CAPÍTULO XXVIII.

En el cual se torna á la historia de como Cristóbal Colon deliberó de

ofrecerse á descubrir otro mundo, cuasi como certificado que lo habia

de hallar.--Ofreció al rey de Portugal primero la empresa.--Las cosas

que proponia hacer é riquezas descubrir; las mercedes que pedia por

ello.--Mofaron el Rey y sus Consejeros dél, teniendo por burla lo que

prometia; estuvo catorce años en esto con el rey de Portugal.--Por la

informacion que el Rey le oia envió una carabela secretamente, que

tornó medio perdida; sabida la burla determinó dejar á Portugal y

venir á los reyes de Castilla.--Asígnanse algunas causas, por que el

rey de Portugal dejaria de aceptar esta negociacion.

Fenecida esta, susointerpuesta, larga digresion que pareció convenir,

lo uno por dar noticia de cosas antiguas que pocos sabian, lo otro

por la declaracion de algunos errores, que, cerca del descubrimiento

y negocio destas nuestras Indias, presumieron con temeridad algunos

escribir, porque no vayan en las historias dellas fundados sobre

vanísima falsedad los leyentes, será bien tornar á proseguir nuestro

propósito, comenzando del principio donde Cristóbal Colon comenzó

á proponer su negocio en las córtes de los Reyes cristianos. Fué,

pues ansí, que concebida en su corazon certísima confianza de hallar

lo que pretendia, como si éste orbe tuviera metido en su arca, por

las razones y autoridades y por los ejemplos y experiencias suyas

y de otros, y ocasiones que Dios le ofreció (y no fué chico saber

que en sus dias se habian descubierto las islas de cabo Verde y de

los Azores, y tan gran parte de África y Etiopía, y que él habia

sido en algunos viajes dellos), supuesta la esperanza del ayuda y

divino favor, que siempre tuvo, y enderezada su intencion á que todo

lo que hiciese y descubriese resultase á honra y gloria de Dios, y

á ensalzamiento de su santa fe católica, con determinado ánimo de

ponerse á cuantos peligros y trabajos se le pudiesen ofrecer (los

cuales fueron tantos y tan continuos y tales, que ni se podrán

encarecer, ni del todo ser creidos), por descerrajar las cerraduras,

que el Océano, desde el diluvio hasta entónces, clavadas tenia, y por

su persona descubrir otro mundo, que tan encubierto en sí el mundo

escondia, y por consiguiente abrir amplísimas puertas para entrar

y dilatarse la divina doctrina, y Evangelio de Cristo; finalmente,

deliberó de buscar un Príncipe cristiano que le armase los navíos

que sintió haber menester, y proveyese de las cosas necesarias para

tal viaje, considerando que tal empresa como aquella, ni comenzarla

ni proseguirla, y ménos conservarla, por su poca facultad, él no

podia, sin que persona real y poderosa para ello le diese la mano y

pusiese en camino. Pues como por razon del domicilio y vecindad que

en el reino el de Portugal habia contraido (ya fué súbdito del Rey

de allí, lo uno; lo otro, porque el rey D. Juan de Portugal vacaba y

actualmente del todo se ocupaba en los descubrimientos de la costa de

Guinea, y tenia ansia de descubrir la India; lo tercero por hallar el

remedio de su aviamiento cerca;) propuso su negocio ante el rey de

Portugal, y lo que se ofrecia á hacer es lo siguiente: Que por la vía

del Poniente, hácia Austro ó Mediodia, descubriría grandes tierras,

islas y tierra firme, felicísimas, riquísimas de oro y plata y perlas y

piedras preciosas y gentes infinitas; y que por aquel camino entendia

topar con tierra de la India, y con la grande isla de Cipango y los

reinos del gran Khan, que quiere decir en nuestro romance Rey de los

Reyes grande. Lo que pedia para su viaje fué lo que se sigue: Lo

primero, que el Rey le armase tres carabelas bastecidas de gente y de

vituallas para un año, con las cosas demas necesarias para navegar, y

ciertas arcas de rescates, conviene á saber, mercería de Flandes como

son cascabeles, bacinetas de laton, hoja del mismo laton, sartas de

cuentas, vidrio de diversas colores, espejuelos, tiseras, cuchillos,

agujas, alfileres, camisas de lienzo, paño basto de colores, bonetejos

colorados y otras cosas semejantes, que todas son de poco precio y

valor, aunque para entre gente dellas ignorante de mucha estima. Las

mercedes que pidió para en remuneracion de sus peligros, trabajos y

servicios, estas son que aquí ponemos, en la peticion de las cuales

mostró Cristóbal Colon su gran prudencia y ser de ánimo generoso, y

no ménos la cuasi certidumbre que llevaba de hallar lo que pretendia.

