[336] _Il desiato mie dolce signiore..._ (_Ibid._, L).

[337] _Un freddo aspetto..._ (_Ibid._, CIX. 18).

[338] El texto exacto, dice: “lo que tú mismo ames más en ti”.

[339] Véase Apéndice, XVI.

[340] _Il foco onesto, che m’arde..._ (_Poesías_, L). _La casta voglia,

che 'l core dentro infiamma._ (_Ibid._, XLIII).

[341] En un soneto Miguel Ángel deseaba que su piel pudiera servir de

vestido para su amado. Quería ser como los zapatos que llevaban sus

pies de nieve. (Véase Apéndice XVII).

[342] Sobre todo entre junio y octubre de 1533, cuando Miguel Ángel de

regreso en Florencia estaba alejado de Cavalieri.

[343] Los bellos retratos donde se ha pretendido reconocerla no tienen

ninguna autenticidad. Por ejemplo, el dibujo famoso de los Uffizi donde

Miguel Ángel ha representado una mujer joven, con casco. Cuando más,

habrá sufrido al hacerlo la influencia inconsciente del recuerdo de

Vittoria, idealizada y rejuvenecida. Porque la figura de los Uffizi

tiene los rasgos regulares de Vittoria y su expresión severa; los ojos

preocupados y grandes y la mirada dura; el cuello desnudo, el pecho

descubierto y la expresión de una violencia fría y concentrada.

[344] Así la representa una medalla anónima reproducida en el

_Carteggio di Vittoria Colonna_, publicado por Ermanno Ferrero y

Giuseppe Müller. Así la vió Miguel Ángel sin duda. Sus cabellos

están cubiertos con una gran cofia rayada y lleva un vestido cerrado

severamente, con una abertura en el cuello.

En otra medalla anónima aparece idealizada y joven. Reproducida por

Müntz: _Historia del Arte durante el Renacimiento_, III, 248, y en

_La obra y la vida de Miguel Ángel_, publicada por la _Gazette des

Beaux-Arts_, tiene los cabellos levantados y sujetos con un listón por

encima de la frente; un bucle cae sobre la mejilla y finas trenzas

sobre la nuca. La frente es alta y recta; los ojos miran con una

atención un poco pesada; la nariz, larga y regular, es gruesa; las

mejillas llenas, las orejas bien hechas; el mentón, recto y fuerte,

está levantado; el cuello desnudo, con un ligero velo alrededor; el

pecho desnudo; la expresión es indiferente y mohina.

Estas dos medallas hechas en edades diversas de su vida, presentan,

como rasgos comunes, el fruncimiento de la nariz y del labio superior

un poco mal humorado, y la boca pequeña, silenciosa y despectiva. El

conjunto de la cara denota una calma sin ilusiones y sin alegría. Frey

ha creído de una manera un poco aventurada, encontrar la imagen de

Vittoria, en un extraño dibujo de Miguel Ángel, en el reverso de un

soneto; hermoso y triste dibujo que Miguel Ángel no hubiera querido

en este caso enseñar a nadie. La figura es de una mujer de edad,

desnuda hasta la mitad del cuerpo; el pecho flácido; la cabeza no ha

envejecido, recta, pensativa y fiera; un collar rodea el cuello largo

y fino; los cabellos levantados están sujetos por una gorra que oculta

las orejas y se anuda bajo la barba, en forma de casco. Enfrente de

ella, una cabeza de viejo que se parece a Miguel Ángel, la mira... por

última vez. Cuando hizo ese dibujo, ella acababa de morir. El soneto

que lo acompaña es la hermosa poesía sobre la muerte de Vittoria:

“_Quand’el ministro de’ sospir mie tanti..._”. Frey reprodujo el dibujo

en su Edición de las _Poesías_ de Miguel Ángel, página 385.

[345] Tenía entonces por consejero espiritual a Matteo Giberti, Obispo

de Verona, que fué uno de los primeros que intentaron la renovación de

la Iglesia Católica. El secretario de Giberti era el poeta Francesco

Berni.

