“¡Chilenos! Habéis expulsado de vuestro país los enemigos de vuestra

independencia; no mancilléis acto tan glorioso alentando la discordia

y promoviendo la anarquía, el mayor de todos los males. Consultad

la dignidad á que os ha elevado vuestro heroísmo; y si os veis en la

precisión de adoptar alguna medida para afianzar vuestra libertad

nacional, juzgad por vosotros mismos, obrad con prudencia, y dejáos

guiar por la justicia y la razón.

“Cuatro años hace que la sagrada causa de vuestra independencia me

llamó á Chile. Os ayudé á conquistarla. La he visto consumada. Sólo

resta ahora conservarla.

“Os dejo por algún tiempo, á fin de no mezclarme en asuntos ajenos de

mi deber, y por otras razones que guardo por ahora en el silencio,

para no fomentar el espíritu de partido.

“¡Chilenos! Sabéis que la independencia se obtiene á la punta de la

bayoneta. Sabed también que la libertad se funda en la buena fe y

en las leyes del honor, y que aquellos que contravienen á ellas son

vuestros únicos enemigos, entre los que nunca encontraréis á

COCHRANE.»

Nos proponemos también imprimir otra dirigida en la misma fecha á

los comerciantes ingleses y de otras nacionalidades establecidos en

Valparaíso. Dice así:

«A LOS COMERCIANTES DE VALPARAÍSO

»_Quintero, Chile, Enero 4 de 1823._

“Señores:

“No me es posible dejar este país sin manifestaros la viva

satisfacción que me causa el ver la extensión que se ha dado á

vuestro comercio, abriendo á todos el tráfico de estas vastas

provincias sobre las cuales alagaba España en otro tiempo un

exclusivo derecho. La escuadra que mantenía ese monopolio ha

desaparecido de la superficie del Océano, y la bandera de la

independencia de la América del Sur tremola por todas partes

triunfante, protegiendo aquellas comunicaciones que entre naciones

son el manantial de riquezas, poder y prosperidad.

“Si para el logro de este grande objeto se impusieron algunas

restricciones, sólo fueron aquellas que sanciona la práctica de

todos los Estados civilizados; y si bien ellas han herido los

intereses inmediatos de un corto número _que deseaba aprovecharse

de las circunstancias accidentales presentadas durante la lucha_,

es satisfactorio saber que semejantes intereses sólo han sido

pospuestos por el bien general. Si hubiese, sin embargo, algunos que

se considerasen agraviados con mi conducta, les ruego que me hagan

saber sus quejas, para tener la oportunidad de darles una respuesta

particular.

“Espero me haréis la justicia de creer que no me he determinado á

alejarme de estos mares hasta ver que nada quedaba por hacer, según

los medios de que podía disponer, en vuestra ventaja y seguridad.

“Tengo el honor de ser, señores, su muy adicto y humilde

servidor[142].

COCHRANE.”

Mr. C., que conoce el manejo de la prensa mejor que nosotros, se ha

ofrecido para ayudarnos á sacar las reproducciones.

Me agrada esta rústica vida al aire libre; el más insignificante suceso

nos interesa; y como nunca sabemos lo que vendrá ó acaecerá después,

el aguijón de la curiosidad nos mantiene en constante expectativa el

día entero. La única cosa de que estamos seguros es nuestro paseo de la

tarde.

Algunas veces nos entretenemos en examinar los efectos del terremoto y

creemos descubrir las huellas de otros incomparablemente más violentos,

ocurridos en épocas remotas. Además del placer que nos causa la

contemplación del mar, de la tierra y del cielo, no nos faltan otros

pequeños pasatiempos. Vamos, por ejemplo, al jardín, que prospera

admirablemente, y nos ocupamos en coleccionar semillas de las plantas

silvestres del país, aunque por lo temprano de la estación hay todavía

pocas maduras.

_5._--Hemos perdido otra vez al almirante por algunos días. Trasladamos

la prensa litográfica á mi carpa, donde podemos trabajar con más

libertad á cualquiera hora, sin interrumpir ocupaciones ajenas y sin

que tampoco nos interrumpan.

El trabajo habría marchado á las mil maravillas si no fuera que la

tinta enviada por los fabricantes de prensas para la exportación es tan

mala, que nos vemos obligados á renovar la escritura en la piedra con

mucha frecuencia, de modo que en igualdad de tiempo podríamos haber

hecho á pluma el mismo número de copias.

