El cual contiene una opinion que á los principios en esta isla
Española teniamos, que Cristóbal Colon fué avisado de un piloto que
con gran tormenta vino á parar forzado á esta isla, para prueba de
lo cual se ponen dos argumentos que hacen la dicha opinion aparente,
aunque se concluye como cosa dudosa.--Pónense tambien ejemplos
antiguos de haberse descubierto tierras, acaso, por la fuerza de las
tormentas.
Resta concluir esta materia de los motivos que Cristóbal Colon tuvo
para ofrecerse á descubrir estas Indias, con referir una vulgar
opinion que hobo en los tiempos pasados, que tenia ó sonaba ser la
causa más eficaz de su final determinacion, la que se dirá en el
presente capítulo, la cual yo no afirmo, porque en la verdad fueron
tantas y tales razones y ejemplos que para ello Dios le ofreció, como
ha parecido, que pocas dellas, cuanto más todas juntas, le pudieron
bastar y sobrar para con eficacia á ello inducirlo; con todo eso quiero
escribir aquí lo que comunmente en aquellos tiempos se decia y creia y
lo que yo entónces alcancé, como estuviese presente en estas tierras,
de aquellos principios harto propincuo. Era muy comun á todos los que
entónces en esta Española isla viviamos, no solamente los que el primer
viaje con el Almirante mismo y á D. Cristóbal Colon á poblar en ella
vinieron, entre los cuales hobo algunos de los que se la ayudaron á
descubrir, pero tambien á los que desde á pocos dias á ella venimos,
platicarse y decirse que la causa por la cual el dicho Almirante se
movió á querer venir á descubrir estas Indias se le originó por esta
vía. Díjose, que una carabela ó navío que habia salido de un puerto
de España (no me acuerdo haber oido señalar el que fuese, aunque creo
que del reino de Portugal se decia) y que iba cargada de mercaderías
para Flandes ó Ingalaterra, ó para los tractos que por aquellos
tiempos se tenian, la cual, corriendo terrible tormenta y arrebatada
de la violencia é ímpetu della, vino diz que, á parar á estas islas
y que aquesta fué la primera que las descubrió. Que esto acaesciese
ansí, algunos argumentos para mostrarlo hay: el uno es, que á los que
de aquellos tiempos somos venidos á los principios, era comun, como
dije, tractarlo y platicarlo como por cosa cierta, lo cual creo que
se derivaria de alguno ó de algunos que lo supiesen, ó por ventura
quien de la boca del mismo Almirante ó en todo ó en parte ó por alguna
palabra se lo oyere; el segundo es, que entre otras cosas antiguas,
de que tuvimos relacion los que fuimos al primer descubrimiento de
la tierra y poblacion de la isla de Cuba (como cuando della, si Dios
quisiere, hablaremos, se dirá) fué una esta, que los indios vecinos de
aquella tuvieron ó tenian de haber llegado á esta isla Española otros
hombres blancos y barbados como nosotros, ántes que nosotros no muchos
años: ésto pudieron saber los indios vecinos de Cuba, porque como no
diste más de diez y ocho leguas la una de la otra de punta á punta,
cada dia se comunicaban con sus barquillos ó canoas, mayormente que
Cuba sabemos, sin duda, que se pobló y poblaba desta Española. Que el
dicho navío pudiese con tormenta deshecha (como la llaman los marineros
y las suele hacer por estos mares) llegar á esta isla sin tardar mucho
tiempo, y sin faltarles las viandas y sin otra dificultad, fuera del
peligro que llevaban de poderse finalmente perder, nadie se maraville,
porque un navío con grande tormenta corre 100 leguas, por pocas y bajas
velas que lleve, entre dia y noche, y á árbol seco, como dicen los
marineros, que es sin velas, con sólo el viento que cogen las járcias
y masteles y cuerpo de la nao, acaece andar en veinticuatro horas 30
y 40 y 50 leguas, mayormente habiendo grandes corrientes, como las
hay por estas partes; y el mismo Almirante dice, que en el viaje que
descubrió á la tierra firme hácia Paria, anduvo con poco viento desde
hora de misa hasta completas 65 leguas, por las grandes corrientes que
