A. M. y á las 6 P. M. Vino mi simpático amigo Mr. B., cuyo próximo
matrimonio y las circunstancias con él relacionadas constituyen un
interesante capítulo en la historia del progreso de la tolerancia
en Chile. En otros matrimonios de esta especie los extranjeros han
abrazado casi siempre la religión de sus novias, pero mi amigo
participa de los sentimientos de los héroes de Richardson; con lo cual
no quiero significar que, como Sir Charles Grandison, se presenta á las
seis de la mañana de gran parada y con redecilla y peluca, ni comparar
á la novia con la incomparable Clementina, sino que ha observado en
este negocio una conducta firme y recta por lo que toca á su conciencia
y sagaz y prudente por lo que atañe á su patria de adopción, conducta
en que ha tenido el apoyo del Director, á despecho de la intolerancia
y del espíritu de partido. No queriendo que su novia abjurara su fe,
ni cambiar él la suya, solicitó del obispo la licencia y dispensa
necesarias para casarse. El prelado se negó á dárselas mientras no
entrara al seno de la Iglesia. El gobierno intervino, representando
al obispo que los actuales tiempos exigían menos fanatismo y el bien
del país mayor liberalidad respecto de los extranjeros. El obispo
persistió en su resolución, hasta que se le notificó que si no cedía
no se devolverían á la Iglesia ciertos diezmos y emolumentos que
había perdido en las últimas conmociones civiles. Y ahora, después de
conceder de mala gana la licencia, todo lo que ha ganado se reduce á la
propuesta por el gobierno de un concordato que cercena sus entradas y
disminuye su poder.
Es un hombre ambicioso y fanático, aparentemente vinculado al actual
gobierno por varios lazos, de los cuales es, sin duda, el más fuerte
la sociedad de Arcos, casado con una sobrina suya, con Rodríguez.
Tiene, empero, más fuertes vinculaciones con los que hacen oposición
á O’Higgins, ya como partidarios de los desdichados Carreras, ya como
descontentos. Este matrimonio ha dado lugar á violentas discusiones que
la firmeza y prudencia de M. B. han llevado á buen término.
Propusiéronsele transacciones y componendas poco correctas para salvar
las apariencias de parte de la Iglesia; pero él quería que el asunto
tuviera una solución legal y pública, no sólo por sus principios, sino
también para establecer un precedente importante para lo sucesivo.
Hoy pensé volver á Quintero en la lancha de la _Lautaro_, que
me ofrecieron amablemente para ese objeto. Pero, contra lo que
generalmente ocurre en esta época del año, se levantó un recio viento
Norte que frustró mis planes. En la noche se descargó una fuerte
lluvia que causó grandes perjuicios en los objetos que quedaron á la
intemperie después del terremoto y que puso en un estado miserable los
infelices campamentos de los cerros. El pueblo la celebra, sin embargo,
porque cree que la lluvia extinguirá el fuego que causa los terremotos,
que, por tanto, no volverán á repetirse.
_28._--A pesar de la lluvia, que duró hasta la media noche, hoy tembló
no menos de cinco veces. El fanatismo se ha puesto en campaña durante
este calamitoso período, creyendo, sin duda, favorable la ocasión
para recuperar una parte del terreno que de algún tiempo atrás venía
perdiendo. Hoy era el día fijado para la ejecución de un francés y tres
chilenos que se introdujeron durante la noche en un buque anclado en la
bahía, hirieron gravemente al capitán y al piloto y robaron una fuerte
suma.
El clero ha estado excitando al pueblo á levantarse en favor de los
reos, anunciando nuevas y grandes calamidades si se permite que buenos
católicos sean ejecutados á causa de los herejes.
El gobierno, sabedor de estas intrigas, hizo rodear de numerosos
soldados el lugar de la ejecución, que se verificó tranquilamente. Y no
es éste un caso aislado.
El clero ha tratado de excitar al pueblo á atacar á los herejes,
pero sin resultado; ya sea porque éste oye tales insinuaciones
con indiferencia, ya porque no reconoce en los cultos y benéficos
extranjeros residentes en el país los execrables rasgos y costumbres
que el clero atribuye á los pobres herejes en sus imaginarias pinturas.
