Carmen apoyó las manos sobre las páginas abiertas del diario de Laura,
para impedir que Adriana leyera ante todo, como pretendía, algo de las
páginas últimas.
--Por favor, Carmen, sólo tres líneas, para sacarme la curiosidad de lo
que ha pensado ahora, sobre la vuelta de José Luis...
De pronto se arrepintió de haber venido ese día.
--Tengo miedo, murmuró, ella podría aparecer, sorprendernos... Oye, creo
que ha entrado alguien; están hablando.
Se levantaron, pero Carmen oprimiendo contra su pecho el diario abierto.
Alcanzaron a escuchar la voz de Laura y Julio que conversaban muy cerca,
en el vestíbulo.
--Ya irán a la pieza de abuelita.
--Quién sabe... dejemos esto. Es una mala acción.
Aguardaron algunos minutos hasta que les oyeron subir llamados por
Zoraida.
--Dejemos esto, suplicó Adriana casi trémula.
--Entonces he de leerlo sola. Debe ser todo una novela.
--Lee, Carmen.
Empezaron:
* * *
"Septiembre 22 de 19...
"Hace varios días conocí a José Luis Aguirre. Presiento, no sé por qué,
una pasión. Dios quiera que sea la única de mi vida y no se cumpla ese
mal augurio de Zoraida. Dice ella que para nosotras sólo puede haber
amores desdichados. Lo repite tanto que ha llegado a darme un poco de
susto. Además, allí está el recuerdo de mamita. No importa; si José Luis
llega a quererme, yo le corresponderé. ¡Qué suave y qué raro es el
comienzo del primer amor! Siento que pronto me dominará la delicia de
adorarlo..."
--Por favor, Camucha--interrumpió Adriana--no leamos más, yo sé por qué
te lo digo. Dejemos esto.
--No, estás loca. ¡Y te has puesto pálida! No tengas miedo, tonta.
Después subimos. La miramos con cara de muy inocentes y nunca llegará a
sospechar nada. Oye; yo la miraré así, bien en los ojos; ¿se me conoce
algo?
Y siguió leyendo:
"...me dominará la delicia de adorarlo. Tía lo ha invitado a pasar una
temporada en la estancia, para el verano. El año pasado estuve allí. Me
distraje leyendo _Ivanhoe_ y _Romeo y Julieta_ y pensando en lo que
podía guardar para mí el porvenir. ¡Qué idea absurda la de Zoraida! La
vida es amor, nada más que amor".
"Ayer he cumplido quince años".
* * *
Carmen levantó los ojos pensativa: Yo pronto cumpliré veintiuno y el
gran amor no viene...
--Lee, por favor.
En las páginas que seguían, Laura contaba larga y minuciosamente su amor
con José Luis. Lo más conmovedor eran las interpretaciones que ella
hacía respecto de cualquier frase que le escuchaba; siempre Laura les
prestaba una significación que no tenían, por embellecerlas y dejar que
recayera sobre él un mérito más alto.
Carmen se interrumpía, para comentar cada cosa del manuscrito. Pero
Adriana la apuraba con impaciencia, angustiada; ya no hubiera podido
arrancarse a la ansiedad con que devoraba los secretos de Laura. El
diario, después de referir las dolorosas consecuencias que tuvo la
intervención de Zoraida, aparecía con una página en blanco.
Luego se reanudaba, según la fecha, siete años más tarde.
* * *
"5 de junio de 19...
"¿Podría asegurarse que la intervención de Zoraida ha sido realmente un
mal para mí? José Luis no brilla en mi recuerdo con el prestigio de
antes. ¿Volvería a quererle, si las circunstancias lo trajeran otra vez
aquí? No lo creo. Aquello ha muerto para siempre. Más todavía: muchas
veces cuando releo las dos cartas suyas que no quise devolverle, y
cuando ahora pienso en su cariño y en las cosas que decía, me cuesta
trabajo concebir cómo él pudo llegar a trastornarme tanto. Hay alguna
espontaneidad, alguna frase sentida entre otras muchas vulgares y de mal
gusto, tontamente literarias..."
* * *
--¡Oh! ¡Y a mí que me parecían divinas!--exclamó Carmen. ¿Estaría yo
enamorada, también?
