«En cuanto á los libertos, es admirable el buen sentido y la

circunspeccion que demuestran, de modo que todo cuanto se anunciaba

del alboroto, de las perturbaciones y de la holganza que serian la

consecuencia obligada de la Ley de abolicion, se ha puesto en

evidencia que era purísima farsa. Por esto, y porque con la mejor

intencion del mundo por parte de las autoridades, se han producido

algunos disgustos entre los propietarios, con motivo de la

contratacion de libertos, _va haciendo camino la idea de abolir la

cortapisa de los contratos obligatorios_, salvas las reservas que

contienen los reglamentos contra la vagancia.

Y no crean ustedes que esta es idea de los abolicionistas

ardientes. De uno de los protectores de libertos me atrevo á

asegurarles que conviene en la necesidad de modificar la ley en

sentido radical: y la mayoría de los que con él están la

constituyen precisamente hacendados, de modo que no sería difícil

que á Madrid fuera una exposicion pidiendo la plena y absoluta

libertad de los braceros.»

Otro hacendado y comerciante (de Vegabaja) que á su gran fortuna une un

carácter emprendedor y un conocimiento poco comun de la agricultura

tropical, el señor marqués de Cayo Caribe, creador de la primera central

de Puerto-Rico, poseedor de muchos esclavos y dueño de la finca más

adelantada de la isla, escribe en carta fechada el 12 de Junio de 1873,

contestando al interrogatorio que la SOCIEDAD ABOLICIONISTA dirigió á

los hacendados más notables de la isla:

«1.º _Lo que á Puerto-Rico atañe y conviene con motivo de la

abolicion.--Respuesta._ Consumada ya esta sin el menor desórden y

sin trabajo alguno, quedan de hecho y rotundamente desmentidas las

temerosas predicciones que se venian haciendo sobre la

trascendencia de esa medida en el órden público y político de esta

Antilla. Esa gran reforma, por el contrario, no ha producido más

efecto, en ese terreno, que el muy saludable de cegar para siempre

la fuente más fecunda en inmoralidad, y por tanto en serios

peligros para el porvenir.

En cuanto al órden económico, no puedo decir hoy á _punto fijo_

hasta dónde ha podido ó pueda influir la abolicion en la

produccion y la riqueza da la provincia. Fácil fuera eso, si la

abolicion se hubiera llevado á cabo en una situacion normal; pero

ha venido, no solo á mitad de la zafra, sino en un año malo, muy

malo para la isla, á consecuencia de los ruinosos precios de sus

azúcares y de la grande sequía que en toda la costa Sur, la más

productora, ha reducido la actual cosecha á la mitad y hasta á un

tercio de lo ordinario.

Por otra parte, la especial y defectuosa constitucion de este

comercio, la falta absoluta de establecimientos de crédito, la

escasez relativa de capital circulante, los escandalosos

despilfarros _políticos_ de cierto partido, y en no pequeña parte

los que con repetidas alarmas ficticias, para poner obstáculos á

las reformas, no han titubeado en su ciego furor ante la

perspectiva de arruinar en el extranjero el crédito de la

provincia, habian originado ya, especialmente en el rico distrito

de Ponce, numerosas suspensiones de pagos y quiebras, cuyos efectos

experimentó todo el territorio.

Seguro es que todo esto ha de atribuirse á la abolicion de la

esclavitud, por más que sean hechos anteriores á ella, ocurridos

cuando ni los unos ni los otros la esperaban, y que tienen por

origen causas muy distintas y de fácil comprobacion.

El efecto _general_ de la abolicion ha sido el siguiente:

La mayor parte de los esclavos dedicados á la agricultura han

permanecido y continúan voluntariamente con los que fueron sus

dueños, y no son pocos los rasgos de abnegacion, como el de

continuar entregando parte de sus jornales á sus antiguos amos ó

amas que no tenian otros medios de subsistencia.

Son excepciones las haciendas, que se han quedado sin su anterior

esclavitud: de ellas, la mayor parte encuentran sin gran dificultad

brazos libres con que reemplazarla, aunque les cueste algo más.