[346] Juan de Valdés, hijo de un Secretario íntimo de Carlos V,

establecido en Nápoles en 1534, fué ahí el jefe del movimiento

reformador. Nobles y grandes damas se agruparon a su alrededor. Publicó

numerosos escritos, siendo los principales las _Cento e dieci divine

considerazioni_, Basilea, 1550; y un _Aviso sobre los intérpretes de

la Sagrada Escritura_. Creía en la justificación únicamente por la fe,

y subordinaba la instrucción por la Escritura a la iluminación por el

Espíritu Santo. Murió en 1541. Se dice que tuvo en Nápoles más de tres

mil prosélitos.

[347] Bernardino Ochino, gran predicador y Vicario General de los

Capuchinos, en 1539 llegó a ser amigo de Juan de Valdés, quien sufrió

su influjo. A pesar de las denuncias, continuó sus predicaciones

audaces en Nápoles, en Roma y en Venecia, sostenido por el pueblo

contra las interdicciones de la Iglesia, hasta 1542 cuando, a punto de

ser castigado como Luterano, huyó de Florencia a Ferrara y de ahí a

Ginebra, donde se pasó al protestantismo. Era amigo íntimo de Vittoria

Colonna y a punto de abandonar Italia, le anunció su resolución en una

carta confidencial.

[348] Pietro Carnesecchi de Florencia, protonotario de Clemente VII

amigo y discípulo de Valdés, fué citado ante la Inquisición por primera

vez en 1546 y quemado en Roma en 1567. Había continuado en relaciones

con Vittoria Colonna, hasta la muerte de ésta.

[349] Gaspare Contarini, de una gran familia veneciana, fué primero

Embajador de Venecia en la corte de Carlos V, en los Países Bajos, en

Alemania y en España, y después ante Clemente VII, de 1528 a 1530.

Fué nombrado Cardenal por Pablo III en 1535, y legado en 1541 en la

Dieta de Ratisbona. No logró entenderse con los protestantes y se hizo

sospechoso a los católicos. Regresó desalentado y murió en Bolonia en

agosto de 1542. Compuso numerosos escritos: _De inmortalitate animae_,

_Compendium primae philosophiae_, y un tratado de la _Justification_,

donde estaba muy cerca de las ideas protestantes sobre la gracia.

[350] Citadas por Henri Thode.

[351] Giampietro Caraffa, Obispo de Chieti, fundó en 1524 la Orden de

los Teatinos, y desde 1528 comenzó en Venecia la obra de contrarreforma

que debería continuar con implacable rigor como Cardenal y después como

Papa, bajo el nombre de Pablo IV, desde 1555. En 1540 fué autorizada

la Orden de los Jesuitas; en julio de 1542 fué instituido en Italia el

Tribunal de la Inquisición, con plenos poderes contra los heréticos; y

en 1545 se abrió el Concilio de Trento. Esto fué el fin del catolicismo

libre, soñado por los Contarini, Giberti y Pole.

[352] Declaración de Carnesecchi ante la Inquisición, en 1566.

[353] Reginald Pole, de la Casa de York, había tenido que huir de

Inglaterra por conflictos con Enrique VIII; estuvo en Venecia en 1532;

se hizo amigo entusiasta de Contarini; fué hecho Cardenal por Pablo III

y Legado del patrimonio de San Pedro. Tenía gran atractivo personal

y un espíritu conciliador; se sometió a la contrarreforma y volvió a

la obediencia a muchos espíritus libres del grupo de Contarini, que

estaban dispuestos a pasarse al protestantismo. Vittoria Colonna se

puso enteramente bajo su dirección en Viterbo, de 1541 a 1544. En

1554, Pole volvió a Inglaterra, como Legado; llegó a ser Arzobispo de

Canterbury y murió en 1558.

[354] Carta de Vittoria Colonna al Cardenal Morone (22 de diciembre de

1543). Véase sobre Vittoria Colonna la Obra de Alfred de Reumont y el

segundo volumen del _Michelangelo_ de Thode.