--Cállate, Camucha, no tenemos tiempo de conversar ahora. Hagamos los
comentarios después.
Continuaron leyendo:
"Sí, acaso debo más bien agradecerle a Zoraida lo que hizo entonces.
Acaso... No puedo saberlo todavía. El porvenir vuelve a espantarme".
* * *
Seguían muchas páginas referentes a un período de indecisión,
reflexiones escritas sin la sospecha siquiera de que otros ojos que los
suyos pudieran leerlas nunca; el alma de Laura asomaba por ellas con
toda su gracia interior, como una vestal que descubriera sus hechizos a
la luna. Adriana las leía con encanto, sus ojos y sus labios sonreían.
Pero pronto le volvió la inquietud. Laura contaba sus impresiones de
Julio.
* * *
"12 de noviembre.
"Julio se quedó anoche hasta muy tarde. Retraídas como vivimos, su
compañía nos resulta inapreciable. Es un amigo leal. En realidad, no
creo que puedan encontrarse fácilmente muchachos así. Lo digo pensando
en los mismos parientes nuestros, aunque sólo de tarde en tarde nos
tratamos con alguno, y por los amigos que suele traer Eduardo. Hay en
ellos no sé qué de superficial o de incomprensivo. ¿Cómo diré? Aunque
sean inteligentes, carecen como quiera que sea de suficiente tacto
espiritual".
* * *
"22 de noviembre.
"Eduardo tiene de Julio la más alta opinión. Todavía más alta es la
opinión mía. ¡Qué interesante y qué bueno es! Me hace mucha gracia
cuando la pelea a Camucha, por broma. Pero ella es viva y le contesta
con habilidad.
"Hoy, cuando él vino, se había puesto en una postura romántica, el codo
en la rodilla y la cara apoyada en el dorso de la mano. Julio la comparó
con "El Pensador" de Rodin. Ella se quedó callada.
--"¿Una pena de amor?
--"Peor que eso, Julio. Me ha pedido Lorenzo en matrimonio, y Zoraida no
sabe qué contestar.
--"Lorenzo... Lorenzo...--Julio quería recordar. Había oído ese nombre
varias veces en la casa.
--"Dile quién es, Laura, para que él nos aconseje.
"Le dije quién era, un viejecito algo opa, que fue peón en la estancia
nuestra.
"Y Camucha, sin cambiar de postura, le explicó muy seria:
--"Figúrese, Julio; cuando Zoraida era criatura la llevó en los brazos,
y ahora quiere llevarme a mí al registro civil.
"En realidad, yo creo que si en vez de Lorenzo la pidiera Julio...
¡Quién sabe! Es capaz de estar un poquito enamorada. Por eso pelean".
* * *
Carmen suspendió la lectura para protestar vivamente.
--¡Qué desatino! No lo creas, Adriana, no lo creas. En todo caso a ella,
tal vez, en aquel tiempo, le gustaba Julio.
Adriana suspiró y la obligó a continuar, volviendo otra hoja del
manuscrito. En su cara había cada vez más ansiedad, más angustia. Pero
el manuscrito se interrumpía nuevamente, para reanudarse tres meses más
tarde.
* * *
"4 de marzo de 19...
"¡Cuánto tiempo sin escribir en mi diario! Estoy desganada, triste. Algo
raro pasa en mí. Ni quiero pensarlo. Pensar es inquietarse, sufrir".
* * *
"5 de marzo.
"¡Qué cosas lindas ha dicho Julio esta tarde, así, al azar de la
conversación! Y no acostumbra, como suelen hacerlo otros hombres
inteligentes, abordar asuntos difíciles para demostrar que viven en un
mundo de ideas superiores. Al contrario, nunca le he oído hasta ahora
hablar sino de temas que nosotras comprendemos. Ese tacto que tiene su
alma es lo que en él más me gusta. Hoy, por ejemplo, nos habló de un
autor ruso, Nicolás Gogol. Nos ha hecho vivir durante media hora en un
mundo de cosas primitivas y al mismo tiempo misteriosas, de seres raros,
de sentimientos toscos y grandes. Y él, generalmente tan sereno, tan
despreocupado, se apasionó. Este muchacho no podría enamorarse de una
manera vulgar. Camucha estuvo graciosísima. A toda costa quería que
Julio continuara hablando.--¡Más, más!, le decía; y quería seriamente
obligarle a seguir".
