CAPÍTULO XX.

Habiendo tratado en los capítulos precedentes del descubrimiento de las

islas de Canaria y de sus principios, en estos dos siguientes, será

bien decir algo brevemente del cielo y suelo, y bondad de la tierra y

de las condiciones, manera de vivir, é religion alguna, de la gente,

natural dellas. Cuanto á lo primero, estas islas son siete, aunque la

Historia portoguesa susodicha, dice que eran doce; son, Lanzarote,

Fuerte Ventura, Gran Canaria, Tenerife, que llamaban los portogueses,

la isla del Infierno, porque salía, y sale hoy algunas veces, por el

pico de una sierra altísima que tiene, algun fuego: esta sierra, se

cree ser de las más altas que se hayan visto en el mundo. La otra es

la isla de la Gomera, la sexta la isla de la Palma, y la séptima y mas

occidental, es la isla del Hierro; esta no tiene agua de rio, ni de

fuente, ni pozos, ni llovediza de que la gente ni ganados se sustenten,

sino por un admirable secreto de naturaleza, y aun por mejor decir

es un milagro patente, porqué causa natural no parece que se pueda

asignar desto, está siempre todo el año proveida divinalmente de agua

muy buena, que sustenta en abundancia los hombres y las bestias. Está

una nubecita siempre encima y sobre un árbol, cuando está junto con

el árbol, parece estar algo alta del árbol, cuando se desvian, parece

que está junto dél y casi todo lleno de niebla. El árbol tiene de

grueso más de tres cuerpos de hombres, tiene muchos brazos y ramas muy

gruesas extendidas; las hojas parecen algo á la hechura del laurel ó

del naranjo; ocupará con su sombra más de ciento y cincuenta pasos en

torno; no parece á árbol alguno de los de España. En lo que responde

del suelo, á cada brazo y rama de árbol tienen hechas sangraderas

corrientes, que van todas á dar á un estanque ó alberca, ó balsa

hecha por industria humana que está en medio y en circuito del árbol.

Aquella nubecita hace sudar y gotear todas las hojas y ramas del árbol,

toda la noche y el dia, más á las mañanas y á las tardes, algo ménos á

medio dia, cuando se alza el sol; llueve á sus tiempos en esta isla,

y para recoger esta agua llovediza tienen los vecinos hechas algunas

lagunillas en muchas partes de la isla, donde se recogen las lluvias,

y desto beben mucha parte del año hombres y ganados, y cuando se les

acaba el agua llovediza tienen recurso al agua del estanque que ha

goteado del árbol, sin la cual no podrian vivir, ni los hombres ni las

bestias; entónces dan á cada vecino por medida tantas cargas ó cántaros

de agua conforme á la gente y ganados que tiene y há menester. Cabrán

en el estanque ó alberca mas de mil pipas que serán veinticinco ó

treinta mil cántaras de agua; es agua dulcisima toda la que gotea del

árbol. Está allí una casa, en la cual vive un hombre que es guarda del

estanque, porque se pone en la guarda de aquel agua mucho recaudo. Las

islas demás, tienen su agua de arroyos y fuentes la que han menester,

no sólo para beber, pero para los ingenios de azúcar que los vecinos

españoles allí tienen, que no son muchos, y no los hay en todas ellas.

El cielo y suelo dellas es favorable, templado, alegre, fértil y ameno;

no hace frio ni calor demasiado, sino fresco en todo el año, y para

quien otras mejores tierras no ha visto, serán muy agradable y suave

la vivienda dellas. Están todas entre 28° hasta 29°, desta parte de la

equinoccial, sola la del Hierro está en 27°. Están casi en una renglera

todas del Oriente al Poniente, que dicen los marineros leste queste;

distan las dos primeras, Lanzarote y Fuerte Ventura, de la tierra

firme africana, obra de quince ó veinte leguas, y de la punta ó cabo

que antiguamente llamaron del Boxador, de que abajo se hará mencion,

está Fuerte Ventura quince leguas. Del cielo y suelo destas islas de

Canaria, y de sus prósperas calidades ó condiciones, hobo gran fama y

fueron en grande manera celebradas, loadas y encarecidas en los pasados

antiquísimos tiempos. Lo que se refiere dellas será bien aquí decirlo.

