Su vida toda es comparable a un día de tempestad: al principio, una

joven y límpida mañana, con algunos hálitos de languidez apenas; pero

ya, en el aire inmóvil, un amago secreto, un presentimiento abrumador.

Y bruscamente pasan las grandes sombras, se oyen los trágicos truenos,

los silencios zumbadores y temibles, los golpes de furioso viento de

la _Heroica_ y de la _En do menor_. Sin embargo, la pureza del día no

se ha perdido aún: la alegría sigue siendo la alegría; la tristeza

conserva siempre una esperanza. Pero, después de 1810, el equilibrio

del alma se destruye; la luz llega a ser extraña; de los pensamientos

más claros se ve ascender como vapores, que se disipan, que de nuevo

se concretan, que obscurecen el corazón con su turbación melancólica

y caprichosa; algunas veces la idea musical parece que se pierde

por completo, ahogada, después de haber emergido una o dos veces de

la bruma; y no vuelve a surgir sino al fin del trozo, como en una

borrasca. La alegría misma ha tomado un carácter áspero y salvaje;

una fiebre, un veneno, se mezclan a todos los sentimientos[85]. La

tempestad se prepara, a medida que la tarde desciende; y he aquí las

pesadas nubes, henchidas de relámpagos, negras de sombra, preñadas de

tempestades, del principio de la _Novena_. De pronto, en lo más fuerte

del huracán, las tinieblas se desgarran, la noche es arrojada del cielo

y vuelve la serenidad al día, por un acto de voluntad. ¡Cuál conquista

vale como ésta, cuál batalla de Bonaparte, qué sol de Austerlitz

alcanza la gloria de este esfuerzo sobrehumano, de este triunfo, el más

brillante que haya jamás alcanzado el Espíritu: un desventurado, pobre,

enfermo, solitario, el dolor hecho hombre, a quien el mundo rehúsa la

alegría, crea la alegría él mismo para darla al mundo! Y la forja con

su miseria, como él lo ha dicho con palabras altivas, en las cuales se

resume su vida y que son el emblema de toda alma heroica:

“LA ALEGRÍA POR EL SUFRIMIENTO.”

_Durch Leiden Freude._

NOTAS:

[1] J. Russel (1822).--Carlos Czerny, que, siendo niño, lo vió en 1801

con una barba de muchos días y una melena salvaje, con un chaquetón y

un pantalón de pelo de cabra, creyó encontrar en él a Robinsón Crusoe.

[2] Nota del pintor Kloeber, que hizo su retrato hacia 1818.

[3] “Sus hermosos ojos que hablan, decía el doctor W. C. Müller, ora

amables y tiernos, ora extraviados, amenazadores y terribles” (1820).

[4] Kloeber decía: “De Ossian”. Todos estos detalles están tomados de

noticias de los amigos de Beethoven, o de viajeros que lo visitaron,

como Czerny, Moscheles, Kloeber, Daniel Amadeus Atterbohm, W. C.

Müller, J. Russel, Julius Benedict, Rochlitz, etc.

[5] El abuelo Ludwig, el hombre más notable de la familia y aquél

a quien Beethoven se parecía más, nació en Amberes y se estableció

hacia los veinte años de su edad en Bonn, donde llegó a ser maestro de

capilla del príncipe elector. Es preciso no olvidar esto si se quiere

comprender la fogosa independencia de la naturaleza de Beethoven y

tantos otros rasgos de su carácter que no son propiamente alemanes.

[6] Carta al doctor Schade, de Augsburgo, el 15 de septiembre de 1787.

(Nohl, _Cartas de Beethoven_, II).

[7] Decía más tarde (en 1816): “¡Es un pobre hombre aquél que no sabe

morir! Cuando apenas tenía yo quince años, ya lo sabía”.

[8] Reproducimos en el Apéndice algunas de estas cartas.--Beethoven

encontró también un amigo y un consejero excelente en Christian-Gottlob

Neefe, su maestro, cuya nobleza moral no tuvo menos influjo sobre él

que la amplitud de su inteligencia artística.

