14 A Griegos y á bárbaros, á sabios y á no sabios soy deudor.

15 Así que, cuanto á mí, presto estoy á anunciar el evangelio también á

vosotros que estáis en Roma.

16 Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios

para salud á todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego.

17 Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está

escrito: Mas el justo vivirá por la fe.

18 Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad é

injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia:

19 Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios

se lo manifestó.

20 Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se

echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que

son hechas; de modo que son inexcusables:

21 Porque habiendo conocido á Dios, no le glorificaron como á Dios, ni

dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de

ellos fué entenebrecido.

22 Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos,

23 Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de

hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes.

24 Por lo cual también Dios los entregó á inmundicia, en las

concupiscencias de sus corazones, de suerte que contaminaron sus cuerpos entre

sí mismos:

25 Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo

á las criaturas antes que al Criador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

26 Por esto Dios los entregó á afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres

mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza:

27 Y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de las

mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros,

cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la

recompensa que convino á su extravío.

28 Y como á ellos no les pareció tener á Dios en [su] noticia, Dios los

entregó á una mente depravada, para hacer lo que no conviene,

29 Estando atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de

avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de

engaños, de malignidades;

30 Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos,

soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes á los padres,

31 Necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia:

32 Que habiendo entendido el juicio de Dios que los que hacen tales

cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, mas aun consienten á los que

las hacen.

Capítulo 2

1 POR lo cual eres inexcusable, oh hombre, cualquiera que juzgas: porque

en lo que juzgas á otro, te condenas á ti mismo; porque lo mismo haces, tú que

juzgas.

2 Mas sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que hacen

tales cosas.

3 ¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas á los que hacen tales cosas, y

haces las mismas, que tú escaparás del juicio de Dios?

4 ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, y paciencia, y

longaminidad, ignorando que su benignidad te guía á arrepentimiento?

5 Mas por tu dureza, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti

mismo ira para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de

Dios;

6 El cual pagará á cada uno conforme á sus obras:

7 A los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra é

inmortalidad, la vida eterna.

8 Mas á los que son contenciosos, y no obedecen á la verdad, antes

obedecen á la injusticia, enojo é ira;

9 Tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo, el

Judío primeramente, y también el Griego:

10 Mas gloria y honra y paz á cualquiera que obra el bien, al Judío

primeramente, y también al Griego.

11 Porque no hay acepción de personas para con Dios.

12 Porque todos los que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y

todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados:

13 Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los

hacedores de la ley serán justificados.

14 Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que

es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley á sí mismos:

15 Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando

testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus

pensamientos unos con otros;

16 En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme

á mi evangelio, por Jesucristo.

17 He aquí, tú tienes el sobrenombre de Judío, y estás reposado en la

ley, y te glorías en Dios,

18 Y sabes su voluntad, y apruebas lo mejor, instruído por la ley;

19 Y confías que eres guía de los ciegos, luz de los que están en

tinieblas,

20 Enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes la forma

de la ciencia y de la verdad en la ley:

21 Tú pues, que enseñas á otro, ¿no te enseñas á ti mismo? ¿Tú, que

predicas que no se ha de hurtar, hurtas?

22 ¿Tú, que dices que no se ha de adulterar, adulteras? ¿Tú, que

abominas los ídolos, cometes sacrilegio?

23 ¿Tú, que te jactas de la ley, con infracción de la ley deshonras á

Dios?

24 Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre

los Gentiles, como está escrito.

25 Porque la circuncisión en verdad aprovecha, si guardares la ley; mas

si eres rebelde á la ley, tu circuncisión es hecha incircuncisión.

26 De manera que, si el incircunciso guardare las justicias de la ley,

¿no será tenida su incircuncisión por circuncisión?

27 Y lo que de su natural es incircunciso, guardando perfectamente la

ley, te juzgará á ti, que con la letra y con la circuncisión eres rebelde á la

ley.

28 Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es

la que es en manifiesto en la carne:

29 Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del

corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres,

sino de Dios.

Capítulo 3

1 ¿QUÉ, pues, tiene más el Judío? ¿ó qué aprovecha la circuncisión?

2 Mucho en todas maneras. Lo primero ciertamente, que la palabra de Dios

les ha sido confiada.

3 ¿Pues qué si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿la incredulidad de

ellos habrá hecho vana la verdad de Dios?