Fuí después de almorzar á bordo del buque del almirante á visitar
á algunos amigos que en la noche del 19 se refugiaron allí con sus
familias y á quienes ha cedido su cámara, instalándose él mismo en una
carpa sobre cubierta. Los oficiales con quienes hablé sobre los efectos
del terremoto á bordo, me dijeron que al sentir el sacudimiento y el
pavoroso ruido, en que al fragor de la tierra convulsa segregaba el
estrépito de la ciudad que se derrumbaba, miraron hacia el puerto y
sólo vieron una inmensa nube de polvo, de que se alzó un terrible grito
de horror y de angustia.
Lord Cochrane y otros marinos se arrojaron inmediatamente á un bote
para acudir en auxilio, si había aún posibilidad de auxilio, de las
víctimas de la catástrofe. Arrebatados por una impetuosa ola, tocaron
tierra en un punto á que jamás había llegado antes bote alguno.
Viéronla en seguida retirarse enhiesta y terrible, dejando en seco
numerosas lanchas y otras pequeñas embarcaciones. No dudaron por un
instante que volvería é inundaría la arruinada ciudad. No volvió, y el
fondo de la bahía se ha levantado como tres pies. Cada uno tenía algún
extraordinario episodio que referir.
La señora D. se encontraba sola con sus dos niños en su casa; su padre
y su marido habían salido. Los criados huyeron al primer remezón. Ella
estaba con los niños en un aposento del segundo piso; daba el pecho
al menor mientras el mayor dormía en su cuna. En la imposibilidad de
sacar á los dos á la vez, llegóse á la cuna y apoyada en ella, con la
criatura en los brazos, resolvió aguardar, presa de mortal angustia, lo
que sucediera. Allí la encontró alguien que acudió en su auxilio y la
llevó á bordo de un buque.
Después de pasar la mañana á bordo de la _O’Higgins_, escuchando con
vivo interés estos emocionantes relatos, volví á Quintero en la lancha
de la _Lautaro_, que hizo el viaje en tres horas; y podría haberlo
hecho en menos tiempo á no impedírselo el fuerte oleaje causado por el
viento Norte de ayer.
_29._--Hoy sólo un temblor, bastante recio.
_30._--Antes de las diez y á las dos, temblores acompañados de fuertes
ruidos. Rara vez tiembla sin ningún ruido. Algunas veces precede al
temblor un sonido semejante á una explosión; otras lo acompaña una
especie de ruido sordo y prolongado; otras, por fin, se siente éste
sin movimiento perceptible, aunque prueba que lo hay la agitación del
mercurio en el vaso.
_1.º de Diciembre._--Temblores suaves, pero frecuentes. Fuimos hoy á
caballo al pueblecito de La Placilla, pasando por la hacienda de los
Maitenes y por la laguna de Campiche, que deslinda con la hacienda de
Quintero. Paisajes bellísimos. El valle de la laguna es muy fértil y
productivo. La Placilla es un bonito lugar, que me recuerda algunos de
Inglaterra.
Está situada á orillas del riachuelo de la Ligua[128]. Sus ranchos,
rodeados de huertos y jardines, son excelentes en su género. Circundan
el pueblo campos de pasturaje y trigo, y las montañas le forman
un bello horizonte. A nuestra llegada la gente venía saliendo de
misa, que se celebró en una ramada, dentro del cementerio, pues la
iglesia y casa parroquial, los únicos edificios de cal y ladrillo del
pueblo, cayeron en tierra el 19, totalmente la primera, en parte la
segunda. Encontramos al cura en un pequeño y sucio cuarto, su oficina
probablemente, en que había unos veinte libros viejos con grasientas
cubiertas de cuero negro y un lío de lana en un rincón.
Después de ofrecernos un poco de ron nos condujo sobre montones de
escombros á otro aposento poco deteriorado, en que nos presentó pan,
queso, mantequilla, leche y aguardiente, invitándonos á merendar con
él, á que accedimos de buena gana. Fuí en seguida á arreglar cuentas
con la hija del juez del pueblo, mi lavandera, nada menos. En los
antiguos tiempos las reinas y las princesas lavaban para sus padres y
hermanos, y no dudo que la princesa Nausica, como las damas de por acá,
llevaba á lavar la ropa sucia al río[129].