Primeramente, que le honrasen armándole caballero de espuelas doradas,

y que se pudiese llamar D. Cristóbal Colon, él y sus sucesores. Lo

segundo, que le diesen título de Almirante mayor del mar Océano, con

todas las preeminencias ó prerogativas, privilegios, derechos, rentas

é inmunidades que tenian los almirantes de Castilla. Lo tercero, que

fuese su Visorey y Gobernador perpetuo de todas las islas y tierras

firmes que él descubriese, por su persona, y por su industria fuesen

descubiertas. Lo cuarto, que le diesen la décima parte de las rentas

que el Rey hobiese de todas las cosas que fuesen oro, plata, perlas,

piedras preciosas, metales, especería y de otras cualesquiera cosas

provechosas, y mercaderías de cualquiera especie, nombre y manera que

fuesen, que se comprasen, trocasen, hallasen, ganasen, dentro de los

límites de su Almirantazgo. Lo quinto, que en todos los navíos que se

armasen para el dicho trato y negociacion, cada y cuando y cuantas

veces se armasen, que pudiese Cristóbal Colon, si quisiese, contribuir

y pagar la ochava parte, y que del provecho que dello saliese llevase

tambien la ochava parte, y otras cosas que abajo parecerán. Ansí que

propuesto este árduo y grande negocio ante el rey de Portugal, y hecho

su razonamiento, dadas las razones y autoridades que le podian, para

persuadir al Rey, ayudar, dice la dicha Historia portoguesa, que porque

el Cristóbal Colon era hombre más hablador y glorioso en mostrar sus

habilidades, y más fantástico de sus imaginaciones con su isla de

Cipango, que cierto en lo que decia, dábale poco crédito: y cerca

desto, dice Cristóbal Colon en una carta al rey D. Fernando, que yo

vide escrita de su mano: «Dios nuestro Señor me envió acá, porque yo

sirviese á Vuestra Alteza, dije, que milagrosamente, por que yo fuí

al rey de Portogal, que entendia en el descubrir, más que otro, y le

tapó la vista y oido y todos los sentidos, que en catorce años no me

entendió, etc.» Estas son sus palabras. Es aquí mucho de notar que

este coronista trabaja de anichilar en cuanto puede á Cristóbal Colon

y á un negocio tan grande y señalado que ofrecia y prometia, diciendo

que era sueño y que no se fundaba por razon sino por imaginaciones, y

en el mismo lugar, que es el cap. 11 del lib. III de la primera década

de Asia, dice, contando como el Almirante Cristóbal Colon acertó, que

el rey de Portugal se angustió y entristeció en grande manera, cuando

lo vido volver, y vido los indios que traia, que no era gente negra, y

el oro y otras cosas que le mostró. Por manera que él mismo se confunde

y dá la respuesta y la pena de lo que, injusta é irrazonablemente,

abate y contradice; dice más el dicho Juan de Barros, historiador, que

á fuerza de las importunaciones de Cristóbal Colon, el rey de Portogal

cometió el negocio á D. Diego Ortiz, Obispo de Cepta (y este creo que

fué castellano, que llamaron primero el doctor Calzadilla, natural de

Calzadilla, lugar del Maestrazgo de Santiago), y á maestre Rodrigo,

y á maestre Josephe, judío, médicos y que sabian de astronomía, como

arriba en el capítulo precedente digimos, y á quien daba crédito en

las cosas de descubrimientos y de cosmografía, los cuales, dice, que

tuvieron por vanidad las palabras de Cristóbal Colon, por ser fundadas

en imaginaciones y cosas de la isla de Cipango. Todo esto dice Juan de

Barros en su Historia portoguesa, pero cierto, harto confuso parecerá

quedar cuando contáremos lo que pasó, y el rey de Portugal dijo é

hizo con la venida de Cristóbal Colon, descubiertas las Indias, como

el mismo Juan de Barros cuenta; lo que creemos que él, de industria,

calló, si lo supo, es esto: que como el rey de Portugal oyó al dicho

Cristóbal Colon, en sus razones, las derrotas, y rumbos, y caminos que

pensaba llevar, hablando dello como de cosa de que ninguna duda tenia;

el Rey, con cautela, inquiriendo y sacando de Cristóbal Colon, cada

dia, más y más, determinó, con parecer del doctor Calzadilla ó de todos

á los que habia cometido tractar desta materia, de mandar aparejar muy

secretamente una carabela, proveida de gente portoguesa, y bastimentos

y lo demas, y enviarla por el mar Océano, por los rumbos y caminos de

que habia sido informado que Cristóbal Colon entendia llevar, para que

tentasen á descubrir si pudiesen hallar algo, y así gozar de los avisos

de Cristóbal Colon, sin que bien alguno para otro saliese de sus reales

manos. Con este su propósito despachó su carabela, echando fama que

la enviaba con provisiones y socorros á los portogueses que poblaban

las islas de cabo Verde ó otras, porque todas entónces se comenzaban á

poblar, como ha parecido, y habia por aquel tiempo hartas navegaciones

á Guinea y á los Azores y á la de la Madera y Puerto Sancto, para

que no faltase fingida color, cumpliendo mañosa y disimuladamente,

dilatando la respuesta y resolucion de dia en dia, con Cristóbal Colon;

