el gobierno. El país reclamaba un magistrado supremo. Por fin, el 31 de
Marzo de 1823, presentóse á Freire un oficio de los plenipotenciarios
de Santiago, Concepción y Coquimbo, en que éstos solicitaban de él
que aceptara el cargo. Otro designaba á estos tres, á saber, don Juan
Egaña, plenipotenciario de Santiago; don Manuel Novoa, de Concepción,
y don Manuel Antonio González, de Coquimbo, para que con el nuevo
director y el secretario Alamos formaran un senado, acordaran una _acta
de unión_ y reunieran en una las convenciones de las tres divisiones
del Estado. El primero de Abril aceptó Freire el cargo de director, el
senado entró en funciones y se reunió, si no me equivoco, la Convención.
La revolución fué dirigida y llevada á cabo con inusitada moderación y
serenidad, que honran á los caudillos de ambos partidos y que espero
seguirán inspirando los procedimientos del nuevo gobierno.
Creo que nada completará mejor esta suscinta exposición de los cambios
políticos ocurridos en Chile después de mi partida que el siguiente
memorial, dirigido á la nueva Convención y firmado por los miembros
de la Junta de gobierno que ejerció la autoridad suprema desde la
abdicación del director O’Higgins hasta la reunión del congreso, ó más
bien hasta la elección del nuevo senado[153].
“Señores diputados:
“La reunión de los representantes del pueblo en esta augusta asamblea,
es el momento suspirado de la Patria para aplicar remedios á los
terribles males que la aflijen, y jamás gobierno alguno se vió en
circunstancias de desearla con tan ardiente empeño como la Junta
gubernativa en la crisis actual.
“Vosotros vais, señores, á restablecer la Nación, que, desgracias que
no era fácil prever, amagan reducir á la nada. Seis años de un gobierno
coronado en todas sus empresas con sucesos felices, respetado entre
los extraños y temido al menos en nuestro territorio, habían dado al
directorio pasado todo el poder de hacer bien.
“Al ímpetu de las armas y á la exaltación de pasiones que acompañan los
primeros momentos de toda revolución, había sucedido la calma de la paz.
“El pueblo conocía que sus derechos no consistían en el uso de un
poder ilimitado y ejercido aisladamente, que podía precipitarle
en la anarquía, y que su sólida felicidad estaba en el orden y en
establecerse instituciones garantes que bajo el imperio de las leyes le
defendiesen de la arbitrariedad.
“Pero, por una desventura que acompaña al hado de las naciones,
faltó tino para hacer el bien al gobierno que mejor pudo hacerlo.
El descontento público rompió la barrera de la opresión, y agitadas
las pasiones en este impetuoso choque contra el anterior gobierno,
amagan males que, si no se evitan antes del término en que lleguen
á ser irremediables, sumirían á la Patria en el sepulcro, llevando
tras sí el recuerdo de doce años de gloria y sacrificios perdidos. A
vosotros, pues, padres del pueblo, se encarga alejar la confusión, la
desorganización, el deshonor de la Patria. Este es el preciso y el
grande objeto con que sois llamados.
“La Junta no teme decirlo: Chile nunca se vió en crisis más peligrosa.
Nuestra revolución presenta vicisitudes en que casi se han cometido
todos los errores é inadvertencias de que es capaz el espíritu humano;
mas en un gobierno siempre concentrado y en la estrecha unión de todos
sus hijos, oponía la Patria un dique á las desgracias que iban á
inundarla.
“Hoy por la primera vez amenaza el grito de desunión, y esta voz, más
que á los oídos, debe herir el corazón de los patriotas.
“La prudencia, un generoso desprendimiento de intereses subalternos que
nada son delante del bien general del Estado, y los principios de la
más exacta igualdad y justicia, evitarán los desórdenes, las divisiones
que van á hacer á los pueblos maldecir la hora en que salieron de
tranquila esclavitud.
“Luego se cumplirán dos meses que el voto de nuestros conciudadanos
nos llamó á encargarnos de la administración pública, y no ha pasado
un día de este corto período que no haya sido señalado con alguna
circunstancia que agravase la amargura de nuestro corazón.
