[525] La fecha de la _Crónica_ puede determinarse con exactitud cabal,
puesto que el último de los reyes que menciona es D. Enrique III, que
subió al trono en 1390 y murió en 1407; además, en la _Crónica_ se
habla, como de persona viva, del almirante D. Diego Hurtado de Mendoza,
que falleció en julio de 1404.
[526] D. Aureliano Fernández, que hizo un detallado estudio de la
_Crónica de Don Rodrigo_ en el precioso libro que lleva por título
_Caída y ruina del imperio visigótico español_ (Madrid, 1883), tuvo
presentes tres antiguos manuscritos de El Escorial, que ofrecen grandes
variantes respecto del impreso. Dos de ellos contienen sólo la _Parte
segunda_. Otro, voluminosísimo, que abraza las dos partes, aunque no
completa la segunda, lleva al fin de la primera una nota en que se
especifica que J. de Hugo la acabó de trasladar á 17 de junio de 1485.
El de la Biblioteca Nacional (F. 89) lleva este epígrafe: «Este libro
es la ystoria del rrey don Rodrigo con la genealogia de los rreyes
godos et de su comienço, de dónde vinieron et assy mesmo desde el
comienço de la primera poblacion d'Espanna, segunt lo cuenta el
arzobispo don Rrodrigo desde la edificacion de la torre de Babilonia
fasta dar en la Cronica del rrey don Rodrigo. Et aqui se cuentan en el
principio parte de los trabajos de Ercoles et de como veno en Espanna».
La edición que tengo y sigo es la de Sevilla, 1527. Anteriores á
ésta hay las de 1511 y 1522, también sevillanas; y posteriores las
de Valladolid, 1527; Toledo, 1549; Alcalá de Henares, 1587; Sevilla,
del mismo año, y seguramente otras, porque fué uno de los libros más
leídos de su género. No me detengo en esta bibliografía porque ya la
incluyeron Gayangos y Salvá en la de los libros de caballerías.
En un tratado moral de autor anónimo, llamado _Confectio Catoniana_
(ms. 9.208 de la Biblioteca Nacional), hermoso códice en vitela, de
letra del siglo XV, dedicado al conde de Haro, D. Pedro Fernández
de Velasco, se lee este curiosísimo pasaje contra los libros de
caballerías, y especialmente contra la _Crónica de Don Rodrigo_, cuya
composición debía de ser muy reciente:
«_Quid igitur expedit illa ut ystoriabilia legere quæ nedum non
fuerint, sed forsan nec esse potuerunt. Sicuti sunt Tristani ac
Lanceloti, Amadisiive ingentia volumina quæ absque aliqua edificationis
spe animos legentiuns oblectant, illiusque torneamenti narratio quæ
apud Toletum Roderici Regis temporibus factum fuisse deponitur quam
audivi nudius tercius compositam esse. Hujuscemodi enim scripturæ, etsi
nocivæ nimium non siut, infructuosæ tamen et nullæ utilitatis esse
videntur_».
La descripción del torneo de Toledo, á que aquí se alude, es uno de los
episodios más largos de la _Crónica de Don Rodrigo_.
[527] _Tratado de los romances viejos_ (tomo XI de la _Antología de
Poetas Líricos Castellanos_, Madrid, 1890), pp. 133-175.
[528] Saavedra (D. Eduardo), _Estudio sobre la invasión de los árabes
en España_... (Madrid, 1892).
Menéndez Pidal (D. J.), _Leyendas del último rey godo_. (Estudio que
comenzó á publicarse en la _Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos_
en diciembre de 1901, y no ha terminado aún)
Codera (D. Francisco), _Estudios Críticos de Historia Árabe Española_,
Zaragoza, 1903 (págs. 45-96, «El llamado conde D. Julián»).
[529] _Memoria sobre la autenticidad de la Crónica denominada del
moro Rasis_ (en el tomo VIII de _Memorias de la Real Academia de la
Historia_, 1850).
[530] _Catálogo de la Real Biblioteca. Manuscritos. Crónicas generales
de España_, descritas por Ramón Menéndez Pidal, Madrid, 1898. Hállase
impreso el texto de Rasis desde la página 26 á la 49.
[531] «E él sin ninguna detenencia fue a las puertas de la casa e fizo
las quebrantar, mas esto fue por muy gran afan, e tantas eran las
llaves e los canados que era maravilla. E despues que fue abierto,
entró el dentro... e fallaron un palacio en quadra tanto de una parte
como de la otra, tan maravilloso que non ha ombre que lo puediese
dezir: que la una parte del palacio era tan blanca como es hoy la
nieve, que non puede mas ser; e la otra parte del palacio era tan verde
como es el limon o como de una cosa que de su natura fuese muy verde;
e de la otra parte era tan bermejo como una sangre. E todo el palacio
era tan claro como un cristal, nin viera en el mundo cosa tan clara, e
semejaba que en cada una de aquellas partes del palacio non avia mas de
sendas puertas, e de quantos entraron que lo vieron non ovo ay atal que
sopiese dezir que piedra con piedra hi avia juntada, nin que lo podiese
partir, e todos tovieron aquel palacio por el más maravilloso que
nunca vieron... E en el palacio non avia madero nin clavo nenguno...
e avia hi finestras por do entraba toda la lumbre, por do podian veer
quanto hy avia; e despues cataron como el palacio era fecho, e tovieron
mientes, e nunca pudieron veer nin asmar sino lo mejor que vieron:
ester un esteo (_poste_ ó _pilar_) non muy grueso, e era todo rredondo
e era tan alto como un ombre; e avia hy en él una puerta muy sotilmente
fecha e asaz pequeña, e encima della letras gruesas que dezian en
esta guisa: «quando Ercoles fizo esta casa andava la era de Adam en
quatro mill e seis años». E despues que la puerta abrieron, fallaron
dentro letras abiertas que dezian: «esta casa una de las maravillas de
Ercoles». E despues que estas letras leyeron, vieron en el esteo una
casa fecha en que estaba una arca de plata, e esta era muy bien fecha
e labrada de oro e de plata e con piedras preciosas e tenia un canado
de aljofar tan noble que maravilla es, e avia en él letras griegas que
dezian: «ó rrey en tu tiempo esta arca fuere abierta, non puede ser que
no verá maravillas antes que muera». E ese Yercoles, señor de Grecia,
supo alguna cosa de lo que avia de venir».
[532] Fué inventor de esta etimología el falsario Miguel de Luna, en
la supuesta Crónica de Abentarique. «Esta dama Florinda, así llamada
por propio nombre, nombraron los árabes la Cava, es decir, la mala
mujer». Existe, en efecto, la palabra _cahba_ en el sentido de manceba
ó prostituta, pero sólo cuadraría á la liviana heroína del _Anseis
de Cartago_, de ningún modo á la desdichada hija de Julián, tal como
aparece en las leyendas musulmanas.
[533] «Avia en Cepta un _conde_ que era señor de los puertos de allen
mar e de aquen mar e avia nombre don Juliano, e avia una fija muy
fermosa e muy buena donzella e que avia muy gran sabor de seer muy
buena muger; e tanto que esto supo el rey Rrodrigo, mando dezir al
conde don Juliano que le mandase traer su fija a Toledo, quel non
queria que la donzella de que tanto bien dezian estuviese sino con su
muger, e que de alli le daria mejor casamiento que otro ombre en el
mundo. E quando al conde le vino este mandado fue muy ledo e pagado,
e mandó luego llevar su fija, e mandole dezir quél que le agradescia,
mucho quanto bien e quanta merçed hazia a él e a su hija».
En boca del mismo D. Julián, enumerando sus servicios, se ponen estas
palabras: «e mis amigos e mis parientes muchos que avia en España,
dellos por lo mio, e dellos por lo de mi mujer, que es pariente dellos».
Uno de sus consejeros y clientes le dice, para apartarle de sus
proyectos de venganza: «_el rey Don Rodrigo es tu señor e as le hecho
homenaje, como quier que dél no tengas tierra_».
[534] Esta carta comienza así:
«Al honrrado, sesudo e presciado e temido señor padre, conde don
Julliano e señor de Cebta, yo la Taba vuestra desonrrada fija, me enbio
encomendar»...
En esta carta está calcada la de Pedro del Corral, que luego fué
parafraseada y amplificada de mil modos.
El detalle de haber comenzado á perder la Cava su hermosura
inmediatamente después de la deshonra es también común á los dos
autores.
[535] «Et ¿que vos contaremos del Rey de cómo venia para la batalla,
y de las vestiduras que trahia, y que eran las noblezas que traia, y
non creo que ha home que las pudiese contar; ca él iba vestido de una
arfolla que en esse tiempo dezian purpura que entonces trayan los Reyes
por costumbre, et segun asinamiento de los que la vieron, que bien
valia mil marcos de oro, y las piedras y los adobos en esto non ha home
que lo pudiese decir qué tales eran, ca él venia en un carro de oro
que tiraban dos mulas; éstas eran las más fermosas y las mejores que
nunca ome vio, et el carro era tan noblemente fecho que non havia en
él fuste ni fierro, mas non era otra cosa si non oro y plata y piedras
preciosas, et era tan sotilmente labrado que maravilla era, y encima
del carro habia un paño de oro tendido, y este paño non ha home en el
mundo que le pudiese poner precio, et dentro, so este paño estaba una
silla tan rica que nunca ome vio otra tal que le semejase; et aquella
silla era tan noble y tan alta que el menor home que havia en la puerta
la podia bien veer; et ¿qué vos podia home dezir que desde que Hispan,
el primero poblador que vino a España, fasta en aquel tiempo que el rey
don Rodrigo vino a aquella batalla, nunca fallamos de rey ninguno nin
de otro home, que saliese tan bien guisado nin con tanta gente como
éste salio contra Tarife?»
