13 Así que, el asalariado, huye, porque es asalariado, y no tiene

cuidado de las ovejas.

14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis [ovejas], y las mías me conocen.

15 Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por

las ovejas.

16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también

me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla á

tomar.

18 Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para

ponerla, y tengo poder para volverla á tomar. Este mandamiento recibí de mi

Padre.

19 Y volvió á haber disensión entre los Judíos por estas palabras.

20 Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿para

qué le oís?

21 Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio

abrir los ojos de los ciegos?

22 Y se hacía la fiesta de la dedicación en Jerusalem; y era invierno;

23 Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón.

24 Y rodeáronle los Judíos y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos has de turbar

el alma? Si tú eres el Cristo, dínos[lo] abiertamente.

25 Respondióles Jesús: Os [lo] he dicho, y no creéis: las obras que yo

hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;

26 Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he

dicho.

27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;

28 Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las

arrebatará de mi mano.

29 Mi Padre que me [las] dió, mayor que todos es y nadie [las] puede

arrebatar de la mano de mi Padre.

30 Yo y el Padre una cosa somos.

31 Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle.

32 Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre;

¿por cuál obra de esas me apedreáis?

33 Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos,

sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios.

34 Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses

sois?

35 Si dijo, dioses, á aquellos á los cuales fué hecha palabra de Dios (y

la Escritura no puede ser quebrantada);

36 ¿A quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú

blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?

37 Si no hago obras de mi Padre, no me creáis.

38 Mas si las hago, aunque á mí no creáis, creed á las obras; para que

conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

39 Y procuraban otra vez prenderle; mas él se salió de sus manos;

40 Y volvióse tras el Jordán, á aquel lugar donde primero había estado

bautizando Juan; y estúvose allí.

41 Y muchos venían á él, y decían: Juan, á la verdad, ninguna señal

hizo; mas todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.

42 Y muchos creyeron allí en él.

Capítulo 11

1 ESTABA entonces enfermo uno [llamado] Lázaro, de Bethania, la aldea de

María y de Marta su hermana.

2 (Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al

Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos.)

3 Enviaron, pues, sus hermanas á él, diciendo: Señor, he aquí, el que

amas está enfermo.

4 Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por

gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

5 Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro.

6 Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar

donde estaba.

7 Luego, después de esto, dijo á los discípulos: Vamos á Judea otra vez.

8 Dícenle los discípulos: Rabbí, ahora procuraban los Judíos apedrearte,

¿y otra vez vas allá?

9 Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día,

no tropieza, porque ve la luz de este mundo.

10 Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él.

11 Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á

despertarle del sueño.

12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará.

13 Mas [esto] decía Jesús de la muerte de él: y ellos pensaron que

hablaba del reposar del sueño.

14 Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto;

15 Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis:

mas vamos á él.

16 Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo, á sus condiscípulos:

Vamos también nosotros, para que muramos con él.

17 Vino pues Jesús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el

sepulcro.

18 Y Bethania estaba cerca de Jerusalem, como quince estadios;

19 Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y á María, á consolarlas

de su hermano.

20 Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió á encontrarle; mas

María se estuvo en casa.

21 Y Marta dijo á Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no

fuera muerto;

22 Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.

23 Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.

24 Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día

postrero.

25 Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí,

aunque esté muerto, vivirá.

26 Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees

esto?

27 Dícele: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de

Dios, que has venido al mundo.

28 Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo:

El Maestro está aquí y te llama.

29 Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene á él.

30 (Que aun no había llegado Jesús á la aldea, mas estaba en aquel lugar

donde Marta le había encontrado.)

31 Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban,

como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido,

siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí.

32 Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse á sus

pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano.

33 Jesús entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habían

venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse,

34 Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve.

35 Y lloró Jesús.

36 Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba.

37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste que abrió los ojos al

ciego, hacer que éste no muriera?

38 Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Era

una cueva, la cual tenía una piedra encima.

39 Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se había

muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cuatro días.

40 Jesús le dice: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de

Dios?

41 Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y

Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído.

42 Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que

está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado.

43 Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera.

44 Y el que había estado muerto, salió, atadas las manos y los pies con

vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatadle, y

dejadle ir.

45 Entonces muchos de los Judíos que habían venido á María, y habían

visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

46 Mas algunos de ellos fueron á los Fariseos, y dijéronles lo que Jesús

había hecho.

47 Entonces los pontífices y los Fariseos juntaron concilio, y decían:

¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchas señales.

48 Si le dejamos así, todos creerán en él: y vendrán los Romanos, y

quitarán nuestro lugar y la nación.

49 Y Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo:

Vosotros no sabéis nada;

50 Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no

que toda la nación se pierda.

51 Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice

de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación:

52 Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en

uno los hijos de Dios que estaban derramados.

53 Así que, desde aquel día consultaban juntos de matarle.

54 Por tanto, Jesús ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas

fuése de allí á la tierra que está junto al desierto, á una ciudad que se

llama Ephraim: y estábase allí con sus discípulos.

55 Y la Pascua de los Judíos estaba cerca: y muchos subieron de aquella

tierra á Jerusalem antes de la Pascua, para purificarse;

56 Y buscaban á Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el

templo. ¿Qué os parece, que no vendrá á la fiesta?

