CAPÍTULO IX.

En el cual se ponen algunas auctoridades de Ptolomeo y de Strabo y de

Plinio y de Solino, y señaladamente de Aristóteles, que refiere haber

los Cartaginenses descubrieron cierta tierra, que no parece poder ser

otra sino parte de la tierra firme que hoy tenemos hácia el cabo de

San Agustin, y de otros navíos de Cáliz que hallaron las hierbas que

en la mar cuando vinimos á estas Indias hallamos.

Puesto habemos en los capítulos precedentes muchas razones naturales

y otras que parecen á algunos hacer evidencia de que se podia tener

por cierto que en el mar Océano, al Poniente y Mediodia, debia de

haber tierras habitables, y de hecho estarian pobladas, y que por

consiguiente Cristóbal Colon, habiéndolas oido ó leido, ó que él como

era sabio entre sí las imaginaba, conferia y disputaba, pudo con razon

á este descubrimiento moverse; agora en los siguientes será bien

traer para corroboracion de lo arriba concluido, algunas y muchas de

doctísimos é irrefragables varones, auctoridades y testimonios: y la

primera sea de Ptolomeo, el cual en el primer libro, cap. 5.º, de

su _Geographia_, expresamente dice, que por la inmensa grandeza de

nuestra tierra firme muchas partes della no habian venido á nuestra

noticia, y tambien otras muchas que no están hoy en el mundo, ó por

sus corrupciones ó mutaciones, como estar solian, en lo cual alude y

concuerda con lo que en el capítulo ántes deste de Platon y Plinio

tragimos: _Unas nostri continentis partes (inquit Ptolomeus) ob excesum

suæ magnitudinis nondum ad nostram pervenisse notitiam; alias autem

esse quæ nunc aliter quas hactenus sese habent sive ob corruptiones

sive ob mutationes_, etc. De aquí pudo colegir Cristóbal Colon, que

pues no habia venido á nuestra noticia el cabo y fin de nuestra tierra

firme, y ella sabiamos ser muy grande, se podia extender muy adelante

hácia el mar Océano, ó por la parte de Europa ó por la de Asia y de la

India, y así dar vuelta y por consiguiente hallar della algunas partes,

buscándolas, ó al Poniente ó al Mediodia. Esto parece más clarificarse

por lo que dice Strabo en el primer libro de su _Cosmographia_,

conviene á saber, que el Océano cerca toda la tierra y que al Oriente

baña la India y al Occidente la España y Mauritania, que es donde

agora llamamos Marruecos, tierra de los moros alárabes; y que si la

grandeza del Atlántico no lo estorbase se podria navegar de uno á otro

por un mismo paralelo: lo mismo repite en el segundo libro Strabo.