[536] Estas lamentaciones, en Rasis, se ponen, no después de la
catástrofe del lago de la Janda, sino después de la muerte de D.
Sancho, sobrino del rey.
[537] Otros códices dicen _de la Sigonera_ (_Sangonera_, en el _Poema
de Fernán González_). Es la batalla que Saavedra llama de Segoyuela,
cerca de Tamames, en tierra de Salamanca. Andando el tiempo esta
batalla se confundió con la del río Barbate, erróneamente llamada de
Guadalete.
[538] Véase qué valiente es la descripción en la _Crónica de Don
Rodrigo_:
«Y desta guisa salieron fuera de la casa... et non eran bien acabadas
de cerrar (las puertas) quando vieron un aguila caer de suso del
ayre que parescia que descendia del cielo, e traya un tizon de fuego
ardiendo, e pusolo de suso de la casa e comenzo de alear con las alas,
y el tizon con el aire quel aguila fazia con sus alas comenzo de arder,
y la casa se encendio de tal manera como si fuera hecha de resina, asi
vivas llamas y tan altas que esto era gran maravilla, e tanto quemó que
en toda ella no quedó señal de piedra, y toda fue fecha cenizas. E a
poca de hora llegaron unas avecillas negras, e anduvieron por suso de
la ceniza: e tantas eran que davan tan grande viento de su vuelo, que
se levantó toda la ceniza y esparziose por España toda quanta el su
señorio era, et muy muchas gentes sobre quien cayó los tornava tales
como si los untasen con sangre... y este fue el primero signo de la
destruycion de España».
[539] «A la qual dezian la Caba, e era fija del Conde e de su mujer
doña Frandina, que era hermana del Arzobispo don Opas (Orpas en Corral)
e fija del rey Vitiza» (_Crónica del rey Don Pedro_, año segundo, cap.
XVIII). Sigo el texto de Llaguno.
[540] Un pasaje de Ausias March, citado muy á cuento por D. Manuel
Milá, alude á esta escena de la _Crónica_ y prueba su rápida difusión
fuera de Castilla:
Per lo garró--que lo rey veu de Cava
Se mostra Amor--que tot quant voll acaba.
[541] Los autores de romances encontraron más pulcro y galante que
fuese D. Rodrigo el que «sacase los aradores» á la Cava, y no al
contrario:
Ella hincada de rodillas,--él la estaba enamorando:
Sacándole está aradores--de su odorífera mano...
.....................................................
Sacándole está aradores--en sus haldas reclinado...
[542]
Ayer era Rey de España--y hoy no lo soy de una villa,
Ayer villas y castillos,--hoy ninguno poseía,
Ayer tenía criados,--hoy ninguno me servía,
Hoy no tengo una almena--que pueda decir que es mía.
[543] Es el germen más remoto de la tradición que, pasando por el
poema de Southey, llega hasta _El Puñal del Godo_. El falso conde
don Julián saca su propia espada y se la entrega al Rey para que por
su mano tome venganza de su traición. «E el falso conde, como llegó
a él, fizo su reverencia, y el Rey como lo vido fue muy espantado,
ca lo conocio bien: empero estuvo quedo. Y el falso conde se llegó a
él; e provole de le besar la mano, y el Rey no se la quiso dar, ni se
levantó de su oratorio, y el falso conde, las rodillas fincadas en
el suelo ante el Rey, dixole: «Señor, como yo sea aquel que te haya
errado de aquella manera que hombre traydor a su señor erró... e como
nuestro Señor Dios es poderoso ovo piedad de la mi ánima e no quiso
que yo me perdiesse, ni que España fuesse destruyda: ni tú, Señor,
abaxado de la tu grand honra y estado ni del tu gran señorio que en
España tienes, hame mostrado por revelacion cómo estavas aqui en esta
hermita faziendo tan gran penitencia de tus pecados. Porque te digo
que fagas justicia de mí, e tomes de mí venganza a tu voluntad como
de aquel que te lo merece, ca yo te conozco que eres mi Señor»... E
sacó entonces el conde don Julian su espada e davala al Rey, e dixole:
«Señor, toma esta mi espada, e con tu mano misma faz de mí justicia, e
toma de mí la tu venganza qual quisieres: ca yo la sufrire con mucha
paciencia pues que te erré». Y el Rey fue muy turbado de la su vista, e
assimismo de las sus palabras... Y el falso conde don Julian le dixo:
«Señor, ¿no tornas sobre la sancta fe de Jesu-Christo, que del todo
se va a perder? levantate y defiendela: que muy gran poder te traygo,
y servirás a Dios e cobrarás la honra que tenias perdida: levantate e
anda acá, e da duelo de la mezquina de España que se va a perder, e
adolecete de tantas gentes como perescen por mengua de no tener señor
que las defienda». Y el conde don Julian le dezia todas estas palabras
por lo engañar: el diablo que avia tomado la su forma era, que no el
conde. Mas el Rey no se pudo detener que le non dixesse: «Conde, id vos
y defender la tierra con essa gente que tenedes, assi como lo fuistes
a perder por la vuestra tan grandissima traycion que a Dios et a mí
fezistes. E assi como traxistes los moros enemigos de Dios e de su
sancta fe, e los metistes por España, assi los lanzad fuera della y la
defended: que yo no vos mataré ni vos ayudaré a ello, y dexadme a mí
ca yo no soy para el mundo; que aqui quiero facer penitencia de mis
pecados: e no me movades más con estas razones». Y el falso del conde
don Julian se levantó y se fue a la gran compaña que avia traydo; e
traxolos todos antel Rey. Y el Rey como vido aquella gran compaña de
cavalleros vido entrellos algunos que él bien pensava que eran muertos
en la batalla. E dixeronle todos a muy altas vozes: «Señor, ¿a quien
nos mandas que tomemos por Rey nuestro señor e por señor que nos ampare
y nos defienda, pues que tú no quieres defender la tierra ni yrte con
nosotros?... Cata, señor, que no es servicio de Dios que dexes perecer
tanta christiandad como de cada dia se pierde por tú estar aqui solo
y apartado como estás»... Y el Rey cuando oyo estas palabras, fue
movido a piedad, e vinieronle las lagrimas a los ojos, que las non
podia tener: y estava de tal manera tornado, que el seso se le avia
fallecido, et callava, et non respondia cosa ninguna que le dixessen.
E todas estas compañas que lo veyan quexavanse muy mucho, e da van muy
grandes vozes, e fazian muy grandes ruydos e clamores... Y el Rey en
todo esto no fazia sino llorar, e nunca les fabló cosa ninguna». (Cap.
CCL de la segunda parte).
[544] No para aquí el epistolario de la Cava, que se convirtió en un
tema retórico:
Cartas escribe la Cava,
La Cava las escribía
es principio de un romance antiguo. Miguel de Luna hilvanó otra carta;
otra distinta de todas las anteriores trae Saavedra Fajardo en su
_Corona Gótica_, y finalmente, hay una en verso del coronel D. José
Cadalso, en el estilo de las _Heroidas_ de Ovidio.
[545] Vid. Godoy Alcántara, _Historia Critica de los falsos cronicones_
(Madrid, 1867), pág, 97 y ss. El libro de Miguel de Luna está allí
perfectamente caracterizado.
Los _Plomos de Granada_, escritos en lengua arábiga, son composiciones
fantásticas análogas en gran manera á los libros apócrifos de los
primeros siglos cristianos; pero forjados con un fin de proselitismo
religioso, y no con miras literarias, salen fuera del cuadro que voy
bosquejando, y por otra parte nada podría añadir yo al admirable
estudio que de ellos hizo el malogrado Godoy Alcántara en su obra
citada.
[546] _La verdadera hystoria del rey Don Rodrigo, en la qual se trata
la causa principal de la pérdida de España y la conquista que della
hizo Miramamolin Almanzor, Rey que fue del Africa y de las Arabias.
Compuesta por el sabio Alcayde Abulcacim Tarif Abentarique, de nacion
arabe, y natural de la Arabia Petrea. Nuevamente traduzida de la lengua
arabiga por Miguel de Luna, vezino de Granada, e interprete del rey don
Phelippe nuestro señor. Impresa por René Rabut: año de 1592._ 4.º.
Hay, por lo menos, nueve ediciones de este libro, que todavía es muy
vulgar en España. Casi todos los catálogos de libros antiguos empiezan
por él.
[547] _Roderick, the last of the goths. By Robert Southey, Esq. Poet
Laureate and Member of the Royal Spanish Academie... London, 1815,
printed for Longman, Hurst, Rees, Orme and Brown, 1815._ 2 vols.
[548] Nuestro Zorrilla concentró enérgicamente algunos de los mejores
rasgos del poema de Southey en sus dos tan populares cuadros dramáticos
_El puñal del Godo_ y _La Calentura_.
[549] Al mismo género puede reducirse una obra muy rara, original
y de asunto clásico: _La fundacion y destruycion de la cibdad de
Monuedro antiguamente llamada Sagunto. Cō la vida y hystoria del
fuerte cauallero Anibal, emperador de Africa. Ay mas la fundacion de
Roma y la fundacion de Cartago llamado Tunez, y la fundacion de la
torre de Babilonia._ (Colofón): _Fue empremida la presente obra en la
metropolitana Cibdad de Valēcia por Jorje Costilla īpressor de libros
acabose a xiij Dias del mes de deziembre. Año de Mill y Quinientos y
veinte años._
Posee un ejemplar de este rarísimo libro mi amigo D. José E. Serrano
Morales en su selecta biblioteca de Valencia.