Algunos no los encontrarán, por ser terrenos insalubres ó plagados

de mosquitos y hormigas que ahuyentan al trabajador.

Disminuidas á lo racional las horas de trabajo, y habiendo

servicios penosos en que solo se empleaba antes el esclavo, el

costo de produccion aumenta de un modo sensible _hoy_, á causa de

la depreciacion de los frutos.

En cuanto al servicio doméstico, en que se empleaba la mayor parte

de la esclavitud, la perturbacion ha sido más profunda, pues son

pocos los esclavos que han continuado, despues de libres, en sus

antiguas casas, y es muy difícil reemplazarlos por lo relajada é

ignorante de sus deberes que de antemano se hallaba en toda la isla

la clase de sirvientes domésticos. Mas esos son efectos naturales

de su constitucion social, que solo pueden irse remediando con el

tiempo y con otra clase de reformas que deben dejarse á la

iniciativa individual y local. No influyen de un modo digno de

atencion en la riqueza pública.

2.º _Efectos producidos en los negros._--No son dignos de mencion.

Buenos por su naturaleza casi todos; bien tratados antes de la

abolicion, la mayor parte, aunque resentidos por el _simple hecho

de obligarles_ al contrato, comprenden la necesidad de trabajar y

no huyen el trabajo.»

Un activo y afamado fabricante de Mayagüez--el Sr. Raldiriz--decia á la

SOCIEDAD ABOLICIONISTA en Octubre de 1873 lo que sigue:

«La Ley fué recibida con júbilo por todos aquellos que sienten

latir ese amor santo á la libertad, á esa libertad que fortifica y

engrandece al hombre; y como era de esperar, dada la condicion del

siervo, ha sido admirable el efecto producido en ellos, los cuales

siguen trabajando, unos con sus antiguos dueños, otros con otras

personas, pues cada cual, procurando mejorar, ha buscado el

servicio que le ha parecido más ventajoso; pero es preciso

reconocer, si bien no se nos escapa que fué una transaccion

política, que el contrato establecido es una inconveniencia que en

la práctica no puede llevarse á cabo, mucho más, dado el Reglamento

que para este efecto se ha publicado.

Oblígase á contratar á todos los libertos, salvo los inútiles y los

físicamente impedidos para el trabajo, los cuales, como aquí

escasean las casas de beneficencia, quedan sujetos á la caridad

pública.

¿Puede ser justo y equitativo contratar á un hombre que tiene

peculio con que trabajar por su cuenta? ¿Puede haber moralidad en

contratos de padres é hijos? ¿No es injusto y contra lo natural el

no permitir que un padre ó una madre lleve á su calor á su hijo?

Pues todo esto sucede aquí.

Todos los mayores de 12 años han de estar contratados, y no puede

contratar aquella persona que no tenga ocupacion que dar al liberto

y carezca de una propiedad ó medios de vivir regular. Esto, si se

quiere, es una garantía para el liberto; pero, ¿por qué razon una

madre pobre, ya de alguna edad, no ha de tener consigo á una hija

que con su trabajo pueda atender á aquella infeliz? En San German

hay en una hacienda un liberto que tiene 3 ó 4.000 pesos, y gana

diarios seis ó siete con los animales que tiene alquilados en la

misma finca; pues á este liberto se le obliga á contratarse, siendo

capitalista que puede vivir de las rentas de su dinero. Otros

tienen medios para trabajar por su cuenta, pues aquí con poca

cantidad se pone una carreta al tráfico mercantil, y se obtiene con

que vivir, y quien dice una carreta, dice otras pequeñas industrias

que no necesitan mucho capital. Hay más. Hay muchos libertos que

son de oficio, como albañil, carpintero, tonelero, herrero, y estos

ganan 10 ó 14 reales diarios, teniendo dificultad para contratarse

por la sencilla razon de que no todos los dias encuentran trabajo

con una misma persona y porque ellos se hallan en aptitud de

ajustarlos y hacerlos por su cuenta, lo que les es más ventajoso.