Atlántico llama cierto monte altísimo que está abajo de Mauritania,

del cual se denomina todo ó mucha parte dél mar Océano. Plinio tambien

en su libro II, Cap. 111, dice, que el Océano cerca toda la tierra y

que su longitud de Oriente á Poniente se cuenta desde la India hasta

Cáliz, y en el lib. VI, cap. 31, lo dice con Solino en su _Polistor_,

cap. 68. Stacio Seboso afirma que de las islas Gorgones, que algunos

creen ser las de Cabo Verde, aunque yo dudo mucho dello como abajo

parecerá, hay navegacion de cuarenta dias por el mar Atlántico hasta

las islas Hespérides, que Cristóbal Colon tuvo por cierto que fueron

estas Indias. Aristóteles no calló ansimesmo, en un tratado _De

admirandis in natura auditis_, un hecho de los Cartaginenses por el

cual queda manifiesta la probable opinion susopuesta; dice ansí: que

unos mercaderes de Cartago acaso descubrieron en el mar Atlántico ú

Océano una isla de increible fertilidad y abundancia de todas las

cosas que nacen de la tierra, copiosa de muchos rios por los cuales

podia navegarse, remota de la tierra firme camino de muchos dias

de navegacion, no habitada de hombres sino de bestias fieras; los

cuales, aficionados á su fertilidad, suavidad y clemencia de aires,

se quisieran quedar en ella. Movidos los Cartaginenses con temor que

volando la fama de aquella felice tierra á otras naciones, la poblaria

otro mayor imperio que el suyo, y ansí se corroborarian en perjuicio

de su libertad, todo el Senado de Cartago hicieron edicto y ley

pública, que nadie fuese osado de navegar á ella dende adelante, so

pena de muerte; y para que nadie della supiese, mandaron matar todos

los que la habian hallado. Todo esto está escripto en aquel tractado

en el cual el filósofo, entre otras maravillas, cuenta esta, diciendo

ansí: _Trans Herculis columnas et in eo mari, quod quidem Atlanticum

dicitur, inventam quandam insulam à Carthaginensium mercatoribus olim

fuisse, inquiunt, à nullis ante id tempus prorsus habitatam præterquam

à feris et propterea silvestrem; admodum multis confertam arboribus,

alioquin fluminibus plurimis ad navigandum aptissimis plenam, ac

incredibili quadam omnium rerum nascentium, ubertate profluentem,

sed remotam à continenti plurimum dierum navigatione. Ad quam cum

nonnulli Carthaginensium mercatores sorte accessissent, captique

ejus fertilitate ac aeris clementia ibi sedem fixissent, commotos ob

id Carthaginenses ferunt statim consilio publico decrevisse morte

indita, ne quis post hac illuc navigare auderet, et qui jam ierat

jussisse statim interfici; ne ipsius insulæ fama perveniret ad alias

nationes submittereturque alicui fortiori imperio, ac si fieret quasi

oppugnaculum quoddam adversus eorum libertatem._ Lo mismo afirma

Diódoro aunque más expresa y elegantemente, lib. VI, cap. 7.º, puesto

que dice los Phenices de Cáliz haberla descubierto, pero al cabo parece

que hace un cuerpo sólo de Phenices y Carthaginenses, como en la verdad

todos hubiesen traido su orígen de la famosa ciudad de Tiro, principal

y metrópoli en la provincia de Phenicia. Entre otras calidades felices

que Diódoro pone desta Isla, dice: _Est et aer ibi saluberrimus qui

majori ex parte anni fructus ferat: aliaque specie ac decore præstans,

ut hæc insula non hominum sed deorum diversorum ob ejus felicitatem

existimetur_, etc. Destas palabras, parece ser esta, que dice

Aristóteles y Diódoro, isla, y que pareció isla á los Cartaginenses que

la descubrieron, nuestra tierra firme por aquella parte que llamamos el

Cabo de Sant Augustin y del Brasil, que no está más léjos de las islas

del Cabo Verde sino obra de 550 leguas al Mediodia, en la cual está el

rio del Marañon, de los más poderosos que se cree haber en el mundo,

porque se dice tener 50 leguas y más de boca, y 30 leguas se bebe su

agua dulce en la mar, dentro del cual se contiene isla de 50 leguas

en luengo, y se ha descendido y navegado por él abajo 1.800 leguas,

como, cuando, si pluguiere á Dios, hablaremos del Perú, parecerá. Otros

muchos rios poderosísimos como el rio de la Plata, y el rio Dulce, y el

rio de Yuyapari, que salen, el uno cerca de Paria y el otro á la boca

del Drago, y el rio Grande, que dicen, cerca de Santa Marta, y el del

Darien, y otros grandísimos por los cuales se ha navegado con navíos

y bergantines no chicos, y se navega hoy muchas veces, como diremos

despues por toda aquella costa ó playa de mar hay. Y ansí, dividiendo

suficientemente las partes que entónces habia del mundo descubiertas

y las que hoy vemos que hay, saliendo aquellos mercaderes de Cartago

por el mar Océano, parece ser imposible haber sido la isla que dice

Aristóteles otra, sino la que es hoy nuestra tierra firme, mayormente

confirmándolo la copia de las arboledas, la fertilidad y felicidad

de la tierra, la templanza y clemencia de los aires y suavidad;

parecióles isla siendo tierra firme, porque la tierra firme que por

firme entónces era estimada, era por una parte África y por otra la

Europa, y sobre ambas la Asia, y, topando á deshora con aquella tierra

á la parte del Austro, todos los que la vieran por isla la pudieran

estimar. De hallarla sin gente, pudo ser, ó porque aún entónces no

fuese por aquella parte poblada, y quizá de alguna gente que de los

descubridores della con sus mujeres (porque ansí solian por la mar los

navegantes andar) en ella hubiese quedado, comenzó á poblarse; como

este descubrimiento haya sido antiquísimo, por ventura ochocientos años

ántes y más del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, segun lo que

podemos colegir de las antiguas historias, (lo que no es de maravillar,

porque aún en tiempo de César Augusto, so cuyo imperio Nuestro Salvador

nació, cuando mandó hacer la descripcion de todas las gentes, que se

hizo en treinta y tres años, segun dice Alberto Magno en el lib. II,

distincion tercera, capítulo 1.º, _De natura locorum_, no estaba mucha

tierra poblada, la cual, creciendo la gente despues, segun él, se

pobló); ó tambien, ya que la dicha tierra ó isla poblada estuviese

dentro della, podia haber sido que ellos llegasen á parte donde no

fuese tan buen asiento para vivir cómodamente la gente por algunos

inconvenientes, y ansí no viesen á los moradores della ni los moradores

á los Cartaginenses. Pone Aristóteles tambien en el mismo tractado una

cosa, por maravillosa, que no es poco de notar, conviene á saber, que

ciertos navíos de Cáliz salidos al mar Océano, forzados con viento

subsolano, que es oriental, fueron á parar á ciertas regiones de la

mar donde hallaron la mar cuajada de ovas y hierbas que parecian islas

anegadas, y que hallaron infinito número de atunes, los cuales ó fueron

atunes, ó tovinas, ó delfines, que por aqueste mar Océano hay muchas.

Estas son las hierbas y ovas que halló Cristóbal Colon en el primer

viaje, y hallamos cuando venimos á estas Indias; de lo cual parece

claro que aquellos llegaron por estas mares, aunque no llegasen á estas

tierras. Así que leyendo el Colon el dicho tractado de Aristóteles, si

á sus manos vino, fácil cosa fué persuadirse á tener por cierto haber

tierras pobladas en este mar, y por consiguiente ser movido á procurar

el dicho descubrimiento.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 24 / 126 题