Yo vengo de vagar por la llanura, y como la abeja que vuelve á la
colmena con su botín de perfumadas mieles, traigo suspiros de mujer,
plegarias de niños, palabras de casto amor y aromas de nardos y
azucenas silvestres. Yo no he recogido á mi paso más que perfumes y
ecos de armonías; mis tesoros son inmateriales, pero ellos dan la paz
del alma y la vaga felicidad de los sueños venturosos.
* * * * *
Mientras su hermana, atraída como por un encanto, se inclinaba al
borde de la fuente para oir mejor, Magdalena se iba instintivamente
separando de los riscos entre los cuales brotaba el manantial.
Ambas tenían sus ojos fijos, la una en el fondo de las aguas, la otra
en el fondo del cielo.
Y exclamaba Magdalena mirando brillar los luceros en la
altura:--Esos son los nimbos de luz de los ángeles invisibles que nos
custodian.
En tanto decía Marta, viendo temblar en la linfa de la fuente el
reflejo de las estrellas:--Esas son las partículas de oro que
arrastra el agua en su misterioso curso.
El manantial y el viento, que por segunda vez habían enmudecido un
instante, tornaron á hablar, y dijeron: