El prelado que acusó en la forma antes mencionada a las escuelas
públicas, ha cometido un error lamentable. Por mi parte puedo asegurar
que sus acusaciones despertaron en mí la curiosidad de investigar las
causas de la inmoralidad y de la perversión de costumbres que dicho
prelado, y nosotros con él, todos lamentamos. De acuerdo con los que
han estudiado la mentalidad de la mayoría de nuestro pueblo, resulta
evidente que la superstición es el enemigo que tenemos que combatir,
que ella es la causa de los errores morales que observamos. Tanto los
sacerdotes regulares como los del clero secular confiesan que la masa
del pueblo se halla aún sometida a la superstición heredada de los
antepasados, la superstición que podría llamarse genuinamente filipina,
la que proviene de las antiguas creencias en el nunu, el asuang y el
anito y todos los espíritus de la antigua idolatría, anterior a la
implantación del catolicismo por los misioneros españoles.