Funestos resultados

Los que creen en esa milagrería absurda, protectora de los tontos,

cómplice de los perezosos, de los jugadores, de los asesinos, de

los ladrones, de todos los que por su medio logran lo que quieren,

esos son los criminales que llenan nuestras cárceles y que mueren en

el patíbulo; esos los que, armados de su anting-anting, su talismán,

rosario, escapulario, huesos de Santos o dientes de tiburón, desafían

a la policía, cometen tropelías y trastornan el orden, fiados en

que triunfarán por la protección de su pintakasi celestial. Ese es

el producto, no de las escuelas sin Dios, sino del Dios sin escuela,

imposible y paradójico, cuyo poder se manifiesta por procedimientos

caprichosos y por ejercicios de prestidigitación. Esos individuos

son, en verdad, el producto esperado de la superstición predicada,

difundida, ofrecida a pasto a la ignorancia de la gente que llegó a

no temer a Dios ni al Diablo, y que sabe que el castigo del Infierno

solamente alcanza a quien no se enrosca un rosario al cuello y no

se afianza a un pintakasi que garantice su salvación eterna, porque

¡Dios no permite que el devoto de uno de sus favoritos se condene!

¿Qué clase de ciudadano puede ser en la sociedad un individuo que se

ríe del castigo usando el medio fácil de un abogado celestial? ¿Cómo

pueden asustarle las penas del infierno cuando sabe que por medio

de un abogado poderoso, Dios se verá forzado a perdonarle? ¡Y cuando

un hombre conoce el medio de evitar la justicia divina, es claro que

para escapar de la justicia humana recurrirá para conmover la piedad

del juez, para evitar el cumplimiento de la ley, para no cumplir con

ningún deber y vivir sólo disfrutando de derechos, recurrirá a usar

con las autoridades humanas los mismos procedimientos de propiciación,

halagos, prevaricación, humillaciones y engaños que dominaron al

mismo Dios y vencieron el poder del Demonio!

Jamás lograréis que un hombre supersticioso, máxime si es del tipo

que hemos analizado, llegue a ser un ciudadano útil. ¡Este tipo es

desdichadamente el producto de una educación de tres siglos * * *!

Las escuelas religiosas han dado ya su fruto, también lo han dado

las laicas. La juventud que sale de las últimas, no se halla, sin

duda alguna, exenta de defectos, pero no va envenenada y torcida para

siempre por la superstición embrutecedora sembrada por los embaucadores

indígenas y exóticos. Ninguno de esos jóvenes arremeterá a bolazos

contra una vieja fea tomándola por el Demonio; no soñará con volar

por los aires lanzado como una pelota por una partida de diablos;

ninguno creerá que un pedazo de carne vaya echando brazos, piernas

y cabezas a medida que adelante una misa ofrecida a un pintakasi;

ni menos puede concebir un Jesucristo que se ablande a la vista del

seno que su Madre la Virgen María le enseña para recordarle lo que su

frágil memoria de Dios olvida, ni se excusará de una inconveniencia

cometida contra un compañero del otro sexo, pretextando que no lleva

el Cíngulo de la Milicia Angélica, ni menos podrá creer que a pesar

de una vida criminal conseguirá su salvación eterna si ha tenido la

precaución de repetir en todo momento la invocación de la llamada

Trinidad de la Tierra.

Esa educación laica no dará individuos que confían en la protección

y en la recomendación para progresar y triunfar en la tierra. Esa

educación laica es completamente democrática y no será responsable

de las faltas de aquellos que, por no seguir su enseñanza, tratan

de emplear en los asuntos de esta vida los métodos recomendados en

las novenas para conseguir lo que se desea por medio del apoyo de

los poderosos, logrado por súplicas, protestas de amor y promesas de

eterna devoción.

La conformación mental creada por la propagación del espíritu

supersticioso, es un obstáculo, una barrera insuperable levantada

contra el desarrollo del sentido moral. Sembraremos principios morales

como quien siembra en el campo la semilla de un cereal de selección,

que no germinará siquiera cuando el terreno no sea apropiado. La

sana moral se cimenta en una base de razón; cuando esta base falta,

la moral enseñada resultará como un árbol sin raíz y sin vida. No

es posible que la escuela sin Dios, ni la otra con Dios pueda hacer

germinar la semilla moral en el terreno preparado por la escuela de

la superstición, de la magia y del sortilegio: hay que preparar el

terreno cultivando la razón y creando el sentido lógico.

No quiero insistir en cosas que no necesitan sino ser expuestas ante

el sentido común para ser juzgadas como se merecen.

El legado del ignorantismo Conferencia dada el 23 de abril de 1920 ante la Asamblea de Maestros en Baguio · 第 41 / 43 题