El agua lame la tierra y vive en el cieno: yo discurro por las
regiones etéreas y vuelo en el espacio sin límites. Sigue los
movimientos de tu corazón, deja que tu alma suba como la llama y
las azules espirales del humo. ¡Desdichado el que, teniendo alas,
desciende á las profundidades para buscar oro, pudiendo remontarse á
la altura para encontrar amor y sentimiento!
Vive oscura como la violeta, que yo te traeré en un beso fecundo el
germen vivificante de otra flor hermana tuya, y rasgaré las nieblas
para que no falte un rayo de sol que ilumine tu alegría. Vive oscura,
vive ignorada, que cuando tu espíritu se desate, yo lo subiré á las
regiones de la luz en una nube roja.
* * * * *
Callaron el viento y el agua, y apareció el gnomo.
El gnomo era como un hombrecillo transparente: una especie de enano
de luz, semejante á un fuego fatuo, que se reía á carcajadas, sin
ruido, y saltaba de peña en peña, y mareaba con su vertiginosa
movilidad. Unas veces se sumergía en el agua y continuaba brillando
en el fondo como una joya de piedras de mil colores; otras salía á la
superficie y agitaba los pies y las manos, y sacudía la cabeza á un
lado y á otro con una rapidez que tocaba en prodigio.
Marta vió al gnomo y le estuvo siguiendo con la vista extraviada en
todas sus extravagantes evoluciones; y cuando el diabólico espíritu
se lanzó al fin por entre las escabrosidades del Moncayo, como una
llama que corre, agitando su cabellera de chispas, sintió una especie
de atracción irresistible y siguió tras él con una carrera frenética.
--_¡Magdalena!_--decía en tanto el aire que se alejaba lentamente;
y Magdalena, paso á paso y como una sonámbula, guiada en el sueño
por una voz amiga, siguió tras la ráfaga, que iba suspirando por la
llanura.
Después todo quedó otra vez en silencio en la oscura alameda, y el
viento y el agua siguieron resonando con los murmullos y los rumores
de siempre.