CAPÍTULO XXIX.

Como determinó Cristóbal Colon que su hermano Bartolomé Colon fuese

á ofrecer la empresa al rey de Inglaterra.--De las condiciones

deste Bartolomé Colon.--Como hizo ciertos versos en latin al rey

de Inglaterra y una figura.--Salió Cristóbal Colon secretamente de

Portugal, vino á la villa de Palos.--Dejó su hijo chiquito, Diego

Colon, en el monesterio de La Rábida.--Fuése á la corte.--Comenzó á

informar á personas grandes.--Fué oido de los reyes; cometieron el

negocio al Prior de Prado y á otros.--Pusieron muchos argumentos,

segun entónces podian poner, harto débiles.--No fué creido, ántes

juzgadas sus promesas por vanas é imposibles.--Asígnanse algunas

razones desto.--Padeció grandes trabajos por cinco años, y en fin fué

despedido sin nada.

Visto se ha en el capítulo precedente como Cristóbal Colon tuvo

legítima y justa causa y buena razon para dejar al rey de Portugal,

por las maneras y disimulacion que con él tuvo, lo que en los reyes

no arguye mucha y real simplicidad, de que conviene ser adornados.

Considerando que, si los reyes de Castilla no aceptasen su negociacion,

no le fuese necesario gastar mucha parte de su vida en buscar señores

que le diesen el favor y ayuda que habia menester, juntamente con

pasarse á Castilla, determinó que fuese al rey de Inglaterra, con la

misma demanda y le propusiese la misma empresa, un hermano suyo, que se

llamaba Bartolomé Colon. Este era hombre muy prudente y muy esforzado,

y más recatado y astuto, á lo que parecia, y de ménos simplicidad que

Cristóbal Colon; latino y muy entendido en todas las cosas de hombres,

señaladamente sabio y experimentado en las cosas de la mar, y creo

que no mucho ménos docto en cosmografía y lo á ella tocante, y en

hacer ó pintar cartas de navegar, y esferas y otros instrumentos de

aquella arte, que su hermano, y presumo que en algunas cosas destas

le excedia, puesto que por ventura las hobiese dél aprendido. Era mas

alto que mediano de cuerpo, tenia autorizada y honrada persona, aunque

no tanto como el Almirante. Este se partió para Inglaterra, y en el

camino quiso Dios á él tambien tentarle y ejercitarle, porque no

faltase á este tan árduo y nuevo negocio toda manera de contradiccion

porque hobo de caer en poder de ladrones corsarios de la mar, de nacion

Esterlines, no sé que nacion fueron. Esto fué causa que enfermase y

viniese á mucha pobreza, y estuviese mucho tiempo sin poder llegar á

Inglaterra, hasta tanto que quiso Dios sanarle; y reformado algo por

su industria y trabajos de sus manos, haciendo cartas de marear, llegó

á Inglaterra, y, pasados un dia y otros, hobo de alcanzar que le oyese

Enrique VII, deste nombre, al cual informó del negocio á que venia. Y

para más aficionarle á la audiencia é inteligencia dél, presentóle un

mapa-mundi que llevaba muy bien hecho, donde iban pintadas las tierras

que pensaba, con su hermano descubrir, en el cual iban unos versos en

latin, que él mismo, segun dice, habia compuesto, los cuales hallé

escriptos de muy mala é corrupta letra y sin ortografía, y parte dellos

que no pude leer; y, finalmente, más por ser de aquellos tiempos y de

tales personas y de tal materia, que por su elegancia y perfeccion

quise aquí poner:

_Terrarum quicumque cupis atque æqnoris oras

Noscere: cuncta decens hæc te pictura docebit.

Quan probat et Strabo, Ptholomeus, Plinius atque

Isidorus, non una tamen sententia queis est._

_Hic etiam nuper sulcata carinis:

Hispania Zona illa prius incognita genti

Torrida: quæ tandem nunc est notissima multis._

_Pro authore seu pictore.

