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La Valera 1909 de la SBBE y la SBA.
Aviso:
Este texto del Nuevo Testamento (Valera 1909) fue bajado de la pagina de web:
Antigua Versión Valera 1909 La palabra de Dios en español.
(www.valera1909.com) Este texto no tiene derechos reservados, puedes
distribuirlo como quieres. Solamente pedimos que por respeto del trabajo que
invertimos en dándote este texto (Encontrando, escaneando, y corrigiendo.),
que dejes este aviso y la siguiente introducción (Todo entre [Empieza
] y
[Termina
]) en cualquier copia que publicas sobre el Internet. Si tienes
cualquier pregunta o comentario por favor escribe a: info@valera1909.com.
Introducción a la Valera 1909 de la SBBE-SBA.
El siguiente texto es una copia extensamente verificada del texto Valera
1909 de la Online Bible (OLB) (www.onlinebible.org) la cual ellos obtuvieron
de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). Lo verificamos usando
primordialmente una 1909 impresa por la Sociedad Bíblica Británica y
Extranjera (SBBE) para la Sociedad Bíblica Americana (SBA) en 1925, la cual
compré en México D.F. Esta 1909 tiene el formato común usado actualmente por
la Asociación Bíblica Internacional (ABI), ABS, SBU, Vida, Unilit, y quizá
algunos otros. Usamos como referencia una 1909 impresa por la SBBE para la
SBA en 1922, la cual tiene el formato "angosto" que ya no se imprime,
probablemente por su tipo de letra tan pequeña.
Como el texto digital de la OLB fue escaneado y no fue verificado muy
bien estaba lleno de errores. Muchos de estos errores se encuentran en las
1909 impresas por UBS y Hollman, rindiéndolas inservibles, en mi opinión. La
razón principal que nosotros hemos empezado a verificar el texto digital de la
1909 es para que nosotros podamos imprimir el Evangelio de Juan (y otros
libros) para la obra de evangelismo. Pero también reconocemos la necesidad de
tener un texto mas correcto poder hacer comparaciones exactas con otras
versiones. Y últimamente, esperamos que la SBU, Hollman, y los demás corrijan
sus textos para que sus publicaciones de la 1909 sean útiles.
En todos nuestros textos, letra itálica se reproduce entre corchetes
[...], para que se convierte fácilmente el Nuevo Testamento a muchos
diferentes formatos. Algunas ediciones impresas tenían tanto letra itálica y
palabras entre corchetes. En estos casos, para mantener la integridad de la
reproducción, aún corcheteamos palabras inicialmente itálicas, pero para
indicar la diferencia encerramos entre símbolos relativos <...> las palabras
originalmente entre corchetes.
Este texto digital de la 1909 es reproducida, tal cual. No hemos hecho
ninguna corrección al texto en cuanto a como aparece en la 1909 impresa en
1925 y como esa coincida con la que fue impresas en 1922.
M. N. Jackson
[Termina Aviso e Introducción]
LA
SANTA BIBLIA
QUE CONTIENE
LOS SAGRADOS LIBROS
DEL
ANITGUO Y NUEVO TESTAMENTO
ANTIGUA VERSIÓN DE CIPRIANO DE VALERA COTEJADA CON
DIVERSAS TRADUCCIONES Y REVISADA CON ARREGLO
Á LOS ORIGINALES HEBREO Y GRIEGO
Capítulo 1
1 EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era
Dios.
2 Este era en el principio con Dios.
3 Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es
hecho, fué hecho.
4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la
comprendieron.
6 Fué un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, para
que todos creyesen por él.
8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.
9 [Aquél] era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á
este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él; y el mundo no le
conoció.
11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
12 Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos
hijos de Dios, á los que creen en su nombre:
13 Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni
de voluntad de varón, mas de Dios.
14 Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su
gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
15 Juan dió testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que [yo]
decía: El que viene tras mí, es antes de mí: porque es primero que yo.