[9] A Wegeler, el 29 de junio de 1801. (Nohl, XIV).

[10] Había hecho ya un corto viaje en la primavera de 1787. Visitó

entonces a Mozart, quien parece que le concedió poca atención. Haydn,

a quien había conocido en Bonn, en diciembre de 1790, le dió algunas

lecciones. Tomó también Beethoven por maestros a Albrechtsberger y

Salieri. El primero le enseñó el contrapunto y la fuga, y el segundo a

escribir para las voces.

[11] Apenas comenzaba a presentarse en público. Su primer concierto en

Viena, como pianista, fué el 30 de marzo de 1795.

[12] A Wegeler, el 29 de junio de 1801. (Nohl, XIV). “Ninguno de mis

amigos debe carecer de nada, en tanto que yo tenga algo”, escribía a

Ries, hacia 1801. (Nohl, XXIV).

[13] En el _Testamento_ de 1802, Beethoven dice que hacía seis años que

el mal había comenzado, o sea, por consecuencia, en 1796. Advirtamos

de paso que, en el catálogo de sus obras, la op. 1 (tres tríos) es

sólo anterior a 1796. La op. 2, las tres primeras sonatas para piano,

aparecen en marzo de 1796. Se puede, por tanto, decir que toda la obra

de Beethoven es del Beethoven sordo.

Véase acerca de la sordera de Beethoven un artículo del doctor Klotz

Forest, en la _Chronique Médicale_ de 15 de mayo de 1905. El autor

del artículo cree que el mal tuvo origen en una afección general

hereditaria (acaso en la tisis de la madre). Diagnostica un catarro en

las trompas de Eustaquio, hacia 1796, que se transformó en 1799 en una

otitis semiaguda; mal cuidada se convirtió en otitis catarral crónica,

con todas sus consecuencias. La sordera aumenta sin llegar nunca a ser

completa. Beethoven percibía los sonidos graves mejor que los sonidos

agudos. En sus últimos años se servía, se dice, de una varilla de

madera cuya extremidad colocaba sobre la caja de su piano, sujetándola

por la otra con los dientes. Usaba de este procedimiento para oír

cuando componía.

Véase sobre la misma cuestión: C. G. Kunn: _Wiener medizinische

Wochenschrift_, febrero-marzo de 1892; Wilibald Nagel: _Die Musik_

(marzo de 1902).

Se conservan en el museo Beethoven, de Bonn, los instrumentos acústicos

que para él fabricó el mecánico Maelzel, hacia 1814.

[14] Nohl, _Cartas de Beethoven_, XIII.

[15] Nohl, _Cartas de Beethoven_, XIV. (Véase en el Apéndice).

[16] A Wegeler, el 16 de noviembre de 1801. (Nohl, XVIII).

[17] Ella no tuvo empacho, después, en aprovechar el antiguo amor de

Beethoven en favor de su marido. Beethoven ayudó a Gallenberg. “Era mi

enemigo, y justamente por esa razón le hice todo el bien que pude”,

decía a Schindler en uno de sus cuadernos de conversación de 1821. Pero

después la despreció: “Cuando llegué a Viena, escribía en francés, ella

me fué a ver, llorando; pero yo la desprecié”.

[18] 6 de octubre de 1802. (Nohl, XXVI). Véase en el Apéndice.

[19] “Recomendad a vuestros hijos la virtud, porque sólo ella nos puede

hacer felices, y no el dinero. Hablo por experiencia. Sólo ella me ha

sostenido en la miseria y a ella debo, tanto como a mi arte, no haber

terminado mi vida en el suicidio”. Y en otra carta del 2 de mayo de

1810, a Wegeler: “Si no hubiese yo leído en alguna parte que el hombre

no debe separarse voluntariamente de la vida, por todo el tiempo en que

aún pueda realizar una buena acción, hace ya mucho tiempo que yo no

existiría, y sin duda por mi propia voluntad”.

[20] A Wegeler. (Nohl, XVIII).