* * *
--Me acuerdo muy bien, dijo Carmen, interrumpiendo de nuevo la lectura.
Y como yo así le pedía que siguiera hablando, nos contó un cuento jocoso
de ese mismo autor, titulado "La Nariz", sobre un panadero que un día se
despierta, se mira al espejo y observa muy asustado que ha perdido la
nariz. Y entonces, la mujer del panadero...
--¡Oh, Camucha, después me lo contarás! Ahora sigamos, que ella puede
venir de un momento a otro.
--Sí, después te contaré, te morirás de risa.
* * *
"9 de marzo.
"¿Por qué conmigo no bromea nunca? Al contrario, me habla con seriedad.
No deja de preocuparme esa curiosa diferencia que establece entre
Camucha y yo. A Zoraida, en cambio, la trata... ¿cómo diré? con una
especie de término medio: ni le da bromas ni la habla con esa carita tan
seria...
"Sí, ¿porqué viene tan seguido a casa? ¿Por alguna de nosotras? Camucha,
a la menor sospecha se entusiasmaría en seguida".
--¿Y ella?--saltó Carmen. ¿Te crees que ella no estuvo tal vez enamorada
de Julio? ¿Cómo se explicaría, si no, esa manera de apuntar tan
minuciosamente todo lo que a él se refiere?
Adriana no la miró, no habló. La mano le temblaba sobre el manuscrito
abierto. Iba surgiendo, desgraciadamente, la revelación temida, aquello
que fuera sólo indecisa sospecha, ligero fantasma rechazado siempre,
pero que no había cesado de rondar invisible, a sus espaldas. Su alma se
llenó de desesperación. ¿Y cómo era posible que Carmen no comprendiera
todavía?
* * *
"16 de marzo.
"Largo rato estuve hoy hablando con Julio, sólos. Me comprende bien.
¿Qué clase de sentimiento es este que se va formando entre nosotros?
Una muy delicada amistad, tal vez... Su voz parece que tuviera un
alma".
* * *
"25 de marzo.
"Se diría que Julio Lagos no es feliz. Idealista, demasiado idealista.
Se queda encantado cuando yo le cuento alguna intimidad mía. Alguna
intimidad disfrazada, naturalmente. Le dejo ver un chiquito de mi alma,
alguna rareza mía, y después me asusto de que él pueda adivinarme toda".
* * *
"28 de marzo.
"Hemos jugado anoche a la lotería por moneditas, con Julio y varios
muchachos que también estuvieron. Pero Julio y Eduardo nos dejaron
temprano. Claro, la lotería resulta un juego tan tonto, y tenían tan
poca gracia los chistes que hacía uno de los muchachos. Y comenzó por el
chiste más desagradable: sentarse al lado mío, cuando Zoraida le había
ya indicado ese asiento a Julio".
* * *
"21 de abril.
"Hace dos semanas que Julio no viene. ¿Por qué? Es cierto que antes
estaba a lo mejor meses enteros sin venir. Sin embargo, ahora lo
extraño, lo extraño mucho".
* * *
"22 de abril.
"Hoy nos visitó Adriana Zumarán. Estuvo una vez el año pasado y entonces
fue una gran sorpresa para nosotras. Yo me pregunto si ella sabrá o no
lo que pasó con su papá.
"Será una gran amiga. Sin embargo, su visita me ha dejado triste".
* * *
"30 de abril.
"Anoche Julio nos leyó, a Carmen y a mí, _Ligeia_ de Edgardo Poe. ¡Cómo
siente y hace sentir las cosas realmente divinas!
"Seguramente Julio no se enamorará nunca, si no encuentra en el mundo un
ser así, sobrenatural, como Legeia. Afortunadamente, no hay Ligeias..."
* * *
"3 de mayo.
"Hoy volvió a visitarnos Adriana Zumarán. La llevé a mi cuarto, le
mostré mis libros, le presté uno. Estuvimos conversando mucho. No podría
soñar, como amiga, nada mejor. También a Zoraida y a Carmen les gusta
mucho. Abuelita nos ha reprochado que no se la hubiésemos llevado, para
verla. Ella conoció mucho a los bisabuelos de Adriana".
* * *
"12 de mayo.