Gennua cui patria est, nomen cui Bartholomeus

Columbus de terra rubea: opus edidit istud

Londonijs: anno domini millesimo quatercentessimo octiesque uno

Atque insuper anno octavo: decimaque die mensis Februarii._

_Laudes Christo cantentur abunde._

Quieren decir los primeros, para los que no entienden latin El que

quisiere saber las orillas ó riberas de la tierra y de la mar, todo

lo enseña esta presente pintura, la cual aprueban Strabon, Ptolomeo,

Plinio y Sant Isidro, aunque por diversa manera. De los versos que

se siguen, lo que contienen es: Que aquel que con navíos habia otros

tiempos arado la ribera de España, cuasi prenunciando ó profetizando

dice, que ha de hacer que la tórrida zona, que solia ser tenida por

inhabitable y por esta causa no era conocida, que, mostrando por

esperiencia el contrario, sea notísima á muchos. El autor de aquella

pintura, dice, ser de patria ginovés, y que tiene por nombre Bartolomé

Colon de Tierra Rubia, hizo la obra en Londres, año de 1488 á 10 del

mes de hebrero: alabanzas se canten á Cristo en mucha abundancia.

Recibidos, pues, por el rey de Inglaterra los versos y el mapa-mundi,

mostró desde adelante al Bartolomé Colon siempre alegre cara, y holgaba

mucho de platicar en aquella materia con él, y, finalmente, segun se

dijo, la empresa de buena voluntad aceptaba, y enviaba por el Cristóbal

Colon; el cual ya era ido á su descubrimiento y vuelto con el fruto

maravilloso de sus trabajos, segun abajo más largo, placiendo á Dios,

se verá.

Segun podemos colegir, considerando el tiempo que Cristóbal Colon

estuvo en la corte de Castilla, que fueron siete años, por alcanzar

el favor y ayuda del Rey y de la Reina, y algunas palabras de sus

cartas, en especial escritas á los dichos Reyes católicos, y otras

circunstancias, primero debia de haber salido de Portugal para

Castilla, Cristóbal Colon, que su hermano, Bartolomé Colon, para

Inglaterra. Y ansí, salió Cristóbal Colon por el año de 1484, ó

al principio del año de 85, ó, si salieron juntos, despues que se

perdió Bartolomé Colon debió de tornar á Portugal é ir el viaje que

hizo Bartolomé Diaz, Capitan, con quien descubrió el cabo de Buena

Esperanza, y tornados el año de 88, por Diciembre, á Portugal, luego

partirse para Inglaterra, y compuso los versos por Febrero del mismo

año de 88; de donde parece seguirse de necesidad que Cristóbal Colon

no se halló en el dicho descubrimiento del cabo de Buena Esperanza;