lo llevaban: así que no fué maravilla que, en diez ó quince dias y
quizá en más, aquellos corriesen 1.000 leguas, mayormente si el ímpetu
del viento Boreal ó Norte les tomó cerca ó en paraje de Bretaña ó de
Inglaterra ó de Flandes. Tampoco es de maravillar que ansí arrebatasen
los vientos impetuosos aquel navío y lo llevasen por fuerza tantas
leguas, por lo que cuenta Herodoto en su lib. IV, que como Grino, Rey
de la isla de Thera, una de las Ciclades y del Arcipiélago, recibiese
un oráculo que fuese á poblar una ciudad en África, y África entónces
no era cognoscida ni sabian dónde se era, los Asianos y gentes de
Levante orientales, enviando á la isla de Creta, que ahora se nombra
Candía, mensajeros que buscasen algunas personas que supiesen decir
donde caia la tierra de África, hallaron un hombre que habia por nombre
Corobio, el cual dijo que con fuerza de viento habia sido arrebatado
y llevado á África y á una isla por nombre Platea, que estaba junto á
ella: _Is, inquit, aiebat se ventis arreptum in Áfricam applicuisse_,
etc. Cornelio Nepos cuenta, que en el tiempo que Quinto Metello era
Procónsul en Francia, que ciertos mercaderes que salieron de la
India, con grandes tempestades, fueron á parar á Germanía; lo mismo
significa Aristóteles de los que hallaron la isla que, arriba, en el
cap. 9, digimos ser á lo que creemos la tierra firme hácia el Cabo de
San Agustin; y los otros navíos que salieron de Cáliz y arrebatados
de la tormenta anduvieron tanto forzados por el mar Océano hasta que
vieron las hierbas de que abajo se hará, placiendo á Dios, larga
mencion: desta misma manera se descubrió la isla de Puerto Santo, como
abajo diremos. Así que, habiendo descubierto aquellos por esta vía
estas tierras, si ansí fué, tornándose para España vinieron á parar
destrozados; sacados los que, por los grandes trabajos y hambres y
enfermedades, murieron en el camino, los que restaron, que fueron pocos
y enfermos, diz que vinieron á la isla de la Madera, donde tambien
fenecieron todos. El piloto del dicho navío, ó por amistad que ántes
tuviese con Cristóbal Colon, ó porque como andaba solícito y curioso
sobre este negocio, quiso inquirir dél la causa y el lugar de donde
venia, porque algo se le debia de traslucir por secreto que quisiesen
los que venian tenerlo, mayormente viniendo todos tan maltratados, ó
porque por piedad de verlo tan necesitado el Colon recoger y abrigarlo
quisiese, hobo, finalmente de venir á ser curado y abrigado en su casa,
donde al cabo diz que murió; el cual, en recognoscimiento de la amistad
vieja ó de aquellas buenas y caritativas obras, viendo que se queria
morir descubrió á Cristóbal Colon todo lo que les habia acontecido y
dióle los rumbos y caminos que habian llevado y traido, por la carta
de marear y por las alturas, y el paraje donde esta isla dejaba ó
habia hallado, lo cual todo traia por escripto. Esto es lo que se dijo
y tuvo por opinion, y lo que entre nosotros, los de aquel tiempo y
en aquellos dias comunmente, como ya dije, se platicaba y tenia por
cierto, y lo que, diz que, eficazmente movió como á cosa no dudosa á
Cristóbal Colon. Pero en la verdad, como tantos y tales argumentos y
testimonios y razones naturales hobiese, como arriba hemos referido,
que le pudieron con eficacia mover, y muchos ménos de los dichos fuesen
bastantes, bien podemos pasar por esto y creerlo ó dejarlo de creer,
puesto que pudo ser que nuestro Señor lo uno y lo otro le trajese á las
manos, como para efectuar obra tan soberana que, por medio dél, con la
rectísima y eficacísima voluntad de su beneplácito, determinaba hacer.
Esto, al ménos, me parece que sin alguna duda podemos creer: que, ó por
esta ocasion, ó por las otras, ó por parte dellas, ó por todas juntas,
cuando él se determinó, tan cierto iba de descubrir lo que descubrió y
hallar lo que halló, como si dentro de una cámara, con su propia llave,
lo tuviera.