CAPÍTULO XV.

En el cual se impugna cierta nueva opinion que dice que afirma questas

Indias ó parte dellas fueron en tiempo del rey Hespero XII de España,

estuvieron subiectas ó fueron del señorío de España; pónense cuatro

razones por las cuales se prueba ser vana y frívola, y lisonjera,

y dañosa tal opinion.--Refiérense muchos descubrimientos que

antiguamente se hicieron por diversas gentes y por mandados de reyes

diversos.--Contiene cosas antiguas y notables.

Por muchas de las historias antiguas y razones é auctoridades, que en

los capítulos pasados, para mostrar como Cristóbal Colon pudo bien

persuardirse y tener por cierto (supuesto el favor divino, del cual

él siempre confiaba) su descubrimiento, hemos relatado, fácil cosa

será á quien los leyere cognoscer, como nunca destas tierras, de los

tiempos antiguos hasta los nuestros, hobo plenario cognoscimiento y

por consiguiente ni quien dellas hobiese hecho cierta y determinada

mencion. Siendo, pues, ansí esto verdad, como lo es, y della podrá

dudar todo aquel que fuere muy amigo de su parecer ó careciere tanto

de prudencia que afirme lo que no sabe, manifiestamente quedan de

alguno destos defectos convencidos los que presumen, sin algun cierto

fundamento, ni probable ni verisímile, afirmar questas Indias fueron en

algunos de los siglos ya olvidados, subjectas ó señoreadas de nuestros

reinos de España, ó de los reyes españoles; y si se escapare de lo

que dije, el que aquesta novedad inventare, tengo miedo que incurrirá

en otro no mucho menor, ántes mucho más pernicioso, conviene á saber,

de nocivo lisonjero á nuestros ínclitos reyes, los cuales, como de

su propia naturaleza real tengan los oidos y ánimos simplicísimos,

creyendo que se les dice verdad formarán conceptos dentro de sus

pechos, de que utilidad espiritual ni temporal servicio ni provecho

se les apegue; por ende parece convenir, pues se ha ofrecido sazon

donde meterlo, que en estos dos siguientes capítulos asignemos razones

evidentes como lo que afirman no puede ser, aunque, como ya se tocó,

por lo dicho parece, y esto será en el primero; en el segundo se

responderá de propósito á los motivos que tuvieron, porque mejor

el error, de los que cosa tan aviesa de la verdad osan decir, del

todo manifestemos. Dicen, pues, los que esto afirman, que tienen por

cierto este orbe ó parte dél haber sido señoreado de España, y para

probarlo, á su parecer, traen dos fundamentos: el primero es aquella

historia que arriba en el capítulo 9.º pusimos del Philosopho en el

tractado _De admirandis in natura auditis_, de aquella tierra, que

acaso descubrieron los mercaderes Cartaginenses, la cual digimos

creer que podia haber sido el Cabo de Sant Augustin ó otra parte de

nuestra tierra firme, y dicen que debia de ser Cuba ó esta Española

ó alguna parte de tierra firme; y bien hacen los tales poner muchas

disyunctivas por acertar en alguna: pero porque ninguna cosa concluyen

con la susotraida historia y no les sirve á más de hinchir el papel de

cosas excusadas, deste su primer principio no es de curar. El segundo

que traen diz que es otro mayor orígen de haber sido estas tierras

de España, y es que estas Indias son las Hespérides de quien tanta

mencion hacen los poetas é historiadores, y que, porque el duodécimo

Rey de España se llamó Hespero, esta diz que claro que las nombraria

de su nombre Hespérides; de donde infieren que indubitadamente fueron

del señorío de España desde el tiempo de Hespero, y ansí ha tres mil

y ciento y noventa y tantos años que tuvieron el derecho dellas los

reyes de España, el cual le restituyó la divina justicia: la prueba

que trae Gonzalo Hernandez de Oviedo, el primero imaginador desta

sotileza, en el lib. II, cap. 3.º de la primera parte de su General

Historia, es porque antiguamente fué costumbre poner los nombres, á las

ciudades y provincias y reinos y rios, de los reyes y personas que los

poblaban ó descubrian, ó alguna hazaña en ellos ó por ellos emprendian

y efectuaban, y desta manera diz que se llamó Hespero, Hesperia,

España, etc. ¡Hermosa, por cierto, sentencia y digna de tal probanza

y de atribuirle tanta autoridad, cual y cuánta se suele atribuir á los

sueños, ó á los que las cosas que aun no son _in rerum natura_ adivinan!