y lo que referí que hallé escrito de la mano de Bartolomé Colon,

en el libro de Pedro de Aliaco, lo dijo de sí mismo y no de su

hermano Cristóbal Colon, y ansí lo creo yo haber acaecido cierto,

por las razones dichas. Tornando al propósito de la historia, salió

Cristóbal Colon de Portugal lo más secreto que pudo, temiendo que

el Rey lo mandára detener, y ninguna duda hobiera que lo detuviera,

porque visto que habia errado el lance que se le habia ofrecido y

quisiera con cautela acertar, procuraba tornar á su gracia á Cristóbal

Colon, ó por sacarle mayores y más ciertos indicios para tornar á

enviar por sí ó sin él, ó porque de verdad queria por mano dél se

concluyese y descubriese el negocio. Pero, más prudentemente que el

Rey al principio, lo hizo él al fin, y ansí, tomando á su hijo, niño,

Diego Colon, dió consigo en la villa de Palos, donde quizá tenia

cognoscimiento con alguno de los marineros de allí, é tambien, por

ventura, con algunos religiosos de Sant Francisco, del monesterio

que se llama Santa María de la Rábida, que está fuera de la villa,

un cuarto ó algo más de legua, donde dejó encomendado á su hijo

chiquito, Diego Colon. Partióse para la corte, que á la sazon estaba

en la ciudad de Córdoba, de donde los Reyes católicos proveian en la

guerra de Granada en que andaban muy ocupados. Llegado en la corte á

20 de Enero, año de 1485, comenzó á entrar en una terrible, continua,

penosa y prolija batalla, que por ventura no le fuera áspera ni tan

horrible la de materiales y armas, cuanto la de informar á tantos que

no le entendian, aunque presumian de le entender, responder y sufrir á

muchos que no conocian ni hacian mucho caso de su persona, recibiendo

algunos baldones de palabras que le afligian el ánima. Y porque el

principio de los negocios árduos, en las córtes de los Reyes, es dar

noticia larga de lo que se pretende alcanzar á los más probados y

allegados á los Príncipes, asistentes más continuamente á las personas

reales, ó en su consejo, ó en favor, ó en privanza, por ende procuró

de hablar é informar las personas que por entónces habia en la corte

señaladas y que sentia que podian ayudar. Estas fueron, el Cardenal

don Pero Gonzalez de Mendoza, que aquellos tiempos, por su gran

virtud, prudencia, fidelidad á los Reyes, y generosidad de linaje y de

ánimo, eminencia de dignidad, era el que mucho con los Reyes privaba;

con el favor deste señor, dice la Historia portoguesa, que aceptaron

los Reyes la empresa de Cristóbal Colon; otro, el maestro del príncipe

D. Juan, fray Diego de Deza, de la Órden de Santo Domingo, que despues

fué Arzobispo de Sevilla; otro fué el Comendador mayor, Cárdenas; otro,

el Prior de Prado, fraile de Sant Jerónimo, que fué despues el primer

Arzobispo de Granada; otro fué Juan Cabrero, aragonés, camarero del

Rey, hombre de buenas entrañas, que querian mucho el Rey é la Reina.

Y en carta escrita de su mano, de Cristóbal Colon, vide que decia al

Rey que el susodicho maestro del Príncipe, Arzobispo de Sevilla, D.

Fray Diego de Deza y el dicho camarero, Juan Cabrero, habian sido causa

que los Reyes tuviesen las Indias. É muchos años ántes que lo viese yo

escrito de la letra del almirante Colon, habia oido decir, que el dicho

Arzobispo de Sevilla, por sí, y lo mismo el camarero, Juan Cabrero, se

gloriaban que habian sido la causa de que los Reyes aceptasen la dicha

empresa y descubrimiento de las Indias; debian cierto de ayudar en

ello mucho, aunque no bastaron, porque otro, á lo que parecerá, hizo

más, y este fué un Luis de Santangel, escribano de raciones, caballero

aragonés, persona muy honrada y prudente, querido de los reyes, por

quien finalmente la Reina se determinó: con este tuvo mucha plática y

conversacion, porque debiera de hallar en él buen acogimiento. Estos

todos ó algunos dellos negociaron que Cristóbal Colon fuese oido de los

Reyes y les diese noticia de lo que deseaba hacer y venia á ofrecer,

y en que queria servir á Sus Altezas; las cuales, oida y entendida su

demanda superficialmente, por las ocupaciones grandes que tenian con

la dicha guerra (porque esto es regla general, que cuando los Reyes

tienen guerra, poco entienden ni quieren entender en otras cosas),

puesto que, con benignidad y alegre rostro, acordaron de lo cometer

á letrados, para que oyesen á Cristóbal Colon mas particularmente,

y viesen la calidad del negocio y la prueba que daba, para que fuese

posible confiriesen y tratasen de ello, y despues hiciesen á Sus

Altezas plenaria relacion. Cometiéronlo, principalmente al dicho Prior

de Prado, y que él llamase las personas que le pareciese más entender

de aquella materia de cosmografía, de los cuales no sobraban muchos

en aquel tiempo en Castilla; y es cosa de maravillar cuánta era la

penuria é ignorancia que cerca desto habia entónces por toda Castilla.