16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.
17 Porque la ley por Moisés fué dada: [mas] la gracia y la verdad por
Jesucristo fué hecha.
18 A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del
Padre, él [le] declaró.
19 Y éste es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de
Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?
20 Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo.
21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú
el profeta? Y respondió: No.
22 Dijéronle: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta á los que nos
enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
23 Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino
del Señor, como dijo Isaías profeta.
24 Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos.
25 Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres
el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
26 Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de
vosotros ha estado á quien vosotros no conocéis.
27 Este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí: del cual
yo no soy digno de desatar la correa del zapato.
28 Estas cosas acontecieron en Betábara, de la otra parte del Jordán,
donde Juan bautizaba.
29 El siguiente día ve Juan á Jesús que venía á él, y dice: He aquí el
Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí:
porque era primero que yo.
31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado á Israel, por eso
vine yo bautizando con agua.
32 Y Juan dió testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del
cielo como paloma, y reposó sobre él.
33 Y yo no le conocía; mas el que me envió á bautizar con agua, aquél me
dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es
el que bautiza con Espíritu Santo.
34 Y yo [le] vi, y he dado testimonio que éste es el Hijo de Dios.
35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.
36 Y mirando á Jesús que andaba por [allí], dijo: He aquí el Cordero de
Dios.
37 Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á Jesús.
38 Y volviéndose Jesús, y viéndolos seguir[le], díceles: ¿Qué buscáis? Y
ellos le dijeron: Rabbí (que declarado quiere decir Maestro) ¿dónde moras?
39 Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse
con él aquel día: porque era como la hora de las diez.
40 Era Andrés, hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído de
Juan, y le habían seguido.
41 Este halló primero á su hermano Simón, y díjole: Hemos hallado al
Mesías (que declarado es, el Cristo).
42 Y le trajo á Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de
Jonás: tú serás llamado Cephas (que quiere decir, Piedra).
43 El siguiente día quiso Jesús ir á Galilea, y halla á Felipe, al cual
dijo: Sígueme.
44 Y era Felipe de Bethsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.
45 Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado á aquel de quien
escribió Moisés en la ley, y los profetas: á Jesús, el hijo de José, de
Nazaret.
46 Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele
Felipe: Ven y ve.
47 Jesús vió venir á sí á Natanael, y dijo de él: He aquí un verdadero
Israelita, en el cual no hay engaño.
48 Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús, y díjole:
Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi.
49 Respondió Natanael, y díjole: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres
el Rey de Israel.
50 Respondió Jesús y díjole: ¿Porque te dije, te vi debajo de la
higuera, crees? cosas mayores que éstas verás.
51 Y dícele: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el
cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del
hombre.
Capítulo 2
1 Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba
allí la madre de Jesús.
2 Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas.
3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.
4 Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi
hora.
5 Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.
6 Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la
purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros.
7 Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta
arriba.
8 Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáron[le].
9 Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde
era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala
llama al esposo,
10 Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están
satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta
ahora.
11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó
su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
12 Después de esto descendió á Capernaum, él, y su madre, y hermanos, y
discípulos; y estuvieron allí no muchos días.
13 Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús á Jerusalem.
14 Y halló en el templo á los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y
á los cambiadores sentados.
15 Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del templo, y las
ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó
las mesas;
16 Y á los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no
hagáis la casa de mi Padre casa de mercado.
17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu
casa me comió.
18 Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de
que haces esto?
19 Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo
levantaré.
20 Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fué este templo
edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?
21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
22 Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se
acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que
Jesús había dicho.
23 Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos
creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
24 Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él
conocía á todos,
25 Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre;
porque él sabía lo que había en el hombre.
Capítulo 3
1 Y HABÍA un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de
los Judíos.
2 Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de
Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no
fuere Dios con él.
3 Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no
naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.
4 Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede
entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?
5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del
Espíritu, espíritu es.
7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.
8 El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de
dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
9 Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse?
