CAPÍTULO VII.

En el cual se ponen otras dos razones naturales y autoridades de

Avicena y Aristóteles, y San Anselmo, y de Plinio y Marciano, y de

Pedro de Aliaco, Cardenal doctísimo, que prueban haber tierra y

poblada en el mar Océano y en las tierras que están debajo de los

polos, y en ellas diz que vive gente beatísima, que no muere sino

harta de vivir, y ellos se despeñan para matarse por no vivir.

Hemos asignado en los dos capítulos ántes déste las razones sacadas de

los antiguos filósofos y otras naturales que D. Hernando Colon, hijo

del mismo Almirante, asignó, que pudieron moverle al descubrimiento

destas Indias. En este capítulo quiero yo poner algunas que no sólo

prueban, á mi parecer, pero que hacen evidencia que hubiese tierras

pobladas en el mar Océano hácia el Poniente, acostándose á la parte del

Mediodia, ó, al ménos, que podia creer el Almirante que eran pobladas

por ser de sí habitables, á las cuales razones añidiremos algunas

autoridades. Lo primero, porque supuesto que hubiese antípodas, como

entónces era probable, y por consiguiente Periecos, Anteos, Perisceos

y Amphiscios, que todos son los que viven y habitan ó en derredor

de nosotros ó al lado nuestro, ó más bajos otros y otros más altos,

segun la region en que moran, como el mundo esférico ó redondo ó cuasi

redondo sea, necesaria cosa es que la bondad y cualidades favorables

á la habitacion que alcanzamos en nuestro hemispherio, alcancen al

ménos los de nuestros alrededores, que debajo de un meridiano y por

un paralelo ellos y nosotros vivimos; y lo mismo es de la tierra ó

region de los antípodas que tienen los piés contra los nuestros, como

ha parecido en el capítulo precedente, como esté situada entre el

trópico de Cancro y el círculo Artico, y por consiguiente goce de las

mismas favorables influencias de los cielos y estrellas; lo mismo es

de las regiones que están en la zona ó só la zona, de la otra parte

del círculo del trópico de Capricornio, de la cual ninguno dudó ser

habitable, como ni de la del trópico de Cancro por ser igual templanza;

de lo que se dudó por algunos antiguos fué la línea equinoccial, que

llamaban tórrida como ha parecido en el capítulo ántes deste. El

engaño y error de aquellos es ya hoy bien averiguado, pues somos ya

muchos los que hemos estado debajo della y visto en partes amenísima

y suavísima habitacion, y en otras tanta nieve que apénas se puede

habitar, y otras con mucho calor, pero no tanto que las constituya del

todo inhabitables; y ansí se ha de entender lo que dijeron los antiguos

de haber algunos lugares ó regiones en el mundo, como son las zonas

propinquísimas á los polos, que, por frio, y la tórrida ó equinoccial,

que, por calor, no se podian morar, conviene á saber, con dificultad y

trabajo demasiado de los moradores, pero no que del todo no se pudiesen

habitar. Verdad es que algunos afirman las regiones subiectas á los

polos no solamente no poder ser habitables por el inmenso frio, pero ni

poder en ellas haber cosa viva; pruébanlo por razon y por experiencia:

la razon es, segun ellos, porque segun el Filósofo, en el 2.º de los

_Físicos_, el sol concurre al engendramiento y vida de las cosas que

vida tienen con las otras particulares y próximas causas, de manera,

que ansí como no habiendo sol, ninguna cosa se engendraria ni viviria,

tampoco, segun ellos, sino influyese; pues influir el sol no puede en

las tales regiones, por estar distantísimo de la línea equinoccial y

de toda la anchura del zodiaco, que es el círculo que en sí contiene

los doce signos y llaman los filósofos el círculo oblícuo donde anda

el sol é influyen sus rayos, luégo ninguna cosa en las tales regiones

puede tener vida y ansí no son habitables. Por la experiencia tambien

lo pretenden probar, porque si désa parte de las islas Orcadas, que

son treinta segun Ptolomeo, y muy occidentales y de la isla Thile,

están helados los rios y la mar hasta el profundo, como dice el mismo

Ptolomeo y los demas, las cuales están situadas en 60°, ¿qué hará la

tierra que estuviere en 90, que es la zona junto al polo? será cierto

frigidísima y por consiguiente inhabitable: desta manera arguyen los

que dicen ser las tierras debajo de los polos inhabitables. Estas

razones parecen contener alguna apariencia de verdad, pero puédese

decir que no embargante la distancia del camino que lleva el sol en el

zodiaco de los polos, todavia como en las tierras subiectas á ellos

haya dia, porque aun los seis meses del año suele allí durar el dia

y ansí no sea todo noche, alguna virtud del sol y sus influencias

alcanzan allá, puesto que los rayos solares sean flacos y debilitados;

item la virtud de los rayos del sol y de las estrellas, puesto que

allí sea débil y flaca, multiplícase, empero, en alguna manera por

la reververacion que hace en el agua, lo uno porque el agua es lisa

ó lucia ó polida, y reterná lo que á ella llega de la virtud del sol

y de las estrellas, y esto es causa de algun calor; lo otro, por la

natural frialdad del agua, en la cual la dicha virtud del sol hiriendo,

multiplica algo el calor, y esto basta para que en aquellas regiones

pueda haber algunas cosas vivas, mayormente si los animales que allí

hubiere fueren gruesos y carnudos para que no los pueda tan fácilmente

penetrar el frio: por manera que no de todo punto las dichas regiones

son inhabitables, puesto que no puedan morarse continuamente, y lo que

se morare será trabajoso y penable. Esto se prueba por la experiencia

tambien, segun cuenta Quinto Curcio en la _Historia de Alexandre_,

lib. VII, donde refiere, Alexandre haber entrado con su ejército en

la region debajo del polo, frigidísima, donde lo que tiene de dia es

por la continua niebla y nieve y frialdad tan oscuro cuasi como la

noche, que apénas unos á otros de cerca se ven; la gente se llamaba

_Parapamisadas_, barbarísima nacion; vivian en tugurios hechos de

adobes, todos cerrados como una nuez, sólo encima un agujero por donde

les entraba alguna claridad: en lo más áspero del invierno en cuevas

moraban; si algunos árboles y vides podian de tanta frialdad escapar,

los enterraban; aves ni animales no los habia. Finalmente, murióse

allí á Alexandre mucha parte del ejército, y ansí parece que aquella

region no es de todo punto inhabitable, puesto que con gran trabajo

y dificultad se puede habitar. Lo que se dice de los hombres, decimos

de los animales y hierbas: puede haber allí algunas especies de aves

de rapiña y osos y leones, y cebada y avena pero trigo no, y, si se

sembrase, degenerará naciendo centeno ó otra cosa de ménos quilates y

virtud; ésto dice Alberto Magno en el libro _De Natura locorum_, cap.

