En el cual se trata de la ocasion que se ofreció á Cristóbal Colon
para venir á España y como se casó en Portugal, y del primer principio
del descubrimiento destas Indias é incidentemente de cómo y cuando
fueron descubiertas la Isla de la Madera y la del Puerto Santo que
está cabe ella, y cómo las descubrió ó ayudó á descubrir el suegro del
dicho Cristóbal Colon.
Y porque, como arriba se ha tocado, las cosas que Dios determina
efectuar se han en fin de comenzar y mediar y concluir, al tiempo y
al punto y momento y á la sazon que tiene dispuesto, y no ántes ni
despues, para lo cual dispone y rodea y ofrece las ocasiones, y porque
para derramar el rocío de sus misericordias sobre aquestas naciones,
al ménos las que determinó desde ántes de los siglos salvar, se iba ya
apropincuando, y una dellas era traer á Cristóbal Colon á España, por
ende, para que se sepa pormenos de su vida en el presente capítulo la
razon. Como fuese, segun es dicho, Cristóbal Colon, tan dedicado á las
cosas y ejercicio de la mar, y en aquel tiempo anduviese por ella un
famoso varon, el mayor de los corsarios que en aquellos tiempos habia,
de su nombre y linaje que se llamaba Columbo Junior, á diferencia
de otro que habia sido nombrado y señalado ántes, y aqueste Junior
trajese grande armada por la mar contra infieles y venecianos y otros
enemigos de su nacion, Cristóbal Colon determinó ir é andar con él,
en cuya compañía estuvo y anduvo mucho tiempo. Este Columbo Junior,
teniendo nuevas que cuatro galeazas de venecianos eran pasadas á
Flandes, esperólas á la vuelta entre Lisbona y el cabo de San Vicente
para asirse con ellas á las manos; ellos juntados, el Columbo Junior
á acometerles y las galeazas defendiéndose y ofendiendo á su ofensor,
fué tan terrible la pelea entre ellos, asidos unos con otros con sus
garfios y cadenas de hierro, con fuego y con las otras armas, segun
la infernal costumbre de las guerras navales, que desde la mañana
hasta la tarde fueron tantos los muertos, quemados y heridos de ambas
partes, que apénas quedaba quien de todos ellos pudiese ambas armadas
del lugar donde se toparon una legua mudar. Acaeció que la nao donde
Cristóbal Colon iba, ó llevaba quizá á cargo, y la galeaza con que
estaba aferrada se encendiesen con fuego espantable ambas, sin poderse
la una de la otra desviar, los que en ellas quedaban aun vivos ningun
remedio tuvieron sino arrojarse á la mar; los que nadar sabian pudieron
vivir sobre el agua algo, los que no, escogieron ántes padecer la
muerte del agua que la del fuego, como más aflictiva y ménos sufrible
para la esperar; el Cristóbal Colon era muy gran nadador, y pudo haber
un remo que á ratos le sostenia miéntra descansaba, y ansí anduvo hasta
llegar á tierra, que estaria poco más de dos leguas de donde y adonde
habian ido á parar las naos con su ciega y desatinada batalla. Desta
pelea naválica y del dicho Columbo Junior hace mencion el Sabélico en
su Corónica, 8.º libro de la 10.ª década, hoja 168, donde trata que en
el tiempo de la eleccion de Maximiliano, hijo de Federico, Emperador,
por Rey de Romanos, fué enviado por Embajador de la Señoría de Venecia,
Jerónimo Donato, á Portugal, para que en nombre de la Señoría hiciese
gracias al Rey porque á los galeotes y remadores de las susodichas
cuatro galeazas desbaratadas los habia vestido y dado ayuda de costa
para que se volviesen á sus tierras. Ansí que llegado Cristóbal Colon
á tierra á algun lugar cercano de allí, y cobrando algunas fuerzas
del tullimiento de las piernas, de la mucha humidad del agua y de los
trabajos que habia pasado, y curado tambien por ventura de algunas
heridas que en la batalla habia recibido, fuese á Lisbona, que no
estaba léjos, donde sabia que habia de hallar personas de su nacion;
y ansí fué que siendo conocido por de la nacion ginovesa y tambien
quizá su linaje y sus padres, mayormente viendo su autorizada persona,
le ayudaron á que pusiese casa, y hecha con él compañía comenzó á
acreditarse y restaurarse. Pasando algunos dias, como él fuese de buena
