regreso de una excursión á caballo por Valle Alegre y Campiche
encontramos una gran cantidad de algas marinas y otra de moluscos
muertos y fétidos, abandonados allí por el mar en la noche del 19 de
Noviembre. Uno de los días más bellos de que tengo recuerdo. “Sobre
la superficie del Océano todo dormía menos el viento”, que á su paso
por entre bosquecillos de aromáticos arbustos recogía y nos traía
perfumes casi embriagadores. No concibo un clima mejor que el de Chile
ni más delicioso para los que en él habitan, y ahora que ya estoy
acostumbrada á las convulsiones de la tierra me parecen un mal menor de
lo que antes podría haber imaginado. La curiosa descripción que hace de
Chile el antiguo Purchas[138] es tan exacta como singular y pintoresco
su estilo. “El pobre valle--dice, hablando de Chile--, es de tal modo
tiranizado por los meteoros y elementos, que á veces tiembla de miedo,
y en estos accesos de fiebre y calofríos pierde sus mejores adornos. De
esta suerte cayó por tierra Arequipa, una de sus más bellas ciudades,
en el desastre de 1582. Y algunas veces los cerros también se contagian
con esta fiebre pestilente y caen como muertos en el llano, asustando
de tal modo á los tímidos ríos que huyen de sus lechos y buscan otros
nuevos, ó bien se quedan paralizados de espanto, y faltándoles entonces
el calor motor, les sobreviene una extraña hinchazón del vientre, que
crece hasta formar extensos é inmóviles lagos. Las mareas, al ver
esto, detienen su curso y no se atreven á acercarse á sus amados ríos,
que quedan á millas de distancia, de suerte que los buques tienen que
naufragar necesariamente. Hallándose entonces la pobre tierra con la
boca obstruída y el estómago sobrecargado, se ve obligada á abrirse
otras bocas, por donde vomita torrentes de perjudiciales aguas. Nada
digo de las bestias y de los hombres, que en estas guerras civiles de
la Naturaleza tienen forzosamente que sufrir crueles miserias”.
_13, 14, 15 y 16 de Diciembre._--Cuatro temblores por día, acompañados
de fuertes ruidos, y varias explosiones sin movimiento perceptible,
semejantes á cañonazos disparados en el mar. Me he ocupado en leer las
acusaciones de San Martín contra lord Cochrane y la contestación del
almirante.
Las acusaciones son tan frívolas como despreciables, y precisamente
calculadas para excitar y fomentar la envidia que su talento y su
doble calidad de extranjero y de noble han despertado contra él.
Presentadas al gobierno de Santiago durante la ausencia del almirante
y por conducto de personas cuya malevolencia agravó los cargos con
pérfidas insinuaciones, han ofendido su honor á la vez que importan
un peligro para su seguridad personal. Felizmente ciertos íntimos
sentimientos impidieron al Director dar crédito á algunos de esos
cargos, y no ignoraba que existían documentos que refutaban otros. Por
esta causa rogó á lord Cochrane que no contestara inmediatamente á San
Martín, temeroso de que la contestación envolviera á los gobiernos de
Chile y del Perú en dificultades ó aun en una guerra.
Ahora, sin embargo, alejado San Martín del gobierno del Perú y no
pudiendo ya resultar ningún mal de la refutación de las atroces
calumnias que ha esparcido aquí y hecho llegar á las naciones
extranjeras, lord Cochrane le ha dirigido una carta en que no sólo se
justifica sino que también expone la bajeza, crueldad y cobardía de su
acusador.
Aunque esta carta nada tuviera que hacer con la vindicación de lord
Cochrane ó con las acusaciones de San Martín, el cuadro que presenta
de la dirección de la guerra en el Perú, haría de ella uno de los
documentos más interesantes que se hayan publicado sobre los asuntos
sur-americanos.
_17._--Mr. Grenfell llegó hoy del puerto con importantes noticias.
El general Freire está en Talca, y una división del ejército de
Santiago tiene orden de estar pronta para atacarlo. Los marinos de la
escuadra, á las órdenes del mayor Hyne, partieron anoche á Santiago,
por disposición del ministerio de Marina, á reforzar las tropas del
Director.
Varias órdenes arbitrarias dadas á la escuadra han inducido al
almirante á volver al puerto y reasumir el mando. Ordenóse á la
_Galvarino_ estar pronto para salir, se susurra que con el objeto de
tomar á bordo un personaje importante, probablemente San Martín,
y conducirlo á Buenos Aires ú otro lugar seguro, por temor de que
le corten la retirada por los Andes. Dióse anteriormente esta misma
orden, y con el mismo objeto, según se cree, aunque el buque debía
mantenerse cerca de la costa y tomar al pasajero ó pasajeros señalados
en la desembocadura del Maipo. Pero la escuadra no permitió entonces
su salida ni la permitirá ahora, pues tiene títulos sobre el buque,
destinado á ser vendido para pagar á los oficiales y marineros.
La _Lautaro_ ha cargado sus cañones para echar á pique á la _Galvarino_
si pretende moverse sin licencia expresa del almirante. El fuerte ha
cargado también los suyos, pero la escuadra se ríe del fuerte y sus
cañones. La vuelta de lord Cochrane al mando pondrá de nuevo, sin duda,
las cosas en orden.
El partido del Sur ha desplegado actividad en tierra y en el mar.
El capitán Casey, que lo fué de puerto en Talcahuano, manda un gran
buque que llegó anoche á Valparaíso pero no ancló. Envió un bote á
la _O’Higgins_, se supone con el designio de inducir á la escuadra á
abandonar la causa del Director y pronunciarse contra el gobierno, á
quien han jurado fidelidad los oficiales y tripulación. Si tal fué su
designio, ha fracasado.
El capitán Casey siguió viaje á Coquimbo, donde probablemente tendrá
mejor éxito. Ese puerto, como los del Sur, es gravemente perjudicado
por el reglamento de comercio; las tropas también están irritadas por
la demora en pagárseles sus sueldos, y si he de creer en las noticias
que traen los traficantes en ganados y otras personas, están á punto de
sublevarse. Las tropas de Quillota y Aconcagua se han negado á marchar
á la capital, y aunque se reclutan nuevos milicianos en todos los
lugares vecinos, el gobierno no puede contar con ellos con certeza.
Se comienza á sentir la inquietud que precede á una guerra civil.
Nuestras pistolas están limpias y tenemos provisión de balas. Estamos
muy inquietos por el almirante, que partió á caballo á la capital sin
más compañía que la de un criado.
_Miércoles 18 de Diciembre._--Tres temblores suaves.
_Jueves 19._--Largo temblor con ruido muy fuerte y varios suaves.
_Viernes 20._--Varios temblores suaves, que no sentí por estar á
caballo. Parece que los caballos y las mulas no sienten los temblores y
ruidos sino cuando son bastante fuertes.
Fuí á caballo á Valparaíso. La mañana estaba triste y brumosa. No
acierto á describir el efecto de un día como éste en el paisaje en las
nueve millas que median entre Quintero y Concon. A un lado las dunas,
desprovistas de toda vegetación, al otro una fuerte marejada, ambas al
parecer interminables y como perdidas en la niebla.
Abríala de cuando en cuando una ráfaga de viento, y entonces las
tierras distantes parecían suspendidas sobre el horizonte, y yo
avanzaba con una especie de impaciencia de ver cómo terminaba aquello.
Me sentía con disposiciones para filosofar un poco. Terremotos bajo mis
pies, pensaba; preludios de guerra civil en torno mío, mi pobre primo
enfermo y muriéndose y mi noble amigo, el único verdadero amigo que
aquí tengo, próximo á dejar el país, al menos por algún tiempo[139].
Todo esto me dejaba sin nada con que contar fuera del presente, y,
tal como el camino que en esos momentos recorría, el porvenir se me
presentaba envuelto en densas nubes ó á lo sumo me permitía entrever
apenas vagas vislumbres de lo que podría reservárseme.
En casos como éste se despierta en el hombre cierta propensión á ver
bajo un aspecto cómico sus infortunios. Más de una vez me sorprendí
durante el camino sonriéndome al descubrir no sé qué imaginarias
semejanzas entre la vida humana y las escenas que me rodeaban, ó la
pensar en la mala estrella que había traído á una inglesa; esto es, á
la más doméstica de las criaturas, casi á los antípodas, en medio de
las conmociones de la Naturaleza y de la sociedad.
Pero si jamás cae á la tierra un pajarillo sin que sea prevista su
caída, puedo estar cierta de que no seré olvidada. Muchas veces tengo
que recurrir á esta certidumbre para poder soportar males y molestias á
que nadie, ni aun el más abyecto, se sometería en mi dichoso país sin
quejarse de su suerte.