10 Respondió Jesús, y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes
esto?
11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que
hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
12 Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os
dijere las celestiales?
13 Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del
hombre, que está en el cielo.
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario
que el Hijo del hombre sea levantado;
15 Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga
vida eterna.
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida
eterna.
17 Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo,
mas para que el mundo sea salvo por él.
18 El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es
condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19 Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres
amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.
20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la
luz, porque sus obras no sean redargüidas.
21 Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean
manifestadas que son hechas en Dios.
22 Pasado esto, vino Jesús con sus discípulos á la tierra de Judea; y
estaba allí con ellos, y bautizaba.
23 Y bautizaba también Juan en Enón junto á Salim, porque había allí
muchas aguas; y venían, y eran bautizados.
24 Porque Juan, no había sido aún puesto en la cárcel.
25 Y hubo cuestión entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de
la purificación.
26 Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba contigo de la
otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí bautiza, y todos
vienen á él.
27 Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le
fuere dado del cielo.
28 Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino
que soy enviado delante de él.
29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que
está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este
mi gozo es cumplido.
30 A él conviene crecer, mas á mí menguar.
31 El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra,
terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.
32 Y lo que vió y oyó, esto testifica: y nadie recibe su testimonio.
33 El que recibe su testimonio, éste signó que Dios es verdadero.
34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no da
Dios el Espíritu por medida.
35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano.
36 El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al
Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
Capítulo 4
1 DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que
Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,
2 (Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
3 Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.
4 Y era menester que pasase por Samaria.
5 Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la
heredad que Jacob dió á José su hijo.
6 Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así
se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.
7 Vino una mujer de Samaria á sacar agua: [y] Jesús le dice: Dame de
beber.
8 (Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)
9 Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí
de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los
Samaritanos.
10 Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el
que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.
11 La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar[la], y el pozo es
hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?
12 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del
cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
13 Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua,
volverá á tener sed;
14 Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá
sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para
vida eterna.
15 La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni
venga acá á sacar[la].
16 Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.
17 Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has
dicho, No tengo marido;
18 Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu
marido; esto has dicho con verdad.
19 Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.
20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en
Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.
21 Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este
monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos:
porque la salud viene de los Judíos.
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales
adoradores busca que le adoren.
24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es
necesario que adoren.
25 Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el
Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas.
26 Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.
27 Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba
con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?
28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á
aquellos hombres:
29 Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás
es éste el Cristo?
30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.
31 Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.
32 Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
33 Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído
alguien de comer?
34 Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y
que acabe su obra.
35 ¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega?
He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están
blancas para la siega.
36 Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para
que el que siembra también goce, y el que siega.
37 Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y
otro es el que siega.
38 Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros
labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
39 Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la
palabra de la mujer, que daba testimonio, [diciendo:] Que me dijo todo lo que
he hecho.
40 Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y
se quedó allí dos días.
41 Y creyeron muchos más por la palabra de él.
42 Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros
mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo,
el Cristo.
43 Y dos días después, salió de allí, y fuése á Galilea.
44 Porque el mismo Jesús dió testimonio de que el profeta en su tierra
no tiene honra.
45 Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las
cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también
ellos habían ido á la fiesta.
46 Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino
del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
47 Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á él, y
rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.
48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.
49 El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
50 Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que
Jesús le dijo, y se fué.
51 Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le
dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
52 Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y
dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.
53 El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le
dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
54 Esta segunda señal volvió Jesús á hacer, cuando vino de Judea á
Galilea.
Capítulo 5
1 DESPUÉS de estas cosas, era un día de fiesta de los Judíos, y subió
Jesús á Jerusalem.
2 Y hay en Jerusalem á [la puerta] del ganado un estanque, que en
hebraico es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales.
3 En éstos yacía multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban
esperando el movimiento del agua.
4 Porque un ángel descendía á cierto tiempo al estanque, y revolvía el
agua; y el que primero descendía en el estanque después del movimiento del
agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese.
