El fracaso de los misioneros

Según propia confesión, estos misioneros, después de tres siglos de

predicaciones, no han logrado extirpar esas supersticiones incrustadas

en la conciencia del pueblo. Debemos aceptar su declaración como

honrado testimonio del fracaso de su misión religiosa. No me interesa

ni discuto el punto de vista religioso, sino la importancia de la

superstición en la vida social, su influencia perniciosa contra

la evolución de la moralidad. Lo que resulta, sin duda alguna,

consecuencia de los relatos contenidos en esa literatura que constituye

la única lectura del pueblo, es el fomento de la ignorancia, propagando

de una manera tan efectiva todas las supersticiones antes mencionadas

y aumentando con ellas el caudal de errores que por desdicha gobierna

la mentalidad de la masa del pueblo.

No se trata solamente de los llamados indios; también están acusados

de supersticiones los hijos de españoles de pura sangre o mezclados

con indios, así como los mestizos chinos. Todos estos, todos nosotros,

filipinos, estamos incluidos entre los individuos contagiados con la

lepra de la superstición, fomentada por la absurda milagrería de las

novenas, y no se puede decir que sea un mal de una raza de Filipinas,

sino de los habitantes de Filipinas en general.

Para que la educación sea útil, tiene que formar en el individuo el

sentido de responsabilidad mediante el libre automático ejercicio de

la razón. El cumplimiento del deber será su objetivo; para conseguir

tal fin es indispensable desarrollar en el hombre la voluntad por

medio de la cual luchará contra los instintos bestiales, contra los

impulsos sentimentales, contra todo lo que se halla en oposición a

los dictados de la razón.

Mentalidad lógica para saber lo que debemos hacer, para poder trazarnos

un camino justo que seguir: Voluntad, para lograr sobreponer los

dictados de nuestra razón a los impulsos de nuestros deseos. Este es

el objeto de la educación laica, de la educación de las escuelas sin

Dios, aquí con las escuelas del gobierno como en aquel Colegio de la

Beata Imelda, dirigido por los PP. Dominicos, bajo la norma de las

ideas japonesas traducidas en leyes imperativas, situado en Taihoku,

capital de Formosa.

La lectura de los llamados milagros de la índole de los que

antes he citado, hace que el imposible parezca posible, gracias a

influencias misteriosas fáciles de conseguir, no por el trabajo,

sino sencillamente por medios indignos, rebajantes y reprobados por

la moral, como son la humillación, los halagos, la propiciación. No

se pide ni espera un beneficio por medio de un bien positivo que

hacemos, por el cumplimiento de un deber del que resulta un bien

que es como un derecho; se recurre a procedimientos de favor, a

ganar la benevolencia de un santo haciéndole creer que se le quiere,

se le adora, se le admira, tratando de exaltar su vanidad y por su

mediación ganar la voluntad de Dios, no como un beneficio otorgado

directamente al que pide, sino por consideración a los méritos del

mediador. No se puede imaginar nada más inmoral, más primitivo, más

despreciable. La corte celestial resulta una corte más corrompida que

las de aquellos autócratas que la historia ha condenado; la corte de

los Khanes, los Sultanes, los Emperadores bizantinos, mongoles, persas,

tártaros, todos los bárbaros que han abusado de la humanidad y que han

personificado la injusticia y justificado la revolución y las matanzas.

Una sociedad cuyos miembros esperan todo del favoritismo, desconoce la

emulación; cuando el individuo encuentra un medio tan sencillo como el

ofrecido en las novenas para conseguir lo que desea, siguiendo la ley

del menor esfuerzo, no recurre a ejercitar ninguna actividad noble

y no puede, por lo tanto, perfeccionar sus facultades ni siquiera

usarlas; un individuo que espera lograr lo absurdo, lo inverosímil,

no puede conocer la existencia de las leyes inmutables que rigen el

universo; un individuo que espera conseguir lo que quiere por medio

del valimiento de un patrón celestial, ni puede concebir un Dios de

justicia, ni puede de ninguna manera ser un miembro útil a la sociedad.

Favor, propiciación, excepción, protección, gracia, preferencia,

predilección, pugnan contra lo que debe ser Dios, contra el Ideal

de la civilización, contra la suprema aspiración de la humanidad:

la Justicia.

El legado del ignorantismo Conferencia dada el 23 de abril de 1920 ante la Asamblea de Maestros en Baguio · 第 40 / 43 题