[550] Tuvo, por lo menos, tres ediciones: Sevilla, por Juan Cromberger,
1531; Burgos, por Felipe de Junta, 1557; Burgos, 1562, todas en 4.º, y
de letra de tortis. El difunto conde de Puymaigre escribió un artículo
sobre las fuentes de esta _Crónica_, pero no puedo encontrarle en este
momento, ni siquiera recordar el título de la revista ó colección en
que se publicó.
[551] _Cy fine le liure intitulé le triumphe des neuf preux, ouquel
sont contenus tous les fais et proesses quilz ont acheuez durant leurs
vies, avec lystoire de bertran de guesclin. Et a esté imprimé en la
ville dabbeuille par Pierre gerard, et finy le penultieme iour de may
lan mil quatre cēs quatre vingt et sept_ (Brunet).
Es libro raro y precioso, y no menos la primera edición castellana,
impresa en Lisboa, _por Germán Gallarde, a costa de Luis Rodriguez,
librero del rey... acabóse a XXVj de junio del año de la saluacion de
mil quinientos y treynta años_.
Fué reimpreso en Valencia, por Juan Navarro, 1552; en Alcalá de
Henares, 1585 (corregido por el maestre López de Hoyos), y en
Barcelona, por Pedro Malo, á costa de Ricardo Simón, 1586.
[552] La cita expresamente y con gran encarecimiento en el prólogo
general del _Relox de Principes_.
[553] Cicerón lo dice expresamente: «_Cyrus ille a Xenophonte non ad
historiæ fidem scriptus, sed ad effigiem justi imperii, cuius summa
gravitas ab illo philosopho cum singulari comitate conjungitur_
(_Epistolar, ad Quintum fratrem_, I, I, 8).
[554] _Libro llamado Relox de Principes en el qual va encorporado el
muy famosa libro de Marco Aurelio: auctor del un libro y del otro
que es el muy reverendo padre fray Antonio de Guevara predicador y
cronista de su magestad: y agora nueuamente electo en obispo de Guadix;
el auctor avisa al lector [=q] lea primero los [=p]logos si [=q]ere
entender los libros. Cō preuilegio imperial pā los reynos de Castilla y
otro [=p]vilegio pā la corona de aragon._
(Al fin): _Aqui se acaba el libro llamado relox de principes y marco
aurelio: libro ciertamente muy prouechoso: y por muy alto estilo
escripto: y que salva pace en la lengua castellana podemos con verdad
dezir que es unico: bien paresce el auctor aver en él consumido mucho
tiēpo pues nos le dio tan corregido: roguemos a dios todos por su vida:
pues es de nuestra nacion española: para que siempre vaya adelante con
su doctrina. Acabose en la muy noble villa de Valladolid: por maestre
Nicolas tierri im[=p]sor de libros. A ocho dias de abril de mil y
quinientos y veynte y nueve años._
Fol. gót. 6 hs. prels. sin foliar, 14 de prólogo, 309 de texto y una en
blanco.
La edición de 1532, Barcelona, por Carlos Amorós, lleva añadidos «nueve
cartas y siete capítulos, no de menor estilo y altas sentencias que
todo lo en él contenido». Los capítulos añadidos (entre los cuales
figuran las epístolas amatorias de Marco Aurelio) son los que van del
58 al 73 del libro III.
Es de presumir que contenga las mismas adiciones el _Libro Aureo de
Marco Aurelio Emperador, eloquentissimo orador_, impreso en Venecia por
Juan Bautista Pedrezano, en 1532 (según creemos, con asistencia del
corrector Francisco Delicado) «por importunacion de muy muchos señores
a quien la obra y estilo y lengua romāce castellana muy mucho aplaze:
correcto de las letras que trocadas estavan». Á lo menos, en el frontis
se dice que contiene «muchas cosas hasta aqui en ningun otro impresas».
Son muy numerosas las ediciones posteriores á éstas, pero no tienen
estimación bibliográfica.
[555] «Yo comencé a entender en esta obra el año de _mil y quinientos
y diez y ocho_, y hasta el año de veynte y quatro ninguno alcançó en
qué yo esta va ocupado: luego el siguiente año de veynte y quatro,
como el libro que tenia yo muy secreto estuviesse divulgado, estando
su Magestad (_Carlos V_) malo de la quartana, me le pidio para pasar
tiempo y aliviar su calentura. Yo serví a su Magestad estonces con
Marco Aurelio: el qual aun no le tenia acabado ni corregido, y
supliquéle humildemente que no pidia otra merced en pago de mi trabajo,
sino que a ninguno diesse lugar que en su real camara trasladasse el
libro, porque en tanto que yo yva adelante con la obra, y que no era
mi fin de publicarla de la manera que estonces estava, si otra cosa
fuesse, su Magestad sería muy deservido y yo perjudicado. Mis pecados
que lo uvieron de hacer: el libro fue hurtado y por manos de diversas
personas traydo y trasladado, y como unos a otros le hurtavan y por
manos de pajes le escrevian, como cada dia crescian en él más la
faltas, y no avia más de un original por do corregirlas. Es verdad
que me trugeron algunos a corregir: que si supieran hablar, ellos
se quexasen más de los que los escrivieron, que no yo de los que le
hurtaron. Añadiendo herror sobre herror, ya que yo andava al cabo de
mi obra y queria publicarla, _remanesce Marco Aurelio impresso en
Seuilla_, y en este caso yo pongo por juezes a los lectores entre
mí y los impresores, para que vean si cabia en ley ni justicia un
libro que estaba a la imperial majestad dedicado, era el auctor niño,
estava imperfecto, no venia corregido, que osase ninguno imprimirlo
ni publicarlo. No parando en esto el negocio _imprimieronse otra vez
en Portugal y luego en los reynos de Aragon, y si fue viciosa la
imprission primera no por cierto lo fueron menos la segunda y tercera_;
por manera que lo que se escrive para el bien comun de la republica,
cada uno lo quiere aplicar en provecho de su casa. Otra cosa acontesció
con Marco Aurelio, la qual he verguença de la dezir, pero más la habrán
de tener los que la osaron hazer, y es que algunos se hazian auctores
de la obra toda, otros en sus escripturas enxerian parte della como
suya propria: lo qual paresce _en un libro impresso do el auctor puso
la plática del villano, y en otro libro tanbien impresso puso otro la
habla que hizo Marco Aurelio a Faustina, quando le pidio la llave_.
Pues estos ladrones han venido a mi noticia, bien pienso yo que se deve
aver hurtado más hazienda de mi casa. En esto veran que Marco Aurelio
no estava corregido, pues agora se le damos muy castigado. En esto
veran que no estava acabado, pues agora sale perfecto. En esto veran
que le faltava mucho, pues agora le veran añadido...». (Fol. XIIII de
la edición de Valladolid).
[556] La patria de Guevara consta de una manera explícita en su _letra
al abad de San Pedro de Cardeña_, que es la XXXIV de la primera
serie de las _Epístolas Familiares_: «Que _como naci en Asturias de
Santillana_ y no en el potro de Cordoba, ninguna cosa pudiera enviarme
a mí más acepta que aquella carne salada» (alude á unas cecinas que le
había regalado el abad).
Los que creen salir del paso con decir que ésta es una frase
proverbial y metafórica, harían bien en presentar algún ejemplo de
ella. Entretanto séanos permitido tomarla en su sentido recto, mucho
más cuando, sin salir de la misma carta, la corroboran otras palabras
del mismo Guevara, tan terminantes como éstas: «A los que _somos
montañeses_ no nos pueden negar los castellanos que cuando España se
perdió, no se hayan salvado en solas las montañas todos los hombres
buenos, y que despues acá no hayan salido de alli todos los nobles.
Decia el buen Iñigo López de Santillana que en esta nuestra España, que
era muy peregrino o muy nuevo el linaje que en _la Montaña_ no tenia
solar conocido». Y en la epístola XV de la segunda serie á D. Alonso
Espinel, corregidor de Oviedo: «Verdad es que los viejos de mi tierra,
_la Montaña_, más cuenta tienen con la taberna que no con la botica».
Contra afirmaciones tan terminantes nada prueba el epitafio de Guevara
donde se le llama _patria alavensis_, aunque se le suponga compuesto
por él mismo. La voz _patria_ admite varias acepciones, entre ellas la
de origen. No hay duda que el linaje de Guevara procede de Álava, y
en este sentido, Fr. Antonio pudo llamarse _alavés_. Pero en el verbo
_nacer_ no cabe anfibología alguna. Nació, pues, Fr. Antonio de Guevara
en la merindad de Asturias de Santillana, nombre que antiguamente
se daba á la parte mayor de lo que hoy es provincia de Santander,
denominada también _montañas de Burgos_, ó simplemente _la Montaña_,
como todavía la llaman, por antonomasia, castellanos y andaluces. En
cuanto al lugar de su nacimiento, apenas puede dudarse que lo fue
Treceño (en el actual ayuntamiento de Valdáliga), donde persevera
la torre de los de su apellido y donde consta que pasó su infancia:
«Acuerdome que siendo muy niño, _en Treceño_, lugar de nuestro
mayorazgo de Guevara, vi a D. Ladron, mi tio, y a D. Beltrán, mi padre,
traer luto por vuestro padre». (Letra al obispo de Zamora, D. Alonso
de Acuña). Pudiéramos añadir otras pruebas genealógicas, pero serían
superfluas después de lo dicho.
[557] _M. Antonini Imperatoris Romani, et Philosophi de seipso seu vita
sua Libri XII. Graecè et Latinè nunc primum editi, Gulielmo Xylandro
Augustano interprete: qui etiam Annotationes adjacit Tigvri apvd
Andream Gesnerum_, 1559.