5 Y estaba allí un hombre que había treinta y ocho años que estaba
enfermo.
6 Como Jesús vió á éste echado, y entendió que ya había mucho tiempo,
dícele: ¿Quieres ser sano?
7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el
estanque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro
antes de mí ha descendido.
8 Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda.
9 Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é íbase. Y era sábado
aquel día.
10 Entonces los Judíos decían á aquel que había sido sanado: Sábado es:
no te es lícito llevar tu lecho.
11 Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.
12 Preguntáronle entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y
anda?
13 Y el que había sido sanado, no sabía quién fuese; porque Jesús se
había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.
14 Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido
sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.
15 El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús era el que le había
sanado.
16 Y por esta causa los Judíos perseguían á Jesús, y procuraban matarle,
porque hacía estas cosas en sábado.
17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.
18 Entonces, por tanto, más procuraban los Judíos matarle, porque no
sólo quebrantaba el sábado, sino que también á su Padre llamaba Dios,
haciéndose igual á Dios.
19 Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No
puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque
todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente.
20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él
hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os
maravilléis.
21 Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también
el Hijo á los que quiere da vida.
22 Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo;
23 Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra
al Hijo, no honra al Padre que le envió.
24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me
ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á
vida.
25 De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los
muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán.
26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo
que tuviese vida en sí mismo:
27 Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del
hombre.
28 No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que
están en los sepulcros oirán su voz;
29 Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que
hicieron mal, á resurrección de condenación.
30 No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es
justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del
Padre.
31 Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
32 Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de
mí, es verdadero.
33 Vosotros enviasteis á Juan, y [él] dió testimonio á la verdad.
34 Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que
vosotros seáis salvos.
35 El era antorcha que ardía y alumbraba: y vosotros quisisteis
recrearos por un poco á su luz.
36 Mas yo tengo mayor testimonio que [el] de Juan: porque las obras que
el Padre me dió que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de
mí, que el Padre me haya enviado.
37 Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca
habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer.
38 Ni tenéis su palabra permanente en vosotros; porque al que él envió,
á éste vosotros no creéis.
39 Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas
tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.
40 Y no queréis venir á mí, para que tengáis vida.
41 Gloria de los hombres no recibo.
42 Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere
en su propio nombre, á aquél recibiréis.
44 ¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la gloria los unos de los
otros, y no buscáis la gloria que de sólo Dios viene?
45 No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os
acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis.
46 Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeríais á mí; porque de mí
escribió él.
47 Y si á sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis á mis palabras?
Capítulo 6
1 PASADAS estas cosas, fuése Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, [que
es] de Tiberias.
2 Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los
enfermos.
3 Y subió Jesús á un monte, y se sentó allí con sus discípulos.
4 Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos.
5 Y como alzó Jesús los ojos, y vió que había venido á él grande
multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
6 Mas esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
7 Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para
que cada uno de ellos tome un poco.
8 Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro:
9 Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos
pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos?
10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en
aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones.
11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió á los
discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los
peces, cuanto querían.
12 Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos
que han quedado, porque no se pierda nada.
13 Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes
de cebada, que sobraron á los que habían comido.
14 Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que Jesús había
hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
15 Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle
rey, volvió á retirarse al monte, él solo.
16 Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar;
17 Y entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia
Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido á ellos.
18 Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba.
19 Y como hubieron navegado como veinticinco ó treinta estadios, ven á
Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo.
20 Mas él les dijo: Yo soy; no tengáis miedo.
21 Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó
á la tierra donde iban.
22 El día siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar,
como vió que no había allí otra navecilla sino una, y que Jesús no había
entrado con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habían ido
solos;
23 Y que otras navecillas habían arribado de Tiberias junto al lugar
donde habían comido el pan después de haber el Señor dado gracias;
24 Como vió pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos,
entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesús.
25 Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabbí, ¿cuándo
llegaste acá?