Fuerza es confesar que en figura y elegancia una joven lavandera
chilena aventaja con mucho á las nuestras; pero si redunda ó no en bien
de la comunidad que las hijas de los administradores de justicia se
dediquen á este oficio, es punto que dejo á la consideración y dictamen
de personas más competentes que yo, aunque, si no me equivoco, hay algo
contra ello en un estatuto del primer año del reinado de Jorge III en
que se declara que la independencia de los jueces debe considerarse
necesaria para su rectitud. Pero estamos muy lejos de Inglaterra.
_2 de Diciembre._--Hoy, un solo temblor, en las primeras horas de la
mañana. Recuerdo haber oído comentar con extrañeza la flema de los
habitantes de Caracas, que después de transcurrir algunos meses sin
ninguna violenta convulsión terrestre y cuando sólo temblaba una vez
cada cinco ó seis horas, volvieron á reedificar sus casas. El hombre se
acostumbra á todo.
Aunque apenas han trascurrido quince días desde que en torno nuestro
“cayeron por tierra templos y torres”, y aunque vivimos en carpas y
chozas levantadas alrededor de nuestros arruinados hogares, seguimos
ocupándonos en nuestros negocios y hasta en nuestras diversiones
como si nada hubiera acontecido, y nos entregamos al sueño con tanta
tranquilidad como si poco ha no hubiéramos visto á la tierra que nos
sustenta bambolearse y perder su equilibrio. Y hasta nos queda tiempo
para ocuparnos en lecturas de historia y poesía, á fin de comparar
con los sucesos que hemos presenciado las descripciones de hombres
que no fueron testigos de los luctuosos acontecimientos que nos
refieren. Entre ellas se distingue por su belleza y verdad la que nos
da Childe Harold de la batalla de Trasimeno, en que tal fué el furor
y encarnizamiento de la pelea, que los combatientes no sintieron un
terremoto que durante ella sobrevino.
“The earth to them was as a rolling bark
Which bore them to eternity; they saw
The ocean round, but had no time to mark
The motions of their vessel: Nature’s law
In them suspended, reck’d not of the awe
Which reigns when mountains tremble, and the birds
Plunge in the clouds for refuge, and withdraw
From their downstoppling nests, and bellowing herds
Stumble o’er heaving plains, and man’s dread hath no words”[130].
El viento Sur ha llegado ya con sus densas nubes de polvo que no nos
permiten escribir. Para defender de ellas nuestros alimentos nos
refugiamos en una pequeña glorieta al abrigo de un cerro, donde en un
comedor dispuesto por la Naturaleza y cuya puerta y ventanas dan al
mar, comemos y permanecemos hasta la caída de la tarde, y entonces nos
reunimos alrededor de un gran fuego que encendemos frente á nuestras
carpas[131] y charlamos hasta la hora de dormir. Difícilmente podríamos
tener un compañero mejor que don Benito[132]. Ha visto tantas cosas
que nosotros jamás hemos visto ni oído, que nunca le falta algo nuevo
que contarnos. En cuanto á memoria, creo que ni la misma sultana
Scheherezada le aventaja, motivo por el cual hemos bautizado sus
relatos con el nombre de “Mil y una noches peruanas”.
Refiérenos historias de los estudiantes de Quito, que prueban que
profesores y estudiantes son allá lo que son y siempre han sido en
todos los tiempos y países; historias de amor que demuestran que los
corazones juveniles pueden sentir, confiar, sufrir, en los valles de
los Andes como en los de Europa; episodios de la revolución, en que se
ve de cuánto son capaces las pasiones y afectos humanos. Estos son con
mucho los más interesantes y de ellos podrían sacarse argumentos de
tragedias y novelas. He aquí, por ejemplo, dos que nos refirió anoche:
Juana María Pola, de Santa Fe de Bogotá, era una mujer cuyo marido,
hermanos é hijos estaban profundamente comprometidos en la causa
de la revolución. Cuando los patriotas se apoderaron de Santa Fe,
después de tomar los cuarteles de la infantería y caballería realista,
interrumpieron las hostilidades para reunir fuerzas suficientes
con que atacar la artillería enemiga. Hubo entonces un intervalo
en que “los más intrépidos contuvieron su aliento”. Juana María
encontró á su hijo entre las tropas que esperaban refuerzos.--“¿Qué
haces aquí”---le preguntó--. “Espero el momento de combatir por la
patria”.--“Arrodíllate entonces y recibe la bendición de tu madre.
