verme encerrado en aquel estrecho aposento con aquella figura delante,
la cual te la pintaré como mejor supiere. Ella era larga de mas de
siete piés; toda era notomía de huesos, cubiertos con una piel negra,
vellosa y curtida; con la barriga, que era de badana, se cubria las
partes deshonestas, y aun le colgaba hasta la mitad de los muslos:
las tetas semejaban dos vejigas de vaca secas y arrugadas, denegridos
los labios, traspillados los dientes, la nariz corva y entablada,
desencajados los ojos, la cabeza desgreñada, las mejillas chupadas,
angosta la garganta y los pechos sumidos: finalmente, toda era flaca y
endemoniada. Púseme despacio á mirarla, y apriesa comenzó á apoderarse
de mí el miedo, considerando la mala vision de su cuerpo y la peor
ocupacion de su alma: quise morderla por ver si volvia en sí, y no
hallé parte en toda ella, que el asco no me lo estorbase; pero con todo
eso, la así de un carcaño, y la saqué arrastrando al patio, mas ni por
esto dió muestras de tener sentido. Allí con mirar el cielo y verme en
parte ancha se me quitó el temor, á lo ménos se templó de manera, que
tuve ánimo de esperar á ver en lo que paraba la ida y vuelta de aquella
mala hembra, y lo que me contaba de mis sucesos. En esto me preguntaba
yo á mí mismo: ¿quién hizo á esta mala vieja tan discreta y tan mala?
¿De dónde sabe ella cuáles son males de daño y cuáles de culpa? ¿Cómo
entiende y habla tanto de Dios, y obra tanto del diablo? ¿Cómo peca tan
de malicia, no escusándose con ignorancia?
»En estas consideraciones se pasó la noche, y se vino el dia, que nos
halló á los dos en mitad del patio: ella no vuelta en sí, y á mí junto
á ella en cuclillas, atento mirando su espantosa y fea catadura. Acudió
la gente del hospital, y viendo aquel retablo, unos decian: Ya la
bendita Cañizares es muerta, mirad cuán desfigurada y flaca la tenia la
penitencia: otros mas considerados la tomaron el pulso, y vieron que
le tenia, y que no era muerta, por do se dieron á entender que estaba
en éstasis y arrobada de puro buena: otros hubo que dijeron: Esta puta
vieja sin duda debe de ser bruja, y debe de estar untada, que nunca los
santos hacen tan deshonestos arrobos, y hasta ahora, entre los que la
conocemos, mas fama tiene de bruja que de santa: curiosos hubo, que se
llegaron á hincarle alfileres por las carnes desde la punta hasta la
cabeza; ni por eso recordaba la dormilona, ni volvió en sí hasta las
siete del dia, y como se sintió acribada de los alfileres y mordida de
los carcañares, y magullada del arrastramiento fuera de su aposento,
y á vista de tantos ojos que la estaban mirando, creyó, y creyó la
verdad, que yo habia sido el autor de su deshonra: y así arremetió á mí
y echándome ambas manos á la garganta, procuraba ahogarme, diciendo: Oh
bellaco, desagradecido, ignorante y malicioso, y ¿es este el pago que
merecen las buenas obras que á tu madre hice, y de las que te pensaba
hacer á tí? Yo que me vi en peligro de perder la vida entre las uñas de
aquella fiera arpía, sacudíme, y asiéndola de las luengas faldas de su
vientre, la zamarreé y arrastré por todo el patio, y ella daba voces,
que la librasen de los dientes de aquel maligno espíritu.
»Con estas razones de la mala vieja, creyeron los mas que yo debia de
ser algun demonio de los que tienen ojeriza continua con los buenos
cristianos, y unos acudieron á echarme agua bendita, otros no osaban
llegar á quitarme, otros daban voces que me conjurasen, la vieja
gruñia, yo apretaba los dientes, crecia la confusion, y mi amo, que
ya habia llegado al ruido, se desesperaba, oyendo decir que yo era
demonio: otros, que no sabian de exorcismos, acudieron á tres ó cuatro
garrotes, con los cuales comenzaron á santiguarme los lomos: escocióme
la burla, solté la vieja, y en tres saltos me puse en la calle; y en
pocos mas salí de la villa perseguido de una infinidad de muchachos que
iban á grandes voces diciendo: Apártense, que rabia el perro sabio.
