II

M. Jean Finot, al hablar de la Inglaterra enferma, no deja de hacer

notar la vitalidad creciente de los Estados Unidos. No poco le ha

servido para sus estudios y comparaciones la obra de M. Stead sobre

la americanización del mundo, la cual tiene como epígrafe una frase

de Cobden, en 1835: «We fervently believe that our only chance of

national prosperity lies in the timely remodelling of our system, so

as to put it as nearly as possible upon an equality with the improved

management of the Americans.» M. Stead considera con razón como el más

grande fenómeno político, social y comercial, la ascensión de la gran

república al primer puesto entre las potencias del mundo.

El valiente periodista ha dicho claramente a sus connacionales: Si no

renunciamos a un ficticio orgullo y no imitamos los procedimientos

de los americanos, y no trabajamos para la concordia y unión del

_english-speaking world_, vamos a quedar reducidos a la posición

mediocre de Holanda o de Bélgica.

«Los norteamericanos se esfuerzan con inaudito despliegue de energía

en rehacer el mundo a su imagen y semejanza. Y la americanización

universal ha comenzado. Inglaterra está invadida. Irlanda es más

americana que inglesa. Un irlandés preferirá siempre, y estará

orgulloso de ser ciudadano americano, a ser súbdito de la Gran Bretaña.

La mayoría de los irlandeses miran con hostilidad al imperio británico.

El partido revolucionario irlandés es en América donde tiene su base,

sus banqueros, sus comités. Cada día Irlanda está más americanizada,

más y más asimilada a las ideas de la democracia del Oeste.

»Lo que América ha dado a los irlandeses es mucho más valioso que

dollars. Es únicamente en las ciudades de la Unión Americana donde los

irlandeses han tenido oportunidad de desplegar aquellas facultades

políticas, cuyo ejercicio se les niega en su tierra natal.» M. Stead es

un escritor franco, que no disfraza nunca su pensamiento y que habla

claro.

Las Antillas están llamadas a la anexión a los Estados Unidos; y es muy

significativa una caricatura yanqui en que van, en forma de pollitos,

a caer bajo el sombrero-trampa del Tío Sam. En cuanto al Canadá,

juzga M. Stead que será la primera entre todas las antiguas colonias

inglesas que se separe del Imperio para echarse en brazos de la forma

republicana, aunque no para una anexión a los Estados Unidos.

Sin embargo, hay muchos partidarios de ella, sobre todo entre los

canadienses de origen francés.

Australia está influenciada por los principios de la república

americana. En la organización del Australian Commonwealth se ha tenido

la mira puesta en los Estados Unidos. «El nuevo parlamento no tiene

un año, pero ya ha formulado una petición de grandes alcances para la

adopción de una doctrina de Monroe para el Pacífico.» Por lo que toca

a la vida y costumbres, los australianos son mucho más americanos que

ingleses, como lo han hecho notar algunos escritores y viajeros, entre

ellos Henry George.

De paso, notemos una de las principales bases de la fuerza

norteamericana en la inmigración. Son enormes aumentos de aspiraciones

y energías las que han ido a acrecer la potencia propia. «La

emigración, que a menudo es mirada por los americanos como un elemento

de peligro, ha probablemente contribuído más que nada, excepto el

puritanismo en la educación de la Nueva Inglaterra, a la formación de

la república.» El profesor Starr ha asombrado recientemente con su

afirmación de que, si no fuese el continuo influjo de la emigración

extranjera con sus prolíficas familias, el tipo genuíno americano se

aproximaría al piel roja, y, como el piel roja, estaría llamado a

desaparecer. El país ha sido «un crisol de naciones».

La americanización de Europa va en una rápida progresión, aunque a

ella se opongan unos cuantos espíritus defensores y previsores,

cuyo principal representante y director es el emperador de Alemania.

M. Stead tiene una frase muy feliz a su respecto: es Canuto, dice,

enfrente del mar. La ola no deja de avanzar poco a poco a pesar de

todas las protestas y de todos los esfuerzos. Y el viaje reciente del

príncipe Enrique ha podido convencer al magnate viajero de la verdadera

fuerza yanqui en su centro y origen, y el kaiser, una vez más, habrá

sido bien informado. A esta oposición del kaiser obedecen las nuevas

disposiciones y las nuevas tendencias de encauce de la emigración de

que he hablado en una de mis correspondencias anteriores. Pero oigamos:

«No hay ciudades más americanizadas en Europa que Hamburgo y Berlín.

Son americanas en la rapidez de su progreso, americanas en su nerviosa

energía, americanas en su pronta apropiación de las facilidades para

el rápido transporte. El americano se encuentra mucho más en su casa,

a pesar de la diferencia de idioma, en la concentrada y febril energía

de la vida de Hamburgo y de Berlín, que en las más estacionarias y

conservadoras ciudades de Liverpool y Londres. El manufacturero alemán,

el armador alemán, el ingeniero alemán, están prontos a emplear las

más recientes máquinas americanas. La máquina de escribir americana

impera tanto en Alemania como en la Gran Bretaña; y, lo que es mucho

más importante, el estanciero americano continúa proveyendo de pan y

tocino, en cantidades cada vez mayores, la mesa alemana». Hay además la

transfusión de ideas políticas, que ha preocupado mucho al emperador,

con justo motivo.

