En el cual se hace mencion de una isla grandísima, que pone Platon,
mayor que Asia y Europa, riquísima y felicísima, y de cuya prosperidad
y felicidad dice Platon cosas increibles pero verdaderas, y apruébanlo
otros autores y San Anselmo entre ellos; la cual está cerca de la boca
del estrecho de Gibraltar, y de un terremotu de una noche y un dia fué
toda hundida.--De como muchas tierras se han perdido, y hecho islas
de tierra firme, y otras haber parecido que ántes no eran, y de como
muchos Reyes los tiempos antiguos enviaron flotas á descubrir, etc.
Para corroboracion de lo susodicho, y aun de lo que para este propósito
está por decir, para mostrar que los antiguos tuvieron sospecha y
probabilidad de haber tierras habitables y habitadas en el mar Océano,
ó á la parte de Oriente ó del Occidente y Austral, quiero aquí traer
una cosa dignísima de admiracion y nunca otra tal oida, que cuenta
Platon de una isla que estaba cerca de la boca del estrecho de
Gibraltar, la cual llama _Isla del Atlántico_, que fué el primero Rey
della y de quien todo ó cuasi todo el mar Océano se nombró Atlántico; y
dice que era mayor que Asia y África, el sitio de la cual se extendia
la vía del Austro. En esta isla eran muchos Reyes y Príncipes, y por
ella diz que se podia ir y navegar para otras islas comarcanas, y de
aquellas para la tierra firme que de la otra parte estar se creia.
Refiere Platon de la fertilidad, felicidad, abundancia desta isla, de
los rios, de las fuentes, de la llaneza, campiñas, montes, sierras,
florestas, vergeles, frutas, ciudades, edificios, fortalezas, templos,
casas reales, política, órden y gobernacion, ganados, caballos,
elefantes, metales riquísimos, excepto oro, del poder y fuerzas y
facultad potentísima por mar y por tierra, victorias y dilatacion de
su imperio sobre otras muchas diversas naciones, cosas extrañísimas y
en gran manera admirables y á muchos no creibles. En el cual estado
prosperísimo y felicísimo creció y permaneció por muchos siglos,
en tanto que al culto divino y á la guarda de las justas leyes y al
ejercicio de la virtud las gentes della se dieron, pero despues que
aquellos ejercicios y solicitud virtuosa, con sus corruptas afecciones
y costumbres culpables, dejaron y olvidaron, con un diluvio y terrible
terremoto de un dia y una noche, la isla tan próspera y felice y de
tan inmensa grandeza, con todos sus reinos, ciudades y gentes, sin
quedar rastro de todos ellos ni vestigio, sino todo el mar ciego y
atollado, que no se pudo por muchos tiempos navegar, se hundieron. No
osara referir por historia sino por fábula las maravillas que Platon
de aquella isla dice, sino hallara confirmarlo Marsilio Ficino en su
compendio sobre el _Timeo_ de Platon, cap. 6.º, y en el argumento que
hace sobre otro siguiente diálogo al Timeo que Platon hizo, á quien
puso nombre Cricia ó Atlántica, donde trata de la antigüedad del mundo;
el cual, conviene á saber Marsilio, afirma no ser fábula sino historia
verdadera, y pruébalo por sentencia de muchos estudiosos de las obras
de Platon, y todos ellos fundándose en palabras platónicas, que ántes
que á hablar de la dicha isla comenzase, dijo: _Sermo futurus valde
mirabilis, sed omnino verus_; la cual historia dice Platon haberla
recibido de sus mayores, y Cricia de su abuelo Cricia, y aquel de
Solon, su tio, y Solon de los sacerdotes de Egipto, á quien, como
digimos en el prólogo desta historia, en las corónicas se les daba
todo crédito. Tambien hallo á Plinio haber hecho mencion desta isla
hundida, puesto que brevísimamente, lib. II, capítulo 92, donde dice:
_In totum abstulit terras primum omnium ubi Atlanticum mare est, si
Platoni credimus, in medio spatio_, etc. Della tambien se acordó
Séneca en el lib. VI de sus _Morales_, diciendo que Tucidides dijo:
que en los tiempos de la guerra peloponesiaca que fué[10], se hundió
aquella isla que se llamaba Atlántica. Della eso mismo hizo mencion
Philon, judío doctísimo (y tambien San Jerónimo y San Agustin y otros
doctores críticos por su doctrina laudatísima), en el fin del libro
que hizo, que el mundo es incorruptible, donde cuenta por historia
della, diciendo: _Iam vero Atlantis insula major quam Asia simul et
África (ut Plato in Timeo prodit) intra unius diei noctisque spatium
ingenti terræ motu innundationeque mersa, in mare mutata fuit, non
quidem navigabile sed cœnosum voraginosumque_. Con todas las dichas
pruebas no del todo quedara satisfecho para osar escribir aquí cosa
tan admirable, si leyendo entre otros opúsculos de San Anselmo, no
viera en el lib. I. _De Imagine mundi_, capítulo 20, á el mismo Santo
decir ansí: _Ultra has, scilicet, Gorgones insulas fuit illa magna
insula quæ, Platone scribente, cum populo est submersa, quæ Áfricam
et Europam sua magnitudine vicit, ubi nunc est concretum mare_. Lo
que Platon comienza en el _Timeo_ á las cuatro planas á decir della,
loando á los atenienses que con ella tuvieron guerras, es lo siguiente:
_Multa quidem et mirabilia vestræ civitatis opera in monumentis nostris
leguntur; sed unum magnitudine el virtute præcipuum facinus. Traditur
nam vestra civitas resistisse olim innumeris hostium copiis, quæ ex
Atlántico mare profectæ prope jam cunctam Europam Asiamque obsederant.