4 En ninguna manera; antes bien sea Dios verdadero, mas todo hombre

mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus dichos, Y

venzas cuando de ti se juzgare.

5 Y si nuestra iniquidad encarece la justicia de Dios, ¿qué diremos?

¿Será injusto Dios que da castigo? (hablo como hombre.)

6 En ninguna manera: de otra suerte ¿cómo juzgaría Dios el mundo?

7 Empero si la verdad de Dios por mi mentira creció á gloria suya, ¿por

qué aun así yo soy juzgado como pecador?

8 ¿Y por qué no [decir] (como somos blasfemados, y como algunos dicen

que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes? la condenación de

los cuales es justa.

9 ¿Qué pues? ¿Somos mejores que ellos? En ninguna manera: porque ya

hemos acusado á Judíos y á Gentiles, que todos están debajo de pecado.

10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;

11 No hay quien entienda, No hay quien busque á Dios;

12 Todos se apartaron, á una fueron hechos inútiles; No hay quien haga

lo bueno, no hay ni aun uno:

13 Sepulcro abierto es su garganta; Con sus lenguas tratan

engañosamente; Veneno de áspides está debajo de sus labios;

14 Cuya boca está llena de maledicencia y de amargura;

15 Sus pies son ligeros á derramar sangre;

16 Quebrantamiento y desventura hay en sus caminos;

17 Y camino de paz no conocieron:

18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.

19 Empero sabemos que todo lo que la ley dice, á los que están en la ley

lo dice, para que toda boca se tape, y que todo el mundo se sujete á Dios:

20 Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante

de él; porque por la ley [es] el conocimiento del pecado.

21 Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado,

testificada por la ley y por los profetas:

22 La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen

en él: porque no hay diferencia;

23 Por cuanto todos pecaron, y están distituídos de la gloria de Dios;

24 Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que

es en Cristo Jesús;

25 Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre,

para manifestación de su justicia, atento á haber pasado por alto, en su

paciencia, los pecados pasados,

26 Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea

el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

27 ¿Dónde pues está la jactancia? Es excluída. ¿Por cuál ley? ¿de las

obras? No; mas por la ley de la fe.

28 Así que, concluímos ser el hombre justificado por fe sin las obras de

la ley.

29 ¿Es Dios solamente [Dios] de los Judíos? ¿No es también [Dios] de los

Gentiles? Cierto, también de los Gentiles.

30 Porque uno es Dios, el cual justificará por la fe la circuncisión, y

por medio de la fe la incircuncisión.

31 ¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes

establecemos la ley.

Capítulo 4

1 ¿QUÉ, pues, diremos que halló Abraham nuestro padre según la carne?

2 Que si Abraham fué justificado por las obras, tiene de qué gloriarse;

mas no para con Dios.

3 Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham á Dios, y le fué

atribuído á justicia.

4 Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por

deuda.

5 Mas al que no obra, pero cree en aquél que justifica al impío, la fe

le es contada por justicia.

6 Como también David dice ser bienaventurado el hombre al cual Dios

atribuye justicia sin obras,

7 [Diciendo:] Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,

Y cuyos pecados son cubiertos.

8 Bienaventurado el varón al cual el Señor no imputó pecado.

9 ¿Es pues esta bienaventuranza [solamente] en la circuncisión, ó

también en la incircuncisión? porque decimos que á Abraham fué contada la fe

por justicia.

10 ¿Cómo pues [le] fué contada? ¿en la circuncisión, ó en la

incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

11 Y recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la

fe que tuvo en la incircuncisión: para que fuese padre de todos los creyentes

no circuncidados, para que también á ellos les sea contado por justicia;

12 Y padre de la circuncisión, no solamente á los que son de la

circuncisión, mas también á los que siguen las pisadas de la fe que fué en

nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.

13 Porque no por la ley fué [dada] la promesa á Abraham ó á su simiente,

que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.

14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana es la fe, y

anulada es la promesa.

15 Porque la ley obra ira; porque donde no hay ley, tampoco hay

transgresión.

16 Por tanto [es] por la fe, para que [sea] por gracia; para que la

promesa sea firme á toda simiente, no solamente al que es de la ley, mas

también al que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros,

17 (Como está escrito: Que por padre de muchas gentes te he puesto)

delante de Dios, al cual creyó; el cual da vida á los muertos, y llama las

cosas que no son, como las que son.