"Ya somos con Adriana las más íntimas amigas. ¡Qué admirable su
espíritu, su modo! Nos queremos entrañablemente. Hay en ella una
sensibilidad finísima. Todos los elogios serían pocos para ella".
* * *
"13 de mayo.
"Decididamente Julio nos ha olvidado. ¿Diré a Camucha que le escriba?
* * *
"14 de mayo.
"Finalmente Julio ha vuelto. Lo hemos cargado de reproches, sobre todo
Camucha. Zoraida tuvo que reprenderla por una broma bastante atrevida
que le dio. Y ella lo hace de inocente, porque no se da cuenta de lo que
significan ciertas cosas. No contenta con eso se puso a contar un sueño
rarísimo, lleno de disparates tan atrevidos, que Zoraida y yo nos
pusimos coloradas. ¡Y Julio, cómo se reía!
"Al fin no dio ninguna explicación del por qué había faltado tantos
días. Alguna aventura, con seguridad.
"Zoraida lo ha invitado para mañana a comer".
* * *
"15 de mayo.
"Mientras oíamos la música de Zoraida, en el piano, Julio me ha mirado
mucho. Yo me fingía absorta en la música. Como una puede ver sin
necesidad de mirar, noté que él no cambiaba de expresión, me miraba y
sin embargo parecía distraído de mí.
"Tengo siempre un miedo mortal de decir alguna cosa que le desilusione o
que no corresponda a la idea pura que debe haberse formado de mí. Que no
le soy indiferente, es seguro. Pero procura descubrirme, tal vez le
intrigo algo. Quisiera confiarme a él, contarle cosas de mi alma... Pero
no puedo. A veces sufro cuando nos quedamos solos.
"El gran problema a resolverse es este: si el final desdichado de mi
amor con José Luis ha sobrevenido para darme la ocasión de una felicidad
más grande, más verdadera, la única, la indecible felicidad que sueño, o
al contrario, para hacer que caiga sobre mí una desdicha todavía más
irreparable y más triste".
* * *
Ambas levantaron los ojos del manuscrito y se miraron con desolación.
Adriana sintió que el corazón se le desgarraba.
Le pareció que el fantasma temido tomaba formas y se sentaba frente a
ella, familiarmente, con una sonrisa de curiosidad irónica bajo la
sombría capucha.
Siguieron leyendo.
* * *
"20 de mayo.
"Yo le demuestro ahora una gran indiferencia. Me aterra la idea de que
él adivina las preocupaciones mías. Me aterra, también, que yo pueda
enamorarme inútilmente. No debo ser el ideal de Julio. No existe su
ideal.
"Cualquier galantería suya me halaga de un modo indecible. No puedo
creer que mi cariño por él esté condenado a vivir ocultamente, para mí
sola".
* * *
"22 de mayo.
"Esta tarde, con gran espontaneidad, me habló de su vida, de su
infancia, de lo que ha buscado inútilmente cuando cortó sus estudios y
viajó por Europa. Para realizar grandes cosas sólo le ha faltado un amor
que le diera alas. Es un idealista imposible. Sus confesiones me
impresionaron, claro está, porque yo también soy una idealista
imposible. Tuve que bajar los ojos y luego fingirme distraída, para que
él no pudiese advertir la exaltación que me producían sus palabras. Mi
actitud le ha sugerido seguramente una idea errónea. Me dio cierta
lástima cuando noté que la incomprensión mía le hacía sufrir. Es curioso
lo que sucede entre nosotros. Yo lo desconcierto sin querer. Es que yo
misma tampoco sé qué pensar con respecto de mí. No responde a coquetería
ni menos a cálculo mi modo de ser. Pero existe en el interior mío una
muy curiosa inconstancia: de pronto me posee un deseo ardiente de que
nuestra amistad se convierta en amor, y al rato rechazo como absurdo
semejante anhelo y prefiero prolongar indefinidamente esta situación
ambigua, para que él pueda seguir añadiendo a los encantos que tengo los
hechizos que me faltan. ¡Cómo debo haber embellecido en su imaginación!
Si sobreviniera la intimidad sentimental con él, tendría que despedirme,
a la larga, de las mejores prendas con que él me adorna; en cambio, como
no sé hablar, las prendas que realmente poseo quedarían invisibles, de
todos modos. No podré nunca, por ejemplo, describirle un ángel que se
posesiona de mí cuando en él pienso..."