Además, ¿hay poder humano que pueda obligar al contrato á una

liberta que contrae matrimonio con un hombre que ha sido libre toda

su vida? Pues qué, ¿acaso un hombre que pasa á formar una familia

ha de consentir semejante cosa? Preferible es no casarse, y cuenta

con que casos de estos se han presentado. Repito, pues, que el

contrato es una inconveniencia que no tiene objeto plausible, y

claro es que conviene desaparezca cuanto antes, pues debemos tener

en cuenta que la generalidad de los libertos se hallan bastante

adelantados, faltando solamente que desarrollen su inteligencia.

Ahora bien: como, por razon natural, no todos poseemos iguales

sentimientos, y así como unos tienen aficion al trabajo, otros se

inclinan á la vagancia, es necesario que exista una buena ley de

vagos, pero una ley verdad, que corrija severamente al desaplicado

y al turbulento. Debo hacerles presente, que habiendo alguno da

ellos inclinados al robo, aunque en pequeña escala, sería

conveniente y útil que existiera un tribunal correccional para la

resolucion de esos pequeños hurtos, sin necesidad de procesos

criminales, cuya tramitacion en nuestra isla es demasiado larga y

costosa, siendo indudable que obtendriamos mejoras resultados con

esa especie de jurado, al aire libre, y del cual podría formar

parte la autoridad local, el síndico del Ayuntamiento y el

secretario del mismo, y cuyos fallos deberian ser, en trabajos de

duracion, arreglados á la falta cometida. No creo demás decir á

Vds. que los libertos ganan ordinariamente, los de hacienda de

caña, 4 reales diarios, manutencion y casa, los de café, 8 y 10

pesos mensuales, y en tiempo de cosecha, 10 reales por cada fanega

de café que cojan; los de oficios domésticos, 8 y 10 pesos

mensuales, con manutencion: el precio es muchas veces segun lo que

se facilita al liberto, porque algunos obtienen hasta la ropa y la

asistencia médica.

En los pueblos pequeños los sueldos son menores; por lo que llevo

dicho ya ven Vds. que la libertad no ha sido mal recibida y ha

producido sus naturales efectos; lo único que hace falta, despues

de lo dicho, es la indemnizacion, de que Vds. nada dicen. La isla

hace algunos años atraviesa una terrible crísis económica, cuyos

males han crecido últimamente, con motivo de los bajos precios á

que se cotizan nuestros azúcares en las plazas consumidoras, la

sequía en algunas localidades y otras causas, sobre las que me

ocuparé en carta separada. Así es que muchos hacendados hoy no

encuentran con facilidad quien les anticipe fondos para atender á

sus fincas, lo que no resultaria si tuviésemos un Banco; pero ni

ley autorizando su creacion tenemos, ni iniciativa alguna, pues

demasiado apáticos, carecemos del espíritu de asociacion, el tiempo

pasa y aumenta el mal.»

Otro hacendado de la rica é importante villa de San German, individuo de

una de las familias más respetadas é influyentes de la isla, comisionado

que fué en 1866 á la _Junta de Informacion_ que se inauguró en Madrid, y

Diputado á Córtes en 1872, el Sr. D. Francisco Mariano Quiñones,

contestó en 9 de Junio de 1873 á la SOCIEDAD ABOLICIONISTA en los

siguientes términos:

«Y en efecto: dos meses escasos de vida más espansiva para todos y

en conformidad con las leyes de la humanidad, han sido bastantes

para que la pasion política pierda su odioso carácter de

intransigencia, y conservadores y reformistas se acercan ya unos á

otros y discuten amigablemente sobre la mejor manera de

contrarestar los funestos efectos de la gran crísis monetaria por

la que atraviesa el país á causa de la pérdida de la mayor parte de

nuestras cosechas por falta de lluvias á su debido tiempo y la baja

de precios para nuestros frutos por la gran abundancia en la

produccion extranjera.