“Al haceros presente la situación política del Estado, vais á fijar
la vista en un cuadro de desgracias presentes y de temores para lo
futuro que avergüenza nuestros días, y que silenciaríamos para que
fuera de Chile no se supiesen nuestras miserias interiores si el mal no
necesitase de tan urgente remedio y si no estuviese en nuestras manos
mejorar nuestra suerte y ser respetables y felices en el momento que
queramos.
“Chile formaba una república indivisible en principios de Noviembre
último. Abrumados los pueblos del peso de la opresión, se sustrajeron
de la obediencia del Director del Estado, estableciendo Asambleas que
reuniesen respectivamente la representación de cada provincia.
“Este esfuerzo generoso, dirigido únicamente contra el ciudadano que
gobernaba con arbitrariedad, no ha podido ser una empresa contra
nosotros mismos; no ha podido tener por objeto atacar la unidad
de la Nación. El Director, en los últimas días de su mando, para
restituir al país la tranquilidad que no pudo conservar, ofreció á los
representantes de Concepción (que decían obrar de acuerdo con los de
Coquimbo) abdicar en la persona que ellos le propusiesen la Dirección
Suprema del Estado, cual la había ejercido, para que este trastorno no
ocasionase la disolución de la república.
“El pueblo de Santiago, que ignoraba tal propuesta y que además no
creía aceptasen las provincias ofrecimientos del jefe á quien combatían
y de cuyo influjo desconfiaban, se anticipó á verificar el trastorno
para reunirse á sus hermanos.
“Permitid, señores, á la Junta una clase de vanagloria que, aunque la
caractericéis de debilidad, es la que menos puede manchar la reputación
del hombre honrado. Sus vocales tuvieron la satisfacción de creer que,
ocupando provisoriamente el gobierno, podrían reunir la voluntad de la
nación.
“Enemigos constantes del despotismo, y, por consiguiente, de la
administración que acababa; defensores impertérritos de los derechos
de los pueblos, y habiendo dado pruebas de desprendimiento, se
persuadieron que, si las provincias habían tomado las armas contra
la persona únicamente del Director para reunirse en un Congreso,
destituída aquélla, y convocándose éste, se había llenado el deseo
universal.
“Por otra parte, ¿qué males podrían haber sufrido Concepción y Coquimbo
que no hubiese sentido más agravados Santiago? ¿Qué ventajas podrían
prometerse de una reforma que Santiago no las esperase también? Iguales
los males, iguales las necesidades, iguales las circunstancias y unos
mismos los remedios, no existía una provincia en que se presumiesen
aspiraciones ó intereses distintos.
“La Junta, sin embargo, no tuvo la ligereza de querer erigirse en
suprema sin el voto de los demás pueblos. Quiso, sí, que la República
permaneciese una, y avisó á as provincias que se iba á citar á
Congreso, y que, entretanto, para no aparecer en anarquía, debía
existir una autoridad central y suprema, que estaba en las facultades
de las mismas provincias proceder á nombrarla provisoriamente hasta la
reunión del Congreso, pero que, debiendo tardar tanto la elección de
diputados á Congreso general como la de diputados para nombramiento del
gobierno provisorio, parecía más acertado y más conforme á la brevedad
con que la nación deseaba reunir sus representantes, reconocer á la
Junta gubernativa como un gobierno provisional hasta la instalación de
dicho Congreso, para cuya convocatoria se consultó á las Asambleas de
Concepción y Coquimbo, á fin de que acordasen los términos en que debía
expedirse.
“Las provincias estuvieron disconformes en sus contestaciones. Ninguna
tuvo á bien reconocer la autoridad central en la Junta gubernativa, ni
convenir en la citación á Congreso sin que precediese un nuevo gobierno
provisorio.
“Conocimos entonces que ya estaba sobre nuestras cabezas el mal temido;
la separación, aunque momentánea, de diversos territorios del Estado.