Nosotras las mujeres iremos adelante á recibir los primeros fuegos,
y tú irás por sobre nuestros cuerpos á apoderarte de aquel cañón,
y salvarás á tu patria.” Dió la bendición á su hijo, se precipitó
delante de los soldados y obtuvieron el triunfo. Desde ese día tuvo
la intrépida mujer grado y paga de capitán. Pero los realistas
reconquistaron á Santa Fe, y Juana María fué una de sus primeras
víctimas. Lleváronla á la plaza del mercado y la fusilaron.
José María Melgado era un joven de distinguida familia y excelente
educación. Se recibió de abogado á la edad de veintidós años y estaba
al casarse con una joven que amaba. Cuando se levantó Pomacao, uniósele
al instante Melgado, á quien nombraron fiscal militar del ejército
patriota. Poco tiempo después el general Ramírez se apoderó del cuartel
general de Pomacao, y Melgado, entre otros, fué tomado prisionero y
condenado á muerte.
Su familia y amigos gozaban de tanta influencia, que podría haber
alcanzado su perdón sometiéndose á la real piedad y abrazando la causa
realista. Pero fué sordo á todas las instancias que se le hicieron
en este sentido y ni siquiera se le pudo arrancar una palabra de
respuesta. Lleváronlo, por fin, al lugar de la ejecución. Un sacerdote
vino á confeserlo, y en ese lugar y en esos solemnes momentos lo
exhortó á que devolviera la paz á su conciencia reconociendo libre y
plenamente su delito y sometiéndose al rey, prometiéndole alcanzar su
indulto si tal hacía.
Contestóle con fuego que menos que de nadie era propio de un sacerdote
perturbar los últimos momentos de un moribundo y recordarle intereses
mundanos á que ya había renunciado su alma; que era una insensatez
hablarle de indulto estando ya irrevocablemente sellado su destino,
como él mismo lo sabía perfectamente, sí, y aún desde el momento en que
se unió á Pomacao. “Un hombre--agregó--debe pensarlo muy bien antes
de cambiar de opiniones ó de partido; pero una vez que, después de
meditarlo seriamente, hace su elección, jamás debe apartarse de ella.
“Además, ya es tarde para hablarme de indulto ó de cambio de ideas. Lo
hecho, hecho está; no me arrepiento de ello. Creí de mi deber abrazar
la causa de la libertad de mi patria; lo mismo creo todavía, y estoy
dispuesto á morir por ella. Mal parece en un sacerdote, lo repito una
vez más, que perturbe la tranquilidad de mi última hora.” El sacerdote
se retiró. Melgado pidió permiso al ayudante para fumar un cigarro,
diciéndole que sentía los nervios excitados y deseaba tranquilizarse.
Obtenido el permiso, volvióse hacia los circunstantes y dijo: “¿Quiere
alguien darme un cigarro, por amor de Dios?”
Un soldado le pasó uno, que fumó hasta la mitad y arrojó, diciendo que
ya estaba pronto y tranquilo. Acercóse el oficial á vendarle los ojos.
Lo rechazó, y dijo: “Déjenme siquiera morir con mis ojos libres”. Se
le observó que era necesario. “Bien, bien--replicó--; yo mismo me los
cubriré”. Y cubriéndolos con su mano, manifestó que estaba pronto, y
recibió la descarga.
Los sur-americanos abrazan sus causas con verdadero entusiasmo. Son
ignorantes, oprimidos, indolentes y tímidos quizá. Pero lanzaron el
grito de independencia; apareció en su horizonte la estrella de la
libertad, y ni ésta volverá á eclipsarse por orden de España, ni á
aquél impondrá silencio el hasta ahora irresistible talismán de la
autoridad real. Las huestes han penetrado en las selvas vírgenes
del nuevo mundo, escalado montañas, atravesado lagos y pantanos,
para saludarse unos á otros como obreros de la misma causa, como
copartícipes de la recién conquistada libertad que están resueltos á
dejar á sus hijos.
