_Viernes 27._--Hoy, varios temblores suaves, dos muy recios á las 10

A. M. y á las 6 P. M. Vino mi simpático amigo Mr. B., cuyo próximo

matrimonio y las circunstancias con él relacionadas constituyen un

interesante capítulo en la historia del progreso de la tolerancia

en Chile. En otros matrimonios de esta especie los extranjeros han

abrazado casi siempre la religión de sus novias, pero mi amigo

participa de los sentimientos de los héroes de Richardson; con lo cual

no quiero significar que, como Sir Charles Grandison, se presenta á las

seis de la mañana de gran parada y con redecilla y peluca, ni comparar

á la novia con la incomparable Clementina, sino que ha observado en

este negocio una conducta firme y recta por lo que toca á su conciencia

y sagaz y prudente por lo que atañe á su patria de adopción, conducta

en que ha tenido el apoyo del Director, á despecho de la intolerancia

y del espíritu de partido. No queriendo que su novia abjurara su fe,

ni cambiar él la suya, solicitó del obispo la licencia y dispensa

necesarias para casarse. El prelado se negó á dárselas mientras no

entrara al seno de la Iglesia. El gobierno intervino, representando

al obispo que los actuales tiempos exigían menos fanatismo y el bien

del país mayor liberalidad respecto de los extranjeros. El obispo

persistió en su resolución, hasta que se le notificó que si no cedía

no se devolverían á la Iglesia ciertos diezmos y emolumentos que

había perdido en las últimas conmociones civiles. Y ahora, después de

conceder de mala gana la licencia, todo lo que ha ganado se reduce á la

propuesta por el gobierno de un concordato que cercena sus entradas y

disminuye su poder.

Es un hombre ambicioso y fanático, aparentemente vinculado al actual

gobierno por varios lazos, de los cuales es, sin duda, el más fuerte

la sociedad de Arcos, casado con una sobrina suya, con Rodríguez.

Tiene, empero, más fuertes vinculaciones con los que hacen oposición

á O’Higgins, ya como partidarios de los desdichados Carreras, ya como

descontentos. Este matrimonio ha dado lugar á violentas discusiones que

la firmeza y prudencia de M. B. han llevado á buen término.

Propusiéronsele transacciones y componendas poco correctas para salvar

las apariencias de parte de la Iglesia; pero él quería que el asunto

tuviera una solución legal y pública, no sólo por sus principios, sino

también para establecer un precedente importante para lo sucesivo.

Hoy pensé volver á Quintero en la lancha de la _Lautaro_, que

me ofrecieron amablemente para ese objeto. Pero, contra lo que

generalmente ocurre en esta época del año, se levantó un recio viento

Norte que frustró mis planes. En la noche se descargó una fuerte

lluvia que causó grandes perjuicios en los objetos que quedaron á la

intemperie después del terremoto y que puso en un estado miserable los

infelices campamentos de los cerros. El pueblo la celebra, sin embargo,

porque cree que la lluvia extinguirá el fuego que causa los terremotos,

que, por tanto, no volverán á repetirse.

_28._--A pesar de la lluvia, que duró hasta la media noche, hoy tembló

no menos de cinco veces. El fanatismo se ha puesto en campaña durante

este calamitoso período, creyendo, sin duda, favorable la ocasión

para recuperar una parte del terreno que de algún tiempo atrás venía

perdiendo. Hoy era el día fijado para la ejecución de un francés y tres

chilenos que se introdujeron durante la noche en un buque anclado en la

bahía, hirieron gravemente al capitán y al piloto y robaron una fuerte

suma.

El clero ha estado excitando al pueblo á levantarse en favor de los

reos, anunciando nuevas y grandes calamidades si se permite que buenos

católicos sean ejecutados á causa de los herejes.

El gobierno, sabedor de estas intrigas, hizo rodear de numerosos

soldados el lugar de la ejecución, que se verificó tranquilamente. Y no

es éste un caso aislado.

El clero ha tratado de excitar al pueblo á atacar á los herejes,

pero sin resultado; ya sea porque éste oye tales insinuaciones

con indiferencia, ya porque no reconoce en los cultos y benéficos

extranjeros residentes en el país los execrables rasgos y costumbres

que el clero atribuye á los pobres herejes en sus imaginarias pinturas.

