[410] ..._Stare a spasimare intorno alle tue lettere._ (_Cartas_,
1536-1548).
[411] Carta de 11 de julio de 1544.
[412] Miguel Ángel fué el primero que advirtió a su sobrino, durante
una enfermedad en 1549, que no lo había olvidado en su testamento. El
testamento dice así: “A Gismondo y a ti les dejo todo lo que tengo;
de manera que mi hermano Gismondo y tú, mi sobrino, tienen derechos
iguales, y ninguno puede ejercer autoridad sobre mis bienes sin
consentimiento del otro”.
[413] _L’amore del tarlo!_
[414] Febrero 6 de 1546. Y agrega: “Es cierto que el año pasado te he
sermoneado tanto, que te dió vergüenza y me enviaste un barrilito de
Trebbiano. ¡Lo que esto te habrá costado!”
[415] De 1547 a 1553.
[416] Y en otra parte decía: “no pienses en buscar dinero sino
únicamente la bondad y la buena reputación. Tienes necesidad de una
mujer que viva contigo y a quien puedas mandar, una mujer que no cause
disgustos ni ande todos los días en bodas y en festines; porque donde
hay cortejos es muy fácil perderse, (_diventar puttana_) sobre todo
cuando no se tiene familia...”. _Cartas_, febrero 1.º de 1549.
[417] _Storpiata o schifa_... (_Cartas_, 1547-1552).
[418] _Ibid._ Diciembre 19 de 1551.
[419] Sin embargo, agrega: “Pero si acaso no te sientes bastante sano,
entonces es mejor resignarse a vivir, sin traer más desgraciados al
mundo”. _Cartas_, junio 24 de 1552.
[420] El 16 de mayo de 1553.
[421] _Cartas_, mayo 20 de 1553.
[422] _Cartas_, agosto 5 de 1553.
[423] Nacido en 1554.
[424] Nacido en 1555, que muere poco después de su nacimiento.
[425] Hay que distinguir bien entre los períodos de su vida. Se
encontrarán en esta larga carrera desiertos de soledad, pero también
algunos períodos de amistades. Por el año de 1515, en Roma, tiene
un pequeño círculo de florentinos libres y de buen vivir: Domenico
Buoninsegni, Lionardo Sellajo, Giovanni Spetiale, Bartolommeo
Verazzano, Giovanni Gellesi, Canigiani. Un poco más tarde, bajo el
pontificado de Clemente VII, fué la espiritual sociedad de Francesco
Berni y de Fra Sebastiano del Piombo, amigo adicto pero peligroso, que
contaba a Miguel Ángel todos los rumores que circulaban acerca de él y
atizaba su enemistad contra el partido de Rafael. Fué, sobre todo en
tiempo de Vittoria Colonna, el círculo de Luigi del Riccio, mercader
florentino que lo aconsejaba en sus negocios y fué su más íntimo amigo.
En su casa encontraba a Donato Giannotti, al músico Arcadelt y al
hermoso Cecchino. Todos ellos amaban la poesía, la música y los buenos
platos. Para Riccio, desesperado por la muerte de Cecchino, escribió
Miguel Ángel sus cuarenta y ocho epigramas funerarios; y Riccio por
cada epigrama enviaba a Miguel Ángel, truchas, setas, trufas, melones,
tórtolas, etc. Véase _Poesías_, Edición Frey, LXXIII.--Después de
la muerte de Riccio, en 1546, Miguel Ángel ya no tuvo amigos, sino
discípulos; Vasari, Condivi, Daniel de Volterra, Bronzino, Leone Leoni,
Benvenuto Cellini. Les inspiraba un culto apasionado, y él por su parte
les mostraba un afecto conmovedor.
[426] Por sus funciones en el Vaticano no menos que por la grandeza de
su espíritu religioso, Miguel Ángel estuvo particularmente relacionado
con los altos dignatarios de la Iglesia.