[21] La miniatura de Hornemann, que es de 1802 muestra a Beethoven

a la moda de la época, con patillas, el cabello cortado a la Tito,

el aire fatal de un héroe byroniano; pero con la tensión de voluntad

_napoleónica_ que no cede nunca.

[22] Se sabe que la _Sinfonía Heroica_ fué escrita sobre Bonaparte y

para él, y que el primer manuscrito lleva aún el título: _Buonaparte_.

Entretanto Beethoven tuvo noticia del coronamiento de Napoleón, y

entró en furor: “¡No es más que un hombre ordinario”, clamó, y en su

indignación hizo pedazos la dedicatoria y escribió este título vengador

y conmovedor a la vez: “_Sinfonía Heroica... para celebrar el recuerdo

de un gran hombre_”. (_Sinfonía eroica... composta per festeggiare

il sovvenire di un grand'uomo._) Schindler cuenta que después se

calmó un poco su desprecio hacia Napoleón; no vió ya en él más que un

desventurado digno de compasión, un Ícaro precipitado del cielo. Cuando

supo la catástrofe de Santa Elena, en 1821, dijo: “Hace diecisiete

años que yo escribí la música que conviene a este triste suceso”.

Se complacía en reconocer en la _Marcha Fúnebre_ de su Sinfonía un

presentimiento del fin trágico del conquistador. Es, pues, muy probable

que la _Sinfonía Heroica_, y sobre todo su primer trozo, era en el

pensamiento de Beethoven una especie de Bonaparte, muy diferente del

modelo, sin duda; pero tal como lo imaginaba y como lo habría querido:

el genio de la revolución. Beethoven repite, por otra parte, en el

final de la _Heroica_, una de las frases principales de la partitura

que ya había escrito para el héroe revolucionario por excelencia, el

dios de la libertad: _Prometeo_ (1801).

[23] Roberto de Keudell, exembajador de Alemania en Roma: _Bismarck

y su familia_, 1901, traducción francesa de E. B. Lang. Roberto de

Keudell tocó esta sonata a Bismarck, en un mal piano, el 30 de octubre

de 1870, en Versalles. Bismarck decía de la primera frase de la obra:

“Son estas las luchas y los sollozos de toda una vida”. Prefería a

Beethoven entre los músicos y más de una vez afirmó: “Beethoven es

quien mejor conviene a mis nervios”.

[24] La casa de Beethoven estaba cerca de las fortificaciones de Viena,

que Napoleón quiso derribar después de la toma de la ciudad. “¡Qué vida

salvaje, qué de ruinas en torno mío!--escribe Beethoven a los editores

Breitkopf y Haertel, el 26 de junio de 1809:--sólo tambores, trompetas,

miserias de todas clases!”

Ha llegado hasta nosotros un retrato de Beethoven, de esta época, hecho

por un francés que lo vió en Viena, en 1809: el barón de Trémont,

auditor del Consejo de Estado. Hace una descripción pintoresca del

desorden que reinaba en la habitación de Beethoven. Charlaron de

filosofía, de religión, de política, “y sobre todo de Shakespeare, su

ídolo”. Beethoven se mostraba muy dispuesto a seguir a Trémont a París,

cuyo Conservatorio sabía que ejecutaba sus sinfonías y donde tenía

admiradores entusiastas. (Véase en el _Mercure musical_ de 1.º de mayo

de 1906, _Une visite a Beethoven_, por el barón de Trémont, publicada

por J. Chantavoine).

[25] O más exactamente Teresa Brunsvik. Beethoven había conocido a los

Brunsvik en Viena, entre 1796 y 1799. Giulietta Guicciardi era prima

de Teresa. Beethoven parece que también se enamoró, durante algún

tiempo, de una hermana de Teresa, Josefina, que casó con el conde

Deym y en segundas nupcias con el barón Stackelberg. Se encontrarán

los detalles más vivos sobre la familia Brunsvik en un artículo de

Andrés de Hevesy: _Beethoven et l’immortelle Bien-aimée._ (_Revue de

Paris_, 1.º de mayo y 15 de marzo de 1910). Hevesy utilizó para este

estudio las memorias manuscritas y los papeles de Teresa, conservados

en Mártonvásár, Hungría. Al mostrar la afectuosa intimidad de Beethoven

con los Brunsvik trae a discusión su amor a Teresa; pero sus argumentos

no parecen convincentes, y me reservo a discutirlos algún día.