Pasará largo tiempo quizá antes que estas naciones se arreglen y
consoliden; sus formas de gobierno fluctuarán muchos años, y correrá
todavía mucha sangre por la causa de la libertad, pues, ¡ay! ¿qué bien
hay en la tierra que no sea comprado al precio de algún mal? Pero el
cetro de hierro de la metrópoli no volverá á imperar sobre estos países.
_Martes 3 de Diciembre._--La tierra, que parecía haber recobrado su
tranquilidad, se sacudió hoy con violencia á las tres treinta A. M., á
las nueve, á medio día (largo y recio temblor con fuerte ruido), á las
dos, y á media noche el quinto y último, no inferior á los de los tres
primeros días, con excepción del grande del 19.
_Miércoles 4._--Cuatro fuertes remezones antes de las ocho de la mañana
parecieron amenazar con una repetición de los que se siguieron al día
19 de Noviembre. Tembló después dos veces más, pero suavemente.
Las noticias de la marcha de Freire se han hecho públicas, así como
las de la reunión de la Convención provincial y su censura de la de
Santiago por haberse declarado la primera asamblea representativa y
porque se atribuye la facultad de aceptar la renuncia del Director
y de reelegirlo, actos que consideran ilegales. Se susurra que el
Director piensa abdicar. Le ha herido profundamente lo que él llama
la ingratitud de Freire, á quien fué adicto como un valiente á otro
valiente y á quien siempre favoreció y patrocinó. Freire y sus soldados
han llevado adelante con feliz éxito una larga y penosa guerra. No se
les ha pagado, y se dice que Freire tiene otro motivo de resentimiento
contra la familia del Director, si no contra el Director mismo.
El general Freire amaba apasionadamente á una joven que la batalla
de Maipú dejó huérfana[133]. Su amor era correspondido, y esperaba
casarse con ella. En su calidad de huérfana la joven estaba bajo la
tutela del gobierno, que la dió por esposa á otro. Ella, con sus
cuantiosos bienes de fortuna, fué arrebatada al hombre que la amaba
para premiar, según dicen, á un meritorio oficial. ¿Quién más meritorio
que Freire? Este devoró la afrenta en silencio, pero ¿puede haberla
olvidado? Se le propuso otro matrimonio, que rechazó con indignación,
infiriéndose así un doble ultraje á sus sentimientos.
Provocaciones menores que éstas han armado en otros tiempos naciones
contra naciones, y en un país semi-civilizado como éste los
sentimientos privados tienen más parte en la suma total de las causas
de las guerras civiles que en naciones más adelantadas, en que la
cultura hace asemejarse tanto á los hombres unos á otros y les da tanto
dominio sobre las manifestaciones externas de sus sentimientos que las
emociones individuales rara vez tienen influencia fuera del círculo de
la familia.
El general Freire nació en Chile, de padre europeo, no sé si francés
ó inglés[134]. No ha estado en Europa ni ha leído nada. Posee en
cambio poderosas facultades naturales, sagacidad y un carácter recto
y generoso. Se ha consagrado completamente á las armas. Lo siento por
Chile. En el estado actual del país cada día de tranquilidad es un
gran beneficio para él, á pesar de su mal gobierno. Hay aquí buenos
elementos que para prosperar sólo necesitan tiempo y tranquilidad.
Es muy lamentable que el mal proceder de los ministros encienda la
guerra civil, la peor de las plagas, y retarde el progreso de la
nación, objeto de tantos esfuerzos y sacrificios. Podría dirigir á la
República las palabras de un antiguo poeta:
“Ill-fated vessel! shall the waves again
Tempestuous bear thee to the faithless main?
What would thy madness, thus with storms to sport?
Ah! yet with caution keep the friendly port
* * * * *
The guardian gods are lost,
Whom you might call in future tempests tost”[135].
_Jueves 5 de Diciembre._--Hemos pasado un día más tranquilo. Sólo hubo
tres temblores suaves.
_Viernes 6._--Sólo dos temblores, pero el viento más fuerte de que
tengo memoria. Día espléndido. La bahía, bella como nunca, con las
blancas crestas de las olas sobre la superficie azul. Nos vimos
obligados á refugiarnos en el bosquecillo, porque la arena penetra en
el rancho por todas partes y casi nos ahoga.