Para formar ese gobierno general, centro de unión de una república
indivisible, avivó la Junta negociaciones con el general Freire y sus
diputados, de que dará pormenor cuenta el ministro de Estado; y que,
admitidas en gran parte, quedaron sin efecto por la consulta y poderes
bastantes que los diputados de Concepción anunciaron haber pedido á
aquella Asamblea.
“Subsisten hasta hoy independientes de hecho las provincias, y acaba
de congregarse en esta capital una diputación de las Asambleas de
Concepción y Coquimbo, con amplitud de poderes para acordar la reunión
de la Nación.
“La Junta no considera á aquellas provincias, como tampoco á Santiago,
en calidad de Estados soberanos é independientes. Les mira como una
fracción de la Nación, cuyos magnates y representantes, ocupando el
mando para conservar el orden en la disolución del anterior gobierno,
tratan ahora de restablecer la unión de la República.
“La provincia de Santiago, entretanto, reconoció tranquila y
espontáneamente á la Junta gubernativa hasta Cachapoal. Los partidos
de Colchagua y Maule se agregaron por sí mismos á la provincia de
Concepción, obligados, según expusieron sus Cabildos, de la fuerza de
las circunstancias.
“Excitados por la Junta á reunirse á la Intendencia de que siempre
habían formado parte, Colchagua volvió á su antigua posición, al
contrario de Maule, que, á consecuencia de un oficio de la Asamblea de
Concepción que resistía esta medida, ha continuado agregado á aquella
provincia.
“En esta parte el general Freire concurrió á secundar los deseos de la
Junta, manifestando á aquellos partidos su anuencia en que se reuniesen
á Santiago. Curicó ha protestado siempre su constante adhesión al
gobierno de esta provincia, que en el día no sufre otra desmembración
que la del territorio de Maule.
“El ejemplo de provincias separadas de la indivisibilidad del Estado,
de partidos segregados de sus provincias, de gobiernos municipales
elegidos bajo formas distintas, ha sido funesto para la tranquilidad
interior; lo es mucho más para nuestras relaciones exteriores y lo será
incomparablemente con el trascurso del tiempo, que dé más extensión á
las ideas desorganizadoras, y familiarizarse más con ellas.
“Nada es más cierto que el que los pueblos equivocan sus ideas de
libertad hasta abrazar en su lugar al monstruo precursor seguro de la
esclavitud.
“En varios partidos se han sentido síntomas de este desorden, último
término á que pueden llegar las desgracias públicas.
“En Casablanca una reunión de pueblo atacó con armas á su teniente
gobernador.
“En Quillota algunos vecinos descontentos dieron á Chile por la primera
vez el lamentable espectáculo de la sangre de los hijos de la Patria,
derramada en medio de las poblaciones por altercados sobre el gobierno.
“En otros puntos la Junta ha conseguido sofocar las disensiones
intestinas con medidas de suavidad y de prudencia.
“Salvadas una vez las barreras del orden, es preciso que el gobierno
se resienta de debilidad, puesto que, sin la obediencia y eficaz
cooperación de los súbditos, no puede hacer uso de los únicos resortes
con que ha de manejarse el cuerpo político.
“Los pueblos amenazan con separarse ó agregarse á su arbitrio.
“Los ciudadanos particulares creen que usan de la soberanía que reside
en el pueblo cada vez que, reuniéndose, intentan un trastorno.
“Los funcionarios públicos, vacilantes y fluctuando entre
incertidumbres y temores de una variación repentina, no usan del vigor
que convendría para contener la ruina del edificio social.
“El subalterno no obedece al superior, cuya autoridad reputa momentánea
y fácil de alejar de sí.
“En tales circunstancias, sin libertad, sin poder, ¿cuál será la
administración?
“Dividida de hecho la nación con tres autoridades soberanas que
gobiernan por sí mismas y aun sin consultarse y acordarse entre sí,
todos los negocios de interés general, todos los que dicen relación al
cuerpo de la República se hallan abandonados para mayor desgracia y
destrucción de la Patria.
“El Perú, señores, es el objeto más triste y urgente que se presenta á
nuestros ojos. El ejército libertador, compuesto de los vencedores de
Chacabuco y Maipo; este ejército, cuyo transporte á dar la libertad al
Imperio de los Incas había costado tan enormes sacrificios á Chile ha
sido batido por el general Canterac.