La aparición de Mr. Miers en la pequeña roca, cerca de la desembocadura
del río, disipó mis sombrías reflexiones. Había venido á mostrarme el
nuevo vado, porque el antiguo estaba peligroso, y seguimos juntos á
la casa, donde almorzamos. Empleé hora y cuarto en recorrer las doce
millas, incluyendo el paso del vado, que no es fácil de encontrar
y atravesar, pues el río, aunque de poca profundidad, es más ancho
y correntoso que el Támesis en el puente de Londres. Mr. Miers me
acompañó al puerto. Después de hacer algunas compras (pues algunos
comerciantes van durante el día á sus almacenes) y cambiar mis ropas de
montar, fui á comer á bordo de la _O’Higgins_.
Lord Cochrane ha presentado dos veces su renuncia al gobierno, que no
se la ha aceptado. Está firmemente resuelto á ausentarse por algún
tiempo. Después de la comida, mientras esperaba un bote para ir á bordo
de otro buque, apoyada en el coronamiento de popa de la fragata, me
puse á reflexionar sobre las dificultades de mi situación actual y
las que me aguardaban, especialmente si venían las lluvias antes que
Glennie estuviera capaz de emprender viaje á otro lugar donde pudiera
habitar en una casa seca y sana, y sentí un abatimiento de ánimo como
muy pocos lances adversos (y he sufrido muchos y harto dolorosos) me
habían ocasionado. No veía de dónde podría venirme algún auxilio, y
he aquí que me vino de repente de donde no lo esperaba ni me habría
atrevido á esperarlo.
Lord Cochrane llegóse á mí y, solicitando bondadosamente mi atención,
me dijo que estando próximo á alejarse del país, yo le quitaría un gran
peso del ánimo si consentía en irme con él. No podía conformarse--me
dijo--con dejar así á la viuda de un oficial inglés abandonada y
sin protección alguna, en un país sembrado de ruinas y asolado por
la guerra civil. Le repliqué que no podía dejar á mi primo enfermo
y que había prometido á su madre velar por él.--“No le exijo tal
cosa--contestó lord Cochrane--; él también partirá con nosotros, y
por cierto que no lo cuidaremos con menos solicitud y esmero que
usted”.--No pude contestar una palabra, ni siquiera dirigirle una
mirada de agradecimiento; pero cualquiera que haya tenida un peso sobre
su corazón, que le ha parecido imposible de soportar ó de aliviar, y ve
que una mano generosa se lo quita con delicada bondad y cuando menos
lo esperaba, comprenderá lo que sentí en aquel momento, adivinará una
pequeña parte de la gratitud que llenó mi corazón y que no acerté á
expresar.
_21._--Hoy un temblor fuerte y varios suaves. Mis amigos ingleses están
instalados con relativa comodidad en los buques anclados en la bahía,
por cuyas cámaras ó parte de ellas pagan alquiler. El gobernador de
Valparaíso y su familia viven en las barracas de los arsenales. Muchos
de los más ricos se han ido á Santiago; los pobres y los de la clase
media continúan acampados en los cerros vecinos.
Al extraer los escombros de la ciudad se han encontrado más muertos de
los que al principio se supuso que habría. Algunos comerciantes han
armado carpas y casuchas de madera en las calles más anchas y allí
duermen y custodian sus mercaderías. Nadie se atreve todavia á pasar
la noche en su casa, con excepción de madame Pharoux, la linda esposa
del dueño del hotel francés. Siempre sonriente detrás de su mostrador,
estas cosas _inouies_ à Paris apenas le merecen un ligero encogimiento
de hombros. Por lo demás, el terremoto, que apagó los fuegos de todas
las cocinas menos los de la suya, le ha dejado un buen provecho. Ha
tenido suerte, y la merece.
_22._--Sólo tres sacudimientos ligeros. Los preparativos de mi viaje
me retienen todavía en Valparaíso. Paso el día empaquetando en tierra
y comiendo con mis amigos á bordo. Duermo en un rincón de la cámara
en que se halla albergada la señora D. y su familia, á bordo de la
_O’Higgins_. Con razón dice Shakespeare: “los infortunios obligan al
hombre á familiarizarse con extraños compañeros”. Ingleses y chilenos,
hombres, mujeres y niños, nos encontramos reunidos en una familiar
promiscuidad sólo explicable por los sufrimientos por que, unos más
otros menos, todos hemos pasado.