Tunc non erat fretum illud navigabile, habens in ore et quasi vestibulo
ejus insulam, quan Herculis columnas cognominatis; ferturque insula
illa Libia simul et Asia major fuisse, per quam ad alias proximas
insulas patebat aditus, atque ex insulis ad omnem continentem, è
conspectu jacentem vero mari vicinam. Sed intra hos ipsum portus
angusto sinu fuisse traditur. Pelagus illud verum mare, terra quoque
illa vere erat continens. In hac Atlantide insula maxima et admirabilis
potentia extitit regum, qui toti insulæ illi multisque aliis et
maxime terræ continentis parti, prœterea et his quæ penes nos sunt,
dominabantur. Horum vis omnis una collecta nostram, o Solo, vestramque
regionem et quod intra columnas Herculis continebatur invasit. Tunc
vestræ civitatis virtus in omnes gentes enituit._ Et parum infra:
_Post hæc ingenti terræmotu jugique diei unius et noctis illuvione
factum est ut terra dehiscens vestros illos omnes bellicosos homines
obsorveret, et Atlantis insula sub vasto gurgite mergeretur. Quam ob
causam innavigabile pelagus illud propter absor (sic) insulæ limum
relictum fuit_, etc. No lo vuelvo esto en romance porque ya está dicho
cuasi todo en sustancia. En el diálogo siguiente, que llamó Cricias ó
Atlántico, pone muy copiosamente la grandeza de las riquezas, poder y
felicidad desta isla, que nunca en el universo jamás se hallaron ni
escribieron, ni parece que se pudieron pensar. De lo dicho se ve claro
que en tiempo de Platon que fué cuatrocientos veintitres años ántes
del advenimiento de nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, y ansí ha
pocos ménos de dos mil años, como parece por el dicho Marsilio en el
principio de las obras de Platon, el mar Océano, desde el estrecho de
Gibraltar, ó cuasi á la boca del de donde comenzaba la dicha isla,
no se podia navegar por estar todo anegado; de la manera que agora
hallamos algunas islas ó tierras anegadas en estas Indias, que están
á las primeras tierras que topamos viniendo acá, y se llaman las
_Anegadas_, por las cuales aquel compás no se puede navegar, y ha
acaecido perderse allí navíos. Y si la dicha isla era mayor que Asia
y África, bien podrian ser las dichas Anegadas parte della, pues no
están sino cuasi[11] leguas. No contradice á esto estar las Canarias,
que llamaban los antiguos _Fortunadas_, en el camino porque podria
tambien haber sido que las islas de Canaria fuesen parte de la tierra
de la misma isla Atlántica, y aún de allí les hubiese venido el nombre
_Fortunadas_, por la felicidad de la tierra; ó que despues de aquella
hundida hubiesen criádose ó nacido, como en muchas regiones del mundo
muchas islas y ciudades y parte de tierra firme se hayan hundido,
y otras en parte anegado y en parte quedado, y en otras lo que era
tierra ser agora mar, y en otras lo que era mar es agora tierra, y ansí
donde no las habia hacerse y aparecer, ó súbito ó poco á poco, por
diuturnidad de tiempo, algunas islas. Destas mudanzas que ha habido en
la mar y en la tierra, trata bien Plinio en el lib. II de su _Natural
historia_ por muchos capítulos, desde el cap. 87 hasta el 97; y ansí
se hizo isla Sicilia, que era tierra firme junta con Italia, y la isla
de Chipre, que era toda una con la tierra de Siria, y la isla de Eubea,
que agora se llama Negroponte, se cortó de la provincia de Boecia, y
otras que allí pone Plinio en el capítulo 90 y lib. IV, cap. 12. En
nuestra España hubo tambien lo mismo, que ciertas islas cerca de Cáliz,
que se llamaban las islas _Ophrodisias_, donde habia ciudades populosas
y grandes edificios, segun cuentan nuestras historias, y Plinio, lib.