18 El creyó en esperanza contra esperanza, para venir á ser padre de

muchas gentes, conforme á lo que [le] había sido dicho: Así será tu simiente.

19 Y no se enflaqueció en la fe, ni consideró su cuerpo ya muerto

(siendo ya de casi cien años), ni la matriz muerta de Sara;

20 Tampoco en la promesa de Dios dudó con desconfianza: antes fué

esforzado en fe, dando gloria á Dios,

21 Plenamente convencido de que todo lo que había prometido, era también

poderoso para hacerlo.

22 Por lo cual también le fué atribuído á justicia.

23 Y no solamente por él fué escrito que le haya sido imputado;

24 Sino también por nosotros, á quienes será imputado, [esto es], á los

que creemos en el que levantó de los muertos á Jesús Señor nuestro,

25 El cual fué entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra

justificación

Capítulo 5

1 JUSTIFICADOS pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de

nuestro Señor Jesucristo:

2 Por el cual también tenemos entrada por la fe á esta gracia en la cual

estamos [firmes], y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

3 Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo

que la tribulación produce paciencia;

4 Y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;

5 Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en

nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.

6 Porque Cristo, cuando aun éramos flacos, á su tiempo murió por los

impíos.

7 Ciertamente apenas muere alguno por un justo: con todo podrá ser que

alguno osara morir por el bueno.

8 Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún

pecadores, Cristo murió por nosotros.

9 Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos

salvos de la ira.

10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la

muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su

vida.

11 Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro

Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación.

12 De consiguiente, [vino la reconciliación por uno], así como el pecado

entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así

pasó á todos los hombres, pues que todos pecaron.

13 Porque hasta la ley, el pecado estaba en el mundo; pero no se imputa

pecado no habiendo ley.

14 No obstante, reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun en los que

no pecaron á la manera de la rebelión de Adam; el cual es figura del que había

de venir.

15 Mas no como el delito, tal fué el don: porque si por el delito de

aquel uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia de Dios á los

muchos, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo.

16 Ni tampoco de la manera que por un pecado, [así] también el don:

porque el juicio á la verdad [vino] de un [pecado] para condenación, mas la

gracia [vino] de muchos delitos para justificación.

17 Porque, si por un delito reinó la muerte por uno, mucho más reinarán

en vida por un Jesucristo los que reciben la abundancia de la gracia, y del

don de la justicia.

18 Así que, de la manera que por un delito [vino la culpa] á todos los

hombres para condenación, así por una justicia [vino la gracia] á todos los

hombres para justificación de vida.

19 Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron

constituídos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán

constituídos justos.

20 La ley empero entró para que el pecado creciese; mas cuando el pecado

creció, sobrepujó la gracia;

21 Para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así también

la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro.

Capítulo 6

1 ¿PUES qué diremos? Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca?

2 En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo

viviremos aún en él?

3 ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos

bautizados en su muerte?

4 Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo;

para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así

también nosotros andemos en novedad de vida.

5 Porque si fuimos plantados juntamente en [él] á la semejanza de su

muerte, así también [lo seremos á la] de su resurrección:

6 Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado con

[él], para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin de que no sirvamos más

al pecado.

7 Porque el que es muerto, justificado es del pecado.

8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;

9 Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no

muere: la muerte no se enseñoreará más de él.

10 Porque el haber muerto, al pecado murió una vez; mas el vivir, á Dios

vive.

11 Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado,

mas vivos á Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le

obedezcáis en sus concupiscencias;

13 Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de

iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros

miembros á Dios por instrumentos de justicia.

14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo

la ley, sino bajo la gracia.

15 ¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de

la gracia? En ninguna manera.

16 ¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros mismos por siervos para

obedecer[le], sois siervos de aquel á quien obedecéis, ó del pecado para

muerte, ó de la obediencia para justicia?

17 Empero gracias á Dios, que aunque fuisteis siervos del pecado, habéis

obedecido de corazón á aquella forma de doctrina á la cual sois entregados;

18 Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia.

19 Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne: que como para

iniquidad presentasteis vuestros miembros á servir á la inmundicia y á la

iniquidad, así ahora para santidad presentéis vuestros miembros á servir á la

justicia.

20 Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la

justicia.

21 ¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os

avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte.

22 Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por

vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna.

23 Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida

eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Capítulo 7

1 ¿IGNORÁIS, hermanos, (porque hablo con los que saben la ley) que la

ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive?