Ellos juntos muchas veces, propuesta Cristóbal Colon su empresa dando

razones y autoridades para que la tuviesen por posible, aunque callando

las más urgentes porque no le acaeciese lo que con el rey de Portugal,

unos decian que cómo era posible que al cabo de tantos millares de años

como habian pasado en el mundo, no se hobiese tenido noticia destas

Indias si fuera verdad que las hobiera en el mundo, habiendo habido un

Ptolomeo y otros muchos astrólogos, cosmógrafos y sabios que alcanzáran

poco ó mucho dellas é lo dejáran por escrito, como escribieron de

otras muchas, y que afirmar aquello era querer saber ó adivinar más

que todos; otros argüian de esta manera: que el mundo era de infinita

grandeza, y por tanto no sería posible en muchos años navegando se

pudiese llegar al fin de Oriente, como Cristóbal Colon se proferia á

navegar por el Occidente. Traian estos una auctoridad de Séneca en el

lib. I, _De las suasorías_, donde dice, que muchos sabios antiguamente

dudaban si el mar Océano podia ser navegado, supuesto que era infinito,

y ya que se pudiese navegar era muy dudoso si de la otra parte hobiese

tierras, é ya que tierras hobiese si eran habitables, y ya que fuesen

habitables, si sería posible irlas á buscar y hallarlas, no advertiendo

que las palabras de Séneca las dice por vía de disputa, y puesto que

los sabios que alega Séneca tratasen dudando del fin de la India hácia

el Oriente, inferian estos sabios de nuestros tiempos, que la misma

razon era de la navegacion que Cristóbal Colon hacer ofrecia, del fin

de España hácia el Occidente.

