A dos amigos se aparece un Oso:

el uno, muy medroso,

en las ramas de un árbol se asegura:

el otro, abandonado a la ventura,

se finge muerto repentinamente.

El Oso se le acerca lentamente;

mas como este animal, según se cuenta,

de cadáveres nunca se alimenta,

sin ofenderle le registra y toca,

huélele las narices y la boca,

no le siente el aliento

ni el menor movimiento,

y así se fué diciendo sin recelo:

--Este tan muerto está como mi abuelo.

Entonces el cobarde,

de su grande amistad haciendo alarde,

del árbol se desprende muy ligero,

corre, llega y abraza al compañero;

pondera la fortuna

de haberle hallado sin lesión alguna,

y al fin le dice: --Sepas que he notado

que el Oso te decía algún recado.

¿Qué pudo ser? --Diréte lo que ha sido:

estas dos palabritas al oído:

“Aparta tu amistad de la persona

que si te ve en el riesgo te abandona.”

[Ilustración]

LA ZORRA Y LAS UVAS

Es voz común que a más del mediodía,

en ayunas la Zorra iba cazando:

halla una parra; quédase mirando

de la alta vid el fruto que pendía.

Causábale mil ansias y congojas

no alcanzar a las uvas con la garra,

al mostrar a sus dientes la alta parra

negros racimos entre verdes hojas.

Miró, saltó y anduvo en probaduras;

pero vió el imposible ya de fijo;

entonces fué cuando la Zorra dijo:

--No las quiero comer: No están maduras.

No por eso te muestres impaciente,

si se te frustra, Fabio, algún intento;

aplica bien el cuento,

y di: _No están maduras_, frescamente.

[Ilustración]

[Ilustración]

EL CONGRESO DE LOS RATONES[8]

Desde el gran Zapirón, el blanco y rubio,

que después de las aguas del diluvio

fué padre universal de todo gato,

ha sido Miauragato

quien más sangrientamente

persiguió a la infeliz ratona gente.

Lo cierto es que obligada

de su persecución, la desdichada,

en Ratópolis tuvo su congreso.

Propuso el elocuente Roequeso

echarle un cascabel, y de esa suerte

al ruido escaparían de la muerte.

El proyecto aprobaron uno a uno.

¿Quién lo ha de ejecutar? Eso, ninguno.

--Yo soy corto de vista. --Yo, muy viejo.

--Yo, gotoso--, decían. El consejo

se acabó como muchos en el mundo.

Proponen un proyecto sin segundo:

le aprueban. Hacen otro. ¡Qué portento!

¿Pero la ejecución? Ahí está el cuento.

[Ilustración: El Congreso de los ratones.]

EL CHARLATÁN

--Si cualquiera de ustedes

se da por las paredes

o arroja de un tejado

y queda a buen librar descostillado,

yo me reiré muy bien, importa un pito,

como tenga mi bálsamo exquisito.

Con esta relación un chacharero

gana mucha opinión y más dinero,

pues el vulgo, pendiente de sus labios,

más quiere a un Charlatán que a veinte sabios.

Por esta conveniencia

los hay el día de hoy en toda ciencia

que ocupan, igualmente acreditados,

cátedras, academias y tablados.

Prueba de esta verdad será un famoso

doctor en elocuencia, tan copioso

en charlatanería,

que ofreció enseñaría

a hablar discreto con fecundo pico,

en diez años de término, a un borrico.

Sábelo el rey, le llama, y al momento

le manda dé lecciones a un jumento;

pero bien entendido

que sería, cumpliendo lo ofrecido,

ricamente premiado,

mas cuando no, que moriría ahorcado.

El doctor asegura nuevamente

sacar un orador asno elocuente.

Dícele callandito un cortesano:

--Escuche, buen hermano;

su frescura me espanta;

a cáñamo me huele su garganta.

--No temáis, señor mío

--respondió el Charlatán--, pues yo me río;

en diez años de plazo que tenemos,

el rey, el asno o yo ¿no moriremos?

Nadie encuentra embarazo

en dar un largo plazo

a importantes negocios; mas no advierte

que ajusta mal su cuenta sin la muerte.

LA CIGARRA Y LA HORMIGA[9]

Cantando la Cigarra

pasó el verano entero,

sin hacer provisiones

allá para el invierno.