[355] Francisco de Holanda. _Cuatro Conversaciones sobre la Pintura_,

tenidas en Roma en 1538-1539, compuestas en 1548, y publicadas

por Joachim de Vasconcellos. Traducción francesa en “_Les Arts en

Portugal_”, por el Conde A. Raczynski, 1846. París, Renouard.

[356] Primera parte del _Diálogo sobre la Pintura en la ciudad de Roma_.

[357] _Ibid._, Tercera Parte. El día de esta conversación Octavio

Farnesio, sobrino de Pablo III, se casaba con Margarita, viuda de

Alejandro de Médicis. Con este motivo, doce carros decorados a la

antigua desfilaban en cortejo triunfal por la plaza Navona, donde la

multitud se apiñaba. Miguel Ángel se había refugiado con sus amigos en

la paz de San Silvestre, arriba de la ciudad.

[358] Condivi. Estas no son en verdad las cartas que hemos conservado

de Vittoria, que son nobles indudablemente, pero un poco frías. Hay que

pensar que de toda la correspondencia no poseemos más que cinco cartas

de Orvieto y de Viterbo, y tres cartas de Roma, entre 1539 y 1541.

[359] Este dibujo, como lo ha demostrado M. A. Grenier, fué la primera

imagen inspiradora de las diversas _Pietà_ que Miguel Ángel esculpió

más tarde; la de Florencia--1550-1555,--la _Pietà_ Rondanini--1563--y

la encontrada recientemente en Palestrina--entre 1555 y 1560.--También

relacionan con esta concepción los esbozos de la Biblioteca de Oxford

y el _Entierro_, de la National Gallery. Véase a A. Grenier: _Una Pietà

desconocida de Miguel Ángel en Palestrina_, _Gazette des Beaux-Arts_,

marzo de 1907. Se encontrarán en este artículo reproducciones de las

diferentes _Pietà_.

[360] Entonces fué cuando Miguel Ángel pensó en publicar sus poesías.

Sus amigos Luigi del Riccio y Donato Giannotti le sugirieron esta

idea. Hasta entonces no había dado gran importancia a lo que escribía.

Giannotti se ocupó de esta publicación por el año de 1545. Miguel Ángel

hizo una selección de sus versos, y sus amigos la copiaron. Pero la

muerte de Riccio en 1546 y de Vittoria en 1547, lo desviaron de esta

idea que le parecía una última vanidad.

Sus poesías no se publicaron durante su vida, excepto un corto número

que aparecieron en las obras de Varchi, Giannotti, Vasari, etc., pero

circulaban de mano en mano. Los más grandes compositores, Archadelt,

Tromboncino, Consilium, Costanzo Festa, les pusieron música. Varchi

leyó y comentó uno de los sonetos en 1546 ante la Academia de

Florencia, descubriendo en esta poesía la pureza antigua y la plenitud

de pensamientos de Dante.

Miguel Ángel se había nutrido de Dante. “Nadie lo comprendía mejor dice

Giannotti, ni conocía con más perfección su obra”. Nadie le ha dedicado

un homenaje tan magnífico como el bello soneto: “_Dal ciel discese...”_

(_Poesías_, CIX, 37). Conocía igualmente a Petrarca, Cavalcanti, Cino

da Pistoja y a todos los clásicos de la poesía italiana, conforme a los

cuales modelaba su estilo; pero el sentimiento que vivificaba todo, era

su ardiente idealismo platónico.

[361] _Rime con giunta di XVI Sonetti spirituali_, 1539.--_Rime con

giunta di XXIV Sonetti spirituali e Trionfo della Croce_, 1544. Venecia.

[362] “Tengo un pequeño libro de pergamino que ella me regaló hace

como diez años, escribe Miguel Ángel a Fattucci el 7 de marzo de 1551.