Até las ramas de quintral que cuelgan de los maitenes á los arbustos
que crecen debajo de éstos, con lo que nuestro muro quedó más firme y
más elegante la ventana y con vista al mar y á los cerros. Con una de
las puertas que cayeron en el terremoto y cuatro postes enterrados en
el suelo fabricamos una magnífica mesa de comedor.
_7 de Diciembre._--Temblor suave á las seis A. M., seguido de uno más
fuerte. Otro en la tarde.
Lord Cochrane llegó en el _Moctezuma_ con el capitán Winter y los
señores Grenfell y Jackson. Glennie, que parecía haber ganado terreno
en los últimos quince días, tuvo hoy otro ataque.
_Domingo 8._--Temblor muy fuerte.
_Lunes 9._--Temblor suave; día nublado y obscuro; 65° Fahrenheit.
En la tarde, agradable paseo por la playa con lord Cochrane. Fuimos
principalmente con el objeto de ver los efectos causados por el
terremoto en las rocas. En Valparaíso la playa se levantó como tres
pies y algunas rocas quedaron descubiertas. En ellas han encontrado
los pescadores una especie de ostra que creen no existía antes allí.
Observamos grandes hendiduras en la tierra entre la casa y la playa. En
las rocas se ven numerosas quebraduras, evidentemente nuevas, y todas
en una misma dirección.
Parecíanos que penetrábamos en los secretos del laboratorio de la
Naturaleza. Al través de los lechos naturales de granito hay vetas de
una pulgada á una línea de espesor, llenas la mayor parte de partículas
blancas brillantes, probablemente cuarzo, y en algunas partes
sobresalen un poco de la superficie de la roca. En otras las vetas
tienen los bordes contorneados y las partículas blancas no las llenan,
sino que revisten parcialmente sus paredes. Las grietas producidas por
este terremoto se distinguen fácilmente por el filo de los bordes de
las antiguas.
Las que les corresponden en los cerros vecinos son mucho más anchas.
En algunas partes la tierra se ha partido y caído, dejando descubierta
la base rocosa de los cerros. En la playa, á pesar de la alta marea,
muchas rocas, cubiertas de moluscos muertos, quedan en seco, lo que
prueba que se ha levantado como cuatro pies en la Herradura. Sobre
estas conchas recientes encuéntranse otras más antiguas á diversas
alturas en toda la extensión de la costa, como también cerca de las
cimas de los cerros más altos de Chile, más aún, en los Andes mismos,
según he oído. ¿Provienen de levantamientos del fondo del mar,
producidos por convulsiones terrestres? De vuelta de nuestro paseo
recogí en la playa, en una pequeña caleta de pescadores, un poco de
arena ó más bien polvo de hierro, muy sensible al imán é idéntico al
que me trajeron no ha mucho de las islas de las Perlas[136]. Aquí las
rocas son de granito gris, y el suelo de arena mezclada con tierra
vegetal y capas de piedrecillas y conchas que suelen elevarse á más de
50 pies sobre el nivel de la playa.
Las tardes y las mañanas son en estos lugares de una belleza
incomparable. Esta tarde, cuando volvíamos á la casa, los nevados Andes
estaban vestidos de rosa y bermellón, y los cerros más próximos de
brillante púrpura, mientras el sol desaparecía en el mar, esplendoroso
y sin nubes.
_Martes 10._--Mientras comíamos con lord Cochrane y los señores
Jackson, Bennet y Orelle sobrevino un temblor que excedió en fuerza
y longitud á todos los ocurridos después del terremoto del 19 de
Noviembre. Algunos salieron de la casa[137], pues ahora habitamos en la
parte que de ella quedó en pie, y yo corrí al lecho del pobre Glennie,
á quien causó el temblor una fuerte hemorragia que detuve con láudano.
Poco después hubo un temblor suave y otro bastante recio á las tres y
media. Soplaba un fuerte viento y el termómetro marcaba 65° Fahrenheit.
_11._--A las 7,30 A. M. violento remezón, acompañado de fuerte
explosión; otros, á las diez, seguidos de dos muy suaves.