Los fríos la obligaron

a guardar el silencio

y a acogerse al abrigo

de su estrecho aposento.

Vióse desproveída

del preciso sustento,

sin mosca, sin gusano,

sin trigo, sin centeno.

Habitaba la Hormiga

allí tabique en medio,

y con mil expresiones

de atención y respeto,

la dijo: --Doña Hormiga,

pues que en vuestros graneros

sobran las provisiones

para vuestro alimento,

prestad alguna cosa

con que viva este invierno

esta triste Cigarra,

que alegre en otro tiempo

nunca conoció el daño,

nunca supo temerlo.

No dudéis en prestarme,

que fielmente prometo

pagaros con ganancias,

por el nombre que tengo.

La codiciosa Hormiga

respondió con denuedo,

ocultando a la espalda

las llaves del granero:

--¡Yo prestar lo que gano

con un trabajo inmenso!

Dime, pues, holgazana:

¿Qué has hecho en el buen tiempo?

--Yo --dijo la Cigarra--,

a todo pasajero

cantaba alegremente

sin cesar ni un momento.

--¡Hola! ¿Conque cantabas

cuando yo andaba al remo?

Pues ahora que yo como,

baila, pese a tu cuerpo.

[Ilustración]

[Ilustración]

TOMÁS DE IRIARTE

_Santa Cruz de Orotava, Canarias, 1750; † 1791._

LOS DOS CONEJOS

Por entre unas matas,

seguido de perros

(no diré corría)

volaba un Conejo.

De su madriguera

salió un compañero,

y le dijo: --Tente;

amigo, ¿qué es esto?

--¿Qué ha de ser? --responde--,

sin aliento llego...

dos pícaros galgos

me vienen siguiendo.

--Sí --replica el otro--;

por allí los veo;

pero no son galgos.

--Pues ¿qué son? --Podencos.

--¿Qué? ¿Podencos dices?

Sí; como mi abuelo.

Galgos y muy galgos;

bien vistos los tengo.

--Son podencos: vaya,

que no entiendes de eso.

--Son galgos, te digo.

--Digo que podencos.

En esta disputa

llegando los perros,

pillan descuidados

a mis dos conejos.

Los que por cuestiones

de poco momento

dejan lo que importa,

llévense este ejemplo.

[Ilustración]

EL GOZQUE Y EL MACHO DE NORIA

Bien habrá visto el lector

en hostería o convento

un artificioso invento

para andar el asador.

Rueda de madera es

con escalones, y un perro

metido en aquel encierro

le da vueltas con los pies.

Parece que cierto Can

que la máquina movía,

empezó a decir un día:

--Bien trabajo, y ¿qué me dan?

¡Cómo sudo! ¡Ay, infeliz!

Y al cabo por gran exceso,

me arrojarán algún hueso

que sobre de esa perdiz.

Con mucha incomodidad

aquí la vida se pasa;

me iré, no sólo de casa,

mas también de la ciudad.

Apenas le dieron suelta,

huyendo con disimulo,

llegó al campo, en donde un Mulo

a una noria daba vuelta.

Y no le hubo visto bien

cuando dijo: --¿Quién va allá?

Parece que por acá

asamos carne también.

--No aso carne, que agua saco,

--el Macho le respondió--.

--Eso también lo haré yo

--saltó el Can--, aunque estoy flaco.

Como esa rueda es mayor,

algo más trabajaré.

¿Tanto pesa...? Pues ¿y qué?

¿No ando la de mi asador?

Me habrán de dar, sobre todo,

más ración, tendré más gloria...

Entonces el de la noria

le interrumpió de este modo:

--Que se vuelva le aconsejo

a voltear su asador,

que esta empresa es superior

a las fuerzas de un Gozquejo.

¡Miren el Mulo bellaco,

y qué bien le replicó!

Lo mismo he leído yo

en un tal Horacio Flaco,

que a un autor da por gran yerro

cargar con lo que después

no podrá llevar: esto es,

que no ande la noria el Perro.

[Ilustración]

[Ilustración]

LA ARDILLA Y EL CABALLO

Mirando estaba una Ardilla

a un generoso Alazán,

que dócil a espuela y rienda

se adiestraba en galopar.

Viéndole hacer movimientos

tan veloces y a compás,

de aquesta suerte le dijo

con muy poca cortedad:

--Señor mío:

de ese brío,

ligereza

y destreza

no me espanto;

que otro tanto

suelo hacer, y acaso más.

