¿Adónde vas?
6 Antes, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro
corazón.
7 Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo
no fuese, el Consolador no vendría á vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré.
8 Y cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de
juicio:
9 De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí;
10 Y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;
11 Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo es juzgado.
12 Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar.
13 Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda
verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y
os hará saber las cosas que han de venir.
14 El me glorificará: porque tomará de lo mío, y os [lo] hará saber.
15 Todo lo que tiene el Padre, mío es: por eso dije que tomará de lo
mío, y os [lo] hará saber.
16 Un poquito, y no me veréis; y otra vez un poquito, y me veréis:
porque yo voy al Padre.
17 Entonces dijeron [algunos] de sus discípulos unos á otros: ¿Qué es
esto que nos dice: Un poquito, y no me veréis; y otra vez un poquito, y me
veréis: y, porque yo voy al Padre?
18 Decían pues: ¿Qué es esto que dice: Un poquito? No entendemos lo que
habla.
19 Y conoció Jesús que le querían preguntar, y díjoles: ¿Preguntáis
entre vosotros de esto que dije: Un poquito, y no me veréis, y otra vez un
poquito, y me veréis?
20 De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y
el mundo se alegrará: empero aunque vosotros estaréis tristes, vuestra
tristeza se tornará en gozo.
21 La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas
después que ha parido un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de
que haya nacido un hombre en el mundo.
22 También, pues, vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra
vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro
gozo.
23 Y aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo,
que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os [lo] dará.
24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis,
para que vuestro gozo sea cumplido.
25 Estas cosas os he hablado en proverbios: la hora viene cuando ya no
os hablaré por proverbios, pero claramente os anunciaré del Padre.
26 Aquel día pediréis en mi nombre: y no os digo, que yo rogaré al Padre
por vosotros;
27 Pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me amasteis, y habéis
creído que yo salí de Dios.
28 Salí del Padre, y he venido al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy
al Padre.
29 Dícenle sus discípulos: He aquí, ahora hablas claramente, y ningún
proverbio dices.
30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie
te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios.
31 Respondióles Jesús: ¿Ahora creéis?
32 He aquí, la hora viene, y ha venido, que seréis esparcidos cada uno
por su parte, y me dejaréis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está
conmigo.
33 Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo
tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo.
Capítulo 17
1 ESTAS cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre,
la hora es llegada; glorifica á tu Hijo, para que también tu Hijo te
glorifique á ti;
2 Como le has dado la potestad de toda carne, para que dé vida eterna á
todos los que le diste.
3 Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero,
y á Jesucristo, al cual has enviado.
4 Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que
hiciese.
5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria
que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese.
6 He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos
eran, y me los diste, y guardaron tu palabra.
7 Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, son de ti;
8 Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos [las]
recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú
me enviaste.
9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste;
porque tuyos son:
10 Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he sido
glorificado en ellas.
11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo á ti
vengo. Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que
sean una cosa, como también nosotros.
12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; á
los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de
perdición; para que la Escritura se cumpliese.
13 Mas ahora vengo á ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi
gozo cumplido en sí mismos.
14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son
del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
17 Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad.
18 Como tú me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo.
19 Y por ellos yo me santifico á mí mismo, para que también ellos sean
santificados en verdad.
20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de
creer en mí por la palabra de ellos.
21 Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti,
que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me
enviaste.
22 Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa,
como también nosotros somos una cosa.
23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; que
el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también á mí me
has amado.
24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos
estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me
has amado desde antes de la constitución del mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, mas yo te he conocido; y
éstos han conocido que tú me enviaste;
26 Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestaré[lo aún]; para que el
amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
Capítulo 18
1 COMO Jesús hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el
arroyo de Cedrón, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesús y sus
discípulos.
2 Y también Judas, el que le entregaba, sabía aquel lugar; porque muchas
veces Jesús se juntaba allí con sus discípulos.
3 Judas pues tomando una compañía, y ministros de los pontífices y de
los Fariseos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas.
4 Empero Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de venir sobre él,
salió delante, y díjoles: ¿A quién buscáis?
5 Respondiéronle: A Jesús Nazareno. Díceles Jesús: Yo soy. (Y estaba
también con ellos Judas, el que le entregaba.)
6 Y como les dijo, Yo soy, volvieron atrás, y cayeron en tierra.
7 Volvióles, pues, á preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A
Jesús Nazareno.