[26] Mariam Tenger: _Beethoven’s unsterbliche Geliebte._ Bonn, 1890.

[27] Es el aire admirable que figura en el Álbum de la mujer de J. S.

Bach, Ana Magdalena (1725), con el título de _Aria di Giovannini_. Se

ha discutido que se le atribuya a J. S. Bach.

[28] Nohl, _Vie de Beethoven_.

[29] Beethoven era miope en efecto. Ignaz von Seyfried dice que la

debilidad de su vista la había originado la viruela y le obligaba,

siendo muy joven, a usar anteojos. La miopía debió contribuir a dar el

carácter de extravío de sus ojos. Sus cartas en 1823 y 1824 contienen

quejas frecuentes acerca de sus ojos, que lo hacen sufrir. Véanse los

artículos de Christian Külischer: _Beethovens Augens und Augenleiden_.

(_Die Musik_ 15 de marzo y 1.º de abril de 1902).

[30] La música de escena para el _Egmont_ de Goethe fué comenzada en

1809. Beethoven habría querido escribir también la música de _Guillermo

Tell_; pero se prefirió a Gyrowetz.

[31] Conversación con Schindler.

[32] Pero escrita, a lo que parece, en Korompa, en casa de los Brunsvik.

[33] Nohl. _Cartas de Beethoven_, XV.

[34] Este retrato se encuentra todavía ahora en la casa de Beethoven,

en Bonn. Está reproducido en la _Vie de Beethoven_ por Frimmel, página

29, y en el _Musical Times_, del 15 de diciembre de 1892.

[35] A Gleichenstein. (Nohl, _Neue Briefe Beethovens_, XXXI).

[36] “El corazón es la palanca para todo lo que hay de grande”. (A

Giannatasio del Rio. Nohl, CLXXX).

[37] “Las poesías de Goethe me hacen feliz”, escribía a Bettina

Brentano el 19 de febrero de 1811. Y en otra parte: “Goethe y

Schiller son mis poetas preferidos, con Ossian y Homero, a quienes

desgraciadamente no puedo leer sino en traducciones”. (A Breitkopf

y Haertel, 8 de agosto de 1809. Nohl, _Neue Briefe_, LIII). Debe

advertirse cuánto, a pesar de lo descuidado de su educación, era

seguro el gusto literario de Beethoven. Fuera de Goethe, de quien se

ha dicho que se le parecía por “grande, majestuoso, siempre en _re

mayor_”, y por encima de Goethe amaba a tres hombres: Homero, Plutarco

y Shakespeare. De Homero prefería “La Odisea”. Leía continuamente a

Shakespeare en la traducción alemana y ya se sabe con cuál trágica

grandeza tradujo en música a _Coriolano_ y la _Tempestad_. En cuanto a

Plutarco, se nutría en sus páginas como los hombres de la Revolución.

Bruto era su héroe tal como lo fué de Miguel Ángel; tenía su estatuilla

en su alcoba. Amaba a Platón y soñaba en establecer su República en el

mundo entero. “Sócrates y Jesús han sido mis modelos”, dijo alguna vez.

(Conversaciones de 1819 y 1820).

[38] A Bettina von Arnim. (Nohl, XCI).

[39] “Beethoven, decía Goethe a Zelter, es desgraciadamente una

personalidad indomable; sin duda no se equivoca al hallar el mundo

detestable; pero no es el medio de hacerlo agradable para él y para los

demás. Es preciso excusarlo y compadecerlo, porque es sordo”. No hizo

nada contra Beethoven después, pero tampoco nada en su favor, y guardó

completo silencio sobre su obra y hasta sobre su nombre. En el fondo lo

admiraba, pero temía su música, que le producía turbación; tenía miedo

de que le hiciera perder la paz de su alma, que había conquistado a

precio de tantas penas y que, contra la opinión corriente, nada tenía

de natural. Una carta del joven Félix Mendelssohn, que pasó por Weimar

en 1830, descubre inocentemente las profundidades de esta alma turbada

y apasionada (_leidenschaftlicher Sturm und Verworrenheit_ como Goethe

mismo decía, que una inteligencia vigorosa dominaba).