Contiene ciento tres sonetos, sin contar los cuarenta escritos en papel

que me mandó de Viterbo, que he mandado encuadernar con el mismo libro.

También tengo muchas cartas que me escribió de Orvieto y de Viterbo.

Eso es lo que poseo de ella”.

[363] Véase Apéndice, XVIII. (_Poesías_, LXXXVIII).

[364] Vasari. Se disgustó durante algún tiempo con uno de sus más

queridos amigos, Luigi del Riccio, porque éste le hacía regalos a pesar

suyo: “Me pesa más, le escribió, tu extrema bondad que si me robaras.

Debe haber igualdad entre amigos; si uno da más que el otro, entonces

comienza el conflicto y, si uno vence el otro no se lo perdona”.

[365] Condivi.

[366] Véase Apéndice, XIX. (_Poesías_, CI). Miguel Ángel agrega este

comentario: “el martillo--es decir, Vittoria, estaba sola en el mundo

para exaltar la virtud con sus grandes virtudes; no tenía aquí a nadie

para mover el fuelle de la fragua. Ahora, en el Cielo, tendrá muchos

auxiliadores, porque no hay nadie que no estime la virtud. Por eso, yo

espero que de lo alto vendrá el perfeccionamiento de mi ser.--Ahora en

el Cielo habrá alguno que mueva el fuelle; aquí abajo no tenía ninguna

ayuda en la forja donde se forjan las virtudes”.

[367] Véase Apéndice, XX. (_Poesías_, C).--En el reverso del manuscrito

de este soneto se halla el dibujo a pluma en el cual se ha pretendido

reconocer la imagen de Vittoria con el pecho marchito.

[368] La amistad de Miguel Ángel para Vittoria Colonna no fué exclusiva

de otras pasiones. No le bastaba para llenar su alma. Habíamos

procurado no decirlo, por el escrúpulo ridículo de “idealizar” a Miguel

Ángel ¡como si un Miguel Ángel tuviera necesidad de ser “idealizado!”

Durante el tiempo de su amistad con Vittoria, entre 1535 y 1546, Miguel

Ángel amó a una mujer bella y cruel, _donna aspra e bella_ (CIX, 89),

_lucente e fiera stella, iniqua e fella, dolce pietà con dispietato

core_ (CIX, 9), _cruda e fiera stella_, (CIX, 14), _bellezza e gratia

equalmente infinita_ (CIX, 3), _mi dama enemiga_, como también la

llama: _La donna mia nemica_ (CIX, 54). La amó apasionadamente, se

humilló ante ella y casi le hubiera sacrificado su salvación eterna.

_Godo gl’ inganni d’una donna bella..._ (CIX, 90).

_Porgo umilmente al’ aspro giogo il collo..._ (CIX, 54).

_Dolce mi saria l’inferno teco..._ (CIX, 55).

Este amor fué su tortura. Ella se burlaba de él:

_Questa mia donna è sì pronta e ardita,

C’allor che la m’ancide, ogni mie bene

Cogli occhi mi promecte e parte tiene

Il crudel ferro dentro a la ferita..._ (CIX, 15).

Ella excitaba sus celos y coqueteaba con otro. Acabó por odiarla. Le

pedía al destino que la hiciera fea y enamorada de él para no poderla

amar y hacerla sufrir a su vez: “Amor, ¿por qué permites que la belleza

rehúse tu suprema cortesía a quien te desea y te aprecia y que la

conceda a seres estúpidos? ¡Ah! haz que en otra ocasión ella sea de

corazón amante y tan fea de cuerpo que yo no la ame y ella me ame”.

(Véase Apéndice XXI. _Poesías_, CIX, 63).

[369] Vasari.

[370] Condivi.

[371] La idea de este inmenso fresco que cubría el muro de la entrada

de la Capilla Sixtina, encima del altar del Papa, remontaba a Clemente

VII, desde 1533.

[372] Vasari.

[373] Vasari.