_23._--Ligeros movimientos que fueron sentidos á bordo y en tierra.
Fuí á Quintero con mi equipaje en la lancha de la _Lautaro_. Empleamos
cuatro horas y media en el viaje. Mi llegada á Quintero no careció de
importancia. Había dicho chanceándome á mis amigos de ese lugar que
estaba resuelta á celebrar con un _plum-pudding_ la Pascua de Navidad y
que volvería con todos los materiales y á tiempo para hacerlo.
Efectivamente, antes de embarcarme en el puerto me procuré pasas,
azúcar, especias y frutas confitadas; pero no fuí yo la única en
recordar la promesa, pues fuí saludada al llegar por Mr. Jackson con
una chistosa poesía de circunstancias. Para mí, que nunca leo un libro
nuevo, ó sólo por casualidad cuando algún comerciante norte-americano
trae alguna reimpresión hecha en Filadelfia de una novela de Londres ó
Edimburgo (el _Pirata_[140] es la última que he visto), un nuevo poema,
siquiera sea de cien ó cincuenta versos, sobre cualquier asunto, es un
acontecimiento literario y como tal se le celebra. Sea lo que fuere,
estoy cierta de que ninguna oda de cumpleaños, con excepción quizá
de las famosas _odas probatorias_[141], causó jamás á sus lectores
ú oyentes mayor placer que nuestra _budinesca_ rapsodia; y así como
se levantaron las murallas de Tebas al son de la lira de Anfión, así
también aderecé mis ciruelas y fabriqué mi budín con el acompañamiento
de los versos de Mr. Jackson. Libre ya de mis inquietudes y alentada
por la esperanza de verme pronto en mi patria, mi ánimo está dispuesto
á gozar de todo.
_25 de Diciembre._--Después de la completa tranquilidad de ayer, nos
sorprendió desprevenidos á las ocho de la mañana un violentísimo
temblor, sólo inferior al del 19 de Noviembre. Siguiéronle otros menos
intensos, que no nos alarmaron como el primero.
Todos estamos ocupados en los preparativos para dejar esta deliciosa
tierra, pues lo es á despecho de sus terremotos. Sentiría menos dejarla
si la viera próspera y en paz; pero á cada momento nos llegan noticias
y rumores de guerra. El pueblo de Coquimbo se ha declarado abiertamente
en contra del Director, ha convocado un congreso provincial y se
manifiesta resuelto á resistir al gobierno de Santiago por todos los
medios posibles.
_26._--Hoy sólo dos temblores.
_27._--Cuatro temblores. Hoy supimos que en la capital reina la mayor
consternación. Dícese que los pagarés de Arcos tienen un descuento de
40 por 100. Él mismo los rechaza. Nos aseguran que un meritorio oficial
fué reducido á prisión á consecuencias de una disputa que se suscitó
sobre el particular y en que Arcos se condujo indignamente. Sea lo que
fuere, ello es que el gobierno demuestra sus alarmas recurriendo á tan
miserables expedientes.
A fin de parecer fuerte y rico, ha expedido decretos concernientes á
la reconstrucción de Valparaíso, y se habla de grandes proyectos. Pero
el golpe maestro es la orden dada al almirante de poner los buques
_O’Higgins_ y _Valdivia_ á disposición del comandante de Marina, so
pretexto de que necesitan reparación, y de convertir la _Lautaro_ en
transporte.
Esto corresponde á tres fines. Se hará creer al pueblo que el gobierno
tiene suficientes recursos para tomar sobre sí un gasto tan fuerte
como el que demandará la reparación de los dos buques en las presentes
circunstancias. Se despoja á lord Cochrane de toda su autoridad, y como
el gobierno no le ha aceptado todavía la renuncia, sus enemigos lo
consideran, con no poca satisfacción, como una especie de prisionero de
Estado, y no dudo que, si á tanto se atrevieran, sería sacrificado á
la misma malevolencia personal que inspiró las acusaciones que contra
él se formularon en Abril. Se quedará en el puerto hasta dejar á la
_Lautaro_ imposibilitada para navegar, ya sea quitándole los mástiles
ó de otra manera. Ha enarbolado su insignia en la goleta _Moctezuma_,
lo único servible que hay actualmente en la bahía, pues el _Galvarino_,
sin un solo inglés á bordo, se hizo por fin á la vela con su permiso, á
solicitud del Director, para ir á desempeñar una comisión reservada.
