Habiendo tratado en los capítulos precedentes del descubrimiento de las
islas de Canaria y de sus principios, en estos dos siguientes, será
bien decir algo brevemente del cielo y suelo, y bondad de la tierra y
de las condiciones, manera de vivir, é religion alguna, de la gente,
natural dellas. Cuanto á lo primero, estas islas son siete, aunque la
Historia portoguesa susodicha, dice que eran doce; son, Lanzarote,
Fuerte Ventura, Gran Canaria, Tenerife, que llamaban los portogueses,
la isla del Infierno, porque salía, y sale hoy algunas veces, por el
pico de una sierra altísima que tiene, algun fuego: esta sierra, se
cree ser de las más altas que se hayan visto en el mundo. La otra es
la isla de la Gomera, la sexta la isla de la Palma, y la séptima y mas
occidental, es la isla del Hierro; esta no tiene agua de rio, ni de
fuente, ni pozos, ni llovediza de que la gente ni ganados se sustenten,
sino por un admirable secreto de naturaleza, y aun por mejor decir
es un milagro patente, porqué causa natural no parece que se pueda
asignar desto, está siempre todo el año proveida divinalmente de agua
muy buena, que sustenta en abundancia los hombres y las bestias. Está
una nubecita siempre encima y sobre un árbol, cuando está junto con
el árbol, parece estar algo alta del árbol, cuando se desvian, parece
que está junto dél y casi todo lleno de niebla. El árbol tiene de
grueso más de tres cuerpos de hombres, tiene muchos brazos y ramas muy
gruesas extendidas; las hojas parecen algo á la hechura del laurel ó
del naranjo; ocupará con su sombra más de ciento y cincuenta pasos en
torno; no parece á árbol alguno de los de España. En lo que responde
del suelo, á cada brazo y rama de árbol tienen hechas sangraderas
corrientes, que van todas á dar á un estanque ó alberca, ó balsa
hecha por industria humana que está en medio y en circuito del árbol.
Aquella nubecita hace sudar y gotear todas las hojas y ramas del árbol,
toda la noche y el dia, más á las mañanas y á las tardes, algo ménos á
medio dia, cuando se alza el sol; llueve á sus tiempos en esta isla,
y para recoger esta agua llovediza tienen los vecinos hechas algunas
lagunillas en muchas partes de la isla, donde se recogen las lluvias,
y desto beben mucha parte del año hombres y ganados, y cuando se les
acaba el agua llovediza tienen recurso al agua del estanque que ha
goteado del árbol, sin la cual no podrian vivir, ni los hombres ni las
bestias; entónces dan á cada vecino por medida tantas cargas ó cántaros
de agua conforme á la gente y ganados que tiene y há menester. Cabrán
en el estanque ó alberca mas de mil pipas que serán veinticinco ó
treinta mil cántaras de agua; es agua dulcisima toda la que gotea del
árbol. Está allí una casa, en la cual vive un hombre que es guarda del
estanque, porque se pone en la guarda de aquel agua mucho recaudo. Las
islas demás, tienen su agua de arroyos y fuentes la que han menester,
no sólo para beber, pero para los ingenios de azúcar que los vecinos
españoles allí tienen, que no son muchos, y no los hay en todas ellas.
El cielo y suelo dellas es favorable, templado, alegre, fértil y ameno;
no hace frio ni calor demasiado, sino fresco en todo el año, y para
quien otras mejores tierras no ha visto, serán muy agradable y suave
la vivienda dellas. Están todas entre 28° hasta 29°, desta parte de la
equinoccial, sola la del Hierro está en 27°. Están casi en una renglera
todas del Oriente al Poniente, que dicen los marineros leste queste;
distan las dos primeras, Lanzarote y Fuerte Ventura, de la tierra
firme africana, obra de quince ó veinte leguas, y de la punta ó cabo
que antiguamente llamaron del Boxador, de que abajo se hará mencion,
está Fuerte Ventura quince leguas. Del cielo y suelo destas islas de
Canaria, y de sus prósperas calidades ó condiciones, hobo gran fama y
fueron en grande manera celebradas, loadas y encarecidas en los pasados
antiquísimos tiempos. Lo que se refiere dellas será bien aquí decirlo.
Dellas cuenta Sant Isidro, libro XIV, cap. 6.º _De las Ethimologias_,
que de su propia naturaleza producen los frutos muy preciosos; las
montañas y alturas dellas eran vestidas y adornadas de vides, debian de
ser monteses, que en latin se llaman _labruscas_. El trigo y la cebada
y otras muchas especies de hortalizas y verduras, que los hombres
suelen comer, habia tantas como suelen estar llenos los campos de
hierba. Plutarco en la vida de Sertorio, como arriba se dijo, refiere
más á la larga las cualidades y felicidad destas islas, de las cuales
dieron nuevas unos marineros que topó Sertorio casi á la boca del rio
de Sevilla, y dellas dice ansí Plutarco: _Gades transvectus extremam
Iberiæ oram tenuit haud multum super Betidis fluvii ostia, qui Atlanti
cum intrans mare nomen circumiacenti Iberiæ, tradit. Hoc in loco nautæ
quidam Sertorio obviam, fiunt, tunc forte redeuntes ex Atlanticis
insulis, quas Beatas vocant. Duæ quidem hæ sunt parvo inter se divisæ
mari, decem millibus stadiorum à Lybia distantes. Imbres illis rari
mediocresque. Venti autem plurimum suaves ac roriferi solum vero pingüe
nec arari modo plantarive facile, sed etiam ex se absque ullo humano
studio fructum producit, dulcem quidem et otiosam multitudinem nutrire
sufficientem. Aer sincerus ac temperatus et mediocri mutatione per
tempora contentus; nam qui à terra perflant venti Boreasque et Aquilo
propter longinquitatem, vasta et inania incidentes spatia, fatigantur
et deficiunt prius quam ad eas insulas pervenerint; qui vero à mari
perflant argeste et zephiri refrigerantes raros quidem et temperatos
imbres ex pelago afferunt. Plurima vero per humiditatem æris cum summa
facilitate nutriunt, ut etiam apud barbaros increbuerit fides: ibi
Elisios Campos et beatorum domicilia ab Homero decantata. Hæc igitur
cum audisset Sertorius mirabilis cum cupido cœpit insulas eas adire
incolereque et illic quiete vivere, sine Magistratibus et bellorum
curis. Cujus animum cum intuerentur Cilices, homines nequaquam pacis
aut quietis, sed rapinarum avidi, statim in Lybiam navigarunt_,
etc. Quiere decir, hablando de las dos destas islas, que debian ser
Lanzarote y Fuerte Ventura, porque, como dije, son las más propincuas
á Libia, que es la tierra firme de África, que están quince ó veinte
leguas, que hacen los diez mil estadios que dice Plutarco, poco más
ó ménos, porque cada estadio tiene ciento y veinticinco pasos; por
manera, que no supieron ni tuvieron noticia de las otras cinco, que
son, las más dellas, mejores. Las lluvias, dice Plutarco, en ellas
raras y moderadas; los vientos muy suaves, y que causaban en las
noches rocío; el suelo grueso y de su natura fértil y aparejado para
no sólo ser arado y cultivado, plantado y sembrado, pero que producia
de sí mismo sin alguna humana industria frutos dulces y para mantener
multitud de hombres ociosos, y que no quieran trabajar, bastantes. El
aire purísimo y templado y que en todo el año casi era de una manera
sin haber diferencia, con poca mudanza, porque los vientos que venian
de sobre la tierra de hácia Francia ó Flandes, que son el Norte y sus
colaterales, por la distancia de donde nacian y pasaban por la mar,
vacua de tierras, cuando llegaban en las Canarias, ya venian cansados
y apurados, y ansí eran templados y sanos; los que hácia el mar Océano
ventaban, como eran los que llaman argeste y cephiro, y sus colaterales
que son occidentales, refrescando las islas causaban y traian consigo
aguas y lluvias templadas, y por la humedad de estos aires con suma
facilidad criaban muchas cosas. De oir tanta fertilidad y felicidad de
estas islas, los bárbaros concibieron y tuvieron por probable opinion,
que aquellas islas de Canarias eran los Campos Elíseos, en que el poeta
Homero afirmaba estar constituidas las moradas y Paraiso, que despues
de esta vida se daban á los bienaventurados. Por esta razon se solian
llamar por los antiguos, las dichas islas de Canaria, Bienaventuradas,
ó, segun Sant Isidro y Ptolemeo y otros muchos antiguos filósofos
y cosmógrafos é históricos, las Fortunadas, cuasi llenas de todos
los bienes, dichosas, felices, y bienaventuradas por la multitud de
los frutos y abundancia de las cosas para sustentacion, consuelo y
recreacion de la vida humana.
