro ventaja,
aunque sea á su padre, aún en las cosas chicas y de poca importancia,
como parece en el juego del ajedrez y en los otros, cuanto más en
las señaladas y grandes. Lo otro, porque la Reina, por suplicacion
de Cristóbal Colon habia mandado y hizo merced de 10.000 maravedís
de juro, de por vida, al primero que viese la primera tierra. Dijo
aquí Cristóbal Colon, que porque aquellas señales eran del Poniente,
esperaba en aquel alto Dios, en cuya mano estaban todas las victorias,
que muy presto le daria tierra. Vido aquella mañana una ave blanca con
la cola luenga, que se llama rabo de junco, que no suele, diz, que
dormir en la mar. Mártes, 18 de Setiembre, navegó aqueste dia con su
noche más de 55 leguas, puso en la cuenta pública 48; llevaba todos
estos dias el mar bonanza, como en el rio de Sevilla. Martin Alonso
que iba por Capitan de la _Pinta_, que era muy gran velera, dijo al
capitan Cristóbal Colon desde ella, que habia visto gran multitud de
aves ir hácia el Poniente, y que aquella noche se queria adelantar,
porque esperaba que descubriria tierra, y certificósele más por una
gran cerrazon y escuridad de nublado espeso á la parte del Norte, la
cual suele muchas veces estar sobre la tierra, y parece della 10 y 15 y
20 leguas. Desto no curó Cristóbal Colon, porque le parecia que aún no
era tiempo, ó no estaba en el paraje donde él esperaba ver la tierra.
El miércoles, 19 de Setiembre, tuvo alguna calma, y con todo, entre dia
y noche anduvo 25 leguas; puso en la cuenta pública 22, y á las diez
horas deste dia, vino á la nao _Capitana_ un alcatraz, y á la tarde
vieron otro, que no suelen apartarse de tierra 20 leguas; vinieron
unos lluveznitos de agua sin viento, que es cierta señal de tierra.
No quiso detenerse barloventeando, para recognoscer si habia tierra,
de lo cual no dudaba sino que iba entre y en medio de algunas islas,
como en la verdad hay muchas, porque su intincion llevaba enderezada
de navegar más al Poniente, diciendo que allí habia de hallar las
Indias, y porque le ayudaba el tiempo que era bueno, y porque decia
que, placiendo á Dios, á la vuelta todo se veria. Aquí descubrieron los
pilotos sus puntos de sus cartas; el de la carabela _Niña_ se hallaba
de Canaria 440 leguas, el de la _Pinta_ 420, el de la nao _Capitana_,
donde iba Cristóbal Colon, justas 400. Él pasaba y cumplia con todos,
tratando siempre del menor número, porque no desmayasen, lo cual cuanto
más vian que estaban léjos de España, mayor angustia y turbacion los
comprendia, y cada hora crecian en murmurar, y más miraban en cada cosa
de las señales que vian, aunque las que habian visto, de aquellas aves,
luego les daban esperanza; pero como nunca la tierra parecia, no creian
ya cosa, que habian estimado que aquellas señales, pues faltaban, que
iban por otro nuevo mundo de donde jamás no volverian. El jueves, 20
de Setiembre, se mudaron algo los vientos, y anduvo algo fuera de su
camino una cuarta y aún media partida, que son dos vientos, y andarian
hasta 7 ú 8 leguas por ser calmarias. Vinieron este dia dos alcatraces
á la nao _Capitana_, y despues otro; tomaron un pájaro con la mano
que era como garjas, que es ave de rio y no de la mar; tenia los piés
como gaviota. Vinieron tambien en amaneciendo, dos ó tres pajaritos
cantando, y ántes que el sol saliese desaparecieron, despues vino otro
alcatraz, y venia del gueste y iba al Sueste; era señal certísima que
dejaban al Nordeste la tierra, porque estas aves duermen en tierra,
y por la mañana vánse á la mar á buscar su vida, y no se alejan 20
leguas. Estas aves pusieron algun consuelo en los navíos. Viernes, 21
de Setiembre, fué lo más calma, navegaria, dello á la vía, dello fuera
della, 13 leguas. Hallaron grandísima cantidad de hierba, que parecia
que la mar era llena della. Esta hierba, veces los alegraba, creyendo
que verian presto tierra, veces los hacia casi desesperar, temiendo dar
por ella en alguna peña, y algunas volvian los que gobernaban el navío,
por no entrar por ella, con temor de lo que agora dije, porque tan
espesa era que parecia retardar algo los navíos. Vieron una ballena,
que tambien no es chica señal de no estar léjos de tierra; la mar era
muy llana como en un rio, y los aires suavisísimos.