“...Desde luego, escribía Mendelssohn, no quería hablar de Beethoven;

pero le fué preciso pasar por ello y escuchar el primer trozo de la

_Sinfonía en do menor_, que lo emocionó de modo extraño. Quería ocultar

su emoción y se contentó con decirle: ‘Esto no conmueve y no hace

más que sorprender’. Al cabo de algún tiempo, añadió: ‘Es grandioso,

insensato; se diría que la casa va a derrumbarse’. Llegó la hora de

comer, y durante la comida permaneció pensativo hasta el momento

en que, volviendo de nuevo a Beethoven, se puso a interrogarme, a

examinarme. Vi bien el efecto que le había producido...”. (Sobre las

relaciones de Goethe y de Beethoven, véanse diversos artículos de

Frimmel).

[40] Carta de Goethe a Zelter, el 2 de septiembre de 1812. De Zelter

a Goethe, de 14 de septiembre de 1812: “_Auch ich bewundere ihn mit

Schrecken_”. “Yo también lo admiro con espanto”. Zelter escribió en

1819 a Goethe: “Se dice que está loco”.

[41] Es en todo caso un tema en el cual Beethoven había pensado, porque

lo encontramos en sus notas, y, particularmente, en sus proyectos de

una _Décima Sinfonía_.

[42] Contemporánea, y acaso inspiradora, a las veces, de estas obras

fué su intimidad, tan tierna, con la joven cantante berlinesa Amalia

Sebald.

[43] Muy distinto de él en esto, Schubert había escrito en 1807 una

obra de ocasión “en honor de Napoleón el Grande”, y él mismo dirigió la

ejecución ante el emperador.

[44] “No os diré nada de nuestros monarcas y de sus monarquías”,

escribía a Kauka durante el Congreso de Viena. “Para mí el imperio del

espíritu es el más amado de todos; es el primero de todos los reinados

temporales y espirituales”. (_Mir ist das geistige Reich das Liebste,

und der Oberste aller geistlichen und weltlichen Monarchien._)

[45] “¿Viena, no es decir todo? Toda huella del protestantismo alemán

se borra aquí; hasta el acento nacional está perdido, italianizado. El

espíritu alemán, las maneras y las costumbres alemanas, explicadas por

los manuales de origen italiano y español... ¡Es el país de una historia

falsificada, de una ciencia falsificada, de una religión falsificada...

un escepticismo frívolo, que debía aniquilar y sepultar el amor a la

verdad, al honor, a la independencia!” (_Wagner_, _Beethoven_, 1870).

Grillparzer escribió que era una desgracia haber nacido austriaco. Los

grandes compositores alemanes de fines del siglo XIX, que vivieron en

Viena, sufrieron cruelmente por el espíritu de esta ciudad, abandonada

al culto farisaico de Brahms. La vida de Bruckner allá fué un largo

martirio; Hugo Wolf, que se debatía furiosamente antes de sucumbir,

expresó sobre Viena juicios implacables.

[46] El rey Jerónimo había ofrecido a Beethoven una pensión de

seiscientos ducados de oro, vitalicia, y dietas de viaje por ciento

cincuenta ducados de plata, a cambio del compromiso único de tocar

algunas veces delante de él y de dirigir sus conciertos de música

de cámara, que no debían ser ni largos ni frecuentes. (Nohl, XLIX).

Beethoven estuvo a punto de partir.