Fuí después de almorzar á bordo del buque del almirante á visitar

á algunos amigos que en la noche del 19 se refugiaron allí con sus

familias y á quienes ha cedido su cámara, instalándose él mismo en una

carpa sobre cubierta. Los oficiales con quienes hablé sobre los efectos

del terremoto á bordo, me dijeron que al sentir el sacudimiento y el

pavoroso ruido, en que al fragor de la tierra convulsa segregaba el

estrépito de la ciudad que se derrumbaba, miraron hacia el puerto y

sólo vieron una inmensa nube de polvo, de que se alzó un terrible grito

de horror y de angustia.

Lord Cochrane y otros marinos se arrojaron inmediatamente á un bote

para acudir en auxilio, si había aún posibilidad de auxilio, de las

víctimas de la catástrofe. Arrebatados por una impetuosa ola, tocaron

tierra en un punto á que jamás había llegado antes bote alguno.

Viéronla en seguida retirarse enhiesta y terrible, dejando en seco

numerosas lanchas y otras pequeñas embarcaciones. No dudaron por un

instante que volvería é inundaría la arruinada ciudad. No volvió, y el

fondo de la bahía se ha levantado como tres pies. Cada uno tenía algún

extraordinario episodio que referir.

La señora D. se encontraba sola con sus dos niños en su casa; su padre

y su marido habían salido. Los criados huyeron al primer remezón. Ella

estaba con los niños en un aposento del segundo piso; daba el pecho

al menor mientras el mayor dormía en su cuna. En la imposibilidad de

sacar á los dos á la vez, llegóse á la cuna y apoyada en ella, con la

criatura en los brazos, resolvió aguardar, presa de mortal angustia, lo

que sucediera. Allí la encontró alguien que acudió en su auxilio y la

llevó á bordo de un buque.

Después de pasar la mañana á bordo de la _O’Higgins_, escuchando con

vivo interés estos emocionantes relatos, volví á Quintero en la lancha

de la _Lautaro_, que hizo el viaje en tres horas; y podría haberlo

hecho en menos tiempo á no impedírselo el fuerte oleaje causado por el

viento Norte de ayer.

_29._--Hoy sólo un temblor, bastante recio.

_30._--Antes de las diez y á las dos, temblores acompañados de fuertes

ruidos. Rara vez tiembla sin ningún ruido. Algunas veces precede al

temblor un sonido semejante á una explosión; otras lo acompaña una

especie de ruido sordo y prolongado; otras, por fin, se siente éste

sin movimiento perceptible, aunque prueba que lo hay la agitación del

mercurio en el vaso.

_1.º de Diciembre._--Temblores suaves, pero frecuentes. Fuimos hoy á

caballo al pueblecito de La Placilla, pasando por la hacienda de los

Maitenes y por la laguna de Campiche, que deslinda con la hacienda de

Quintero. Paisajes bellísimos. El valle de la laguna es muy fértil y

productivo. La Placilla es un bonito lugar, que me recuerda algunos de

Inglaterra.

Está situada á orillas del riachuelo de la Ligua[128]. Sus ranchos,

rodeados de huertos y jardines, son excelentes en su género. Circundan

el pueblo campos de pasturaje y trigo, y las montañas le forman

un bello horizonte. A nuestra llegada la gente venía saliendo de

misa, que se celebró en una ramada, dentro del cementerio, pues la

iglesia y casa parroquial, los únicos edificios de cal y ladrillo del

pueblo, cayeron en tierra el 19, totalmente la primera, en parte la

segunda. Encontramos al cura en un pequeño y sucio cuarto, su oficina

probablemente, en que había unos veinte libros viejos con grasientas

cubiertas de cuero negro y un lío de lana en un rincón.

Después de ofrecernos un poco de ron nos condujo sobre montones de

escombros á otro aposento poco deteriorado, en que nos presentó pan,

queso, mantequilla, leche y aguardiente, invitándonos á merendar con

él, á que accedimos de buena gana. Fuí en seguida á arreglar cuentas

con la hija del juez del pueblo, mi lavandera, nada menos. En los

antiguos tiempos las reinas y las princesas lavaban para sus padres y

hermanos, y no dudo que la princesa Nausica, como las damas de por acá,

llevaba á lavar la ropa sucia al río[129].

