independencia; no mancilléis acto tan glorioso alentando la discordia
y promoviendo la anarquía, el mayor de todos los males. Consultad
la dignidad á que os ha elevado vuestro heroísmo; y si os veis en la
precisión de adoptar alguna medida para afianzar vuestra libertad
nacional, juzgad por vosotros mismos, obrad con prudencia, y dejáos
guiar por la justicia y la razón.
“Cuatro años hace que la sagrada causa de vuestra independencia me
llamó á Chile. Os ayudé á conquistarla. La he visto consumada. Sólo
resta ahora conservarla.
“Os dejo por algún tiempo, á fin de no mezclarme en asuntos ajenos de
mi deber, y por otras razones que guardo por ahora en el silencio,
para no fomentar el espíritu de partido.
“¡Chilenos! Sabéis que la independencia se obtiene á la punta de la
bayoneta. Sabed también que la libertad se funda en la buena fe y
en las leyes del honor, y que aquellos que contravienen á ellas son
vuestros únicos enemigos, entre los que nunca encontraréis á
COCHRANE.»
Nos proponemos también imprimir otra dirigida en la misma fecha á
los comerciantes ingleses y de otras nacionalidades establecidos en
Valparaíso. Dice así:
«A LOS COMERCIANTES DE VALPARAÍSO
»_Quintero, Chile, Enero 4 de 1823._
“Señores:
“No me es posible dejar este país sin manifestaros la viva
satisfacción que me causa el ver la extensión que se ha dado á
vuestro comercio, abriendo á todos el tráfico de estas vastas
provincias sobre las cuales alagaba España en otro tiempo un
exclusivo derecho. La escuadra que mantenía ese monopolio ha
desaparecido de la superficie del Océano, y la bandera de la
independencia de la América del Sur tremola por todas partes
triunfante, protegiendo aquellas comunicaciones que entre naciones
son el manantial de riquezas, poder y prosperidad.
“Si para el logro de este grande objeto se impusieron algunas
restricciones, sólo fueron aquellas que sanciona la práctica de
todos los Estados civilizados; y si bien ellas han herido los
intereses inmediatos de un corto número _que deseaba aprovecharse
de las circunstancias accidentales presentadas durante la lucha_,
es satisfactorio saber que semejantes intereses sólo han sido
pospuestos por el bien general. Si hubiese, sin embargo, algunos que
se considerasen agraviados con mi conducta, les ruego que me hagan
saber sus quejas, para tener la oportunidad de darles una respuesta
particular.
“Espero me haréis la justicia de creer que no me he determinado á
alejarme de estos mares hasta ver que nada quedaba por hacer, según
los medios de que podía disponer, en vuestra ventaja y seguridad.
“Tengo el honor de ser, señores, su muy adicto y humilde
servidor[142].
COCHRANE.”
Mr. C., que conoce el manejo de la prensa mejor que nosotros, se ha
ofrecido para ayudarnos á sacar las reproducciones.
Me agrada esta rústica vida al aire libre; el más insignificante suceso
nos interesa; y como nunca sabemos lo que vendrá ó acaecerá después,
el aguijón de la curiosidad nos mantiene en constante expectativa el
día entero. La única cosa de que estamos seguros es nuestro paseo de la
tarde.
Algunas veces nos entretenemos en examinar los efectos del terremoto y
creemos descubrir las huellas de otros incomparablemente más violentos,
ocurridos en épocas remotas. Además del placer que nos causa la
contemplación del mar, de la tierra y del cielo, no nos faltan otros
pequeños pasatiempos. Vamos, por ejemplo, al jardín, que prospera
admirablemente, y nos ocupamos en coleccionar semillas de las plantas
silvestres del país, aunque por lo temprano de la estación hay todavía
pocas maduras.
_5._--Hemos perdido otra vez al almirante por algunos días. Trasladamos
la prensa litográfica á mi carpa, donde podemos trabajar con más
libertad á cualquiera hora, sin interrumpir ocupaciones ajenas y sin
que tampoco nos interrumpan.
El trabajo habría marchado á las mil maravillas si no fuera que la
tinta enviada por los fabricantes de prensas para la exportación es tan
mala, que nos vemos obligados á renovar la escritura en la piedra con
mucha frecuencia, de modo que en igualdad de tiempo podríamos haber
hecho á pluma el mismo número de copias.