La influencia norteamericana en el imperio otomano se ha entrevisto

recientemente, a propósito de la captura de miss Stone. El misionero

yanqui ha fundado colegios y centros que, al propio tiempo, son de

propaganda evangélica y de provecho para los Estados Unidos. En

Bulgaria, la mujer mas influyente era una discípula de la famosa miss

Stone; la señora W. B. Kossuroth. Si el gobierno americano hubiese

querido tomar la cosa a pechos, cuando el secuestro sonoro, «las

Estrellas y Listas hubieran flameado pronto sobre las aguas del mar

de Mármara, y el trueno de los cañones americanos hubiera sonado la

agonía de la dinastía otomana. Ningún poder sobre la tierra hubiera

podido detener el avance de los barcos americanos, y ninguna potencia

de Europa, por supuesto, se habría atrevido a intentarlo.»

En el resto de Europa la americanización ha tomado otras vías. La

invasión es sentida por todos y en la conciencia de todos parece

incontenible.

En Asia, los Estados Unidos, después de la guerra con España, han

llegado a ser un poder activo con la toma de las islas Filipinas. El

influjo del capital americano en China y en el Japón ha ido en aumento

desde hace tiempo.

Por lo que entrañan y lo que dejan gráficamente significado, las

caricaturas son muy valiosas lecciones, y en este caso hay innumerables

obras de dibujantes ingleses y americanos.

En una está el «Colonel Jonathan J. Bull», o lo que llegará a ser

John Bull. En un fondo londinense, pero lleno de casas a lo yanqui,

está plantado John Bull, la personificación simbólica de Inglaterra.

Pero viste un traje que participa del traje propio conocido y del del

tío Sam. A su lado está el águila americana, pero con cabeza de león,

del león británico. Esa híbrida mezcla quiere decir demasiado para

detenerse a explicarla. El dibujo es del _Punck_.

Ya he hecho referencia al sombrero-trampa que coge los pollitos de las

Antillas. En otra caricatura, a propósito de la tarifa Wal, se alude a

la anexión de Cuba. La única salvación está, ante el muro levantado,

en un santos-dumont que se llama _Annexation_ y que va montado por un

cubano. Ambas caricaturas son de origen yanqui.

Hay otra del _Punck_ de Nueva York, en que, ante las naciones de

Europa, gallos enjaulados en la jaula de la doctrina de Monroe, se

pasea, gallo enorme entre los pollos de las naciones latinas de

América, el Uncle Sam. En otra el mapa de la América del Sur forma

una cabeza cuyo sombrero es el del mismo Tío. En otra, con motivo

de la terminación del tratado Clayton Bulwer, John Bull se inclina

descubierto al abrir una puerta por la que entra orgulloso, armado de

pico y pala, a abrir el canal de Nicaragua, el Tío consabido. En otra,

un monstruo, una extraordinaria serpiente marina formada de arados,

locomotoras, vagones, bolsas de trigo, máquinas agrícolas, barricas

y algodón, avanza hacia el continente europeo, y a su vista salen

corriendo, espantados, los tipos representativos de las naciones de

Europa, John Bull el primero. Y en otras, ya es John Bull que sale a

pasear por su propio país, y se encuentra con que todas las propiedades

que ve están compradas por capitalistas norteamericanos; ya es el

mismo John Bull que trabaja en una oficina en donde todo es «made

in U. S.», o en una calle no encuentra tranvía en que subir que no

sea de Compañía americana. Aquí va Jonathan llevándose un talego que

representa el comercio del mundo, y a su paso atropella a las naciones

del viejo mundo; más allá se demuestran las victorias seguidas de los

Estados Unidos en materia de sport. O se ve a John Bull víctima de una

pesadilla, viendo por todas partes tíos Samueles que le estorban el

paso, que le prenden, que le juzgan, que le pegan en el box, que le

dejan sentarse, que le vencen a la carrera o que se ganan todos los

aplausos en los teatros. Por un lado, un retrato _charge_ de Pierpont

Morgan, cubierto con un sombrero que simboliza los _truts_ y vestido de

un chaleco de dollars. En otra parte, él mismo, como Atlas, lleva el

mundo al hombro; y en otras tiene los tentáculos de un pulpo, o va en

una bicicleta cuyas dos ruedas son los dos hemisferios del planeta.

¿Cuáles son los medios con que la dominadora América americaniza? Tiene

la religión, por medio de sus innumerables ejércitos de misioneros y

asociaciones de todos los cultos e iglesias americanas.

Hasta el espiritismo ha sido un útil medio en sus manos. Luego, la obra

del Christian Endeavour movement, se ha extendido en toda tierra de

habla inglesa.

Su influencia en el mundo intelectual y en el periodístico es grande.

Desde el almanaque del Poor Richard hasta los ensayos de Emerson y

la obra sociológica de Henry George. En el siglo pasado ha dado dos

poetas de una originalidad y vuelo que se han impuesto al Universo:

Poe y Whitman. Sus humoristas han contagiado a todas las literaturas

de la tierra, a punto de hacer pesado en más de un autor «gai» francés

el tradicional y ligero espíritu de la risa gala. Novelistas como

Bellamy han logrado fama en un momento. Sus diarios son los colosos del

diarismo mundial, y sus «magazines» son insuperables. En arte tienen un

movimiento enorme que comienza a conocer el mundo; y la pintura saluda

a Vhistler como la escultura a St. Gaudens, entre los grandes maestros.

Su ciencia ha conseguido varias victorias. Su teatro ha invadido

plenamente a Inglaterra. Su sociedad se ha ennoblecido por alianzas,

gracias a su riqueza. Yanquis son la virreina de la India, lady Curzon,

como la duquesa de Marlborough, y como muchas tituladas de todas las

cortes de Europa. En el mundo del sport son reyes los yanquis. Y

el _Truts_ tiene carta de ciudadanía americana. Son los directores

actuales de la Fuerza en la Humanidad.

[Ilustración]

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La Caravana Pasa Obras Completas Vol. I · 第 20 / 34 题