[558] En la epístola 60 de las familiares á D. Fadrique de Portugal,
arzobispo de Zaragoza y virrey de Cataluña, se muestra pesaroso de
haber _traducido_ (como él dice) estas cartas que, por lo demás,
aunque profanas, nada tienen de licenciosas «Para deciros, señor,
verdad, á mí me quedaron pocas cartas de Marco Aurelio, digo de las
que son morales y de buenas dotrinas; que de las otras que escribio
siendo mozo a sus enamoradas, aun tengo razonable cantidad dellas,
las cuales son más sabrosas para leer que no provechosas para imitar.
Muchas veces he sido importunado, rogado, persuadido y aun sobornado
para que publicase estas cartas, y a ley de bueno le juro que no ha
faltado caballero que me daba una muy generosa mula porque le diese
una carta de alguna enamorada, diciendome que se la habia pedido una
dama y le iba la vida en complacerla. Mil veces me he arrepentido de
haber romanceado aquellas cartas de amores, sino que el conde de Nasao,
y el principe de Orange, y D. Pedro de Guevara mi primo, me sacaron
de seso y me hicieron hacer lo que yo no queria ni debia. Siendo como
yo era en sangre limpio, en profesion teologo, en hábito religioso
y en condicion cortesano, bien excusado fuera a mí tomar oficio de
enamorado, es á saber, en pararme á escribir aquellas vanidades o
aquellas liviandades; por lo cual, yo pecador, digo mi culpa, y mi
gravisima culpa, pues ofendia a mi gravedad y aun a mi honestidad.
Muchos señores y aun señoras se paran a lisongearme y alabarme del alto
estilo en que traduje aquellas cartas, y de las razones tan delicadas
y enamoradas que puse en ellas; y mejor salud les dé Dios, que yo tome
dello gloria ni aun vanagloria; porque asi me afrento cuando me hablan
en aquella materia, como si me echasen una pulla. Si por traducir
yo aquellas cartas amatorias, y haber puesto en ellas razones tan
vivas y requebradas, algun enamorado o alguna enamorada han pecado,
_cogitatione, delectatione, conseneu, visu, verbo et opere_, otra y
otras mil veces pido a Dios perdon de lo en que le ofendi y del mal
ejemplo que de mí di».
[559] _El Villano del Danubio_ de D. Juan de la Hoz y Mota. Pone en
verso, abreviándole mucho, el discurso del rústico en el Senado.
[560] _Mélanges tirées d'une petite bibliothéque_, p. 162.
A. Chassang (_Histoire du roman dans l'antiquité grecque et latine_,
p. 464) aventura la temeraria conjetura de que el _Marco Aurelio_ de
Guevara puede ser la última refundición de alguna novela filosófica de
la antigüedad, en el género de la _Vida de Apolonio de Tyana_.
[561] Extractos bien escogidos del _Relox de Principes_ hay en el
tomo II del _Teatro de la elocuencia castellana_ de Capmany. También
D. Adolfo de Castro, en el tomo de _Filósofos_ de la biblioteca de
Rivadeneyra, donde no tenia para qué figurar Guevara, que es un
moralista práctico sin filosofía de ningún género, pone algunos de los
mejores trozos del _Marco Aurelio_, entre ellos la arenga del villano
del Danubio y el largo razonamiento del emperador á su mujer Faustina,
que le pedía la llave de su estudio.
[562] La bibliografía, aun incompleta, de sus traducciones ocuparía
sin provecho largo espacio en estas páginas. Indicaremos sólo las
principales y más antiguas en cada lengua:
--_Livre doré de Marc Aurele, empereur et eloquent orateur, traduict
du vulgaire castillan en francoys par R. B._ (René Bertaut). _París,
Galliot du Pre_, 1531.
--_L'orloge des princes_... París, 1540. (Es la traducción del señor
de la Grise, pero revisada y completada por Antonio du Moulin, con
presencia del original español).
--_L'horloge des princes... traduit en partie de castillan en francois
par feu Nicolas d'Herberay (sieur des Essars) et en partie reueu et
corrigé nouvellement entre les precedentes editions_, París, por
Guillermo le Noir, 1555. La parte traducida por Herberay des Essars
es el libro primero; los otros dos están tomados de las traducciones
anteriores.
Todas ellas se reimprimieron muchas veces, como puede verse en Brunet.
--_Vita di M. Aurelio Imperadore, con le alte et profonde sue sentenze,
noteuoli documenti, ammirabili essempli, et lodevole norma di vivere.
Novamente tradotta di Spagnuolo in lingua Toscana per Mambrino Roseo da
Fabriano_, 1543.
--_Vita, gesti, costumi, discorsi, lettere di M. Aurelio Imperatore,
sapientissimo Filosofo et Oratore eloquentissimo. Con la giunta di
moltissime cose, che ne lo Spagnuolo non erano, e de le cose spagnuole,
che mancavano in la tradottione italiana... In Vinegia, appresso
Vicenzo Vaugris_... 1544. Firma la dedicatoria Fausto da Longiano.
Hasta veintidós ediciones más en italiano se citan en el _Lexicon
Bibliographicum_ de Hoffmann (t. I, pág. 193).
--_The Golden Boke of Marcus Aurelius Emperour and eloquent oratour._
(Al fin): _Thus endeth the volume of Marke Aurelie Emperour, otherwise
called the golden boke, translated out of Frenche into Englishe by John
Bourchier Knight lorde Barners, deputie generall of the kynges town of
Caleis and marches of the same at the instaunt desire of his neuewe sir
Francis Bryan knighte, ended at Caleis y tenth daie of Marche, in the
yere of the reigne of our soueraygne lorde kyng Henry the VIII, the
XXIIII._
Fué reimpreso catorce veces por lo menos en el siglo XVI.
--Traducción alemana de Egidio Albertino, impresa en Münich, 1599 (Vid.
Schneider, pp. 89 y ss.). Fué de las más tardías, pero alcanzó siete
reimpresiones; la última en Francfort 1661.
--Traducción holandesa, impresa en 1612 (Vid. Hoffmann).
--_Horologii Principum sive de vita M. Aur. Imperatoris libri 3, de
lingua castellana in latinam linguam traducti operâ et studio Joannis
Wanckelii._ Torgae, 1606. Hay, por lo menos, otra edición.
--_Horologium principum ad normam vitæ M. Aurelii Severi concinnatum
per Johannem Wanckelium de lingua castellana in latinam linguam
translatum_ (Francfort, 1664).
--Traducción armenia por Kapriel Hamuzasbian, Venecia, 1738.
[563] _Libro Avreo de Marco Avrelio, emperador y elocuentissimo orador.
Nueuamente impresso. En la triumphante villa de Paris, por Galleot de
Prado, librero, MDXXIX._ Un ejemplar de esta rarísima edición, que á
juzgar por su título y por su fecha debe de reproducir, no el texto del
_Relox de Principes_, sino el primitivo de las ediciones fraudulentas
de Sevilla, Portugal y Aragón á que alude Guevara en su prólogo,
apareció en las ventas de Seillière y de Heredia (n. 356).
[564] Fueron, según Brunet, Pedro Sorel, Chartrain, Nicolás Clément y
Gabriel Fourmenois.
Taine, en su ingeniosa tesis _La Fontaine et ses fables_ (pp. 273-286),
hace un detenido y brillante análisis de la fábula del villano
del Danubio, que Lafontaine parece haber tomado de los _Paralelos
históricos_ de Cassandre, uno de los muchos compiladores que explotaron
el libro de Guevara.
[565] _Shakespeare and Euphuism_ (en las _Transactions of the New
Shakespeare society_, 1884).--_Der Euphuismus_ (Giessen, 1881), y en su
edición del _Euphues_ (Heillbronn, 1887).
[566] _Le Roman au tempe de Shakespeare_ (París, 1887), págs. 45 y ss.
[567] _Spanish Literature in the England of Tudors_, pp. 65-84, y por
incidencia en otras partes.
[568] Vid. _Sales Españolas_... recogidas por D. A. Paz y Meliá, págs.
229 y ss.
[569] Digo casi _únicas_, porque la historia de _Osmin y Daraja_,
que Mateo Alemán insertó como episodio en su _Guzmán de Alfarache_,
pertenece al mismo género. Ya hablaremos de ella á su tiempo.
[570] En su _Nobleza de Andalucía_, 1588, fol. 296.
[571] _Historia de la dominación de los árabes en España, sacada de
varios manuscritos y memorias arábigas, por el doctor D. José Antonio
Conde_... Tomo III (Madrid, 1821), pp. 262-265.
[572] Tomo II (edición de París, Baudry, 1852), pp 42-45.
[573] _Inventario de Antonio de Villegas, dirigido a la Magestad Real
del Rey Don Phelippe nuestro Señor... En Medina del Campo, impresso por
Francisco del Canto. Año de 1565. Con previlegio._ 4.º.
--_Inventario de Antonio de Villegas... Va agora de nuevo añadido un
breve retrato del Excelentissimo Duque de Alua... Impresso en Medina
del Cāpo por Francisco del Canto, 1577, A costa de Hieronymo de Millis,
mercader de libros._ 8.º.
Amplios extractos de este libro, y entre ellos la novela del
_Abencerraje_, reproducida con entera sujeción á la ortografía y
puntuación del original, se hallan en el libro de D. Cristóbal Pérez
Pastor _La Imprenta en Medina del Campo_ (Madrid, 1895), pp. 199-218.
El mérito de haber renovado en nuestro siglo la memoria, ya casi
perdida, de este sabroso cuento, corresponde al bibliófilo D. Benito
Maestre, que llegó á reunir una colección muy selecta y numerosa de
antiguas novelas españolas, incorporada hoy á la Biblioteca Nacional.