_9._--Hoy nos sorprendió la llegada á la bahía de un gran buque
que permaneció varias horas lejos de la costa. En las actuales
circunstancias todo despierta sospechas, y como el almirante ha estado
ausente más tiempo del que esperábamos y sin escribir, comenzamos á
tener un poco de alarma por él.
Según las noticias que corren, la actual contienda no tardará en
decidirse. Freire llegó al Maule, á seis días de Santiago. Aunque el
Director protestó al principio que jamás abandonaría á Rodríguez,
parece ahora que no sólo el ministro, sino también sus medidas y el
reglamento han sido sacrificados, probablemente demasiado tarde para
salvar el resto.
Es indudable que hubo voluntad para reprimir los abusos y debilidad
para tolerarlos, y que el respeto y el amor al gobierno han disminuído
en proporción á esa debilidad. Lo siento en el alma por el Director.
Estoy convencida de que sus intenciones fueron buenas y no puedo
olvidar su bondad para conmigo[143].
_10._--Lord Cochrane regresó en la _Moxtezuma_. Todo lo relativo á
nuestro viaje está ya acordado. Nos embarcamos en el bergantín _Colonel
Allen_, que vendrá con ese objeto á Quintero.
Esperamos que levará anclas antes de una semana. Todos trabajan ahora
activamente: los peones del administrador salan carne en el cerro, los
carpinteros clavan cajones, otros individuos cortan tiras de cuero para
cuerdas, los secretarios escriben, la prensa litográfica funciona,
los marineros ajustan maderos para construir balsas ó almadías en que
transportar la carga al buque[144]; y en medio de todo esto, personas
que van y vienen, ingleses y de otras nacionalidades, á despedirse del
almirante, ó, siento decirlo, para darse la triste satisfacción de
manifestar su ingratitud.
Hombres por quienes él lo ha hecho todo, mientras estuvo al servicio
de Chile y mucho antes, hombres que le deben todo lo que son y valen,
le echan en cara el fracaso de sus propias ambiciones y codicias,
como si hubiera podido repartir á manos llenas títulos ó distinciones
honoríficas ó disponer de los fondos públicos. A su regreso de Acapulco
hizo en este sentido por ellos lo que hizo por él mismo: obtener de los
ministros una promesa solemne de que se les pagarían y recompensarían
sus servicios[145]. Si algunos de los oficiales han celebrado contratos
privados en ventaja propia, ellos saben mejor que nadie con qué
condiciones los ajustaron.
Sin embargo, hay algunos en este país, y de sus mejores ciudadanos, que
respetan sinceramente al almirante; pero yo creo que en la amistad como
en el amor _ce n’est pas tout d’être aimé; il faut être apprécié_, y
apenas hay aquí uno, que yo sepa, que sea capaz de apreciarlo en lo que
vale; de suerte que hasta los homenajes que recibe son indignos de él.
¡Oh, si estuviera en su patria!
_17._--Por fin ya está todo á bordo y nosotros listos para partir.
Esta mañana lord Cochrane y yo subimos á las cumbres de casi todos los
cerros que hay entre la casa de la Herradura y el mar. Quizá será esta
la última vez que él recorra estos lugares por los cuales tanto ha
hecho, y yo, probablemente, no volveré á ver los sitios donde, á pesar
de tantos sufrimientos, he experimentado tantos y tan gratos goces.
Tenemos una numerosa colección de semillas y raíces que espero ver
brotar y florecer en mi tierra para que me recuerden ésta en que se me
dió una bondadosa hospitalidad que jamás olvidaré[146].
En cuanto al almirante, á pesar de no habérsele recompensado dignamente
sus servicios, recordará siempre con satisfacción que fué útil á la
gran causa de la independencia sur-americana y á los habitantes de
este país, que le deben las primeras ideas de muchos adelantos en la
agricultura, en las artes y hasta en el gobierno, ideas que algún día
darán fruto. A este respecto, sus recuerdos de Chile no pueden menos de
ser gratos.
