En el cual se torna á la historia de como Cristóbal Colon deliberó de
ofrecerse á descubrir otro mundo, cuasi como certificado que lo habia
de hallar.--Ofreció al rey de Portugal primero la empresa.--Las cosas
que proponia hacer é riquezas descubrir; las mercedes que pedia por
ello.--Mofaron el Rey y sus Consejeros dél, teniendo por burla lo que
prometia; estuvo catorce años en esto con el rey de Portugal.--Por la
informacion que el Rey le oia envió una carabela secretamente, que
tornó medio perdida; sabida la burla determinó dejar á Portugal y
venir á los reyes de Castilla.--Asígnanse algunas causas, por que el
rey de Portugal dejaria de aceptar esta negociacion.
Fenecida esta, susointerpuesta, larga digresion que pareció convenir,
lo uno por dar noticia de cosas antiguas que pocos sabian, lo otro
por la declaracion de algunos errores, que, cerca del descubrimiento
y negocio destas nuestras Indias, presumieron con temeridad algunos
escribir, porque no vayan en las historias dellas fundados sobre
vanísima falsedad los leyentes, será bien tornar á proseguir nuestro
propósito, comenzando del principio donde Cristóbal Colon comenzó
á proponer su negocio en las córtes de los Reyes cristianos. Fué,
pues ansí, que concebida en su corazon certísima confianza de hallar
lo que pretendia, como si éste orbe tuviera metido en su arca, por
las razones y autoridades y por los ejemplos y experiencias suyas
y de otros, y ocasiones que Dios le ofreció (y no fué chico saber
que en sus dias se habian descubierto las islas de cabo Verde y de
los Azores, y tan gran parte de África y Etiopía, y que él habia
sido en algunos viajes dellos), supuesta la esperanza del ayuda y
divino favor, que siempre tuvo, y enderezada su intencion á que todo
lo que hiciese y descubriese resultase á honra y gloria de Dios, y
á ensalzamiento de su santa fe católica, con determinado ánimo de
ponerse á cuantos peligros y trabajos se le pudiesen ofrecer (los
cuales fueron tantos y tan continuos y tales, que ni se podrán
encarecer, ni del todo ser creidos), por descerrajar las cerraduras,
que el Océano, desde el diluvio hasta entónces, clavadas tenia, y por
su persona descubrir otro mundo, que tan encubierto en sí el mundo
escondia, y por consiguiente abrir amplísimas puertas para entrar
y dilatarse la divina doctrina, y Evangelio de Cristo; finalmente,
deliberó de buscar un Príncipe cristiano que le armase los navíos
que sintió haber menester, y proveyese de las cosas necesarias para
tal viaje, considerando que tal empresa como aquella, ni comenzarla
ni proseguirla, y ménos conservarla, por su poca facultad, él no
podia, sin que persona real y poderosa para ello le diese la mano y
pusiese en camino. Pues como por razon del domicilio y vecindad que
en el reino el de Portugal habia contraido (ya fué súbdito del Rey
de allí, lo uno; lo otro, porque el rey D. Juan de Portugal vacaba y
actualmente del todo se ocupaba en los descubrimientos de la costa de
Guinea, y tenia ansia de descubrir la India; lo tercero por hallar el
remedio de su aviamiento cerca;) propuso su negocio ante el rey de
Portugal, y lo que se ofrecia á hacer es lo siguiente: Que por la vía
del Poniente, hácia Austro ó Mediodia, descubriría grandes tierras,
islas y tierra firme, felicísimas, riquísimas de oro y plata y perlas y
piedras preciosas y gentes infinitas; y que por aquel camino entendia
topar con tierra de la India, y con la grande isla de Cipango y los
reinos del gran Khan, que quiere decir en nuestro romance Rey de los
Reyes grande. Lo que pedia para su viaje fué lo que se sigue: Lo
primero, que el Rey le armase tres carabelas bastecidas de gente y de
vituallas para un año, con las cosas demas necesarias para navegar, y
ciertas arcas de rescates, conviene á saber, mercería de Flandes como
son cascabeles, bacinetas de laton, hoja del mismo laton, sartas de
cuentas, vidrio de diversas colores, espejuelos, tiseras, cuchillos,
agujas, alfileres, camisas de lienzo, paño basto de colores, bonetejos
colorados y otras cosas semejantes, que todas son de poco precio y
valor, aunque para entre gente dellas ignorante de mucha estima. Las
mercedes que pidió para en remuneracion de sus peligros, trabajos y
servicios, estas son que aquí ponemos, en la peticion de las cuales
mostró Cristóbal Colon su gran prudencia y ser de ánimo generoso, y
no ménos la cuasi certidumbre que llevaba de hallar lo que pretendia.