[427] Será tal vez curioso anotar, de paso, que Miguel Ángel conoció
a Maquiavelo. Una carta de Biagio Buonaccorsi a Maquiavelo, del 6 de
septiembre de 1508, le anuncia que ha enviado por conducto de Miguel
Ángel, dinero a una mujer cuyo nombre no se menciona.
[428] Entre los artistas fué sin duda donde tuvo menos amigos,
excepto al fin de su vida, cuando estuvo rodeado de discípulos que
lo adulaban. Tenía pocas simpatías para la mayor parte de ellos y no
se los ocultaba. Estuvo en muy malos términos con Leonardo de Vinci,
Perugino, Francia, Signorelli, Rafael, Bramante y San Gallo. “Maldito
sea el día en que hayáis hablado bien de alguien” le escribió Jacopo
Sansovino, el 30 de junio de 1517. Esto no impidió a Miguel Ángel hacer
servicios más tarde a Sansovino, en 1524, y a otros muchos; pero tenía
un genio demasiado apasionado para amar otro ideal más que el suyo, y
era demasiado sincero para fingir amar lo que no amaba. Sin embargo, se
mostró muy cortés con Ticiano cuando éste visitó Roma en 1545. Pero a
la sociedad de los artistas, cuya cultura en general dejaba que desear,
prefería la de los escritores y los hombres de acción.
[429] Se cambiaron epístolas en verso, amistosas y burlescas.
_Poesías_, LVII y CLXXII. Berni hizo de Miguel Ángel un elogio
magnífico en su _Capitolo a Fra Sebastiano dei Piombo_. Dice “que él
era la Idea en sí de la escultura y de la arquitectura, como Atrea era
la Idea de la Justicia, toda bondad y toda inteligencia”. Lo llama un
segundo Platón, y dirigiéndose a los otros poetas les dice esta frase
admirable, citada con frecuencia: “¡Guardad silencio, instrumentos
armoniosos! Él dice cosas y vosotros palabras”. _Ei dice cose, et voi
dite parole_...
[430] Dona Argentina Malaspina, en 1516.
[431] Sobre todo su carta a Francisco I, de 26 de abril de 1546.
[432] Condivi comienza así su vida de Miguel Ángel: “Desde la hora
en que el Señor Dios, por su gracia todopoderosa, me juzgó digno no
solamente de ver a Miguel Ángel Buonarroti, el escultor y pintor
único, lo cual apenas habría tenido la audacia de esperar, sino
también de gozar con su conversación, con su afecto y su confianza, en
reconocimiento de tal beneficio, me dediqué a reunir todo lo que me
parece en su vida digno de alabanza y de admiración, para ser útil a
los demás con el ejemplo de tal hombre”.
[433] Francisco I, en 1546. Catalina de Médicis, en 1559, le escribió
desde Blois, “que sabiendo como todo el mundo, cuán superior era a
cualquier otro en su siglo”, le suplicaba que él esculpiera la estatua
ecuestre de Enrique II, o que a lo menos hiciera un dibujo de ella.
Noviembre 14 de 1559.
[434] En 1552. Miguel Ángel no respondió, lo cual ofendió al duque.
Cuando Benvenuto Cellini volvió a hablar del asunto a Miguel Ángel,
éste respondió de una manera sarcástica.
[435] En noviembre de 1560.
[436] En octubre de 1561.
[437] Vasari. A propósito de la recepción que Cosme hizo a Miguel Ángel.
[438] Francisco de Holanda. _Conversación sobre la pintura._
[439] _Ibid._
[440] A Piero Gondi. Enero 26 de 1524.
[441] Vasari describe así a los ayudantes de Miguel Ángel: “Pietro
Urbano de Pistoia era muy inteligente, pero nunca quiso trabajar.
Antonio Mini hubiera querido, pero no era inteligente. Ascanio della
Ripa Transone trabajaba, pero nunca llegó a hacer nada”.