_9._--Hoy nos sorprendió la llegada á la bahía de un gran buque

que permaneció varias horas lejos de la costa. En las actuales

circunstancias todo despierta sospechas, y como el almirante ha estado

ausente más tiempo del que esperábamos y sin escribir, comenzamos á

tener un poco de alarma por él.

Según las noticias que corren, la actual contienda no tardará en

decidirse. Freire llegó al Maule, á seis días de Santiago. Aunque el

Director protestó al principio que jamás abandonaría á Rodríguez,

parece ahora que no sólo el ministro, sino también sus medidas y el

reglamento han sido sacrificados, probablemente demasiado tarde para

salvar el resto.

Es indudable que hubo voluntad para reprimir los abusos y debilidad

para tolerarlos, y que el respeto y el amor al gobierno han disminuído

en proporción á esa debilidad. Lo siento en el alma por el Director.

Estoy convencida de que sus intenciones fueron buenas y no puedo

olvidar su bondad para conmigo[143].

_10._--Lord Cochrane regresó en la _Moxtezuma_. Todo lo relativo á

nuestro viaje está ya acordado. Nos embarcamos en el bergantín _Colonel

Allen_, que vendrá con ese objeto á Quintero.

Esperamos que levará anclas antes de una semana. Todos trabajan ahora

activamente: los peones del administrador salan carne en el cerro, los

carpinteros clavan cajones, otros individuos cortan tiras de cuero para

cuerdas, los secretarios escriben, la prensa litográfica funciona,

los marineros ajustan maderos para construir balsas ó almadías en que

transportar la carga al buque[144]; y en medio de todo esto, personas

que van y vienen, ingleses y de otras nacionalidades, á despedirse del

almirante, ó, siento decirlo, para darse la triste satisfacción de

manifestar su ingratitud.

Hombres por quienes él lo ha hecho todo, mientras estuvo al servicio

de Chile y mucho antes, hombres que le deben todo lo que son y valen,

le echan en cara el fracaso de sus propias ambiciones y codicias,

como si hubiera podido repartir á manos llenas títulos ó distinciones

honoríficas ó disponer de los fondos públicos. A su regreso de Acapulco

hizo en este sentido por ellos lo que hizo por él mismo: obtener de los

ministros una promesa solemne de que se les pagarían y recompensarían

sus servicios[145]. Si algunos de los oficiales han celebrado contratos

privados en ventaja propia, ellos saben mejor que nadie con qué

condiciones los ajustaron.

Sin embargo, hay algunos en este país, y de sus mejores ciudadanos, que

respetan sinceramente al almirante; pero yo creo que en la amistad como

en el amor _ce n’est pas tout d’être aimé; il faut être apprécié_, y

apenas hay aquí uno, que yo sepa, que sea capaz de apreciarlo en lo que

vale; de suerte que hasta los homenajes que recibe son indignos de él.

¡Oh, si estuviera en su patria!

_17._--Por fin ya está todo á bordo y nosotros listos para partir.

Esta mañana lord Cochrane y yo subimos á las cumbres de casi todos los

cerros que hay entre la casa de la Herradura y el mar. Quizá será esta

la última vez que él recorra estos lugares por los cuales tanto ha

hecho, y yo, probablemente, no volveré á ver los sitios donde, á pesar

de tantos sufrimientos, he experimentado tantos y tan gratos goces.

Tenemos una numerosa colección de semillas y raíces que espero ver

brotar y florecer en mi tierra para que me recuerden ésta en que se me

dió una bondadosa hospitalidad que jamás olvidaré[146].

En cuanto al almirante, á pesar de no habérsele recompensado dignamente

sus servicios, recordará siempre con satisfacción que fué útil á la

gran causa de la independencia sur-americana y á los habitantes de

este país, que le deben las primeras ideas de muchos adelantos en la

agricultura, en las artes y hasta en el gobierno, ideas que algún día

darán fruto. A este respecto, sus recuerdos de Chile no pueden menos de

ser gratos.