Dellas cuenta Sant Isidro, libro XIV, cap. 6.º _De las Ethimologias_,

que de su propia naturaleza producen los frutos muy preciosos; las

montañas y alturas dellas eran vestidas y adornadas de vides, debian de

ser monteses, que en latin se llaman _labruscas_. El trigo y la cebada

y otras muchas especies de hortalizas y verduras, que los hombres

suelen comer, habia tantas como suelen estar llenos los campos de

hierba. Plutarco en la vida de Sertorio, como arriba se dijo, refiere

más á la larga las cualidades y felicidad destas islas, de las cuales

dieron nuevas unos marineros que topó Sertorio casi á la boca del rio

de Sevilla, y dellas dice ansí Plutarco: _Gades transvectus extremam

Iberiæ oram tenuit haud multum super Betidis fluvii ostia, qui Atlanti

cum intrans mare nomen circumiacenti Iberiæ, tradit. Hoc in loco nautæ

quidam Sertorio obviam, fiunt, tunc forte redeuntes ex Atlanticis

insulis, quas Beatas vocant. Duæ quidem hæ sunt parvo inter se divisæ

mari, decem millibus stadiorum à Lybia distantes. Imbres illis rari

mediocresque. Venti autem plurimum suaves ac roriferi solum vero pingüe

nec arari modo plantarive facile, sed etiam ex se absque ullo humano

studio fructum producit, dulcem quidem et otiosam multitudinem nutrire

sufficientem. Aer sincerus ac temperatus et mediocri mutatione per

tempora contentus; nam qui à terra perflant venti Boreasque et Aquilo

propter longinquitatem, vasta et inania incidentes spatia, fatigantur

et deficiunt prius quam ad eas insulas pervenerint; qui vero à mari

perflant argeste et zephiri refrigerantes raros quidem et temperatos

imbres ex pelago afferunt. Plurima vero per humiditatem æris cum summa

facilitate nutriunt, ut etiam apud barbaros increbuerit fides: ibi

Elisios Campos et beatorum domicilia ab Homero decantata. Hæc igitur

cum audisset Sertorius mirabilis cum cupido cœpit insulas eas adire

incolereque et illic quiete vivere, sine Magistratibus et bellorum

curis. Cujus animum cum intuerentur Cilices, homines nequaquam pacis

aut quietis, sed rapinarum avidi, statim in Lybiam navigarunt_,

etc. Quiere decir, hablando de las dos destas islas, que debian ser

Lanzarote y Fuerte Ventura, porque, como dije, son las más propincuas

á Libia, que es la tierra firme de África, que están quince ó veinte

leguas, que hacen los diez mil estadios que dice Plutarco, poco más

ó ménos, porque cada estadio tiene ciento y veinticinco pasos; por

manera, que no supieron ni tuvieron noticia de las otras cinco, que

son, las más dellas, mejores. Las lluvias, dice Plutarco, en ellas

raras y moderadas; los vientos muy suaves, y que causaban en las

noches rocío; el suelo grueso y de su natura fértil y aparejado para

no sólo ser arado y cultivado, plantado y sembrado, pero que producia

de sí mismo sin alguna humana industria frutos dulces y para mantener

multitud de hombres ociosos, y que no quieran trabajar, bastantes. El

aire purísimo y templado y que en todo el año casi era de una manera

sin haber diferencia, con poca mudanza, porque los vientos que venian

de sobre la tierra de hácia Francia ó Flandes, que son el Norte y sus

colaterales, por la distancia de donde nacian y pasaban por la mar,

vacua de tierras, cuando llegaban en las Canarias, ya venian cansados

y apurados, y ansí eran templados y sanos; los que hácia el mar Océano

ventaban, como eran los que llaman argeste y cephiro, y sus colaterales

que son occidentales, refrescando las islas causaban y traian consigo

aguas y lluvias templadas, y por la humedad de estos aires con suma

facilidad criaban muchas cosas. De oir tanta fertilidad y felicidad de

estas islas, los bárbaros concibieron y tuvieron por probable opinion,

que aquellas islas de Canarias eran los Campos Elíseos, en que el poeta

Homero afirmaba estar constituidas las moradas y Paraiso, que despues

de esta vida se daban á los bienaventurados. Por esta razon se solian

llamar por los antiguos, las dichas islas de Canaria, Bienaventuradas,

ó, segun Sant Isidro y Ptolemeo y otros muchos antiguos filósofos

y cosmógrafos é históricos, las Fortunadas, cuasi llenas de todos

los bienes, dichosas, felices, y bienaventuradas por la multitud de

los frutos y abundancia de las cosas para sustentacion, consuelo y

recreacion de la vida humana.