De vuelta á las carpas encontramos á varios amigos que venían á darnos
la despedida, aunque, para decir verdad, las carpas ya no existían y
sólo quedaba el rancho, en el cual comimos muy alegremente, aunque con
poquísima comodidad, pues, fuera de unos pocos cuchillos y platos,
todo estaba ya en el buque. Nos improvisamos tenedores de madera y
los cuchillos pasaron de mano en mano. Un trozo de carne asada al aire
libre y algunas patatas al rescoldo, tal fué nuestra última comida en
la Herradura.
_18._--Anoche dormimos á bordo. La mañana se empleó en hacer provisión
de leña y agua. A las seis, el capitán Crosbie fué á bordo de la
_Moctezuma_ á arriar la insignia de lord Cochrane[147], dándose así
por terminada su autoridad naval en Chile. Dispárase un cañonazo y
la insignia fué llevada á bordo del _Colonel Allen_ y entregada á
su señoría, que la recibió de pie en la popa, sin revelar emoción,
y recomendó que la guardaran cuidadosamente. Algunos de los que lo
rodeaban dieron signos de estar vivamente impresionados[148]. Con esa
bandera les había mostrado muchas veces el camino de la victoria y
siempre el del honor.
Quintero va perdiéndose más y más en el horizonte; sólo Dios sabe si lo
volveremos á ver.
Lord Cochrane adoptó á Chile por patria. El gobierno lo trató mal, y
ahora, cuando le sería fácil, si lo quisiera, vengarse de los malos
tratamientos que ha sufrido, se retira. No ignoro que hay quienes creen
justo y conveniente que todos los hombres honrados tomen parte en las
conmociones civiles para que los mejores y más prudentes procuren la
reconciliación de los bandos. Esto puede convenir á los naturales de
un país, mas de ninguna manera á un extranjero, y mucho menos á un
extranjero de noble alcurnia y cubierto de glorias militares, en quien
podría suponerse que á los medios de imponer su autoridad se uniría el
deseo de ejecutarlo.
En este caso, después de haber librado al país de un enemigo extranjero
y afianzado su independencia nacional, es prudente, es noble, es
generoso mantenerse lejos de las discusiones internas y dejar que los
hijos del país sean los árbitros de las conveniencias del mismo. La
ley y la justicia mismas sólo pueden preservar á los ciudadanos de
males exteriores, más no entremeterse en sus asuntos de familia.
_22._--Del 18 al 21 tuvimos muy mal tiempo y mar agitado. Esta mañana
divisamos á proa y al través de la niebla la isla de Más Afuera, á
unas siete leguas de distancia. Un poco después pusimos proa hacia
Juan Fernández, donde completaremos nuestra provisión de agua. Mucho
habría sentido, en verdad, dejar el Pacífico sin conocer la isla de
Alejandro Selkirk, que con el nombre de Robinsón Crusoe es, después de
Don Quijote, el prototipo del más interesante de los héroes de novelas.
_24._--Ayer y hoy, Juan Fernández á la vista. Aunque navegábamos á
velas desplegadas no pudimos llegar sino en la tarde, poco antes de
ponerse el sol. Es la isla más pintoresca que he visto, toda formada
de grandes rocas perpendiculares y hermosos valles, en el mayor de
los cuales se ven las ruinas de una pequeña ciudad, que realzan lo
pintoresco del conjunto. Cuando anclamos era demasiado tarde para bajar
á tierra, pero permanecimos sobre cubierta hasta tarde, admirando la
extraordinaria belleza de aquella escena, iluminada por la luz de la
luna.
_25._--Antes de aclarar, lord Cochrane y demás caballeros bajaron á
tierra con el objeto de subir el elevado cerro que se alza detrás del
puerto y divisar desde la cumbre el otro lado de la isla, donde dicen
que hay llanos y tierras cultivables. Los ví escalar un altísimo pico,
y después desembarqué con Glennie y otros para recorrer un poco la
isla y comer. Su señoría y compañeros volvieron de su excursión muy
contrariados.