De vuelta á las carpas encontramos á varios amigos que venían á darnos

la despedida, aunque, para decir verdad, las carpas ya no existían y

sólo quedaba el rancho, en el cual comimos muy alegremente, aunque con

poquísima comodidad, pues, fuera de unos pocos cuchillos y platos,

todo estaba ya en el buque. Nos improvisamos tenedores de madera y

los cuchillos pasaron de mano en mano. Un trozo de carne asada al aire

libre y algunas patatas al rescoldo, tal fué nuestra última comida en

la Herradura.

_18._--Anoche dormimos á bordo. La mañana se empleó en hacer provisión

de leña y agua. A las seis, el capitán Crosbie fué á bordo de la

_Moctezuma_ á arriar la insignia de lord Cochrane[147], dándose así

por terminada su autoridad naval en Chile. Dispárase un cañonazo y

la insignia fué llevada á bordo del _Colonel Allen_ y entregada á

su señoría, que la recibió de pie en la popa, sin revelar emoción,

y recomendó que la guardaran cuidadosamente. Algunos de los que lo

rodeaban dieron signos de estar vivamente impresionados[148]. Con esa

bandera les había mostrado muchas veces el camino de la victoria y

siempre el del honor.

Quintero va perdiéndose más y más en el horizonte; sólo Dios sabe si lo

volveremos á ver.

Lord Cochrane adoptó á Chile por patria. El gobierno lo trató mal, y

ahora, cuando le sería fácil, si lo quisiera, vengarse de los malos

tratamientos que ha sufrido, se retira. No ignoro que hay quienes creen

justo y conveniente que todos los hombres honrados tomen parte en las

conmociones civiles para que los mejores y más prudentes procuren la

reconciliación de los bandos. Esto puede convenir á los naturales de

un país, mas de ninguna manera á un extranjero, y mucho menos á un

extranjero de noble alcurnia y cubierto de glorias militares, en quien

podría suponerse que á los medios de imponer su autoridad se uniría el

deseo de ejecutarlo.

En este caso, después de haber librado al país de un enemigo extranjero

y afianzado su independencia nacional, es prudente, es noble, es

generoso mantenerse lejos de las discusiones internas y dejar que los

hijos del país sean los árbitros de las conveniencias del mismo. La

ley y la justicia mismas sólo pueden preservar á los ciudadanos de

males exteriores, más no entremeterse en sus asuntos de familia.

_22._--Del 18 al 21 tuvimos muy mal tiempo y mar agitado. Esta mañana

divisamos á proa y al través de la niebla la isla de Más Afuera, á

unas siete leguas de distancia. Un poco después pusimos proa hacia

Juan Fernández, donde completaremos nuestra provisión de agua. Mucho

habría sentido, en verdad, dejar el Pacífico sin conocer la isla de

Alejandro Selkirk, que con el nombre de Robinsón Crusoe es, después de

Don Quijote, el prototipo del más interesante de los héroes de novelas.

_24._--Ayer y hoy, Juan Fernández á la vista. Aunque navegábamos á

velas desplegadas no pudimos llegar sino en la tarde, poco antes de

ponerse el sol. Es la isla más pintoresca que he visto, toda formada

de grandes rocas perpendiculares y hermosos valles, en el mayor de

los cuales se ven las ruinas de una pequeña ciudad, que realzan lo

pintoresco del conjunto. Cuando anclamos era demasiado tarde para bajar

á tierra, pero permanecimos sobre cubierta hasta tarde, admirando la

extraordinaria belleza de aquella escena, iluminada por la luz de la

luna.

_25._--Antes de aclarar, lord Cochrane y demás caballeros bajaron á

tierra con el objeto de subir el elevado cerro que se alza detrás del

puerto y divisar desde la cumbre el otro lado de la isla, donde dicen

que hay llanos y tierras cultivables. Los ví escalar un altísimo pico,

y después desembarqué con Glennie y otros para recorrer un poco la

isla y comer. Su señoría y compañeros volvieron de su excursión muy

contrariados.