8 Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy: pues si á mí buscáis, dejad
ir á éstos.
9 Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me diste,
ninguno de ellos perdí.
10 Entonces Simón Pedro, que tenía espada, sacóla, é hirió al siervo del
pontífice, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
11 Jesús entonces dijo á Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que
el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?
12 Entonces la compañía y el tribuno, y los ministros de los Judíos,
prendieron á Jesús y le ataron,
13 Y lleváronle primeramente á Anás; porque era suegro de Caifás, el
cual era pontífice de aquel año.
14 Y era Caifás el que había dado el consejo á los Judíos, que era
necesario que un hombre muriese por el pueblo.
15 Y seguía á Jesús Simón Pedro, y otro discípulo. Y aquel discípulo era
conocido del pontífice, y entró con Jesús al atrio del pontífice;
16 Mas Pedro estaba fuera á la puerta. Y salió aquel discípulo que era
conocido del pontífice, y habló á la portera, y metió dentro á Pedro.
17 Entonces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú también de los
discípulos de este hombre? Dice él: No soy.
18 Y estaban en pie los siervos y los ministros que habían allegado las
ascuas; porque hacía frío, y calentábanse: y estaba también con ellos Pedro en
pie, calentándose.
19 Y el pontífice preguntó á Jesús acerca de sus discípulos y de su
doctrina.
20 Jesús le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo
siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los
Judíos, y nada he hablado en oculto.
21 ¿Qué me preguntas á mí? Pregunta á los que han oído, qué les haya yo
hablado: he aquí, ésos saben lo que yo he dicho.
22 Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí, dió
una bofetada á Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice?
23 Respondióle Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si
bien, ¿por qué me hieres?
24 Y Anás le había enviado atado á Caifás pontífice.
25 Estaba pues Pedro en pie calentándose. Y dijéronle: ¿No eres tú de
sus discípulos? El negó, y dijo: No soy.
26 Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquél á quien Pedro
había cortado la oreja, [le] dice: ¿No te vi yo en el huerto con él?
27 Y negó Pedro otra vez: y luego el gallo cantó.
28 Y llevaron á Jesús de Caifás al pretorio: y era por la mañana: y
ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la
pascua.
29 Entonces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traéis
contra este hombre?
30 Respondieron y dijéronle: Si éste no fuera malhechor, no te le
habríamos entregado.
31 Díceles entonces Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra
ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie:
32 Para que se cumpliese el dicho de Jesús, que había dicho, dando á
entender de qué muerte había de morir.
33 Así que, Pilato volvió á entrar en el pretorio, y llamó á Jesús, y
díjole: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?
34 Respondióle Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, ó te lo han dicho
otros de mí?
35 Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu gente, y los pontífices, te han
entregado á mí: ¿qué has hecho?
36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera
mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado á los
Judíos: ahora, pues, mi reino no es de aquí.
37 Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices
que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para
dar testimonio á la verdad. Todo aquél que es de la verdad, oye mi voz.
38 Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, salió
otra vez á los Judíos, y díceles: Yo no hallo en él ningún crimen.
39 Empero vosotros tenéis costumbre, que os suelte uno en la Pascua:
¿queréis, pues, que os suelte al Rey de los Judíos?
40 Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á éste, sino á
Barrabás. Y Barrabás era ladrón.
Capítulo 19
1 ASÍ que, entonces tomó Pilato á Jesús, y le azotó.
2 Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéron[la]
sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana;
3 Y decían: ¡Salve, Rey de los Judíos! y dábanle de bofetadas.
4 Entonces Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: He aquí, os le traigo
fuera, para que entendáis que ningún crimen hallo en él.
5 Y salió Jesús fuera, llevando la corona de espinas y la ropa de grana.
Y díceles [Pilato:] He aquí el hombre.
6 Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores,
dieron voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle
vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él crimen.
7 Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley
debe morir, porque se hizo Hijo de Dios.
8 Y como Pilato oyó esta palabra, tuvo más miedo.
9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo á Jesús: ¿De dónde eres tú?
Mas Jesús no le dió respuesta.
10 Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo
potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?
11 Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese
dado de arriba: por tanto, el que á ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces,
diciendo: Si á éste sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace
rey, á César contradice.
13 Entonces Pilato, oyendo este dicho, llevó fuera á Jesús, y se sentó
en el tribunal en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en hebreo Gabbatha.
14 Y era la víspera de la Pascua, y como la hora de sexta. Entonces dijo
á los Judíos: He aquí vuestro Rey.
