CAPÍTULO XIV.

El cual contiene una opinion que á los principios en esta isla

Española teniamos, que Cristóbal Colon fué avisado de un piloto que

con gran tormenta vino á parar forzado á esta isla, para prueba de

lo cual se ponen dos argumentos que hacen la dicha opinion aparente,

aunque se concluye como cosa dudosa.--Pónense tambien ejemplos

antiguos de haberse descubierto tierras, acaso, por la fuerza de las

tormentas.

Resta concluir esta materia de los motivos que Cristóbal Colon tuvo

para ofrecerse á descubrir estas Indias, con referir una vulgar

opinion que hobo en los tiempos pasados, que tenia ó sonaba ser la

causa más eficaz de su final determinacion, la que se dirá en el

presente capítulo, la cual yo no afirmo, porque en la verdad fueron

tantas y tales razones y ejemplos que para ello Dios le ofreció, como

ha parecido, que pocas dellas, cuanto más todas juntas, le pudieron

bastar y sobrar para con eficacia á ello inducirlo; con todo eso quiero

escribir aquí lo que comunmente en aquellos tiempos se decia y creia y

lo que yo entónces alcancé, como estuviese presente en estas tierras,

de aquellos principios harto propincuo. Era muy comun á todos los que

entónces en esta Española isla viviamos, no solamente los que el primer

viaje con el Almirante mismo y á D. Cristóbal Colon á poblar en ella

vinieron, entre los cuales hobo algunos de los que se la ayudaron á

descubrir, pero tambien á los que desde á pocos dias á ella venimos,

platicarse y decirse que la causa por la cual el dicho Almirante se

movió á querer venir á descubrir estas Indias se le originó por esta

vía. Díjose, que una carabela ó navío que habia salido de un puerto

de España (no me acuerdo haber oido señalar el que fuese, aunque creo

que del reino de Portugal se decia) y que iba cargada de mercaderías

para Flandes ó Ingalaterra, ó para los tractos que por aquellos

tiempos se tenian, la cual, corriendo terrible tormenta y arrebatada

de la violencia é ímpetu della, vino diz que, á parar á estas islas

y que aquesta fué la primera que las descubrió. Que esto acaesciese

ansí, algunos argumentos para mostrarlo hay: el uno es, que á los que

de aquellos tiempos somos venidos á los principios, era comun, como

dije, tractarlo y platicarlo como por cosa cierta, lo cual creo que

se derivaria de alguno ó de algunos que lo supiesen, ó por ventura

quien de la boca del mismo Almirante ó en todo ó en parte ó por alguna

palabra se lo oyere; el segundo es, que entre otras cosas antiguas,

de que tuvimos relacion los que fuimos al primer descubrimiento de

la tierra y poblacion de la isla de Cuba (como cuando della, si Dios

quisiere, hablaremos, se dirá) fué una esta, que los indios vecinos de

aquella tuvieron ó tenian de haber llegado á esta isla Española otros

hombres blancos y barbados como nosotros, ántes que nosotros no muchos

años: ésto pudieron saber los indios vecinos de Cuba, porque como no

diste más de diez y ocho leguas la una de la otra de punta á punta,

cada dia se comunicaban con sus barquillos ó canoas, mayormente que

Cuba sabemos, sin duda, que se pobló y poblaba desta Española. Que el

dicho navío pudiese con tormenta deshecha (como la llaman los marineros

y las suele hacer por estos mares) llegar á esta isla sin tardar mucho

tiempo, y sin faltarles las viandas y sin otra dificultad, fuera del

peligro que llevaban de poderse finalmente perder, nadie se maraville,

porque un navío con grande tormenta corre 100 leguas, por pocas y bajas

velas que lleve, entre dia y noche, y á árbol seco, como dicen los

marineros, que es sin velas, con sólo el viento que cogen las járcias

y masteles y cuerpo de la nao, acaece andar en veinticuatro horas 30

y 40 y 50 leguas, mayormente habiendo grandes corrientes, como las

hay por estas partes; y el mismo Almirante dice, que en el viaje que

descubrió á la tierra firme hácia Paria, anduvo con poco viento desde

hora de misa hasta completas 65 leguas, por las grandes corrientes que

