CAPÍTULO XIX.

Por esta carta ó cartas del rey D. Juan, parecerá bien la gana que

el Infante y Rey de Portugal tenian de haber las islas de Canaria, y

tambien los demasiados descomedimientos, agravios, robos y violencias

y tiranías, que hacian á los castellanos, ansí los que no tenian que

hacer en las dichas islas, como á los que en ellas vivian, y á ellas

iban; tambien parece la modestia grande, y comedimientos virtuosos

y reales, que el rey de Castilla, con el rey de Portugal y con el

Infante su tio y con todo su reino, hizo. Bien es de creer que si tan

presto no sobreviniera la muerte al rey D. Juan de Castilla, porque

no vivió despues de firmada esta carta sino tres meses justos, sin un

dia más ni ménos (porque murió á veinte y un dias de Julio, víspera

de la Magdalena, del mismo año de mil y cuatrocientos y cincuenta y

cuatro), que hobiera grandes pendencias entre Castilla y Portugal

sobre el señorío de las dichas islas; pero muerto el rey D. Juan de

Castilla, como sucedió el rey D. Enrique IV, deste nombre, su hijo, y

tuvo tantas inquietudes y fatigas en estos reinos, y despues casarse

con la reina Doña Juana, hija del rey Duarte de Portugal, hermana del

rey D. Alonso, á la cual trajo á Castilla D. Martin de Taide, Conde

de Tauguía, en remuneracion del servicio que le hizo en traerle la

Reina, le hizo merced y donacion (segun dice la Historia portoguesa)

de las dichas islas, y ansí parece que por aquellos tiempos no hobo

lugar de reñir los reyes sobre el señorío y posesion dellas. Dice más,

la Historia portoguesa, que el dicho Conde de Tauguía las vendió al

Marqués don Pedro de Meneses, el primero, segun dice, deste nombre, y

el Marqués al infante D. Pedro, hermano del mismo rey D. Alonso, y el

Infante envió á Diego de Silva, que despues fué Conde de Portalagre,

para que conquistase algunos rebeldes dellas, segun el historiador

dice. En medio de este tiempo, añide Juan de Barros, pasó á Portogal

un caballero castellano, que se llamaba Fernan Peraza, y pidió al rey

don Alonso y al infante D. Pedro, su hermano, que tuviese por bien

de mandarle restituir las dichas islas que eran suyas, porque él las

habia comprado de otro caballero, vecino de la ciudad de Sevilla, que

habia por nombre Guillen de las Casas, el cual las habia comprado de D.

Enrique de Guzman, conde de Niebla en quien Maciot Betancor las habia

traspasado por vía de donacion, con poder de su tio Juan de Betancor;