Los que concertaron este golpe se olvidaron probablemente de la goleta.
Pronto, á Dios gracias, estará fuera del alcance de los que así lo
tratan en pago del bien que les ha hecho. Los marineros han sido
pagados y despedidos. Quedan sólo los oficiales, y con sueldo íntegro.
No se deben sueldos atrasados sino á la tripulación de la _Moctezuma_ y
á una parte de la _Lautaro_.
Las tropas están descontentas y sospecho que el respeto á la persona
del Director es lo único que mantiene aún en pie su desgraciado
gobierno.
_28._--Hoy algunos ligeros temblores.
_Domingo 29._--La tierra ha estado muy tranquila durante las últimas
veinticuatro horas.
Lord Cochrane llegó con D. y su familia. Estaban refugiados á bordo de
la _O’Higgins_, y ahora que el buque ha sido desmantelado no tienen
dónde guarecerse. Aquí, al menos, encontrarán albergue entre las carpas
y los ranchos y tranquilidad y bondadosas atenciones.
Formamos una abigarrada compañía, congregada en un extraño sitio. La
parte principal de la casa yace en tierra delante de nosotros. Toda la
enmaderación ha sido removida, y las murallas blanqueadas yacen casi
enteras delante de las ventanas de la parte habitable del edificio.
Aún subsiste en pie un pequeño vestíbulo, que sirve de oficina al
secretario del almirante y en que duermen dos ó más personas; un
aposento, que por cortesía llaman mío, ocupado por Glennie, mi criada
y yo, además de lo que puede contener de mi ropa, libros y muebles,
quedando el resto delante del cuarto, al aire libre; el aposento del
almirante, donde duerme en un sofá y atiende á sus negocios y donde
comemos todos cuando el viento no nos permite hacerlo en el rancho,
sirviendo, además, de despensa; y por último, el cuarto que ocupan Mr.
y Mrs. D., sus dos niños y dos criadas. Mr. Bennet, llamado comúnmente
don Benito, ha armado una carpa en un bosquecillo á poca distancia de
la casa; el rancho sirve de albergue á nuestro prisionero don Fausto,
y una extraña colección de sirvientes y holgazanes se asila en las
semiarruinadas cocinas y bodega. ¡Tales son los habitantes y tal el
actual estado de la casa de Quintero!
La calamidad que cayó sobre el país ha reunido á personas que ninguna
otra combinación de circunstancias podría haber puesto en íntimo
contacto, personas tan diferentes unas de otras en educación, hábitos
y modales como en posición social y carácter, y sólo transitoriamente
unidas por una imperiosa necesidad común. ¡Y la casa, todavía
inconclusa y en cuya construcción se consultaba la comodidad y hasta la
elegancia, convertida en un montón de ruinas!
_Martes 31 de Diciembre de 1822._--La tierra ha estado sosegada estos
últimos días. Una ó dos veces durante el día y generalmente otras
tantas durante la noche, hay ligeros movimientos, y de cuando en cuando
fuertes ruidos, pero nada de alarmante.
Los preparativos de viaje nos dejan poco tiempo para preocuparnos de
otras cosas. Hemos sabido, sin embargo, que el descontento contra
el gobierno cunde día á día, especialmente en el Norte, y que la
Convención de Coquimbo hace lo posible por procurarse recursos con que
resistir á O’Higgins. Envió 20.000 pesos á Freire.
Después de comer vamos, generalmente, á la playa á gozar de la vista
y música del mar, que viene “como las dichas que pasaron, dulces
y melancólicas para el alma”. Hoy permanecimos largo tiempo en el
promontorio de la Herradura para ver ocultarse en el Pacífico el
último sol de 1822, y después que se perdió en el mar nos quedamos
contemplando las cimas de los Andes doradas por sus rayos. Las olas
rodeaban casi enteramente nuestra roca.
Hacia el lado de la tierra y hasta donde podían alcanzar nuestros
ojos, no se veía otra cosa que las ruinas de una habitación humana.
Las sombras de la tarde nos impedían distinguir los pequeños espacios
cultivados robados aquí y allá á los espesos jarales que se extienden
hasta los cerros. El ganado se había retirado á los bosques, y fuera
de las aves nocturnas que revoloteaban en torno nuestro, ningún ser
animado nos recordaba que aún pertenecemos al mundo de los vivos.