* * *
"27 de mayo.
"Ya nada puedo esperar y acepto lo que disponga Dios. Vino Adriana, y
Camucha nos hizo bajar a Julio y a mí; se miraron con curiosidad, ella y
él; pude notar en los dos, el deseo de hablarse, de tratarse
íntimamente".
* * *
"4 de junio.
"Hoy he pasado dos horas con Adriana, conversando sin interrupción, de
mil asuntos y de Julio. ¡Con qué naturalidad hablé de Julio! Ella ni
nadie hubiera podido sospechar que se trataba de mi pasión. Le dije que
era nuestro mejor amigo, nuestro único amigo de verdad, lo puse por las
nubes. No sé por qué lo hice. Mientras hablaba, comprendía muy bien que
mis palabras le aumentaban el prestigio. En mí existe una necesidad muy
inexplicable de atarme a ella. La acaricio y la beso con una especie de
sinceridad dolorosa".
* * *
"5 de junio.
"El pensamiento de que Adriana y Julio pueden enamorarse, ha hecho
avivar mi pasión. Ahora, sí, es una verdadera pasión. Lo veo de continuo
en mi pensamiento, lo siento en mi alma y me cantan en los oídos las
palabras que llegó a decirme. Estoy arrepentida de no haber precipitado
las cosas entonces; para entrar en su alma con más prestigio, hice
demasiado misterio y concluí por sugerirle, acaso, la idea de que se
estaba él engañando y de que yo carecía de capacidad para el gran cariño
soñado. Cuando él buscaba la intimidad mía, cuando con tanta reserva y
tanta habilidad procuraba vencer mi resistencia tonta, yo, en vez de
sonreír enigmáticamente debí abrirle mi corazón. ¡Qué júbilo hubiera él
tenido, con qué abandono nos hubiéramos puesto a querernos!"
* * *
"6 de junio.
"No está todo perdido. ¡Qué mal hice de ponérselo yo misma por los ojos!
En adelante ya no le hablaré más de Julio. Realmente no tengo motivos
para pensar que mi felicidad se ha desvanecido. Han vuelto a encontrarse
hoy. Ni en él ni en ella he notado nada de particular. Hasta se han
hablado con cierta indiferencia. Seguramente el otro día yo he visto
visiones. Ella hoy se fue temprano. El saludo que se hicieron sólo
demostraba afecto amistoso. Claro está que si cometo la torpeza de
pintárselo como un héroe, ella no podrá menos que enamorarse.
"Decididamente mi opinión es esta: con el recuerdo de la ocasión en que
se hablaron con tanta galantería, el año pasado, los dos se habían
llenado la imaginación y deseaban volverse a ver; se vieron y la pasión
no se produjo. Yo deseo infinitamente que así sea. La esperanza de mi
vida volvería a brillar.
"Sin embargo, si esa indiferencia no fuera sino fingida, en los dos...
"Nada hay peor que esta clase de incertidumbres. Para distraerme, para
arrancarme un poco la preocupación, acompañé a Camucha al taller de
repujado que tiene una profesora francesa. Son muchas las señoras y las
niñas que aprenden ese trabajo. Camucha está en la tarea muy seria de un
bargueño. Quién sabe cuándo lo terminará, porque no permite que nadie la
ayude. Ella se lo piensa regalar a abuelita, y la verdad que el bargueño
haría juego con el armario y con la cómoda. Yo desde el lunes también
comenzaré a ir".
* * *
"11 de junio.
"Hoy Adriana trajo violetas, que Zoraida puso encima del piano. Nos
quedamos conversando, todos. En cierto momento Julio se levantó, y
pasando junto al piano, se detuvo a mirar las flores. Fingiendo que
aspiraba el perfume, las tocó con los labios. Lo hizo tal vez
distraído".
* * *
"12 de junio.
"Tengo un gran desgano para todo; no he querido ir al taller de
repujado. Me sorprenderían a cada rato dejando el punzón para ponerme a
pensar. Cuando tomo un libro, obligándome a mí misma a leer, ocurre que
al poco rato ni sé lo que estoy leyendo. Comencé una novela que, según
dice Zoraida, es interesantísima. No he podido pasar del segundo
capítulo. Han dejado de interesarme, ahora, los dramas puramente
imaginados y la hermosura del estilo me entristece, no sé porqué.