15 Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A
vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey sino
á César.
16 Así que entonces lo entregó á ellos para que fuese crucificado. Y
tomaron á Jesús, y le llevaron.
17 Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en
hebreo, Gólgotha;
18 Donde le crucificaron, y con él otros dos, uno á cada lado, y Jesús
en medio.
19 Y escribió también Pilato un título, que puso encima de la cruz. Y el
escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS.
20 Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde
estaba crucificado Jesús era cerca de la ciudad: y estaba escrito en hebreo,
en griego, y en latín.
21 Y decían á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas, Rey de
los Judíos: sino, que él dijo: Rey soy de los Judíos.
22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
23 Y como los soldados hubieron crucificado á Jesús, tomaron sus
vestidos, é hicieron cuatro partes (para cada soldado una parte); y la túnica;
mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba.
24 Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre
ella, de quién será; para que se cumpliese la Escritura, que dice: Partieron
para sí mis vestidos, Y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados
hicieron esto.
25 Y estaban junto á la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su
madre, María [mujer] de Cleofas, y María Magdalena.
26 Y como vió Jesús á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba
presente, dice á su madre: Mujer, he ahí tu hijo.
27 Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el
discípulo la recibió consigo.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas eran ya
cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.
29 Y estaba [allí] un vaso lleno de vinagre: entonces ellos hinchieron
una esponja de vinagre, y rodeada á un hisopo, se la llegaron á la boca.
30 Y como Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo
inclinado la cabeza, dió el espíritu.
31 Entonces los Judíos, por cuanto era la víspera [de la Pascua], para
que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, pues era el gran día del
sábado, rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados.
32 Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y
asimismo al otro que había sido crucificado con él.
33 Mas cuando vinieron á Jesús, como le vieron ya muerto, no le
quebraron las piernas:
34 Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego
salió sangre y agua.
35 Y el que [lo] vió, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él
sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.
36 Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura:
Hueso no quebrantaréis de él.
37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
38 Después de estas cosas, José de Arimatea, el cual era discípulo de
Jesús, mas secreto por miedo de los Judíos, rogó á Pilato que pudiera quitar
el cuerpo de Jesús: y permitióselo Pilato. Entonces vino, y quitó el cuerpo de
Jesús.
39 Y vino también Nicodemo, el que antes había venido á Jesús de noche,
trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.
40 Tomaron pues el cuerpo de Jesús, y envolviéronlo en lienzos con
especias, como es costumbre de los Judíos sepultar.
41 Y en aquel lugar donde había sido crucificado, había un huerto; y en
el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no había sido puesto ninguno.
42 Allí, pues, por causa de la víspera [de la Pascua] de los Judíos,
porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesús.
Capítulo 20
1 Y EL primer [día] de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo
aún obscuro, al sepulcro; y vió la piedra quitada del sepulcro.
2 Entonces corrió, y vino á Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual
amaba Jesús, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde
le han puesto.
3 Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro.
4 Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que
Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5 Y bajándose á mirar, vió los lienzos echados; mas no entró.
6 Llegó luego Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los
lienzos echados,
7 Y el sudario, que había estado sobre su cabeza, no puesto con los
lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.
8 Y entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero
al sepulcro, y vió, y creyó.
9 Porque aun no sabían la Escritura, que era necesario que él resucitase
de los muertos.
10 Y volvieron los discípulos á los suyos.
11 Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro: y estando
llorando, bajóse á mirar el sepulcro;
12 Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la
cabecera, y el otro á los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
13 Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado á
mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
14 Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vió á Jesús que estaba
[allí]; mas no sabía que era Jesús.
15 Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando
que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has
puesto, y yo lo llevaré.
16 Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere
decir, Maestro.
17 Dícele Jesús: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas
ve á mis hermanos, y diles: Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á
vuestro Dios.
18 Fué María Magdalena dando las nuevas á los discípulos de que había
visto al Señor, y que [él] le había dicho estas cosas.
19 Y como fué tarde aquel día, el primero de la semana, y estando las
puertas cerradas donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos,
vino Jesús, y púsose en medio, y díjoles: Paz á vosotros.
20 Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los
discípulos se gozaron viendo al Señor.
21 Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz á vosotros; como me envió el
Padre, así también yo os envío.
22 Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo:
23 A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los
retuviereis, serán retenidos.
24 Empero Tomás, uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con
ellos cuando Jesús vino.