Yo soy viva,

soy activa,

me meneo,

me paseo,

yo trabajo,

subo y bajo;

no me estoy quieta jamás.

El paso detiene entonces

el buen potro, y muy formal,

en los términos siguientes

respuesta a la Ardilla da:

--Tantas idas

y venidas,

tantas vueltas

y revueltas,

quiero, amiga,

que me diga:

¿son de alguna utilidad?

Yo me afano,

mas no en vano.

Sé mi oficio,

y en servicio

de mi dueño

tengo empeño

de lucir mi habilidad.

Conque algunos escritores

ardillas también serán,

si en obras frívolas gastan

todo el calor natural.

[Ilustración]

LA COMPRA DEL ASNO

Ayer por mi calle

pasaba un borrico,

el más adornado

que en mi vida he visto.

Albarda y cabestro

eran nuevecitos,

con flecos de seda

rojos y amarillos.

Borlas y penacho

llevaba el pollino,

lazos, cascabeles

y otros atavíos;

y hechos a tijera,

con arte prolijo,

en pescuezo y anca

dibujos muy lindos.

Parece que el dueño,

que es, según me han dicho,

un chalán, gitano

de los más ladinos,

vendió aquella alhaja

a un hombre sencillo;

y añaden que al pobre

le costó un sentido.

Volviendo a su casa,

mostró a sus vecinos

la famosa compra,

y uno de ellos dijo:

--Veamos, compadre,

si este animalito

tiene tan buen cuerpo

como buen vestido.

Empezó a quitarle

todos los aliños;

y bajo la albarda,

al primer registro,

le hallaron el lomo

asaz malferido,

con seis mataduras

y tres lobanillos,

amén de dos grietas

y un tumor antiguo

que bajo la cincha

estaba escondido.

--¡Burro --dijo el hombre--,

más que el burro mismo

soy yo, que me pago

de adornos postizos!

A fe que este lance

no echaré en olvido;

pues viene de molde

a un amigo mío,

el cual a buen precio

ha comprado un libro

bien encuadernado

que no vale un pito.

EL NATURALISTA Y LAS LAGARTIJAS

Vió en una huerta

dos Lagartijas

cierto curioso

naturalista.

Cógelas ambas

y a toda prisa

quiere hacer de ellas

anatomía.

Ya me ha pillado

la más rolliza;

miembro por miembro

ya me la trincha;

el microscopio

luego le aplica.

Patas y cola,

pellejo y tripas,

ojos y cuello,

lomo y barriga,

todo lo aparta

y lo examina.

Toma la pluma,

de nuevo mira,

escribe un poco,

recapacita.

Sus mamotretos

después registra,

vuelve a la propia

carnicería.

Varios curiosos

de su pandilla

entran a verle.

Dales noticia

de lo que observa:

unos se admiran,

otros preguntan,

otros cavilan.

Finalizada

la anatomía,

cansóse el sabio

de Lagartija;

soltó la otra,

que estaba viva.

Ella se vuelve

a sus rendijas,

en donde, hablando

con sus vecinas,

todo el suceso

les participa.

--No hay que dudarlo,

no --les decía--;

con estos ojos

lo vi yo misma.

Se ha estado el hombre

todito un día

mirando el cuerpo

de nuestra amiga.

¿Y hay quien nos trate

de sabandijas?

¿Cómo se sufre

tal injusticia,

cuando tenemos

cosas tan dignas

de contemplarse

y andar escritas?

No hay que abatirse,

noble cuadrilla;

valemos mucho,

por más que digan.

¿Y querrán luego

que no se engrían

ciertos autores

de obras inicuas?

Les honra mucho

quien los critica.

No seriamente,

muy por encima

deben notarse

sus tonterías;

que hacer gran caso

de Lagartijas,

es dar motivo

de que repitan:

--Valemos mucho,

por más que digan.

EL TOPO Y OTROS ANIMALES

Ciertos animalitos,

todos de cuatro pies,

a la gallina ciega

jugaban una vez.

Un Perrillo, una Zorra

y un Ratón, que son tres;

una Ardilla, una Liebre

y un Mono, que son seis.

Este a todos vendaba

los ojos, como que es

el que mejor se sabe

de las manos valer.