[442] Miguel Ángel se inquietaba por sus menores percances. Se preocupa
cuando Urbano se corta un dedo. Cuida de que cumpla sus deberes
religiosos: “Ve a confesarte, trabaja bien, cuida la casa...”. (Cartas,
marzo 29 de 1518).
[443] Ya Miguel Ángel había querido ir a Francia con Antonio Mini,
después de la fuga de Florencia, en 1529.
[444] El cuadro que había hecho durante el sitio para el duque de
Ferrara, pero que no quiso entregar porque el Embajador de Ferrara le
había faltado al respeto.
[445] En 1531.
[446] Vasari.
[447] El 3 de diciembre de 1555, pocos días después de la muerte del
último hermano de Miguel Ángel, Gismondo.
[448] Febrero 25 de 1556.--Miguel Ángel termina así: “me recomiendo a
vos y os ruego que me disculpéis con messer Benvenuto (Cellini) si no
contesto su carta; porque estos pensamientos me causan tanto dolor que
me siento incapaz de escribir”.
Véase también la poesía CLXII:
_E piango e parlo del mio morto Urbino..._
[449] Escribió a la mujer de Urbino, Cornelia, cartas llenas de afecto,
en las cuales le prometía llevarse consigo al pequeño Michelangelo,
“quererlo más que a los hijos de su sobrino Lionardo y enseñarle todo
lo que Urbino deseaba que aprendiese”. Marzo 28 de 1557.--No perdonó a
Cornelia que se volviera a casar, en 1559.
[450] Véase en Vasari la relación de estos chistes.
[451] _Ibid._
[452] _Ibid._
[453] Vasari.
[454] Como casi todas las almas sombrías, Miguel Ángel tenía a veces
el humor burlón; escribió poesías burlescas del género de Berni. Pero
su sátira es ruda y casi trágica, como la lúgubre caricatura de los
achaques de la vejez. (_Poesías_ LXXXI). Véase también su parodia de
una poesía del amor. (_Ibid._, XXXVII).
[Ilustración]
III
SOLEDAD
_L’anima mia, che chon la morte parla..._[455]
Así vivía solo con sus humildes amigos, sus ayudantes y sus locos, y
con otros amigos más humildes todavía, sus animales familiares, sus
pollos y sus gatos[456].
En el fondo estaba solo, y cada día más. “Estoy siempre solo, escribía
a su sobrino en 1548, y no habló con nadie”. Se había separado poco a
poco no solamente de la sociedad de los hombres, sino de sus intereses
mismos, de sus necesidades, de sus placeres y de sus pensamientos.
La última pasión que lo ligaba a los hombres de su tiempo, el fuego
republicano, se había extinguido también. Todavía una vez había lanzado
un último resplandor de tempestad, en la época de las dos graves
enfermedades de 1544 y 1546, cuando Miguel Ángel fué recogido por su
amigo Riccio en la casa de los Strozzi, republicanos y proscriptos.
Miguel Ángel, convaleciente, mandó rogar a Roberto Strozzi, refugiado
en Lyon, que recordara al Rey de Francia sus promesas, y agregaba
que si Francisco I iba a restablecer la libertad en Florencia, se
comprometía a elevarle por su cuenta una estatua ecuestre, de bronce,
en la plaza de la Señoría[457]. En 1546 regaló a Strozzi, en señal de
gratitud por la hospitalidad recibida, los _Dos Cautivos_ que Strozzi a
su vez obsequió a Francisco I.
Pero esto no era más que un acceso de la fiebre política, y el último.
En algunos pasajes de sus Diálogos con Giannotti, en 1545, expresa casi
los pensamientos de Tolstoi sobre la inutilidad de la lucha y la no
resistencia al mal:
“Es una gran presunción atreverse a matar a alguien, porque no se puede
saber seguramente si de su muerte resultará algún bien o si de su vida
lo hubiera resultado. Por eso yo no puedo soportar a esos hombres que
creen que no es posible producir el bien si no se comienza por el
mal, es decir, por el asesinato. Los tiempos cambian, nuevos sucesos
sobrevienen, los deseos se transforman, los hombres se cansan... y al
fin de cuentas sucede siempre lo que no se había previsto”.