Maestre fué quien en 1845 hizo imprimir en uno de los periódicos
ilustrados de entonces, _El Siglo Pintoresco_ (tomo I, pp. 8-16), la
historia de Jarifa y el Abencerraje, que todavía se popularizó más
cuando fué incluida por Aribau en el tomo de _Novelistas anteriores á
Cervantes_. Desde entonces se ha reimpreso varias veces, mereciendo
especial recuerdo la linda reproducción fotolitográfica de la segunda
edición de Medina, hecha por el difunto bibliófilo D. José Sancho Rayón.
[574] Téngase en cuenta lo que más adelante diremos sobre las primeras
ediciones de la _Diana_.
[575] Encontró Gallardo este desconocido opúsculo en la biblioteca
de Medinaceli, encuadernado con una _Diana_, edición de Cuenca, por
Juan de Canova, 1561. Nos hemos valido del extracto que formó aquel
incomparable bibliógrafo, y que se conserva entre el grandísimo número
de papeles suyos recientemente descubiertos, y que, Dios mediante, se
han de publicar como quinto tomo de su _Ensayo_.
Otro libro se cita con el título de _El moro Abindarráez y la bella
Xarifa, novela. Toledo, por Miguel Ferrer_, 1562, 12.º.
[576] Los romances relativos á Abindarráez figuran en la colección
de Durán con los números 1.089 á 1.094, pero hay que añadir los de
Padilla, que sólo se encuentran en su _Romancero_, reimpreso por la
_Sociedad de Bibliófilos españoles en 1880_ (pp. 220-241), el de
Jerónimo de Covarrubias (fol. 245 de _La Enamorada Elisea_) y quizá
algún otro que no recuerdo.
[577] _Historia de los amores del valeroso moro Abinde-Arraez y de la
hermosa Xarifa Abencerases. Y la battalla que hubo con la gente de
Rodrigo de Narvaez a la sazon Alcayde de Antequera y de Alora, y con el
mismo Rodrigo. Vueltos en verso por Francisco Balbi de Correggio... En
Milan, por Pacifico Poncio_, 1593.
[578] Inserta en la parte XIII de su teatro (1620) y reimpresa en el
tomo XI de las _Obras de Lope_, edición de la Academia Española, con un
breve estudio de quien esto escribe.
[579] «Algunas cosas de aquestas no llegaron a noticia de Hernando
del Pulgar, coronista de los Catolicos Reyes, y asi no las escribio,
ni la batalla que los cuatro caballeros cristianos hizieron por la
reina, perque dello se guardó el secreto... Nuestro moro coronista
supo de la sultana debajo de secreto todo lo que pasó. Visto por el
coronista perdido el reino de Granada, se fue a Africa y a Tremecen,
llevando todos los papeles consigo; alli murio y dexó hijos y un nieto
suyo, no menos habil que él, llamado Argutarfa, el cual recogio todos
los papeles de su abuelo, y en ellos halló este pequeño libro, que no
estimó en poco, por tratar la materia de Granada, y por grande amistad
se lo presentó a un judio llamado Saba Santo, quien le sacó en hebreo
por su contento, y el original arabigo le presentó a D. Rodrigo Ponce
de Leon, conde de Bailen. Y por saber lo que contenia y por haberse
hallado su abuelo y bisabuelo en las dichas conquistas, le rogó al
judio que le tradujese al castellano, y despues el conde me hizo merced
de darmelo». (Cap. XVII).
Cervantes parodió todo este cuento al referirnos el hallazgo de los
cartapacios arábigos que compró en el Alcaná de Toledo, y que un
morisco le tradujo por dos arrobas de pasas y dos hanegas de trigo.
[580] _Relaciones de algunos sucesos de los últimos tiempos del reino
de Granada, que publica la Sociedad de Bibliófilos Españoles._ Madrid,
1868, pp. 69-143.
[581] Prolegómenos de Aben-Jaldún, en el tomo XVI, pág. 267, de las
_Notices et extraits des manuscrits de la Bibliothèque Imperiale de
France_.
[582] El libro de Pérez de Hita fué leído entre los moriscos, y uno de
ellos le tradujo al árabe ó más bien le compendió en un manuscrito que
Gayangos poseía, adquirido en Londres; en la venta de los libros de
Conde. Éste es el pretenso original de que algunos han hablado.
[583] Son muy escasos los datos que poseemos acerca de Ginés Pérez
de Hita. Fueron recogidos, no con el mejor orden, por el difunto
magistrado D. Nicolás Acero y Abad, en su libro _Ginés Pérez de Hita,
estudio biográfico y bibliográfico_ (tomo I, único publicado), Madrid,
imprenta de Hernández, 1889.
No es seguro que pertenezca á nuestro Hita la partida bautismal de un
Ginés Pérez, hallada por el Sr. Acero en la parroquia de San Miguel de
la villa de Mula, pero todo induce á creer, que nació en aquella villa,
que tan expresivamente elogia en la segunda parte de las _Guerras
Civiles_ (cap. IV):
Francisco de Melgarejo
De Mula salió alistado,
Fuerte villa del Marqués
Y la mejor del reinado.
En la portada de sus libros se titula «vecino de la ciudad de Murcia»,
y de aquella capital le supone hijo el P. Morote, en su _Antigüedad y
blasones de la ciudad de Lorca_ (pp. 340 y 358). Según las noticias
genealógicas sacadas por el Sr. Acero del Archivo municipal de Mula, la
familia de los Hitas se encuentra sin interrupción en aquella villa y
procede de uno de los primeros pobladores de ella.
Además de las _Guerras Civiles de Granada_ se conocen dos obras de
Ginés Pérez de Hita, compuestas, por desgracia, no en su apacible
prosa, sino en pésimos metros. La una es cierto poema ó más bien
crónica rimada que en 1572 escribió en octavas reales y en diez y
seis cantos con el título de _Libro de la población y hazañas de la
muy noble y muy leal ciudad de Lorca_, y que, sin gran menoscabo
de las letras patrias, ha permanecido inédita hasta nuestros días,
estragándose más y más en las repetidas copias, después de haber
servido de fondo principal á la narración en prosa del P. Morote. Le ha
publicado íntegro el Sr. Acero en su libro ya citado (pp. 341-368). La
otra, que ya hemos tenido ocasión de mencionar, es una versión de la
_Crónica Troyana_ en verso suelto, con algunos trozos rimados. En la
Biblioteca Nacional se conserva el manuscrito, al parecer autógrafo,
rubricado en todas las planas para la impresión y encabezado así: _Los
diez y siete libros de Daris del Belo troyano, agora nuevamente sacado
de las antiguas y verdaderas ystorias, en verso, por guines perez de
hita, vecino de la ciudad de Murcia_. Año 1596.
Había militado á las órdenes de D. Luis Fajardo, marqués de los Vélez,
en la guerra contra los moriscos (1569-1571), y la relación de estas
campañas forma el principal asunto de la segunda parte de las _Guerras
Civiles de Granada_, donde quedan muchas pruebas de la nobleza de su
corazón, de su humanidad con los vencidos y del horror y lástima que
le causaban los desmanes de sus compañeros de armas. Al fin condena
en términos expresos el destierro de los moriscos: «Finalmente, los
moriscos fueron sacados de sus tierras, y fuera mejor que no se les
sacara por lo mucho que han perdido dello su Majestad y todos sus
reinos». Se precia de haber salvado, en el horrible estrago que en el
pueblo de Felix hizo el endiablado escuadrón de Lorca, á veinte mujeres
y un niño de pecho (Parte II, cap. VIII).
[584] «Estas y otras lastimosas cosas decia la afligida Sultana con
intento de romper sus transparentes venas para desangrarse; y resuelta
en darse este genero de muerte, llamó a Celima y _a una doncella
cristiana llamada Esperanza de Hita_, que la servía, _la cual era
natural de la villa de Mula_, y llevandola su padre y cuatro hermanos a
Lorca a desposarla, fueron salteados de moros de Tirieza y Xiquena, y
defendiendose los cristianos mataron más de diez y seis moros; y siendo
mortalmente heridos los cristianos, cayeron muertos los caballeros».
(Parte I, cap. XIV).
[585] Eguilaz (D. Leopoldo), _Glosario etimológico de las palabras
españolas de origen oriental_ (Granada, 1886), p. 10.
[586] _Relaciones de los últimos tiempos del reino de Granada_, p. 9.
[587] Pág. 5 de las _Relaciones_.
[588] Como tradiciones análogas á la del degüello de los Abencerrajes
recuerda Schack (_Poesía y arte de los árabes en España_, traducción
de D. Juan Valera, tomo II, 1868, pp. 236-238), la leyenda oriental
del exterminio de la tribu de Teccin por un rey de Persia, y la famosa
_noche toledana_ del tiempo de Alhaken II (siglo IX). Pudo haber
imitación en los pormenores del relato, pero la leyenda granadina no es
una mera trasplantación, puesto que tiene un fondo histórico.
[589] «Hubo en Granada un linaje de caballeros, que llamaban los
Abencerrajes, que eran la flor de todo aquel reino, porque en gentileza
de sus personas, buena gracia, disposicion y gran esfuerzo hacían
ventaja a todos los demas; eran muy estimados del rey y de todos los
caballeros, y muy amados y quistos de la gente comun. En todas las
escaramuzas que entraban salian vencedores, y en todos los regocijos
de caballería se señalaban. Ellos inventaban las galas y los trajes,
de manera que se podia bien decir que en ejercicio de paz y guerra
eran ley de todo el reino. Dicese que nunca hubo Abencerraje escaso
ni cobarde, ni de mala disposicion; no se tenia por Abencerraje el
que no tenia dama, ni se tenia por dama la que no tenia Abencerraje
por servidor. Quiso la fortuna, enemiga de su bien, que desta
escelencia cayesen de la que oiras. El rey de Granada hizo a dos destos
caballeros, los que más valian, un notable e injusto agravio, movido
de falsa informacion que contra ellos tuvo, y quisose decir, aunque yo
no lo creo, que estos dos, y a su instancia otros diez, se conjuraron
de matar al rey y dividir el reino entre sí, vengando su injuria.