26 Respondióles Jesús, y dijo; De cierto, de cierto os digo, que me
buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os
hartasteis.
27 Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida
eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á éste señaló el
Padre, [que es] Dios.
28 Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?
29 Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el
que él ha enviado.
30 Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te
creamos? ¿Qué obras?
31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito:
Pan del cielo les dió á comer.
32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dió Moisés pan
del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al
mundo.
34 Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan.
35 Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca
tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
37 Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no [le]
echo fuera.
38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la
voluntad del que me envió.
39 Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me
diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero.
40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al
Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.
41 Murmuraban entonces de él los Judíos, porque había dicho: Yo soy el
pan que descendí del cielo.
42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre
nosotros conocemos? ¿cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?
43 Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros.
44 Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y
yo le resucitaré en el día postrero.
45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así
que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí.
46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste
ha visto al Padre.
47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
48 Yo soy el pan de vida.
49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.
50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él
comiere, no muera.
51 Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de
este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo
daré por la vida del mundo.
52 Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste
darnos su carne á comer?
53 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la
carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en
vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le
resucitaré en el día postrero.
55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el
que me come, él también vivirá por mí.
58 Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres
comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente.
59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.
60 Y muchos de sus discípulos oyéndo[lo], dijeron: Dura es esta palabra:
¿quién la puede oir?
61 Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto,
díjoles: ¿Esto os escandaliza?
62 ¿Pues [qué], si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba
primero?
63 El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras
que yo os he hablado, son espíritu y son vida.
64 Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el
principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.
65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le
fuere dado del Padre.
66 Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban
con él.
67 Dijo entonces Jesús á los doce: ¿Queréis vosotros iros también?
68 Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras
de vida eterna.
69 Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios
viviente.
70 Jesús le respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y uno de
vosotros es diablo?
71 Y hablaba de Judas Iscariote, [hijo] de Simón, porque éste era el que
le había de entregar, el cual era uno de los doce.
Capítulo 7
1 Y PASADAS estas cosas andaba Jesús en Galilea: que no quería andar en
Judea, porque los Judíos procuraban matarle.
2 Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, [la] de los tabernáculos.
3 Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y vete á Judea, para que
también tus discípulos vean las obras que haces.
4 Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas
haces, manifiéstate al mundo.
5 Porque ni aun sus hermanos creían en él.
6 Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aun no ha venido; mas vuestro tiempo
siempre está presto.
7 No puede el mundo aborreceros á vosotros; mas á mí me aborrece, porque
yo doy testimonio de él, que sus obras son malas.
8 Vosotros subid á esta fiesta; yo no subo aún á esta fiesta, porque mi
tiempo aun no es cumplido.
9 Y habiéndoles dicho esto, quedóse en Galilea.
10 Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces él también subió á la
fiesta, no manifiestamente, sino como en secreto.
11 Y buscábanle los Judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?
12 Y había grande murmullo de él entre la gente: porque unos decían:
Bueno es; y otros decían: No, antes engaña á las gentes.
13 Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los Judíos.
14 Y al medio de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.
15 Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, no
habiendo aprendido?
16 Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquél que
me envió.
17 El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene
de Dios, ó si yo hablo de mí mismo.
18 El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la
gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
19 ¿No os dió Moisés la ley, y ninguno de vosotros hace la ley? ¿Por qué
me procuráis matar?
20 Respondió la gente, y dijo: Demonio tienes: ¿quién te procura matar?
21 Jesús respondió, y díjoles: Una obra hice, y todos os maravilláis.
22 Cierto, Moisés os dió la circuncisión (no porque sea de Moisés, mas
de los padres); y en sábado circuncidáis al hombre.
23 Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la ley de
Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado hice sano todo
un hombre?
24 No juzguéis según lo que parece, mas juzgad justo juicio.
25 Decían entonces unos de los de Jerusalem: ¿No es éste al que buscan
para matarlo?