Fábricas centrales, Bancos; estas son las grandes cuestiones que

preocupan hoy los ánimos en Puerto-Rico, y no creo que se piense ya

en seguir creando artificialmente como antes motines como el de

Junio del 71 en la capital y el más reciente de Camuy.--En la vida

social van desapareciendo rápidamente aquellas divisiones que

mantenian para todo separadas á las familias unas de otras. Todo

ha tomado, en fin, aspecto más halagüeño, á pesar de la rigidez de

los tiempos que corremos, exhaustos de dinero y con nuestro crédito

quebrantado en el extranjero.--Nuestro Gobierno puede hacer mucho

para remediar este mal, que puede llegar á ser superior á los

esfuerzos del país, si abandonado á sus propios recursos, para

resistirlos no hace efectiva la indemnizacion. Sea la indemnizacion

una verdad, siquiera haya de pagarla luego la provincia con creces.

Haga posible por ese medio la creacion de Bancos y de máquinas

centrales si se necesitan para que nuestra industria pueda ponerse

otra vez en estado de sostener la concurrencia de otros paises

azucareros. Cuando Vds. puedan influir en ese sentido deben

hacerlo, porque será un bien y un medio de poder llegar á sentar

sólidamente nuestras afirmaciones con respecto á que no es

necesario el brazo esclavo para la produccion.

Hasta aquí en cuanto les llevo dicho verán Vds. poquísima novedad.

Y ¿qué más pudiera decirles? En su pase á mejor estado, que se ha

llevado á cabo sin la menor perturbacion, ha seguido el esclavo

como era natural las huellas de la clase libre trabajadora,

imitándola en sus virtudes y sus vicios. Trabajan como ellos, es

decir, no siempre á gusto de los propietarios, malgastan casi

siempre el fruto de su trabajo en el baile, en el juego, es verdad;

¿pero podia esperarse otra cosa?

Uno de los grandes beneficios que nos ha de traer con el tiempo la

Ley de la abolicion, ha de ser la mayor moralizacion en la clase

jornalera.

Es innegable que aunque numerosa y resistente en el trabajo cuando

lo toma, tiene defectos que preocupan con razon al propietario.

Muchos creen que estos provienen de la falta de grandes necesidades

por la benignidad de nuestro clima; pero en nuestro país no es

posible ya que el proletario viva de otro modo que del trabajo ó

del robo, y por desgracia, son muy elásticas sus nociones de moral

por cuanto al respeto que se debe á lo ajeno. No se conocen apenas

en Puerto-Rico grandes crímenes; pero el hurto, la ratería, como la

llamamos nosotros, es un vicio tan general en nuestra clase

trabajadora, que es la causa principal de su poca asiduidad en el

trabajo y del abandono del cultivo de los frutos de primera

necesidad. Y nuestra legislacion parece que propende á favorecerlo,

puesto que para su represion determina trámites tan complicados y

castigos tan severos, que los mismos perjudicados por los hurtos se

inclinan siempre á dejarlos impunes antes que dar pasos para que se

corrijan. Es natural que nuestros libertos no se distingan

ventajosamente sobre este punto. Hacen lo que hacian en la

servidumbre y lo que ven hacer á los que hoy son de su misma clase.

Fuera de buenas reformas en las leyes penales, ¿no contribuiria á

aminorar este mal la mayor difusion de una buena enseñanza en la

clase proletaria?

Para terminar, voy á hablar á Vds. de la contratacion; de ese

último eslabon que han creido nuestros legisladores deber conservar

en la cadena del esclavo. Deprime al hombre libre, ya que pone en

juego toda su energía, toda su astucia para librarse de él: el

propietario lo rechaza porque ha comprendido que, lejos de

favorecerle, es un entorpecimiento continuo en la marcha de sus

trabajos. Conservadores y reformistas están de acuerdo sobre este

punto. En la primer reunion que se celebró en nuestra localidad de

propietarios para oir la lectura del reglamento de esclavos, fué

autorizado (y la iniciativa partió de los conservadores) para hacer

una mocion pidiendo la supresion de la contratacion de los libertos

por considerarla perjudicial á los intereses de todos. Un solo voto

se opuso á nuestra súplica al Gobierno, y así consta en el acta que

se celebró en aquella reunion. En todos los pueblos de la isla oigo

decir que se resiente el trabajo por el mismo motivo. Yo espero que

nuestros Diputados trabajarán por que se reforme en este punto la

Ley.»