Esta conjuracion, siendo verdadera o falsa, fue descubierta, y por no
escandalizar el rey al reino, que tanto los amaba, los hizo a todos en
una noche degollar; porque a dilatar la injusticia, no fuera poderoso
de hacella. Ofrecieronse al rey grandes rescates por sus vidas, mas
él aun escuchallo no quiso. Cuando la gente se vio sin esperanza de
sus vidas, comenzó de nuevo a llorarlos: lloranbanlos los padres que
los engendraron y las madres que los parieron; llorabanlos las damas
a quien servian y los caballeros con quien se acompañaban, y toda la
gente comun alzaba un tan grande y continuo alarido, como si la ciudad
se entrara de enemigos... Sus casas fueron derribadas, sus heredades
enajenadas y su nombre dado en el reino por traidor».
[590] _Historia del rebelión y castigo de los moriscos del reino de
Granada_ (Málaga, por Juan René, 1600), lib. I, cap. XII.
[591] En esto de la hermosura no parece que anduvo muy bien informado
Mármol, porque Hernando de Baeza que la conoció, aunque ya vieja, dice
que le pareció que «no habia sido mujer de buen gesto».
[592] _The history of the Mohammedan dynasties in Spain... by Ahmed ibn
Mohamed Al-Makkari... translated by Pascual de Gayangos_... London,
1843, t. II, pp. 370 y 371.
[593] Siguiendo fielmente la prosa de Hita se compusieron luego dos
romances vulgares de _La gran Sultana_, que todavía venden los ciegos
(ns. 1.208 y 1.209 del _Romancero_ de Durán).
[594] _Histoire des Mores Mudejares et des Morisques ou des Arabes
d'Espagne sous la domination des chrétiens, por M. le Comte Albert de
Circourt._ París, 1846, t. III, p. 325.
[595] También el romance endecasílabo de su hijo D. Leandro sobre _La
toma de Granada_, presentado á un concurso de la Academia Española en
1779, debe toda su erudición morisca á las _Guerras Civiles_, que el
clásico Inarco leía con fruición cuando niño. «Libro deliciosisimo para
mí», dice en unos apuntes autobiográficos.
[596] Y de Mad. de Villedieu en sus _Aventures et galanteries
grenadines, divisées en cinq parties_ (Lyon, 1711), que es en parte
traducción y en parte imitación del libro de Pérez de Hita. Otras
varias novelas del género granadino, compuestas por autores más ó menos
conocidos de los siglos XVII y XVIII, pueden verse extractadas en la
_Bibliothèque universelle des romans_, que es el panteón de toda la
novelística olvidada.
[597] No cabe duda que manejó las _Guerras Civiles_, puesto que de
ellas imitó con bastante gracia el romance de _Abenámar, Abenámar-moro
de la morería_.
[598] _A Chronicle of the Conquest of Granada. From the ms. of Fray
Antonio Agapida. By Washington Irving._ Paris, Didot, 1829. 2 vols.
Irving remedó á Pérez de Hita hasta en atribuir su crónica á un
historiador fabuloso, como lo es el llamado Fr. Antonio Agapida.
De Walter-Scott se refiere que leyó en sus últimos años las _Guerras
Civiles_, y que lamentaba no haberlas conocido antes para haber puesto
en España la escena de alguna de sus novelas. El gran maestro de la
novela histórica no podía menos de estimar á uno de sus predecesores
más ilustres. Vid. Ferd. Denis, _Chroniques chevaleresques_ (París,
1839), t. I, p. 323.
[599] En la advertencia que precede á _Moraima_, dice Martínez de
la Rosa: «Compuse esta tragedia seis años después de _La viuda de
Padilla_, y como menos mozo y más avisado, procuré escoger un argumento
que ofreciese menos inconvenientes y que se brindase de mejor grado á
una composición dramática. La casualidad también me favoreció en la
elección: acababa de caer en mis manos, no sé cómo, un libro muy vulgar
en España, pero que yo no había leído hasta entonces, la _Historia de
las Guerras Civiles de Granada_, y bien fuera por lo extraño y curioso
de la obra, bien por el interés que debía excitar en mí, ausente á la
sazón de mi patria y con pocas esperanzas de volverla á ver, lo cierto
es que la lectura de tal libro me cautivó mucho, y que tuve por buena
dicha poder sacar de él un argumento, alusivo cabalmente á mi país
natal y á propósito para presentarse en el teatro».
[600] _Bulletin Hispanique_, enero á mayo de 1903.
[601] Fué también menos imitada que la primera; pero además del
espléndido drama de _El Tuzani_ que inspiró á Calderón, todavía se
encuentra su rastro en _Aben-Humeya_, excelente drama histórico de
Martínez de la Rosa; en _La Alpujarra_, de Alarcón, y aun en _Los
Monfies de la Alpujarra_, tremebunda novela de D. Manuel Fernández y
González.
[602] Hay que exceptuar dos ó tres únicamente: el que comienza
Las tremolantes banderas
Del grande Fajardo parten
Para las nevadas sierras
Y van camino de Ohánez,
¡Ay de Ohánez!... (cap. X),
que tiene mucho ímpetu bélico y produce cierto efecto de tañido fúnebre
con la repetición de las palabras finales, y el de la toma de Galera
(cap. XXII), que no es de Pérez de Hita, sino de un amigo suyo, y
conserva algunos felices rasgos del bellísimo romance popular de _El
Conde Arnaldos_. Pero la joya poética de esta segunda parte son las
proféticas y sombrías endechas que canta una mora delante de Aben
Humeya, «haciendo un sonido sordo y melancólico con un plato de estaño»
y cayendo muerta al terminar su lúgubre canción:
La sangre vertida
De mi triste padre
Causó que mi madre
Perdiese la vida.
Perdí mis hermanos
En batalla dura,
Porque la ventura
Fue de los cristianos.
Sola quedé, sola,
En la tierra ajena;
¡Ved si con tal pena
Me lleva la ola!
La ola del mal
Es la que me lleva
Y hace la prueba
De dolor mortal.
Dejadme llorar
La gran desventura
Desta guerra dura
Que os dará pesar.
De las blancas sierras
Y ríos y fuentes,
No verán sus gentes
Bien de aquestas guerras;
Menos en Granada
Se verá la zambra
En la ilustre Alhambra
Tanto deseada;
Ni á los Alijares
Hechos á lo moro,
Ni á su río de oro,
Menos á Comares.
Ni tú, don Fernando,
Verás tus banderas
Tremolar ligeras
Con glorioso bando;
Antes destrozadas,
Presas y abatidas
Y muy doloridas,
Tus gentes llevadas
A tierras ajenas;
Metidas en hierros
Por sus grandes yerros
Pasarán mil penas.
No verán los hijos
Dónde están sus padres,
Y andarán las madres
Llenas de letijos,
Con eternos llantos
Muy descarriados
En sierras, collados,
Hallarán quebranto.
Y tú, don Fernando,
No verás los males
De los naturales
Que te están mirando;
Porque tus amigos
Quiere el triste hado
Te habrán acabado
Siéndote enemigos.
Otro rey habrá
También desdichado,
Que amenaza el hado
Como se sabrá.
Y tú, Habaquí,
Por cierto concierto
También serás muerto
¡Mezquino de ti!
El cristiano bando
Viene poderoso;
Volverá glorioso
Despojos llevando;
Y yo estoy llorando
Mi gran desventura,
Y la sepultura
Ya me está aguardando (Cap. XIV).
[603] Sin proponernos apurar aquí la extensa bibliografía de la obra de
Ginés Pérez, apuntaremos sólo las ediciones más notables:
_Historia de los vandos de los Zegries y Abencerrages, Caualleros
moros de Granada, de las Civiles guerras que huuo en ella, y batallas
particulares que huuo en la Vega entre Moros y Christianos, hasta que
el Rey D. Fernando Quinto la gano. Agora nvevamente sacado de un libro
Arauigo, cuyo autor de vista fue un Moro llamado Aben-Amin, natural de
Granada. Tratando desde su fundacion. Traduzido en Castellano por Gines
Perez de Hita, vezino de la ciudad de Murcia. En Çaragoça. Impreso en
casa de Miguel Ximeno Sanchez. M.D.LXXXXV. A costa de Angelo Tabano._
8.º 8 hs. pres. y 307 de texto.
Esta rarísima edición se halla en la Biblioteca Nacional de París, y
por ella publicó varios capítulos el Sr. Acero en su curioso centón
sobre Pérez de Hita, ya mencionado. Hasta ahora no se conoce otra más
antigua, y el editor Angelo Tavano dice rotundamente que era libro
_nunca hasta ahora impresso_. Cítase vagamente una de Alcalá, 1588,
pero Brunet duda de su existencia.
Esta primera parte fué reimpresa en Valencia, 1597; Alcalá de
Henares, 1598; Lisboa, 1598; Alcalá, 1601; Lisboa, 1603; Barcelona,
1604; Alcalá, 1604; Valencia, 1604; Málaga, 1606; París, 1606 (con
dedicatoria de un tal Fortan á la Marquesa de Vernoil; el mismo Fortan
aclara al margen varias palabras para inteligencia de los franceses);
Barcelona, 1610; Sevilla, 1613; Valencia, 1613; Lisboa, 1616;
Barcelona, 1619; Alcalá, 1619; Cuenca, 1619, Valencia, 1613; Sevilla,
1625; Madrid, 1631. Suprimo todas las ediciones posteriores á esta
fecha. Hay, por lo menos, doce en todo lo restante del siglo XVII, y
aunque vulgares y de surtido, todas son raras, lo cual prueba el gran
consumo que se hacia del libro como lectura popular. En el extranjero
también servía para texto de lengua; la edición de Fortan fué reimpresa
varias veces, una de ellas en 1660.