“El Perú debe volver á encorvarse bajo el yugo de la atroz é irritada
España, si Chile, adonde aquellos nuestros desgraciados hermanos
extienden los brazos, no les auxilia poderosa y oportunamente.
“No sólo el interés general, que nos empeña en sostener la causa de
la independencia; no sólo la humanidad y la fe de los tratados, sino
nuestra propia conservación, nos impelen al socorro, á la defensa de la
América, que debe hacerse en aquel último teatro de la guerra.
“Defendiendo al Perú, defendemos en su territorio á Chile, á todo el
continente. ¿Quién dudó jamás que el empeño más noble, el más útil, el
más necesario que alguna vez pudo la Patria consagrar á su libertad era
este auxilio? La Junta lo decretó después de acordarlo en consejo de
los oficiales generales del Estado; más la falta de un gobierno central
y supremo ha aparecido como un obstáculo para esta empresa: es decir,
para salvar nuestra existencia.
“No puede concebirse situación más deplorable que la que ofrece la
Hacienda pública. Más de un millón de deuda de urgente pago; más de
40.000 pesos de presupuesto para gastos inexcusables del momento, y una
lista mensual que excede en cuatro tantos á las entradas actuales del
Erario, ofrecen un cuadro casi desesperadamente desconsolador.
“El ministro encargado de este departamento instruirá á la Asamblea
de su pormenor. Establecer un nuevo sistema de Hacienda, reformar los
abusos, reducir los gastos á una justa proporción con las entradas, son
pasos que requieren la centralización de gobierno.
“Un empréstito ruinoso que esclaviza por muchos años la nación y
agota sus recursos llama, la atención del gobierno, ó para apartar de
nosotros, si es posible, este peso insoportable, ó para hacer menos
funestas sus consecuencias.
“En cada día que corre se aumenta la deuda y se agrava nuestra
responsabilidad. Si toda la Nación obligada ha de ser la que adopte el
remedio necesario, considerad, señores, qué menos motivo de urgencia es
éste para acelerar la centralización del gobierno.
“La escuadra nacional, esa escuadra á quien indisputablemente se debe
la destrucción de la tiranía, se halla surta en nuestros puertos, donde
los buques, ó ya se han inutilizado, ó por sus continuos deterioros
están muy cerca de este término.
“Sus oficiales, entretanto, que se cubrieron tantas veces de gloria en
el Pacífico, existen á medio sueldo, y en la mayor parte extranjeros,
se ausentan diariamente, siendo su pérdida irreparable en el momento
del peligro.
“Un gobierno general, aprovechando los recursos de todo el país,
volvería nuestra marina al pie brillante de 1820. Hoy, una sola
provincia, incapaz de ocurrir á tales gastos, sería triste espectadora
del aniquilamiento de la principal fuerza de una nación, cuya guerra es
ya ultramarina.
“Entre las empresas que el Director había combinado con acierto, lo
era singularmente la ocupación de Chiloé. No sólo es este archipiélago
una parte importante de Chile, que debe reunirse al resto libre de la
Nación, sino que su posesión por el enemigo es para Chile un continuo
objeto de alarma, y hace además interminable la guerra de Valdivia.
“Los gastos que sin intermisión exigía la fuerza de mar y tierra que
había de cubrir aquel punto adonde permanente llamaba la atención el
enemigo, bien valían el empeño por una vez de acabar con este último
atrincheramiento de la tiranía en Chile.
“Con nuevo sacrificio del pueblo se dirigió á Valdivia una expedición
que debía, por sus aprestos y bravura de nuestras tropas, terminar
la guerra continental. Nuestros últimos movimientos políticos han
inutilizado esta empresa. Considerable parte de la guarnición regresó
á Valparaíso, y aunque la Junta, de acuerdo con el general Freire,
ha hecho volver la fuerza necesaria para defender á Valdivia, Chiloé
queda siempre bajo la dominación española, y como un punto desde donde
la tiranía, en el último acceso de la desesperación, y con importantes
auxilios que ha recibido, puede renovar las escenas de 1813,
organizando y dirigiendo al continente ejércitos que nos subyuguen.