de lo cual presentó suficientes y auténticas escrituras y provisiones

de los reyes de Castilla, en confirmacion de los dichos traspasos

y compras, é por estas escrituras y por otras razones, el Rey y el

Infante cognoscieron que el dicho Hernan Peraza tenia justicia, y ansí

abrieron mano dellas. Despues de la muerte del dicho Hernan Peraza,

heredólas una hija suya, Doña Ines Peraza, que casó con un caballero

llamado García de Herrera; éste hobo, entre otros hijos della, á una

Doña María de Ayala, que casó con Diego de Silva, siendo Gobernador y

conquistador en ellas por el Infante. Y porque la isla de la Gomera

y la del Hierro fueron estatuidas por mayorazgo, en el cual sucedió

Guillen Peraza, hijo de la dicha señora Doña Inés Peraza, el cual,

despues fué Conde dellas, y yo fuí el primero que le dí las nuevas de

su título y le llamé señoría; quedaron las islas de Lanzarote y la de

Fuerte Ventura con D. Juan de Silva, segundo Conde de Portalegre, por

parte de su madre la Condesa, hija de la dicha Doña Inés Peraza. Aquí

parece que pone aquesta Historia de Juan de Barros, portogués, dos

cosas contrarias que parece no poderse compadecer. La una es, que dijo

arriba que el Maciot Betancor traspasó ó vendió las dichas islas ó la

hacienda que allí tenia al Infante D. Enrique, y aquí, más abajo, en

el mismo capítulo, refiere que el Maciot Betancor mismo las traspasó

con poder de su tio Juan de Betancor, en el conde D. Juan, conde de

Niebla; y no hace mencion desta contradiccion, ó porque no advirtió en

ella, ó porque no curó de ponerla. Despues, finalmente, en las paces

que se celebraron entre los Reyes Católicos de Castilla D. Hernando y

Doña Isabel, sobre las guerras que tuvieron con el dicho rey D. Alonso

de Portogal, que pretendió reinar en Castilla y fué desbaratado en la

batalla de Toro el año de mil y cuatrocientos é setenta y dos años,

primero dia de Marzo, entre los capítulos de la paz, quedaron del

todo declaradas las dichas islas de Canaria ser del señorío supremo

de Castilla, y la conquista del reino de Granada, que pretendia

tambien Portogal, y con los reinos de Portogal, la del reino de Fez

y de Guinea; la cual Guinea parece que tenian los Reyes de Castilla,

segun afirma el rey D. Juan en la susodicha carta; y, segun he sido

certificado, en las paces dichas, no quedó el comercio de Guinea con

Portogal, sino por vida del rey D. Alonso y del rey D. Juan, su hijo. Y

ansí parece cuantas veces anduvieron de mano en mano las cuatro islas

dichas, puesto que el señorío supremo siempre fué de Castilla, el cual

mucho trabajaban de usurpar los de Portogal.

Mucho discrepa de la Historia de Juan de Barros, portuguesa, lo que

parece claro ser verdad por la carta susodicha del rey D. Juan, y

tambien por lo que cuenta la historia deste Rey, la cual, dice el dicho

coronista portogués, que lleva otro camino en el descubrimiento de las

dichas islas, por atribuir, segun él finje, á la Corona de Castilla,

ó porque quizá, dice él, no tuvo noticia de las cosas; pero cierto,

más debia tener el coronista que escribió la dicha Corónica del rey

don Juan, pues se halló presente aquel tiempo, que no Juan de Barros

que escribió, atinando, cien años ó cerca dellos despues; y por la

misma relacion que él hace en su Historia, paréceme, si bien se mira,

muchas cosas que averiguan lo que el rey D. Juan dice en su carta, y

no contradicen con las de la dicha Historia del rey D. Juan, ántes

concuerdan con ellas, aunque Juan de Barros hermosea y dora lo que

parece ser en alguna y aún en mucha nota del Infante don Enrique, y en

derogacion de su generosidad. Lo que dice la Historia del rey D. Juan

cerca destas islas, es lo siguiente: «Que en el año de la Natividad

del Señor de 1417, vino á Castilla Mosen Rubim de Bracamonte, que fué

Almirante de Francia, y suplicó á la reina Doña Catalina, madre del

rey D. Juan II, que entónces gobernaba el reino con su gran prudencia,

porque el Rey era niño y estaba en tutorías de la Reina, su madre, y

del Infante D. Hernando, su tio, aunque ya era Rey de Aragon, y pidióle

que le hiciese merced de la conquista de las islas de Canaria, para

un pariente suyo, que se llamaba Mosen Juan de Betancor, el cual para

venir en aquella conquista habia empeñado al dicho Mosen Rubim, su

tio, una villa suya por cierta suma de coronas: á la Reina plugo de

le dar la conquista con título del Rey. El cual Mosen Juan, partió

de Sevilla con ciertos navíos cargados, é anduvo las islas, y halló

que eran cinco. Á la una decian la isla del Hierro, é á la otra de la

Palma, é á otra del Infierno, é á la otra de Lanzarote, é á otra de

Gran Canaria, y comenzó su conquista en la isla del Hierro é ganóla,

é ansimismo la de la Palma y del Infierno, é comenzó á conquistar la

Gran Canaria, é no la pudo haber, porque habia en ella más de 10.000

hombres de pelea; é trajo destas islas muchos captivos que vendió en

Castilla y en Portogal, é aún llevó algunos á Francia. Este hizo en

la isla de Lanzarote un castillo muy fuerte aunque era de piedra seca

y de barro, y desde aquel castillo él señoreaba las islas que ganó y

desde allí enviaba en Sevilla muchos cueros, y sebo, y esclavos, de

que hobo mucho dinero; é allí estuvo hasta que murió, é quedó en su

lugar un caballero, su pariente, llamado Mosen Menaute. El Papa Martin,

cuando dió el obispado de Canaria á un fraile, llamado fray Mendo, el

cual le proveyó de ornamentos, cálices y cruces, y las cosas necesarias

para decir misa, é desque los Canarios comenzaron á haber conversacion

con los cristianos, convirtiéronse algunos dellos á nuestra fe, é

hobo contienda entre el dicho fray Mendo, Obispo de Canaria, é Mosen

Menaute, diciendo el Obispo, que despues de cristianos algunos de los

Canarios, los enviaba á Sevilla é los vendia; é el Obispo de Canaria

invió á decir al Rey, que aquellas islas se le darian, con tanto que

el dicho Mosen Menaute fuese echado dellas, porque no lo querian tener

por señor. Con estas cartas llegó al rey D. Juan de Castilla un hermano

del Obispo de Canaria, y el Rey é la Reina mandaron que se viese en

Consejo, donde se acordó que Pero Barba de Campos fuese con tres naos

de armada, é con poder del Rey é de la Reina, para tomar las dichas

islas. El cual fué á Canaria é hobo gran debate entre Mosen Menaute é

Pero Barba; los cuales se hobieron de concertar, que el dicho Mosen

Menaute le vendiese las islas, lo cual se hizo con consentimiento de la

Reina. Despues Pero Barba las vendió á un caballero de Sevilla, que se

llamaba Hernan Peraza.»