Poder haber sido llamadas estas Indias islas ó tierra firme ó alguna

parte dellas Hespérides, no del todo lo negamos, pues habemos arriba

traido tantos y tales indicios y conjeturas, que pudieron traer á

los antiguos en algun cognoscimiento ó sospecha dellas, pero que se

nombrasen Hespérides por llamarse Hespero cierto Rey antiquísimo de

España, creo que cualquiera de mediano juicio, mirando en ello, no

dudará ser cosa que razonablemente no se pueda decir. Esto persuadimos

y probamos por cuatro razones: la primera es porque ¿cómo es de

creer que una cosa tan grande, tan señalada y de tanto momento, como

fuera señorear España este orbe, tan luengas, tan anchas, tan ricas,

tan felices y opulentas tierras como estas, y donde tan inmensos

reinos se contienen y tan infinitas y diversas naciones (si entónces

estaban habitadas) se comprenden, no la escribieran, encarecieran y

la ensalzáran hasta los cielos alguno ó algunos de los historiadores

y poetas antiguos griegos ó latinos, y alguna historia ó escritura

española no hiciera mencion della, mayormente, Pomponio Mella,

español, natural de Tarifa, que entónces se llamaba Mellaria Bæthicæ,

como él mismo dice en su libro II, cap. 6.º, el cual fué primero que

Plinio y Solino? item, Plinio en su lib. II, cap. 69, pone muchos

descubrimientos que hicieron muchas gentes, y por mandado de muchos

señores y reyes, y en diversos tiempos en el mar Océano; ¿cómo callaran

el destas Indias si España le hobiera hecho, y cuanto ménos dejáran

de escribir si hobiera tenido el señorío dellas? porque más tiempo

y más trabajo se requiria para señorearlas que para descubrirlas.

Hanon, Cartaginense, fué enviado de la señoría de la gran Cartago, el

año de 445 ántes del advenimiento de nuestro Redemptor Jesucristo, á

descubrir la costa ó ribera de África y de Ethiopía, y pasó adelante

del Cabo de Buena Esperanza y llegó al seno ó golfo Arábico, que es

la boca por donde entra en la mar Océano el mar Bermejo, como refiere

Plinio, donde arriba digimos y en el lib. VI, cap. 31, y Solino, cap.

6.º y Pomponio, lib. VI, capítulo 10, puesto que Herodoto en su lib.

IV testifica que la primera vez que se tuvo noticia por experiencia

de África, fué por los descubridores fenices que invió Necho, rey de

Egipto. Despues deste invió el rey Xerges á descubrir la dicha costa

de África, como tambien allí cuenta el mismo Herodoto. Item, Hemilcon,

hermano de Hanon, fué tambien, cuando él, inviado á descubrir la costa

de España y llegó hasta Inglaterra y otras islas del mar de Poniente.

Los macedones, por la parte de Oriente y del mar Océano de la India,

hasta dar en el mar Caspio, anduvieron. Las victorias de Alejandro,

dicen, que navegaron hasta el golfo Arábico, donde gobernaba Cayo

César, hijo de Augusto, y allí aún dicen que hallaron pedazos de naos

de España que se habian perdido. En tiempo de César Augusto, y por

su mandado, se fué á descubrir el Océano septentrional con la flota

germánica. Cornelio Tácito tambien hace mencion, que un Eudoxio, por

nombre, por huir de Lathiro, rey de[13], entrando en el puerto arábico,

vino por el mar Océano hasta Cáliz, y, muchos años ántes dél, Celio

Antipater, vido en su tiempo personas que navegaron de España hasta

Etiopía, por causa de contractar ó comutar sus mercaderías. De muchas

destas navegaciones hace mencion Zacharias Lilio en el susodicho

tractado contra Antípodas en el capítulo _De navegatione Oceani_.