El contramaestre del bergantín, que algunos años antes pasó varios
días en la isla, se ofreció para guiarlos, pero en vez de llevarlos á
la cima más elevada los hizo escalar trabajosamente un áspero picacho
de 1.500 pies de altura, rodeado de otros más altos aún, de suerte que
desde su cumbre no se veía más que desde abajo. Lord Cochrane trajo
de allí un trozo de lava negra, pesada y porosa, y un poco de arcilla
dura y llena de celdillas, cuyo interior parece estar ligeramente
vitrificado. La isla se compone principalmente, á lo que parece, de
esta lava porosa, cuyas estratas, cruzadas en ángulos rectos por una
lava negra y compacta, descienden hasta el mar con una inclinación
de 22 grados en el lado este de la isla y de 16 en el opuesto,
convergiendo hacia el centro de ella. Los valles son fertilísimos y
surcados por numerosos arroyos, que de cuando en cuando forman pantanos
en que abunda el berro y otras plantas acuáticas.
El suelo es por lo común de color ocre rojizo; hay montículos y bancos
de arcilla roja, y encontré una especie de cenizas volcánicas parecidas
á la puzzolana y algunos fragmentos de piedra pómez. El pequeño valle
en que se halla la ciudad, ó mejor dicho, sus ruinas, es bellísimo,
cubierto de árboles frutales, flores y hierbas aromáticas, y en la
parte próxima á la costa de rábanos y avenas marítimas. Juan Fernández
sirvió en otro tiempo de presidio para prisioneros políticos, ignoro
desde cuándo, probablemente desde la revolución ó poco antes, pues
sobre la puerta de la destruída iglesia se lee esta inscripción:
«La casa de Dios es la puerta del cielo, y
se colocó el 24 de Septiembre de 1811.»
Había un pequeño fuerte en la playa, del cual no quedan sino los fosos
y parte de un muro, y otro, desproporcionadamente grande para el lugar,
en un punto elevado y estratégico. Este tenía un cuartel para la
guarnición, arruinado como la mayor parte del fuerte; sólo quedan en
pie el muro del frente, el asta de la bandera y una torrecilla.
Bajo el asta de bandera yace un hermoso cañón de bronce fundido en
España en 1614. Subsisten aún algunas casas y chozas en regular estado,
aunque la mayor parte de sus puertas, ventanas y techos han sido
llevados ó empleados como combustible por las tripulaciones de buques
balleneros ú otros que han tocado en la isla.
La condición de la colonia fué floreciente durante algunos años. Los
desterrados cultivaban legumbres y árboles frutales, que prosperan
aquí admirablemente, tanto que muchas especies se han hecho silvestres
y multiplicado hasta el punto de servir para el abastecimiento de los
buques, que procuraba á los reos algunos medios con que hacer menos
penoso su destierro.
Esto, sin embargo, no tardó en suscitar envidias y recelos, y las
autoridades lo prohibieron á los desterrados. Prohibióseles también el
cultivo de la vid, á que el terreno de la isla era extraordinariamente
favorable, y los rebaños fueron arrojados de los bosques por medio de
perros para que los colonos no se hicieran demasiado independientes.
No obstante, la colonia se mantuvo durante algún tiempo, y los buques
tocaban á menudo en la isla, especialmente para proveerse de agua, que
es mejor y más abundante que la de Valparaíso y se conserva más tiempo
en el mar; pero después que se prohibió á los prisioneros abastecerse
de provisiones, éstas eran enviadas por el gobierno.
A mediados de 1821 estalló un motín contra el gobernador, encabezado
por el norte-americano Brandt, y en que se creyó implicado á uno de
los desgraciados Carreras de Viña del Mar, que se hallaba desterrado
en la isla por motivos políticos y fué muerto en el primer disturbio,
de modo que fué imposible saber á punto fijo si tomó ó no parte en
la conspiración. He oído que uno de los confinados, que le guardaba
rencor por una antigua ofensa, aprovechó la oportunidad del motín para
vengarse de su enemigo.
Los insurgentes, después de encerrar al gobernador y vencer á
la guarnición, se apoderaron de los botes de un buque ballenero
norte-americano, que se hallaba allí anclado, con intención de
embarcarse en él y huir á algún país extranjero, pero el buque,
dejando sus botes en poder de los amotinados, se hizo á la vela para
Valparaíso, donde se supo por su conducto lo ocurrido en la isla[149].
A consecuencia de la insurrección de Brandt el gobierno de Chile
resolvió abandonar la colonia. La guarnición fué llevada de allí,
desmantelado el fuerte, y la isla privada en cuanto fué posible de
cuanto pudiera ofrecer medios de subsistir á los futuros habitantes.