[374] _Ibid._

[375] Julio de 1573. Varonese no dejó de disculparse con el ejemplo del

_Juicio Final_: “Convengo que es malo; pero vuelvo a lo que he dicho,

que es un deber para mí seguir los ejemplos que mis maestros me han

dado.”

“¿Qué han hecho pues tus maestros? ¿algo parecido tal vez?”

“Miguel Ángel, en Roma, en la Capilla del Papa, ha representado a

Nuestro Señor, a Su madre, a San Juan, a San Pedro y a la Corte

Celestial; y ha representado desnudos a todos los personajes, hasta

a la Virgen María, y en actitudes que la más severa religión no ha

inspirado...”. (A. Baschet: _Pablo Veronés ante el Santo Oficio_, 1880).

[376] Esto fué una venganza. El Aretino había tratado de obtener de

él, según su costumbre, algunas obras de arte; además había tenido el

descaro de trazarle un programa para el _Juicio Final_. Miguel Ángel

había rechazado cortésmente este ofrecimiento de colaboración extraña,

y se había hecho sordo para las peticiones. El Aretino quiso demostrar

a Miguel Ángel lo que podía costarle esta falta de consideraciones.

[377] Una comedia del Aretino, _El Hipócrita_, fué el prototipo de

Tartufo (P. Gauthiez: el Aretino, 1895).

[378] Hacía una alusión injuriosa a “Gherardi y Tomai”, Gerardo Perini

y Tommaso dei Cavalieri.

[379] Este _chantage_ se exhibe descaradamente. Al fin de su carta

amenazadora, después de haber recordado a Miguel Ángel lo que esperaba

de él, es decir obsequios, el Aretino agrega este _post-scriptum_:

“Ahora que he descargado un poco mi cólera, y que os he demostrado que

si sois _divino_ yo no soy de _agua_, romped esta carta, como yo, y

decidid”.

[380] Por un florentino, en 1549. (Gaye, _Carteggio_, II, 500).

[381] En 1596, Clemente VIII quiso también mandar borrar el _Juicio

Final_.

[382] En 1559. Daniel de Volterra conservó desde entonces el

sobrenombre de _braghettone_. Daniel era amigo de Miguel Ángel. Otro

de sus amigos, el escultor Ammanati, condenó el escándalo de estas

representaciones desnudas. Miguel Ángel no fué pues sostenido en esta

ocasión por sus discípulos.

[383] La inauguración del _Juicio Final_ se hizo el 25 de diciembre de

1541, con asistencia de gente de toda Italia, de Francia, de Alemania

y de Flandes. Véase la descripción de esta obra en el libro de la

colección de los _Maestros del Arte_, página 90-93.

[384] Estos frescos, que son la _Conversión de San Pablo_ y el

_Martirio de San Pedro_, en los cuales Miguel Ángel trabajó desde 1542,

fueron interrumpidos por dos enfermedades en 1544 y 1546 y terminados

penosamente en 1549-1550. Estas fueron “las últimas pinturas que

ejecutó, escribe Vasari, y con grandes esfuerzos; porque la pintura, y

en particular el fresco, no es un arte para los viejos”.

[385] Debían ser el _Moisés_ y los dos _Esclavos_; pero le pareció

a Miguel Ángel que los _Esclavos_ no convenían para la tumba así

reducida, y esculpió otras dos figuras, la _Vida Activa_ y la _Vida

Contemplativa_, (_Raquel y Lía_).

[386] Carta a un _Monsignore_ desconocido (octubre 1542). _Cartas_,

Edición Milanesi, CDXXXV.

[Ilustración]

II

FE

_Signior mie caro, i’ te sol chiamo e 'nvoco

contr’a l’inutil mie cieco tormento_[387].

Su deseo hubiera sido después de la muerte de Vittoria volver a

Florencia, para dejar ahí “sus huesos cansados junto a los de su

padre”[388]. Pero después de haber servido toda su vida a los Papas,

quiso consagrar sus últimos años a Dios. Tal vez había sido impulsado

en este sentido por su amiga y cumplía en ello uno de sus últimos

votos. Un mes antes de la muerte de Vittoria Colonna, el primero de

enero de 1547, Miguel Ángel fué nombrado por breve de Pablo III

prefecto y arquitecto de San Pedro, con plenos poderes para levantar el

edificio.