Fuerza es confesar que en figura y elegancia una joven lavandera

chilena aventaja con mucho á las nuestras; pero si redunda ó no en bien

de la comunidad que las hijas de los administradores de justicia se

dediquen á este oficio, es punto que dejo á la consideración y dictamen

de personas más competentes que yo, aunque, si no me equivoco, hay algo

contra ello en un estatuto del primer año del reinado de Jorge III en

que se declara que la independencia de los jueces debe considerarse

necesaria para su rectitud. Pero estamos muy lejos de Inglaterra.

_2 de Diciembre._--Hoy, un solo temblor, en las primeras horas de la

mañana. Recuerdo haber oído comentar con extrañeza la flema de los

habitantes de Caracas, que después de transcurrir algunos meses sin

ninguna violenta convulsión terrestre y cuando sólo temblaba una vez

cada cinco ó seis horas, volvieron á reedificar sus casas. El hombre se

acostumbra á todo.

Aunque apenas han trascurrido quince días desde que en torno nuestro

“cayeron por tierra templos y torres”, y aunque vivimos en carpas y

chozas levantadas alrededor de nuestros arruinados hogares, seguimos

ocupándonos en nuestros negocios y hasta en nuestras diversiones

como si nada hubiera acontecido, y nos entregamos al sueño con tanta

tranquilidad como si poco ha no hubiéramos visto á la tierra que nos

sustenta bambolearse y perder su equilibrio. Y hasta nos queda tiempo

para ocuparnos en lecturas de historia y poesía, á fin de comparar

con los sucesos que hemos presenciado las descripciones de hombres

que no fueron testigos de los luctuosos acontecimientos que nos

refieren. Entre ellas se distingue por su belleza y verdad la que nos

da Childe Harold de la batalla de Trasimeno, en que tal fué el furor

y encarnizamiento de la pelea, que los combatientes no sintieron un

terremoto que durante ella sobrevino.

“The earth to them was as a rolling bark

Which bore them to eternity; they saw

The ocean round, but had no time to mark

The motions of their vessel: Nature’s law

In them suspended, reck’d not of the awe

Which reigns when mountains tremble, and the birds

Plunge in the clouds for refuge, and withdraw

From their downstoppling nests, and bellowing herds

Stumble o’er heaving plains, and man’s dread hath no words”[130].

El viento Sur ha llegado ya con sus densas nubes de polvo que no nos

permiten escribir. Para defender de ellas nuestros alimentos nos

refugiamos en una pequeña glorieta al abrigo de un cerro, donde en un

comedor dispuesto por la Naturaleza y cuya puerta y ventanas dan al

mar, comemos y permanecemos hasta la caída de la tarde, y entonces nos

reunimos alrededor de un gran fuego que encendemos frente á nuestras

carpas[131] y charlamos hasta la hora de dormir. Difícilmente podríamos

tener un compañero mejor que don Benito[132]. Ha visto tantas cosas

que nosotros jamás hemos visto ni oído, que nunca le falta algo nuevo

que contarnos. En cuanto á memoria, creo que ni la misma sultana

Scheherezada le aventaja, motivo por el cual hemos bautizado sus

relatos con el nombre de “Mil y una noches peruanas”.

Refiérenos historias de los estudiantes de Quito, que prueban que

profesores y estudiantes son allá lo que son y siempre han sido en

todos los tiempos y países; historias de amor que demuestran que los

corazones juveniles pueden sentir, confiar, sufrir, en los valles de

los Andes como en los de Europa; episodios de la revolución, en que se

ve de cuánto son capaces las pasiones y afectos humanos. Estos son con

mucho los más interesantes y de ellos podrían sacarse argumentos de

tragedias y novelas. He aquí, por ejemplo, dos que nos refirió anoche:

Juana María Pola, de Santa Fe de Bogotá, era una mujer cuyo marido,

hermanos é hijos estaban profundamente comprometidos en la causa

de la revolución. Cuando los patriotas se apoderaron de Santa Fe,

después de tomar los cuarteles de la infantería y caballería realista,

interrumpieron las hostilidades para reunir fuerzas suficientes

con que atacar la artillería enemiga. Hubo entonces un intervalo

en que “los más intrépidos contuvieron su aliento”. Juana María

encontró á su hijo entre las tropas que esperaban refuerzos.--“¿Qué

haces aquí”---le preguntó--. “Espero el momento de combatir por la

patria”.--“Arrodíllate entonces y recibe la bendición de tu madre.