2 Porque la mujer que está sujeta á marido, mientras el marido vive está

obligada á la ley; mas muerto el marido, libre es de la ley del marido.

3 Así que, viviendo el marido, se llamará adúltera si fuere de otro

varón; mas si su marido muriere, es libre de la ley; de tal manera que no será

adúltera si fuere de otro marido.

4 Así también vosotros, hermanos míos, estáis muertos á la ley por el

cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, [á saber], del que resucitó de los

muertos, á fin de que fructifiquemos á Dios.

5 Porque mientras estábamos en la carne, los afectos de los pecados que

eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte.

6 Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto á aquella en la

cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en

vejez de letra.

7 ¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no

conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia,

si la ley no dijera: No codiciarás.

8 Mas el pecado, tomando ocasión, obró en mí por el mandamiento toda

concupiscencia: porque sin la ley el pecado [está] muerto.

9 Así que, yo sin la ley vivía por algún tiempo: mas venido el

mandamiento, el pecado revivió, y yo morí.

10 Y hallé que el mandamiento, [intimado] para vida, [para mí] era

mortal:

11 Porque el pecado, tomando ocasión, me engañó por el mandamiento, y

por él me mató.

12 De manera que la ley á la verdad es santa, y el mandamiento santo, y

justo, y bueno.

13 ¿Luego lo que es bueno, á mí me es hecho muerte? No; sino que el

pecado, para mostrarse pecado, por lo bueno me obró la muerte, haciéndose

pecado sobremanera pecante por el mandamiento.

14 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido á

sujeción del pecado.

15 Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo

que aborrezco, aquello hago.

16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.

17 De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí.

18 Y yo sé que en mí (es á saber, en mi carne) no mora el bien: porque

tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo.

19 Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste

hago.

20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora

en mí.

21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo [esta] ley: Que el mal

está en mí.

22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios:

23 Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi

espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros.

24 ¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?

25 Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo

con la mente sirvo á la ley de Dios, mas con la carne á la ley del pecado.

Capítulo 8

1 AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo

Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu.

2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la

ley del pecado y de la muerte.

3 Porque lo que era imposible á la ley, por cuanto era débil por la

carne, Dios enviando á su Hijo en semejanza de carne de pecado, y á causa del

pecado, condenó al pecado en la carne;

4 Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no

andamos conforme á la carne, mas conforme al espíritu.

5 Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la

carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu.

6 Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del

espíritu, vida y paz:

7 Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque

no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede.

8 Así que, los que están en la carne no pueden agradar á Dios.

9 Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el

Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,

el tal no es de él.

10 Empero si Cristo está en vosotros, el cuerpo á la verdad está muerto

á causa del pecado; mas el espíritu vive á causa de la justicia.

11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús mora en

vosotros, el que levantó á Cristo Jesús de los muertos, vivificará también

vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

12 Así que, hermanos, deudores somos, no á la carne, para que vivamos

conforme á la carne:

13 Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si por el

espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis.

14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales

son hijos de Dios.

15 Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para [estar]

otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual

clamamos, Abba, Padre.

16 Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos

hijos de Dios.

17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de

Cristo; si empero padecemos juntamente [con él], para que juntamente [con él]

seamos glorificados.

18 Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de

comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.

19 Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación

de los hijos de Dios.

20 Porque las criaturas sujetas fueron á vanidad, no de grado, mas por

causa del que las sujetó con esperanza,

21 Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de

corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

22 Porque sabemos que todas las criaturas gimen á una, y á una están de

parto hasta ahora.

23 Y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las

primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos,

esperando la adopción, [es á saber], la redención de nuestro cuerpo.

24 Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve, no es

esperanza; porque lo que alguno ve, ¿á qué esperarlo?

25 Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos.

26 Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué

hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide

por nosotros con gemidos indecibles.

27 Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del

Espíritu, porque conforme á [la voluntad de] Dios, demanda por los santos.

28 Y sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á

bien, [es á saber], á los que conforme al propósito son llamados.

29 Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen

hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre

muchos hermanos;

30 Y á los que predestinó, á éstos también llamó; y á los que llamó, á

éstos también justificó; y á los que justificó, á éstos también glorificó.

31 ¿Pues qué diremos á esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra

nosotros?

32 El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos

nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

33 ¿Quién acusará á los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

Reina Valera New Testament of the Bible 1909 · 第 4 / 6 段