CAPÍTULO IV.

En el cual se trata de la ocasion que se ofreció á Cristóbal Colon

para venir á España y como se casó en Portugal, y del primer principio

del descubrimiento destas Indias é incidentemente de cómo y cuando

fueron descubiertas la Isla de la Madera y la del Puerto Santo que

está cabe ella, y cómo las descubrió ó ayudó á descubrir el suegro del

dicho Cristóbal Colon.

Y porque, como arriba se ha tocado, las cosas que Dios determina

efectuar se han en fin de comenzar y mediar y concluir, al tiempo y

al punto y momento y á la sazon que tiene dispuesto, y no ántes ni

despues, para lo cual dispone y rodea y ofrece las ocasiones, y porque

para derramar el rocío de sus misericordias sobre aquestas naciones,

al ménos las que determinó desde ántes de los siglos salvar, se iba ya

apropincuando, y una dellas era traer á Cristóbal Colon á España, por

ende, para que se sepa pormenos de su vida en el presente capítulo la

razon. Como fuese, segun es dicho, Cristóbal Colon, tan dedicado á las

cosas y ejercicio de la mar, y en aquel tiempo anduviese por ella un

famoso varon, el mayor de los corsarios que en aquellos tiempos habia,

de su nombre y linaje que se llamaba Columbo Junior, á diferencia

de otro que habia sido nombrado y señalado ántes, y aqueste Junior

trajese grande armada por la mar contra infieles y venecianos y otros

enemigos de su nacion, Cristóbal Colon determinó ir é andar con él,

en cuya compañía estuvo y anduvo mucho tiempo. Este Columbo Junior,

teniendo nuevas que cuatro galeazas de venecianos eran pasadas á

Flandes, esperólas á la vuelta entre Lisbona y el cabo de San Vicente

para asirse con ellas á las manos; ellos juntados, el Columbo Junior

á acometerles y las galeazas defendiéndose y ofendiendo á su ofensor,

fué tan terrible la pelea entre ellos, asidos unos con otros con sus

garfios y cadenas de hierro, con fuego y con las otras armas, segun

la infernal costumbre de las guerras navales, que desde la mañana

hasta la tarde fueron tantos los muertos, quemados y heridos de ambas

partes, que apénas quedaba quien de todos ellos pudiese ambas armadas

del lugar donde se toparon una legua mudar. Acaeció que la nao donde

Cristóbal Colon iba, ó llevaba quizá á cargo, y la galeaza con que

estaba aferrada se encendiesen con fuego espantable ambas, sin poderse

la una de la otra desviar, los que en ellas quedaban aun vivos ningun

remedio tuvieron sino arrojarse á la mar; los que nadar sabian pudieron

vivir sobre el agua algo, los que no, escogieron ántes padecer la

muerte del agua que la del fuego, como más aflictiva y ménos sufrible

para la esperar; el Cristóbal Colon era muy gran nadador, y pudo haber

un remo que á ratos le sostenia miéntra descansaba, y ansí anduvo hasta

llegar á tierra, que estaria poco más de dos leguas de donde y adonde

habian ido á parar las naos con su ciega y desatinada batalla. Desta

pelea naválica y del dicho Columbo Junior hace mencion el Sabélico en

su Corónica, 8.º libro de la 10.ª década, hoja 168, donde trata que en

el tiempo de la eleccion de Maximiliano, hijo de Federico, Emperador,

por Rey de Romanos, fué enviado por Embajador de la Señoría de Venecia,

Jerónimo Donato, á Portugal, para que en nombre de la Señoría hiciese

gracias al Rey porque á los galeotes y remadores de las susodichas

cuatro galeazas desbaratadas los habia vestido y dado ayuda de costa

para que se volviesen á sus tierras. Ansí que llegado Cristóbal Colon

á tierra á algun lugar cercano de allí, y cobrando algunas fuerzas

del tullimiento de las piernas, de la mucha humidad del agua y de los

trabajos que habia pasado, y curado tambien por ventura de algunas

heridas que en la batalla habia recibido, fuese á Lisbona, que no

estaba léjos, donde sabia que habia de hallar personas de su nacion;