Todo esto hasta aquí cuenta la Historia del rey D. Juan II de Castilla,

lib.[18], cap.[19]. Cosas ocurren aquí de considerar. La primera, como

difieren las corónicas de Castilla y Portugal en lo que toca á estas

islas, segun por ambas relaciones parece. Mucho parece haber callado

Juan de Barros en la dicha corónica portoguesa, ó porque no lo supo, ó

porque decir no lo quiso, y segun me han avisado personas de calidad y

crédito, portoguesas, aficionadamente se ha el dicho Juan de Barros en

lo que escribe.

Lo segundo, tambien se ha de notar aquí, que la Corónica del rey

D. Juan no pone los principios todos y comienzos de la venida del

primer Betancor á Castilla, con la demanda de las dichas islas, ni de

la primera entrada de los españoles y otra nacion con ellos que, á

conquistarlas, ó á fatigarlas y á guerrearlas, fueron. Esto parece,

porque la primera venida del primer Betancor fué en tiempo del rey D.

Enrique III, padre del dicho rey D. Juan, como en la susoreferida carta

testifica. Es luego de afirmar, que esto que cuenta la Corónica del D.

Juan, de la venida de los Betancores en el año de 1417, que el Rey era

de once ó doce años, no debia ser la primera, sino en proseguimiento de

la primera, y por dar más calor á lo comenzado, debia venir el Mosen

Rubin de Bracamonte con su sobrino Mosen Juan de Betancor á suplicar

á la Reina le favoreciese de nuevo, y por ventura, como ya debia de

traer dineros para se rehacer, y creia ser en el negocio prosperado,

le pidió la dignidad ó título de Rey; pero esto no entendiendo yo con

qué auctoridad la Reina ni el Rey lo pudiesen hacer. La primera venida,

y muchas cosas que en ella y por ella en los principios debieron de

acaecer, se debieron escribir en la «Historia del rey D. Enrique III,»

padre del dicho rey D. Juan, y desta no parecen sino ciertos cuadernos,

los cuales yo tengo, y en ellos, porque es poca escriptura, no pudo

estar el negocio destas islas en ellos.