Aceptó con disgusto, y no fueron las instancias del Papa las que lo

decidieron a cargar sus hombros de septuagenario con el fardo más

pesado que hubiera llevado nunca; vió en ello un deber, una misión de

Dios:

“Muchos creen--y yo también creo--que he sido colocado en este puesto

por Dios, escribía. Por viejo que sea no quiero abandonarlo, porque

sirvo por amor a Dios y en Él pongo todas mis esperanzas”[389]. No

aceptaba ninguna recompensa por esta sagrada tarea.

Tuvo que contender con numerosos enemigos: “La secta de San

Gallo”[390], como dice Vasari, y todos los administradores, proveedores

y contratistas de la construcción, de quienes denunciaba los fraudes,

para los cuales San Gallo había cerrado los ojos. “Miguel Ángel, dice

Vasari, libró a San Pedro de los ladrones y de los bandidos”. Se formó

una coalición contra él que tuvo por jefe al descarado Nanni di Baccio

Bigio, arquitecto a quien Vasari acusa de haber robado a Miguel Ángel y

que pretendía suplantarlo. Se propagó el rumor de que Miguel Ángel no

entendía nada de arquitectura, que despilfarraba el dinero y no hacía

más que destruir la obra de su predecesor. El Comité de administración

de la obra tomó también partido contra su arquitecto, y aprobó en 1551

una investigación solemne presidida por el Papa.

Los inspectores y los obreros fueron a declarar contra Miguel Ángel,

con el apoyo de los Cardenales Salviati y Cervini[391]. Miguel Ángel se

dignó apenas justificarse y rehusó toda discusión. “No estoy obligado,

dijo al Cardenal Cervini, a comunicar a nadie lo que yo debo o quiero

hacer. Vuestra obligación es averiguar los gastos. Lo demás sólo me

importa a mí”[392].

Nunca consintió su inquebrantable orgullo en participar sus

proyectos a nadie. A sus obreros, que se quejaban, les respondió:

“vuestra obligación es cumplir como albañiles, como talladores, como

carpinteros, hacer vuestro oficio y ejecutar mis órdenes. En cuanto

a saber lo que yo tengo en la cabeza, no lo sabréis jamás porque eso

sería contra mi dignidad”[393].

Contra los odios que recurrían a tales procedimientos, no hubiera

podido sostenerse un instante sin el favor de los Papas[394]. Así es

que cuando murió Julio III[395] y el Cardenal Cervini fué electo Papa,

Miguel Ángel estuvo a punto de salir de Roma. Pero Marcelo II no hizo

más que pasar por el trono y Paulo IV lo sucedió. Seguro de nuevo de la

protección soberana, Miguel Ángel continuó luchando. Se habría creído

deshonrado y habría temido por su salvación si hubiera abandonado la

obra.

“Contra mi voluntad he sido encargado de ella”, dice.

“Hace ocho años que me esfuerzo en vano, entre disgustos y fatigas.

Ahora que la construcción está bastante avanzada para que se pueda

comenzar la cúpula, mi partida de Roma sería la ruina de la obra, una

gran afrenta para mí, y para mi alma un gran pecado”[396].