Otros decian: No rabia, sino que es demonio en figura de perro. Con
este molimiento á campana herida salí del pueblo, siguiéndome muchos
que indubitablemente creyeron que era demonio, así por las cosas
que me habian visto hacer, como por las palabras que la vieja dijo
cuando despertó de su maldito sueño: díme tanta priesa á huir y á
quitarme delante de sus ojos, que creyeron que me habia desparecido
como demonio: en seis horas anduve doce leguas, y llegué á un rancho
de jitanos, que estaba en un campo junto á Granada: allí me reparé un
poco, porque algunos de los jitanos me conocieron por el perro sabio, y
con no pequeño gozo me acogieron y escondieron en una cueva, porque no
me hallasen si fuese buscado, con intencion, á lo que despues entendí,
de ganar conmigo, como lo hacia el atambor mi amo. Veinte dias estuve
con ellos, en los cuales supe y noté su vida y costumbres, que por ser
notables, es forzoso que te las cuente.
CIPION. Antes, Berganza, que pases adelante, es bien que reparemos en
lo que te dijo la bruja, y averigüemos si puede ser verdad la grande
mentira á quien das crédito. Mira, Berganza: grandísimo disparate
seria creer que la Camacha mudase los hombres en bestias, y que el
sacristan en forma de jumento la sirviese los años que dicen que la
sirvió: todas estas cosas y las semejantes son embelecos, mentiras ó
apariencias del demonio; y si á nosotros nos parece ahora que tenemos
algun entendimiento y razon, pues hablamos siendo verdaderamente
perros, ó estando en su figura, ya hemos dicho que este es caso
portentoso y jamas visto, y que aunque le tocamos con las manos, no
le habemos de dar crédito hasta tanto que el suceso dél nos muestre
lo que conviene que creamos. ¿Quiéreslo ver mas claro? Considera en
qué vanas cosas y en cuán tontos puntos dijo la Camacha que consistia
nuestra restauracion, y aquellas que á tí te deben parecer profecías no
son sino palabras de consejas ó cuentos de viejas, como aquellos del
caballo sin cabeza, y de la varilla de virtudes, con que se entretienen
al fuego las dilatadas noches del invierno, porque á ser otra cosa
ya estaban cumplidas; si no es que sus palabras se han de tomar en
un sentido, que he oido decir se llama alegórico, el cual sentido
no quiere decir lo que la letra suena, sino otra cosa, que aunque
diferente, le haga semejanza, y así, decir:
Volverán en su forma verdadera,
Cuando vieren con presta diligencia
Derribar los soberbios levantados,
Y alzar á los humildes abatidos
Con poderosa mano para hacello:
Tomándolo en el sentido que he dicho, paréceme que quiere decir que
cobraremos nuestra forma, cuando viéremos que los que ayer estaban
en la cumbre de la rueda de fortuna, hoy están hollados y abatidos á
los piés de la desgracia y tenidos en poco de aquellos que mas los
estimaban: y asimismo cuando viéremos que otros que no há dos horas
que no tenian deste mundo otra parte que servir en él de número que
acrecentase el de las gentes, y ahora están tan encumbrados sobre
la buena dicha, que los perdemos de vista; y si primero no parecian
por pequeños y encogidos, ahora no los podemos alcanzar por grandes
y levantados: y si en esto consistiera volver nosotros á la forma
que dices, ya lo hemos visto y lo vemos á cada paso, por do me doy á
entender que no en el sentido alegórico, sino en el literal se han de
tomar los versos de la Camacha; ni tampoco en este consiste nuestro
remedio, pues muchas veces hemos visto lo que dicen, y nos estamos
tan perros como ves: así que, la Camacha fué burladora falsa, y la
Cañizares embustera, y la Montiela tonta, maliciosa y bellaca, con
perdon sea dicho, si acaso es nuestra madre de entrambos, ó tuya, que
yo no la quiero tener por madre. Digo pues que el verdadero sentido es
un juego de bolos, donde con presta diligencia derriban los que están
en pié, y vuelven á alzar los caidos, y esto por la mano de quien lo
puede hacer. Mira pues si en el discurso de nuestra vida habremos
visto jugar á los bolos, y si hemos visto por esto haber vuelto á ser
hombres, si es que lo somos.