Seis ediciones, por lo menos, de la primera parte suelta salieron en el
siglo XVIII.
La segunda parte, como al fin de ella se declara, fué «sacada en limpio
y acabada» por su autor «en 25 de noviembre de 1597», é impresa en
Alcalá de Henares, por Juan Gracián, en 1604; pero de esta primera
edición no se conserva (que yo sepa) ejemplar alguno, y su existencia
consta sólo por los preliminares de las siguientes. Las dos más
antiguas que se conocen son la de Barcelona, 1619, por Esteban Liberós,
y la de Cuenca, 1619, por Domingo de la Iglesia, una y otra con este
título: _Segunda parte de las guerras civiles de Granada y de los
crueles bandos entre los convertidos moros y vecinos cristianos con el
levantamiento de todo el reino y ultima rebelion sucedida en el año de
mil quinientos sesenta y ocho. Y assimismo se pone su total ruina y
destierro de los moros por toda Castilla; con el fin de las granadinas
guerras por el rey nuestro señor don Felipe II de este nombre, por
Gines Perez, vecino de la ciudad de Murcia, dirigida al Excmo. Sr.
Duque del Infantado, Mayordomo mayor del Rey Nuestro Señor Don Felipe
III deste nombre._
Fué reimpresa en Barcelona, 1631; Madrid, 1696, por Juan García
Infanzón, y tres veces más en el siglo XVIII, siendo la edición más
conocida la que hizo en 1731 el famoso librero Padilla.
Las ediciones de ambas partes juntas, hechas, en Madrid, por D.
León Amarita, 1833; en París, por Baudry, 1847, y en el tomo III de
Rivadeneyra, están adulteradas del modo que se indica en el texto. Creo
que no lo estará todavía la de Gotha, por Steudel y Keil, 1805-1811,
que ocupa los tres primeros tomos de la _Bibliotheca Española_ de
aquellos editores.
De la primera parte existen traducciones y arreglos en varios idiomas.
En francés hay dos por lo menos: una de autor anónimo, con el título
de _Histoire des guerres civiles de Grénade_ (París, 1608), y otra de
A. M. Sané, con el de _Histoire chevaleresque des Maures de Grénade_
(1809). Esto sin contar con las imitaciones, de las cuales ya hemos
mencionado algunas, y todavía pueden añadirse la _Histoire des guerres
civiles de Grénade_ de Mademoiselle de la Roche Guilhen (París, 1683),
y la _Histoire de la conquête de Grénade_, de Mad. Gómez.
En lengua alemana fué traducida por Carlos Augusto Spalding
(_Geschichte der Bürgerlichen Kriege in Granada_), Berlín, 1821. En
inglés, por Tomás Rodd (_Las Guerras Civiles, and the history of the
factions of the Zegries and Abencerrages, to the final conquest by
Ferdinand and Isabella..._ Londres, 1801).
[604] _Primera parte de los Comentarios reales que tratan del origen
de los Incas, reyes que fueron del Perú; de su idolatria, leyes y
gobierno en paz y en guerra, de sus vidas y conquistas, y de todo lo
que fue aquel imperio y su República antes que los españoles pasaran a
él. Escritos por el Inca Garcilaso de la Vega, natural del Cuzco..._
Lisboa, Pedro Crasbeck, 1609.--Reimpreso en Madrid, 1723.
[605] «El hijo tercero de Alonso Hinestrosa de Vargas y de D.ª Blanca
de Sotomayor fue Garcilaso de la Vega, mi señor y padre. El qual empleó
treynta años de su vida hasta que se le acabó en ayudar a conquistar y
poblar el Nuevo Mundo, principalmente los grandes reynos y provincias
del Peru, donde con la palabra y el exemplo enseñó y doctrinó a
aquellos gentiles nuestra santa Fee catholica, y aumentó y magnificó
la corona de España, tan larga, rica y poderosamente que por sólo
aquel imperio que entre otros posee, le teme hoy todo lo restante del
mundo. Huvome en una india llamada doña Isabel Chimpu Oello: son dos
nombres, el cristiano y el gentil, porque las indias e indios en comun,
principalmente los de la sangre real, han hecho costumbre de tomar por
sobrenombre, después del bautismo, el nombre propio o apelativo que
antes de él tenian. Y estales muy bien por la representacion y memoria
de los nombres y sobrenombres reales que en sus magestades antiguas
solían tener. Doña Isabel Chimpu Oello fue hija de Hualipa Tupac Inca,
hijo legitimo de Inca Yupanqui y de la Coya Mama Oello, su legitima
muger, y hermano de Huayna Capac Inca, ultimo rey que fue en aquel
imperio llamado Peru».
Así Garcilaso, en su _Genealogía de Garci Perez de Vargas_, escrita en
Granada á 5 de mayo de 1596 (apud Gayangos, notas á Ticknor, III, p,
555).
[606] Vid. _Historia critica de los falsos cronicones_, por D. José
Godoy Alcántara. Madrid, 1868.
[607] _Centvria o Historia de los famosos hechos del Gran Conde de
Barcelona don Bernardo Barcino, y de don Zinofre su hijo, y otros
Caualleros de la Prouincia de Cathaluña. Sacada a luz por el Reverendo
Padre Fray Esteuan Barellas, predicador de la Ordē del Seraphico Padre
san Francisco de la misma Prouincia. Dirigida al illustre Senado de los
Señores Diputados de Cathaluña... En Barcelona en casa Sebastian de
Cormellas, Año M.DC._ (1600). Fol.
Torres Amat, en sus _Memorias para un diccionario de escritores
catalanes_ (p. 94), dice, pero no es muy verosímil, que la palabra
catalana _barrellada_, en significación de fábulas ó disparates, está
tomada del apellido de este falso historiador Barellas. Esa voz debe de
ser mucho más antigua, y tiene etimología bien obvia. Ni Barellas (ó
Barrellas, como T. Amat escribe) fué nunca escritor de tal notoriedad
que de su apellido pudieran formarse derivados.
[608] Vid. Milá y Fontanals, _Obras completas_, tomo VI (Barcelona,
1895), pp. 84-86.
[609] _Historia de las Grandezas de la Ciudad de Auila. Por el Padre
Fray Luis Ariz. Monge Benito, Dirigida a la Ciudad de Auila, y sus
dos Quadrillas. En la Primera Parte trata quál de los quarenta y tres
Hercules fue el mayor, y cómo siendo Rey de España tuuo amores con
una Africana, en quien tuuo un hijo, que fundó a Avila. Tratase qué
naciones la poseyeron, hasta que la conuirtio el glorioso san Segundo,
compañero de los seys obispos que embiaron san Pedro y san Pablo dende
Roma, y adónde estan los seys. Prosigue el Autor los demas obispos que
ha tenido Auila, y los cuerpos santos que tiene, y cómo fue hallado
san Segundo, y su traslacion, con las fundaciones de sus Iglesias. Con
preuilegio, En Alcala de Henares, Por Luys Martinez Grande. Año de
1607._ Además del frontis, tiene una portada grabada, que representa,
á estilo de libros de caballerías, los principales episodios de la
historia de Ávila.
_Segunda Parte de las Grandezas de Auila. Prosigue el Autor las vezes
que fue perdida y ganada, hasta el año 992. Su poblacion por el Conde
don Ramon. Quiénes y de dónde fueron los pobladores. Qué calidades
han de tener los candileros, y la estimación de la honrra, y cómo
pende dellos el bien de la República. Cómo fue defendido en Auila el
Emperador don Alonso Ramon contra su Padrastro el Rey de Aragon. La
respuesta que Auila le imbió, y cómo vino contra ella, y mató los
infantes que le dieron en rehenes. Cómo fue nombrado Blasco Ximeno para
reptarle, y la muerte aleuosa que le dieron, y la sentencia sobre si
pudo ser reptado el Rey. Cómo fueron los Adalides de Auila a defender
a Toledo, en la muerte del Rey don Alonso 6.º contra los Moros que
auian alçado por Rey a Iezmin, y Aya de Talauera, con quien auia de ser
casada Aja Galiana, mujer de Naluillos Blazquez, Prima hermana de Santa
Casilda y del infante Petran. Por cuya conuersion y Bautismo entró por
Castilla el Infante contra el Rey don Fernando I. Y cómo el Infante
fue Bautizado, por mano de la Reyna de los Angeles, y fue fundador del
Real Monasterio de nuestra Señora de Sopetran. Cómo Ximena Blazquez,
Tia de Naluillos Blazquez, en ausencia de su marido el Alcayde, Hernan
Lopez Trillo, y de los Adalides y gente de guerra de Auila, defendio la
Ciudad con sus hijas y nueras, vistiendose de hombres, contra el poder
del Rey Abdalla Alhaçen. Continuase la historia en el lenguaje Antiguo
que la escriuio y conto el obispo don Pelayo de Obiedo, a los que yban
a poblar a Auila, en Arebalo. El año mil y ochenta y siete._
Copio íntegras estas pesadísimas portadas, porque bastan para dar
idea de la insensatez de la obra. Las partes tercera y cuarta son
más propiamente históricas, y, como otros muchos libros de su clase,
contienen noticias curiosas y útiles.
Las cuatro partes están reunidas en un volumen en folio, pero cada una
de ellas tiene paginación diversa.
[610] Todavía el Sr. D. Juan Martín Carramolino, en su _Historia de
Ávila_ en tres volúmenes, impresa en 1873, prohija muchas de las
fábulas del P. Ariz, por lo cual su obra ha de ser _caute legenda_.
