En el cual se contiene, como Cristóbal Colon vino á la ciudad de
Sevilla y propuso su demanda al Duque de Medina Sidonia, el cual,
puesto que muy magnánimo y que habia mostrado su generosidad en
grandes hechos, ó porque no la creyó, ó porque no la entendió no
quiso aceptarla.--Como de allí se fué al Duque de Medinaceli, que al
presente residia en el Puerto de Santa María: entendido el negocio
lo aceptó y se dispuso para favorecerlo, y sabido por la reina Doña
Isabel, mandó al Duque que no entendiese en ello que ella lo queria
hacer, etc.
Contado hemos en el capítulo precedente, como Cristóbal Colon vino á
la corte de los reyes de Castilla y propuso su descubrimiento ante
las personas reales, y las repulsas y trabajos y disfavores que allí
padeció por muchos años por defecto de no comprender la empresa
que les presentaba, ni entender la materia que se les proponia á
aquellos á quien los Reyes cometieron la informacion della; el cual,
venido á la ciudad de Sevilla, como tuviese noticia de las riquezas
y magnanimidad del duque de Medina Sidonia, D. Enrique de Guzman,
el cual por aquella causa obraba cosas egregias y de señor de gran
magnificencia, como fué proveer copiosamente por mar y por tierra al
real y cerco que los Reyes católicos tenian puesto sobre la ciudad
de Málaga, que estaba en gran necesidad de bastimentos y dineros,
y por eso se dijo ser muy mucha causa el dicho Duque de la toma de
aquella ciudad, y tambien descercó al marqués de Cáliz don Rodrigo de
Leon, el cual estaba cercado de todo el poder del rey de Granada, en
Alhama, así que propuesto su negocio Cristóbal Colon, ante el dicho
Duque, ó porque no lo creyó, ó porque no entendió la grandeza de la
demanda, ó porque como estaban ocupados todos los grandes del reino,
mayormente los de Andalucía, con el cerco de la ciudad de Granada y
hacian grandes gastos, aunque no habia en aquellos tiempos en toda
España otro señor que más rico fuese (y segun la fama publicaba, tenia
gran tesoro allegado); finalmente, pareció no atreverse á lo que tan
poca mella hiciera en sus tesoros, y tanto esclareciera el resplandor
de su magnificencia y multiplicara la grandeza de su estado. Dejado el
duque de Medina Sidonia, acordó pasarse Cristóbal Colon al duque de
Medinaceli, D. Luis de la Cerda, que á la sazon residia en su villa del
Puerto de Santa María; este señor puesto que no se le habian ofrecido
negocios en que la grandeza de su ánimo y generosidad de su sangre
pudiese haber mostrado, tenia empero valor para que ofreciéndosele
materia obrase cosas dignas de su persona. Este señor, luego que supo
que estaba en su tierra aquel de quien la fama referia ofrecerse á los
Reyes, que descubriria otros reinos y que serian señores de tantas
riquezas y cosas de inestimable valor é importancia, mandóle llamar,
y haciéndole el tratamiento, que, segun la nobleza y benignidad suya,
y la autorizada persona y graciosa presencia del Cristóbal Colon,
merecia, informóse dél muy particularizadamente, por muchos dias, de
la negociacion, y tomando gusto el generoso Duque en las pláticas que
cada dia tenia con Cristóbal Colon, y más y más se aficionando á su
prudencia y buena razon, hobo de concebir buena estima de su propósito
y viaje que deseaba hacer, y tener en poco, cualquiera suma de gastos
que por ello se aventurasen, cuanto más siendo tan poco lo que pedia.
En estos dias, sabiendo que no tenia el Cristóbal Colon para el gasto
ordinario abundancia, mandóle proveer en su casa todo lo que le fuese
necesario. Habíanle llegado hasta allí á tanto estrecho los años que
habia estado en la corte, que, segun se dijo, algunos dias se sustentó
con la industria de su buen ingenio y trabajo de sus manos, haciendo
ó pintando cartas de marear, las cuales sabia muy bien hacer, como
creo que arriba tocamos, vendiéndolas á los navegantes. Satisfecho,
pues, el magnífico y muy ilustre Duque de las razones que Cristóbal
Colon le dió, y entendida bien, aunque no cuanto era digna, la
importancia y preciosidad de la empresa que acometer disponia, teniendo
fe y esperanza del buen suceso della y prosperidad; determina de no
disputar más si saldria con ella ó no, y, magnífica y liberalmente
como si fuera para cosa cierta, manda dar todo lo que Cristóbal Colon
decia que era menester, hasta 3 ó 4.000 ducados, con que hiciese
tres navíos ó carabelas proveidas de comida para un año y para más,
y de rescates, y gente marinera, y todo lo que más pareciese que era
necesario; mandando con extrema solicitud se pusiesen los navíos, en
aquel rio del Puerto de Santa María, en astillero, sin que se alzase
manos dellos hasta acabarlos. Esto ansí mandado y comenzado, porque
más fundado y autorizado fuese su hecho, envió por licencia Real,
suplicando al Rey y á la Reina tuviesen por bien que él con su hacienda
y casa favoreciese y ayudase aquel varon tan egregio, que á hacer
tan gran hazaña y á descubrir tantos bienes y riquezas se ofrecia,
y para ello tan buenas razones daba, porque él esperaba en Dios que
todo resultaria para prosperidad destos reinos y en su Real servicio.