Es aquí de saber que fué una opinion muy celebrada entre los antiguos

filósofos que creian la inmortalidad del ánima, que, despues de esta

vida, las ánimas de los que virtuosamente habian vivido en este mundo,

tenian sus moradas aparejadas en unos campos fertilísimos y amenísimos

donde todas las riquezas y bienes poseian en abundancia, carecientes

de toda otra cosa que fuese á su voluntad contraria; y segun Gregorio

Nazianzeno en la 8.ª oracion fúnebre sobre la muerte de Sant Basilio,

esta opinion tomaron los filósofos griegos de los libros de Moises,

como nosotros el Paraiso, puesto que con diversos nombres, errando,

lo mostrasen; estos llamó aquel ilustre y celebratísimo poeta Homero,

en el libro que intituló _Odissea_, donde tracta de Ulise, lib. IV

de aquella obra, los Campos Elíseos, que quiere decir moradas de los

justos y píos, y estos decian que eran los prados donde se criaba la

hierba _asphodelo_, por sus grandes virtudes y efectos medicinales,

de los antiguos celebratísima, que tambien nombraban _Heroyon_, cuasi

divina, consagrada, segun los Griegos, á los dioses infernales y á la

diosa Proserpina; y á ésta, con la diosa Diana, en la isla de Rodas,

coronaban por grande excelencia, segun refiere Rodigino en el lib.

VII, cap. 8.º de las «Lecciones antiguas.» Desta preciada hierba

_asphodelo_, quien quisiere ver las propiedades, lea, en el lib. XXII,

cap. 22, de la «Natural Historia», á Plinio. Á estos Campos Elíseos

introduce Homero, en el libro arriba dicho, haber vaticinado Proteo,

dios de la mar, hijo de Océano y Thetios, que era adivino, que habia de

ir á gozar Menelao, rey de Esparta, ciudad de la provincia de Laconia,

de la region de Acaya, marido de Elena, por la cual se destruyó

Troya. Destos campos y prados de deleites, fingian los poetas, ó los

creian ser dignos, Minos, rey de Creta, y Rhadamantus, rey de Licia,

por el celo insigne y grande que tuvieron con efecto de la ejecucion

de la justicia; por la misma causa los fingieron tambien haber sido

constituidos jueces de los infiernos, y que viesen la punicion de los

dañados. Estos Campos Elíseos, asignaba Homero estar en España, por las

riquezas de los metales, fertilidad, grosedad y opulencia de la tierra,

de la cual, admirándose Posidonio, (histórico, que escribió despues

de Polibio en tiempo de Estrabon), decia, que en los soterráneos de

España moraba, no el infierno, sino el Pluton mismo, conviene á saber,

el dios de la opulencia y riquezas. Ansí lo refiere Rodriginio Lelio,

en el lib. XVIII, cap. 22, de las «Lecciones antiguas.» Los versos de

Homero son estos:

_Non Menalae tibi concessum numine divum,

Argos apud vitæ supremam claudere lucem,

sed te cœlestes ubi conspicitur Rodamantus

Elisium in campum ducem ad ultima terræ.

Hic homini facilem victum fert optima tellus,

non nivis aut hiemis, tempestas ulla nec imbres,

sed zephiri semper spirantes leniter auras,

Oceanus mittens florentia corpora reddit_, etc.

Lo último de la tierra, dice por España, porque en aquellos tiempos

así se tenia, excepto la isla de Thule. Allí, Homero dice, provee á

los hombres fácilmente de comida la muy buena tierra; no hay nieve,

ni invierno, ni tempestad, ni lluvias demasiadas, sino vientos

occidentales, blandos y suaves que produce de sí el mar Océano y hace

los cuerpos florecer y sanos, etc. Más largo recita las calidades

de los Campos Elíseos, Xenócrates, discípulo de Platon, refiriendo

á Gobrías, persiano, suegro de Darío, ántes que fuese Darío rey, el

conjuro con Darío, segun cuenta Herodoto al principio de su lib. VII.