BERGANZA. Digo que tienes razon, Cipion hermano, y que eres mas
discreto de lo que pensaba; y de lo que has dicho vengo á pensar
y creer que todo lo que hasta aquí hemos pasado, y lo que estamos
pasando, es sueño, y que somos perros; pero no por esto dejemos de
gozar deste bien de la habla que tenemos y de la escelencia tan grande
de tener discurso humano todo el tiempo que pudiéremos; y así no te
canse el oirme contar lo que me pasó con los jitanos que me escondieron
en la cueva.
CIPION. De buena gana te escucho por obligarte á que me escuches,
cuando te cuente, si el cielo fuere servido, los sucesos de mi vida.
BERGANZA. La que tuve con los jitanos fué considerar en aquel tiempo
sus muchas malicias, sus embaimientos y embustes, los hurtos en que se
ejercitan así jitanas como jitanos desde el punto casi que salen de las
mantillas y saben andar: ¿ves la multitud que hay dellos esparcida por
España? pues todos se conocen y tienen noticia los unos de los otros, y
trasiegan y trasponen los hurtos destos en aquellos, y los de aquellos
en estos: dan la obediencia mejor que á su rey, á uno que llaman
conde, el cual y todos los que dél suceden, tienen el sobrenombre de
Maldonado; y no porque vengan del apellido deste noble linaje, sino
porque un paje de un caballero deste nombre se enamoró de una jitana
muy hermosa, la cual no le quiso conceder su amor si no se hacia jitano
y la tomaba por mujer: hízolo así el paje, y agradó tanto á los demas
jitanos, que le alzaron por señor, y le dieron la obediencia; y como
en señal de vasallaje le acuden con parte de los hurtos que hacen,
como sean de importancia. Ocúpanse, por dar color á su ociosidad, en
labrar cosas de hierro, haciendo instrumentos con que facilitan sus
hurtos; y así los verás siempre traer á vender por las calles, tenazas,
barrenas, martillos, y ellas, trébedes y badiles: todas ellas son
parteras, y en esto llevan ventaja á las nuestras, porque sin costa ni
adherentes sacan sus partos á luz y lavan criaturas con agua fria en
naciendo; y desde que nacen hasta que mueren se curten y muestran á
sufrir las inclemencias y rigores del cielo; y así verás que todos son
alentados, volteadores, corredores y bailadores: cásanse siempre entre
ellos, porque no salgan sus malas costumbres á ser conocidas de otros:
ellas guardan el decoro á sus maridos, y pocas hay que les ofendan
con otros que no sean de su generacion: cuando piden limosna, mas la
sacan con invenciones y chocarrerías que con devociones, y á título
que no hay quien se fie dellas, no sirven, y dan en ser holgazanas; y
pocas ó ninguna vez he visto, si mal no me acuerdo, ninguna jitana al
pié del altar comulgando, puesto que muchas veces he entrado en las
iglesias: son sus pensamientos imaginar cómo han de engañar y dónde han
de hurtar: confieren sus hurtos y el modo que tuvieron en hacellos: y
así un dia contó un jitano delante de mí á otros un engaño y hurto que
un dia habia hecho á un labrador: y fué que el jitano tenia un asno
rabon, y en el pedazo de la cola que tenia sin cerdas le ingirió otra
peluda, que parecia ser suya natural: sacóle al mercado, comprósele
un labrador por diez ducados, y en habiéndosele vendido y cobrado el
dinero, le dijo que si queria comprarle otro asno hermano del mismo,
y tan bueno como el que llevaba, que se le venderia por mas buen
precio. Respondióle el labrador que fuese por él y le trujese, que él
se le compraria, y que en tanto que volviese llevaria el comprado á
su posada. Fuése el labrador, siguióle el jitano, y sea como sea, el
jitano tuvo maña de hurtar al labrador el asno que le habia vendido, y
al mismo instante le quitó la cola postiza y quedó con la suya pelada:
mudóle la albarda y jáquima, y atrevióse á ir á buscar al labrador
para que se le comprase: hallóle ántes que hubiese echado ménos el
asno primero; y á pocos lances compró el segundo: fuésele á pagar á la
posada, donde halló ménos la bestia á la bestia; y aunque lo era mucho,
sospechó que el jitano se le habia hurtado, y no queria pagarle: acudió
el jitano por testigos, y trujo á los que habian cobrado la alcabala
del primer jumento, y juraron que el jitano habia vendido al labrador
un asno con una cola muy larga y muy diferente del asno segundo que
vendia. Á todo esto se halló presente un alguacil, que hizo las partes
del jitano con tantas veras, que el labrador hubo de pagar el asno dos
veces. Otros muchos hurtos contaron, y todos ó los mas de bestias, en
quien son ellos graduados, y en lo que mas se ejercitan. Finalmente,
ella es mala gente, y aunque muchos y muy prudentes jueces han salido
contra ellos, no por eso se enmiendan.