8.º Mucho más favorece que lo dicho, Pedro de Aliaco, aquellas extremas

polares partes, alegando á Plinio y á Marciano, el cual, en el libro

_De imagine Mundi_, cap. 11, dice que aquellas partes extremas del

mundo donde hay seis meses de dia y otros tantos de noche es habitable,

lo cual dice que prueba Plinio por experiencia y por autores en el

libro IV, y que Marciano afirma, concordando con Plinio, que debajo

de los polos vive gente beatísima ó bienaventurada que no muere sino

harta de vivir, y cuando de vivir están hartos, se suben en una peña

alta y de allí se arrojan en la mar, y llámanse _Yperborei_ en Europa

y _Arumper_ en Asia: _Quantum vero habitetur versus aquilonem_ Plinius

ostendit, lib. IV, _per experientiam et auctores varios, nam usque ad

illum locum habitatur ubi extremi cardines mundi sunt, et ubi est dies

per sex menses et nox per tantum. Et Marcianus in hoc concordat; unde

volunt quid ibi sit gens beatissima quæ non moritur nisi sacietate

vitæ, ad quam cum venerit, præcipitat se alto saxo in mare; et vocantur

yperborei_, etc.; lo mismo dice Aliaco en otro tratado _De Mapa

mundi_, cap. _De figura terræ_. La segunda causa ó razon natural por

la cual se pudo estimar que habia tierra habitable y poblada hácia el

Poniente, acostándose á la parte austral, es, porque regla es general

y natural que como la vida de los hombres y su sanidad consista en

húmido y cálido templado igualmente, segun los médicos, y finalmente en

igualdad, cuanto el lugar ó parte del mundo fuere más templada y cuanto

á la templanza más los lugares se allegaren ó se desviaren, tanto mejor

y más favorable ó ménos buena será la habitacion y por consiguiente

podráse creer aquellas tales partes ó regiones ser habitables y estar

más ó ménos pobladas, porque segun Aristóteles, en el libro _De

causis proprietatum elementorum: Radix habitationis est æqualitas et

temperamentum_. Pues como el mar Océano, hácia el Poniente, á la parte

del Mediodia, no estuviese descubierto, y por razon infalible natural

se conociese que cuanto más se allegase á la línea equinoccial tanto

mayor templanza é igualdad se habia de hallar, pues siendo iguales los

dias con las noches, lo que calienta el calor del sol del dia templa y

refresca la humidad y frescura de la noche, y ansí respectivamente las

regiones que comunican algo de las cualidades de las que están debajo

de la línea equinoccial, como son las del primer clima todo, hasta

su fin, que se extiende más de 115 leguas, viniendo del polo austral

hácia el Setentrion ó Norte, con parte del clima segundo, síguese que

pudo muy bien Cristóbal Colon persuadirse haber tierras y poblaciones

de gentes en el mar Océano, hácia el Poniente, acostándose á la parte

del Mediodia. Esta segunda razon, que es bien razonable y natural,

pone Avicena, lib. I, sent. 1.ª _De complexionibus_, cap. 1.º; y si

añidiéremos lo que Aristóteles dice en el libro _De mundo_, hablando

del mar Océano, ser cosa verisímil y creedera en él haber muchas islas

grandes y chicas, y algunas mayores que la misma que llamamos tierra

firme, en que allá comunmente se vive: _Verisimile quoque est multas

quoque alias sedere insulas quæ longe contrariis obversæ fretis sitæ

sint. Aliæ quidem illa ipsa scilicet Continente majores, sed aliæ

minores, quæ certe omnes ea una excepta nobis minime visæ sunt, quod

nam nostri maris insulis, si cum is maribus amparetur, evenit; idem

quoque orbi terræ quem colimus si ad mare Atlanticum respicias evenire

affirmamus. Multæ nam aliæ præ universo mari enumerantur insulæ quædam

nam magnæ sunt, quæ vastis circunfundantur maribus_, etc. Item, si

añidiéremos tambien lo que San Anselmo trae en el lib. I, cap. 20,

_De Imagine mundi_, que en el mar Océano habia una isla de frescura,

fertilidad y suavidad, mucho más que otras excelentísima, que se

llamaba la _Perdida_, que algunas veces acaso la hallaron y hallaban,

y otras, cuando de propósito la iban á buscar y á escudriñar no la

veian: _Est_, inquit, _et quædam Oceani insula dicta Perdita, amœnitate

omnium rerum præ cœteris longè præstantissima, hominibus incognita,

quæ aliquando casu inventa, quæsita postea non est reperta et ideo

dicitur Perdita_. Así que añididas estas autoridades á las razones

arriba dichas, bien claro parecerá que un hombre tan leido y prudente

y mucho experimentado en las cosas de la mar, y escogido por Dios para

efectuar hazaña tan egregia, como Cristóbal Colon, pudo razonable y

discretamente moverse y persuadirse á procurar favor y ayuda, afirmando

la certidumbre de su descubrimiento; lo cual, aún más evidente por lo

que más trajéremos abajo, parecerá.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 22 / 126 题