y ansí fué que siendo conocido por de la nacion ginovesa y tambien

quizá su linaje y sus padres, mayormente viendo su autorizada persona,

le ayudaron á que pusiese casa, y hecha con él compañía comenzó á

acreditarse y restaurarse. Pasando algunos dias, como él fuese de buena

disposicion y no ménos tuviese gentil presencia, y con esto no le

faltase la costumbre de buen cristiano, iba por la mayor parte á oir

los divinos oficios á un monesterio que se decia de Santos, donde habia

ciertas Comendadoras (de que órden fuese, no puede haber noticia),

donde acaeció tener plática y conversacion con una Comendadora dellas,

que se llamaba Doña Felipa Moñiz, á quien no faltaba nobleza de

linaje, la cual hubo finalmente con él de casarse. Esta era hija de un

hidalgo que se llamaba Bartolomé Moñiz Perestrello, caballero, criado

del Infante D. Juan de Portugal, hijo del Rey D. Juan I de Portugal

(como parece en la 1.ª década, lib. 1.º, cap. 2.º, de la _Historia de

Asia_, que escribió Juan de Barros en lengua portuguesa), y porque

era ya muerto pasóse á la casa de su suegra. Andando dias y viniendo

dias conoció la suegra ser Cristóbal Colon inclinado á cosas de la

mar y de cosmografía, porque á lo que los hombres se inclinan noches

y dias querrian dello tratar, y vehementes deben ser los cuidados y

urgentes las ocupaciones que del ejercicio y obra ó habla de aquello

los puedan del todo estorbar; ansí que, entendido por la suegra su

inclinacion, contóle como su marido Perestrello habia sido tambien

persona que tuvo inclinacion á las cosas de la mar, y que habia ido

por mandado del Infante D. Enrique de Portugal, en compañía de otros

dos caballeros, á poblar la isla del Puerto Santo, que pocos dias

habia que era descubierta, y al cabo á él sólo cupo la total poblacion

della y en ella le hizo mercedes el dicho Infante, y como entónces

andaba muy hirviendo la práctica y ejercicio de los descubrimientos

de la costa de Guinea y de las islas que habia por el mar Océano, y

esperaba el dicho Bartolomé Perestrello desde aquella descubrir otras,

como se descubrieron, segun abajo en el cap. 17 y en los siguientes se

dirá, debia tener instrumentos y escrituras y pinturas convenientes á

la navegacion, las cuales dió la suegra al dicho Cristóbal Colon, con

la vista y leyenda de las cuales mucho se alegró. Con estas se cree

haber sido inducida y avivada su natural inclinacion á mayor frecuencia

del estudio y ejercicio y leyenda de la cosmografía y astrología, y

á inquirir tambien la práctica y experiencia de las navegaciones y

caminos que por la mar hacian los portugueses á la Mina del Oro y

costa de Guinea, donde los portugueses, como está tocado, empleaban su

tiempo y sus ocupaciones; y como cada dia más y con mayor vehemencia de

imaginacion pensase, y, tomando su parte el entendimiento, considerase

muchas cosas cerca de las tierras descubiertas y las que podrian

descubrir, traidas á la memoria las partes del mundo y lo que decian

los antiguos habitable y lo que no se podia, segun ellos, morar, acordó

de ver por experiencia lo que entónces del mundo por la parte de

Etiopía se andaba y practicaba por la mar, y ansí navegó algunas veces

aquel camino en compañía de los portugueses, como persona ya vecino

y cuasi natural de Portugal; y porque algun tiempo vivió en la dicha

isla de Puerto Santo, donde dejó alguna hacienda y heredades su suegro

Perestrello, (segun que me quiero acordar que me dijo su hijo don Diego

Colon, primer sucesor que tuvo y primer Almirante, el año de 1519 en la

ciudad de Barcelona, estando allí el Rey de España D. Cárlos, cuando

la primera vez vino de Flandes á reinar, y donde le vino el decreto

de su Imperial eleccion); ansí que fuese á vivir Cristóbal Colon á la

dicha isla de Puerto Santo, donde engendró al dicho su primogénito

heredero D. Diego Colon, por ventura por sola esta causa de querer

navegar, dejar allí su mujer, y porque allí en aquella isla y en la de

la Madera, que está junto, y que tambien se habia descubierto entónces,

comenzaba á haber gran concurso de navíos sobre su poblacion y

vecindad, y frecuentes nuevas se tenian cada dia de los descubrimientos

que de nuevo se hacian. Y éste parece haber sido el modo y ocasion de

la venida de Cristóbal Colon á España, y el primer principio que tuvo

el descubrimiento deste grande Orbe.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 19 / 126 题