El mismo Miguel Ángel que había hecho la apología del tiranicidio,
se irritaba contra los revolucionarios que se imaginan cambiar el
mundo con un acto. Sabía bien que él había sido uno de ellos y se
condenaba a sí mismo amargamente. Como Hamlet, dudaba ya de todo, de
sus pensamientos, de sus odios, y de todo lo que había creído. Volvía
la espalda a la acción. Y escribía: “El buen hombre que respondió a
alguno:--Yo no soy un hombre de estado, yo soy un hombre honrado y un
hombre de buen sentido--, ése decía la verdad. ¡Si mis trabajos de Roma
me preocuparan tan poco como los negocios de los Estados!”[458].
La verdad es que ya no odiaba. No podía ya odiar. Era demasiado tarde:
_Ahimè, lasso chi pur tropp’ aspetta,
Ch’ i’ gionga a suoi conforti tanto tardj!
Ancor, se ben riguardj,
Un generoso, alter’ e nobil core
Perdon’ e porta a chi l’offend’ amore._
“¡Ay de mí, cansado de una espera demasiado larga, llego demasiado
tarde a lo que había deseado!... y ahora ¿no lo sabes? un corazón
generoso, soberbio y noble perdona y ofrece su amor a quien lo
ofende”[459].
* * * * *
Vivía en el Macel de’ Corvi, sobre el foro de Trajano. Tenía allí una
casa con un jardinillo y la ocupaba con un criado, una criada y sus
animales familiares[460]. No tenía buena mano para sus criados. “Eran
todos negligentes y sucios”, dice Vasari. Los cambiaba a menudo y
se quejaba de ellos amargamente[461]. Tuvo por esta causa tantos
disgustos como Beethoven; y sus _Ricordi_ (recuerdos o notas) como los
cuadernos y conversaciones de Beethoven, conservan todavía las huellas
de sus trastornos domésticos. “¡Oh, más valía que no hubiera estado
nunca aquí!” Escribía en 1560, después de haber despedido a una criada,
Girolama.
Su cuarto era sombrío como una tumba[462]. “En él las arañas hacían
mil trabajos hilando con sus pequeños husos”[463]. A la mitad de
la escalera había pintado a la Muerte llevando sobre el hombro un
ataúd[464]. Vivía como un pobre y apenas comía[465], y “cuando no podía
dormir se levantaba por la noche, para trabajar con el cincel. Se había
fabricado un casco de cartón sobre el cual ponía una vela encendida,
encima de su cabeza y de esta manera sin estorbo en las manos,
iluminaba su trabajo”[466].
Al hacerse más viejo se hacía más solitario; era para él una
necesidad, cuando todo dormía en Roma, refugiarse en el trabajo
nocturno. El silencio era para él un beneficio, y la noche una amiga:
“¡Oh noche, oh tiempo dulce aunque sombrío, donde todo esfuerzo acaba
por alcanzar la paz; quien te alaba ve bien y comprende bien, y quien
te honra está en su pleno juicio. Tú cortas todos los pensamientos
fatigados, con las sombras húmedas y el reposo; y de aquí abajo, a
menudo, me llevas en sueños hasta las alturas adonde espero ir. ¡Oh
sombra de la muerte, por la cual se evitan todas las miserias enemigas
del alma y del corazón, supremo y buen remedio de los afligidos, tú
devuelves la salud a nuestra carne enferma, tú secas nuestro llanto, tú
nos descargas de nuestras fatigas, y limpias a los buenos del odio y
del disgusto”[467].