Es aquí de saber que fué una opinion muy celebrada entre los antiguos
filósofos que creian la inmortalidad del ánima, que, despues de esta
vida, las ánimas de los que virtuosamente habian vivido en este mundo,
tenian sus moradas aparejadas en unos campos fertilísimos y amenísimos
donde todas las riquezas y bienes poseian en abundancia, carecientes
de toda otra cosa que fuese á su voluntad contraria; y segun Gregorio
Nazianzeno en la 8.ª oracion fúnebre sobre la muerte de Sant Basilio,
esta opinion tomaron los filósofos griegos de los libros de Moises,
como nosotros el Paraiso, puesto que con diversos nombres, errando,
lo mostrasen; estos llamó aquel ilustre y celebratísimo poeta Homero,
en el libro que intituló _Odissea_, donde tracta de Ulise, lib. IV
de aquella obra, los Campos Elíseos, que quiere decir moradas de los
justos y píos, y estos decian que eran los prados donde se criaba la
hierba _asphodelo_, por sus grandes virtudes y efectos medicinales,
de los antiguos celebratísima, que tambien nombraban _Heroyon_, cuasi
divina, consagrada, segun los Griegos, á los dioses infernales y á la
diosa Proserpina; y á ésta, con la diosa Diana, en la isla de Rodas,
coronaban por grande excelencia, segun refiere Rodigino en el lib.
VII, cap. 8.º de las «Lecciones antiguas.» Desta preciada hierba
_asphodelo_, quien quisiere ver las propiedades, lea, en el lib. XXII,
cap. 22, de la «Natural Historia», á Plinio. Á estos Campos Elíseos
introduce Homero, en el libro arriba dicho, haber vaticinado Proteo,
dios de la mar, hijo de Océano y Thetios, que era adivino, que habia de
ir á gozar Menelao, rey de Esparta, ciudad de la provincia de Laconia,
de la region de Acaya, marido de Elena, por la cual se destruyó
Troya. Destos campos y prados de deleites, fingian los poetas, ó los
creian ser dignos, Minos, rey de Creta, y Rhadamantus, rey de Licia,
por el celo insigne y grande que tuvieron con efecto de la ejecucion
de la justicia; por la misma causa los fingieron tambien haber sido
constituidos jueces de los infiernos, y que viesen la punicion de los
dañados. Estos Campos Elíseos, asignaba Homero estar en España, por las
riquezas de los metales, fertilidad, grosedad y opulencia de la tierra,
de la cual, admirándose Posidonio, (histórico, que escribió despues
de Polibio en tiempo de Estrabon), decia, que en los soterráneos de
España moraba, no el infierno, sino el Pluton mismo, conviene á saber,
el dios de la opulencia y riquezas. Ansí lo refiere Rodriginio Lelio,
en el lib. XVIII, cap. 22, de las «Lecciones antiguas.» Los versos de
Homero son estos:
_Non Menalae tibi concessum numine divum,
Argos apud vitæ supremam claudere lucem,
sed te cœlestes ubi conspicitur Rodamantus
Elisium in campum ducem ad ultima terræ.
Hic homini facilem victum fert optima tellus,
non nivis aut hiemis, tempestas ulla nec imbres,
sed zephiri semper spirantes leniter auras,
Oceanus mittens florentia corpora reddit_, etc.
Lo último de la tierra, dice por España, porque en aquellos tiempos
así se tenia, excepto la isla de Thule. Allí, Homero dice, provee á
los hombres fácilmente de comida la muy buena tierra; no hay nieve,
ni invierno, ni tempestad, ni lluvias demasiadas, sino vientos
occidentales, blandos y suaves que produce de sí el mar Océano y hace
los cuerpos florecer y sanos, etc. Más largo recita las calidades
de los Campos Elíseos, Xenócrates, discípulo de Platon, refiriendo
á Gobrías, persiano, suegro de Darío, ántes que fuese Darío rey, el
conjuro con Darío, segun cuenta Herodoto al principio de su lib. VII.
