Embarcóse jueves á 2 de Agosto y hízose á la vela viernes á 3, año
de 1492.--Pónese aquí un prólogo notable que hizo á los Reyes,
Cristóbal Colon, puesto en el principio del libro desta su primera
navegacion.--Determinó de hacer dos cuentas de las leguas que
andaba, una secreta para sí, que contaba verdad de lo que andaba, y
otra pública para con la gente, que decia ménos de lo que andaba,
porque si se dilatase el viaje la gente no desmayase.--Hobo revés y
trabajos hasta llegar á las Canarias, saltando el gobernario de una
carabela ó vela de adobar, en gran Canaria.--La tierra desta isla de
Tenerife echó de sí gran fuego.--Comenzaba la gente de los navíos á se
arrepentir y á murmurar, etc.
Puesto su despacho todo en perfeccion, jueves á 2 de Agosto año de
1492, mandó embarcar Cristóbal Colon toda su gente, y otro dia,
viernes, que se contaron tres dias del dicho mes de Agosto, ántes que
el sol saliese con media hora, hizo soltar las velas y salió del puerto
y barra que se dice de Saltes, porque así se llama aquel rio de Palos;
y porque comenzó desde allí un libro de sus navegaciones para estas
Indias, y el prólogo dél, así por contar algo de la toma de Granada y
hacer mencion de la echada de los judios destos reinos, como porque se
conciba la intincion de los Reyes y suya, y tambien por la antigüedad
y simplicidad de sus palabras parecióme no ir fuera de la historia
referirlo aquí, en el cual comienza Cristóbal Colon decir á los Reyes
ansí:
«_In nómine domini nostri Jesu Christi._--Porque cristianísimos y muy
altos, y muy excelentes, y muy poderosos Príncipes, Rey é Reina de
las Españas y de las islas de la mar, nuestros señores, este presente
año de 1492, despues de Vuestras Altezas haber dado fin á la guerra
de los moros que reinaban en Europa, y haber acabado la guerra en la
muy grande ciudad de Granada, adonde este presente año, á dos dias del
mes de Enero, por fuerza de armas vide poner las banderas reales de
Vuestras Altezas en las torres de Alfambra, que es la fortaleza de la
dicha ciudad, y vide salir al Rey moro á las puertas de la ciudad, y
besar las reales manos de Vuestras Altezas y del Príncipe, mi señor,
y luego en aquel presente mes, por la informacion que yo habia dado á
Vuestras Altezas de las tierras de la India y de un Príncipe que es
llamado Gran Khan, que quiere decir en nuestro romance, Rey de los
Reyes (como muchas veces él y sus antecesores habian enviado á Roma
á pedir doctores en nuestra sancta fé porque le enseñasen en ella,
y que nunca el Sancto Padre le habia proveido, y se perdian tantos
pueblos cayendo en idolatrías é recibiendo en sí sectas de perdicion);
y Vuestras Altezas, como católicos cristianos y Príncipes amadores de
la sancta fé cristiana, y acrecentadores della, y enemigos de la secta
de Mahoma y de todas idolatrías y herejías, pensaron de enviarme á mí,
Cristóbal Colon, á las dichas partidas de India para ver los dichos
Príncipes, y los pueblos y las tierras y la disposicion dellas y de
todo, y la manera que pudiere tener para la conversion dellas á nuestra
sancta fe; y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde
se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde
hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie. Así que,
despues de haber echado fuera todos los judíos de todos vuestros reinos
y señoríos, en el mismo mes de Enero, mandaron Vuestras Altezas á mí,
que con armada suficiente me fuese á las dichas partidas de India, y
para ello me hicieron grandes mercedes y me ennoblecieron, que dende en
adelante yo me llamase Don, y fuese Almirante mayor de la mar Océana y
Visorey é Gobernador perpetuo de todas las islas y tierra firme que yo
descubriese y ganase, y de aquí adelante se descubriesen y ganasen en
la mar Océana, y así sucediese mi hijo mayor, y á él ansí de grado en
grado para siempre jamás; y partí yo de la ciudad de Granada, á 12 dias
del mes de Mayo del mismo año de 1492, en sábado, y vine á la villa de
Palos, que es puerto de mar, á donde yo armé tres navíos muy aptos para
semejante fecho, y partí del dicho puerto muy bastecido de muy muchos
mantenimientos y de mucha gente de la mar á 3 dias del mes de Agosto
del dicho año, en un viernes, ántes de la salida del sol con media
hora, y llevé el camino de las islas de Canaria, de Vuestras Altezas,
que son en la dicha mar Océana, para de allí tomar mi derrota y navegar
tanto, que yo llegase á las Indias, y dar la embajada de Vuestras
Altezas á aquellos Príncipes, y cumplir lo que así me habian mandado,
y para esto pensé escribir todo este viaje muy puntualmente de dia en
dia, todo lo que yo hiciese y viese y pasase, como adelante se verá.