lo llevaban: así que no fué maravilla que, en diez ó quince dias y

quizá en más, aquellos corriesen 1.000 leguas, mayormente si el ímpetu

del viento Boreal ó Norte les tomó cerca ó en paraje de Bretaña ó de

Inglaterra ó de Flandes. Tampoco es de maravillar que ansí arrebatasen

los vientos impetuosos aquel navío y lo llevasen por fuerza tantas

leguas, por lo que cuenta Herodoto en su lib. IV, que como Grino, Rey

de la isla de Thera, una de las Ciclades y del Arcipiélago, recibiese

un oráculo que fuese á poblar una ciudad en África, y África entónces

no era cognoscida ni sabian dónde se era, los Asianos y gentes de

Levante orientales, enviando á la isla de Creta, que ahora se nombra

Candía, mensajeros que buscasen algunas personas que supiesen decir

donde caia la tierra de África, hallaron un hombre que habia por nombre

Corobio, el cual dijo que con fuerza de viento habia sido arrebatado

y llevado á África y á una isla por nombre Platea, que estaba junto á

ella: _Is, inquit, aiebat se ventis arreptum in Áfricam applicuisse_,

etc. Cornelio Nepos cuenta, que en el tiempo que Quinto Metello era

Procónsul en Francia, que ciertos mercaderes que salieron de la

India, con grandes tempestades, fueron á parar á Germanía; lo mismo

significa Aristóteles de los que hallaron la isla que, arriba, en el

cap. 9, digimos ser á lo que creemos la tierra firme hácia el Cabo de

San Agustin; y los otros navíos que salieron de Cáliz y arrebatados

de la tormenta anduvieron tanto forzados por el mar Océano hasta que

vieron las hierbas de que abajo se hará, placiendo á Dios, larga

mencion: desta misma manera se descubrió la isla de Puerto Santo, como

abajo diremos. Así que, habiendo descubierto aquellos por esta vía

estas tierras, si ansí fué, tornándose para España vinieron á parar

destrozados; sacados los que, por los grandes trabajos y hambres y

enfermedades, murieron en el camino, los que restaron, que fueron pocos

y enfermos, diz que vinieron á la isla de la Madera, donde tambien

fenecieron todos. El piloto del dicho navío, ó por amistad que ántes

tuviese con Cristóbal Colon, ó porque como andaba solícito y curioso

sobre este negocio, quiso inquirir dél la causa y el lugar de donde

venia, porque algo se le debia de traslucir por secreto que quisiesen

los que venian tenerlo, mayormente viniendo todos tan maltratados, ó

porque por piedad de verlo tan necesitado el Colon recoger y abrigarlo

quisiese, hobo, finalmente de venir á ser curado y abrigado en su casa,

donde al cabo diz que murió; el cual, en recognoscimiento de la amistad

vieja ó de aquellas buenas y caritativas obras, viendo que se queria

morir descubrió á Cristóbal Colon todo lo que les habia acontecido y

dióle los rumbos y caminos que habian llevado y traido, por la carta

de marear y por las alturas, y el paraje donde esta isla dejaba ó

habia hallado, lo cual todo traia por escripto. Esto es lo que se dijo

y tuvo por opinion, y lo que entre nosotros, los de aquel tiempo y

en aquellos dias comunmente, como ya dije, se platicaba y tenia por

cierto, y lo que, diz que, eficazmente movió como á cosa no dudosa á

Cristóbal Colon. Pero en la verdad, como tantos y tales argumentos y

testimonios y razones naturales hobiese, como arriba hemos referido,

que le pudieron con eficacia mover, y muchos ménos de los dichos fuesen

bastantes, bien podemos pasar por esto y creerlo ó dejarlo de creer,

puesto que pudo ser que nuestro Señor lo uno y lo otro le trajese á las

manos, como para efectuar obra tan soberana que, por medio dél, con la

rectísima y eficacísima voluntad de su beneplácito, determinaba hacer.

Esto, al ménos, me parece que sin alguna duda podemos creer: que, ó por

esta ocasion, ó por las otras, ó por parte dellas, ó por todas juntas,

cuando él se determinó, tan cierto iba de descubrir lo que descubrió y

hallar lo que halló, como si dentro de una cámara, con su propia llave,

lo tuviera.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 29 / 126 题