26 Y he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada; ¿si habrán
entendido verdaderamente los príncipes, que éste es el Cristo?
27 Mas éste, sabemos de dónde es: y cuando viniere el Cristo, nadie
sabrá de dónde sea.
28 Entonces clamaba Jesús en el templo, enseñando y diciendo: Y á mí me
conocéis, y sabéis de dónde soy: y no he venido de mí mismo; mas el que me
envió es verdadero, al cual vosotros no conocéis.
29 Yo le conozco, porque de él soy, y él me envió.
30 Entonces procuraban prenderle; mas ninguno puso en él mano, porque
aun no había venido su hora.
31 Y muchos del pueblo creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando
viniere, ¿hará más señales que las que éste hace?
32 Los Fariseos oyeron á la gente que murmuraba de él estas cosas; y los
príncipes de los sacerdotes y los Fariseos enviaron servidores que le
prendiesen.
33 Y Jesús dijo: Aun un poco de tiempo estaré con vosotros, é iré al que
me envió.
34 Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no
podréis venir.
35 Entonces los Judíos dijeron entre sí: ¿A dónde se ha de ir éste que
no le hallemos? ¿Se ha de ir á los esparcidos entre los Griegos, y á enseñar á
los Griegos?
36 ¿Qué dicho es éste que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde
yo estaré, vosotros no podréis venir?
37 Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y
clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí y beba.
38 El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán
de su vientre.
39 (Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en
él: pues aun no había [venido] el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún
glorificado.)
40 Entonces algunos de la multitud, oyendo este dicho, decían:
Verdaderamente éste es el profeta.
41 Otros decían: Este es el Cristo. Algunos empero decían: ¿De Galilea
ha de venir el Cristo?
42 ¿No dice la Escritura, que de la simiente de David, y de la aldea de
Bethlehem, de donde era David, vendrá el Cristo?
43 Así que había disensión entre la gente acerca de él.
44 Y algunos de ellos querían prenderle; mas ninguno echó sobre él
manos.
45 Y los ministriles vinieron á los principales sacerdotes y á los
Fariseos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis?
46 Los ministriles respondieron: Nunca ha hablado hombre así como este
hombre.
47 Entonces los Fariseos les respondieron: ¿Estáis también vosotros
engañados?
48 ¿Ha creído en él alguno de los príncipes, ó de los Fariseos?
49 Mas estos comunales que no saben la ley, malditos son.
50 Díceles Nicodemo (el que vino á él de noche, el cual era uno de
ellos):
51 ¿Juzga nuestra ley á hombre, si primero no oyere de él, y entendiere
lo que ha hecho?
52 Respondieron y dijéronle: ¿Eres tú también Galileo? Escudriña y ve
que de Galilea nunca se levantó profeta.
53 Y fuése cada uno á su casa.
Capítulo 8
1 Y JESÚS se fué al monte de las Olivas.
2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino á él: y
sentado él, los enseñaba.
3 Entonces los escribas y los Fariseos le traen una mujer tomada en
adulterio; y poniéndola en medio,
4 Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho,
adulterando;
5 Y en la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales: tú pues, ¿qué
dices?
6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Empero Jesús,
inclinado hacia abajo, escribía en tierra con el dedo.
7 Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles: El que de
vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero.
8 Y volviéndose á inclinar hacia abajo, escribía en tierra.
9 Oyendo, pues, ellos, redargüidos de la conciencia, salíanse uno á uno,
comenzando desde los más viejos hasta los postreros: y quedó solo Jesús, y la
mujer que estaba en medio.
10 Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer,
díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?
11 Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te
condeno: vete, y no peques más.
12 Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que
me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida.
13 Entonces los Fariseos le dijeron: Tú de ti mismo das testimonio: tu
testimonio no es verdadero.
14 Respondió Jesús, y díjoles: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi
testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y á dónde voy; mas
vosotros no sabéis de dónde vengo, y á dónde voy.