Otros que mostraban ser mas subidos en matemática doctrina, tocando en

astrología y cosmografía, decian que desta esfera inferior de agua y

tierra, no quedó más que una muy pequeña parte descubierta, porque todo

lo demas estaba de agua cubierto, y por tanto que no se podia navegar

sino era por las riberas ó costas, como hacian los portogueses por la

Guinea; y éstos que afirmaban esto, harto pocos libros habian leido

y ménos tratado de navegaciones. Añidian más, que quien navegase por

vía derecha la vuelta del Poniente, como el Cristóbal Colon proferia,

no podria despues volver, suponiendo que el mundo era redondo y yendo

hácia el Occidente iban cuesta abajo, y, saliendo del hemisferio que

Ptolomeo escribió, á la vuelta érales necesario subir cuesta arriba,

lo que los navíos era imposible hacer: esta era gentil y profunda

razon, y señal de haber bien el negocio entendido. Otros alegaban

á Sant Agustin, el cual, como tocamos arriba, negaba que hobiese

antípodas, que son los que decimos que andan contrarios de nuestros

piés, y ansí traian por refran, «duda Sant Agustin.» No faltaba quien

traia lo de las cinco zonas, de las cuales las tres son, segun muchos,

del todo inhabitables y las dos sí, la cual fué comun opinion de los

antiguos, que al cabo supieron poco; otros traian otras razones, no

dignas de traer aquí, por ser de quienes naturalmente alcanzan tener

espíritu de contradiccion, por el cual todas las cosas, por buenas y

claras que sean, hallan inconvenientes y no les faltan razones con

que contradecir. Finalmente, aquesta materia fué por entónces una muy

grande algarabía, y puesto que Cristóbal Colon les respondia y daba

soluciones á sus argumentos, y razones con ellas con que se debieran

satisfacer, pero como para que las comprendiesen hobiera menester

Cristóbal Colon quitarles los erróneos principios primero sobre qué

fundaban su parecer, lo que siempre es más dificultoso que enseñar

la principal doctrina; como se dice de aquel Timoteo, famoso tañedor

de flautas, el cual, á quien venia á él á que lo enseñase y traia

principios enseñados por otro, llevaba precio doblado que á los que

habia de enseñar de principio, porque decia él, haber de tener con

aquel dos trabajos, el uno desenseñar lo que traian sabido, y este

decia ser el mayor, y el otro enseñarle su música y manera de tañer,

así que por esta causa pudo poco Cristóbal Colon satisfacer á aquellos

señores que habian mandado juntar los Reyes, y ansí fueron dellos

juzgadas sus promesas y ofertas por imposibles y vanas y de toda

repulsa dignas, y con esta opinion, por ellos así concebida, fueron á

los Reyes y hiciéronles relacion de lo que sentian, persuadiéndoles

que no era cosa que á la autoridad de sus personas reales convenia

ponerse á favorecer negocio tan flacamente fundado, y que tan incierto

é imposible á cualquiera persona letrado, por indocto que fuese, podia

parecer, porque perderian los dineros que en ello gastasen y derogarian

su autoridad real, sin algun fruto. Finalmente los Reyes mandaron dar

respuesta á Cristóbal Colon despidiéndole por aquella sazon, aunque

no del todo quitándole la esperanza de tornar á la materia, cuando

más desocupados Sus Altezas se viesen, lo que entónces no estaban con

los grandes negocios de la guerra de Granada, los cuales no les daban

lugar á entremeter negocios nuevos, que, el tiempo andando, se podria

ofrecer más oportuna ocasion. Hasta conseguir esta respuesta gastó

Cristóbal Colon en la corte muchos tiempos, lo uno, porque los Reyes

hacian poco asiento en un lugar con la priesa y poco reposo que traian,

proveyendo la dicha guerra; lo otro, por la ordinaria prolijidad que en

la expedicion de los negocios las cortes de los Reyes siempre tienen,

como nunca carezcan de importunas ocupaciones y tambien muchas veces

por la desidia y descuido, ó tambien más gravedad de la que mostrar

ó tener convenia, que sobra en muchos de los oficiales palatinos,

por no considerar que de una hora que por su culpa se detienen los

negociantes, han de dar estrecha cuenta ante el divinal juicio. Toda

esta dilacion no se pasaba sin grandes trabajos y angustias y amarguras

de Cristóbal Colon por algunas causas, la una, porque via que se le

pasaba la vida en valde, segun los dias que serle necesarios para

tan soberana y diuturna obra esperaba hacer; la segunda, temiendo si

quizá por sus deméritos no quisiese Dios privarle de ser medio de

tantos bienes como entendia de sus trabajos salir, lo que siempre en

cualquiera obra buena debe todo cristiano tener; la tercera, por la

falta de las cosas necesarias que en semejantes lugares, como es la

corte, suele ser más intolerable ó poco ménos que el morir; la cuarta,

y sobre todas, ver cuanto de su verdad y persona se dudaba, lo cual á

los de ánimo generoso es cierto ser, tanto como la muerte, penoso y

detestable. Parece sin duda alguna que donde tanto bien se ofrecia y

tan poco se aventuraba, porque para todos los gastos que al presente

se habian de hacer, lo que pedia no llegaba ó no pasaba de dos cuentos

de maravedís, debieran los Reyes de aceptar demanda tan subida, pues

ni pedia los dineros para sacarlos en moneda del reino, ni para él

comer ó gozar dellos, sino para emplearlos en comprar y aparejar tres

navíos y las cosas para el viaje necesarias, ni queria hacer el viaje

con otra gente que con la de Castilla; y las mercedes tan grandes,