Pues si de todas estas navegaciones y descubrimientos y de otras que

arriba hemos traido, algunas de las cuales no fueron muy señaladas ni

muy grandes, aunque para aquellos tiempos cualesquiera que fuesen eran

árduas y dificultosas, hicieron los escriptores tanta mencion, de una

tan admirable, horrenda y espantosa (porque ninguna se sabe en el mundo

que tan gran golpho comprenda y tantos dias sin ver tierra se dilate)

si hobiera sido por España hecha, y por consiguiente si por aquellos

siglos España el señorío destas Indias tuviera ¿no es cosa clara y

averiguada que no faltaran escritores griegos ó latinos y tambien de

España, que, con suma diligencia y encarecimiento soberano, mencion

dello hicieran? luego, pues, no la hicieron, supérfluo es y cosa de

sueño afirmar alguno cosa tan incierta y no creedera. La segunda

razon es, porque como el rey Hespero haya reinado en España (si á las

historias creemos) en el año de 650 ó 60 despues del diluvio, y de

la poblacion primera della en el año de 520, y ántes de la fundacion

de Troya 170, y ántes tambien de la de Roma 600, y del advenimiento

de Jesucristo 1650 y más años; en todo lo cual, poco más ó ménos,

concuerdan las historias griegas y latinas y las mismas de España

(y suma estos años Juan de Viterbio en el tractado que compuso de

los _Reyes de España_, cap. 15, hablando del mismo Hespero), y por

entónces, segun es manifiesto al que ha leido historias de aquellos

siglos, no habia en Grecia ni en otras naciones, harto más políticas

y de más sotiles ingenios que la de España, industria de navegar ni

cerca y ménos léjos, y el primero que juntó flota y señorío en la mar

de Grecia fué Minos, como cuenta Tucidides, antiquísimo historiador

griego, lib. I, columna 2.ª, el cual fué ántes de Platon ¿cuanto ménos

pericia tenia España de navegar en tiempo de Hespero, siendo ántes

de Troya?; mayormente que no les faltaban guerras, como parece que

Hespero defendiéndose contra su hermano Atlante, que le vino con grande

ejército á echar del reino, como al fin dél lo echó, las tuvieron muy

crueles, y ansí es manifiesto que no tuvo tiempo para entender en tan

prolijos descubrimientos. Por lo que poco ha que trujimos de Herodoto

en su lib. IV, que la primera vez que se tuvo noticia por experiencia

de África fué la de los fenices, y este descubrimiento acaeció más de

mil años despues del rey Hespero, y el otro que mandó hacer Xerges, que

reinó despues de Necho buenos cien años, y como estas fuesen de las

primeras navegaciones á cabo de tanto tiempo que habia pasado el rey

Hespero, y se tuviesen por nuevas y no por chico atrevimiento y por

mandado de grandes reyes, bien podemos colegir que en tiempo de Hespero

habia poca industria de navegacion y ménos aparejo y más miedo para

osar emprender tan distante, tan remoto, tan escuro, tan insueto, tan

dificultoso y tan peligroso descubrimiento, y por consiguiente de ver

juzgada por adevinanza temeraria, y no digna de ser oida entre personas

prudentes, tal opinion, afirmar que estas Indias ni un palmo dellas

fuesen señoreadas ni aún soñadas del rey Hespero.

La tercera razon asignamos y es esta, porque manifiesto es por las

historias griegas y latinas que hablan de Hespero, Rey duodécimo de

España, y por las mismas españolas, y tambien por el tractado que se

intitula de _Beroso_, lib. V de las «Antigüedades,» que Hespero no

reinó en España más de diez años, en los cuales, sacados los que tuvo

guerras crueles por su defensa contra su hermano Atlante, como arriba

digimos, no parece ser posible que tuviese tiempo para descubrir y

señorear y que se llamasen de su nombre estas Indias, Hespérides,

habiendo de haber ocurrido hasta llegar á este fin tan inmensas

dificultades. Y confírmase aquesta razon, porque no se compadecen

juntamente estar las cosas diversas que las historias de Atlante y

Hespero cuentan ó relatan, de los cuales se afirma haber sido hermanos;