Oyó un Topo la bulla,

y dijo: --Pues, pardiez,

que voy allá, y en rueda

me he de meter también.

Pidió que le admitiesen;

y el Mono, muy cortés,

se lo otorgó (sin duda

para hacer burla de él).

El Topo a cada paso

daba veinte traspiés,

porque tiene los ojos

cubiertos de una piel;

y a la primera vuelta,

como era de creer,

facilísimamente

pillan a su merced.

De ser gallina ciega

le tocaba la vez;

y ¿quién mejor podía

hacer este papel?

Pero él, con disimulo,

por el bien parecer,

dijo al Mono: --¿Qué hacemos?

Vaya, ¿me venda usted?

Si el que es ciego y lo sabe,

aparenta que ve,

quien sabe que es idiota,

¿confesará que lo es?

[Ilustración: El topo y otros animales.]

EL OSO, LA MONA Y EL CERDO

Un Oso con que la vida

ganaba un piamontés,

la no muy bien aprendida

danza ensayaba en dos pies.

Queriendo hacer de persona,

dijo a una Mona: --¿Qué tal?

Era perita la Mona,

Y respondióle: --Muy mal.

--Yo creo --replicó el Oso--,

que me haces poco favor.

Pues qué, ¿mi aire no es garboso?

¿No hago el paso con primor?

Estaba el Cerdo presente,

y dijo: --¡Bravo! ¡Bien va!

¡Bailarín más excelente

no se ha visto ni verá!

Echó el Oso, al oír esto,

sus cuentas allá entre sí,

y con ademán modesto

hubo de exclamar así:

--Cuando me desaprobaba

la Mona, llegué a dudar;

mas ya que el Cerdo me alaba,

muy mal debo de bailar.

Guarde para su regalo

esta sentencia un autor:

“Si el sabio no aprueba, ¡malo!;

si el necio aplaude, ¡peor!”

LOS DOS LOROS Y LA COTORRA

De Santo Domingo trajo

dos Loros una señora.

La isla es mitad francesa

y otra mitad española;

así, cada animalito

hablaba distinto idioma.

Pusiéronles al balcón,

y aquello era Babilonia.

De francés y castellano

hicieron tal pepitoria,

que al cabo ya no sabían

hablar ni una lengua ni otra.

El francés del español

tomó voces, aunque pocas;

el español al francés

casi se las toma todas.

Manda el ama separarlos,

y el francés luego reforma

las palabras que aprendió

de lengua que no es de moda.

El español, al contrario,

no olvida la jerigonza,

y aun discurre que con ella

ilustra su lengua propia.

Llegó a pedir en francés

los garbanzos de la olla;

y desde el balcón de enfrente

una erudita Cotorra

la carcajada soltó,

haciendo del Loro mofa.

Él respondió solamente,

como por tacha afrentosa:

--_Vos no sois que una purista_.

Y ella dijo: --¡A mucha honra!--

¡Vaya, que los Loros son

lo mismo que las personas!

LA CAMPANA Y EL ESQUILÓN

En cierta catedral una Campana había

que sólo se tocaba algún solemne día.

Con el más recio són, con pausado compás,

cuatro golpes o tres solía dar no más.

Por esto y ser mayor de la ordinaria marca

celebrada fué siempre en toda la comarca.

Tenía la ciudad en su jurisdicción

una aldea infeliz, de corta población,

siendo su parroquial una pobre iglesita

con chico campanario a modo de una ermita,

y un rajado Esquilón, pendiente en medio de él,

era allí quien hacía el principal papel.

A fin de que imitase aqueste campanario

al de la catedral, dispuso el vecindario

que despacio y muy poco el dichoso Esquilón

se hubiese de tocar sólo en tal cual función,

y pudo tanto aquello en la gente aldeana,

que el Esquilón pasó por una gran campana.

Muy verosímil es, pues que la gravedad

suple en muchos así por la capacidad;

dígnanse rara vez de despegar sus labios,

y piensan que con esto imitan a los sabios.

EL PEDERNAL Y EL ESLABÓN

Al Eslabón de cruel

trató el Pedernal un día,

porque a menudo le hería

para sacar chispas de él.

Riñendo éste con aquél,

al separarse los dos,

--Quedaos --dijo-- con Dios.

¿Valéis vos algo sin mí?