57 Y los pontífices y los Fariseos habían dado mandamiento, que si

alguno supiese dónde estuviera, lo manifestase, para que le prendiesen.

Capítulo 12

1 Y JESÚS, seis días antes de la Pascua, vino á Bethania, donde estaba

Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos.

2 E hiciéronle allí una cena: y Marta servía, y Lázaro era uno de los

que estaban sentados á la mesa juntamente con él.

3 Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho

precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la

casa se llenó del olor del ungüento.

4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, [hijo]de Simón, el que

le había de entregar:

5 ¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se

dió á los pobres?

6 Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres; sino

porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella.

7 Entonces Jesús dijo: Déjala: para el día de mi sepultura ha guardado

esto;

8 Porque á los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas á mí no

siempre me tenéis.

9 Entonces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí; y

vinieron no solamente por causa de Jesús, mas también por ver á Lázaro, al

cual había resucitado de los muertos.

10 Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar

también á Lázaro;

11 Porque muchos de los Judíos iban y creían en Jesús por causa de él.

12 El siguiente día, mucha gente que había venido á la fiesta, como

oyeron que Jesús venía á Jerusalem,

13 Tomaron ramos de palmas, y salieron á recibirle, y clamaban:

¡Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!

14 Y halló Jesús un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito:

15 No temas, hija de Sión: he aquí tu Rey viene, sentado sobre un

pollino de asna.

16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos de primero: empero

cuando Jesús fué glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban

escritas de él, y que le hicieron estas cosas.

17 Y la gente que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó á

Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos.

18 Por lo cual también había venido la gente á recibirle, porque había

oído que él había hecho esta señal;

19 Mas los Fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he

aquí, el mundo se va tras de él.

20 Y había ciertos Griegos de los que habían subido á adorar en la

fiesta:

21 Estos pues, se llegaron á Felipe, que era de Bethsaida de Galilea, y

rogáronle, diciendo: Señor, querríamos ver á Jesús.

22 Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen á

Jesús.

23 Entonces Jesús les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo

del hombre ha de ser glorificado.

24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la

tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva.

25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este

mundo, para vida eterna la guardará.

26 Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará

mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

27 Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora.

Mas por esto he venido en esta hora.

28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he

glorificado, y lo glorificaré otra vez.

29 Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido

trueno. Otros decían: Angel le ha hablado.

30 Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por

causa de vosotros.

31 Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo

será echado fuera.

32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo.

33 Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir.

34 Respondióle la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo

permanece para siempre: ¿cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre

sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?

35 Entonces Jesús les dice: Aun por un poco estará la luz entre

vosotros: andad entre tanto que tenéis luz, porque no os sorprendan las

tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va.

36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos

de luz. Estas cosas habló Jesús, y fuése, y escondióse de ellos.

37 Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en

él.

38 Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor,

quién ha creído á nuestro dicho? ¿Y el brazo del Señor, á quién es revelado?

39 Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías:

40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Porque no vean con

los ojos, y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane.

41 Estas cosas dijo Isaías cuando vió su gloria, y habló de él.

42 Con todo eso, aun de los príncipes, muchos creyeron en él; mas por

causa de los Fariseos no [lo] confesaban, por no ser echados de la sinagoga.

43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

44 Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el

que me envió;

45 Y el que me ve, ve al que me envió.

46 Yo [la] luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no

permanezca en tinieblas.

47 Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque

no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo.

48 El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue:

la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

49 Porque yo no he hablado de mí mismo: mas el Padre que me envió, él me

dió mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.

50 Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo,

como el Padre me lo ha dicho, así hablo.

Capítulo 13

1 ANTES de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había

venido para que pasase de este mundo al Padre, como había amado á los suyos

que estaban en el mundo, amólos hasta el fin.

2 Y la cena acabada, como el diablo ya había metido en el corazón de

Judas, [hijo] de Simón Iscariote, que le entregase,

3 Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las

manos, y que había salido de Dios, y á Dios iba,

4 Levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñóse.

5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó á lavar los pies de los

discípulos, y á limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido.

6 Entonces vino á Simón Pedro; y Pedro le dice: ¿Señor, tú me lavas los

pies?

7 Respondió Jesús, y díjole: Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas

[lo] entenderás después.

8 Dícele Pedro: No me lavarás los pies jamás. Respondióle Jesús: Si no

te lavare, no tendrás parte conmigo.

9 Dícele Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, mas aun las manos y la

cabeza.

10 Dícele Jesús: El que está lavado, no necesita sino que lave los pies,

mas está todo limpio: y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

11 Porque sabía quién le había de entregar; por eso dijo: No estáis

limpios todos.

12 Así que, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa,

volviéndose á sentar á la mesa, díjoles: ¿Sabéis lo que os he hecho?

13 Vosotros me llamáis, Maestro, y, Señor: y decís bien; porque lo soy.

14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros

también debéis lavar los pies los unos á los otros.

15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros

también hagáis.

16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni

el apóstol es mayor que el que le envió.

