II

--¿Y qué virrey gobernaba entonces?--Paréceme oír esta pregunta, que es

de estilo cuando se escucha contar algo de cuya exactitud dudan los

oyentes.

Pues, lectores míos, gobernaba el excelentísimo señor don Gabriel de

Avilés y Fierro, marqués de Avilés, teniente general de los reales

ejércitos y que, después de haber servido la presidencia de Chile y el

virreinato de Buenos Aires, vino en noviembre de 1801 a hacerse cargo

del mando de esta bendita tierra.

Avilés había llegado al Perú en la época del virrey Amat; y cuando

estalló en 1780 la famosa revolución de Tupac-Amaru fué mandado con

tropas para sofocarla. Excesivo fué el rigor que empleó Avilés en esa

campaña.

Durante su gobierno se erigió el obispado de Maynas y se incorporó

Guayaquil al virreinato. Se estableció en Lima el hospital del Refugio

para mujeres, a expensas de Avilés y de su esposa la limeña doña

Mercedes Risco, y se principió la fábrica del fuerte de Santa Catalina

para cuartel de artillería, bajo la dirección del entonces coronel, y

más tarde virrey, don Joaquín de la Pezuela.

Con grandes fiestas se celebró la llegada del flúido vacuno. Tuvo el

Perú la visita del sabio Humboldt, y en Lima se experimentó una noche el

alarmante fenómeno de haberse oído con claridad muchos truenos. En esa

época se plantaron los árboles de la Alameda de Acho.

Como España y Francia hacían causa común contra Inglaterra y acababa de

realizarse el desastre de Trafalgar, dos bergantines ingleses atacaron

en Arica a la fragata de guerra española Astrea, ocasionándola fuertes

averías y forzándola a buscar abrigo en la bahía.

Tratando de dar cumplimiento a una real orden sobre desamortización de

bienes eclesiásticos, tropezó Avilés con serias resistencias, que el

prudente virrey calmó dando largas al asunto y enviando consultas y

memoriales a la corona. No fué ésta la primera vez en que el virrey

apeló al expediente de dar tiempo al tiempo para libertarse de

compromisos. En 1804 interesábase la ciudad porque el virrey dictase

cierta providencia; mas él, creyendo que la cosa no era hacedera o que

no entraba en sus atribuciones, decidió consultar al monarca. El pueblo,

que lo ignoraba, se echó a murmurar sin embozo, y en la puerta de

palacio apareció este pasquín:

_¡Avilés! ¡Avilés!_

_¿Qué haces que por la ciudad no ves?_

El virrey no lo tomó a enojo, y mandó escribir debajo:

_Para dar gusto a antojos_

_he mandado hasta España por anteojos._

Respuesta que tranquilizó los ánimos, pues vieron los vecinos que su

empeño estaba sujeto a la decisión del rey.

Avilés consagraba gran parte de su tiempo a las prácticas religiosas. El

pueblo lo pintaba con esta frase. En la oración _hábil es y en gobierno

inhábil es_.

En julio de 1806 entregó el mando a Abascal.

Anciano, enfermo y abatido de ánimo, por la reciente muerte de su

esposa, quiso Avilés regresar a España. La nave que lo conducía arribó a

Valparaíso, y a los pocos días falleció en este puerto el _virrey

devoto_, como lo llamaban las picarescas limeñas.

Tradiciones peruanas · 第 54 / 96 题