15 Vosotros según la carne juzgáis; mas yo no juzgo á nadie.
16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo, sino yo y
el que me envió, el Padre.
17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es
verdadero.
18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo: y da testimonio de mí el
que me envió, el Padre.
19 Y decíanle: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni á mí me
conocéis, ni á mi Padre; si á mí me conocieseis, á mi Padre también
conocierais.
20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las limosnas, enseñando en
el templo: y nadie le prendió; porque aun no había venido su hora.
21 Y díjoles otra vez Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, mas en vuestro
pecado moriréis: á donde yo voy, vosotros no podéis venir.
22 Decían entonces los Judíos: ¿Hase de matar á sí mismo, que dice: A
donde yo voy, vosotros no podéis venir?
23 Y decíales: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois
de este mundo, yo no soy de este mundo.
24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados: porque si no
creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.
25 Y decíanle: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que al
principio también os he dicho.
26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros: mas el que me
envió, es verdadero: y yo, lo que he oído de él, esto hablo en el mundo.
27 Mas no entendieron que él les hablaba del Padre.
28 Díjoles pues, Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces
entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me
enseñó, esto hablo.
29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre;
porque yo, lo que á él agrada, hago siempre.
30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
31 Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros
permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
32 Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.
33 Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos á
nadie: ¿cómo dices tú: Seréis libres?
34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que
hace pecado, es siervo de pecado.
35 Y el siervo no queda en casa para siempre: el hijo queda para
siempre.
36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
37 Sé que sois simiente de Abraham, mas procuráis matarme, porque mi
palabra no cabe en vosotros.
38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que
habéis oído cerca de vuestro padre.
39 Respondieron y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesús: Si
fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham harías.
40 Empero ahora procuráis matarme, hombre que os he hablado la verdad,
la cual he oído de Dios: no hizo esto Abraham.
41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle entonces:
Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, [que es] Dios.
42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me
amaríais: porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí
mismo, mas él me envió.
43 ¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? porque no podéis oir mi palabra.
44 Vosotros de [vuestro] padre el diablo sois, y los deseos de vuestro
padre queréis cumplir. El, homicida ha sido desde el principio, y no
permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de
suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
45 Y porque yo digo verdad, no me creéis.
46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo verdad, ¿por
qué vosotros no me creéis?
47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye: por esto no [las] oís
vosotros, porque no sois de Dios.
48 Respondieron entonces los Judíos, y dijéronle: ¿No decimos bien
nosotros, que tú eres Samaritano, y tienes demonio?
49 Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro á mi Padre; y
vosotros me habéis deshonrado.
50 Y no busco mi gloria: hay quien [la] busque, y juzgue.
51 De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá
muerte para siempre.
52 Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio.
Abraham murió, y los profetas, y tú dices: El que guardare mi palabra, no
gustará muerte para siempre.
53 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? y los
profetas murieron: ¿quién te haces á ti mismo?
54 Respondió Jesús: Si yo me glorifico á mí mismo, mi gloria es nada: mi
Padre es el que me glorifica; el que vosotros decís que es vuestro Dios;
55 Y no le conocéis: mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco,
seré como vosotros mentiroso: mas le conozco, y guardo su palabra.
56 Abraham vuestro padre se gozó por ver mi día; y lo vió, y se gozó.
57 Dijéronle entonces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años, ¿y has
visto á Abraham?
58 Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese,
yo soy.
59 Tomaron entonces piedras para tirarle: mas Jesús se encubrió, y salió
del templo; y atravesando por medio de ellos, se fué.
Capítulo 9
1 Y PASANDO [Jesús], vió un hombre ciego desde su nacimiento.
2 Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó
sus padres, para que naciese ciego?
3 Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras
de Dios se manifiesten en él.
4 Conviéneme obrar las obras del que me envió, entre tanto que el día
dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar.
5 Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.