Por último, el ex-director del Instituto de Puerto-Rico D. José Julian

Acosta, Diputado á Córtes en dos ocasiones, comisionado en 1866 á la

_Junta de informacion_, uno de los más antiguos abolicionistas de

nuestras Antillas y una verdadera ilustracion de la América española,

decia lo que sigue:

«Aquí se promulgó la redentora Ley y se está cumpliendo en medio

del órden más perfecto y con la mayor satisfaccion por parte de la

inmensa mayoría de estos habitantes.

El Reglamento para la contratacion de servicios de los libertos,

que vió ayer la luz pública, es fiel al principio fundamental de la

Ley: la libertad de los que antes fueron esclavos. Con su

publicacion han perdido su última esperanza los esclavistas

disfrazados con capa de abolicionismo.

Como lo ví desde el año de 1866, la abolicion en Puerto-Rico solo

entraña un problema económico. El órden ni se ha turbado ni se

turbará felizmente; pero puede suceder que muchos hacendados

carezcan de metálico para satisfacer los jornales.

Este temor nace de la sequía que trabaja algunas comarcas

azucareras, como Guayama y Ponce; de las quiebras que han sufrido

varias casas de comercio, y principalmente del bajo precio que

alcanza el mercado.

A prevenir la crísis económica deben todos Vds. dirigir sus

esfuerzos, tanto por Puerto-Rico, cuanto porque del buen éxito de

la abolicion en Puerto-Rico depende la de Cuba, á que debemos

aspirar sin tregua ni descanso.

Trabajen por realizar el empréstito en Inglaterra para que venga

metálico al país, y por promover el establecimiento de uno ó varios

Bancos con objeto de que la moneda fiduciaria multiplique tambien

las transacciones.»

Como estos, muchos otros Informes pudieran reproducir aquí los

infrascritos: Informes que verán la luz dentro de poco; mas parece

bastante lo expuesto para no alargar inconsideradamente el discurso y

dejar sitio á otros datos de carácter puramente _oficial_, que nos

permitimos recomendar á la ilustrada consideracion de V. E.

La ley de Marzo, en vista de la continuacion del trabajo y un tanto

recelosa de los libertos, impuso á estos, por el art. 2.º, la obligacion

de celebrar contratos de modo que por espacio de tres años hubieran de

aparecer ocupados los recien emancipados. Pues bien: esta obligacion ha

sido perfectamente cumplida como lo demuestra, á más del párrafo ya

reproducido del discurso del Presidente de la Audiencia de Puerto-Rico,

los siguientes _Estados_, que, suscritos por el Secretario del Gobierno

superior de la pequeña Antilla, D. Gerónimo San Juan, obran en poder de

la SOCIEDAD ABOLICIONISTA y que de seguro posee tambien el ministerio de

Ultramar.

Hélos aquí:

I.

PROVINCIA DE PUERTO-RICO

ESTADO _demostrativo de los contratos de libertos celebrados hasta la

fecha con espresion de los inútiles, menores de 12 años y mayores de

60_.

DISTRITOS[2]

1.º 2.º 3.º

----- ----- -----

Contratados {Rústicos 3.128 2.104 3.829

con sus {Urbanos 1.116 798 676

dueños {

Idem con {Rústicos 1.860 1.772 2.297

particulares{Urbanos 1.406 1.702 774

Inútiles 134 34 163

Menores de 12 años 1.816 1.287 1.945

Mayores de 60 189 5 3

----- ----- -----

9.649 7.702 9.687

[2] Se dividieron los siete departamentos en tres distritos:

Capital, Mayagua y Ponce.

RESUMEN

Contratados {Rústicos 9.061 } 11.651

con sus {Urbanos 2.590 }

dueños }

Idem con {Rústicos 5.929 } 9.811

particulares {Urbanos 3.882 }

|

Inútiles | 331

Menores de 12 años | 5.048

Mayores de 60 | 197

------

Total 27.038

Agosto de 1873.

II.

PROVINCIA DE PUERTO-RICO

RESUMEN _de los esclavos de la misma, existentes en el registro del

corriente año hasta el 30 de Marzo con inclusion de las bajas ocurridas

por todos conceptos_.