[47] El _Tancredo_ de Rossini bastó a conmover todo el edificio de la

música alemana. Bauernfeld, citado por Ehrhard, anota en su _Diario_

este juicio, que era corriente en los salones de Viena, en 1816:

“Mozart y Beethoven son dos viejos pedantes; la tontería de la época

precedente les gustaba; y sólo después de Rossini se sabe lo que es la

melodía. _Fidelio_ es una inmundicia; no es posible comprender que se

dé uno la pena de fastidiarse yendo a escucharlo”.

Beethoven dió su último concierto, como pianista, en 1814.

[48] En el mismo año Beethoven perdió a su hermano Carl: “Amaba tanto

la vida, cuanto yo tendría placer en perder la mía”, escribía a Antonia

Brentano.

[49] Además de la sordera, su salud empeoraba de día en día. Desde

octubre de 1816 estaba muy enfermo de un catarro inflamatorio; durante

el estío de 1817 su médico le dijo que era una enfermedad del pecho;

y durante el invierno de 1817-1818 se atormentaba con el temor de la

tisis. Siguieron después los reumatismos agudos en 1820-1821, una

ictericia en 1821 y una conjuntivitis en 1823. Beethoven escribió a

Franz Brentano, el 12 de noviembre de 1821 (cuando estaba en plena

composición de la _Misa en re_): “Desde el año pasado hasta hoy he

estado siempre enfermo... Ahora estoy un poco mejor, a Dios gracias,

y me parece que puedo vivir de nuevo para mi arte, lo que propiamente

hablando no ha sido, desde hace dos años, por falta de buena salud,

como también por tantos otros sufrimientos”.

[50] Adviértase que de este año data, en su música, un cambio de

estilo, inaugurado por la sonata op. 101. Los cuadernos de conversación

de Beethoven, que forman más de once mil páginas manuscritas, se

encuentran reunidos actualmente en la Biblioteca Real de Berlín.

[51] Schindler, que llegó a ser desde 1819 amigo íntimo de Beethoven,

había entrado en relaciones con él en 1814; pero había costado mucha

pena a Beethoven concederle su amistad; lo trataba, además, con altivo

menosprecio.

[52] Véanse las admirables páginas de Wagner sobre la sordera de

Beethoven. (_Beethoven_, 1870).

[53] Amaba a los animales y tenía piedad de ellos. La madre del

historiador Von Frimmel contaba que mucho tiempo sintió rencor

involuntario contra Beethoven, porque cuando ella era pequeña él

espantaba con su pañuelo las mariposas que quería coger.

[54] Se encontraba siempre mal alojado. En treinta y cinco años cambió

treinta veces de casa en Viena.

[55] Beethoven se había dirigido personalmente a Cherubini, que era

“de sus contemporáneos aquél a quien más estimaba”. (Nohl, _Cartas de

Beethoven_, CCL). Cherubini no le contestó.

[56] “Yo no me vengo nunca, escribía también a la señora Streicher.

Cuando me veo obligado a obrar contra los demás, no hago sino lo

estrictamente necesario para defenderme, o para impedirles hacer mal”.

[57] Nohl, CCCXLIII.

[58] Nohl, CCCXIV.

[59] Nohl, CCCLXX.

[60] Nohl, CCCLXII-LXVII. Una carta que acaba de encontrar en Berlín

M. Kalischer, muestra con qué pasión Beethoven ambicionaba hacer de su

sobrino “un ciudadano útil al Estado”. (De primero de febrero de 1819).

[61] Schindler, que lo vió entonces, dice que se volvió súbitamente

como un viejo de setenta años, gastado, sin fuerza, sin voluntad.

Habría muerto si Carlos hubiera muerto. Murió pocos meses después.

[62] El dilettantismo de nuestro tiempo no ha dejado de procurar la

rehabilitación de este pillo. Esto no puede sorprender.

[63] Carta de Fischenich a Charlotte Schiller (enero de 1803). La oda

de Schiller había sido escrita en 1785. El tema actual aparece en 1808,

en la _Fantasía para piano, orquesta y coro_, op. 80, y en 1810 en el

_Lied_ sobre palabras de Goethe: _Kleine Blumen, kleine Blaetter_.