pero como por mucho que la prudencia humana quiera rodear y manejar no

pueda mudar el consejo y voluntad divina, ni estorbar que no consiga

sus efectos la sempiterna disposicion, en cuya mano están los reinos

para los distribuir á quien le place que los haya de administrar, y

tenia elegidos para este ministerio los reyes de Castilla y Leon,

ordenó que despues de haber andado muchos dias y muchas leguas por

la mar, sin hallar nada, padeciesen tan terrible tormenta y tantos

peligros y trabajos, que se hobieron de volver destrozados, desabridos

y mal contentos, maldiciendo y escarneciendo de tal viaje, afirmando

que no era posible haber tierra por aquella mar mas que la habia en el

cielo. Vuelta la carabela á Lisboa, viéndola venir maltratada, rompidas

las velas y por ventura los masteles quebrados, fruta muy comun que

reparte, cuando se altera y muestra su furia, el Océano, los hombres

tambien salir afligidos y fatigados; comienzan luego los de la tierra

á preguntar á los de la mar, de dónde venian; dello al principio, como

entre dientes, como venian desengañados dello, poco á poco á la clara,

finalmente se hubo de descubrir y venir á noticia de Cristóbal Colon

la cautela y dobladura que con él traia el rey de Portugal; por manera

que se hobo de desengañar y juntamente determinarse de dejar aquella

corte y venirse á Castilla y probar si le iba mejor que en Portugal. Y

porque convenia estar desocupado del cuidado y obligacion de la mujer,

para negocio en que Dios le habia de ocupar toda la vida, plúgole de

se la llevar, dejándole un hijo chiquito que habia por nombre Diego

Colon, que fué el primero que despues en el estado de Almirante le

sucedió. Algunas razones, aparentes al ménos, hobo para que el rey de

Portugal no aceptase la empresa que ofrecia Cristóbal Colon; una pudo

ser, estar muy gastado el rey de Portugal en sustentar la conquista

de la Berbería y las ciudades, que los Reyes, sus antecesores, habian

tomado en África, y por los descubrimientos que hacia y entendia hacer

en la costa de Guinea, y para el descubrimiento de la India; otra

parecerle que hallaria de mala gana gente de la mar que quisiese osar

ir á descubrir por el mar Océano sin ver cada dia tierra, como hasta

entónces no se osaba hombre apartar della, y desta manera se habian

descubierto tres mil leguas de costa hasta el cabo de Buena Esperanza,

como se ha visto, lo cual era horrible y espantoso á todos en aquel

tiempo, digo navegar ó engolfarse sin ver cada dia tierra; otra,

parecer al rey de Portugal ser grave cosa pedir Cristóbal Colon tan

grandes mercedes, tanta dignidad y preeminencias: y si por esta causa

lo dejara gentil consideracion, fuera rehusar de dar las albricias,

por grandes que se pidieran, siendo dellas mismas, y de un millon y

millones de oro, dar una blanca vieja sin ser cosa suya, ni le deber

nada el que se lo prometia; ó pudo ser la cuarta, porque como via el

rey de Portugal sucederle cada dia mejor su descubrimiento de Guinea,

y esperaba dar en la India, y creia en esto ser aventajado Rey en

toda la cristiandad, y que ninguno se osaba poner en ocupacion de

descubrimiento, y por consiguiente que él y su reino estaban cerca de

señorear toda esta mar grande, y que si algo más en ella habia cuasi

guardado se lo tenian, tuvo en poco, ó mostró al ménos tener, todo lo

que Cristóbal Colon le ofreció que descubriria. Pero más con verdad

podemos decir lo que ya digimos, conviene á saber, tener ordenado la

Providencia divina de elegir los portogueses para que fuesen medio

para la salvacion de los que, de la que llamaban India, habian por la

predestinacion divina de ser salvos, y á los castellanos, destas gentes

de este orbe, constituir por ministros mediante la luz Evangélica,

traerlos y guiarlos en el camino de la verdad. Y plega á la bondad

divina que los unos y los otros conozcamos el misterio y ministerio

tan soberano para que nos escogió, y la merced incomparable que en

escogernos para ello nos hizo, para que correspondiendo con usura

la que él quiere del talento y don recibido, salgamos seguros de la

estrecha cuenta que dello le habemos de dar, oyendo lo que á aquel buen

siervo fué dicho. «Allégate acá siervo fiel, que pues en lo poco fiel

estuviste, razon será que te remunere con mucho; entra en los gozos de

tu señor.»

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 43 / 126 题