Y el otro responde: --Sí,

lo que sin mí valéis vos.

Este ejemplo material

todo escritor considere

que largo estudio no uniere

al talento natural.

Ni da lumbre el pedernal

sin auxilio de eslabón,

ni hay buena disposición

que luzca faltando el arte;

si obra cada cual aparte

ambos inútiles son.

EL BURRO FLAUTISTA

Esta fabulilla,

salga bien o mal,

me ha ocurrido ahora

por casualidad.

Cerca de unos prados

que hay en mi lugar,

pasaba un borrico

por casualidad.

Una flauta en ellos

halló, que un zagal

se dejó olvidada

por casualidad.

Acercóse a olerla

el dicho animal,

y dió un resoplido

por casualidad.

En la flauta el aire

se hubo de colar,

y sonó la flauta

por casualidad.

--¡Oh --dijo el Borrico--,

qué bien sé tocar!

¡Y dirán que es mala

la música asnal!

Sin reglas del arte

borriquitos hay,

que una vez aciertan

por casualidad.

[Ilustración]

[Ilustración]

PEDRO DE SALAS

_Siglo XVII._

EL RATÓN DEL CAMPO Y EL CORTESANO[10]

A un ratón cortesano otro salvaje

dió rústico hospedaje. En parca mesa

su pobreza profesa; aunque arrastrados,

sus más ricos bocados le franquea:

desechos de la aldea, cualque orujo

y mijo allí le trujo. El mejor plato

fué un zatico mulato. El estadista

ratón, con grave vista, al campesino

dice: --¡Triste, mezquino, miserable!

¿Cómo te es tolerable aquesta vida?

Si tan lauta comida hay en la aldea,

a quien tal la desea bien le cuadre.

¡No más campo, compadre! Ven conmigo

y verás cuánto va de amigo a amigo.

Paso a paso por una y otra cueva

al palacio le lleva, y muy sin ruido

le previene al descuido que esté alerta

a todo són de puerta. Por estrados

ricamente alfombrados, cañas juegan,

saltan, retozan, bregan y ya hambrientos

entran con pasos lentos la despensa,

adonde, sin ofensa de enemigos,

en dos quesos amigos le sepulta.

De aquí por senda oculta le endereza

a su mayor riqueza, que atesora

una alacena. Agora entre conservas

le dice: --¿Vuestras hierbas, ermitaño,

daros han todo un año tan buen día?

Mirad la gloria mía. ¡Este es banquete

y no el vuestro, pobrete! Al mejor plato

oyen que maulla un gato, habla una puerta.

--¡Ay! ¡Nuestra muerte es cierta! --el cortesano

al ratón aldeano triste exclama.

Turbado se derrama cada uno

por su hueco oportuno. El ratoncillo

agreste halló un portillo a dicha rara,

y volviendo la cara hacia el palacio,

respirando despacio, dice: --¡Oh fuego

en tal desasosiego! Tus manjares

más dulces, rejalgares son. ¿Tus gustos

compras con tales sustos? ¿Muerte al ojo?

¡No más corte! Yo escojo en paz mis hierbas,

no en guerra tus conservas, con tal costa,

que tu ancha puerta angosta al temor viene,

y tu regalo mil venenos tiene.

(_Afectos divinos._ Valladolid, 1638.)

[Ilustración]

JOSÉ DE CAÑIZARES

_Madrid, 1676; † 1750._

LO CIERTO POR LO DUDOSO[11]

¡Ay de vosotros, si acaso

dejáis torticeramente

el bien que está asegurado

por el que en duda os prometen!

Contaros quiero aquel cuento,

que ya cuido que sabedes,

del Can que al agua llegó

con la presa que hurtó alegre;

y reparando al pasar

que el espejo transparente

del arroyo le ofrecía,

en la fugitiva especie

de la sombra, otro pedazo

mayor que el que asido tiene,

engañado y codicioso

abrió, por trocar las suertes,

la boca, para agarrar

el otro; pero, pardieces,

que el pedazo que soltó,

llevado de la corriente,

sin ambos a dos le deja,

que eso y mucho más merece

quien por la sombra desprecia

la realidad que posee.

(_La heroica Antona García_, jornada 2.ª)

[Ilustración]

[Ilustración]

FRANCISCO DE LA TORRE

_N. en Tortosa (Tarragona) hacia 1620; † hacia 1680._

AL ROMPER EL ALBA

A cierto Clérigo, que era

madrugador impaciente,

le esperaba mucha gente

para la misa primera.

