Cuanto á lo quo toca decir de las costumbres, y condiciones, y ritos
de los Canarios, segun refiere la dicha Historia portoguesa, en todas
las susodichas islas habria hasta trece ó catorce mil hombres de pelea,
y bien podemos creer que habria por todos, chicos y grandes, cerca
de cien mil ánimas. Los moradores y naturales de Gran Canaria tenian
dos hombres principales que los gobernaban; á uno llamaban Rey é á
otro Duque. Traia el Rey un ramo de palma en la mano por insignia y
corona real. Para el regimiento y gobernacion de la tierra elegíanse
ciento y noventa hombres, y cuando alguno dellos moria eligíase otro,
del linaje de aquellos que gobernaban, que entrase en su lugar. Estos
enseñaban al pueblo lo que habian de creer y obrar cerca de su religion
y de las cosas que tocaban á la conversacion de los otros hombres, y
ninguna cosa les era lícito creer ni hacer, más ni ménos de lo que
aquellos ciento y noventa les notificaban, que debian obrar y creer:
tenian cognoscimiento de un Dios y Criador de todas las cosas, el cual
daba galardon á los buenos y pena á los malos, y en esto concordaban
todos los de aquellas islas, puesto que en los ritos y cerimonias
discordaban. Las mujeres no podian casarse sin que primero les hiciese
dueñas uno de aquellos ciento y noventa que los gobernaban, y para
presentarlas habian de venir muy gordas y cebadas de leche con que las
engordaban, y si no venian gordas ó venian flacas, decíanlas que se
tornasen, por que no estaban para casar por tener el vientre estrecho
para concebir y criar hijos grandes; por manera que no tenian por
aptas para ser casadas á todas las que tenian la barriga chica. Y por
ventura, esta costumbre tuvo su orígen de cierta gente de los Penos,
que son, ó eran naturales de Etiopía, donde habia este uso, que las
vírgenes ó doncellas, que se habian de casar, se presentaban al Rey
para que la que le plugiese, primero que el esposo que la habia de
haber, la hiciese dueña; y desto puede haberse argumento, porque, no
de otra parte sino de la de África que se poblasen estas islas, pues
están tan cerca, es de creer. Andaban en cueros vivos, pero tapaban
las partes vergonzosas con unas hojas de palmas teñidas de diversos
colores; rapábanse las barbas con unas piedras agudas; hierro no
tenian, y si algun clavo ó otra cosa de hierro podian haber, teníanlo
en mucho y hacian anzuelos dél; oro, ni plata, ni otro metal, no lo
querian y si algo habian, luégo lo hacian instrumentos para obrar algun
artificio de lo que les eran menester. Trigo y cebada tenian en grande
abundancia, pero faltábales industria para amasar pan, y por esto la
harina comian cocida con carne ó con manteca de los ganados. Tenian
hatos de ganados, especialmente cabras y ovejas en abundante copia.
Estimaban por cosa fea ó injuriosa desollar los ganados, por lo cual,
para este oficio de carnicero ponian los esclavos que prendian en las
guerras, y, cuando estos faltaban, escogian y forzaban los hombres mas
viles del pueblo que lo hiciesen; los cuales vivian apartados, que no
comunicaban con la otra gente del pueblo. Las madres no criaban los
hijos de buena gana, sino hacian que mamasen las tetas de las cabras
y cuasi todos eran así criados. Peleaban con piedras y con unos palos
cortos y usaban de mucha industria en el pelear, y esfuerzo. Los que
vivian en la isla de la Gomera, en algunos ritos y costumbres con los
dichos se conformaban, pero diferian en otros; su comer era comunmente
leche, hierbas y raíces de juncos, y culebras, ratones y lagartos. Las
mujeres les eran cuasi comunes, y cuando unos á otros se visitaban,
por hacer fiesta á los visitantes, ofrecíanles sus mujeres de buena
gana los visitados. De aquella comunion tan franca y voluntaria,
procedió ley y costumbre entre ellos, que no heredaban los hijos sino
los sobrinos, hijos de las hermanas. Todo su tiempo expendian en
cantar y en bailar, y en uso de las mujeres, y esto tenian por su
bienaventuranza. Los de la isla de Tenerife tenian, de mantenimiento
de trigo y de cebada y de muchas otras legumbres, y de ganados grandes
hatos, de cuyas pieles se vestian, asáz abundancia. Estas gentes se
distinguian en ocho ó nueve linajes ó bandos; cada uno tenia su propio
Rey, é, muerto aquel, elegian otro. Al tiempo que querian enterrar
el Rey muerto, habíalo de llevar á cuestas el mas honrado del pueblo
y enterrarlo, y, puesto en la sepultura, todos á una decian á voces,
«¡véte á la salvacion!» Tenian mujeres propias; todo su ejercicio era
en bandos, y por esta causa eran muy guerreros, más que los de las
otras islas, y ansimismo vivian por mas razon en todas las cosas. Los
de la isla de la Palma serian hasta quinientos hombres, ménos políticos
y razonables que los de las otras, puesto que conformaban con algunos
en las costumbres; su comida era hierba y leche y miel; hicieron
muchos saltos, como arriba se dijo, en esta isla, y prendieron muchos
captivos que vendieron por esclavos los portogueses[20]. El Petrarca,
que como se dijo en el cap. 17, hace mencion destas Canarias, en el
lib. II, cap. 3.º _De vita solitaria_, escribió, que la gente dellas
era poco ménos que bestias y que vivian más por instinto de natura
que por razon, y vivian en soledades por los montes con sus ganados;
bien parece que algunos autores, aunque tienen autoridad y crédito en
lo principal que escriben, si hablan en lo que han oido por relacion,
yerran en la sustancia de la verdad: no parece que los Canarios era
gente tan bestial como habia oido el Petrarca, y lo que cerca dellos y
de sus costumbres dicen los historiadores portogueses parece deberse
creer, pues los portogueses al principio los comunicaron. Alonso de
Palencia, coronista, en el fin de su Universal Vocabulario, en latin
y en romance, hace mencion, que escribió las costumbres y falsas
religiones maravillosas de los Canarios, pero no parece que han salido
á luz estas obras suyas que allí menciona. Y lo dicho baste cuanto á
las islas de Canaria.