Vasari visitó una noche al viejo que estaba solo en su casa desierta,
contemplando la trágica _Pietà_ y meditando:
Cuando Vasari tocó, Miguel Ángel se levantó y fué a la puerta con
un candelero en la mano. Vasari quiso contemplar la escultura, pero
Miguel Ángel dejó caer y apagarse la luz para que no pudiera ver nada.
Y mientras que Urbino iba a buscar otra, el Maestro se volvió hacia
Vasari y le dijo: “Estoy tan viejo que con frecuencia la muerte me tira
de las calzas para llevarme. Un día caerá mi cuerpo como esta antorcha
y como ella se extinguirá la luz de mi vida”.
La idea de la muerte lo absorbía, cada vez más próxima y llena de
sombras.
“No hay en mí ningún pensamiento, decía a Vasari, que no tenga en el
fondo esculpida la muerte”[468].
Le parecía ya como la única felicidad de la vida:
“Cuando mi pasado se me hace presente, y esto me sucede a todas horas,
¡oh mundo falso! entonces conozco bien el error y la culpa de la
raza humana. El que llega a consentir en tus frivolidades y en sus
vanas delicias, prepara para su alma penas dolorosas. Bien lo sabe
el que hace la prueba; con cuánta frecuencia prometes paz y bienes
que no tienes ni tendrás nunca. Por eso el menos favorecido es el
que permanece por más tiempo aquí abajo, y el que vive menos, más
fácilmente vuelve al cielo”[469].
“Conducido por muchos años a mi última hora reconozco tarde ¡oh mundo!,
tus delicias. Tú prometes la paz que no tienes; tú prometes el reposo
que muere antes del nacimiento. Lo digo y lo sé por experiencia, los
únicos elegidos del cielo son los que más pronto mueren después de
nacer”[470].
Como su sobrino Lionardo festejara el nacimiento de su hijo, Miguel
Ángel lo reprimió severamente:
“Esta pompa me disgusta. No hay que reírse cuando el mundo entero
llora. Es una falta de sentido celebrar así una fiesta por alguien que
acaba de nacer. Hay que reservar la alegría para el día en que muere un
hombre que ha vivido bien”[471].
Y al año siguiente lo felicitó por haber perdido a un segundo hijo de
corta edad.
* * * * *
La naturaleza, que hasta entonces había desdeñado en su fiebre
apasionada, y por su genio intelectual, fué en sus últimos años una
consoladora para él[472]. En septiembre de 1556, huyendo de Roma,
amenazado por las tropas del Duque de Alba, pasó por Spoleto y
permaneció allí cinco semanas, en medio de los bosques de encinas y de
olivos, dejándose penetrar por el esplendor cercano del otoño. Volvió
a Roma con sentimiento, a fines de octubre, porque fué llamado. “He
dejado allá más de la mitad de mí mismo, escribía a Vasari; porque
verdaderamente la paz no se encuentra más que en los bosques”.
_Pace non si trova se non nei boschi_[473].
Y de regreso en Roma, el anciano de ochenta y dos años compuso una
hermosa poesía a la gloria de los campos y de la vida campestre, en
contraste con la mentira de las ciudades. Fué su última obra poética y
tiene toda la frescura de la juventud[474].
Pero en la naturaleza, lo mismo que en el arte y en el amor, era a
Dios a quien buscaba y a quien se aproximaba cada día más. Siempre
había sido creyente. Aunque no se dejara engañar por los sacerdotes
ni por los monjes, ni por los devotos y las devotas, aunque a veces
se burlara rudamente de ellos[475], nunca tuvo según parece la
menor duda en su fe. Cuando la enfermedad o la muerte de su padre y
de sus hermanos, su primer cuidado fué siempre que recibieran los
sacramentos[476]. Tenía una confianza sin límites en la oración: creía
más en ella que en todas las medicinas[477]. Atribuía a su intercesión
todos los bienes recibidos y los males que no le habían llegado.