»Al cabo de veinte dias me quisieron llevar á Murcia: pasé por Granada,
donde ya estaba el capitan, cuyo atambor era mi amo: como los jitanos
lo supieron, me encerraron en un aposento del meson donde vivian:
oíles decir la causa, no me pareció bien el viaje que llevaban, y así
determiné soltarme como lo hice, y saliéndome de Granada, di en una
huerta de un morisco que me acogió de buena voluntad, y yo quedé con
mejor, pareciéndome que no me queria para mas que para guardarle la
huerta, oficio á mi cuenta de ménos trabajo que el de guardar ganado; y
como no habia allí altercar sobre tanto mas cuanto al salario, fué cosa
fácil hallar el morisco criado á quien mandar, y yo amo á quien servir.
Estuve con él mas de un mes, no por el gusto de la vida que tenia, sino
por el que me daba saber la de mi amo, y por ella la de todos cuantos
moriscos viven en España. ¡Oh cuántas y cuáles cosas te pudiera decir,
Cipion amigo, desta morisca canalla, si no temiera no poderlas dar fin
en dos semanas! Y si las hubiera de particularizar, no acabara en dos
meses; mas en efeto habré de decir algo, y así oye en general lo que yo
vi y noté en particular desta buena gente.
»Por maravilla se hallará entre tantos uno que crea derechamente en
la sagrada ley cristiana: todo su intento es acuñar y guardar dinero
acuñado, y para conseguirle trabajan y no comen: en entrando el real
en su poder, como no sea sencillo le condenan á cárcel perpetua y á
escuridad eterna: de modo que ganando siempre, y gastando nunca, llegan
y amontonan la mayor cantidad de dinero que hay en España: ellos son
su hucha, su polilla, sus picazas y sus comadrejas: todo lo allegan,
todo lo esconden y todo lo tragan: considérese que ellos son muchos y
que cada dia ganan y esconden poco ó mucho, y que una calentura lenta
acaba la vida como la de un tabardillo, y como van creciendo se van
aumentando los escondedores, que crecen y han de crecer en infinito,
como la esperiencia lo muestra: entre ellos no hay castidad ni entran
en religion ellos ni ellas: todos se casan, todos multiplican,
porque el vivir sobriamente aumenta las causas de la generacion; no
los consume la guerra, ni ejercicio que demasiadamente los trabaje;
róbannos á pié quedo, y con los frutos de nuestras heredades que nos
revenden se hacen ricos; no tienen criados, porque todos lo son de sí
mismos; no gastan con sus hijos en los estudios, porque su ciencia
no es otra que la del robarnos: de los doce hijos de Jacob que he
oido decir que entraron en Egipto, cuando los sacó Moysen de aquel
cautiverio, salieron seiscientos mil varones sin niños y mujeres:
de aquí se podrá inferir lo que multiplicarán las destos, que sin
comparacion son en mayor número.
CIPION. Buscado se ha remedio para todos los daños que has apuntado y
bosquejado en sombra, que bien sé que son mas y mayores los que callas,
que los que cuentas, y hasta ahora no se ha dado con el que conviene;
pero celadores prudentísimos tiene nuestra república, que considerando
que España cria y tiene en su seno tantas víboras como moriscos,
ayudados de Dios hallarán á tanto daño cierta, presta y segura salida:
dí adelante.
BERGANZA. Como mi amo era mezquino, como lo son todos los de su casta,
sustentábame con pan de mijo, y con algunas sobras de zahinas, comun
sustento suyo; pero esta miseria me ayudó á llevar el cielo por un
modo tan estraño, como el que ahora oirás. Cada mañana juntamente con
el alba amanecia sentado al pié de un granado, de muchos que en la
huerta habia, un mancebo al parecer estudiante, vestido de bayeta, no
tan negra ni tan peluda, que no pareciese parda y tundida: ocupábase
en escribir en un cartapacio, y de cuando en cuando se daba palmadas
en la frente, y se mordia las uñas, estando mirando al cielo: y otras
veces se ponia tan imaginativo, que no movia pié ni mano, ni aun las
pestañas: tal era su embelesamiento. Una vez me llegué junto á él
sin que me echase de ver: oíle murmurar entre dientes, y al cabo de
un buen espacio dió una gran voz, diciendo: Vive el Señor, que es la
mejor octava que he hecho en todos los dias de mi vida; y escribiendo á
priesa en su cartapacio, daba muestras de gran contento: todo lo cual
me dió á entender que el desdichado era poeta: hícele mis acostumbradas
caricias, por asegurarle de mi mansedumbre: echéme á sus piés, y él
con seguridad prosiguió en sus pensamientos, y tornó á rascarse la
cabeza, y á sus arrobos, y á volver á escribir lo que habia pensado.