IV, cap. 32, habla dellas, y de una dice que tenia 200.000 pasos, que
son más de 50 leguas de luengo, y 12 ó 15 leguas de ancho, hoy no hay
ya memoria dellas. Pero lo que más admirable cosa es, que segun dice
Pedro de Aliaco, en el tratado _De Mapa mundi_, ser opinion antigua que
España y África por la parte de Mauritania, ó por allí cerca, era todo
tierra y se contaba hasta allí España, por manera que no habia estrecho
de Gibraltar que llamamos, y que el mar Océano comió por debajo de la
tierra, y ansí se juntó con el mar Mediterráneo; y desta manera tenemos
sospecha que la isla de Cuba se apartó desta Española, cuya punta que
se llama cabo de San Nicolás está frontero, leste gueste, de la punta
de Maici de la isla de Cuba, y en medio dellas están 18 leguas de mar;
lo mismo se presume del postrero cabo y occidental de Cuba, que se
llama de San Anton, y del cabo de Coroche de la tierra de Yucatan, como
abajo se tocará. Haberse tambien hecho de mar ó de agua tierra, quiero
decir, quedar en seco lo que era todo agua, cuéntalo Plinio en el
cap. 87 del lib. II y los siguientes. Allí toca que la mayor parte de
Egipto era agua, y otros dicen que despues del Diluvio fué agua todo,
porque es una hoya más baja que ninguna de las tierras vecinas (desto
hace mencion Sebastian Mustero en el lib. VI de su _Cosmografía_); y
Guadalquivir, que hacia dos brazos, perdió el uno, que iba á salir
cerca del Puerto de Santa María ó hácia la villa de Rota, y ansí quedó
aquella isla que hacia el rio toda junta con la tierra firme. Ser la
dicha isla Atlántica mayor que Asia y África parece no ser cosa difícil
de creer, por lo que dice Aristóteles en el tratado _De mundo_ que
escribió á Alexandre, cap. 1.º, donde dice que la frecuente plática de
los hombres es haber muchas islas mayores que la tierra firme en que
moramos: _Frequens tamen, inquit, hominum sermo est, multas insulas,
esse majores continente in quo habitamus_. Deste frecuente hablar y
opinion de todos debian de moverse algunos Príncipes ó Reyes en los
siglos pasados á enviar naos y gentes á descubrir á diversas partes,
mayormente al Océano. Necos, Rey de Egipto, envió ciertos marineros de
Fenicia, region de Asia, en navíos para que penetrasen el mar Océano,
los cuales, salidos por el mar Bermejo, que por otro nombre llamaban
Pérsico, otros lo llaman Arábico, otros Eritreo (por una isla que
tiene donde está el sepulcro del Rey Eritreo), fueron hácia el Austro
y Mediodia, y acostados á la Etiopía saltaron en tierra y sembraron
trigo, y despues de cogido tornaron á navegar hasta las columnas de
Hércules ó estrecho de Gibraltar, y de aquel camino descubrieron á
África, la que nunca hasta entónces de las gentes orientales habia sido
conocida; los cuales tardaron tres años en aquella navegacion hasta
que tornaron á Egipto. Lo mismo hicieron los Cartaginenses, mandando
Xerges, Rey dellos, que fuese á descubrir uno que se llamaba Sathaspes;
ansí tambien lo hizo el Rey Darío, deseoso de saber donde salia el
rio Indo á la mar y qué tierras y gentes habia en Asia y en la India,
en el cual viaje gastaron treinta meses; todo esto cuenta Herodoto
en su lib. IV. Refiere tambien Solino en su _Polistor_, cap. 56, que
Alexandre Magno envió un Capitan que se llamó Onesicritus con una flota
para descubrir la isla de la Taprobana, adonde navegando perdieron el
norte y nunca vieron las Cabrillas, por manera que muchos de aquellos
tiempos sospecha tenian que hubiese tierras y poblaciones de hombres
en el mar Océano, ó á la parte del Oriente, ó del Occidente ó Austral;
y la misma razon que se creyese no solo Asia y África y Europa ántes
que África fuese sabida, pero tambien otras nuestras tierras y naciones
el Océano, en su capacidad y grande amplitud, contuviese. Tornando al
propósito cómo el Cristóbal Colon pudiese haber leido por el Platon
que de la dicha isla Atlántica parecia puerta y camino para otras
islas comarcanas y para la tierra firme, y que desde el mar Bermejo
ó Pérsico hubiesen salido navíos á descubrir hácia el Occidente, y
los Cartaginenses por estotra parte pasado el estrecho, y el Rey
Darío hácia el Oriente y la India, y todos hubiesen hallado el Océano
desembarazado y navegable y no hallasen fin á la tierra, razonablemente
pudo Cristóbal Colon creer y esperar que aunque aquella grande isla
fuese perdida y hundida, quedarian otras, ó al ménos la tierra firme, y
que buscando las podria hallar.