"No puedo quitarme la visión de Julio cuando tocó con los labios, como
distraído, las violetas de Adriana.
"Hasta los dramas reales han dejado de interesarme. Hoy Camucha entró
corriendo para contarnos cómo acaba de romperse el compromiso de una
prima nuestra que iba a casarse el mes que viene. Una cuestión de
intrigas, complicadísima, y ella que amenaza con envenenarse. Una hora
estuvo Camucha contando los detalles. Yo la oía sin escucharla. Entonces
sucedió algo cómico. A propósito de lo que contaba reclamó mi
opinión.--¿A ti te parece, dime?--Sí, Camucha, le contesté al azar.
Todos pusieron una cara de sorpresa.--¿Entonces tú lo defiendes, a ese
pillo? Yo había aprobado, sin vacilación, inconscientemente, la actitud
del novio indigno".
* * *
"13 de junio.
"Anoche casi me desmayé. Se trata de algo tan penoso y desagradable que
no puedo arrancarme a la impresión. He dado al hecho mayor trascendencia
de la que tiene, porque en realidad ¿puede importarme algo, ahora, que
Julio sepa o no sepa mi asunto con José Luis? ¿Acaso abrigo todavía
esperanzas? Estábamos en el comedor conversando, cuando a Camucha se le
ocurrió hablar de mi antigua pasión por José Luis. Yo sentí como si me
dieran un golpe en el pecho y no pude dejar de mirar a Julio. Noté muy
bien en su cara una pequeña sorpresa y también se me ocurrió que la
noticia le producía algo así como un desencanto. ¿Me habrá puesto
demasiado alto, me habrá figurado inasequible cuando parecía festejarme?
Todo esto se junta en mi alma con reflexiones oscuras y me sería difícil
escribirlo. Pero no me cabe duda de que él, al notar cómo yo me
conturbaba, fingió no oír la frase de Camucha. ¿Para qué fingió? ¿Sabe
que yo lo quiero? ¿Lo adivinó en ese momento al pensar, lógicamente, que
yo le había ocultado esa pasión? No puedo salir de las conjeturas".
* * *
"14 de junio.
"¿Por qué se habrán conocido? Tal vez ella hubiera sido feliz con otro.
Yo, en cambio, sin él estoy perdida. Lo que me mata es una duda egoísta.
Tengo el deseo, la esperanza última, de que no lleguen a un amor
duradero. Me pongo a pensar, a meditar horas y horas sobre qué clase de
sentimiento puede haber entre ellos. Dicen que una pasión violenta pasa
pronto; en tal caso, ojalá se quieran con la pasión más ardiente, hasta
la locura, ojalá lleguen a los minutos de la dicha más grande, a la
embriaguez de la dicha, ojalá sean felices como jamás podría serlo
nadie. Mi alma, mi corazón, los bendecirá. Y después, después... que el
uno al otro se dejen para siempre. ¡Yo entonces lo llamaré, yo misma lo
llamaré; y si ha quedado triste, mi consuelo será como una dulzura
tibia, tomaré para él una delicadeza de lirio, y seré tan íntegramente
suya que nada podrá nunca más separarnos!"
* * *
"30 de junio.
"¿Por qué vienen ahora con tan poca frecuencia? Estoy segura de que se
ven en otra parte. Se me ocurre que ella ha sospechado.
"Y yo conservo por Adriana, cosa curiosa, una simpatía íntima, mientras
comprendo que toda la desdicha me viene de ella. Ya ni yo misma me
entiendo. Hubiera preferido mil otras rivales. Es muy extraño que no la
pueda odiar ni tampoco dejar de quererla mucho. Si ella supiera el amor
mío por Julio, estoy segura que tampoco me perdería el cariño. Al
contrario ¡y yo le daría una lástima!
"Es una verdadera pena que se hayan conocido".
* * *
"18 de julio.
"¡Si mis hermanas comprendieran lo que me hacen sufrir con sus alusiones
a José Luis! Parece que llegará pronto. Yo lo espero con indiferencia.