Tambien, señores Príncipes, allende de escribir cada noche lo que en el
dia pasare, y el dia lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer
carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar é tierras del
mar Océano en sus propios lugares, debajo de su viento, y más componer
un libro, y poner todo por el semejante, por pintura, por latitud del
equinoccial y longitud del Occidente, y sobre todo, cumple mucho que
yo olvide el sueño y tiente mucho el navegar porque ansí cumple, las
cuales serán gran trabajo, etc.» Todo esto es del prólogo susodicho del
libro de la primera navegacion de Cristóbal Colon á las nuestras Indias.
Y es aquí de saber, que como Cristóbal Colon fuese hombre muy prudente,
y una de las partes de la prudencia sea proveer en las cosas por venir
é inconvenientes que á los negocios pueden suceder, y presumiese que
haciendo un viaje como aquel, tan nuevo y tan dudoso, y de muchos
tenido por imposible, y que si se alongase mucho habia de tener
zozobras y angustias con la gente, acordó, por evitar estos y otros
inconvenientes, hacer dos cuentas de las leguas que andaba cada noche
y cada dia, que los marineros llaman singladuras, una de lo cierto,
que, segun su buen juicio, en la verdad tasaba, porque andarlas
estimaba contando las jornadas por leguas ó por millas, y esta cuenta
era secreta, sólo para sí, y la otra era pública, para mostrar á la
gente y conferirla con los pilotos de todos tres navíos, en la cual
ponia siempre ocho ó diez leguas ménos de lo que entendia que andaba,
porque no pareciese tan luengo el camino y que se apartaban tan léjos
de España, y así no tuviesen tanto temor como en fin mostraron tener,
y esto les causase no perder del todo de hallar tierra la esperanza;
porque en la verdad, hasta entónces, nunca se halló ni se leyó en todo
el mundo, haber alguna gente navegado ni engolfádose tan léjos de
tierra, sin la ver, por el mar Océano, y ansí parece que el primero
fué Cristóbal Colon que á esto se atreviese, con los que en este
viaje le ayudaron. Estas singladuras ó jornadas entiendo poner aquí
de cada dia y noche, brevemente, como las saqué del libro susodicho
de Cristóbal Colon en aquella su primera navegacion, el cual mostró
á los Reyes desque vino, estas Indias halladas; porné tambien lo que
cada dia le acaecia, y las señales que vian, y lo que sufria y pasaba,
y su constancia, porque creo que no será desagradable. Prosiguiendo,
pues, su viaje á las Canarias, lunes á 6 de Agosto, desencasóse ó saltó
de sus hebillas el gobernario á la carabela _Pinta_, donde iba Martin
Alonso Pinzon, y segun se sospechó, por industria de unos marineros,
Gomez Rascon y Cristóbal Quintero, cuya era la carabela, porque les
pesaba ir á aquel viaje y iban contra su voluntad; y dice Cristóbal
Colon, que ántes que partiesen habia tomado en ciertas grisquetas ó
reveses á los dichos Gomez Rascon y Cristóbal Quintero. Vídose aquí
en gran turbacion, por no poder socorrer á la dicha carabela _Pinta_
sin su propio peligro, pero que perdia alguna de la mucha pena que
tenia, por cognoscer que Martin Alonso era persona esforzada y de buen
ingenio. Remediaron como pudieron el gobernario, y despues le tornó á
faltar; llegaron en obra de siete dias á vista de Gran Canaria, en la
costa de la cual mandó quedar la carabela _Pinta_, porque hacia mucha
agua, y por esto tuvo gran necesidad de ponerla á monte en Canaria. El
Cristóbal Colon con la otra carabela fué á la Gomera, y, despues de
muchos rodeos y trabajos, tornó á Canaria al puerto de Gaudo, que es
bueno, para adobarla, donde de dia y de noche, con gran solicitud é
inestimables trabajos, la remedió, y tornóse con ella á la Gomera en 2
de Setiembre. Dice aquí Cristóbal Colon, que una noche de aquellas que
andaba cerca de Tenerife, salió tanto fuego del pico de la sierra, que,
como arriba se dijo, es una de las altas que se saben en el mundo, que
fué cosa de gran maravilla. No dejaba la gente con todos estos trabajos
é inconvenientes que se les ofrecian de murmurar y desganarse del viaje
y comenzar á tener mayores dificultades.