disposicion y no ménos tuviese gentil presencia, y con esto no le
faltase la costumbre de buen cristiano, iba por la mayor parte á oir
los divinos oficios á un monesterio que se decia de Santos, donde habia
ciertas Comendadoras (de que órden fuese, no puede haber noticia),
donde acaeció tener plática y conversacion con una Comendadora dellas,
que se llamaba Doña Felipa Moñiz, á quien no faltaba nobleza de
linaje, la cual hubo finalmente con él de casarse. Esta era hija de un
hidalgo que se llamaba Bartolomé Moñiz Perestrello, caballero, criado
del Infante D. Juan de Portugal, hijo del Rey D. Juan I de Portugal
(como parece en la 1.ª década, lib. 1.º, cap. 2.º, de la _Historia de
Asia_, que escribió Juan de Barros en lengua portuguesa), y porque
era ya muerto pasóse á la casa de su suegra. Andando dias y viniendo
dias conoció la suegra ser Cristóbal Colon inclinado á cosas de la
mar y de cosmografía, porque á lo que los hombres se inclinan noches
y dias querrian dello tratar, y vehementes deben ser los cuidados y
urgentes las ocupaciones que del ejercicio y obra ó habla de aquello
los puedan del todo estorbar; ansí que, entendido por la suegra su
inclinacion, contóle como su marido Perestrello habia sido tambien
persona que tuvo inclinacion á las cosas de la mar, y que habia ido
por mandado del Infante D. Enrique de Portugal, en compañía de otros
dos caballeros, á poblar la isla del Puerto Santo, que pocos dias
habia que era descubierta, y al cabo á él sólo cupo la total poblacion
della y en ella le hizo mercedes el dicho Infante, y como entónces
andaba muy hirviendo la práctica y ejercicio de los descubrimientos
de la costa de Guinea y de las islas que habia por el mar Océano, y
esperaba el dicho Bartolomé Perestrello desde aquella descubrir otras,
como se descubrieron, segun abajo en el cap. 17 y en los siguientes se
dirá, debia tener instrumentos y escrituras y pinturas convenientes á
la navegacion, las cuales dió la suegra al dicho Cristóbal Colon, con
la vista y leyenda de las cuales mucho se alegró. Con estas se cree
haber sido inducida y avivada su natural inclinacion á mayor frecuencia
del estudio y ejercicio y leyenda de la cosmografía y astrología, y
á inquirir tambien la práctica y experiencia de las navegaciones y
caminos que por la mar hacian los portugueses á la Mina del Oro y
costa de Guinea, donde los portugueses, como está tocado, empleaban su
tiempo y sus ocupaciones; y como cada dia más y con mayor vehemencia de
imaginacion pensase, y, tomando su parte el entendimiento, considerase
muchas cosas cerca de las tierras descubiertas y las que podrian
descubrir, traidas á la memoria las partes del mundo y lo que decian
los antiguos habitable y lo que no se podia, segun ellos, morar, acordó
de ver por experiencia lo que entónces del mundo por la parte de
Etiopía se andaba y practicaba por la mar, y ansí navegó algunas veces
aquel camino en compañía de los portugueses, como persona ya vecino
y cuasi natural de Portugal; y porque algun tiempo vivió en la dicha
isla de Puerto Santo, donde dejó alguna hacienda y heredades su suegro
Perestrello, (segun que me quiero acordar que me dijo su hijo don Diego
Colon, primer sucesor que tuvo y primer Almirante, el año de 1519 en la
ciudad de Barcelona, estando allí el Rey de España D. Cárlos, cuando
la primera vez vino de Flandes á reinar, y donde le vino el decreto
de su Imperial eleccion); ansí que fuese á vivir Cristóbal Colon á la
dicha isla de Puerto Santo, donde engendró al dicho su primogénito
heredero D. Diego Colon, por ventura por sola esta causa de querer
navegar, dejar allí su mujer, y porque allí en aquella isla y en la de
la Madera, que está junto, y que tambien se habia descubierto entónces,
comenzaba á haber gran concurso de navíos sobre su poblacion y
vecindad, y frecuentes nuevas se tenian cada dia de los descubrimientos
que de nuevo se hacian. Y éste parece haber sido el modo y ocasion de
la venida de Cristóbal Colon á España, y el primer principio que tuvo
el descubrimiento deste grande Orbe.