Pero porque la divina Providencia tenia ordenado que con la buena
fortuna de tan excelentes Reyes, y no con favor y ayuda de otros sus
inferiores, aquestas felices tierras se descubriesen, íbales quitando
los impedimentos que á favorecer esta obra en parte les estorbaban,
porque ya entónces iban al cabo de la guerra del reino de Granada, y
andaban en tratos para que los injustos poseedores moros, que tantos
años habia que usurpado y tiranizado lo tenian, se lo entregasen.
Como viesen que se les aparejaba alguna tranquilidad y reposo de tan
espesas turbaciones, solicitudes, cuidados y trabajos, como despues
que comenzaron á reinar, padecido habian, con el inestimable gozo que
de propincuo recibir esperaban de ver, como vieron, la Cruz de Nuestro
Salvador Jesucristo puesta sobre el Alhambra de Granada; oida por Sus
Altezas, mayormente y con más aficion por la serenísima y prudentísima
Doña Isabel, digna de gloriosa é inmortal memoria, la peticion del
dicho Duque, y que recogia y aplicaba para sí como una buena ventura
el cuidado de expedir é solicitar y llegar al cabo tan piadosa armada,
considerando la dicha ilustrísima Reina que podia el negocio suceder en
alguna egregia y hazañosa obra (ordenándolo Dios así, que queria que
estos reinos de tan inmensa grandeza no los hobiesen sino Reyes), por
persuasion, segun se dijo, del generoso Cardenal, D. Pero Gonzalez de
Mendoza, y tambien diz que ayudó mucho el susodicho doctísimo maestro
fray Diego de Deza, maestro del Príncipe, fraile de Santo Domingo, y
despues Arzobispo de Sevilla; mandó la Reina escribir al dicho Duque,
tenerle su propósito y deliberacion en gran servicio, y que se gozaba
mucho tener en sus reinos persona de ánimo tan generoso y de tanta
facultad, que se dispusiese á emprender obras tan heróicas (como
quizá que la grandeza y magnanimidad de los vasallos suela resultar
en gloria y autoridad de los Príncipes y señores), pero que le rogaba
él se holgase que ella misma fuese la que guiase aquella demanda,
porque su voluntad era mandar con eficacia entender en ella, y de su
Cámara real se proveyese para la expedicion semejante las necesarias
expensas, porque tal empresa como aquella no era sino para Reyes.
Por otra parte mandó despachar sus letras graciosas para Cristóbal
Colon, mandándole que luego sin dilacion, para su corte se partiese.
Mandó ansimismo y proveyó que de su Cámara real se pagase al Duque
lo que hasta entónces en los navíos y en lo demas hobiese gastado, y
mandó que aquellos mismos se acabasen, y en ellos, diz, que Cristóbal
Colon hizo su descubrimiento y camino. No se puede creer el pesar que
hobo desto el Duque, porque cuanto en ello más entendia, tanto más
le crecia la voluntad de lo proseguir, é mucho más de verlo acabado.
Pero, como sabio, desque más hacer no pudo, conformóse con la voluntad
de la Reina, creyendo tambien, como cristiano, que aquella era la
voluntad de Dios, y ansí, acordó haber en ello paciencia. Esto así,
en sustancia me contó muchos años há, en esta isla Española, un Diego
de Morales, honrada y cuerda persona, que vino á ella primero que yo,
casi de los primeros, y era sobrino de un mayordomo mayor que tenia
el Duque dicho, que creo se llamaba Romero, el cual diz que habia sido
el que primero dió relacion al Duque de lo que Colon pretendia, y fué
causa mucha que le oyese largamente y se persuadiese á aceptar lo que
ofrecia.