He visto en un cuaderno de notas de 1812, propiedad del doctor Erich

Prieger, en Bonn, entre los bosquejos de la _Séptima Sinfonía_ y un

proyecto de _obertura de Macbeth_, un ensayo de adaptación de las

palabras de Schiller al tema que utilizó más tarde en la obertura

op. 115 (_Namensfeier_). Algunos de los motivos instrumentales de la

_Novena Sinfonía_ aparecen antes de 1815; y en fin, el tema definitivo

de la Alegría está anotado en 1822, así como todos los demás aires de

la Sinfonía, salvo el trío, que viene después, en seguida del _andante

moderato_, y por último el _adagio_ que aparece al final.--Sobre el

poema de Schiller y sobre la falsa interpretación que acerca de él se

ha querido dar, en nuestro tiempo, substituyendo la palabra _Freude_

(Alegría) por la palabra _Freiheit_ (Libertad), véase un artículo de

Carlos Andler en _Pages Libres_ (8 de julio de 1905).

[64] Biblioteca de Berlín.

[65] _Also ganz so als standen Worte darunter._ (“Enteramente como si

hubiera en ellos palabras”).

[66] _La Misa en re_, op. 123.

[67] Beethoven, agobiado por los trajines domésticos, la miseria, los

cuidados de todo género, no escribió en cinco años, de 1816 a 1821, más

que tres obras para piano (op. 101, 102, 106). Sus enemigos decían que

estaba agotado; se volvió a entregar al trabajo en 1821.

[68] En febrero de 1824. Firmaron: Príncipe C. Lichnowski,

conde Mauricio Lichnowski, conde Mauricio de Fries, conde M. de

Dietrichstein, conde F. de Palfy, conde Czernin, Ignacio Edler de

Mosel, Carlos Czerny, abate Stadler, A. Diabelli, Artaria y C., Steiner

y C., A. Streicher, Zmeskall, Kiesewetter, etc.

[69] “Mi carácter moral es conocido públicamente”, contestó con

altivez Beethoven al municipio de Viena el 1.º de febrero de 1819,

para reivindicar su derecho a la tutela de su sobrino. “Hasta los

escritores distinguidos como Weissenbach, han juzgado que valía la pena

consagrarle algunas páginas”.

[70] En agosto de 1824 estaba asediado por el temor de morir

bruscamente de un ataque, “como mi querido abuelo, a quien tanto me

parezco”, escribió el 16 de agosto de 1824 al doctor Bach. Sufría mucho

del estómago. Estuvo muy mal durante el invierno de 1824-1825. En mayo

de 1825 tuvo expectoraciones de sangre y hemorragias de la nariz. El 9

de junio de 1825 escribió a su sobrino: “Mi debilidad llega a menudo al

extremo... La señora de la guadaña no tardará en venir”.

[71] La _Novena Sinfonía_ fué ejecutada por la primera vez, en

Alemania, en Francfort, el 1.º de abril de 1825; en Londres, el 25 de

marzo de 1825; en París, el 27 de marzo de 1831, en el Conservatorio.

Mendelssohn, a los 17 años, la ejecutó en una audición de piano

en la Jaegerhalle de Berlín, el 14 de noviembre de 1826. Wagner,

estudiante en Leipzig, la recogió entera de su mano; y, en una carta

de 6 de octubre de 1830 al editor Schott, le ofreció una reducción

de la sinfonía para piano a dos manos. Se puede decir que la _Novena

Sinfonía_ decidió la vida de Wagner.

[72] “Apolo y las Musas no querrán abandonarme aún a la muerte, ¡porque

es tanto lo que les debo todavía! Es preciso que antes de mi partida

para los Campos Elíseos deje tras de mí lo que el Espíritu me inspira y

me ha ordenado cumplir. Me parece que apenas he escrito algunas notas”.

(A los hermanos Schott, el 17 de septiembre de 1824. Nohl, _Neue

Briefe_, CCLXXII).

Vidas Ejemplares: Beethoven—Miguel Ángel—Tolstoi · 第 3 / 31 段