Estoy segura que no sentiré ninguna emoción al volverlo a ver. Me
mostraré con él tan amable como ellas; si es posible, más. Se
sorprenderá mucho de no ver en mí sino la sonrisa amistosa. Pensará que
finjo, que me han hecho coqueta. Le pareceré así más interesante.
"He tenido un susto, nunca en mi vida he tenido un susto igual. Esta
tarde, en vez de guardar mi diario en el cajoncito del escritorio como
hago siempre, lo dejé bajo el almohadón para seguir después escribiendo.
Pero vino Adriana, y más tarde Julio. Camucha, no sé para qué, los trajo
a mi cuarto. Después se sentó en la cama y empezó a jugar con el
almohadón. De repente me acordé que allí estaba mi diario. Camucha es
irreflexiva, no tiene conciencia de la gravedad de ciertas cosas. Corrí
en seguida, saqué a Camucha de mi cama y me senté apoyando la mano en el
almohadón. Todos me miraron sin saber lo que me estaba pasando. Para no
parecerle a Julio una "tocada", saqué el diario y fui a guardarlo en el
cajoncito.
"Pero Carmen se viene detrás mío a las calladas, me lo arrebata, sale
corriendo y desde el vestíbulo se pone a llamar a gritos: "¡Julio!
¡Julio! ¡El diario de Laura! ¡Venga!" Yo me precipito, pero todos salen
también detrás mío, y Julio, Zoraida y yo la acorralamos a Camucha
contra la baranda de la escalera para quitárselo. Ella se defiende y
quiere entregárselo a Julio. Yo la abrazo a Carmen para hacérselo
soltar, pero con la agitación y con el miedo, me faltan las fuerzas.
Llamo a Juana, la sirvienta, en mi auxilio. Todos gritamos. Por encima
de mi cabeza Carmen levanta el brazo, tira el diario y Julio lo caza en
el aire.
"Sucedió todo en un abrir y cerrar de ojos. Yo me quedé fría, mirando en
las manos de Julio estas páginas que contienen, desnudas, tantas cosas
íntimas y ardientes que a él se refieren.
"No sé si tuvo Julio la intención de abrirlo. No sé si lo hubiera hecho.
Pero yo debí poner tal cara, con el susto, que dejó de reír y me lo
entregó. ¿Me habré traicionado? ¿Habrá él adivinado?
"Tampoco Adriana se reía".
* * *
"3 de julio.
"Hace ya quince días que no viene. ¡Qué tristeza! Estoy adelgazando
mucho. Dicen que es anemia.
"Esta mañana me quedé un buen rato delante del espejo, mirándome en los
ojos, fijamente. No podría escribir lo que sentí. Me pareció leer, en el
fondo de mis ojos, mi destino. Les pedí una expresión de esperanza, y
sólo vi negrura. Ahora he perdido hasta la dulzura de la resignación".
* * *
"19 de julio.
"Me ha visto otro médico. Estuvo examinándome durante una hora. Creo que
se sorprendió, como el doctor Castro Fernández, de no encontrar
vestigios de tuberculosis. Dice que tengo pulmones de roble. ¡Qué
exageración! Pero también recomendó que me llevaran a la estancia o
sino a Mendoza, por el clima.
"Yo creo que me agravo tanto porque no me desahogo, porque no digo a
nadie la pena que me mata. Claro que si los médicos supieran esto no
andarían tan despistados. Castro Fernández preguntó, es cierto, si no
había pasado disgustos, pero yo lo miré riendo, a todos los miré riendo.
Y al médico se le fue en seguida la sospecha".
* * *
"22 de julio.
"Camucha me señaló en el diario la noticia de que José Luis ha llegado
de Europa hoy. Gran indiferencia mía que a Camucha sorprendió muchísimo.
Dice que hago "pose".
"Seguramente José Luis nos visitará".
* * *
"24 de julio.
"Adiviné: hoy nos visitó José Luis y anuncia para pasado mañana otra
visita.
"Lo recibieron Camucha y Zoraida. Yo demoré bastante para salir. Habrá
creído que era por arreglarme. Según dice Camucha, él no podía disimular
su impaciencia. Después, como estaba invitado a una comida en la
Legación de España, no hemos tenido tiempo de conversar mucho. Se mostró
inquieto por mi palidez, nos aconsejó un viaje a Europa.