Estando en esto entró en la huerta otro mancebo galan y bien aderezado,
con unos papeles en la mano, en los cuales de cuando en cuando leia:
llegó donde estaba el primero, y díjole: ¿Habeis acabado la primera
jornada? Ahora le di fin, respondió el poeta, lo mas gallardamente que
imaginarse puede. ¿De qué manera? preguntó el segundo. Desta, respondió
el primero. Sale su Santidad el papa vestido de pontifical, con doce
cardenales, todos vestidos de morado, porque cuando sucedió el caso
que cuenta la historia de mi comedia, era tiempo de _mutatio caparum_,
en el cual los cardenales no se visten de rojo, sino de morado; y así
en todas maneras conviene para guardar la propiedad, que estos mis
cardenales salgan de morado, y este es un punto que hace mucho al caso
para la comedia, y á buen seguro dieran en él, y así hacen á cada paso
mil impertinencias y disparates: yo no he podido errar en esto, porque
he leido todo el ceremonial romano por solo acertar en estos vestidos.
¿Pues de dónde quereis vos, replicó el otro, que tenga mi autor
vestidos morados para doce cardenales? Pues si me quita uno tan solo,
respondió el poeta, así le daré yo mi comedia, como volar: ¡cuerpo de
tal! ¿esta apariencia tan grandiosa se ha de perder? Imaginad vos desde
aquí lo que parecerá en un teatro un sumo pontífice con doce graves
cardenales, y con otros ministros de acompañamiento que forzosamente
han de traer consigo: ¡vive el cielo que sea uno de los mayores y mas
altos espectáculos, que se haya visto en comedia, aunque sea la del
_Ramillete de Daraja_!
»Aquí acabé de entender que el uno era poeta, y el otro comediante. El
comediante aconsejó al poeta que cercenase algo de los cardenales, si
no queria imposibilitar al autor el hacer la comedia. Á lo que dijo
el poeta, que le agradeciesen que no habia puesto todo el cónclave
que se halló junto al acto memorable que pretendia traer á la memoria
de las gentes en su felicísima comedia. Riyóse el recitante, y dejóle
en su ocupacion, por irse á la suya, que era estudiar un papel de una
comedia nueva. El poeta, despues de haber escrito algunas coplas de su
magnífica comedia, con mucho sosiego y espacio sacó de la faldriquera
algunos mendrugos de pan, y obra de veinte pasas, que á mi parecer
entiendo que se las conté, y aun estoy en duda si eran tantas, porque
juntamente con ellas hacian bulto ciertas migajas de pan, que las
acompañaban: sopló y apartó las migajas, y una á una se comió las
pasas y los palillos, porque no le vi arrojar ninguno, ayudándolas
con los mendrugos, que morados con la borra de la faldriquera,
parecian mohosos, y eran tan duros de condicion, que aunque él procuró
enternecerlos, paseándolos por la boca una y muchas veces, no fué
posible moverlos de su terquedad: todo lo cual redundó en mi provecho,
porque me los arrojó diciendo: To to, toma, que buen provecho te
hagan. Mirad, dije entre mí, que néctar ó ambrosía me da este poeta,
de los que ellos dicen que se mantienen los dioses y su Apolo allá
en el cielo: en fin, por la mayor parte grande es la miseria de los
poetas; pero mayor era mi necesidad, pues me obligó á comer lo que él
desechaba. En tanto que duró la composicion de su comedia, no dejó de
venir á la huerta, ni á mí me faltaron mendrugos, porque los repartia
conmigo con mucha liberalidad, y luego nos íbamos á la noria, donde
yo de bruces y él con un cangilon satisfacíamos la sed, como unos
monarcas. Pero faltó el poeta, y sobró en mí la hambre tanto, que
determiné dejar al morisco, y entrarme en la ciudad á buscar ventura,
que la halla el que se muda. Al entrar en la ciudad vi que salia del
famoso monasterio de San Jerónimo mi poeta, que como me vió, se vino
á mí con los brazos abiertos, y yo me fuí á él con nuevas muestras de
regocijo por haberle hallado: luego al instante comenzó á desembaular
pedazos de pan mas tiernos de los que solia llevar á la huerta, y á
entregarlos á mis dientes, sin repasarlos por los suyos, merced que
con nuevo gusto satisfizo mi hambre. Los tiernos mendrugos, y el haber
visto salir á mi poeta del monasterio dicho, me pusieron en sospecha
de que tenia las musas vergonzantes, como otros muchos las tienen.