que en remuneracion de sus servicios pedia, no eran absolutas sino

condicionales, ni luego de contado sino que pendian del cuento futuro

como las albricias penden de sí cuando las piden y prometen, dellas

mismas debieran de mover á tener en poco lo que luego se gastaba,

puesto que al cabo todo se perdiera, mayormente siendo el ofreciente

persona tan veneranda en su aspecto, tan bien hablada, cuerda y

prudente. Las razones desta inadvertencia me parece que podriamos

asignar brevemente; la una, la falta de las ciencias matemáticas, de

noticia de las historias antiguas que los que tuvieron el negocio

cometido tenian; la segunda, la estrechura de aquellos tiempos que

tambien hacia los corazones estrechos, porque como todos los Estados,

por la penuria del dinero que por aquel tiempo España padecia, tan

tasados y medidos tuviesen sus proventos y por consiguiente ó por los

casos que ocurrian de nuevo, ó por los que siempre la sublime potencia

cuanto más alta, tanto más teme que le han de sobrevenir, réglanse y

tásanse con ellos los gastos, por tanto parecia á los que debian á ello

las personas reales inducir que se perdia gran suma en aventurar cosa

tan poquita por esperanza tan grandísima, puesto que por entónces, por

la falta primero dicha, no creida. Fué la segunda causa, que negocio

tan calificado y de inestimable precio impidió que por aquel tiempo

no se concediese, conviene á saber, las grandes ocupaciones que los

Reyes, como ya se dijo, en aquellos dias y aun años con el cerco de la

gran ciudad de Granada tuvieron, porque cuando los Príncipes tienen

cuidados de guerra, ni el Rey ni el reino quietud ni sosiego tienen, y

apénas se dá lugar de entender aún en lo á la vida muy necesario, ni

otra cosa suena por los oidos de todos en las cortes sino consejos,

consultas y ayuntamientos de guerra, y este solo negocio á todos los

otros suspende y pone silencio; la tercera y mas eficaz y verdadera,

y de todas principalísima causa es, y ansí en la verdad debió de ser

la ley, conviene á saber, que Dios tiene en todo su mundo puesto, que

ningun bien en esta vida por chico que sea se puede conseguir de alguna

persona sino con gran trabajo y dificultad, para darnos á entender

la Providencia divina, que, si los bienes temporales por maravillas

sin sudores y trabajos se adquieren, no nos maravillemos si los

eternos y que no tienen defecto alguno ni ternán fin, sin angustias

y penalidades alcanzar no los pudiéremos, porque, cierto, las cosas

muy preciosas no por vil precio se pueden comprar, mayormente siempre

tuvo y tiene y terná la suso nombrada ley é divina regla su fuerza y

vigor firmísimo, en las cosas que conciernen á nuestra santa fe, como

parece en la dificultad incomparable que á los principios tuvo la

predicacion evangélica, dilatacion y fundacion de la Iglesia; lo uno,

porque nadie se glorie ni pueda presumir que sus obras, industria y

trabajos serian para ello bastantes, si la divina gracia y sumo poder

no asistiese, y como principal y universal ó primera causa no fuese

el movedor y final efectuador de la misma obra santa que conseguir el

mismo Dios pretende, por lo cual deja los negocios, que más quiere que

hayan efecto, llegar casi hasta el cabo que parece ya no tener remedio

ni quedar esperanza de verlos concluidos con próspero fin, empero

cuando no se catan los hombres, socorriendo con su favor, los concluye

y perfecciona, porque conozcan que dél sólo viene todo buen efecto y

toda perfeccion; lo otro, porque los que escoge para servirse dellos

en las tales obras ayunten mayor aumento de merecimientos; lo otro,

porque contra los negocios más aceptos á Dios y que más provechosos

son á su santa Iglesia, mayor fuerza pone para los impedir el ejército

de los infiernos conociendo que poco tiempo le quedaba ya, como se

escribe en el Apocalipsi, todo en fin, para sacar bienes de los males,

como suele permitirlo y ordenarlo la Providencia y bondad divina.

Pues como este descubrimiento fuese una de las más hazañosas obras

que Dios en el mundo determinaba hacer, pues un orbe tan grande y una

parte del universo, desto tan inferior, y la mayor parte, á lo que se

cree, de todo él, tan secreta y encubierta hasta entónces dispusiese

descubrir, donde habia de dilatar su santa Iglesia y quizá del todo

allá pasarla, y resplandecer tanto su santa fe dándose á tan infinitas

naciones á conocer, no es de maravillar que tuviese á los principios

como ha tenido tambien á los medios, como parecerá, tan innúmeros

inconvenientes y que la susodicha regla ó ley de la divina Providencia,

inviolablemente se guardase por las razones dichas en esta negociacion.

Tornando á la historia; residió Cristóbal Colon de aquella primera vez

en la corte de los reyes de Castilla, dando estas cuentas, haciendo

estas informaciones, padeciendo necesidades y no ménos hartas veces

afrentas, más de cinco años sin sacar fruto alguno; el cual no pudiendo

ya sufrir tan importuna é infructuosa dilacion, mayormente faltándole

ya las cosas para su sustentacion necesarias, perdida toda esperanza

de hallar remedio en Castilla, y con razon, acordó de desamparar la

cortesana residencia, de donde se partió, con harto desconsuelo y

tristeza, para la ciudad de Sevilla, con la intencion que luego se

dirá.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 44 / 126 题