Nosotras las mujeres iremos adelante á recibir los primeros fuegos,

y tú irás por sobre nuestros cuerpos á apoderarte de aquel cañón,

y salvarás á tu patria.” Dió la bendición á su hijo, se precipitó

delante de los soldados y obtuvieron el triunfo. Desde ese día tuvo

la intrépida mujer grado y paga de capitán. Pero los realistas

reconquistaron á Santa Fe, y Juana María fué una de sus primeras

víctimas. Lleváronla á la plaza del mercado y la fusilaron.

José María Melgado era un joven de distinguida familia y excelente

educación. Se recibió de abogado á la edad de veintidós años y estaba

al casarse con una joven que amaba. Cuando se levantó Pomacao, uniósele

al instante Melgado, á quien nombraron fiscal militar del ejército

patriota. Poco tiempo después el general Ramírez se apoderó del cuartel

general de Pomacao, y Melgado, entre otros, fué tomado prisionero y

condenado á muerte.

Su familia y amigos gozaban de tanta influencia, que podría haber

alcanzado su perdón sometiéndose á la real piedad y abrazando la causa

realista. Pero fué sordo á todas las instancias que se le hicieron

en este sentido y ni siquiera se le pudo arrancar una palabra de

respuesta. Lleváronlo, por fin, al lugar de la ejecución. Un sacerdote

vino á confeserlo, y en ese lugar y en esos solemnes momentos lo

exhortó á que devolviera la paz á su conciencia reconociendo libre y

plenamente su delito y sometiéndose al rey, prometiéndole alcanzar su

indulto si tal hacía.

Contestóle con fuego que menos que de nadie era propio de un sacerdote

perturbar los últimos momentos de un moribundo y recordarle intereses

mundanos á que ya había renunciado su alma; que era una insensatez

hablarle de indulto estando ya irrevocablemente sellado su destino,

como él mismo lo sabía perfectamente, sí, y aún desde el momento en que

se unió á Pomacao. “Un hombre--agregó--debe pensarlo muy bien antes

de cambiar de opiniones ó de partido; pero una vez que, después de

meditarlo seriamente, hace su elección, jamás debe apartarse de ella.

“Además, ya es tarde para hablarme de indulto ó de cambio de ideas. Lo

hecho, hecho está; no me arrepiento de ello. Creí de mi deber abrazar

la causa de la libertad de mi patria; lo mismo creo todavía, y estoy

dispuesto á morir por ella. Mal parece en un sacerdote, lo repito una

vez más, que perturbe la tranquilidad de mi última hora.” El sacerdote

se retiró. Melgado pidió permiso al ayudante para fumar un cigarro,

diciéndole que sentía los nervios excitados y deseaba tranquilizarse.

Obtenido el permiso, volvióse hacia los circunstantes y dijo: “¿Quiere

alguien darme un cigarro, por amor de Dios?”

Un soldado le pasó uno, que fumó hasta la mitad y arrojó, diciendo que

ya estaba pronto y tranquilo. Acercóse el oficial á vendarle los ojos.

Lo rechazó, y dijo: “Déjenme siquiera morir con mis ojos libres”. Se

le observó que era necesario. “Bien, bien--replicó--; yo mismo me los

cubriré”. Y cubriéndolos con su mano, manifestó que estaba pronto, y

recibió la descarga.

Los sur-americanos abrazan sus causas con verdadero entusiasmo. Son

ignorantes, oprimidos, indolentes y tímidos quizá. Pero lanzaron el

grito de independencia; apareció en su horizonte la estrella de la

libertad, y ni ésta volverá á eclipsarse por orden de España, ni á

aquél impondrá silencio el hasta ahora irresistible talismán de la

autoridad real. Las huestes han penetrado en las selvas vírgenes

del nuevo mundo, escalado montañas, atravesado lagos y pantanos,

para saludarse unos á otros como obreros de la misma causa, como

copartícipes de la recién conquistada libertad que están resueltos á

dejar á sus hijos.

