IV

Magdalena tornó al lugar pálida y llena de asombro. A Marta la

esperaron en vano toda la noche.

Cuando llegó la tarde del otro día, las muchachas encontraron un

cántaro roto al borde de la fuente de la alameda. Era el cántaro

de Marta, de la cual nunca volvió á saberse. Desde entonces las

muchachas del lugar van por agua tan temprano, que madrugan con el

sol. Algunas me han asegurado que de noche se ha oído en más de una

ocasión el llanto de Marta, cuyo espíritu vive aprisionado en la

fuente. Yo no sé qué crédito dar á esta última parte de la historia,

porque la verdad es que desde entonces ninguno se ha atrevido á

penetrar para oirlo en la alameda después del toque del Ave-María.

[Ilustración]

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Obras escogidas · 第 59 / 158 题