[611] El ejemplar, acaso único, que del _Epílogo_ se conoce perteneció
en Londres al canónigo Riego, de cuyos herederos le adquirió D. Pascual
de Gayangos. El colofón dice así: «La presente obra fue impresa en
Salamanca por el muy honrrado varon Lorenço de Lion de Dei, mercader e
impresor de libros. Acabose a veynte y dos dias del mes de abril, año
de mill e quinientos e dezinueve años, a pedimento de Juan Gallego,
vecino de Avila, para el señor Gonçalo de Ayora, capitan e coronista de
sus Altezas...».
Hay una reimpresión de Madrid, 1851, con un breve prólogo de Gayangos.
[612] Sobre las sucesivas falsificaciones de la historia de Ávila
discurrió D. Vicente de la Fuente en su opúsculo _Las Hervencias de
Avila_ (1867), reimpreso en parte en el tomo I (pp. 236-279) de sus
_Estudios críticos sobre la Historia y el Derecho de Aragón_.
[613] _Los nueve libros de las Hauidas de Hieronymo Arbolanche, Poeta
Tudelano. Dirigidos a la Illustre Señora Doña Adriana de Egues y de
Biamonte. En Çaragoça, en casa de Iuan Millan. Vēdense en casa de
Miguel de Suelues Infançon._ 8.º.
Es libro de la mayor rareza, del cual sólo he manejado dos ejemplares.
Gayangos, en las notas al Ticknor castellano (III, 536-539), y Gallardo
y Salvá, en sus respectivas bibliografías, presentan algunas muestras
bien escogidas de la versificación de Arbolanche.
[614] Citado la primera vez por Fr. Antonio Brandāo en su _Monarchia
Lusitana_, 3.ª parte, 1652, libro X, cap. XLV: «Hum romance tenho
que trata da batalla do Salado, composto por Alfonso Giraldes, autor
daquelle tempo, em o principio do qual, entre outras guerras antigas
que se apontāo, se faz mençāo desta que o Abbade Joāo teve com os
mouros e com seu capitāo Almanzor, etc.». (Jorge Cardoso, _Agiologio
Lusitano_, 1652, t. I, pág. 328).
[615] Poseo un manuscrito de este Compendio, en tres volúmenes,
letra del siglo XVI. La leyenda del abad Juan se encuentra en el
segundo, págs. 400-408. El Sr. Menéndez Pidal cita, además de éste,
tres manuscritos de la Biblioteca Nacional y uno de la Escurialense,
advirtiendo que el P--1 de la Biblioteca Nacional, letra de la segunda
mitad del siglo XV, corresponde á una primera redacción de Almela.
[616] Gayangos, en su _Catálogo de Libros de Caballerías_, cita
un fragmento que poseía D. Mariano Aguiló, con el siguiente
encabezamiento: «Comiença el libro de Juan Abad, señor de Montemayor:
en el qual se escrive todo lo que le acontecio con don Garcia su
criado». Estaba impreso al parecer en el primer tercio del siglo XVI.
--_Historia de el abbad dō Juan._ Al fin: «_Fue impresso el presente
Libro en casa de Francisco Fernandez de Cordova, impresor. Año de mil y
quinientos y sesenta y dos_». Es edición sin duda de Valladolid, donde
Francisco Fernández de Córdoba tuvo famosa imprenta. El único ejemplar
conocido de este cuaderno fue comunicado por su dueño, D. Aníbal
Fernández Thomas, á la señora doña Carolina Michaëlis de Vasconcellos,
que hizo sacar copia de él para el Sr. Menéndez Pidal.
Cítase otra edición de Sevilla, 1584. Una de las últimas fué sin duda
la que se describe en el _Ensayo_ de Gallardo (núm. 807):
«_Comiença la historia del Abad Juan, señor de Montemayor, compuesta
por Juan de Flores_». Colofón: «_Impresso en Cordoba en las callejas
del alhondiga por Diego de Valverde y Leiva, Acisclo Cortés de Ribera,
año 1693_». (4.º, sin foliar).
El encabezamiento debe de estar tomado de alguna edición antigua. Juan
de Flores es, como sabemos, autor ó refundidor de varias novelas cortas
publicadas á principios del siglo XVI (alguna acaso á fines del XV),
tales como _Grisel y Mirabella_, _Grimalte y Gradissa_, etc.
[617] _Gessellschaft für romanische literatur, Band 2. La leyenda
del Abad D. Juan de Montemayor, publicada por Ramón Menéndez Pidal.
Dresden, 1893._
[618] El pueblo de la Mancha llamado _La Torre de Juan Abad_, tan
conocido por el señorío que en él tuvo Quevedo, ¿deberá su nombre á
esta leyenda? Según las relaciones topográficas del tiempo de Felipe
II, utilizadas por D. Aureliano Fernández-Guerra (_Obras de Quevedo_,
ed. Rivadeneyra, tomo II, pág. 657). todavía en el siglo XVI persistían
allí «los vestigios de una torre con sus dos cavas y foso, cuyo
fundador, dueño ó alcaide, el buen _Johan Abbad_, defendiéndola contra
muchedumbre de enemigos, hubo de dar nombre á la villa».
[619] Publicado é ilustrado por D. Marcos Jiménez de la Espada (Madrid,
1877).
[620] Esta versión ha sido modernamente impresa conforme á la copia
que sacó el benemérito erudito H. Knust del Códice de la Biblioteca
Nacional.
_El Libro de Marco Polo. Aus dem Vermächtnis des Dr. Hermann Knust nach
der Madrider Handschrift herausgegeben von Dr. Stuebe._ Leipzig, 1902.
[621] _Libro del famoso Marco Polo, Veneciano, de las cosas
maravillosas que vido en las partes orientales; conviene saber en las
Indias, Armenia, Arabia, Persia y Tartaria; e del poderio del Gran Can
y otros Reyes. Con otro Tratado de Micer Pogio Florentino e trata de
las mismas islas y tierras._ Logroño, por Miguel de Eguía, 1529.
Hay otra edición de Salamanca con el título de _Cosmografia
introductoria en el libro de Marco Paulo Veneto, de las cosas
maravillosas de las partes orientales y tratado de Micer Pogio,
Florentino_ (Sevilla, por Juan Varela, de Salamanca, 1518).
[622] Barcia, en sus adiciones á León Pinelo, cita dos ediciones de
1515 y 1540, entrambas de Valencia. Pero no he visto más que la de
1521, que es la misma que tuvo Salvá:
_Libro d' las marauillas del mūdo y d'l viaje de la Tierra Sancta de
jerl'm y de todas las prouincias y cibdades de las Indias y d' todos
los ōbres mostruos [=q] ay por el mūdo Cō muchas otras admirables
cosas._
Colofón... _Fue ympremida la presente obra en la metropolitana Ciudad
de Ualencia. Por arte e yndustria de Jorje Costilla. Acabose en el Año
de las discordias de Mill y Quinientos y XXj. A quinze de Julio_.
Fol. let. gótica á dos columnas.
[623] Estas comparaciones fueron ya hechas por E. Montégut en un ameno
é ingenioso estudio sobre el Viaje de Mandeville (Vid. _Heures de
lecture d'un critique_, París, 1891), pp. 233-337.
[624] En las _Settanta Novelle Porretane_, del boloñés Sabadino degli
Arienti, se halla una que tiene por héroe á un «hijo del rey de
Portugal», que seguramente es el infante D. Pedro por la alusión que se
hace á sus viajes:
«_El filiol del Re di Portogallo fingendo andare per voto in Ierosolima
ne va in Anglia; et mena via la figliola del Re sua amante: ambe doi
in diuersi lochi rapiti sono in Servitu posti: in la quale dimorati vn
tempo in Portogallo inopinatamēte se trouano: done cō grāde festa et
leticia se mariteno_»...
Fol. XIX de la edición de Venecia, 1510.
[625] _Europa Portuguesa_, 2.ª edición, Lisboa, 1679, t. II, p. 325.
[626] La edición castellana de 1547 (Salamanca, por Juan de Junta, «a
veinte e cinco dias de enero») existe en la Biblioteca Nacional de
París. En la de Madrid, otra edición gótica, de Burgos, por Felipe de
Junta, 1563, procedente de la librería de D. Pascual Gayangos.
De las dos relaciones de cordel que actualmente se expenden en
castellano y portugués ha hecho una curiosa reproducción comparativa D.
Cesáreo Fernández Duro (_Viajes del infante D. Pedro de Portugal en el
siglo XV_... Madrid, 1903).
[627] Lisboa, Imprenta Nacional, 1891; pp. 83-135 y 369-378.
Siento no conocer el trabajo del Sr. Sousa Viterbo _O infante D. Pedro
o das sete partidas_, Lisboa, 1902.
[628] Véase el precioso estudio ya citado: _Una obra inedita do
Condestavel D. Pedro de Portugal_ (en el _Homenaje á Menéndez y
Pelayo_, t. I, pp. 637-732).
[629] La versión del aragonés Martín Martínez de Ampiés fué bellamente
estampada en Zaragoza por el alemán Paulo Hurus, en 1498, con muchas
curiosas estampas en madera, que representan ya animales exóticos, ya
trajes de diversas naciones peregrinas (griegos, surianos ó sirios,
abisinios, etc.) y muestras de los alfabetos árabe, caldeo, armenio,
etc., todo lo cual acrecienta el valor bibliográfico de este rarísimo
libro. El traductor pone de su cosecha al principio un breve _Tratado
de Roma_, ó sea compendiosa descripción é historia de esta ciudad,
y suele añadir algunas notas muy curiosas, especialmente la que se
refiere á los gitanos, que él llama _bohemianos_ ó _egipcianos_.
De los viajes españoles á Jerusalén del marqués de Tarifa y de Juan del
Encina es inútil decir nada, por ser tan conocidos.