Lo tercero es bien pasar por la consideracion ¿qué causa legítima ó qué

justicia tuvieron estos Betancores de ir á inquietar, guerrear, matar

y hacer esclavos á aquellos Canarios, estando en sus tierras seguros

y pacíficos, sin ir á Francia ni venir á Castilla ni á otra parte á

molestar ni hacer injuria, violencia ni daño alguno á viviente persona

del mundo? ¿qué ley natural ó divina ó humana hobo entónces ni hay

hoy en el mundo, por cuya auctoridad pudiesen aquellos hacer tantos

males á aquellas inocentes gentes? Y puesto que alegaba el Obispo de

Canaria, que despues de cristianos los hacian esclavos y ansí era malo,

harto poca lumbre tenia el Obispo sino sentia y entendia y sabia, ser

inícuo, perverso y tiránico y detestable por toda ley y razon, y aún

quizá, y sin quizá, mayor y más inexpiable pecado, hacerlos esclavos

ántes que se convirtiesen, porque infamaban el nombre de Cristo y

hacian heder y aborrecer la religion cristiana y necesariamente les

ponian obstáculo para se convertir; de manera que no tenian otra razon,

ni causa ni justicia para invadirles con violencia sus tierras y con

guerras crueles matarlos, sojuzgarlos y captivarlos, sino sólo por

ser infieles, y esto era contra la fé y contra toda ley razonable y

natural, contra justicia y contra caridad, donde se cometian grandes

y gravísimos pecados mortales y nascia obligacion de restitucion,

que lo hiciesen franceses ó portogueses ó castellanos, y la buena

intencion que tuviesen de decir que lo hacian por los traer á la fé

no los excusaba; cuanto más que Dios, que via sus intenciones, sabia

que iban todas llenas de cudicia y diabólica ambicion por señorear

tierras y gentes libres, señoras de sí mismas. Grandes fueron los daños

y violencias y robos ó salteamientos de personas que los portogueses

hicieron y hacian á los Canarios en aquellas islas, allende las que

apunta el rey D. Juan en su carta; mayormente, de que comenzaron á

descubrir la costa de África y de Guinea, porque cuanto mal les iba

con aquellos trabajos y gastos, tomaba por remedio y recompensa de

sus pérdidas venirse por las dichas islas y hacer saltos crueles,

captivando los que más podian de los canarios y llevábanlos á vender

por esclavos á Portogal, y algunas veces se hacian amigos de los de

unas islas para que les ayudasen á saltear los de las otras. Quiero

contar algunos sacados de la historia susodicha, cap. 11: Una vez,

viniendo de destruir la isla de Arguin, en la costa de África, un

Capitan Lanzarote, con el armada, trajo propósito de saltear la isla de

la Palma, donde esperaban hacer, segun dice la historia, alguna presa

de provecho, y vinieron al puerto de la Gomera; como los vieron venir,

saliéronlos á recibir dos señores ó Gobernadores de la misma isla de

la Gomera, ofreciéndoles todo lo que hobiesen menester, diciendo que

ellos habian estado en Portogal y habian recibido del infante don

Enrique mucha merced y muy buen tratamiento, y que por servirle harian

todo cuanto pudiesen. Oidas estas ofertas, acordaron de descubrirles

su propósito, diciendo, que ellos determinaban de saltear los Canarios

de la Palma, que les rogaban que fuesen con ellos, llevando alguna

gente á los ayudar y favorecerlos; los Gobernadores ó señores Canarios

de la Gomera, respondieron que les placia, por servir al Infante, y

estos se llamaban Piste y Bruco, y juntan buen golpe de su gente, y

éntranse en los navíos con los portogueses, y los navíos doce ó quince.

Llegados los navíos al puerto de la isla de la Palma, cuando amanecia,

por consejo de los Capitanes Canarios de la Gomera, dieron sobre unos

pastores que guardaban unos grandes hatos de ovejas, ántes que fuesen

sentidos, los cuales huyeron luégo hácia un valle, donde habia gente

dellos; van los Canarios de la Gomera tras ellos, por unas breñas ó

peñas ásperas, y siguiendo los portogueses, despeñáronse algunos, que

se hicieron pedazos, de los portugueses, y algunos de los Canarios

de la Gomera; allegada mucha gente, como sintieron las armas de los

portogueses, no osaban llegar á ellos, sino desde léjos, peleaban con

piedras y varas, los portogueses les tiraban, pero tan ligeros eran en

hurtar el cuerpo, que no podian herir á ninguno. Finalmente, prendieron

17 personas, y con ellos y entre ellos una mujer de espantosa grandeza,

la cual se creyó que era la reina de la isla, ó señora de alguna parte

della. Con esta buena presa, habida con tanto riesgo y escándalo de

aquella gente y infamia de la cristiandad, se tornaron á la Gomera, y

dejados los capitanes Canarios y su gente donde los habian tomado, un

Capitan de los portogueses, que se llamaba Juan de Castilla, porque

venia descontento de la pequeña presa que en la Palma tomaron, y

tambien para rehacer ó recompensar en algo los gastos que aquel viaje

de la Guinea, donde iba, que se tornó del camino, habia hecho, acordó

de hacer en la misma Gomera otra mejor presa; y puesto, dice Juan de

Barros, que á todos los del armada pareció maldad que hiciese tanto

mal á aquellos de quien habia recibido beneficio, pero venciendo la

cudicia al agradecimiento, en esto le pareció no perjudicar tanto á

los que debia y tener ménos fealdad su tiranía, que no quiso hacer

en aquel puerto su plagiario salto, sino fuese á la otra parte de la

misma isla Gomera, y estando seguros los vecinos della, salteó 21

ánimas, y alza sus velas y vínose con ellas á Portugal. Sabido por el

Infante su maldad, fué muy indignado contra los Capitanes, y mandó que

á costa dellos todos los Canarios que trajeron captivos, los vistiesen

y los tornasen á las tierras y islas de donde los habian tan fea é

injustamente tomado; porque como el Infante, segun dice Juan de Barros,

habia hecho por causa destas gentes, de los Canarios, tantos gastos,

sentia mucho cualquiera ofensa que se les hacia, mejor dijera Juan

de Barros, que por parecerle mal tan nefanda injusticia. Pero desto,

poco sentia el Infante y los portogueses en aquellos tiempos, pues

creian, y ansí lo cometian, que por traerlos á la fé, guerrearlos, y

escandalizarlos y sojuzgarlos podian.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 34 / 126 题