El gobierno, sin embargo, publicó á principios de este año un
manifiesto en que expone sus títulos sobre la isla y prohibe á
cualesquiera personas establecerse en ella, matar el ganado ó sacar
madera de los bosques.
Después de andar largo tiempo por entre las arruinadas chozas y
jardines volví al lugar donde dejé á mis compañeros, que durante mi
ausencia habían dispuesto un comedor en un sitio delicioso. Bajo la
sombra de dos enormes higueras hay un pequeño espacio circular limitado
por un cristalino arroyuelo, que en su rápido descenso salta de piedra
en piedra, mezclando sus murmullos con los de la brisa y del mar.
Aquí encontré á lord Cochrane y demás sentados alrededor de un mantel
de hojas de higuera cubierto con provisiones traídas del buque y frutas
de la isla aún no enteramente maduras. Refrescamos nuestro vino en el
arroyo, y servían de decoraciones á nuestro rústico comedor el frondoso
follaje de los árboles, cargados de frutas, y las flores del cerro que
dominan las ruinas del fuerte, cuya imagen se reflejaba en la plateada
y murmurante superficie del arroyuelo.
Terminada la comida, fuí con lord Cochrane al valle que llaman Parque
de lord Anson. Encontramos en el camino numerosas plantas y hierbas
europeas, “allí donde en otro tiempo lució sus encantos el jardín y
donde sólo florecen hoy plantas silvestres”. En los medio destruídos
setos, deslindes de los antiguos campos, vimos manzanas, peras,
membrillos y cerezas casi maduras. Como el terreno sube rápidamente
desde la playa, aun en los valles, y la hierba estaba resbaladiza, el
paseo nos fatigó un poco.
Nos sentamos bajo un frondoso membrillo, sobre una alfombra de torongil
rodeada de rosales, á descansar y recrear los ojos con la hermosa vista
que teníamos delante de nosotros. Lord Anson no exageró la belleza
de ese lugar y lo delicioso del clima. A pesar de lo temprano de la
estación cogimos exquisitos higos, cerezas y peras, á que sólo faltaban
para su perfecta madurez unos pocos días de sol. Sentí dejar este
pintoresco sitio y tener que volver al desembarcadero para encerrarme
de nuevo en la estrechez y obscuridad del buque.
El desembarcadero es también el lugar en que los buques se aprovisionan
de agua dulce. Un pequeño dique, construído con las piedrecillas de
la playa, forma allí una caleta para los botes á inmediaciones de una
vertiente de agua que una canal conduce hasta la caleta, de modo que
los marineros, sin necesidad de bajar á tierra, pueden llenar las pipas
por medio de mangueras con el agua más pura y deliciosa.
Algunos viejos cañones medio enterrados en la playa sirven para amarrar
los buques, que están más seguros mientras más cerca de tierra fondean.
Soplan á veces de la montaña fuertes ráfagas de viento que sólo duran
unos pocos minutos. Durante nuestra ausencia Glennie se entretuvo en
calcular la mayor altura de la isla, que estima en unos 3.000 pies.
_26._--Bajé temprano á tierra con los marinos con intención de hacer
algunos croquis y de coleccionar plantas en los cerros. Mientras ellos
realizaban su plan de subir al punto más elevado para divisar el lado
opuesto de la isla, yo me quedé atras. Pronto los perdí de vista; el
buque estaba fuera del alcance de mi voz; en la playa no había ningún
bote, y yo me encontraba enteramente sola en medio de las ruinas de la
en otro tiempo floreciente colonia.
No permanecí allí largo tiempo. Arrastrándome más que corriendo, porque
lo abrupto del terreno me obligaba con frecuencia á valerme de la manos
para subir, me dirigí á un paraje en que ciertas señales de cultivo
me indujeron á buscar hierbas ó plantas exóticas y en que encontré
una considerable extensión de vides, en estado silvestre, abundantes
hierbas comestibles, especialmente perejil, y gran cantidad de menta á
orillas de los manantiales, que supongo indígena, como la fresca y el
alquequenje.
Hallábame en un sitio enteramente solitario, en que nada revelaba el
paso ó la presencia del hombre, y donde parecía estar excluida de toda
comunicación con ningún ser viviente. Sola en medio de este magnífico
desierto, mi primer impulso fué exclamar con el poeta:
“_I am monarch of all I survey,
My right there is none to dispute_”[150].