El contramaestre del bergantín, que algunos años antes pasó varios

días en la isla, se ofreció para guiarlos, pero en vez de llevarlos á

la cima más elevada los hizo escalar trabajosamente un áspero picacho

de 1.500 pies de altura, rodeado de otros más altos aún, de suerte que

desde su cumbre no se veía más que desde abajo. Lord Cochrane trajo

de allí un trozo de lava negra, pesada y porosa, y un poco de arcilla

dura y llena de celdillas, cuyo interior parece estar ligeramente

vitrificado. La isla se compone principalmente, á lo que parece, de

esta lava porosa, cuyas estratas, cruzadas en ángulos rectos por una

lava negra y compacta, descienden hasta el mar con una inclinación

de 22 grados en el lado este de la isla y de 16 en el opuesto,

convergiendo hacia el centro de ella. Los valles son fertilísimos y

surcados por numerosos arroyos, que de cuando en cuando forman pantanos

en que abunda el berro y otras plantas acuáticas.

El suelo es por lo común de color ocre rojizo; hay montículos y bancos

de arcilla roja, y encontré una especie de cenizas volcánicas parecidas

á la puzzolana y algunos fragmentos de piedra pómez. El pequeño valle

en que se halla la ciudad, ó mejor dicho, sus ruinas, es bellísimo,

cubierto de árboles frutales, flores y hierbas aromáticas, y en la

parte próxima á la costa de rábanos y avenas marítimas. Juan Fernández

sirvió en otro tiempo de presidio para prisioneros políticos, ignoro

desde cuándo, probablemente desde la revolución ó poco antes, pues

sobre la puerta de la destruída iglesia se lee esta inscripción:

«La casa de Dios es la puerta del cielo, y

se colocó el 24 de Septiembre de 1811.»

Había un pequeño fuerte en la playa, del cual no quedan sino los fosos

y parte de un muro, y otro, desproporcionadamente grande para el lugar,

en un punto elevado y estratégico. Este tenía un cuartel para la

guarnición, arruinado como la mayor parte del fuerte; sólo quedan en

pie el muro del frente, el asta de la bandera y una torrecilla.

Bajo el asta de bandera yace un hermoso cañón de bronce fundido en

España en 1614. Subsisten aún algunas casas y chozas en regular estado,

aunque la mayor parte de sus puertas, ventanas y techos han sido

llevados ó empleados como combustible por las tripulaciones de buques

balleneros ú otros que han tocado en la isla.

La condición de la colonia fué floreciente durante algunos años. Los

desterrados cultivaban legumbres y árboles frutales, que prosperan

aquí admirablemente, tanto que muchas especies se han hecho silvestres

y multiplicado hasta el punto de servir para el abastecimiento de los

buques, que procuraba á los reos algunos medios con que hacer menos

penoso su destierro.

Esto, sin embargo, no tardó en suscitar envidias y recelos, y las

autoridades lo prohibieron á los desterrados. Prohibióseles también el

cultivo de la vid, á que el terreno de la isla era extraordinariamente

favorable, y los rebaños fueron arrojados de los bosques por medio de

perros para que los colonos no se hicieran demasiado independientes.

No obstante, la colonia se mantuvo durante algún tiempo, y los buques

tocaban á menudo en la isla, especialmente para proveerse de agua, que

es mejor y más abundante que la de Valparaíso y se conserva más tiempo

en el mar; pero después que se prohibió á los prisioneros abastecerse

de provisiones, éstas eran enviadas por el gobierno.

A mediados de 1821 estalló un motín contra el gobernador, encabezado

por el norte-americano Brandt, y en que se creyó implicado á uno de

los desgraciados Carreras de Viña del Mar, que se hallaba desterrado

en la isla por motivos políticos y fué muerto en el primer disturbio,

de modo que fué imposible saber á punto fijo si tomó ó no parte en

la conspiración. He oído que uno de los confinados, que le guardaba

rencor por una antigua ofensa, aprovechó la oportunidad del motín para

vengarse de su enemigo.

Los insurgentes, después de encerrar al gobernador y vencer á

la guarnición, se apoderaron de los botes de un buque ballenero

norte-americano, que se hallaba allí anclado, con intención de

embarcarse en él y huir á algún país extranjero, pero el buque,

dejando sus botes en poder de los amotinados, se hizo á la vela para

Valparaíso, donde se supo por su conducto lo ocurrido en la isla[149].

A consecuencia de la insurrección de Brandt el gobierno de Chile

resolvió abandonar la colonia. La guarnición fué llevada de allí,

desmantelado el fuerte, y la isla privada en cuanto fué posible de

cuanto pudiera ofrecer medios de subsistir á los futuros habitantes.