Pasará largo tiempo quizá antes que estas naciones se arreglen y

consoliden; sus formas de gobierno fluctuarán muchos años, y correrá

todavía mucha sangre por la causa de la libertad, pues, ¡ay! ¿qué bien

hay en la tierra que no sea comprado al precio de algún mal? Pero el

cetro de hierro de la metrópoli no volverá á imperar sobre estos países.

_Martes 3 de Diciembre._--La tierra, que parecía haber recobrado su

tranquilidad, se sacudió hoy con violencia á las tres treinta A. M., á

las nueve, á medio día (largo y recio temblor con fuerte ruido), á las

dos, y á media noche el quinto y último, no inferior á los de los tres

primeros días, con excepción del grande del 19.

_Miércoles 4._--Cuatro fuertes remezones antes de las ocho de la mañana

parecieron amenazar con una repetición de los que se siguieron al día

19 de Noviembre. Tembló después dos veces más, pero suavemente.

Las noticias de la marcha de Freire se han hecho públicas, así como

las de la reunión de la Convención provincial y su censura de la de

Santiago por haberse declarado la primera asamblea representativa y

porque se atribuye la facultad de aceptar la renuncia del Director

y de reelegirlo, actos que consideran ilegales. Se susurra que el

Director piensa abdicar. Le ha herido profundamente lo que él llama

la ingratitud de Freire, á quien fué adicto como un valiente á otro

valiente y á quien siempre favoreció y patrocinó. Freire y sus soldados

han llevado adelante con feliz éxito una larga y penosa guerra. No se

les ha pagado, y se dice que Freire tiene otro motivo de resentimiento

contra la familia del Director, si no contra el Director mismo.

El general Freire amaba apasionadamente á una joven que la batalla

de Maipú dejó huérfana[133]. Su amor era correspondido, y esperaba

casarse con ella. En su calidad de huérfana la joven estaba bajo la

tutela del gobierno, que la dió por esposa á otro. Ella, con sus

cuantiosos bienes de fortuna, fué arrebatada al hombre que la amaba

para premiar, según dicen, á un meritorio oficial. ¿Quién más meritorio

que Freire? Este devoró la afrenta en silencio, pero ¿puede haberla

olvidado? Se le propuso otro matrimonio, que rechazó con indignación,

infiriéndose así un doble ultraje á sus sentimientos.

Provocaciones menores que éstas han armado en otros tiempos naciones

contra naciones, y en un país semi-civilizado como éste los

sentimientos privados tienen más parte en la suma total de las causas

de las guerras civiles que en naciones más adelantadas, en que la

cultura hace asemejarse tanto á los hombres unos á otros y les da tanto

dominio sobre las manifestaciones externas de sus sentimientos que las

emociones individuales rara vez tienen influencia fuera del círculo de

la familia.

El general Freire nació en Chile, de padre europeo, no sé si francés

ó inglés[134]. No ha estado en Europa ni ha leído nada. Posee en

cambio poderosas facultades naturales, sagacidad y un carácter recto

y generoso. Se ha consagrado completamente á las armas. Lo siento por

Chile. En el estado actual del país cada día de tranquilidad es un

gran beneficio para él, á pesar de su mal gobierno. Hay aquí buenos

elementos que para prosperar sólo necesitan tiempo y tranquilidad.

Es muy lamentable que el mal proceder de los ministros encienda la

guerra civil, la peor de las plagas, y retarde el progreso de la

nación, objeto de tantos esfuerzos y sacrificios. Podría dirigir á la

República las palabras de un antiguo poeta:

“Ill-fated vessel! shall the waves again

Tempestuous bear thee to the faithless main?

What would thy madness, thus with storms to sport?

Ah! yet with caution keep the friendly port

* * * * *

The guardian gods are lost,

Whom you might call in future tempests tost”[135].

_Jueves 5 de Diciembre._--Hemos pasado un día más tranquilo. Sólo hubo

tres temblores suaves.

_Viernes 6._--Sólo dos temblores, pero el viento más fuerte de que

tengo memoria. Día espléndido. La bahía, bella como nunca, con las

blancas crestas de las olas sobre la superficie azul. Nos vimos

obligados á refugiarnos en el bosquecillo, porque la arena penetra en

el rancho por todas partes y casi nos ahoga.

