Remonta mi corriente, desnúdate del temor como de una vestidura
grosera, y osa traspasar los umbrales de lo desconocido. Yo he
adivinado que tu espíritu es de la esencia de los espíritus
superiores. La envidia te habrá arrojado tal vez del cielo para
revolcarte en el lodo de la miseria. Yo veo, sin embargo, en tu
frente sombría un sello de altivez que te hace digna de nosotros,
espíritus fuertes y libres... Ven, yo te voy á enseñar palabras
mágicas de tal virtud, que al pronunciarlas se abrirán las rocas y
te brindarán con los diamantes que están en su seno, como las perlas
en las conchas que sacan del fondo del mar los pescadores. Ven, te
daré tesoros para que vivas feliz; y más tarde, cuando se quiebre la
cárcel que te aprisiona, tu espíritu se asimilará á los nuestros, que
son espíritus humanos, y todos confundidos seremos la fuerza motora,
el rayo vital de la creación, que circula como un fluido por sus
arterias subterráneas.