El gobierno, sin embargo, publicó á principios de este año un

manifiesto en que expone sus títulos sobre la isla y prohibe á

cualesquiera personas establecerse en ella, matar el ganado ó sacar

madera de los bosques.

Después de andar largo tiempo por entre las arruinadas chozas y

jardines volví al lugar donde dejé á mis compañeros, que durante mi

ausencia habían dispuesto un comedor en un sitio delicioso. Bajo la

sombra de dos enormes higueras hay un pequeño espacio circular limitado

por un cristalino arroyuelo, que en su rápido descenso salta de piedra

en piedra, mezclando sus murmullos con los de la brisa y del mar.

Aquí encontré á lord Cochrane y demás sentados alrededor de un mantel

de hojas de higuera cubierto con provisiones traídas del buque y frutas

de la isla aún no enteramente maduras. Refrescamos nuestro vino en el

arroyo, y servían de decoraciones á nuestro rústico comedor el frondoso

follaje de los árboles, cargados de frutas, y las flores del cerro que

dominan las ruinas del fuerte, cuya imagen se reflejaba en la plateada

y murmurante superficie del arroyuelo.

Terminada la comida, fuí con lord Cochrane al valle que llaman Parque

de lord Anson. Encontramos en el camino numerosas plantas y hierbas

europeas, “allí donde en otro tiempo lució sus encantos el jardín y

donde sólo florecen hoy plantas silvestres”. En los medio destruídos

setos, deslindes de los antiguos campos, vimos manzanas, peras,

membrillos y cerezas casi maduras. Como el terreno sube rápidamente

desde la playa, aun en los valles, y la hierba estaba resbaladiza, el

paseo nos fatigó un poco.

Nos sentamos bajo un frondoso membrillo, sobre una alfombra de torongil

rodeada de rosales, á descansar y recrear los ojos con la hermosa vista

que teníamos delante de nosotros. Lord Anson no exageró la belleza

de ese lugar y lo delicioso del clima. A pesar de lo temprano de la

estación cogimos exquisitos higos, cerezas y peras, á que sólo faltaban

para su perfecta madurez unos pocos días de sol. Sentí dejar este

pintoresco sitio y tener que volver al desembarcadero para encerrarme

de nuevo en la estrechez y obscuridad del buque.

El desembarcadero es también el lugar en que los buques se aprovisionan

de agua dulce. Un pequeño dique, construído con las piedrecillas de

la playa, forma allí una caleta para los botes á inmediaciones de una

vertiente de agua que una canal conduce hasta la caleta, de modo que

los marineros, sin necesidad de bajar á tierra, pueden llenar las pipas

por medio de mangueras con el agua más pura y deliciosa.

Algunos viejos cañones medio enterrados en la playa sirven para amarrar

los buques, que están más seguros mientras más cerca de tierra fondean.

Soplan á veces de la montaña fuertes ráfagas de viento que sólo duran

unos pocos minutos. Durante nuestra ausencia Glennie se entretuvo en

calcular la mayor altura de la isla, que estima en unos 3.000 pies.

_26._--Bajé temprano á tierra con los marinos con intención de hacer

algunos croquis y de coleccionar plantas en los cerros. Mientras ellos

realizaban su plan de subir al punto más elevado para divisar el lado

opuesto de la isla, yo me quedé atras. Pronto los perdí de vista; el

buque estaba fuera del alcance de mi voz; en la playa no había ningún

bote, y yo me encontraba enteramente sola en medio de las ruinas de la

en otro tiempo floreciente colonia.

No permanecí allí largo tiempo. Arrastrándome más que corriendo, porque

lo abrupto del terreno me obligaba con frecuencia á valerme de la manos

para subir, me dirigí á un paraje en que ciertas señales de cultivo

me indujeron á buscar hierbas ó plantas exóticas y en que encontré

una considerable extensión de vides, en estado silvestre, abundantes

hierbas comestibles, especialmente perejil, y gran cantidad de menta á

orillas de los manantiales, que supongo indígena, como la fresca y el

alquequenje.

Hallábame en un sitio enteramente solitario, en que nada revelaba el

paso ó la presencia del hombre, y donde parecía estar excluida de toda

comunicación con ningún ser viviente. Sola en medio de este magnífico

desierto, mi primer impulso fué exclamar con el poeta:

“_I am monarch of all I survey,

My right there is none to dispute_”[150].