Até las ramas de quintral que cuelgan de los maitenes á los arbustos

que crecen debajo de éstos, con lo que nuestro muro quedó más firme y

más elegante la ventana y con vista al mar y á los cerros. Con una de

las puertas que cayeron en el terremoto y cuatro postes enterrados en

el suelo fabricamos una magnífica mesa de comedor.

_7 de Diciembre._--Temblor suave á las seis A. M., seguido de uno más

fuerte. Otro en la tarde.

Lord Cochrane llegó en el _Moctezuma_ con el capitán Winter y los

señores Grenfell y Jackson. Glennie, que parecía haber ganado terreno

en los últimos quince días, tuvo hoy otro ataque.

_Domingo 8._--Temblor muy fuerte.

_Lunes 9._--Temblor suave; día nublado y obscuro; 65° Fahrenheit.

En la tarde, agradable paseo por la playa con lord Cochrane. Fuimos

principalmente con el objeto de ver los efectos causados por el

terremoto en las rocas. En Valparaíso la playa se levantó como tres

pies y algunas rocas quedaron descubiertas. En ellas han encontrado

los pescadores una especie de ostra que creen no existía antes allí.

Observamos grandes hendiduras en la tierra entre la casa y la playa. En

las rocas se ven numerosas quebraduras, evidentemente nuevas, y todas

en una misma dirección.

Parecíanos que penetrábamos en los secretos del laboratorio de la

Naturaleza. Al través de los lechos naturales de granito hay vetas de

una pulgada á una línea de espesor, llenas la mayor parte de partículas

blancas brillantes, probablemente cuarzo, y en algunas partes

sobresalen un poco de la superficie de la roca. En otras las vetas

tienen los bordes contorneados y las partículas blancas no las llenan,

sino que revisten parcialmente sus paredes. Las grietas producidas por

este terremoto se distinguen fácilmente por el filo de los bordes de

las antiguas.

Las que les corresponden en los cerros vecinos son mucho más anchas.

En algunas partes la tierra se ha partido y caído, dejando descubierta

la base rocosa de los cerros. En la playa, á pesar de la alta marea,

muchas rocas, cubiertas de moluscos muertos, quedan en seco, lo que

prueba que se ha levantado como cuatro pies en la Herradura. Sobre

estas conchas recientes encuéntranse otras más antiguas á diversas

alturas en toda la extensión de la costa, como también cerca de las

cimas de los cerros más altos de Chile, más aún, en los Andes mismos,

según he oído. ¿Provienen de levantamientos del fondo del mar,

producidos por convulsiones terrestres? De vuelta de nuestro paseo

recogí en la playa, en una pequeña caleta de pescadores, un poco de

arena ó más bien polvo de hierro, muy sensible al imán é idéntico al

que me trajeron no ha mucho de las islas de las Perlas[136]. Aquí las

rocas son de granito gris, y el suelo de arena mezclada con tierra

vegetal y capas de piedrecillas y conchas que suelen elevarse á más de

50 pies sobre el nivel de la playa.

Las tardes y las mañanas son en estos lugares de una belleza

incomparable. Esta tarde, cuando volvíamos á la casa, los nevados Andes

estaban vestidos de rosa y bermellón, y los cerros más próximos de

brillante púrpura, mientras el sol desaparecía en el mar, esplendoroso

y sin nubes.

_Martes 10._--Mientras comíamos con lord Cochrane y los señores

Jackson, Bennet y Orelle sobrevino un temblor que excedió en fuerza

y longitud á todos los ocurridos después del terremoto del 19 de

Noviembre. Algunos salieron de la casa[137], pues ahora habitamos en la

parte que de ella quedó en pie, y yo corrí al lecho del pobre Glennie,

á quien causó el temblor una fuerte hemorragia que detuve con láudano.

Poco después hubo un temblor suave y otro bastante recio á las tres y

media. Soplaba un fuerte viento y el termómetro marcaba 65° Fahrenheit.

_11._--A las 7,30 A. M. violento remezón, acompañado de fuerte

explosión; otros, á las diez, seguidos de dos muy suaves.

Diario de su residencia en Chile (1822) y de su viaje al Brasil (1823) · 第 30 / 35 段