Tenía en su soledad crisis de adoración mística. La casualidad nos ha
conservado el recuerdo de una de ellas: Un relato contemporáneo nos
muestra la cara extática del héroe de la Sixtina, solo, orando en la
noche, en su jardín de Roma e implorando con sus ojos dolorosos al
cielo estrellado[478].
No es cierto, como se ha querido hacer creer, que su fe haya sido
indiferente al culto de los Santos y de la Virgen[479]. Sería gracioso
convertir en protestante al hombre que consagró los veinte últimos
años de su vida a construir el templo del Apóstol Pedro y cuya última
obra, interrumpida por la muerte, fué una estatua de San Pedro. No
se puede olvidar que en diversas ocasiones quiso emprender grandes
peregrinaciones, en 1545 a Santiago de Compostela, en 1556 a Loreto, y
que formaba parte de la Hermandad de San Giovanni Decollato--San Juan
Bautista--pero es cierto que, como todo gran cristiano, vivió y murió
en Cristo[480]. “Vivo pobre con Cristo”, escribía a su padre desde
1512, y al morir suplicaba que se le recordaran los sufrimientos de
Cristo. Desde la amistad, y sobre todo después de la muerte de Vittoria
Colonna, su fe tomó un carácter más exaltado. Al mismo tiempo que su
arte, se consagraba casi exclusivamente a la gloria de la Pasión de
Cristo[481], su poesía se abismaba en el misticismo. Renegaba del arte
y se refugiaba en los grandes brazos abiertos del Crucificado:
“El curso de mi vida ha llegado, sobre la mar tempestuosa, en un frágil
barco, al puerto común donde se desembarca para dar cuenta y razón de
toda obra pía e impía. La ilusión apasionada que me hizo del arte un
ídolo y un monarca, me parece hoy cargada de errores y veo claramente
lo que todo hombre desea para su mal. Los pensamientos amorosos, los
pensamientos vanos y alegres, ¿qué son ahora que me aproximo a las
dos muertes? de una de ellas estoy seguro y la otra me amenaza. Ni la
pintura ni la escultura son capaces de apaciguar el alma, dirigida
hacia el amor divino, que para recogernos, abre sus brazos sobre la
Cruz”[482].
* * * * *
Pero la flor más pura que la fe y el sufrimiento hicieron brotar en
aquel viejo corazón desgraciado, fué la divina caridad. Este hombre,
a quien sus enemigos acusaban de avaricia[483], no dejó durante toda
su vida de colmar con sus liberalidades a los infelices conocidos y
desconocidos.
No solamente demostró siempre el afecto más conmovedor para sus viejos
servidores y para los de su padre, para una tal Mona Margherita, a
quien recogió después de la muerte del viejo Buonarroti, y cuya muerte
le causó “más pena que si hubiera sido una hermana”[484]; para un
humilde carpintero que había trabajado en el andamiaje de la Capilla
Sixtina, a cuya hija dotó[485]... sino que también daba constantemente
a los pobres y sobre todo a los pobres vergonzantes. Le gustaba asociar
en sus limosnas a su sobrino y a su nuera, les inspiraba la costumbre
de hacerlo; los hacía que hicieran caridades por cuenta de él sin
nombrarlo siquiera, porque quería que sus limosnas se conservaran
secretas[486]. “Le gustaba más hacer el bien que parecer hacerlo”[487].
Por un rasgo de exquisita delicadeza, pensaba sobre todo en las jóvenes
pobres y procuraba darles ocultamente pequeñas dotes para que pudieran
casarse o entrar en un convento.
“Procura, pues, conocer a un burgués necesitado que tenga una hija por
casarse o para entrar al convento”; le escribe a su sobrino, y agrega:
“hablo de los que están necesitados y se avergüenzan de mendigar. Dales
el dinero que te mando, pero en secreto, y de tal manera que no te
dejes engañar”[488].
Y en otra ocasión:
“Infórmame si conoces algún otro noble burgués muy necesitado, y sobre
todo si tiene hijas en su casa; me sería muy agradable hacerle algún
beneficio por la salud de mi alma”[489].