"Me ha sucedido con José Luis lo que yo preví, lo que yo sabía. Un poco
de curiosidad por ver cómo había cambiado su cara y para explicarme el
motivo de haberme enamorado tanto, en aquel tiempo. Ahora tengo casi la
impresión de que no fue pasión mía".
* * *
"Agosto 5 (11 p. m.).
"Como el médico ha ordenado que me acueste temprano, ellas ahora todas
las noches, para obligarme a obedecer, se privan de hacer sobremesa y de
quedarse, como antes, levantadas hasta tarde. Se han puesto en cama y
toda la casa está a oscuras, menos aquí, en mi cuarto. Con tal que no se
despierten. ¡Qué raro me parece estar así, sola completamente, a esta
hora, mientras todo el mundo duerme! Es como si esto fuera la soledad de
mi vida misma. Pero en medio de este silencio, tengo en mí como una gran
dulzura. Estoy libre de las angustias que me dominaban. Es como si no
sintiera mi desdicha. Todo me parece más ligero y más claro.
"Adriana, hace ya dos semanas que no te vemos. Julio, algo más constante
que tú, no mucho más, vino ayer. Es cierto que apenas estuvo durante
media hora. Parecía triste, pero bajo esa capa de tristeza creí adivinar
la plenitud de la dicha. No te guardo rencor ninguno, Adriana. Al
contrario. Nadie sospecha la pasión que con tanto cuidado procuro
ocultar, esta pasión que no me conocen Camucha ni Zoraida; y si, por
desgracia, la sospecha influye para que dejes pasar tantos días sin
venir, quiero hacer a toda costa que ella desaparezca de tu espíritu.
Diré a Camucha que te escriba y cuando estés aquí hallaré la manera de
persuadirte. Te daré bromas con él y reiré mucho, mucho; así me saldrá
un poco de color en la cara. No quiero que mi desdicha sea una sombra en
la felicidad tuya. Oigo ruido. Zoraida que se ha levantado."
* * *
"1 a. m.
"Me acosté delante de Zoraida, luego me finjí dormida. Ella misma apagó
la luz, después de besarme en la frente. Me besó y se fue suspirando.
¡Qué buena es, qué íntima lástima me tiene!
"Adriana, mi único desahogo es escribirte aquí, en estas páginas que
nadie ha de leer nunca. Pero se me ocurre que te escribo a otro mundo,
donde un día, dentro de mucho tiempo, podrás leerlas sin que pueda
hacerte daño su amargura. ¡Si supieras lo que a pesar de todo hay para
ti en mi corazón! ¡Y si supieras la extraña alegría con que pienso a
veces que voy a morir, idealizada por el sacrificio, perdonando a todos
y bendiciendo tu gran amor a Julio! Pasé varios días mortales, es
cierto, en que no hubo delante de mis ojos ni la sombra de la esperanza.
Pero ahora ya no la tengo en Julio, ahora es otra clase de esperanza,
muy distinta, aunque muy inexplicable. Inquietud ya no siento. Es algo
así como si tuviera júbilo de morirme y dejarlos a ustedes felices. Yo
quiero que se acuerden de la pobre Laura, pero sin sospechar nunca por
qué se puso anémica y por qué murió..."
Adriana y Carmen no pudieron seguir. Las lágrimas les anegaban los ojos
y caían sobre las páginas del manuscrito. Las dos se pusieron a
sollozar. Oyeron un ruido de pasos ligeros que se acercaban. Apareció
Laura. Hizo un ligero gesto de susto, al ver el cuaderno en las manos de
Carmen; luego se llevó las manos a la cabeza como atontada por un golpe.
Adriana levantándose, caminó hacia ella, acercó su cara dolorida a la
cara pálida de Laura y la abrazó con desatinada vehemencia, sacudida por
los sollozos.
Parecían querer fundirse la una en la otra, para formar o un mismo amor
o una misma desolación.
En tanto Zoraida y Julio, dejando a la abuelita, habían bajado también y
conversaban con tranquilidad en el vestíbulo. De pronto oyeron los
sollozos de Adriana; iban a levantarse, sorprendidos, cuando ella cruzó
corriendo, con el pañuelo en los ojos y desapareció como una sombra por
la escalera, sin oír a Zoraida que asomándose por encima de la
barandilla la llamaba desesperada, a gritos.