Este Gobrías, siendo Gobernador ó guarda de la isla Delos, en tiempo
de Xerges, halló escritas unas tablas de metal, el cual, conviene á
saber, Xenócrates, dice así: _Ubi ver quidem assiduum variis omnis
generisque fructibus viget, ibidem que læti frontes præmittentibus
undis blanditer obmurmurant, et prata virentibus herbis, variis
depicta coloribus. Neque desunt philosophantium cœtus, poetarumque
et musarum cori, suavissimè concinentes. Jocunda et grata convivia;
tum potantium venusti ac hilares cœtus, lætitia vero inviolabilis et
vitæ suavitas maxima. Necnon frigoris illic aut æstus nimium, sed cœli
perfectio, salubritate aeris et calore solis omnia æque amena atque
temperata. Et hæc est beatorum sedes, ubi expiatis animis semper
misteria celebrantur_, etc. Quiere decir, que en los Campos Elíseos
siempre es verano; hay todo género de frutas, las fuentes alegres
que manan bullendo con suave y blando sonido; los prados de verdes
y hierbas pintados con varios colores; allí hay ayuntamientos de
filósofos, coros de poetas y sciencias que cantan suavísimos cantos;
allí alegres y agradables convites, hermoso regocijo con gracia de
los que beben, inviolable y perpétua alegría, suavidad de la vida muy
grande; no hay frio ni estío demasiado, sino perfeccion y templanza del
cielo, porque la igualdad del aire y del calor del sol, todas las cosas
templa y amenas hace. Estas son las moradas y sillas de los justos y
bienaventurados, donde, con los ánimos limpios, los divinos misterios
siempre son celebrados. Virgilio tambien toca de estos Campos en el 6.º
de las _Eneidas_:
_Hic locus est parteis ubi se via findit in ambas:
dextera quæ ditis magni sub mœnia tendit,
hic iter Elisium nobis, ac læva malorum
exercet pœnas, et ad impia Tartara mittit._
Poco les faltaba á estos filósofos de referir las cosas del cielo y
verdaderas moradas de los justos, si alcanzáran por la fe los secretos
de la bienaventuranza. De maravillar y de loar es justamente, que,
por razon natural, gente sin gracia y sin fe, cognosciesen, que á los
que virtuosamente viviesen y en esta vida se guiasen por razon, se
les daba en la otra, como á los malos pena (segun Virgilio allí, é
prosigue Gobrías), perpetuo galardon. Y lo que más es de considerar,
que alcanzasen que la principal parte de su premio consistiese con
los ánimos ocuparse en la divina contemplacion. En el Evangelio, dijo
Cristo nuestro Redentor: «Bienaventurados los limpios de corazon,
porque serán dispuestos y aptos para contemplar á Dios.» Desta doctrina
de los filósofos, se derivó por todos los hombres aquella fama y
opinion de los Campos Elíseos ó moradas de los bienaventurados, donde
iban las ánimas despues que deste mundo salian; puesto que entre
muchas naciones solamente tuviesen que las ánimas iban despues de
muertos los hombres á parar en aquellos Campos, sin hacer diferencia
de malos á buenos, ó de buenos á malos. Esta opinion tienen hoy los
moros y turcos, creyendo que á los que guardasen la ley de Mahoma,
se les ha de dar un paraíso de deleites, tierra amenísima de aguas
dulces, so cielo puro y templado, lleno de todos manjares que desearse
pueden, siendo servidos con vasos de plata y oro, en los de oro
leche y en los de plata vino rubio; los ángeles los han de servir de
ministros ó coperos; los vestidos de seda y púrpura, y de las doncellas
hermosísimas, cuantas y cuales quisieren, y de todas las cosas otras
que podrian desear, conforme á su voluntad, cumplidamente. Pero mucho
discrepan de la limpieza de corazon y aptitud para los ejercicios
espirituales y contemplacion que los susodichos filósofos, arriba,
de los Campos Elíseos entendieron. Y mejor y más propincuos andaban
destos Campos Elíseos los indios, de quien determinamos principalmente
hablar en esta Corónica, como aparecerá, si Dios diere favor y tiempo,
adelante.