Sus enemigos no dejaban las armas y la lucha tomó por instantes un

carácter trágico. En 1563, el ayudante más adicto a Miguel Ángel en

San Pedro, Pier Luigi Gaeta, fué encarcelado por una falsa acusación

de robo; y el jefe de los trabajos, Cesare da Casteldurante, fué

apuñaleado. Miguel Ángel respondió nombrando en lugar de Cesare a

Gaeta. El Comité de administración arrojó a Gaeta y nombró al enemigo

de Miguel Ángel, Nanni di Baccio Bigio; Miguel Ángel fuera de sí, no

volvió a San Pedro. Se hizo correr el rumor de que abandonaba sus

funciones y el Comité le dió por suplente a Nanni, quien se presentó

desde luego como amo, esperando rendir por cansancio a aquel viejo de

ochenta y ocho años, enfermo y moribundo. No conocía a su adversario;

Miguel Ángel inmediatamente fué a buscar al Papa y amenazó con salir

de Roma si no se le hacía justicia. Exigió una nueva investigación,

dejó convicto a Nanni como incapaz y mentiroso y logró que lo

despidieran[397]. Esto fué en septiembre de 1563, como cuatro meses

antes de su muerte. Así es que hasta su última hora tuvo que luchar

contra la envidia y contra el odio.

No lo compadezcamos. Sabía defenderse y, aunque moribundo, era capaz

él sólo, como decía en otro tiempo a su hermano Giovan Simone, “de

despedazar a diez mil de aquella ralea”.

* * * * *

Además de la gran obra de San Pedro, otros trabajos de arquitectura

ocuparon el final de su vida: el Capitolio[398], la Iglesia de

Santa María de los Ángeles[399], la escalera de la _Laurenziana_ de

Florencia[400], la Puerta Pía y, sobre todo, la Iglesia de San Juan

de los Florentinos, el último de sus grandes proyectos, abortado como

todos los demás.

Los florentinos le habían rogado que construyera la Iglesia de

su nación en Roma; el duque Cosme mismo, le escribió una carta

halagadora con este objeto; Miguel Ángel, sostenido por su amor a

Florencia, emprendió la obra con un entusiasmo juvenil[401]. Dijo a

sus compatriotas “que si ejecutaban su plan, ni los romanos ni los

griegos habrían tenido nunca nada semejante”; palabras, dice Vasari,

“como nunca habían salido de su boca, ni antes ni después, porque era

extremadamente modesto”. Los florentinos aceptaron el proyecto sin

cambiar nada. Un amigo de Miguel Ángel, Tiberio Calcagni, ejecutó,

bajo su dirección, un modelo en madera de la Iglesia; “era una obra

de arte tan rara, que no se ha visto nunca una Iglesia semejante por

la belleza, la riqueza y la variedad. Se inició la construcción y se

gastaron cinco mil escudos. Después faltó el dinero, se suspendió la

obra y Miguel Ángel sufrió con ello una gran pena”[402]. La Iglesia

no fué construida nunca y hasta el modelo ha desaparecido. Tal fué

la última decepción artística de Miguel Ángel. ¿Cómo había de tener

la ilusión al morir de que San Pedro, apenas esbozado, llegara a

terminarse, o de que alguna de sus obras le sobreviviera?

Él mismo, si hubiera podido, tal vez las hubiera destruido. La historia

de su última escultura, _El Descendimiento de la Cruz_, de la Catedral

de Florencia, demuestra hasta dónde había llegado su desprendimiento

del arte. Si continuaba todavía sus trabajos de escultor, no era ya por

fe en el arte, sino por fe en Cristo, y porque “su espíritu y su fuerza

no podían dejar de crear”[403]. Pero cuando había terminado su obra, la

rompió[404]. “La hubiera destruido enteramente si su servidor Antonio

no le hubiera suplicado que se la diera”[405].

Tal era la indiferencia que Miguel Ángel, próximo a la muerte,

demostraba para sus obras.

* * * * *

Desde la muerte de Vittoria ningún gran afecto iluminaba su vida. El

amor había partido.

_Fiamma d’amor nel cor non m’è rimasa;

Se 'l maggior caccia sempre il minor duolo,

Di penne l’ alm’ ho ben tarpat’ e rasa_[406].

“La llama de amor no ha quedado en mi corazón; el peor mal--la

vejez--eclipsa el mal menor; tengo recortadas las alas del alma”.

Vidas Ejemplares: Beethoven—Miguel Ángel—Tolstoi · 第 14 / 31 段