por lo cual es necesario decir, que ansí como fueron, no uno, sino

muchos Hércules, segun San Agustin, lib. XVIII, cap. 12, _De civitate

Dei_, Pausanias, autor de historias, griego, lib. IX, Machrobio,

_In saturnalibus_, lib. I, cap. 24, Cornelio Tácito y otros, y los

poetas las cosas señaladas, que mucho hicieron distinctamente y en

diversos tiempos y partes, atribuian á uno, en lo cual engendraron

gran confusion, ansí tambien fueron muchos Atlantes, los cuales

fueron iguales, no sólo en los hombres, pero tambien en las mujeres

y nombres dellas y en los hermanos; por los cuales muchas veces se

equivocaba, y se aplica, equivocando, lo que hizo uno á otro de aquel

nombre, y lo que todos á uno, como dice Servio y los otros comentadores

del Virgilio en el 7.º y 8.º de las _Eneidas_, y Xenophonte _De

equivocis_; mayormente las historias griegas, que muchas cosas no

dijeron con verdad y fueron deste defecto muy notadas. Cuanto más que

Atlante, como fuese Japhet, hijo de Noé, segun afirma Masseo en el 2.º

de su _Corónica_, y que estuvo muchos años en África, todos los otros

Atlantes puede ser que hayan sido fabulosos, fingidos por los poetas,

de donde se sigue haber sido posible, y aún parece necesario, por lo

que luego se dirá, que hobiese habido más Hesperos de uno que tuviesen

por hermanos y aún por padres á Atlantes, fingidos por los poetas ó que

fuesen verdaderos, y ansí, lo que diversos hicieron, equivocando, se

atribuia á uno. Esto se persuade por la incomposibilidad de las obras

que se aplican á un Hespero, pues no se puede compadecer que reinase

diez años en España Hespero, y della fuese por fuerza echado por su

hermano Atlante, y de España fuese á reinar y reinase por cierta parte

de Italia, y en la Italia muriese, segun dice Beroso en el lib. V de

las Antigüedades, é Higinio en su _Astronomía poética_, y que ántes

pasasen ambos hermanos en África y Mauritania (que es la provincia que

hoy llamamos Marruecos), y allí reinase Atlante, del cual piensan que

se llamó Atlante aquel famoso monte Atlante al Cabo de Mauritania, del

cual se denomina cuasi todo el mar Océano (aunque yo más creo llamarse

del primer Atlante, Japhet, hijo de Noé, y parece ser más razonable

creencia), y Hespero fuese á reinar á las islas de Canaria ó de Cabo

Verde y en la tierra firme de Etiopía, la más occidental, por cuya

causa él se llamó Hespero, que quiere decir occidental, porque ántes no

se llamaba desde su nacimiento sino Philothetes, como dice el Tostado

en el lib. III, cap 83, sobre el Eusebio, y alega á Theodoncio; y es de

creer como fuese tan leido y docto en todas facultades, y sobremanera

en historias, que miraria bien lo que dijo, y mejor que Gonzalo

Hernandez de Oviedo, el Tostado. Lo dicho se prueba por Juan Bocacio,

lib. IV, capítulo 29, _De genealogía Deorum_, donde afirma, Hespero

haberse llamado Hespero por haber ido á poblar ó á reinar en Etiopía,

la postrera hácia el Occidente, y no ella dél: _Verum_, inquit, _cum

juvenis una cum Atlante fratre in extremos Mauros secessisset atque

Ethiopibus qui ultra Ampellusiam promontorium litus Oceani incolunt, ac

insulis eo littore adjacentibus imperasse, à Grœcis Hesperus appelatus

est; eoque ex nomine occidentis Hesperi omnem occiduam regionem

vocent Hesperiam. Et sic ab ea regione ad quam transmigraverat à suis

perpetuo denominatus est._ Dice más el Tostado, que deste Hespero no

se halla más escrito de que tuvo tres hijas, las cuales los autores y

poetas llaman Hespérides, y ansí, del nombre suyo parece que fueron

hijas de Hespero (aunque algunos quieren decir que fuesen hijas de

Atlante); y uno de los que lo afirman es César Germanio, sobre los

fragmentos de Arato, poeta, poco despues del principio, lo cual no es