Encaminóse á la ciudad, y yo le seguí con determinacion de tenerle
por amo, si él quisiese, imaginando que de las sobras de su castillo
se podia mantener mi real, porque no hay mayor ni mejor bolsa que la
caridad, cuyas liberales manos jamas están pobres; y así no estoy
bien con aquel refran, que dice: Mas da el duro que el desnudo, como
si el duro y avaro diese algo, como lo da el liberal desnudo, que
en efeto da el buen deseo, cuando mas no tiene. De lance en lance
parámos en la casa de un autor de comedias, que á lo que me acuerdo se
llamaba Angulo el Malo, por distinguirle de otro Angulo, no autor sino
representante, el mas gracioso que entónces tuvieron y ahora tienen las
comedias. Juntóse toda la compañía á oir la comedia de mi amo, que ya
por tal le tenia; y á la mitad de la jornada primera, uno á uno, y dos
á dos se fueron saliendo todos, escepto el autor y yo que serviamos
de oyentes. La comedia era tal, que con ser yo un asno en esto de
la poesía, me pareció que la habia compuesto el mismo Satanas para
total ruina y perdicion del mismo poeta, que ya iba tragando saliva,
viendo la soledad en que el auditorio le habia dejado; y no era mucho,
si el alma présaga le decia allá dentro la desgracia que le estaba
amenazando, que fué volver todos los recitantes, que pasaban de doce,
y sin hablar palabra, asieron de mi poeta, y si no fuera porque la
autoridad del autor llena de ruegos y voces se puso de por medio, sin
duda le mantearan. Quedé yo del caso como pasmado, el autor desabrido,
los farsantes alegres, y el poeta mohino, el cual con mucha paciencia,
aunque algo torcido el rostro, tomó su comedia, y encerrándosela en
el seno, medio murmurando dijo: No es bien echar las margaritas á los
puercos, y sin decir mas palabra, se fué con mucho sosiego: yo de
corrido ni pude ni quise seguirle, y acertélo, á causa que el autor me
hizo tantas caricias, que me obligaron á que con él me quedase, y en
ménos de un mes salí grande entremesista y gran farsante de figuras
mudas: pusiéronme un freno de orillos, y enseñáronme á que arremetiese
en el teatro á quien ellos querian, de modo que como los entremeses
solian acabar por la mayor parte en palos, en la compañía de mi amo
acababan en zuzarme, y yo derribaba y atropellaba á todos, con que daba
que reir á los ignorantes, y mucha ganancia á mi dueño. ¡Oh Cipion,
quién te pudiera contar lo que vi en esta y en otras dos compañías de
comediantes en que anduve! mas por no ser posible reducirlo á narracion
sucinta y breve, lo habré de dejar para otro dia, si es que ha de haber
otro dia en que nos comuniquemos. ¿Ves cuán larga ha sido mi plática?
¿Ves mis muchos y diversos sucesos? ¿Consideras mis caminos y mis amos
tantos como han sido? Pues todo lo que has oido es nada comparado á
lo que te pudiera contar de lo que noté, averigüé y vi desta gente,
su proceder, su vida, sus costumbres, sus ejercicios, su trabajo, su
ociosidad, su ignorancia y su agudeza, con otras infinitas cosas, una
para decirse al oido, otras para aclamallas en público y todos para
hacer memoria dellas, y para desengaño de muchos que idolatran en
figuras fingidas, y en bellezas de artificio y de transformacion.
CIPION. Bien se me trasluce, Berganza, el largo campo que se te
descubria para dilatar tu plática, y soy de parecer que la dejes para
cuento particular, y para sosiego no sobresaltado.