Luego sentí, sin embargo, que la soledad absoluta es tan desagradable
como contraria á la naturaleza, y una vez más acudieron á traducir mis
sentimientos los exquisitos versos de Cowper:
“_Oh, solitude! where are the charms
That sages have seen in thy face?
Better dwell in the midst of alarms
Than reign in this horrible place_”[151].
Y repetí una y otra vez todo el poema, hasta que viendo que dos de
mis compañeros venían bajando el cerro, corrí á su encuentro, como si
realmente hubiera estado “fuera del alcance de la humanidad”. Eran lord
Cochrane y Mr. Sheperd, que, después de llegar á la cima que comunica
los dos lados de la isla y divisar la parte opuesta, dejaron á los
demás proseguir su excursión por los bosques.
Dicen que no hay allá terrenos planos ni diferencia notable en la
vegetación. Vienen entusiasmados con la belleza de los paisajes, y me
trajeron espléndidas flores y plantas, fucsias, andrómedas, arrayanes,
etc., y sobre todo una bellísima planta de flores monopétalas, hojas
gruesas y brillantes, y flores y bayas de hermoso color purpúreo. No
conozco ninguna otra que se le parezca.
Mientras arreglábamos las plantas y flores en nuestro comedor bajo las
higueras, llegaron los demás excursionistas con la noticia de haber
descubierto vestigios de habitación humana, como restos de carbones
recientemente apagados y un caballo que presentaba signos indudables de
haber sido ensillado poco ha, de lo cual dedujimos que probablemente
había en la isla algunos vaqueros ocupados por cuenta del gobierno en
hacer charqui y preparar cueros para Valdivia, suposición que muy luego
vimos confirmada.
Después de comer fuimos á la parte occidental de las ruinas del pueblo,
y allí admiramos la extraordinaria regularidad de la estructura de las
rocas y algunas curiosas cavernas parecidas á las de _Monte Albano_.
En una de las mayores hallamos una cabra muerta, que naturalmente nos
hizo pensar en Robinsón Crusoe. Estos animales abundan en la isla,
pero, aunque en mi paseo de hoy ví varias de sus guaridas, no encontré
ninguna viva.
En los momentos en que nos dirigíamos á bordo presentóse un hombre
que nos dijo que él y otros cuatro estaban actualmente ocupados en
beneficiar el ganado de la isla y que acababan de embarcar para
Talcahuano un cargamento de charqui, sebo y cueros. Supongo que la
presencia de los excursionistas en la montaña esta mañana ocasionó esta
visita.
Lord Cochrane pagó unos cueros y sebo que el capitán del buque había
llevado á bordo, y partimos de Juan Fernández, quizá para siempre.
El buque estaba fondeado tan lejos de la costa que se demoró mucho en
recoger el ancla y la cadena. El ancoraje es casi tan escarpado como
el de Santa Elena. Mientras me ocupaba á bordo en dibujar las bahías,
los caballeros fueron á pescar y trajeron un bote lleno de magníficos
peces, conocidos y no conocidos. Distinguíanse entre los primeros
algunos bellos bacalaos y grandes cangrejos.
_28._--Tan pronto como el buque completó su provisión de agua nos
hicimos á la vela, muy satisfechos con nuestra visita á la isla. En
ella podrían producirse en gran cantidad ganados, vino y legumbres,
pero el país que tome posesión de ella tendrá que importar el trigo.
Puede mantener fácilmente 2.000 personas, canjeando el exceso de carne,
vinos y aguardientes por harina y ropa. Su abundancia de madera, agua
y otras producciones útiles podrían hacer de ella una de las más
importantes estaciones del Pacífico.
Actualmente los buques balleneros ingleses la visitan á menudo. Sus
tres radas, conocidas con los nombres de bahías del Este, del Oeste y
Central, están en la costa de sotavento, de suerte que en ellas el mar
es muy tranquilo; las tres tienen manantiales de agua dulce y son muy
hermosas.
_Lunes 10 de Febrero._--Desde que partimos de Juan Fernández hemos
navegado regularmente. El termómetro no ha bajado de 40° Fahrenheit, á
pesar de nuestra proximidad al Cabo de Hornos. Mi pobre inválido está
muy mal, postrado en cama.