6 Esto dicho, escupió en tierra, é hizo lodo con la saliva, y untó con
el lodo sobre los ojos del ciego,
7 Y díjole: Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, si [lo]
interpretares, Enviado). Y fué entonces, y lavóse, y volvió viendo.
8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego,
decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
9 Unos decían: Este es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
10 Y dijéronle: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11 Respondió él y dijo: El hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me
untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate: y fuí, y me lavé, y recibí la
vista.
12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquél? El dijo: No sé.
13 Llevaron á los Fariseos al que antes había sido ciego.
14 Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los
ojos.
15 Y volviéronle á preguntar también los Fariseos de qué manera había
recibido la vista. Y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y
veo.
16 Entonces unos de los Fariseos decían: Este hombre no es de Dios, que
no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas
señales? Y había disensión entre ellos.
17 Vuelven á decir al ciego: ¿Tú, qué dices del que te abrió los ojos? Y
él dijo: Que es profeta.
18 Mas los Judíos no creían de él, que había sido ciego, y hubiese
recibido la vista, hasta que llamaron á los padres del que había recibido la
vista;
19 Y preguntáronles, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros
decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?
20 Respondiéronles sus padres y dijeron: Sabemos que éste es nuestro
hijo, y que nació ciego:
21 Mas cómo vea ahora, no sabemos; ó quién le haya abierto los ojos,
nosotros no lo sabemos; él tiene edad, preguntadle á él; él hablará de sí.
22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los Judíos: porque ya
los Judíos habían resuelto que si alguno confesase ser él el Mesías, fuese
fuera de la sinagoga.
23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle á él.
24 Así que volvieron á llamar al hombre que había sido ciego, y
dijéronle: Da gloria á Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador.
25 Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador, no lo sé: una cosa sé,
que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
26 Y volviéronle á decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
27 Respondióles: Ya os [lo] he dicho, y no habéis atendido: ¿por qué lo
queréis otra vez oir? ¿queréis también vosotros haceros sus discípulos?
28 Y le ultrajaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros
discípulos de Moisés somos.
29 Nosotros sabemos que á Moisés habló Dios: mas éste no sabemos de
dónde es.
30 Respondió aquel hombre, y díjoles: Por cierto, maravillosa cosa es
ésta, que vosotros no sabéis de dónde sea, y [á mí] me abrió los ojos.
31 Y sabemos que Dios no oye á los pecadores: mas si alguno es temeroso
de Dios, y hace su voluntad, á éste oye.
32 Desde el siglo no fué oído, que abriese alguno los ojos de uno que
nació ciego.
33 Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.
34 Respondieron, y dijéronle: En pecados eres nacido todo, ¿y tú nos
enseñas? Y echáronle fuera.
35 Oyó Jesús que le habían echado fuera; y hallándole, díjole: ¿Crees tú
en el Hijo de Dios?
36 Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?
37 Y díjole Jesús: Y le has visto, y el que habla contigo, él es.
38 Y él dice: Creo, Señor; y adoróle.
39 Y dijo Jesús: Yo, para juicio he venido á este mundo: para que los
que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.
40 Y [ciertos] de los Fariseos que estaban con él oyeron esto, y
dijéronle: ¿Somos nosotros también ciegos?
41 Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado: mas ahora
porque decís, Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.
Capítulo 10
1 DE cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el
corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal es ladrón y robador.
2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.
3 A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y á sus ovejas llama
por nombre, y las saca.
4 Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las
ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5 Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la
voz de los extraños.
6 Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que
les decía.
7 Volvióles, pues, Jesús á decir: De cierto, de cierto os digo: Yo soy
la puerta de las ovejas.
8 Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores; mas no
los oyeron las ovejas.
9 Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y
saldrá, y hallará pastos.
10 El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he
venido para que tengan vida, y para que [la] tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.
12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las
ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye, y el lobo las
arrebata, y esparce las ovejas.