Mis pensamientos volaban á otros tiempos ya lejanos en que la vida y
sus goces eran jóvenes, en que tuve corazones que simpatizaban con
el mío y amigos que sentían conmigo. El último sol del año pasado se
ocultó dejándome esperanzas, confianza casi; pero ahora la generosidad
de un hombre, casi un extraño para mí, ofrece á mis penas sólo un
alivio pasajero. El dolor y la muerte han hecho de mí su presa; mis
mayores esperanzas se han desvanecido, y tendré que buscar algo que
llene mi vida para que no me sea insoportable.
Mi compañero me sacó de mis reflexiones recordándome lo avanzado de la
hora. Volví á la casa en silencio y entregada siempre á mis tristes,
pero no ingratos recuerdos. Así terminó este año, quizás el más
desgraciado de mi vida.
_1.º de Enero de 1823._--Razón tuvo Young para exclamar: «¡Dulce
restaurador de la fatigada Naturaleza, reparador sueño!» Esta bella y
fresca mañana me ha despertado á la vida, á la luz, á la esperanza, á
la certidumbre de que, suceda lo que suceda, este año no puede ser tan
calamitoso como el pasado. No tengo ya nada que perder, y sí algo que
ganar en cada pequeño goce que me depare la suerte.
Los inconvenientes de vivir con tanta gente se hacen mayores á medida
que avanzan nuestros preparativos de viaje. Lord Cochrane ha mandado
armar carpas en la playa, á las que se trasladará inmediatamente mi
equipaje y después una parte de los huéspedes.
He cumplido solícitamente mi misión y tengo la satisfacción de ver que
la salud de mi inválido va mejorando gradualmente.
_2._--Por fin, hemos dividido á los numerosos huéspedes de Quintero. El
comedor ha sido transportado cerca de las carpas. La familia D. queda
en tranquila posesión de la casa, con el administrador de la hacienda,
que ha establecido aquí un saladero en que ha preparado carne de buey
por valor de cerca de diez mil pesos, tan buena como la mejor de
Irlanda.
Nuestra nueva residencia forma una línea á lo largo de la playa, en el
orden siguiente: primero, el rancho que nos sirve de comedor, cerca del
cerro, con una choza de pescadores en que hemos instalado la cocina
y un manantial de agua dulce; segundo, una gran carpa, dividida por
un biombo en dos departamentos, uno para Glennie y el otro para mí;
tercero, la carpa que ocupa lord Cochrane; cuarto, otra, ocupada por
el equipaje y un cuidador; quinto, la de Mr. Jackson; sexto, la de don
Fausto, y por fin, la de Carrillo.
Don Benito ha armado la suya fuera de la línea y detrás de las
anteriores, de modo que cada uno dispone ahora de su departamento
independiente, y todos pueden reunirse en el rancho cuando les place.
Las olas llegan hasta unas pocas varas de nuestras carpas, rodando
suavemente frente á ellas y rompiéndose un poco hacia la izquierda
alrededor de las rocas y de los restos del _Aguila_, una de las presas
tomadas por el almirante en Guayaquil. Los moluscos los han invadido,
interior y exteriormente, y á esta circunstancia debemos uno de
nuestros más exquisitos manjares, el gran barnacle comestible, conocido
aquí con el nombre de _pico_. Mandé á mi criada á Concon á que se
encargara del cuidado de los niños de la señora Miers.
Aquí estaba de más, y no creo que la vida á lo Robín Hood que llevamos
sea muy conveniente para una muchacha de buena cara. Allá no correrá
peligro y lo pasará muy bien.
_3 de Enero._--Hoy armé la prensa litográfica en la carpa de lord
Cochrane para imprimir la siguiente proclama á los chilenos, que espero
tener lista mañana:
«¡CHILENOS, MIS COMPATRIOTAS!
_Quintero, Enero 4 de 1823._
“El enemigo común de América ha sucumbido en Chile. Vuestra bandera
tricolor tremola en el Pacífico, afianzada con vuestros sacrificios.
Algunas conmociones intestinas perturban á Chile; no me toca
investigar sus causas ni acelerar ó retardar sus efectos; sólo me
es permitido desear que el resultado sea favorable á los intereses
nacionales.