Tarde el Clérigo llegó,

y al querer con mucha prisa

salir a decir su misa,

la alba de un clavo se asió,

y aquí dijo, haciendo salva

a la gente en pronto alarde:

--Señores, no vengo tarde

pues vengo al romper el alba.

(_La confesión con el Demonio_, jornada 2.ª)

[Ilustración]

AGUSTÍN MORETO

_Madrid, 1618; † 1669._

RESPUESTA DE PERO GRULLO

De frailes acompañado

pasaba un entierro un día,

y uno, a quien le parecía

el entierro autorizado,

a un fraile con inquietud

--¿Quién ha muerto? --preguntó--,

y el fraile le respondió:

--El que va en el ataúd.

(_Industrias contra finezas_, jornada 2.ª, escena XIII.)

CODICIA DE LO PROHIBIDO

Vaya un ejemplo. En mi tierra

había una doncellita

opilada, con gran riesgo,

de puro comer ceniza.

Sus padres la reservaban

del brasero y la cocina,

de suerte que cuando ella

la daba alcance, embutía

ceniza al sabor del hurto

como si fueran mellizas.

Llegó del caso a la muerte;

y el dotor que la asistía

para curarla fingió

que su muerte era precisa

si de ceniza un brasero

no comiese cada día.

Ella pidió luego a gritos

tan sabrosa medicina.

Trajéronla un gran brasero,

y al comenzar a embestilla,

como ya allí le faltaba

el sabor de prohibida

(que a nuestro ruin apetito

da sazón la culpa misma),

a cada bocado della

la hallaba más desabrida.

Viendo que obraba el remedio,

la daba el dotor gran prisa,

diciendo: --Señora, coma,

que eso le importa la vida.

Y ella, harta ya, entre los dedos

repasaba la ceniza,

y a fuer de tomar tabaco

con cada polvo escupía.

Porfiábala el dotor,

y ella, del todo rendida,

dijo: --Señor, yo no puedo;

quítenla allá, muera o viva.

Y desde allí le quedó

tanto horror a la codicia,

que de quince días antes,

pensando que ya venía,

lloraba en Carnestolendas

el miércoles de Ceniza.

(_Yo por vos y vos por otro_, jornada 1.ª, escena II.)

LA FRUTA PROHIBIDA

Mira: siendo yo muchacho

había en mi casa vendimia,

y por el suelo las uvas

nunca me daban codicia.

Pasó este tiempo, y después

colgaron en la cocina

las uvas para el invierno;

y yo, viéndolas arriba,

rabiaba por comer dellas,

tanto, que trepando un día

por alcanzarlas, caí

y me quebré las costillas.

(_El desdén con el desdén_, jornada 1.ª, escena I.)

[Ilustración]

POR LA PUENTE, QUE ESTÁ SECO

Iba camino un abad

muy gordo y muy reverendo;

llegando a un río, intentó

pasar el vado, y saliendo

un pastor, le dijo: --Advierta

que ayer se ahogó un pasajero

porque erró el vado. El abad

preguntó al pastor tosiendo:

--¿Cuánto hay desde aquí a la puente?

--Dos leguas y media pienso

--dijo el pastor. Y el Abad

le respondió entre un regüeldo:

--Si el que se ahogó hubiera ido

por la puente, aunque está lejos,

desde ayer acá ya hubiera

pasado el río. Y el freno

torciendo a la mula, dijo:

--Por la puente, que está seco.

(_No puede ser..._, jornada 1.ª, escena IV.)

EL DESAFÍO

Desafió a otro un portugués,

y le esperaba en un monte,

que el subir a su horizonte

cansara a un gato montés.

Llegó allá el desafiado,

muerto del paso prolijo,

y en viendo al contrario, dijo,

molido y desalentado:

--Yo no me puedo mover;

¿para qué me llamó aquí?

Y él respondió: --Porque así

teño menos que facer.

(_El caballero_, jornada 2.ª, escena I.)

EL PLACER DE LA VENGANZA

Un vizcaíno insufrible

por una calle iba andando,

y en una reja, pasando,

se dió un codazo terrible.