25 Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les
dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el
lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
26 Y ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con
ellos Tomás. Vino Jesús, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: Paz
á vosotros.
27 Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá
tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel.
28 Entonces Tomás respondió, y díjole: ¡Señor mío, y Dios mío!
29 Dícele Jesús: Porque me has visto, Tomás, creiste: bienaventurados
los que no vieron y creyeron.
30 Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus
discípulos, que no están escritas en este libro.
31 Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el
Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
Capítulo 21
1 DESPUÉS se manifestó Jesús otra vez á sus discípulos en la mar de
Tiberias; y manifestóse de esta manera.
2 Estaban juntos Simón Pedro, y Tomás, llamado el Dídimo, y Natanael, el
que [era] de Caná de Galilea, y los [hijos] de Zebedeo, y otros dos de sus
discípulos.
3 Díceles Simón: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros también contigo.
Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada.
4 Y venida la mañana, Jesús se puso á la ribera: mas los discípulos no
entendieron que era Jesús.
5 Y díjoles: Mozos, ¿tenéis algo de comer? Respondiéronle: No.
6 Y él les dice: Echad la red á la mano derecha del barco, y hallaréis.
Entonces la echaron, y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud
de los peces.
7 Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo á Pedro: El Señor
es. Y Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba
desnudo, y echóse á la mar.
8 Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos
de tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces.
9 Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima
de ellas, y pan.
10 Díceles Jesús: Traed de los peces que cogisteis ahora.
11 Subió Simón Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces,
ciento cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió.
12 Díceles Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos osaba
preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.
13 Viene pues Jesús, y toma el pan, y les da; y asimismo del pez.
14 Esta [era] ya la tercera vez que Jesús se manifestó á sus discípulos,
habiendo resucitado de los muertos.
15 Y cuando hubieron comido, Jesús dijo á Simón Pedro: Simón, [hijo] de
Jonás, ¿me amas más que éstos? Dícele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele:
Apacienta mis corderos.
16 Vuélvele á decir la segunda vez: Simón, [hijo] de Jonás, ¿me amas?
Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas.
17 Dícele la tercera vez: Simón, [hijo] de Jonás, ¿me amas?
Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y dícele:
Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo. Dícele Jesús: Apacienta
mis ovejas.
18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas
donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá
otro, y te llevará á donde no quieras.
19 Y esto dijo, dando á entender con qué muerte había de glorificar á
Dios. Y dicho esto, dícele: Sígueme.
20 Volviéndose Pedro, ve á aquel discípulo al cual amaba Jesús, que
seguía, el que también se había recostado á su pecho en la cena, y [le] había
dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?
21 Así que Pedro vió á éste, dice á Jesús: Señor, ¿y éste, qué?
22 Dícele Jesús: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué á tí?
Sígueme tú.
23 Salió entonces este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no
había de morir. Mas Jesús no le dijo, No morirá; sino: Si quiero que él quede
hasta que yo venga ¿qué á ti?
24 Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió
estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero.
25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se
escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros
que se habrían de escribir. Amén.
LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO
Á LOS ROMANOS.
Capítulo 1
1 PABLO, siervo de Jesucristo, llamado [á ser] apóstol, apartado para el
evangelio de Dios,
2 Que él había antes prometido por sus profetas en las santas
Escrituras,
3 Acerca de su Hijo, (que fué hecho de la simiente de David según la
carne;
4 El cual fué declarado Hijo de Dios con potencia, según el espíritu de
santidad, por la resurrección de los muertos), de Jesucristo Señor nuestro,
5 Por el cual recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de
la fe en todas las naciones en su nombre,
6 Entre las cuales sois también vosotros, llamados de Jesucristo:
7 A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados santos:
Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
8 Primeramente, doy gracias á mi Dios por Jesucristo acerca de todos
vosotros, de que vuestra fe es predicada en todo el mundo.
9 Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el
evangelio de su Hijo, que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis
oraciones,
10 Rogando, si al fin algún tiempo haya de tener, por la voluntad de
Dios, próspero viaje para ir á vosotros.
11 Porque os deseo ver, para repartir con vosotros algún don espiritual,
para confirmaros;
12 Es á saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la común
fe vuestra y juntamente mía.
13 Mas no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he
propuesto ir á vosotros (empero hasta ahora he sido estorbado), para tener
también entre vosotros algún fruto, como entre los demás Gentiles.