A

DE 12

A MENORES

59 AÑOS DE 12

------- -------

Domésticos { Varones 904 37 } 4.008

{ Hembras 2.983 84 }

Labradores { Varones 11.325 203 } 19.597

{ Hembras 7.945 124 }

Sin ocupacion { Varones 74 2.806 } 5.730

{ Hembras 81 2.769 }

Total { Varones 15.349} 29.335

{ Hembras 13.986}

Puerto-Rico 30 de Marzo de 1873.

B

Solteros. { Varones. 15.130 } 28.895

{ Hembras. 13.765 }

Casados. { Varones. 200 } 383

{ Hembras. 183 }

Viudos. { Varones. 19 } 57

{ Hembras. 38 }

C

Ascendió el censo de 1872. 31.041

Idem el id. de 1873. 29.335

-------

Diferencia. 1.706

DEMOSTRACION

Total de esclavos inscritos hasta el 30 de Marzo de 1873. 29.335

Id. libertos contratados basta el 21 de Agosto de 1873. 27.038

-------

Quedan por contratar. 2.297

comprendidos los inútiles.

De modo que á los cuatro meses de planteada la Ley de abolicion

aparecian contratados más del 92 por 100 de los esclavos inscritos como

tales en el censo de 1873; de los libertos rústicos, el 46 por 100

continuaba trabajando con sus antiguos amos, y de los urbanos ó

domésticos cerca del 65. Es decir, que de los 23.605 esclavos mayores de

12 años, útiles y con ocupacion que existian en Puerto-Rico la víspera

de la Ley emancipadora, muy cerca de la mitad (el 49,3 por 100) no

desampararon los antiguos lugares de trabajo ni resistieron la

direccion á que de atrás venian acostumbrados.

Tales son los datos, á todas luces incontestables. ¿Qué más podia

esperarse de los libertos? ¿Qué otro ejemplo puede rivalizar con este en

la historia de la abolicion? ¿Qué más cabia desear en la hora de la

trasformacion del trabajo y de la reforma social de Puerto-Rico, aun en

condiciones ménos difíciles que las que acompañaron al planteamiento de

la Ley de 22 de Marzo?

Inspirado, sin duda, en el magnífico espectáculo que la pequeña Antilla

ha ofrecido en momentos verdaderamente críticos, el digno cónsul de los

Estados-Unidos en San Juan, Mr. Eduardo Conroy, interrogado por la

SOCIEDAD ABOLICIONISTA ESPAÑOLA, no ha titubeado en escribir en 12 de

Julio de 1874 las siguientes frases que con orgullo recogemos y

consignamos en este papel:

«Complacido con el elogio que hace Vd. del pueblo americano, á que

pertenezco, y agradecido á los distinguidos conceptos que me

dispensa, cumplo gustoso con el deber de hacer justicia á la bondad

natural de los que fueron esclavos en Puerto-Rico, y á la sensatez

de la inmensa mayoría de los habitantes de la isla.

Debido á estas dos causas, la abolicion inmediata se realizó aquí

en medio de la tranquilidad más absoluta y del órden más perfecto;

y despues de la abolicion, los libertos han continuado tambien

pacíficos y tranquilos, y ni el trabajo ha disminuido, ni la

estadística criminal ha aumentado por causa de ellos.

No me es posible acompañar á Vd., como hubiera deseado, cifras

estadísticas, porque hasta ahora no las ha publicado esta

administracion, sin duda por el poco tiempo transcurrido despues de

la abolicion. Pero es innegable que el tránsito de la esclavitud á

la libertad de los 38.000 siervos que existian en Puerto-Rico se

verificó tranquila y pacíficamente, y que no ha causado la menor

perturbacion ni en el órden social, ni en la marcha del trabajo

agrícola é industrial.»

En estas mismas ideas abunda el cónsul de la Gran Bretaña, Mr. Eduardo

A. Cowper que en un detenido y sustancioso Informe (_Report_), que en

fecha 26 de Enero del año corriente dice al Ministro de Negocios

Extranjeros de Lóndres:

La Experiencia Abolicionista de Puerto Rico · 第 3 / 5 段