Enfurecido, aunque en vano,

volvió a la reja culpada,

y le dió tan gran puñada,

que se destroncó la mano.

Irritóse, y a dos brazos

tomó, sacando la espada,

y allí a pura cuchillada

la hizo en la reja pedazos.

Mas creyéndose vengado

partió, diciendo a su modo:

--¿Manos rompes, quiebras codo?

Pues toma lo que has llevado.

[Ilustración]

[Ilustración]

CRISTÓBAL DE MONROY

_Alcalá de Guadaira, 1612; † 1649._

LA NATURALEZA PUEDE MÁS QUE EL ARTE[12]

GAZUL.

La poesía es adquirida.

TRIPULINO.

Es don de naturaleza.

ALFONSO.

El arte la perfecciona,

y aun muchas veces la inventa.

TRIPULINO.

Eso no, que es diferente

arte de naturaleza.

ALFONSO.

¿Con qué lo pruebas?

TRIPULINO.

Escucha:

aquesa disputa mesma

tuvieron dos hombres; uno

con industria y diligencia

enseñó un gato a tener

con las manos una vela,

y cuando estaba cenando

le asistía así a la mesa,

y éste decía que el arte

vence la naturaleza;

mas el de opinión contraria

puso un ratón allí cerca,

y el gato, así que le vió,

corrió, soltando la vela,

y embistió con el ratón;

dando con esta advertencia

a entender que más que el arte

puede la naturaleza.

(_El encanto por los celos_, jornada 3.ª)

[Ilustración]

[Ilustración]

ANTONIO DE SOLÍS

_Alcalá, 1610; † 1686._

NO ERA NADA LO DEL OJO

Pegáronle una pedrada

a un hombre por un enojo,

tan en buen punto pegada,

que le echaron fuera un ojo,

como quien no dice nada.

Preguntóle al cirujano

si el ojo, con el dolor,

perdería; y él, ufano,

le respondió: --No, señor,

que yo le tengo en la mano.

(_El doctor Carlino_, jornada 2.ª)

[Ilustración]

JUAN DE MATOS FRAGOSO

_Alvito (Portugal), 1614?; † 1692._

EL PERRO Y EL ASNO[13]

A su casa a descansar

volvía un hombre de fuera,

y un perrillo que tenía,

comenzándole a hacer fiestas,

en los hombros le saltaba.

Estaba un pollino cerca

y tuvo envidia del perro,

y de la misma manera

quiso halagar a su amo,

y poniéndose en dos piernas

le derribó una quijada.

Saca tú la consecuencia.

(_Lorenzo me llamo_, jornada 3.ª)

AFEITAR POR AMOR DE DIOS

De limosna y sin dinero

la barba hacía a un pastor

con la navaja peor,

desazonado, un barbero.

Como la navaja estaba

con mil mellas que tenía,

el cabello no partía,

pero el rostro desollaba.

Conoció el pastor el yerro,

mas vió ser fuerza que calle.

En este tiempo en la calle

le daban palos a un perro.

--¿Qué será aquello? --decía

el barbero a sus oídos,

como con los alaridos

el perro les aturdía.

Respondió el pastor allí,

viendo que en saberlo escarba:

--Deben de hacerle la barba

de limosna, como a mí.

(_Callar siempre es lo mejor_, jornada 3.ª, y _El redentor

cautivo_, jornada 2.ª, en colaboración con Sebastián de

Villaviciosa.)

EL DUENDE

En una casa había un duende,

y hacíales muchos daños

a los que en ella vivían:

ya les daba con un jarro,

ya les quitaba la ropa,

ya les tiraba los platos.

Los pobres, para librarse,

mudarse de allí trataron

a otro barrio, y aquel día

que ellos se estaban mudando,

viniendo el dueño de casa

ya por los postreros trastos,

al duende vió, que bajaba

por la escalera, cargado

con todos ellos, y el hombre

le preguntó muy despacio:

--¿Dónde vas? Y el duende dijo:

--Allá; pues ¿no nos mudamos?

A que él replicó: --Si es eso,

y has de seguirnos los pasos,

quedarnos aquí es mejor,

y excusarnos el trabajo.

(_El Job de las mujeres, Santa Isabel, reina de Hungría_, jornada

2.ª)

LA MULA DEL DOCTOR[14]

Fábulas y cuentos en verso Selección · 第 2 / 5 段