Vuelto Rodil a su patria, lo trataron sus paisanos con especial
distinción; y fué el único, de los que militaron en el Perú, a quien no
aplicaron el epíteto de _ayacucho_ con que se bautizó en España a los
amigos políticos de Espartero. Rodil figuró, y en altísima escala, en la
guerra civil de cristinos y carlistas; y como no nos hemos propuesto
escribir una biografía de este personaje, nos limitaremos a decir que
obtuvo los cargos más importantes y honoríficos. Fué general en jefe del
ejército que afianzó sobre las sienes de doña María de la Gloria la
corona de Portugal. Tuvo después el mando del ejército que defendió los
derechos de Isabel II al trono de España, aunque le asistió poca fortuna
en las operaciones militares de esta lucha, que sólo terminó cuando
Espartero eclipsó el prestigio de Rodil.
Fué virrey de Navarra, marqués de Rodil y sucesivamente capitán general
de Extremadura, Valencia, Aragón y Castilla la Nueva, diputado a Cortes,
ministro de la Guerra, presidente del Consejo de ministros, senador de
la Alta Cámara, prócer del reino, caballero de collar y placa de la
orden de la Torre y Espada, gran cruz de las de Isabel la Católica y
Carlos III, y caballero con banda de las de San Fernando y San
Hermenegildo. Entre él y Espartero existió siempre antagonismo político
y aun personal, habiendo llegado a extremo tal que, en 1845, siendo
ministro el duque de la Victoria, hizo juzgar a Rodil en consejo de
guerra y lo exoneró de sus empleos, honores, títulos y condecoraciones.
Al primer cambio de tortilla, a la caída de Espartero, el nuevo
ministerio amnistió a Rodil, devolviéndole su clase de capitán general y
demás preeminencias.
El marqués de Rodil no volvió desde entonces a tomar parte activa en la
política española, y murió en 1861.
Espartero murió en enero de 1879, de más de ochenta años de edad.