Este Gobrías, siendo Gobernador ó guarda de la isla Delos, en tiempo

de Xerges, halló escritas unas tablas de metal, el cual, conviene á

saber, Xenócrates, dice así: _Ubi ver quidem assiduum variis omnis

generisque fructibus viget, ibidem que læti frontes præmittentibus

undis blanditer obmurmurant, et prata virentibus herbis, variis

depicta coloribus. Neque desunt philosophantium cœtus, poetarumque

et musarum cori, suavissimè concinentes. Jocunda et grata convivia;

tum potantium venusti ac hilares cœtus, lætitia vero inviolabilis et

vitæ suavitas maxima. Necnon frigoris illic aut æstus nimium, sed cœli

perfectio, salubritate aeris et calore solis omnia æque amena atque

temperata. Et hæc est beatorum sedes, ubi expiatis animis semper

misteria celebrantur_, etc. Quiere decir, que en los Campos Elíseos

siempre es verano; hay todo género de frutas, las fuentes alegres

que manan bullendo con suave y blando sonido; los prados de verdes

y hierbas pintados con varios colores; allí hay ayuntamientos de

filósofos, coros de poetas y sciencias que cantan suavísimos cantos;

allí alegres y agradables convites, hermoso regocijo con gracia de

los que beben, inviolable y perpétua alegría, suavidad de la vida muy

grande; no hay frio ni estío demasiado, sino perfeccion y templanza del

cielo, porque la igualdad del aire y del calor del sol, todas las cosas

templa y amenas hace. Estas son las moradas y sillas de los justos y

bienaventurados, donde, con los ánimos limpios, los divinos misterios

siempre son celebrados. Virgilio tambien toca de estos Campos en el 6.º

de las _Eneidas_:

_Hic locus est parteis ubi se via findit in ambas:

dextera quæ ditis magni sub mœnia tendit,

hic iter Elisium nobis, ac læva malorum

exercet pœnas, et ad impia Tartara mittit._

Poco les faltaba á estos filósofos de referir las cosas del cielo y

verdaderas moradas de los justos, si alcanzáran por la fe los secretos

de la bienaventuranza. De maravillar y de loar es justamente, que,

por razon natural, gente sin gracia y sin fe, cognosciesen, que á los

que virtuosamente viviesen y en esta vida se guiasen por razon, se

les daba en la otra, como á los malos pena (segun Virgilio allí, é

prosigue Gobrías), perpetuo galardon. Y lo que más es de considerar,

que alcanzasen que la principal parte de su premio consistiese con

los ánimos ocuparse en la divina contemplacion. En el Evangelio, dijo

Cristo nuestro Redentor: «Bienaventurados los limpios de corazon,

porque serán dispuestos y aptos para contemplar á Dios.» Desta doctrina

de los filósofos, se derivó por todos los hombres aquella fama y

opinion de los Campos Elíseos ó moradas de los bienaventurados, donde

iban las ánimas despues que deste mundo salian; puesto que entre

muchas naciones solamente tuviesen que las ánimas iban despues de

muertos los hombres á parar en aquellos Campos, sin hacer diferencia

de malos á buenos, ó de buenos á malos. Esta opinion tienen hoy los

moros y turcos, creyendo que á los que guardasen la ley de Mahoma,

se les ha de dar un paraíso de deleites, tierra amenísima de aguas

dulces, so cielo puro y templado, lleno de todos manjares que desearse

pueden, siendo servidos con vasos de plata y oro, en los de oro

leche y en los de plata vino rubio; los ángeles los han de servir de

ministros ó coperos; los vestidos de seda y púrpura, y de las doncellas

hermosísimas, cuantas y cuales quisieren, y de todas las cosas otras

que podrian desear, conforme á su voluntad, cumplidamente. Pero mucho

discrepan de la limpieza de corazon y aptitud para los ejercicios

espirituales y contemplacion que los susodichos filósofos, arriba,

de los Campos Elíseos entendieron. Y mejor y más propincuos andaban

destos Campos Elíseos los indios, de quien determinamos principalmente

hablar en esta Corónica, como aparecerá, si Dios diere favor y tiempo,

adelante.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 35 / 126 题