Luego sentí, sin embargo, que la soledad absoluta es tan desagradable

como contraria á la naturaleza, y una vez más acudieron á traducir mis

sentimientos los exquisitos versos de Cowper:

“_Oh, solitude! where are the charms

That sages have seen in thy face?

Better dwell in the midst of alarms

Than reign in this horrible place_”[151].

Y repetí una y otra vez todo el poema, hasta que viendo que dos de

mis compañeros venían bajando el cerro, corrí á su encuentro, como si

realmente hubiera estado “fuera del alcance de la humanidad”. Eran lord

Cochrane y Mr. Sheperd, que, después de llegar á la cima que comunica

los dos lados de la isla y divisar la parte opuesta, dejaron á los

demás proseguir su excursión por los bosques.

Dicen que no hay allá terrenos planos ni diferencia notable en la

vegetación. Vienen entusiasmados con la belleza de los paisajes, y me

trajeron espléndidas flores y plantas, fucsias, andrómedas, arrayanes,

etc., y sobre todo una bellísima planta de flores monopétalas, hojas

gruesas y brillantes, y flores y bayas de hermoso color purpúreo. No

conozco ninguna otra que se le parezca.

Mientras arreglábamos las plantas y flores en nuestro comedor bajo las

higueras, llegaron los demás excursionistas con la noticia de haber

descubierto vestigios de habitación humana, como restos de carbones

recientemente apagados y un caballo que presentaba signos indudables de

haber sido ensillado poco ha, de lo cual dedujimos que probablemente

había en la isla algunos vaqueros ocupados por cuenta del gobierno en

hacer charqui y preparar cueros para Valdivia, suposición que muy luego

vimos confirmada.

Después de comer fuimos á la parte occidental de las ruinas del pueblo,

y allí admiramos la extraordinaria regularidad de la estructura de las

rocas y algunas curiosas cavernas parecidas á las de _Monte Albano_.

En una de las mayores hallamos una cabra muerta, que naturalmente nos

hizo pensar en Robinsón Crusoe. Estos animales abundan en la isla,

pero, aunque en mi paseo de hoy ví varias de sus guaridas, no encontré

ninguna viva.

En los momentos en que nos dirigíamos á bordo presentóse un hombre

que nos dijo que él y otros cuatro estaban actualmente ocupados en

beneficiar el ganado de la isla y que acababan de embarcar para

Talcahuano un cargamento de charqui, sebo y cueros. Supongo que la

presencia de los excursionistas en la montaña esta mañana ocasionó esta

visita.

Lord Cochrane pagó unos cueros y sebo que el capitán del buque había

llevado á bordo, y partimos de Juan Fernández, quizá para siempre.

El buque estaba fondeado tan lejos de la costa que se demoró mucho en

recoger el ancla y la cadena. El ancoraje es casi tan escarpado como

el de Santa Elena. Mientras me ocupaba á bordo en dibujar las bahías,

los caballeros fueron á pescar y trajeron un bote lleno de magníficos

peces, conocidos y no conocidos. Distinguíanse entre los primeros

algunos bellos bacalaos y grandes cangrejos.

_28._--Tan pronto como el buque completó su provisión de agua nos

hicimos á la vela, muy satisfechos con nuestra visita á la isla. En

ella podrían producirse en gran cantidad ganados, vino y legumbres,

pero el país que tome posesión de ella tendrá que importar el trigo.

Puede mantener fácilmente 2.000 personas, canjeando el exceso de carne,

vinos y aguardientes por harina y ropa. Su abundancia de madera, agua

y otras producciones útiles podrían hacer de ella una de las más

importantes estaciones del Pacífico.

Actualmente los buques balleneros ingleses la visitan á menudo. Sus

tres radas, conocidas con los nombres de bahías del Este, del Oeste y

Central, están en la costa de sotavento, de suerte que en ellas el mar

es muy tranquilo; las tres tienen manantiales de agua dulce y son muy

hermosas.

_Lunes 10 de Febrero._--Desde que partimos de Juan Fernández hemos

navegado regularmente. El termómetro no ha bajado de 40° Fahrenheit, á

pesar de nuestra proximidad al Cabo de Hornos. Mi pobre inválido está

muy mal, postrado en cama.

Diario de su residencia en Chile (1822) y de su viaje al Brasil (1823) · 第 32 / 35 段