En el cual se tracta de como la Providencia divina nunca consiente
venir cosas señaladas para bien del mundo, ni permite para castigo
dél, sin que primero, ó por sus siervos los Sanctos, ó por otras
personas, aunque sean infieles y malas, y algunas veces por los
demonios, las prenuncien y antedigan que ellas acaezcan.--Pónense una
autoridad de Séneca que parece verdadera y expresa profecía, y otra de
Sant Ambrosio del descubrimiento destas Indias.--Quién fué Tiphis, el
que inventó la primera nao.
Allende las susodichas autoridades hay otra de Séneca, no poco
admirable, para declaracion de la cual es de notar, primero, que
si bien las Escripturas divinas y humanas, que hablan de las cosas
señaladas en el mundo acaecidas, consideramos, nunca hallaremos que se
hicieron cosas grandes, ó para bien del mundo, ó para castigo suyo, que
mucho ántes ó por boca de sus siervos y amigos los Sanctos profetas, ó
de sus enemigos, como las habia entre los gentiles, no ordenase que ó
escura ó claramente lo que habia de acaescer se anunciase ó predijese.
Desto están llenas las divinas Escripturas ó historias, como parece en
el universal Diluvio por Noé, y en la sumersion y hundimiento de las
cinco ciudades de Sodoma por Abraham; y en los libros de los Reyes,
por los profetas, las adversidades y tambien las prosperidades que al
pueblo de los judíos por la divinal ordinacion habian de venir; y la
redencion misericordiosa del linaje humano con la venida del Hijo de
Dios, no sólo por los profetas, pero tambien por las Sibillas que eran
gentiles y infieles que hablaron del nacimiento, predicacion, pasion,
resurreccion y vuelta al universal juicio del Redemptor, ordenó que
mucho ántes fuese dicha, denunciada y manifestada: lo mismo podriamos
traer en ejemplo, si quisiésemos detenernos en muchos casos tocantes
á lugares y gentes y ciudades ménos universales. Esta órden muchas
veces quiso ansimismo la Providencia divina permitir, unas veces
para castigo y pena de los infieles que entre ellos hubiese, y otras
veces para utilidad y conveniencia y gobernacion de los reinos, y
ansí del mundo, permitiendo que los teólogos, hechiceros y adivinos,
y los mismos demonios, respondieran en sus oráculos á los idólatras,
desde las cosas por venir adversas ó prósperas, ciertos responsos.
Desto tracta largamente Sant Augustin en los libros _De civitati Dei_,
é Eusebio en los libros _De evangelica preparatione_. Ansí por esta
manera parece haber querido nuestro Señor, que como el descubrimiento
deste nuevo indiano mundo fuese una de las grandes y misericordiosas
y no ménos justas obras que, para bien de sus predestinados, aunque
tambien para juicio y ofendículo de los precitos, y que habian de
ser condenados, determinara hacer, Séneca, hombre gentil é infiel
(puesto que hay buenos indicios de su conversion, por hallar cartas
escriptas dél á Sant Pablo y de Sant Pablo á él, y haber habido entre
sí secreta conversacion) profetizase y dijese harto claramente, cuasi
mil cuatrocientos veinte años ántes, haber de descubrirse aqueste orbe.
El cual en la tragedia 7.ª, que se dice Medea, coro 2.º, cerca del fin,
(si él las hizo porque algunos quieren decir que las compuso cierto
sobrino suyo, del mismo nombre) dice ansí:
_Venient annis sæcula seris,
quibus Oceanus vincula rerum
laxet, et ingens pateat tellus,
Tiphisque novos detegat orbes,
nec sit terrarum ultima Thile._
Para que entiendan estos versos los que no han leido mucho de
historias, dos cosas deben presuponer: la primera que antiguamente
la isla de Thile, que está en el Océano desa parte de la Noruega,
entre el Setentrion y el Poniente, como arriba en el capítulo 3.º
algo apuntamos, fué tenida por la última de todas las tierras que en
aquellos tiempos se sabian, como parece por Ptolomeo, lib. II, cap.
3, y por Strabon, lib. III, despues del principio, y por Plinio, lib.
II, cap. 77, y Solino, cap. 25 y Pomponio Mela, lib. III, cap. 6 y Sant
Isidro, lib. XIV, cap. 6 de las «Etimologias,» y Boecio de Consolacion
lib. III, metro 5:
_Tellus tua jura cremiscat, et serviat ultima Thile._
La segunda que Tiphis fué el primero que hizo navío ó nao para navegar,
ó el primero que inventó sus aparejos para navegar, mayormente el
gobernario ó el arte de gobernar, tomando, diz que, ejemplo de las
colas de los milanos, por las cuales parece que á sí mismos guian ó
gobiernan, como podrá ver quien quisiere mirar en ello; enseñando la
naturaleza, por las aves en el aire, que los hombres por el agua debian
hacer para se guiar. Ansí lo dice Plinio, lib. X, cap. 10, hablando
dello: _Videntur artem gubernandi cauda flexibus in cœlo monstrante
natura, quod opus esset in profundo_. De Tiphi, dice Séneca en la misma
tragedia:
_Quæque domitorem freti Tiphin,
novam formare docuisti navem._
Enseñaste (dice á la naturaleza) á hacer las naos á Tiphi, domador del
agua. Y Virgilio hace tambien memoria dél en la égloga 4.ª; y Ovidio:
_Tiphis in æmonia puppæ magister erat._
Esto ansí supuesto, dicen los versos de Séneca: En los años futuros
y tardios vernan siglos ó tiempos en los cuales el mar Océano
aflojará sus ataduras de tal manera, que parecerá gran tierra; y el
marinero, inventor de novedad, mundos tan nuevos descubrirá, que
dende adelante no será tenida por última de todas las tierras la
isla de Thile. ¿Qué más claro pudo decir Séneca del descubrimiento
destas Indias? y diciendo «Tiphis descubrirá nuevos mundos,» da á
entender _autonomatice_, ó por excelencia, la dignidad y especialidad
de la sabiduría y gracia que Dios habia de infundir para ello en
Cristóbal Colon, como si dijera, el excelente y señalado marinero
y no otro tal, como el inventor de señalada y admirable novedad en
cosas pertenecientes al navegar como lo fué aquel Tiphis, descubrirá
nuevos mundos, etc. Bien fué cierto excelente marinero inventor nuevo
de nuevas y grandes cosas, pues fué sólo cuanto á esto en nuestros
tiempos, y á él sólo eligió Dios y no á otro para que estos orbes
nuevos descubriese y de tan profunda claridad dé noticia al mundo,
que entónces teniamos, los mostrase. Paréceme que debo aquí mezclar
otra profecia cristiana de Sant Ambrosio, que parece hablar lo mismo
que Séneca, puesto que más explicada destas partes, y dice ansí en el
lib. II, cap. 6.º _De la vocacion de todas las gentes_: _Quod si forte
quem admodum quasdam gentes (quod non volunt) in consortium filiorum
Dei novimus adoptatas, ita etiam nunc in extremis mundi partibus sunt
aliquæ nationes quibus nondum gratia Salvatoris illuxit_, etc. Haber,
dice, algunas naciones en las postreras partes del mundo, cerca de las
cuales dice no dudar tenerles Dios, por su oculto divino juicio, el
tiempo de su conversion por la predicacion del Evangelio aparejado. Las
extremas y últimas partes del mundo parece no ser otras sino estas que
son las postreras de todo el mar Océano. De lo dicho parece bien claro
que Cristóbal Colon pudo tener del descubrimiento destos orbes no sólo
probable, pero muy cierta é indubitable confianza.