“Un gobierno general haría revivir la expedición de Chiloé, tan
necesaria para asegurar la libertad y lavar la afrenta que recibe la
Patria en que aún permanezcan enemigos en su territorio.
“Nuestras relaciones exteriores, subsistiendo en el mismo pie que en
Julio del año anterior, aunque no nos ofrecen motivos de aflicción,
nos recuerdan que nuestras desavenencias llevan consigo el deshonor de
Chile y nos hacen perder el crédito de doce años, adquirido á tanta
costa.
“En Europa no se dudaba de la suerte de América. La unión y la
consistencia de sus gobiernos se han mirado justamente como la mejor
garantía de nuestra independencia; y la España, para retraer á aquellas
potencias de su solemne reconocimiento, no ha usado de otras armas que
la de representarnos sumidos en la anarquía.
“En América, al reves del Perú, es reparable siempre que nos unamos; y
la Junta, después de haber procurado en este corto tiempo estrechar sus
relaciones con Colombia y con los Estados trasandinos, les ha excitado
á ocurrir en el peligro común á la defensa del Perú. El ministro de
Relaciones Exteriores os instruirá de los pasos dados á este fin.
“Nuestras instituciones y nuestra administración interior tampoco
ofrecen, señores, un cuadro con que nos podamos consolar. No hay una
que no necesite de reforma, y si el destino feliz de la Patria coloca á
su frente á un genio capaz de dirigirla, él deberá crearlo todo.
“La educación, esta base de la prosperidad nacional, se halla en
el estado más deplorable. Descuidada, por no decir abandonada, sin
fomento, sin un plan, sentimos las consecuencias de este mal en los
mismos movimientos actuales.
“La administración de justicia necesita reformas considerables, ó, por
mejor decir, exige un nuevo sistema adecuado á las luces del siglo
y á la posesión de los derechos que ha recobrado la humanidad, para
ponernos siquiera al nivel de una nación de quien dependíamos y cuyos
usos bárbaros y destructores hemos conservado, sin aprovechar las
mejoras saludables que ella misma hizo posteriormente.
“La policía, absolutamente abandonada en todos sus ramos, no existe,
así como tampoco hay un establecimiento de beneficencia pública ó que
fomente nuestro comercio, nuestra minería, nuestra industria y nuestra
agricultura.
“Nuestra fuerza militar se halla consignada en manos del general
Freire, de este oficial que, en catorce años de servicios no
interrumpidos y en acciones gloriosas que llenaron de gozo á la Patria,
acreditó su amor público y su moderación.
“Si el manejo de la Junta no hubiese sido tan franco y manifiesto; si
el testimonio de la conciencia no asegurase á sus vocales que han hecho
cuanto en bien del país pedían el honor, la justicia y la política;
si en las circunstancias eminentemente difíciles en que se ha visto
constituída encontrase otro camino que haber tomado, ella temería que
en este punto la cargáseis con una responsabilidad á que no pudiese
satisfacer.
“Cuando expiró el gobierno directorial, era el general Freire el
ciudadano que reunía la opinión universal; era también el único
que podía contener el ímpetu de pasiones exaltadas y los funestos
efectos de ilusiones políticas nacidas de principios mal entendidos y
aplicados; en suma, era el hombre que debía arrancar á la Nación de las
garras de la anarquía que amenazaba devorarla, y dar á su Patria una
suerte más gloriosa. Jamás mortal se vió en circunstancias de hacer
servicios más importantes al país en que vió la luz, teatro de sus
fatigas y de sus laureles.