Primeramente, que le honrasen armándole caballero de espuelas doradas,
y que se pudiese llamar D. Cristóbal Colon, él y sus sucesores. Lo
segundo, que le diesen título de Almirante mayor del mar Océano, con
todas las preeminencias ó prerogativas, privilegios, derechos, rentas
é inmunidades que tenian los almirantes de Castilla. Lo tercero, que
fuese su Visorey y Gobernador perpetuo de todas las islas y tierras
firmes que él descubriese, por su persona, y por su industria fuesen
descubiertas. Lo cuarto, que le diesen la décima parte de las rentas
que el Rey hobiese de todas las cosas que fuesen oro, plata, perlas,
piedras preciosas, metales, especería y de otras cualesquiera cosas
provechosas, y mercaderías de cualquiera especie, nombre y manera que
fuesen, que se comprasen, trocasen, hallasen, ganasen, dentro de los
límites de su Almirantazgo. Lo quinto, que en todos los navíos que se
armasen para el dicho trato y negociacion, cada y cuando y cuantas
veces se armasen, que pudiese Cristóbal Colon, si quisiese, contribuir
y pagar la ochava parte, y que del provecho que dello saliese llevase
tambien la ochava parte, y otras cosas que abajo parecerán. Ansí que
propuesto este árduo y grande negocio ante el rey de Portugal, y hecho
su razonamiento, dadas las razones y autoridades que le podian, para
persuadir al Rey, ayudar, dice la dicha Historia portoguesa, que porque
el Cristóbal Colon era hombre más hablador y glorioso en mostrar sus
habilidades, y más fantástico de sus imaginaciones con su isla de
Cipango, que cierto en lo que decia, dábale poco crédito: y cerca
desto, dice Cristóbal Colon en una carta al rey D. Fernando, que yo
vide escrita de su mano: «Dios nuestro Señor me envió acá, porque yo
sirviese á Vuestra Alteza, dije, que milagrosamente, por que yo fuí
al rey de Portogal, que entendia en el descubrir, más que otro, y le
tapó la vista y oido y todos los sentidos, que en catorce años no me
entendió, etc.» Estas son sus palabras. Es aquí mucho de notar que
este coronista trabaja de anichilar en cuanto puede á Cristóbal Colon
y á un negocio tan grande y señalado que ofrecia y prometia, diciendo
que era sueño y que no se fundaba por razon sino por imaginaciones, y
en el mismo lugar, que es el cap. 11 del lib. III de la primera década
de Asia, dice, contando como el Almirante Cristóbal Colon acertó, que
el rey de Portugal se angustió y entristeció en grande manera, cuando
lo vido volver, y vido los indios que traia, que no era gente negra, y
el oro y otras cosas que le mostró. Por manera que él mismo se confunde
y dá la respuesta y la pena de lo que, injusta é irrazonablemente,
abate y contradice; dice más el dicho Juan de Barros, historiador, que
á fuerza de las importunaciones de Cristóbal Colon, el rey de Portogal
cometió el negocio á D. Diego Ortiz, Obispo de Cepta (y este creo que
fué castellano, que llamaron primero el doctor Calzadilla, natural de
Calzadilla, lugar del Maestrazgo de Santiago), y á maestre Rodrigo,
y á maestre Josephe, judío, médicos y que sabian de astronomía, como
arriba en el capítulo precedente digimos, y á quien daba crédito en
las cosas de descubrimientos y de cosmografía, los cuales, dice, que
tuvieron por vanidad las palabras de Cristóbal Colon, por ser fundadas
en imaginaciones y cosas de la isla de Cipango. Todo esto dice Juan de
Barros en su Historia portoguesa, pero cierto, harto confuso parecerá
quedar cuando contáremos lo que pasó, y el rey de Portugal dijo é
hizo con la venida de Cristóbal Colon, descubiertas las Indias, como
el mismo Juan de Barros cuenta; lo que creemos que él, de industria,
calló, si lo supo, es esto: que como el rey de Portugal oyó al dicho
Cristóbal Colon, en sus razones, las derrotas, y rumbos, y caminos que
pensaba llevar, hablando dello como de cosa de que ninguna duda tenia;
el Rey, con cautela, inquiriendo y sacando de Cristóbal Colon, cada
dia, más y más, determinó, con parecer del doctor Calzadilla ó de todos
á los que habia cometido tractar desta materia, de mandar aparejar muy
secretamente una carabela, proveida de gente portoguesa, y bastimentos
y lo demas, y enviarla por el mar Océano, por los rumbos y caminos de
que habia sido informado que Cristóbal Colon entendia llevar, para que
tentasen á descubrir si pudiesen hallar algo, y así gozar de los avisos
de Cristóbal Colon, sin que bien alguno para otro saliese de sus reales
manos. Con este su propósito despachó su carabela, echando fama que
la enviaba con provisiones y socorros á los portogueses que poblaban
las islas de cabo Verde ó otras, porque todas entónces se comenzaban á
poblar, como ha parecido, y habia por aquel tiempo hartas navegaciones
á Guinea y á los Azores y á la de la Madera y Puerto Sancto, para
que no faltase fingida color, cumpliendo mañosa y disimuladamente,
dilatando la respuesta y resolucion de dia en dia, con Cristóbal Colon;
pero como por mucho que la prudencia humana quiera rodear y manejar no
pueda mudar el consejo y voluntad divina, ni estorbar que no consiga
sus efectos la sempiterna disposicion, en cuya mano están los reinos
para los distribuir á quien le place que los haya de administrar, y
tenia elegidos para este ministerio los reyes de Castilla y Leon,
ordenó que despues de haber andado muchos dias y muchas leguas por
la mar, sin hallar nada, padeciesen tan terrible tormenta y tantos
peligros y trabajos, que se hobieron de volver destrozados, desabridos
y mal contentos, maldiciendo y escarneciendo de tal viaje, afirmando
que no era posible haber tierra por aquella mar mas que la habia en el
cielo. Vuelta la carabela á Lisboa, viéndola venir maltratada, rompidas
las velas y por ventura los masteles quebrados, fruta muy comun que
reparte, cuando se altera y muestra su furia, el Océano, los hombres
tambien salir afligidos y fatigados; comienzan luego los de la tierra
á preguntar á los de la mar, de dónde venian; dello al principio, como
entre dientes, como venian desengañados dello, poco á poco á la clara,
finalmente se hubo de descubrir y venir á noticia de Cristóbal Colon
la cautela y dobladura que con él traia el rey de Portugal; por manera
que se hobo de desengañar y juntamente determinarse de dejar aquella
corte y venirse á Castilla y probar si le iba mejor que en Portugal. Y
porque convenia estar desocupado del cuidado y obligacion de la mujer,
para negocio en que Dios le habia de ocupar toda la vida, plúgole de
se la llevar, dejándole un hijo chiquito que habia por nombre Diego
Colon, que fué el primero que despues en el estado de Almirante le
sucedió. Algunas razones, aparentes al ménos, hobo para que el rey de
Portugal no aceptase la empresa que ofrecia Cristóbal Colon; una pudo
ser, estar muy gastado el rey de Portugal en sustentar la conquista
de la Berbería y las ciudades, que los Reyes, sus antecesores, habian
tomado en África, y por los descubrimientos que hacia y entendia hacer
en la costa de Guinea, y para el descubrimiento de la India; otra
parecerle que hallaria de mala gana gente de la mar que quisiese osar
ir á descubrir por el mar Océano sin ver cada dia tierra, como hasta
entónces no se osaba hombre apartar della, y desta manera se habian
descubierto tres mil leguas de costa hasta el cabo de Buena Esperanza,
como se ha visto, lo cual era horrible y espantoso á todos en aquel
tiempo, digo navegar ó engolfarse sin ver cada dia tierra; otra,
parecer al rey de Portugal ser grave cosa pedir Cristóbal Colon tan
grandes mercedes, tanta dignidad y preeminencias: y si por esta causa
lo dejara gentil consideracion, fuera rehusar de dar las albricias,
por grandes que se pidieran, siendo dellas mismas, y de un millon y
millones de oro, dar una blanca vieja sin ser cosa suya, ni le deber
nada el que se lo prometia; ó pudo ser la cuarta, porque como via el
rey de Portugal sucederle cada dia mejor su descubrimiento de Guinea,
y esperaba dar en la India, y creia en esto ser aventajado Rey en
toda la cristiandad, y que ninguno se osaba poner en ocupacion de
descubrimiento, y por consiguiente que él y su reino estaban cerca de
señorear toda esta mar grande, y que si algo más en ella habia cuasi
guardado se lo tenian, tuvo en poco, ó mostró al ménos tener, todo lo
que Cristóbal Colon le ofreció que descubriria. Pero más con verdad
podemos decir lo que ya digimos, conviene á saber, tener ordenado la
Providencia divina de elegir los portogueses para que fuesen medio
para la salvacion de los que, de la que llamaban India, habian por la
predestinacion divina de ser salvos, y á los castellanos, destas gentes
de este orbe, constituir por ministros mediante la luz Evangélica,
traerlos y guiarlos en el camino de la verdad. Y plega á la bondad
divina que los unos y los otros conozcamos el misterio y ministerio
tan soberano para que nos escogió, y la merced incomparable que en
escogernos para ello nos hizo, para que correspondiendo con usura
la que él quiere del talento y don recibido, salgamos seguros de la
estrecha cuenta que dello le habemos de dar, oyendo lo que á aquel buen
siervo fué dicho. «Allégate acá siervo fiel, que pues en lo poco fiel
estuviste, razon será que te remunere con mucho; entra en los gozos de
tu señor.»