razonable; y fueron sus nombres, Egle, Baretusa, Espertusa, segun en

el capítulo siguiente las nombra Juan Bocacio. Item, que tampoco se

pueden compadecer en un sólo Atlante y un sólo Hespero las dos cosas

dichas, con lo que afirma Diódoro Sículo, lib. IV, cap. 5.º, que

Atlante tuvo muchos hijos, y uno dellos insigne en justicia y humanidad

para con los súbditos, á quien puso por nombre Hespero; el cual, como

por cudicia de especular los cursos de las estrellas y alcanzar la

astrología como su padre, se subiese en la cumbre del monte Atlante,

altísimo, súbitamente fué arrebatado de los vientos y nunca más fué

visto ni oido, y el pueblo, doliéndose deste desastre por la virtud que

dél cognoscian, por le dar honores inmortales para honrarle más, desde

allí adelante aquella estrella lucidísima occidental llamaron como á

él, Hespero; todo esto dice Diódoro: _Hunc scilicet Atlantem, aiunt,

plures substullisse filios; sed unum, pietate ac in subditos justitia

humanitoteque insignem, quem Hesperum appellavit, qui cum in Atlantis

montis cacumen ad scrutandos astrorum cursus ascendisset, subito à

ventis arreptus nequaquam amplius visus est. Ob ejus virtutem casum

hunc miserata plebs, honores illi præbens inmortales, astrum cæleste

lucidissimum ejus nomine vocavit._ Pues reinar diez años en España y

diez allí, ser echado y huir é reinar en Italia y allí morir, reinar en

las islas y tierra firme de Etiopía, que, como abajo parecerá, dista

más de mil leguas del monte Atlante, subir á la cumbre dél y allí ser

de los vientos arrebatado y nunca más parecer y ansí morir, manifiesto

es todas juntas estas tres cosas en un mismo hombre no poder concurrir

y ser incomposibles; cuanto más que no ser un sólo Hespero manifiéstase

por lo que se dijo, conviene á saber, ser uno hermano y otro hijo de

Atlante. Luégo claro queda, lo uno que hubo diversos Hesperos, ansí

como muchos Atlantes; lo segundo, que el Hespero que señoreó en Etiopía

y en las islas de Etiopía cercanas, no fué Rey de España; lo tercero,

que ninguna probabilidad tienen, ántes grande disparate y absurdidad

y muy contra razon es, decir ó presumir que ya que aquestas Indias en

aquellos tiempos fueran descubiertas (lo cual bien ha parecido no ser

verdad), y que se nombraran Hespérides del Rey Hespero, ántes tenia

más figura de verdad quien dijese llamarse Hespérides por Hespero Rey

de Etiopía ó de África la occidental, que no de Hespero Rey de España,

cuanto más que segun Sant Isidro, las Hespérides se nombraron de una

ciudad que se llamaba Hespérida en fin de Mauritania, y concuerda

con él Aliaco en el cap. 41, del libro _De imagine mundi: De insulis

famosis maris Oceani_; lo cuarto se consigue tambien á lo dicho, ser

incertísimo y no muy léjos de imposible lo que pretendemos impugnar,

conviene á saber, que aquestas Indias en los siglos antiguos haber sido

ni tractadas ni ménos señoreadas de España. Todo lo dicho se puede

muy bien con esta cuarta razon confirmar, y es, que, como puede ver

cualquiera que las historias de España leyere, España, cuasi siempre

desde su poblacion, fué opresa y afligida de tiranos, ansí como de

los Geriones, de los de Tiro y fenices cuando edificaron á Cáliz, y

al ménos harto inquietada y siempre ocupada en armas por defenderse

dellos, de los Cartaginenses, de Aníbal y Amilcar, y despues de los

romanos por Pompeyo y por sus hijos, y más por Julio César y Octaviano,

y, los tiempos andados, por vándalos y por los godos, y últimamente

por moros y bárbaros; por manera que nunca tuvo tiempo ni espacio

España para señorear, fuera de sí, otras gentes, mayormente tan

remotísimas partes; y si en algunos de los tiempos pasados, destas

Indias se tuviera noticia en España, mas fuera por haberla traido á

ella y hecho lo que en ellas hobiera acaecido y señoreado por las

naciones que á España señoreaban, que no por la misma España, y si

alguna gente de las que la señorearon habia de tener noticia ó señorío

destos reinos, parece que habian de ser los romanos, y destos nunca

tal escrito se halla, ántes dariamos aquí dos urgentísimos argumentos

del contrario. El uno es, porque segun refiere en el lib. II, capítulo

7.º, _De natura locorum_, Alberto Magno, (é ya lo trujimos arriba,

cap. 9.º), cuando César Augusto hizo ó quiso hacer la descripcion

del mundo, diz que envió á mandar á los reyes de Egipto y de Etiopía

que aparejasen naos y gente y las cosas necesarias para navegar los

mensajeros que enviaba, y, llegados á la línea equinoccial, hallaron

lugares paludosos y peñas que ni por el agua ni por la tierra pudieron

pasar, y ansí se tornaron sin poder hacer cosa de lo que Octaviano

deseaba. Estas son palabras de Alberto Magno: _In descriptione autem

facta sub Cæsare Augusto legitur quæ nuntios misit ad Reges Egipti et

Ethiopiæ, qui naves et impensas pararent necessarias eis quos miserat

ad transeundum; et venientes sub equinotiali loca paludosa invenerunt

in quibus nihil diffunditur, et lapidosa quæ nec navibus, nec pedibus,

poterant transire: et ideo sunt reversi, negotio non peracto_. El otro

es aun más eficaz, que segun Plutarco en la vida y graciosa historia de

Sertorio, excelentísimo Capitan romano, aunque contra Roma hizo grandes

batallas, que viniendo á Cáliz por la mar, cuasi frontero de la boca

del rio de Sevilla, topó ciertos navíos ó navío que iban, parece que de

las islas de Canaria, que llamaban entónces Beatas ó Bienaventuradas

(porque segun la ceguedad de los antiguos, por ser templadas y fértiles

estimaban ser allí los Campos Elísios, de que habló Homero, donde iban

despues desta vida las ánimas) como en el siguiente capítulo diremos

esto más largo; y dando á Sertorio nuevas y particular relacion de la

fertilidad y amenidad y templanza de aquellas islas, tomóle grandísimo

deseo y ánsia de irse á vivir en ellas y quitarse de guerras y de los

cuidados que traen los oficios y magistrados, por vivir vida quieta

y descansada; pero desque se lo sintieron cierta gente de su armada,

más amadores de robar y turbar á otros que de vivir pacíficos y en

seguridad y descanso, alzáronsele, y ansí no pudo conseguir la vida

y reposo que deseaba: de donde parece que si las Indias hobieran

sido de España en algun tiempo de los pasados, teniendo la felicidad

que tienen, alguna noticia ó memoria tuviera Sertorio y los romanos

dellas. Y si las Canarias que estaban tras la puerta, como dicen, y tan

cercanas, eran en aquellos tiempos tan ocultas que á Sertorio, Capitan

señalatísimo que fué en tiempo de Pompeyo el Grande, le fueron tan

nuevas que entónces oia y entendia su fertilidad y amenidad, ¿cuanto

más escuras y ocultas debian ser á los romanos y á todo el mundo de

allá estas nuestras Indias? Pues si los romanos no tenian noticia

dellas, que señoreaban á España y otras muchas provincias, que no eran

negligentes en señorear tierras ajenas, ni en escribir sus hazañas,

ni otra nacion desta se gloria, ni, como se dijo, historia alguna ni

comentario de alguna otra nacion hace mencion, grande ni chica; luego

culpable adivinar es y lisonjear á España y vender á los reyes della

las cosas que nunca fueron, por haber sido afirmar, y boquear que en

los siglos pasados estas Indias ó islas hobiesen á España pertenecido:

y ansí parece no ser cosa que en juicio de hombre discreto pueda ó deba

caer opinion tan sola y singular, que sobre tan flacos fundamentos

estriba. Y por tanto sólo debe quedar por improbable, ficticia y

frívola.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 30 / 126 题