“Su voz, escuchada con las íntimas efusiones del placer y del
reconocimiento desde un extremo á otro de la República, debía ser la
señal de reunión de todos pueblos bajo un gobierno tan respetable y
vigoroso como el que acababa, y tan liberal, justo y benéfico como
teníamos derecho á esperar. En semejante coyuntura, se presentó en
Valparaíso con un ejército y una expedición salida de Talcahuano,
después de haber recibido comunicaciones de la Junta donde le
manifestaba sus cordiales sentimientos, la separación del Director y
la conformidad de votos de la Nación. Este acto, que acaso fué mirado
por algunos como indicio de una conducta hostil ó solapada; como
indicante de pretensiones exhorbitantes que se quisiesen hacer valer
con las armas, como distante del respeto y consideración debidas al
gobierno, sin cuya anuencia y aún sin pretextos, se transportaba un
ejército al territorio de su mando, sorprendió á la Junta, pero no la
inquietó. ¿Por qué desconfiar del hombre cuya modestia y liberalidad
de principios eran tan notorios y tan generalmente proclamados? ¿Cómo
recelar del ciudadano en quien la Patria ponía sus esperanzas y á cuya
virtud se confiaban sus destinos? El fué invitado á pasar á Santiago,
él fué llamado á los acuerdos que tenían por objeto el bien general de
la Nación.
“Os aseguramos, señores, que no hemos omitido medio, temperamento,
fatiga para cortar con su influjo las diferencias públicas. Reclamó el
mando del ejército que existía en la provincia de Santiago, y le fué
concedido en prueba de nuestra ilimitada confianza, como garantía de
nuestra uniformidad de sentimiento y con la condición de reconocer la
autoridad de quien recibía este mando, para no faltar á los deberes
que nos impusieron los pueblos cuando, junto con el gobierno, nos
entregaron la fuerza destinada para su defensa y responsabilidad.
“Al observar que, sin establecerse el gobierno central, el jefe que se
titulaba general de una provincia independiente de hecho trasladaba
allí las tropas de Santiago, al notar que se removían comandantes, se
nombraban otros sin consulta de la Junta y aun contra su voluntad,
ésta hizo las reclamaciones que creyó convenir á su deber y á su
dignidad. Los ministros de Estado os pasarán la correspondencia seguida
entre la Junta y el general Freire por los diversos departamentos del
ministerio. En ella encontraréis que este general ha declarado solemne
y formalmente que ni él ni el ejército están sujetos á la Junta, y que
no reconoce en ella autoridad alguna sobre la fuerza militar, cuyo
mando independiente y exclusivo corresponde á él mismo.
“En ella observaréis igualmente que por este motivo se suspendieron las
providencias acordadas para el pronto envío de tropas en auxilio del
Perú, mal que, entre los actuales, no ha sido el que menos ha afligido
los días amargos de nuestra administración.
“Si la Junta no ha podido conservar una estrecha armonía con el general
Freire, os recomienda fuertemente, señores, que procuréis conseguir
este bien. No olvidéis que es el hombre único que puede salvar la
patria y contad seguramente con su desprendimiento.
“Llamadle á vuestro seno y sed más felices que nosotros en inspirarle
confianza y borrar impresiones que suenen á provincialismos ó
principios destructores.
“Que los genios maléficos, que los que aspiran á un interés personal,
que los irreflexivos é inexpertos no triunfen y arranquen los laureles
pacíficos reservados para los ciudadanos que restablecen su Patria
oprimida por males interiores.
“Si el general Freire al conservar independiente el mando de la tropa
ha querido evitar los estragos de la guerra civil, resultado preciso
de la anarquía; si ha tratado de impedir la disolución del ejército;
si con toda la fuerza de la República á sus órdenes ha querido
conservar su influjo y respeto, para hallarse en situación de hacer el
imponderable bien de terminar desavenencias; si aprovecha su crédito y
su opinión para restablecer inmediatamente la República á su anterior
indivisibilidad bajo un gobierno supremo y enérgico; si con su fuerza
no se constituye un espectador indiferente de las desgracias públicas,
ó deja abismarse á las provincias en eternas disputas sobre derechos y
teorías; si en el mejor modo que permitan las circunstancias, y con las
garantías posibles para asegurar provisoriamente la libertad, concurre
á establecer un gobierno provisional, ínterin se reúne el Congreso
general que en plena libertad dicte la constitución permanente del
Estado, él habrá usado de una política tan sublime como benéfica, y
será en todos sentidos el libertador de su Patria.