NOTAS:
[455] _Poesías_, CX.
[456] “Los pollos y el señor gallo triunfan, le escribe Angiolini en
1553, durante una de sus ausencias; pero los gatos están desolados por
no veros, aunque no les falta comida”.
[457] Carta de Riccio a Roberto di Filippo Strozzi, (julio 21 de 1544).
[458] Carta a Lionardo su sobrino (1547).
[459] _Poesías_, CIX, 64. Miguel Ángel supone aquí un diálogo del poeta
con un proscrito florentino. Es posible que haya escrito esta poesía
después del asesinato de Alejandro de Médicis por Lorenzino, en 1536.
(Se publicó por primera vez en 1543, con música de Giacomo Arcadelt).
[460] Entre sus criados anoto a título de curiosidad a un francés,
Richard, _Riccardo franzese_. (Junio 18 de 1552. Ricordi, página 606).
[461] “Yo querría, escribe a Lionardo, una criada que fuera buena y
limpia; pero es muy difícil, porque todas son sucias y perdidas. (_Son
tutte puttane e porche._) Les doy diez julios al mes. Vivo pobremente,
pero pago bien”. (_Cartas_, agosto 16 de 1550).
[462] _La mia scura tomba..._ (_Poesías_, LXXXI).
[463] _Dov’è Aragn’ e mill’opre et lavoranti._
_E fan di lor filando fusaiuolo._ (_Ibid._)
[464] Sobre el ataúd estaba este epitafio:
_Io dico a voi, ch’al mondo avete dato
L’anima e 'l corpo e lo spirito 'nsieme:
In questa cassa oscura è 'l vostro lato._
“Yo os digo, a vosotros, que habéis dado al mundo
el alma, el cuerpo y el espíritu a la vez:
en esta caja obscura tendréis todo”.
(_Ibid._, CXXXVII).
[465] “Era muy sobrio. Cuando joven se contentaba con un poco de pan y
vino para poder consagrarse enteramente al trabajo. En su vejez, desde
la época en que hizo el _Juicio Final_, se acostumbró a beber un poco,
pero únicamente por las tardes, cuando había terminado su trabajo, y de
la manera más moderada. Aunque fuera rico vivía como un pobre. Nunca
o muy rara vez comía algún amigo con él; no quería aceptar obsequios
de nadie, porque se creía así obligado para siempre con el donante. Su
sobriedad fué causa de que siempre fuera muy despierto y tuviera poca
necesidad de sueño”. (Vasari).
[466] Vasari, observando que no usaba cera, sino candelas de sebo
de cabra, le mandó cuarenta libras. El servidor de Miguel Ángel se
las llevó, pero Miguel Ángel rehusó aceptarlas. El servidor dijo:
“Amo, tengo los brazos deshechos por haberlas traído y no quisiera
volvérmelas a llevar. Si no las queréis, voy a plantarlas en el lodazal
seco que está frente a la casa y las encenderé todas”. Entonces Miguel
Ángel replicó: “Déjalas pues allí, porque no quiero que hagas locuras
ante mi puerta”. (Vasari).
[467] Véase Apéndice, XXIII. (_Poesías_, LXXVIII). Frey fija para
esta poesía la fecha aproximada de 1546, en la época del _Juicio Final_
y de la Capilla Paulina. Grimm cree que sea un poco posterior, hacia
1554. Otro soneto sobre la noche--_Poesías_, LXXVII--es de la más
grande belleza poética, pero más literario y algo amanerado.
[468] _Non nasce in me pensiero che non vi sia dentro sculpita la
morte._ (_Cartas_, junio 22 de 1555)
[469] Véase Apéndice, XXIV. (_Poesías_, CIX, 32).
[470] Apéndice, XXV. (_Poesías_, CIX, 34).
[471] Carta a Vasari, con esta fecha: “No se qué día de abril de 1554”.
(_A di non so quanti d’aprile 1554)._