17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis.

18 No hablo de todos vosotros: yo sé los que he elegido: mas para que se

cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.

19 Desde ahora os lo digo antes que se haga, para que cuando se hiciere,

creáis que yo soy.

20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, á mí

recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió.

21 Como hubo dicho Jesús esto, fué conmovido en el espíritu, y protestó,

y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.

22 Entonces los discípulos mirábanse los unos á los otros, dudando de

quién decía.

23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado en el

seno de Jesús.

24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era

aquél de quien decía.

25 El entonces recostándose sobre el pecho de Jesús, dícele: Señor,

¿quién es?

26 Respondió Jesús: Aquél es, á quien yo diere el pan mojado. Y mojando

el pan, diólo á Judas Iscariote, [hijo] de Simón.

27 Y tras el bocado Satanás entró en él. Entonces Jesús le dice: Lo que

haces, haz[lo] más presto.

28 Mas ninguno de los que estaban á la mesa entendió á qué propósito le

dijo esto.

29 Porque los unos pensaban, por que Judas tenía la bolsa, que Jesús le

decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta: ó, que diese algo á los

pobres.

30 Como él pues hubo tomado el bocado, luego salió: y era [ya] noche.

31 Entonces como él salió, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del

hombre, y Dios es glorificado en él.

32 Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí

mismo, y luego le glorificará.

33 Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije

á los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; así digo á vosotros

ahora.

34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos á otros: como os he

amado, que también [os] améis los unos á los otros.

35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor

los unos con los otros.

36 Dícele Simón Pedro: Señor, ¿adónde vas? Respondióle Jesús: Donde yo

voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás después.

37 Dícele Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? mi alma

pondré por ti.

38 Respondióle Jesús: ¿Tu alma pondrás por mí? De cierto, de cierto te

digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.

Capítulo 14

1 NO se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí.

2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os [lo]

hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.

3 Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí

mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

4 Y sabéis á dónde yo voy; y sabéis el camino.

5 Dícele Tomás: Señor, no sabemos á dónde vas: ¿cómo, pues, podemos

saber el camino?

6 Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene

al Padre, sino por mí.

7 Si me conocieseis, también á mi Padre conocierais: y desde ahora le

conocéis, y le habéis visto.

8 Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.

9 Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has

conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices

tú: Muéstranos el Padre?

10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que

yo os hablo, no [las] hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace

las obras.

11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera,

creedme por las mismas obras.

12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo

hago también él [las] hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre.

13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el

Padre sea glorificado en el Hijo.

14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

15 Si me amáis, guardad mis mandamientos;

16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con

vosotros para siempre:

17 Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no

le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y

será en vosotros.

18 No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros.

19 Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis;

porque yo vivo, y vosotros también viviréis.

20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros

en mí, y yo en vosotros.

21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama;

y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á él.

22 Dícele Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te hayas de

manifestar á nosotros, y no al mundo?

23 Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi

Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada.

24 El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis

oído, no es mía, sino del Padre que me envió.

25 Estas cosas os he hablado estando con vosotros.

26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi

nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os

he dicho.

27 La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo [la] da, yo os [la]

doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

28 Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me

amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el

Padre mayor es que yo.

29 Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que cuando se hiciere,

creáis.

30 Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este

mundo; mas no tiene nada en mí.

31 Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me

dió el mandamiento, así hago. Levantaos, vamos de aquí.

Capítulo 15

1 YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que

lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto.

3 Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado.

4 Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto

de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en

mí.

5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él,

éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.

6 El que en mí no estuviere, será echado fuera como [mal] pámpano, y se

secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden.

7 Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid

todo lo que quisiereis, y os será hecho.

8 En esto es glorificado mi Padre, [en] que llevéis mucho fruto, y seáis

[así] mis discípulos.

9 Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor.

10 Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también

he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.

11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y

vuestro gozo sea cumplido.

12 Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os

he amado.

13 Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus

amigos.

14 Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando.

15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su

señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os

he hecho notorias.

16 No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; y os he

puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que

todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, él os lo dé.

17 Esto os mando: Que os améis los unos á los otros.

18 Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció antes que á

vosotros.

19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; mas porque no sois del

mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo.

20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que

su señor. Si á mí me han perseguido, también á vosotros perseguirán: si han

guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al

que me ha enviado.

22 Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas

ahora no tienen excusa de su pecado.

23 El que me aborrece, también á mi Padre aborrece.

24 Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningún otro ha hecho, no

tendrían pecado; mas ahora, y [las] han visto, y me aborrecen á mí y á mi

Padre.

25 Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que sin

causa me aborrecieron.

26 Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre,

el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí.

27 Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el

principio.

Capítulo 16

1 ESTAS cosas os he hablado, para que no os escandalicéis.

2 Os echarán de las sinagogas; y aun viene la hora, cuando cualquiera

que os matare, pensará que hace servicio á Dios.

3 Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre ni á mí.

4 Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os

acordéis que yo os lo había dicho. Esto empero no os lo dije al principio,

porque yo estaba con vosotros.

Reina Valera New Testament of the Bible 1909 · 第 2 / 6 段